Perú: ¿Guerrilleros o bandoleros?

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martes 17 de abril de 2012

Luis Arce Borja (especial para ARGENPRESS.info)

La guerrilla de Sendero Luminoso, antes de la traición de sus dirigentes en 1993, atacaba los grupos de poder. Buscaba el apoyo del pueblo para luchar contra la mafia del Estado. Su combate era contra las hordas militares y los paramilitares. Ahora los retazos de Sendero Luminoso ya no significan ningún peligro ideológico, militar y político contra el Estado. Su actividad se confunde entre el bandolerismo y acciones coordinadas con el gobierno y las fuerzas armadas.

Así hace algunas semanas Sendero secuestró a 40 trabajadores, no para salvarlos de la explotación y la miseria, sino más bien para facilitar la militarización del Perú y preparar la ofensiva represiva que el gobierno de Ollanta Humala alista para someter la creciente protesta popular, en particular en las regiones mineras como en Cajamarca. Ningún grupo revolucionario atenta contra los trabajadores. Los blancos de la acción guerrillera son los enemigos del pueblo, y aquellos que abiertamente o en forma oculta sirven a los intereses de los grupos de poder y el imperialismo. Una organización revolucionaria no puede cumplir su objetivo estratégico de liberación atacando al pueblo, y menos a los trabajadores.
El 9 de abril una “columna de Sendero Luminoso” secuestró a 40 obreros del consorcio Camisea, una transnacional que explota en el Cusco una gigantesca mina de gas (el mismo día del secuestro fueron liberados 4 de los rehenes). El consorcio Camisea es de propiedad del grupo Pluspetrol una de las mas grandes empresas productora de petróleo y gas de los Estados Unidos. Esta transnacional tiene ramificaciones en Argentina, Bolivia, Venezuela, Chile Colombia y en el África El ataque de los “guerrilleros” fue en el distrito de Echarate (La Convención) y como dijo la policía peruana en la acción participaron 60 “guerrilleros” encapuchados divididos en dos columnas.
El sábado 14 de abril (después de 6 días de cautiverios) los 36 trabajadores en manos de los “senderistas” fueron liberados voluntariamente por su captores. Caminando libremente llegaron a las 11 de la mañana al pueblo de Chuanquiri (Cusco). Uno de los trabajadores dijo: “Nosotros hemos caminado desde las tres y media de la mañana (…) Nosotros fuimos liberados voluntariamente, no queremos que las Fuerzas Armadas digan otra historia”. Si el gobierno pagó o no los 10 millones de dólares como rescate que exigían los secuestradores, es por el momento una historia controvertida que nadie conoce a ciencia cierta. El saldo de esta acción fue la muerte de tres miembros de la Dirección de Operaciones Especiales (Diroes) y dos secuestradores que fueron muertos en un enfrentamiento posterior a la liberación.
El mismo día de la libertad de los trabajadores, Ollanta Humala desde Cartagena (Colombia) manifestó en tono triunfante: “lo importante es que hoy hemos ganado, ha sido una operación impecable, en la cual se ha logrado rescatar a costo cero, sin ningún tipo de negociación, porque no lo hemos permitido”. Las operaciones de rescate, dijo, “han dejado nuevos héroes. Manifestando que el “PUEBLO PERUANO DEBE AHORA REFORZAR SU CONFIANZA EN LOS MILITARES Y POLICÍAS que, pese a los problemas que atraviesan, son capaces de obtener logros importantes ante situaciones de emergencia como las vividas con este secuestro”.
De esta manera, el actual presidente peruano, que ya tiene varios ciudadanos asesinados a su cuenta aparece como una replica de los héroes de la época de Alberto Fujimori. En lo que va del periodo del gobierno Ollanta Humala las fuerzas policiales están actuando de la misma forma que lo hicieron durante los más violentos regimenes anteriores. En diciembre pasado en cañete (sur del Perú) la policía mato a un poblador cuando este manifestaba contra el gobierno. El 14 de marzo en Madre de Dios las fuerzas represivas por orden del gobierno reprimieron una manifestación en la que murieron 3 manifestantes. El mismo mes de marzo, en Sechura (norte del país), fueron asesinados dos pobladores que manifestaban contra el gobierno.
El 14 de abril Humala llegó a Lima desde Colombia. Se puso su uniforme de comando militar y con un sequito de altos militares se dirigió al lugar de la acción senderista (Cusco). Desde ahí anuncio que el operativo militar-policial “Libertad” prosigue en su segunda etapa, la cual implica la captura y entrega a la justicia de los “narcoterroristas” que secuestraron a los 36 trabajadores del Consorcio Camisea. El presidente peruano aprovechó el momento para acusar a los anteriores gobiernos de haber tenido la mano blanda contra la subversión. Dijo también que su gobierno no permitirá la vigencia de “ideologías insanas. “En el Perú no aceptamos chantajes de nadie; y menos de criminales terroristas y secuestradores”, advirtió.
