Ecuador y Julian Assange: ¿qué le habrán tocado al león británico?

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Aunque al águila norteamericana y al león británico no les guste, las cosas ya no son como antes. Ahora, las “veleidades” latinoamericanas son cada vez más frecuentes y dejan al descubierto la doble moral y la inconsistencia del orden internacional que las mismas potencias construyeron pero que no dudan en echar al cesto de la basura cuando no les conviene.

 

 
Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica
En mayo, Julian Assange entrevistó al presidente de
Ecuador para su programa en la cadena Russia Today.
La diplomacia británica sigue viviendo en el siglo XIX. El espejismo le hace salirse con bravuconadas prepotentes que a lo mejor podía esgrimir en tiempos de la reina Victoria, pero que hoy lo único que hacen es evidenciar lo desfasada que está en un mundo que se les va de las manos a ellos, a los Estados Unidos y a sus socios que, eufemísticamente, se autocalifican como “la comunidad internacional”.
Las amenazas británicas desnudan, una vez más, la mentalidad colonialista que, como en nosotros la mentalidad colonizada, sigue existiendo larvadamente (aunque a veces no tanto) en el mundo contemporáneo.
Gracias a ella, Ecuador es considerada una Banana Republic a la que se puede mandar a freír espárragos cuando se considere conveniente, y de la que un gesto de soberanía y dignidad solo puede catalogársele como insolencia.
Aunque al águila norteamericana y al león británico no les guste, las cosas ya no son como antes. Ahora, las “veleidades” latinoamericanas son cada vez más frecuentes y dejan al descubierto la doble moral y la inconsistencia del orden internacional que las mismas potencias construyeron pero que no dudan en echar al cesto de la basura cuando no les conviene. En esta semana, la amenaza de intervención en Siria al margen de la ONU y el affaire Assange lo han dejado claro.
Los ecuatorianos, por su parte, son un país pequeño de una región periférica del otrora mundo colonial, del que la mayoría de la población británica seguramente ni siquiera sabe en dónde está situado en el mapamundi que tienen en el cuarto de los niños. Solos, son débiles, objetos de burla y desprecio. Solos pueden ser maltratados por la prepotencia, como le sucedió a la Argentina con Las Malvinas cuando el “socio mayor” del Hemisferio Occidental (sea dicho con mayúsculas), los Estados Unidos, dieron el esquinazo y si te he visto no me acuerdo.
Pero unidos con sus pares latinoamericanos es otro cantar. Ahora ya no se trata solo de la OEA sino que, afortunadamente, hay otros foros en donde se puede poner sobre el tapete este tipo de problemas. Están, por ejemplo, la CELAC y UNASUR, que son foros políticos latinoamericanos en los que se pude esperar acompañamiento. Y eso vuelve diferentes las cosas pues le da fuerza a la posición del Ecuador.
El caso Assange pone en evidencia otras cosas; entre ellas, las posibilidades que tienen pequeños grupos de personas, y hasta individuos, de poner en jaque al orden mundial imperante. Las nuevas tecnologías de la comunicación están en la base de este fenómeno; saberlas utilizar puede transformarlas en armas contundentes y Assange ha sabido usarlas de forma magistral: con su pinta de niño desvalido, es un guerrero.
En este caso, confluyen dos grandes tendencias de la vida política contemporánea: la existencia de gobiernos nacional-progresistas en América Latina, que no solo tratan de construir una sociedad distinta a la neoliberal y, eventualmente, avanzar hacia sociedades no capitalistas, y un representante de los movimientos sociales que tanto han crecido e influido en la vida política internacional de los últimos años. Ambas tendencias convergen en no pocas oportunidades de forma diversa y compleja, pero son una realidad insoslayable que está poniendo su sello en el mundo al oponerse, cada quien a su manera, con sus propias tácticas y estrategias, con sus propias visiones de mundo, a los poderosos de la Tierra.

En esta oportunidad, evidentemente, algo le han tocado al león británico para que salte y ruja tan estrepitosamente.

Las Malvinas y los falaces argumentos de autodeterminación

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miércoles, 16 de mayo de 2012

Alejandro Olmos Gaona (especial para ARGENPRESS.info)

Son suficientemente conocidos los derechos soberanos que le asisten a la República Argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, y los argumentos esgrimidos por el Reino Unido de Gran Bretaña para no sentarse a negociar como lo demandan las Naciones Unidas. El argumento británico principal solamente en el caso específico de las Islas Malvinas es que deben respetarse los derechos y las pretensiones de los habitantes de las Islas Malvinas, los mismos que han sido reconocidos como ciudadanos británicos plenos.