En el circo triunfalista del gobierno, participaron todos los grupos políticos de la derecha y la “izquierda”. No hubo un solo partido del medio oficial que se quedara sin elogiar al presidente y a las fuerzas armadas. Hasta el reaccionario cardenal Luis Cipriani, utilizo su homilía radial para manifestar su apoyo y reconocimiento a la Policía y las Fuerzas Armadas, pidiendo “orar por los valerosos policías que han arriesgado su vida a fin de lograr la liberación de los secuestrados”. El cardenal, aprovecho el “triunfo militar contra el terrorismo”, para defender a los militares criminales del comando Chavin de Huantar (los asesinos de los militantes capturados del MRTA en abril de 1997). Cipriani, dijo que era “inaceptable” que se haya querido “ensuciar” con juicios y demandas la acción heroica que significó la liberación de los rehenes de la Embajada de Japón”.
¿Quién gana con la “acción guerrillera”?.
Ollanta Humala desde el inicio de su gobierno ha optado por la militarización del país. Sigue el ejemplo de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. No es casual que tanto el actual presidente de la Republica así como su primer ministro provengan de las corruptas fuerzas armadas. El plan de Ollanta Humala, es semejante al gobierno fujimorista, cogobernar con las fuerzas armadas. En este objetivo la imposición de una dictadura civil-militar avanza a la misma velocidad que las explosiones y protestas sociales. El gobierno defiende ciegamente los intereses de las grandes transnacionales, sobre todo aquellas instaladas en regiones estratégicas de extracción de minerales.
Para la militarización del país resulta importantísimo la “acción” fabricada o no, de una guerrilla que no es ningún peligro para el Estado, pero que si sirve para fabricar héroes en las fuerzas armadas y fuerzas policiales. Esa guerrilla de cartón, negociadora, vandálica, sin ningún plan ni estrategia de poder, será el elemento justificador de leyes de excepción (regiones de emergencia bajo autoridad militar), militarización de las movilizaciones populares, diabolización de los dirigentes sindicales y populares opositores del gobierno, y aumento del presupuesto (millonario gasto del Estado) para los gastos de las fuerzas armadas. Un ejemplo de avanzada en la militarización de la protesta popular es el actual conflicto del pueblo de Cajamarca contra la transnacional Yanacocha (norteamericana). Este pueblo está luchando contra el proyecto Conga de explotación de oro cuyo resultado depredador será la exterminación de fuentes de agua vitales para la población, la agricultura y la ganadería. Para preparar una ofensiva represiva contra el pueblo de Cajamarca, Ollanta Humala Humala acaba de trasladar a Cajamarca más de 1,500 soldados y policías. Junto a ello, la prensa peruana ha lanzado una campaña de desinformación y manipulación contra los dirigentes de estas movilizaciones. Ellos son presentados como “infiltrados subversivos”, “terroristas” y “anti democráticos”.
En otro rubro político donde gana el gobierno con la acción de la guerrilla bandolera es en la renovación de la imagen de las fuerzas armadas. Por ello no ha sido casual que el mismo Ollanta Humala, no haya dejado de hablar de los héroes y valerosos militares y policías que han rescatado con el sacrificio de sus vidas a los 36 trabajadores secuestrados por Sendero Luminoso. Como se conoce los trabajadores fueron liberados voluntariamente por su captores. Así, se pretende entregar una nueva y renovada cara exterior de los militares. Hay que recordar que durante 1990-2000 las fuerzas armadas cogobernaron con el mafioso y criminal Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos (ambos en prisión). En este periodo los militares cometieron los más abominables crímenes contra la población, se implicaron en inmensos robos, en contrabando, en coimas y en el narcotráfico internacional. Ello hizo que el pueblo sienta temor, odio y desprecio por todo aquel que portara un uniforme militar.
Si en verdad existiera en Perú un grupo armado revolucionario, fuerte, vigoroso y de clara línea estratégica de poder, las cosas ocurrirían de diferentes maneras. La lucha armada seria para debilitar al gobierno de turno y no para contribuir en sus planes reaccionarios y antipopulares. Una guerrilla revolucionaria, tiene la obligación de ejecutar sus acciones militares en función del poder y ello se desarrolla en combinación con tareas para ganar las masas populares, principalmente los asalariados. Una guerrilla que hace “acciones militares” para la filmación de programas televisivos, radiales o de la prensa escrita o para suplicar un acuerdo de paz con el Estado, es simplemente, una guerrilla de pobres diablos, una caricatura de revolucionarios.

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La locomotora del narcotráfico

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martes 10 de abril de 2012

Octavio Quintero (especial para ARGENPRESS.info)

Estados Unidos tiene la llave de la legalización de la droga, y el tema podría ser tocado en la Cumbre de las Américas solamente de dientes para afuera porque, “El Patrón”, no puede y no quiere abrir la puerta.

Hablando en el mismo lenguaje del presidente Santos, pueden tomarse las declaraciones de la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, cuando dice que el narcotráfico no se puede legalizar “porque hay mucho dinero de por medio”.
Esa declaración, en boca de tamaña autoridad mundial, pone sobre la mesa la verdadera causa por la cual el narcotráfico no se puede legalizar. No es un asunto de salud; no es de tipo penal ni político: ¡es un asunto económico! Así de sencillo,
¿Cuánto dinero mueve el narcotráfico en el mundo anualmente? Las estadísticas más admitidas hablan de 500.000 millones de dólares. Y eso, como dice la señora Clinton, es mucha plata que está, principalmente, moviendo la economía estadounidense como una poderosa locomotora, y sucesivamente, la economía de todos los países, sean productores o consumidores.
¿Qué carga en sus vagones?: antes que nada, al sector financiero, y este a su vez a los más poderosos grupos económicos y empresariales que son los que se benefician de la dinámica financiera a la que acceden en condiciones de privilegio.
Y luego vienen los vagones de la muerte, que también resultan una renta jugosa, principalmente el tráfico de armas y, con ellas, un lucrativo negocio: ¡la guerra! De la que viven no sólo los Ejércitos regulares sino los mercenarios al servicio de los varones de la droga, aupados en banderas ideológicas de guerrillas y autodefensas, como en Colombia.
Vagones de “menor” importancia siguen detrás, como el consumo suntuario que mueve el sector turístico y las industrias de la construcción y automotriz. Y entonces, hablamos de 50 o más subsectores que van enganchados a la locomotora del narcotráfico.