Sin duda, que el argumento del Reino Unido es poco sostenible debido a que los isleños nacidos en las Islas Malvinas son hoy una minoría de la población local como lo demuestra el último Censo en las Islas del 2006. Antes de la guerra de Malvinas, los isleños no tenían la ciudadanía británica, y la adquirieron en 1983, otorgándoseles en 1985 autonomía mediante la creación del Malvinas Islands Government. El gobernador de Malvinas, junto a siete isleños integran un Consejo que rige la administración de las islas y tiene un vínculo permanente con el Reino Unido. Unido del cual dependen en materia de políticas públicas tales como la política exterior y de defensa de esa monarquía
Al contar con la ciudadanía británicas los isleños fueron reconocidos como naturales de ese país y con los mismos derechos de cualquier ingles frente de la Unión Europea, lo cual llevó a una significativa emigración de las islas, particularmente de la juventud malvinense radicándose en Europa, lo que llevó a Londres a traer, a partir de1992, una nueva inmigración proveniente de países de la comunidad europea, nativos ingleses, nativos de otras posesiones de ultramar y de la Comunidad Británica de Naciones (Commonwealth) con la consiguiente alteración de la integración nativa de las islas, que tiene a partir del año 2006 una minoritaria composición de isleños nativos al punto que el Malvinas Islands Government se integra hoy con tres personas nacidas en Malvinas y cinco ingleses llegados al territorio con posterioridad a 1990.
De acuerdo a los datos fidedignos de que se disponen a través del Censo de las Islas del 2006, la mayor parte de la población actual de las islas es transitoria y llega al territorio a los efectos de la realización de negocios y efectuar inversiones o cumpliendo contratos de trabajo temporales. Como lo ha señalado con acierto la especialista Virginia Gamba “Las Islas no están más pobladas por isleños, sino por europeos que, además rotan. Con lo cual no existe más el condicionante de considerar los intereses de los isleños –ya que estos son europeos-, ni sus deseos –ya que son una población transitoria- ni su modo de vida- ya que esta es artificial y está dictada por la dinámica de servir a las necesidades de una base militar permanente”
Es decir que la supuesta defensa de la voluntad de los isleños no pasa de ser una argucia británica, para seguir manteniendo la ocupación y la negativa a cualquier tipo de negociación como lo establecieron las Naciones Unidas en sus resoluciones 2065 y 3160, donde instaran reiteradamente a las partes a realizar conversaciones sobre la soberanía en la Cuestión Malvinas, Cuestión esta que siempre se reconoció como aplicable a las Islas Malvinas, las Georgias y Sandwich del Sur. A esto se suma la arrogancia de los sucesivos gabinetes británicos, que siguen sosteniendo que la cuestión Malvinas no es negociable desde ninguna perspectiva, continuando en sostener que la decisión la tienen los isleños, que son los habitantes legítimos del territorio.
Mostrando un notable desconocimiento del problema, hace unas semanas un grupo de conocidos intelectuales, coincidiendo con la posición británica, insistió en el reconocimiento de los derechos de los isleños, sin tener en cuenta que además de ser una población trasplantada es una población rotativa, sin arraigo, donde la única motivación son las inversiones, y la escasa población original no puede ser considerada sujeto de derecho por su escasa representatividad no solo territorialmente, sino aún en el Consejo que rige las Malvinas Islands Government, donde se encuentra en clara minoría. Aun así, la Argentina, a través de su Constitución y como se reitera ante la comunidad internacional, siempre tendrá en consideración el modo de vida de los isleños nativos, aquellos que antes de 1983 no tenían aun la plena ciudadanía británica. No tiene asidero el extender tales derechos a los ciudadanos europeos, ingleses y/u otros que se han asentado transitoriamente en las islas y que no pueden ni deben opinar sobre el futuro de las mismas.
De acuerdo con la estructura que regía en las Islas Malvinas, el Reino Unido de Gran Bretaña, siempre consideró como una misma unidad territorial a las Islas Malvinas, las Georgias y las Sandwich del Sur, y las presentaciones efectuadas por las partes en las Naciones Unidas, siempre tuvieron presente al conjunto de las islas tal como las consideraba el gobierno de Londres. Tanto es ello así, que las negociaciones de 1977 y aun posteriormente en la década del 90 siempre ubicaron a los tres grupos de islas bajo el paraguas general de la disputa de soberanía de la Cuestión Malvinas, posición esta siempre aceptada por el Reino Unido. Sin embargo por una decisión de la Reina del 20 de marzo de 1985, aprobada por el Parlamento británico el 28 de marzo de ese año, el territorio de las Georgias y Sandwich fue separado administrativamente de las Malvinas, sin dependencia funcional de las mismas como había sido hasta ese momento (Statutory Instruments, 1985, Nº 449, South Atlantic Territories. The South Georgia and South Sandwich Islands Order 1985). Esta división territorial, fue a su vez confirmada por decisión real de noviembre de 1989, entrando en vigor en el mes de enero de 1990, por la cual se establecieron los límites territoriales de las Georgias y las Sandwich, incluyéndose las coordenadas de Mar territorial que les correspondía a las mismas (Statutory Instruments, 1989, Nº 1995, South Atlantic Territories, The South Georgia and South Sandwich Islands (Territorial Sea) Order 1989).
La decisión del Reino Unido de separar administrativamente tales territorios, no fue aprovechada por ninguno de los sucesivos gobiernos de la democracia para reclamar la iniciación de conversaciones y obtener un sustancial avance en nuestra disputa para obtener la soberanía sobre las Malvinas, ya que pondría a ese país ante la inevitabilidad de tener que negociar sobre las Georgias y las Sandwich, sin la excusa de tener como parte determinante a la población nativa de las islas. Esto es así, debido que en ambos grupos de islas no existe población alguna, y si reducidas guarniciones militares y científicas de carácter rotativo, que tienen el único fin de ejercer la custodia militar de esos territorios.
Como resulta imperioso utilizar todos los recursos diplomáticos al alcance de la Nación para recuperar los territorios usurpados, sería fundamental realizar las acciones que fueran necesarias a los efectos de comunicar al gobierno del Reino Unido, que sobre la base de las resoluciones de las Naciones Unidas, y sin perjuicio de los derechos soberanos a las Islas Malvinas, que es decisión del gobierno argentino buscar conversaciones simultaneas y paralelas para solucionar la disputa territorial en torno a las Islas Georgias y Sandwich, tratándola separadamente pero conjuntamente de la cuestión referida a Malvinas.
Como lo señalaramos anteriormente, Gran Bretaña debe responder ante Naciones Unidas y ante la Republica sus razones para negarse a cumplir con las resoluciones que imperan dentro de las discusiones del Comité de Descolonización de esa organización. Gran Bretaña no debe responder únicamente a la situación imperante en las Islas Malvinas, sino también en las Georgias y las Sandwich. En el caso de estas últimas, el argumento británico de referir toda negociación a los isleños no es aplicable a los territorios de Georgias y Sandwich del Sur. Tal argumento no podría ser esgrimido en ningún caso, ni tampoco la existencia de una vinculación estructural que fue dejada sin efecto por decisión unilateral de la monarquía británica hace 27 años.
Es importante poner de manifiesto que la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, al comprender a las Georgias y las Sandwich, extendería su jurisdicción, resultando un incuestionable avance para finalmente recuperar las Malvinas
Cabe destacar, que por las proyecciones de las Georgias y las Sandwich del Sur en el mar continental, la decisión del gobierno argentino de negociar sobre estos territorios en forma separada y simultánea, pondría a Gran Bretaña en una situación difícil de sostener ante los organismos internacionales, favoreciendo la posición argentina, al mostrar, que nunca tuvo voluntad alguna de realizar conversaciones serias y responsables, y si continuar con la más que centenaria usurpación de los tres grupos de islas.
En síntesis, la Republica ha activamente pedido el cumplimiento de las resoluciones pertinentes para que Gran Bretaña negocie bilateralmente la soberanía por las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur. Sin embargo, en los últimos años, el esfuerzo de negociación pacífica de esta reconocida disputa, ha soslayado la especial situación de las islas Georgias y Sandwich del Sur, que al ser parte del todo y no contar con población local nativa de ninguna especie, no ha sido objeto de un especial reclamo a Gran Bretaña que permita avanzar sobre el cumplimiento de las resoluciones pertinentes en los tres territorios en cuestión. Es por lo tanto imperativo que la Cancillería Argentina asegure que la discusión sobre los tres grupos de islas tenga en cuenta la falta de población nativa de las Georgias y las Sandwich del Sur y busque, por lo tanto, una expedición británica que acepte comenzar las negociaciones por la soberanía en este grupo de islas al mismo tiempo que se busca reactivar las negociaciones por la soberanía en las islas Malvinas teniendo en cuenta que los isleños nativos son hoy una minoría. Asimismo, es importante que la Cancillería Argentina busque la definición final sobre quién es un habitante nativo de las Malvinas y especifique que los derechos al modo de vida de los habitantes de las Malvinas, indicado en la Constitución Nacional, es aplicable solamente a aquellos nativos nacidos en las islas antes de 1985, momento este en que todos pasaron a ser ciudadanos británicos.

La Republica no puede ser rehén de la voluntad de europeos y extranjeros venidos a las islas Malvinas en situación temporaria y transitoria. En este momento la mayoría, tanto de los habitantes de las Malvinas como de su Consejo Administrativo, tienen estas características. Esto también debe ser definido y presentado ante Gran Bretaña en las próximas reuniones del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas.

Publicado porARGENPRESS

Malvinas en el contexto geoestratégico regional

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Rina Bertaccini

La cuestión Malvinas ha trascendido ampliamente los límites de la República Argentina. Hoy es una causa latinoamericana y, en cierta medida, alcanza una dimensión mundial. La explicación de este hecho tan significativo -esperanzador en un sentido y preocupante en otro- debe buscarse precisamente en el análisis del contexto geoestratégico de América Latina y su relación con la crisis global que atraviesa la civilización capitalista.

Un examen exhaustivo excede largamente los márgenes de este artículo. Pero intentaremos echar una mirada en esa dirección tomando como punto de partida la idea de que Malvinas no es una cuestión aislada y por eso conviene considerarla como parte de una geoestrategia regional.
Tenemos en cuenta, asimismo, que en el continente actúan básicamente dos estrategias contrapuestas, la del imperialismo que intenta seguir ejecutando sus proyectos de dominación y la de las fuerzas populares que luchan por afirmar su soberanía y conquistar la plenitud de derechos para las amplias mayorías.
Una rémora del pasado colonial
A esta altura de los acontecimientos parecería innecesario señalar que la ocupación británica de los archipiélagos de las Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur es una rémora del colonialismo del siglo XIX. Sin embargo estamos obligados a hacerlo frente a las insólitas declaraciones del primer ministro inglés David Cameron que acusa de “colonialista” a la Argentina por no reconocer la supuesta “autodeterminación” de los actuales habitantes de las islas.
Como no podemos pensar que semejante desatino se debe a la ignorancia, preferimos preguntarnos a dónde apunta el representante oficial del imperio que todavía en el siglo XXI mantiene en el mundo diversas posesiones coloniales conquistadas mediante guerras y actos de piratería. Precisamente de ese modo, y con la ayuda decisiva de los EEUU, en 1833, desalojaron violentamente a la guarnición militar y a la población argentina que vivía en Malvinas y trasplantaron a súbditos británicos, provenientes de distintos lugares, con el objetivo de consolidar la usurpación. Ese acto pirata –que no fue un hecho aislado sino la expresión de una política de expansión colonial desplegada en el mundo entero– es el origen de la población malvinense que ahora quieren presentar como un pueblo con derecho a la autodeterminación.
La pretensión no resiste el menor análisis. La propia ONU reconoce que existe una ocupación colonial y que se trata de un problema de violación de la integridad territorial de un país soberano (la Argentina) situación a la que se debe poner fin mediante una negociación pacífica entre ambas partes en conflicto, a lo cual se niega sistemáticamente la Corona Británica.
Algo más que una supervivencia del pasado
Pero no se trata únicamente de una supervivencia del pasado colonial. Las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, como lo hemos señalado en trabajos anteriores, son hoy una pieza importante en la estrategia global del imperialismo y particularmente en el accionar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), maquinaria de guerra, actualmente extendida por todo el planeta.
La posesión de nuestros archipiélagos les permite el control de la parte sur del Océano Atlántico, de las rutas marítimas que unen América del Sur con Africa y su conexión con el continente Antártico y con los países del Pacífico a través del Estrecho de Magallanes y el Pasaje de Drake, todo lo cual tiene una enorme importancia económica y geopolítica. Están en juego los cuantiosos recursos naturales de la plataforma continental argentina –una de las más extensas del mundo– que hoy usufructúan ilegalmente mediante la venta de licencias de pesca y de exploración de petróleo a empresas trasnacionales, de lo cual obtienen ganancias millonarias a costa de la depredación de bienes naturales que pertenecen al pueblo argentino. Es por todo ello que Gran Bretaña se niega a entablar negociaciones por la soberanía.
Malvinas y el Atlántico Sur en el proyecto de la OTAN global
Es precisamente para resguardar el despojo, pero también para contribuir a la expansión global de la OTAN que han construido en la Isla Soledad (Archipiélago de las Malvinas) la gran base militar de Mount Pleasant, inaugurada en 1986, que dispone de una pista de aterrizaje de 2.600 metros de longitud, un puerto de aguas profundas (denominado Mare Harbour) donde atracan submarinos atómicos, así como de silos para almacenar armas nucleares e instalaciones con capacidad para albergar varios miles de efectivos militares.