Sí, señora Clinton: usted ha dicho lo más cierto sobre la imposibilidad de legalizar el narcotráfico, y menos en tiempos tan difíciles, económicamente hablando, para el Imperio. No fue un lapsus, como muchos creen, sino “una declaración de excepcional sinceridad”, como se ha dicho en México, en donde sí tomaron en serio su explosiva confesión.

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Colombia: La guerrilla también llora sus muertos y reclama sus prisioneros

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lunes 14 de noviembre de 2011

Carlos Medina Gallego

A propósito de la muerte de Alfonso Cano.

Con la muerte de Alfonso Cano, se llega a la desoladora conclusión de cómo no sólo nos hemos acostumbrado a la tragedia de la violencia, la guerra y la muerte sino que hemos llegado a extremos increíbles de brutalidad y desprecio por los sentimientos tradicionales de la humanidad. Hay tratados enteros sobre los usos y costumbres de la guerra que establecen las dignidades humanas en el marco de la tragedia que ella representa, en relación con los muertos, los prisioneros, los heridos y la población civil, en países y zonas en conflicto armado. Pero eso parece haberse perdido, ya no se reconoce la grandeza del adversario y se construye la victoria sobre el envilecimiento del enemigo. No tiene gran valor reconocerse vencedor frente a un adversario al que lo hemos desprovisto de todo mérito.
No tengo la menor duda que Guillermo León Sáenz Vargas es uno de los muchos colombianos que, desde las motivaciones de sus inconformidades y rebeldías juveniles, en el estudio juicioso y el conocimiento detallado de la realidad y la historia de su país abrazaron ideas políticas altruistas, se formaron como revolucionarios y se comprometieron en la lucha por transformar las causas estructurales de nuestros conflictos.
No veo en Cano, ni un delincuente, ni un terrorista, ni un criminal de ninguna naturaleza, veo un hombre comprometido con su país, envuelto en las encrucijadas de la guerra, obligado por las circunstancias y propias convicciones a asumir responsabilidades mayores de un conflicto que se pudo resolver con una reforma agraria y un programa nacional agrario democrático, el cual ya cumple casi un siglo de vida. No veo en la historia de vida de Cano ni el bandido, ni el narcoterrorista, ni el intransigente como se quiere presentar, ni siquiera percibo en él un hombre de armas a la manera de Jorge Briceño, lo que noto es un hombre de ideas y de compromisos políticos, buscando colocarse de manera favorable frente a una lógica perversa que piensa que un proceso de paz se da según la situación de la correlación de fuerzas en el campo militar, lo cual no hace más que alimentar la confrontación. Creo que la reactivación de las FARC obedece a querer afrontar la lógica del gobierno de llevar a una guerrilla derrotada a la mesa de negociación y eso no va a ocurrir.
Un ejército se llena de gloria solo cuando reconoce la grandeza de su enemigo y le da el tratamiento que corresponde a sus dignidades militares, ¿qué héroes pueden ser quienes ejecutan a un bandido?… En eso las FARC, que son mucho menos formados en las tradiciones, usos y costumbres de la guerra, al momento de entregar los restos del Coronel Julián Ernesto Guevara, le rindieron homenaje militar y lo despidieron como Héroe de la Patria, eso es respeto por el enemigo, por su valor y por su grandeza.
No puede seguir siendo cierto que se reconozca el conflicto armado para concederle los derechos sólo a las fuerzas institucionales, desconociendo las condiciones del enemigo, sus derechos y, que ahora, se quiera sostener con una historia de connivencia criminal con el paramilitarismo de centenares de miembros de las fuerzas militares, de policías investigados y condenados por operaciones criminales el fuero militar, el cual ha sido utilizado a través de la historia, no para salvaguardar la dignidad de la institución, sino, para dejar en la impunidad los crímenes que se cometen.
Alfonso Cano es a la FARC lo que el General Alejandro Navas es a la Fuerzas Militares, si este hubiese muerto en manos de la FARC, seguramente sus comandantes tendrían para él el máximo de sus reconocimientos como enemigo digno. Pero el general Navas que sabe de la guerra, también debe saber lo que significa conducir un ejército en una guerra degrada y perder todos los días hombres y oficiales. La guerrilla también llora sus muertos que son tan campesinos como los miembros de las fuerzas militares, carga sus mutilados y da razón a sus familias.
La FARC tiene muchos prisioneros, pero de todos ellos tres son los que reclamaría con mayor énfasis la organización, los que el gobierno nacional entregó como bandidos a tribunales norteamericanos. Las FARC tienen 22 prisioneros del gobierno, uno de ellos cumplió 15 años en manos de la organización. Abandonados a su suerte y en medio del fragor de los combates que son cada vez más intensos, dada la dinámica de estas acciones de las fuerzas oficiales centradas en bombardeos, ametrallamientos y desembarcos operativos. Me gustaría saber en cuánto pondera el gobierno el valor de sus prisioneros, de sus hombres, de sus héroes…, porque hace poco en uno de los conflictos más largos de la Historia de la Humanidad, el Estado Israelí concedió por uno solo de sus prisioneros la libertad de algo más de mil palestinos.
La figura de la Llave de la Paz no la tiene el presidente Santos, él tiene por ahora la Cerradura de la Guerra combatiendo con la misma intransigencia a los “intransigentes” que critica. Comparto con algunos amigos la idea que si hay alguien que tenga la Llave de las paz de este país son las FARC y el ELN; es cuando ellos decidan definitivamente abandonar la guerra en un proceso de negociación discreta, donde la victoria no sea de uno o de los otros sino de la nación colombiana y de su esperanza de futuro que la paz será posible.
Ha muerto Cano, la estrategia ha funcionado y lo ha hecho también que dejó gravemente herido el proceso de paz y taponado el camino de la solución política negociada. Quienes hemos estado empujando desde la sociedad civil la salida negociada al conflicto armado, con igual obstinación si se quiere, nos sentimos profundamente tristes, no por la muerte de Cano que desde luego nos consterna, sino por el futuro de esta Colombia que amamos y está en manos de quienes consideran que los problemas se arreglan por la vía de la guerra, no en los escenarios de una democracia que se profundiza en el bienestar de la población y en su convivencia solidaria.
Los analistas especulan sobre quien será el sucesor, las FARC ya saben quién es… pero independientemente de uno o de otro, si las cosas no se modifican, si las actitudes de las partes no cambian, el sucesor será la guerra. No hay que esperar que la correlación de fuerzas sea favorable para avanzar en el camino de la solución política, lo que hay que buscar es el equilibrio dinámico de opiniones que hagan coincidir en propósitos muy claros la voluntad de las partes en un proceso de paz sin vencedores.
Coletilla: Esta generación de niños indignados que está marchando por las calles no se pueden seguir educando en la intransigencia de sus gobernantes y encontrar como única salida la violencia. El presidente Santos, que critica con tanto fervor la intransigencia, debe retirar la propuesta de reforma a la Ley 30 y dejar que la comunidad universitaria, el gobierno nacional y la sociedad colombiana se abra a un gran debate nacional sobre un proyecto construido social y políticamente por todos y para el bienestar de la nación.