Obviamente, no hace falta tamaño enclave militar para “defender a 2.800 malvinenses” que no son objeto de ataque alguno. Por el contrario, la Fortaleza de la OTAN en Malvinas constituye una amenaza real para los pueblos de la región pues acerca peligrosamente la guerra a las costas latinoamericanas. Pero, además, la misma existencia de la Fortaleza Malvinas y las actividades de entrenamiento bélico que en ella se realizan (por ejemplo, de contingentes de soldados de la OTAN que participan en la guerra de Afganistán y permanecen en Malvinas durante seis semanas) contradicen abiertamente la Resolución 41/11 de las Naciones Unidas que declara el Atlántico Sur una Zona de Paz y Cooperación. En la misma política se inscribe la reciente decisión unilateral británica de establecer en torno a las Islas Georgias y Sandwich del Sur una zona de exclusión pesquera de un millón de kilómetros cuadrados que será patrullada por naves de guerra del Reino Unido.
Vale recordar que la citada Resolución de la Asamblea General de la ONU, aprobada el 27 de octubre de 1986, puntualmente (párrafo 3º) “exhorta a todos los Estados de todas las demás regiones, en especial a los Estados militarmente importantes, a que respeten escrupulosamente la región del Atlántico Sur como zona de paz y cooperación, en particular mediante la reducción y eventual eliminación de su presencia militar en dicha región, la no introducción de armas nucleares o de otras armas de destrucción masiva y la no extensión a la región de rivalidades y conflictos que le sean ajenas”.
Todo lo cual, agregado a la reactivación, en 2008, de la IV Flota de Guerra de los Estados Unidos que se desplaza libremente “por las aguas azules, verdes y marrones” del hemisferio occidental, instala nuevas e inquietantes amenazas a la paz en Nuestra América.
Para calibrar adecuadamente la magnitud de tales amenazas resulta imprescindible analizar el actual desarrollo de la crisis mundial y tomar en cuenta, por ejemplo, los recientes sucesos en el mundo árabe donde se combinan operaciones neocoloniales del imperio, maniobras de inteligencia y la intervención militar directa como en el caso de Libia. Tal como advierte el economista Jorge Beinstein “nos encontramos ante la apariencia de una convergencia de numerosas ‘crisis’, en realidad se trata de una única crisis gigantesca, con diversos rostros, de dimensión (planetaria) nunca antes vista en la historia, su aspecto es el de una gran crepúsculo que amenaza prolongarse durante un largo período”. Beinstein señala además otro dato de la realidad que no puede ignorarse a la hora de evaluar peligros de guerra: “Actualmente el Complejo Militar Industrial norteamericano (en torno del cual se reproducen los de sus socios de la OTAN) gasta en términos reales más de un billón (un millón de millones) de dólares”.
Tal volumen de gastos improductivos no hace sino agudizar la crisis capitalista especialmente en los países centrales –Gran Bretaña y Estados Unidos entre ellos– cuyas elites gobernantes pueden verse tentadas a buscar “soluciones” a la crisis en nuevas aventuras bélicas.
La militarización imperial en nuestros días
Volvamos ahora a la cuestión de la OTAN, el bloque militar que en el presente protagoniza todas las guerras y agresiones armadas contra los pueblos. En su última cumbre, realizada en Portugal en noviembre de 2010, la OTAN ha proclamado su carácter global, es decir la decisión de actuar en todos los continentes y todos los espacios marítimos del planeta como brazo armado del poder imperial.
Para eso cuenta con la red de bases militares extranjeras de Estados Unidos, Gran Bretaña y otros Estados de la OTAN, con las flotas de guerra de las potencias centrales (portaviones, barcos, submarinos atómicos y aviones de combate) que constituyen verdaderas bases militares móviles; con una masa letal de armamentos modernos capaces de destruir el mundo; con decenas de miles de efectivos de las fuerzas armadas oficiales y una multitud de mercenarios reclutados por “empresas contratistas”, repartidos en distintos países.
Al respecto, y aunque es sabido, no conviene olvidar que el Jefe de la OTAN ha sido desde su fundación en 1949, y sigue siendo hasta hoy, un general del Pentágono, de donde provienen las orientaciones estratégicas, la dirección efectiva y los planes concretos que llevarán a cabo los miembros de la alianza atlántica para mantener la dominación imperialista a escala global. De esta maquinaria infernal provienen las principales amenazas que enfrenta la humanidad en estos días.
Formas renovadas para un viejo proyecto
La militarización imperial en América Latina se ha expresado históricamente de maneras diversas, pero su esencia no ha variado. Tanto en las nuevas como en las viejas formas el objetivo ha sido y sigue siendo el mismo: lograr la dominación y la explotación de nuestros pueblos. Sobre las formas renovadas que asume el proyecto imperial y la actual ofensiva de remilitarización, pueden consultarse dos documentos elaborados en los últimos años. Me refiero al “Joint Visión 2020” (Visión conjunta 2020) y a otro titulado “United States Southern Command Strategy 2018“ (Estrategia del Comando Sur de los EEUU hacia el 2018). El primero fue elaborado por el conjunto de los comandos del Pentágono y el segundo, por el Comando Sur. En ambos casos se expresa, más o menos claramente, un proyecto de recolonización del continente.
El núcleo del documento Visión Conjunta 2020 es la doctrina de la dominación de espectro completo entendida como “la capacidad de las fuerzas de los EEUU, operando unilateralmente o en combinación con aliados multinacionales o fuerzas inter-agencias, de derrotar a cualquier adversario y controlar cualquier situación a lo largo de todo el espectro de operaciones militares.”
Y, explica: dichas operaciones “incluyen el mantenimiento de una postura de disuasión estratégica. Incluyen acción en el teatro de operaciones y actividades de presencia. Incluyen el conflicto con empleo de fuerzas estratégicas y armas de destrucción masiva, guerras de teatro principal, conflictos regionales y contingencias de menor escala. También incluyen aquellas situaciones ambiguas que se ubican entre la paz y la guerra, tales como las operaciones para mantener y hacer cumplir la paz, así como operaciones no-combativas de ayuda humanitaria”.
Con toda crudeza nos están advirtiendo qué podemos esperar de las guerras imperialistas del siglo XXI: una acción global desplegada en todos los dominios: el específicamente militar con su poder letal, pero también en el plano político, económico, ideológico y cultural, sin limitación o condicionamiento jurídico o moral de ninguna clase. No es una simple amenaza, es lo que hicieron en el año 2011 en Libia; es la forma en que ejecutaron a Bin Laden, en Pakistán. Es lo que denuncia el investigador canadiense Rick Rozoff en relación al uso de aviones sin piloto en un ataque bélico “libre de riesgo y por encima de la ley”.
En el segundo documento mencionado anteriormente “La Estrategia del Comando Sur hacia 2018” –fechado en diciembre de 2008– se concretan los conceptos de VC 2020 como objetivos para América Latina y el Caribe (6). En él afirman la idea de que el sistema de seguridad a nivel continental debe garantizar al Pentágono la posibilidad de realizar operaciones en cualquiera de los países de la que consideran su “área de responsabilidad” y también en los que denominan “espacios neutrales”, es decir aguas internacionales, espacio aéreo, espacio cibernético. El Atlántico Sur podría ser uno de ellos.
Una alternativa esperanzadora
Dijimos al principio que en el continente actúan básicamente dos estrategias contrapuestas, y describimos después los peligros que se derivan de la estrategia imperial.
Digamos ahora que en América Latina y el Caribe se está construyendo una estrategia común de las fuerzas que se oponen a los proyectos de dominación. Una alternativa que viene de la mano de los pueblos que luchan por la paz y por su plena soberanía en el marco de un original proceso de integración regional, con la creación de la Unasur, el ALBA y la nueva Comunidad de Estados de América latina y el Caribe (CELAC). Un proceso esperanzador en el que diversos gobiernos toman distancia de las hipótesis de conflicto y los proyectos imperiales de dominación y buscan alternativas y caminos comunes para construir políticas propias de seguridad y defensa nacional. En esa búsqueda se inscribe la conformación del Consejo de Defensa Suramericano de Unasur y la reciente inauguración en Buenos Aires del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa, así como la apertura en Bolivia de una Escuela de Defensa de los Países del ALBA.
Precisamente, los Estados de Unasur, del ALBA y la CELAC, al igual que el Mercosur, son los que hoy están asumiendo la causa Malvinas como una cuestión no sólo argentina, sino también de los países de Nuestra América, con lo cual se fortalece sustancialmente el reclamo de descolonización de Malvinas y desmilitarización del Atlántico Sur.
Frente a la actual ofensiva político-diplomática del gobierno argentino, los países hermanos cierran filas en apoyo a la reivindicación de la soberanía argentina, así como en la exigencia de que la Corona Británica respete las resoluciones de la ONU e inicie las correspondientes negociaciones. Pero, esta vez, la decisión de los gobiernos latinoamericanos y caribeños fue más allá de las declaraciones de solidaridad y adoptaron algunas medidas concretas que afectan económica y políticamente los intereses imperialistas, como es el caso de prohibir el atraque de barcos con la bandera ilegal de Malvinas (que como declaró el presidente uruguayo no es la bandera de un país sino de un enclave colonial que desafía la legalidad internacional).
En el mismo sentido, tiene un gran significado el anuncio del canciller brasileño –anuncio hecho en Brasilia durante una conferencia de prensa realizada el 18 /01 / 2012, en presencia del canciller británico– informando que los gobiernos de Uruguay y Brasil están trabajando “para convocar una conferencia de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur, que reuniría a países suramericanos y africanos con costa atlántica”. De concretarse la iniciativa, puede ser otro serio revés para los planes de Gran Bretaña y la OTAN en la región.
Rina Bertaccini es presidenta del Movimiento por la Paz, la Soberanía y la Solidaridad entre los Pueblos (Mopassol) de Argentina y vicepresidenta del Consejo Mundial por la Paz.