Carlos Medina Gallego es Docente – Investigador de la Universidad Nacional de Colombia.

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Hackers: ¿La nueva guerrilla?

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miércoles 7 de septiembre de 2011

 

Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)
“Hoy la ficción ha pasado a ser subversiva, los terroristas del futuro podrían ser los ficcionistas.”
Edgar Borges

Hace ya más de un siglo, en 1902, Vladimir Lenin se preguntaba cómo enfocar la lucha revolucionaria; así, parafraseando el título de la novela del ruso Nikolai Chernishevski, de 1862, igualmente se interrogaba ¿qué hacer? La pregunta quedó como título de la que sería una de las más connotadas obras del conductor de la revolución bolchevique. Hoy, 110 años después, la misma pregunta sigue vigente: ¿qué hacer?.

Es decir: qué hacer para cambiar el actual estado de cosas. Si vemos el mundo desde el 20% de los que comen todos los días, tienen seguridad social y una cierta perspectiva de futuro, las cosas no van tan mal. Si lo miramos desde el otro lado, no el de los “ganadores”, la situación es patética. Un mundo en el que se produce aproximadamente un 40% de comida más de la necesaria para alimentar a toda la humanidad sigue teniendo al hambre como principal causa de muerte; mundo en el que el negocio más redituable es la fabricación y venta de armamentos y donde un perrito hogareño de cualquier casa de ese 20% de la humanidad que arriba mencionábamos come más carne roja al año que un habitante de los países del Sur. Mundo en el que es más importante seguir acumulando dinero, aunque el planeta se torne invivible por la contaminación ambiental que esa misma acumulación conlleva. Mundo, entonces, que sin ningún lugar a dudas debe ser cambiado, transformado, porque así, no va más.
Entonces, una vez más surge la pregunta: ¿qué se hace para cambiarlo? ¿Por dónde comenzar? Las propuestas que empezaron a tomar forma desde mediados del siglo XIX con las primeras reacciones al sistema capitalista dieron como resultado ya en el siglo XX algunas interesantes experiencias socialistas. Si las miramos históricamente, fueron experiencias balbuceantes, primeros pasos. No podemos decir que fracasaron; fueron primeros pasos, no más que eso. Nadie dijo que la historia del socialismo quedó sepultada. Quizá habría que considerarlas como la Liga Hanseática, allá por los siglos XII y XIII en el norte de Europa, en relación al capitalismo: primeras semillas que germinarían siglos después. Los procesos históricos son insufriblemente lentos. Alguna vez, en plena revolución china, se le preguntó al líder Lin Piao sobre el significado de la Revolución Francesa, y el dirigente revolucionario contestó que… aún era muy prematuro para opinar. Más allá de la posible humorada, hay ahí una verdad: los procesos sociales van lento, exasperantemente lentos. De la Liga Hanseática al capitalismo globalizado del presente pasaron varias centurias; hoy, terminada la Guerra Fría, se puede decir que el capitalismo ha ganado en todo el mundo, dando la sensación de no tener rival. Para eso fue necesaria una acumulación de fuerzas fabulosas. Las primeras experiencias socialistas -la rusa, la china, la cubana- son apenas pequeños movimientos en la historia. No ha pasado aún un siglo de la Revolución Bolchevique, pero la semilla plantada no ha muerto. Y si hoy nos podemos seguir planteando ¿qué hacer? ante el capitalismo, ello signfica que la historia sigue aún.
El mundo, como decíamos, para la amplia mayoría no sólo no va bien sino que resulta agobiante. Pero el sistema global tiene demasiado poder, demasiada experiencia, demasiada riqueza acumulada, y hacerle mella es muy difícil. La prueba está con lo que acaba de suceder estas últimas décadas: caída la experiencia de socialismo soviético y revertida la revolución china con su tránsito al capitalismo, los referentes para una transformación de las sociedades faltan, se han esfumado. Movimientos armados que levantaban banderas de lucha y cambios drásticos algunos años atrás ahora se han amansado, y la participación en comicios “democráticos” pareciera todo a cuanto se puede aspirar. Lo “políticamente correcto” vino a invadir el espacio cultural y la idea de lucha de clases fue reemplazándose por nuevos idearios “no violentos”. La idea de transformación radical, de revolución político-social, no pareciera estar entre los conceptos actuales. Pero las condiciones reales de vida no mejoran para las grandes mayorías; aunque cada vez hay más ingenios tecnológicos pululando por el mundo, las relaciones sociales se tornan más dificultosas, más agresivas. Las guerras, contrariamente a lo que podía parecer cuando terminó la Guerra Fría, siguen siendo el pan nuestro de cada día desde la lógica de los grandes poderes que manejan el mundo. La miseria, en vez de disminuir, crece.
Una vez más entonces: ¿qué hacer? Hoy, después de la brutal paliza recibida por el campo popular con la caída del muro de Berlín y el retroceso sufrido en las condiciones laborales (pérdidas de conquistas históricas, desaparición de los sindicatos como arma reivindicativa, condiciones cada vez más leoninas, sobre-explotación disfrazada de cuentapropismo) las grandes mayorías, en vez de reaccionar, siguen anestesiadas. Una vez más también: el sistema capitalista es sabio, muy poderoso, dispone de infinitos recursos. Varios siglos de acumulación no se revierten tan fácilmente. Las ideas de transformación que surgen a partir del pensamiento labrado por Marx, puntal infaltable en el pensamiento revolucionario, hoy día parecieran “fuera de moda”. Por supuesto que no lo son, pero la ideología dominante así lo presenta.
Hoy es más fácil movilizar a grandes masas por un telepredicador o por un partido de fútbol que por reivindicaciones sociales. ¡Pero no todo está perdido! Los mil y un elementos que el sistema tiene para mantener el statu quo no son infalibles. Continuamente surgen reacciones, protestas, movimientos contestatarios. Lo que sí pareciera faltar es una línea conductora, un referente que pueda aglutinar toda esa disconformidad y concentrarla en una fuerza que efectivamente impacte certeramente en el sistema. ¿Por dónde golpear a ese gran monstruo que es el capitalismo? ¿Cómo lograr desbalancearlo, ponerlo en jaque, ya no digamos colapsarlo? Los caminos de la transformación se ven cerrados. Quizá el presente es un período de búsqueda, de revisiones, de acumulación de fuerzas. Hoy por hoy, no se ve nada que ponga realmente en peligro la globalidad del sistema-mundo capitalista. Las luchas siguen, sin dudas, y el planeta está atravesado de cabo a rabo por diversas expresiones de protesta social. Lo que no se percibe es la posibilidad real de un colapso del capitalismo a partir de fuerzas que lo adversen, que lo acorralen. El proletariado industrial urbano, que se creyó el germen transformador por excelencia -de acuerdo a la apreciación absolutamente lógica de mediados del siglo XIX- hoy está en retirada. Los nuevos sujetos contestatarios -movimientos sociales varios, campesinos, etnias, reivindicaciones puntuales por aquí y por allá- no terminan de hacer mella en el sistema. Y las guerrillas de corte socialista parecen hoy piezas de museo. ¿Quién levantaría la lucha armada en la actualidad como vía para el cambio social?
Pero en el medio de esa nebulosa, siguen surgiendo protestas, voces críticas. La historia no ha terminado, definitivamente. Si eso quiso anunciar el grito victorioso apenas caído el muro de Berlín con aquellas famosas frases pomposas de “fin de la historia” y “fin de las ideologías”, el estado actual del mundo nos recuerda que no es así. Ahora bien: ¿qué hacer para que colapse este sistema y pueda surgir algo alternativo, más justo, menos pernicioso?
La pregunta de Lenin sigue siendo válida, y día a día millares de sujetos se la plantean, le buscan respuestas, hacen cosas para encontrarle sentido. En el medio de todas esas búsquedas aparece un fenómeno novedoso, impensable décadas atrás: los hackers. No es la intención de este pequeño escrito problematizar en términos técnicos lo que esto significa, pero sí dejar indicado que ahí hay una potencialidad anti sistema muy grande. Tanto, que el mismo sistema sabe del peligro latente.
El sistema va encontrando los antídotos del caso para frenar todas sus posibles contradicciones. Como decíamos, el mismo proletariado industrial, germen mismo de la revolución socialista, fue reducido en su papel histórico, y el sindicato rebajado a la categoría de institución burocrática asimilada al sistema. Las guerrillas fueron derrotadas en lo militar, o al menos se les achicó considerablemente el espacio político, convirtiéndolas en agentes “terroristas”, bastante impresentables hoy día. Por otro lado, los movimientos sociales de protesta (campesinos, desocupados, mujeres, etc., etc.), divididos como están, no terminan de ser un instrumento que colapse al sistema en su globalidad. ¿Qué hacer entonces?
En ese desconcierto surge este engendro novedoso sobre lo que queremos llamar la atención: los hackers. No estamos diciendo que ese es “el” camino, que ahí está la respuesta a la pregunta que nos planteábamos. Simplemente queremos indicar que ahí hay una nueva incomodidad para el sistema global que no se sabe aún qué puede disparar.
Por lo pronto, y como para contextualizar el asunto, será útil conocer el Manifiesto hacker que circula en estos momentos en el espacio virtual:
El manifiesto del hacker
Hoy han cogido a otro, aparece en todos los periódicos. “Joven arrestado por delito informático”, “hacker arrestado por irrumpir en un sistema bancario”. “Malditos críos. Son todos iguales”. ¿Pero pueden, con su psicología barata y su cerebro de los años cincuenta, siquiera echar un vistazo a lo que hay detrás de los ojos de un hacker? ¿Se han parado alguna vez a pensar qué es lo que les hace comportarse así, qué les ha convertido en lo que son? Yo soy un hacker, entre en mi mundo. Mi mundo comienza en el colegio. Soy más listo que el resto de mis compañeros, lo que enseñan me parece muy aburrido. “Malditos profesores. Son todos iguales”. Puedo estar en el colegio o un instituto. Les he oído explicar cientos de veces cómo se reducen las fracciones. Todo eso ya lo entiendo. “No, Sr. Smith, no he escrito mi trabajo. Lo tengo guardado en la cabeza”. “Malditos críos. Seguro que lo ha copiado. Son todos iguales”. Hoy he descubierto algo. Un ordenador. Un momento, esto mola. Hace lo que quiero que haga. Si comete errores, es porque yo le he dicho que lo haga. No porque yo no le guste, me tenga miedo, piense que soy un listillo o no le guste ni enseñar ni estar aquí. Malditos críos. A todo lo que se dedican es a jugar. Son todos iguales. Entonces ocurre algo… se abre una puerta a un nuevo mundo… todo a través de la línea telefónica, como la heroína a través de las venas, se emana un pulso electrónico, buscaba un refugio ante las incompetencias de todos los días… y me encuentro con un teclado. “Es esto… aquí pertenezco… “. Conozco a todo mundo… aunque nunca me haya cruzado con ellos, les dirigiese la palabra o escuchase su voz… los conozco a todos… malditos críos. Ya está enganchado otra vez al teléfono. Son todos iguales… puedes apostar lo quieras a que son todos iguales… les das la mano y se toman el brazo… y se quejan de que se lo damos todo tan masticado que cuando lo reciben ya ni siquiera tiene sabor. O nos gobiernan los sádicos o nos ignoran los apáticos. Aquellos que tienen algo que enseñar buscan desesperadamente alumnos que quieran aprender, pero es como encontrar una aguja en un pajar. Este mundo es nuestro… el mundo de los electrones y los interruptores, la belleza del baudio. Utilizamos un servicio ya existente, sin pagar por eso que podrían haber sido más barato si no fuese por esos especuladores. Y nos llamáis delincuentes. Exploramos… y nos llamáis delincuentes. Buscamos ampliar nuestros conocimientos… y nos llamáis delincuentes. No diferenciamos el color de la piel, ni la nacionalidad, ni la religión… y vosotros nos llamáis delincuentes. Construís bombas atómicas, hacéis la guerra, asesináis, estafáis al país y nos mentís tratando de hacernos creer que sois buenos, y aún nos tratáis de delincuentes. Sí, soy un delincuente. Mi delito es la curiosidad. Mi delito es juzgar a la gente por lo que dice y por lo que piensa, no por lo que parece. Mi delito es ser más inteligente que vosotros, algo que nunca me perdonaréis. Soy un hacker, y éste es mi manifiesto. Podéis eliminar a algunos de nosotros, pero no a todos… después de todo, somos todos iguales.
¿Qué significa esto? Insistimos: no estamos proponiendo que la vía revolucionaria hoy día haya pasado a ser el internet y los hackers. Contextualicemos bien la cuestión: por lo pronto sólo un 10% de la humanidad usa y aprovecha en alguna medida la red de redes. Para muchísima población mundial el hambre, la seguridad diaria, no saber si mañana amanecerá vivo, eso sigue constituyendo su principal problema; en esa dimensión el internet le es algo absolutamente esotérico, lejano.
Quizá los ataques informáticos al corazón del sistema capitalista constituyan una afrenta importante, tanto que logren abrir brechas. No lo estamos afirmando. Es más: no lo sabemos ni hay razonablemente modo de saberlo. ¿Cómo podría colapsar al sistema global hiper poderoso el hecho que a una de sus grandes corporaciones multinacionales se le paralicen los sistemas informáticos por unos días? ¿Sirve realmente como una propuesta de transformación social que, por ejemplo, se conozcan secretos del Pentágono? En todo caso podemos decir que algunos hackers, o algunos movimientos de hackers, promueven una justicia social y un acceso libre al conocimiento universal que, así considerado, conlleva un enorme potencial transformador. Hoy día el sistema global se centra cada vez más en las tecnologías digitales, en la inteligencia artificial. Golpear allí puede llegar a ser de importancia capital.
Sin levantar en sentido estricto el movimiento hacker como la nueva forma de lucha, es necesario saber, al menos, que es “una” forma de lucha más, junto a otras, que años atrás no existía, pero que por sus características intrínsecas puede ser más dañina para el sistema que un grupo insurgente que, armas en mano, se va a la montaña.
En realidad este breve texto no pretende ser una respuesta a la pregunta básica, la misma que se formulara Lenin hace un siglo y que en este momento se sigue formulando una enorme cantidad de convencidos en un proceso de cambio real. Es sólo un recordatorio, una referencia hacia la necesidad de seguir repensando críticamente qué hacer desde el campo de la izquierda, desde el campo popular, desde el campo de los que seguimos creyendo que la vida humana precisa enormes cambios.