Malvinas: causa nacional, regional y global

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La situación de Malvinas es una afrenta a la dignidad de todos los que nacimos y vivimos al sur del Río Bravo. Sólo la unidad que apoye la justa demanda argentina para una negociación pacífica nos llevará a recuperar ese pedazo heroico de patria latinoamericana.

 

Sergio Rodríguez Gelfenstein / Especial para Con Nuestra América

A fin de conmemorar el XXX Aniversario de la Guerra de las Malvinas en 1982 fui invitado por la Honorable Cámara de Diputados de Argentina a un foro denominado “Malvinas, causa nacional, regional y global” que se realizó en Buenos Aires los días 28 y 29 de marzo.
Los participantes de las bancadas de todos los partidos políticos representados en el Parlamento renovaron su compromiso con la lucha por la restitución de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas y, apoyaron las acciones emprendidas por el gobierno de la Presidenta Cristina Fernández para avanzar a una negociación que haga prevalecer la vía pacífica para la superación de una de las herencias del pasado colonial que aún existe en nuestra región. La causa de Malvinas ha recibido el apoyo de UNASUR y CELAC lo que fue altamente valorado por los participantes en el evento que enfatizaron en el sentir de que dicho apoyo ha creado una situación más favorable para Argentina en el proceso de negociación que se debería realizar bajo el alero de la ONU.
Sin obviar el origen colonial de la ocupación británica sobre las islas, mi ponencia en el panel “Mirada regional sobre Malvinas” versó sobre la inserción de la cuestión Malvinas en la lógica global del siglo XXI, a partir de la crisis mundial y la necesidad de Occidente de sostener su modelo de consumo.
En ese sentido, Malvinas tiene un múltiple interés para las potencias imperiales. En primer lugar posee gigantescos yacimientos de petróleo y gas que pretenden ser explotados por empresas transnacionales, incluso violando acuerdos que han firmado Gran Bretaña y Argentina en tanto se mantenga la situación colonial.
Por otro lado, las Malvinas son una base militar de Gran Bretaña y la OTAN que junto a las que poseen en las islas Ascensión y en Santa Helena conforman un imponente triángulo de control sobre el Atlántico Sur. Adicionalmente, si las unimos con las que Estados Unidos tiene en las islas de Diego García en el Océano Índico conforman una portentosa tenaza de vigilancia, control e intervención en las rutas marítimos del sur de África y América, lo cual cobra un valor estratégico, sobre todo ante la escalada de tensión en el Oriente Medio y la posibilidad del cierre del paso por los estrechos que comunican el Golfo Pérsico con el Océano Índico, de éste con el Mediterráneo y posteriormente con el Atlántico.
Así mismo, las Malvinas son un canal de navegación en trayecto hacia la Antártida, único continente inexplotado en nuestro planeta y en el que se supone existen importantes recursos naturales ambicionados por las potencias. Es menester recordar que el Tratado Antártico fenece en 2041, por lo que necesariamente se tendrá que abrir una nueva negociación sobre el tema, en el que la soberanía sobre territorio en las cercanías del casquete polar jugará un papel fundamental.
Finalmente no hay que olvidar las extraordinarios reservas de pesca que existen en las cercanías de Malvinas que hacen de éstas un espacio vital en el plano de la seguridad alimentaria de cara al futuro.
El Tratado de Tlatelolco ha consagrado a América Latina como un territorio desnuclearizado y de paz. La irrupción de buques británicos portadores de armamento nuclear viola los acuerdos y generan tensión en un continente que hoy se caracteriza por avanzar en armonía hacia procesos de integración sin hegemonías, creando condiciones para la superación de los conflictos heredados del pasado colonial y del dominio neocolonial de los imperios.
La situación de Malvinas es una afrenta a la dignidad de todos los que nacimos y vivimos al sur del Río Bravo. Sólo la unidad que apoye la justa demanda argentina para una negociación pacífica nos llevará a recuperar ese pedazo heroico de patria latinoamericana.

Las colonias del siglo XXI

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Entre paraísos fiscales y bases militares, los enclaves coloniales británicos en todo el mundo han sido centro de controversias internacionales. Malvinas podría ser la punta de lanza para la discusión se su situación. Dónde están y cómo funcionan las colonias modernas de la Corona.

Redacción Marcha (www.marcha.org.ar)

De los 16 enclaves coloniales que aún persisten en el mundo, 11 están bajo la órbita del Reino Unido, incluidas nuestras Islas Malvinas. Para los británicos se trata de ‘territorios de ultramar’; según la ONU son ‘territorios no autónomos’ y están en el centro del debate del Comité de Descolonización, creado para resolver los casos de estos ‘países sin gobierno propio’, como los define el artículo 73 de la Carta de las Naciones Unidas en 1946. Además de Malvinas, el Reino Unido administra la economía y las relaciones internacionales de Anguila, a 240 km de Puerto Rico; Bermudas, en el Atlántico Norte; Gibraltar, en la península Ibérica; Islas Caimán, al noroeste de Jamaica; Islas Turcas y Caicos, al norte de Haití; Pitcairn, en la Polinesia; Islas Vírgenes Británicas, al este de Puerto Rico; Montserrat, al sudeste de Puerto Rico; Santa Elena, isla al oeste de la costa africana, y Tokelau, en el Océano Pacífico Sur.

En la mayoría de los casos se trata de pequeños archipiélagos o islas que juntas no llegan a sumar 350.000 habitantes pero que han dado de que hablar en la historia reciente de la potencia colonial. Sin representación parlamentaria, pero con un gobernador elegido por ‘Su Majestad’, estos enclaves coloniales británicos no aportan grandes recursos económicos -al contrario, en muchos casos se convierten en un gasto para la corona-, pero sí se han revelado como estratégicos para negociar con otras potencias -Estados Unidos obtuvo el arriendo de partes de territorios de Bermuda y de las Islas Turcas y Caicos para construir bases militares estratégicas en el Caribe-, y siete de ellos son considerados como paraísos fiscales según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). En la mayoría de los casos, el modelo político permite un cogobierno entre un primer ministro, elegido por el voto de los habitantes de la colonia, y un gobernador impuesto por el Reino Unido. Sin embargo, en varias ocasiones este sistema ha fracasado y la balanza se inclinó hacia el lado de los intereses británicos.

Caribe, entre narcotráfico y paraísos fiscales.

En 1985 la noticia del arresto de Norman Saunders, primer ministro de las Islas Turcas y Caicos y su ministro de Desarrollo, Stafford Missick, generó fuertes repercusiones en el Reino Unido. En Miami se lo acusó de recibir 30.000 dólares de agentes encubiertos estadounidenses para que las islas se convirtieran en lugar de tránsito de los aviones que transportaban cocaína desde Colombia hacia Estados Unidos. Fue el punto de partida para una serie de investigaciones que demostraron que las islas se convirtieron en uno de los principales puntos para el transporte del narcotráfico centroamericano. Bajo el mandato del ex gobernador Martin Bourke, en los años ’90 se intensificó el rol de la isla en el comercio de drogas y el laxismo con que las autoridades enfrentaron el problema, causando la irritación de la corona -el excéntrico Bourke llegó a dar todos los detalles a la revista británica Offshore Finance Annual admitiendo no tener ningún plan para contrarrestar el delito-. En esos mismo años, el gobierno compartido entre el gobernador y un primer ministro elegido en elecciones, llegó a hundir los barcos de inmigrantes haitianos que se acercaban a las costas de las islas. Sin embargo, el principal atractivo de las Islas Turcas y Caicos es el extremadamente permisivo sistema tributario, que las convirtieron en una de las sedes favoritas de decenas de miles de empresas offshore. Con siete bancos para una población de 15.000 habitantes, las Islas Turcas y Caicos han profundizado en los últimos años su tendencia a hospedar todo tipo de negocios. A partir de una serie de denuncias de corrupción que envolvieron al ex primer ministro Michael Misick, el Reino Unido dictó una resolución que suspendió la participación de los isleños en el gobierno de la colonia y trasladó todo el poder al gobernador elegido por la reina. Esta actitud provocó la preocupación de los países agrupados en la Comunidad del Caribe (CARICOM), que además de denunciar el “intento de recolonización de las islas”, advirtieron acerca de que “a imposición del gobierno directo contraviene totalmente el desarrollo de las prácticas de buen gobierno, incluida la mejora de la gestión fiscal y administrativa, en las Islas Turcas y Caicos”.