Los hackers, quizá, no son sino una expresión del desconcierto en que vivimos, de la cerrazón de caminos para plantear transformaciones, de la angustia de enormes cantidades de jóvenes que no hallan salida ni ven claridad en su futuro. No lo sabemos. Son, tal vez, un fermento más de cambio. Pero si así fuera, junto a todos los otros fermentos que pueda haber por allí, bienvenidos a la lucha por un mundo mejor.

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Colombia: Constitución del 91: ¿Tratado de paz o de guerra?

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jueves 14 de julio de 2011

ELN

La década del ochenta del siglo anterior fue un tiempo de auge del movimiento social y del movimiento guerrillero, expresión del descontento con la situación que vivían las mayorías nacionales y respuesta legítima contra el régimen antidemocrático, represivo y excluyente.

El fenómeno del narcotráfico, igualmente toma auge y se extiende por todo el país, gracias al pacto del gobierno y la clase política con los capos del cartel de Medellín y de Cali, quienes se vinculan como aliados del Estado en la estrategia contrainsurgente, para combatir la guerrilla y desarticular el pujante movimiento social.
Esta alianza macabra intensifica la persecución y la violencia contra el pueblo, mediante la guerra sucia, ejecutada por la fuerza pública y los grupos paramilitares; los mínimos derechos son conculcados y reemplazados por la intimidación y fuerza bruta de la barbarie.
Dentro de este escenario catastrófico se convierte en un clamor general la paz y los cambios que el país requiere, para que cese la violencia e impere la justicia.
Para este mismo tiempo suceden otros fenómenos a nivel internacional, como es el avance de los acuerdos de paz con las guerrillas centroamericanas, el desplome del campo socialista y el jolgorio del capitalismo anunciando el fin de la historia.
En el país, muchos pensaron precipitadamente, que la paz se alcanzaba sólo con el desmonte del movimiento guerrillero, pero ni siquiera se cuestionaba la estructura terrorista del Estado y su herramienta del narco paramilitarismo y sin tocar las causas estructurales de la desigualdad y la injusticia. Así, con la presencia de la guerrilla desmovilizada en la Constituyente, se estaba a las puertas de la paz y de los cambios tan añorados por los colombianos.
La Constitución del 91
Algunos grupos guerrilleros derrotados ideológica y militarmente, cansados del sacrificio de estar en el monte o la clandestinidad y creyendo que las condiciones estaban dadas para llegar a la paz y entrar en el juego de la lucha política y democrática, decidieron entregar las armas y reincorporarse a la vida civil, con la ilusión de la nueva Constitución, que para ese entonces se abría camino.
En los primeros días de febrero de 1991, se instaló el remedo de Asamblea Constituyente, sus delegados apenas representaban una parte del mapa político del país, principalmente los partidos tradicionales de la oligarquía, la guerrilla derrotada y los narcoparamilitares; excluyendo a la mayoría de los sectores sociales y al movimiento guerrillero que no se había desmovilizado, pero había hecho pública su disposición a contribuir para que la Constitución fuera un real tratado de Paz y echara las bases para la materialización de los cambios que requiere el país.
La mayoría de los delegados a la Constituyente, elegidos por la tradicional maquinaria electoral, entre los más fieles representantes de los intereses de la clase y la élite dominante, siempre opuesta a permitir que el país cambie y a que se debilite el poder a que están aferrados obstinadamente, impidieron que se tocaran los tres pilares sobre los que descansa su poder: el modelo económico, el régimen político y las fuerzas armadas. Lo único que permitieron fue avances en el reconocimiento de algunos derechos individuales, humanos y de algunos espacios democráticos.
Se afianzó el modelo neoliberal, que era lo prioritario para esa mayoría, suprimiendo aquellas trabas y vacíos en la vieja Constitución, que obstaculizan la feria de todo el patrimonio público de la nación. Además, se fortalece el régimen presidencialista.
Desmonte de la Constitución del 91
Veinte años después, los pocos avances en materia de derechos individuales y democráticos los han desmontando en sucesivas Reformas Constitucionales, sobre todo aquellos que de alguna manera estorban el avance del modelo neoliberal, el fortalecimiento de la estrategia de guerra contrainsurgente y el control sobre el movimiento social y político que hace oposición al régimen.
Los representantes del proyecto político de ultraderecha que lidera el ex Presidente Álvaro Uribe Vélez, son los acérrimos enemigos de la Constitución del 91, quienes buscan eliminar lo poco que tiene de positivo y a favor del pueblo, lo que obstaculiza la libre aplicación de la “seguridad democrática”, el robo y los abusos de inversionistas que saquean la riqueza nacional.
El país siente, una vez más, que la maquinaria de la élite dominante desvió la Constituyente del camino de la paz y la condujo a fortalecer el estado de injusticias sociales, de la exclusión, la represión violenta y todas las otras causas que enraízan y alimentan la guerra. La esperanza en el tratado de PAZ, una vez más se frustró y fue otro engañó para el pueblo.
Lo que vino después de la aprobación de la Constitución del 91, fue la continuación y profundización de la guerra sucia y el terrorismo de Estado, la expansión por todo el territorio nacional del narco paramilitarismo de la mano y al amparo de las Fuerzas Armadas; la multiplicación de la violencia, de los crímenes de Estado mal llamados “falsos positivos”, el destierro de millones de campesinos y el despojo de millones de hectáreas de tierras cultivables, la persecución y criminalización a la oposición política y social.
El narcotráfico se extendió a todo el país, controlando la política regional, penetrando las instituciones del Estado y transformando el país en una narco república.
Los derechos a la salud y educación pública dejaron de ser un derecho para convertirse en una mercancía; las mafias de la corrupción se apropiaron del erario público; la riqueza se concentró mucho más que antes, convirtiendo a Colombia en el país de la mayor desigualdad social en Latinoamérica, con el 60 por ciento de la población viviendo en la pobreza y la miseria.