Algo muy parecido es lo que pasa hoy en las Islas Caiman, otro enclave colonial británico que está en la cima del listado de paraísos fiscales junto con Suiza y Luxemburgo. De los más de 270 bancos activos en las islas, sólo 19 están habilitados para operar en las finanzas internas. El resto están dedicados a ofrecer servicios a empresas y particulares extranjeros. A través de una serie de reformas en la legislación de la isla, a partir de la comprobación de casos de lavado de dinero y financiación del narcotráfico, el Reino Unido promovió la circulación de la información fiscal de las islas hacia Londres, estando constantemente al tanto de los grandes movimientos financieros que allí ocurren.

A la lista de enclaves coloniales del Reino Unido considerados como paraísos fiscales, se le suman Anguila, Bermudas, Gibraltar, las Islas Vírgenes Británicas y Montserrat.

Resistencias

Las recientes presentaciones argentinas en diversos foros internacionales acerca de la soberanía de las Islas Malvinas, reavivaron la discusión acerca de la descolonización de los territorios sobre los cuales Gran Bretaña tiene injerencia directa. Sin embargo, son muy pocos los lugares donde haya una real disputa acerca de la soberanía, o existan movimientos que reclamen la independencia. La estrategia de la corona se basa en proclamarse como simple administradora de los intereses económicos de sus colonias, dejando a los residentes cierto margen de libertad política.

Así como en 1982, el Reino Unido planteó la necesidad de recuperar las Malvinas a través de la intervención militar, las fuerzas armadas británicas intervinieron para aplastar los intentos de independencia en otras colonias. En Anguila, en 1969, los paracaídistas ingleses sofocaron la rebelión surgida a partir de un referéndum que declaró a la isla independiente. Dos años más tarde se impuso una constitución que otorgaba cierta autonomía a la isla pero la mantenía bajo el dominio británico.

En las Bermudas, en 1973, el gobernador Richard Sharples y su ayudante de campo fueron asesinados por activistas del Black Beret Cadre, un grupo vinculado a los movimientos del Black Power que se desarrollaron en los años ’70 en el Caribe y Norteamérica. En su declaración, el principal acusado del asesinato, Erskine Durrant “Buck” Burrows, aseguró que el objetivo era “buscar que la población, los negros en particular, tomen conciencia de la maldad y la perversidad del sistema colonial en la isla. En segundo lugar, el motivo era mostrar que estos colonos son personas comunes como nosotros que comen, duermen y mueren como cualquier otra persona y que no necesitamos vivir en el miedo y el temor”. Sin embargo en 1995 el 75% de la población votó en contra de la independencia en un referendum constituido ad hoc.
Junto con Malvinas, Gibraltar es quizás el único territorio que hoy vive una real disputa por la soberanía. El estado español reclama a Gran Bretaña la tenencia del Peñón situado en la punta más austral de la Península Ibérica, aunque las negociaciones, en este momento, han llegado a un punto muerto.

En este contexto, la disputa por la soberanía de las Islas Malvinas se convierte en el principal escenario en que se lleva a cabo la batalla por la descolonización. Las islas son quizás el único enclave colonial británico con posibilidades de desarrollo desligado del turismo y la especulación financiera. La pesca, la ganadería y la reciente posibilidad de extraer petróleo de las costas de las Malvinas las convierten en la colonia más codiciada de las 11 que hoy sigue manteniendo el Reino Unido. De sostenerse la disputa en los ámbitos internacionales, la resolución podría sentar un precedente histórico para el resto, una posibilidad que la corona no parece querer transitar.

Gran Bretaña: La policía desalojó campamento “Occupy”

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martes 28 de febrero de 2012

ANSA

El campamento de “indignados” establecido fuera de la Catedral de St. Paul’s, en Londres, desde octubre pasado, para protestar contra la avaricia de los banqueros, fue desmantelado completamente por la Policía en una operación nocturna.

Durante el desalojo, algunos manifestantes se parapetaron tras cajas de madera y se enfrentaron a la policía.
Al menos 20 activistas fueron arrestados.
La Policía dio cumplimiento a la orden del Alto Tribunal británico que autorizó al gobierno de Londres a remover las tiendas de campaña para realizar una limpieza profunda del campamento erigido en octubre pasado.
Los manifestantes prometieron continuar sus acciones contra lo que definen “la avaricia corporativa”.

La Corporación de la City de Londres dijo “lamentar” lo ocurrido, pero consideró “necesario” el desalojo de los manifestantes.

Publicado por ARGENPRESS

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