La Constitución del 91 no pudo ser: se desaprovechó esa oportunidad histórica para haber consensuado un tratado de paz que permita que los colombianos podamos vivir pacíficamente y ser dueños de nuestro propio destino; por el contrario fue un arma que le dio continuidad y profundizó la guerra contra el pueblo

Cacicazgos, matanzas y represión en Guerrero datan de 1849

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Atraso económico, político y social provocaron surgimiento de grupos insurgentes y paramilitares

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Policías municipales y estatales continúan con recorridos en avenidas y playas de Acapulco, la víspera de las elecciones de gobernador de GuerreroFoto Notimex
Sergio Ocampo Arista
Corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 30 de enero de 2011, p. 31

Chilpancingo, Gro., 29 de enero. Desde su creación, en 1849, el estado vive una constante inestabilidad política, con fuerte presencia caciquil, masacres y represión a los movimientos sociales, fenómenos que lo tienen en el atraso económico, político y social y provocaron el surgimiento de grupos insurgentes y paramilitares.

La inestabilidad se hizo más evidente en 70 años de administraciones priístas, aunque también durante los 10 años de gobiernos federales panistas (Vicente Fox y Felipe Calderón) y de uno estatal perredista: el de Zeferino Torreblanca Galindo (2005-2011).

A partir de 1960 inició una escalada de violencia originada a partir de movimientos sociales reivindicatorios, pero que ten-drían trascendencia nacional.

En diciembre de ese año el general Raúl Caballero Aburto, en su condición de gobernador, reprimió en Chilpancingo el movimiento estudiantil-popular impulsado por el Colegio del Estado, antecedente de la Universidad Autónoma de Guerrero, del que participaron los futuros guerrilleros Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas Barrientos. Los soldados mataron a 19 personas.

En diciembre de 1962 fueron asesinados en Iguala siete miembros del movimiento cívico de Genaro Vásquez y cuatro años después éste fue encarcelado. En Mayo de 1967 asesinaron en Atoyac a seis personas cuando Lucio Cabañas presidía una reunión en una escuela primaria.

En agosto de 1967, unos 80 integrantes de la Unión Regional de Productores de Copra fueron asesinados en Acapulco por pistoleros a las órdenes del entonces gobernador priísta Raymundo Abarca Alarcón.

Estas masacres orillaron a Vázquez y a Cabañas a remontarse a la sierra al frente de las guerrillas de la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria y el Partido de los Pobres de 1967 a 1975.

En 1975, con la llegada al gobierno de Rubén Figueroa Figueroa, hubo cientos de muertos, y más de 600 desaparecidos.

En el gobierno de José Francisco Ruiz Massieu (1987-93), más de 300 militantes del PRD fueron asesinados y varios desaparecidos.

En 1995, durante el gobierno de Rubén Figueroa Alcocer (1993-96), 17 militantes de la Organización Campesina de la Sierra del Sur fueron acribillados en Aguas Blancas, municipio de Coyuca de Benítez, y surgió el Ejército Popular Revolucionario.

Para 1996 Figueroa Alcocer fue separado del cargo y se designó gobernador sustituto a Ángel Heladio Aguirre Rivero (1996-99). En su mandato 11 personas, nueve de ellas indígenas mixtecos, fueron ejecutados en El Charco, municipio de Ayutla de los Libres; ahí nació el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente.

Hoy, Aguirre Rivero busca convertirse en gobernador del estado. Sería el segundo que llega con las siglas del PRD después de Torreblanca Galindo, quien tampoco hizo nada para cambiar el panorama que privó en los gobiernos priístas, pues según la dirigencia estatal del PRD, en sus casi seis años de gobierno más de 40 de sus militantes fueron ejecutados, entre ellos Armando Chavarría Barrera, quien presidía la Comisión de Gobierno del Congreso local, y los dirigentes indígenas mixtecos Raúl Lucas Lucia y Manuel Ponce Rosas.

Colombia: Guerrilla del ELN expresa voluntad de paz

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jueves 4 de noviembre de 2010

 La guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) expresó su voluntad de abrir un diálogo de paz en el que según su máximo jefe, participen todos los colombianos y la Unasur como garante, de acuerdo a un video del grupo armado, hecho público hoy.

“Que Colombia cuente con el ELN para una propuesta de paz que nos deje justicia social y una verdadera democracia”, dijo Nicolás Rodríguez, alias ‘Gabino’, líder de esa guerrilla.
En el material visual, fechado el 31 de octubre y divulgado por medios locales, Rodríguez leyó un documento en el que plantea la posibilidad de un “acuerdo nacional por la paz” que permita hacer transformaciones estructurales de carácter social.
Según el jefe de ese grupo armado, tal proceso podría culminar en una Asamblea Constituyente, que en otras ocasiones le ha permitido a esta nación sudamericana la reinserción a la vida civil y política de actores armados ilegales.
Como lo hiciera meses atrás, el comando élite de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el ELN pidió a la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) “acompañar la búsqueda de la paz en Colombia”.
En esa oportunidad, como en otras, el organismo multilateral afirmó que su mediación sólo es posible si el gobierno nacional, encabezado por el presidente Juan Manuel Santos, otorga su autorización.
Con vestido en tela de camuflaje y en su primera aparición después de largo tiempo, ‘Gabino’ señaló que sólo “la suma de voluntades” hará posible la consecución de la paz en este país, sumido hace más de cuatro décadas en un conflicto armado.
“Hoy, más que nunca, la paz es una exigencia”, añadió.
En respuesta, el vicepresidente colombiano, Angelino Garzón, dijo que la respuesta a la comunicación de los rebeldes es “que necesitamos hechos (…) A la guerrilla le decimos: menos palabras y más hechos”.
Desde que Santos asumiera la primera magistratura el pasado 7 de agosto, su administración ha sostenido una política abierta al diálogo, bajo la condición de que la guerrilla detenga sus prácticas de secuestro y atentados.

El ELN ha empredido, desde la década de los 80, al menos cuatro procesos de paz con las administraciones de turno sin ningún éxito, pero ha permitido la desmovilización de unos 1.500 hombres en armas.

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