El día que Internet rugió

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lunes 23 de enero de 2012

Amy Goodman (DEMOCRACY NOW!)

El miércoles 18 de enero tuvo lugar la mayor manifestación de protesta online en la historia de Internet. Hubo un “apagón” de sitios web, grandes y pequeños, en protesta contra proyectos de ley presentados en la Cámara de Representantes y el Senado de Estados Unidos que podrían transformar profundamente a Internet.

Los dos proyectos presentados, SOPA en la Cámara de Representantes y PIPA en el Senado, aparentemente pretenden poner fin a la piratería de material con copyright en Internet realizada a través de sitios web alojados fuera de Estados Unidos. Quienes se oponen a los proyectos, entre ellos los fundadores de Google, Wikipedia, the Internet Archive, Tumblr y Twitter, sostienen que limitarían la innovación y la inversión, rasgos típicos de la Internet libre y abierta. El gobierno de Obama ha manifestado algo de oposición a estas leyes, pero como muchos de sus seguidores aprendieron con dolor, lo que el Presidente Obama cuestiona un día, lo convierte en ley al día siguiente.
En primer lugar, los conceptos básicos. SOPA, por sus siglas en inglés, es la Ley de Cese a la Piratería en Internet y PIPA, también por sus siglas en inglés, refiere a la Ley de Protección de la Propiedad Intelectual. Ambos proyectos de ley son muy parecidos. SOPA permitiría a los titulares de derechos de autor entablar una demanda ante la fiscalía general de Estados Unidos contra cualquier sitio web extranjero que según ellos “comete o permite cometer violaciones penales” de las leyes de derechos de autor. Esto apunta sobre todo a la piratería de música y películas. La Ley SOPA permitiría a la industria cinematográfica, a través de los tribunales y del fiscal general de Estados Unidos, entablar un amplia serie de demandas para que proveedores de servicios de Internet y compañías de motores de búsqueda bloqueen el acceso a los sitios de los presuntos infractores, y hasta para que se impida establecer vínculos hacia esos sitios web, lo que los tornaría “inaccesibles”. La ley prohibiría además que las agencias de publicidad por Internet efectúen pagos a sitios web acusados de cometer violaciones de los derechos de autor.
La Ley SOPA podría dar lugar, entonces, a la clausura de sitios web abiertos y de uso público como YouTube si tan solo uno de sus millones de usuarios fuera acusado de violar un derecho de autor estadounidense. Como publicó en su blog David Drummond, director del departamento legal de Google: “Teniendo en cuenta solo al año pasado, dimos aviso de incumplimiento de derechos de autor a más de cinco millones de sitios web”. Y agrega: “PIPA y SOPA van a censurar la red, pondrán en riesgo el historial de innovación y creación de fuentes de trabajo de nuestra industria, y no pondrán fin a la piratería.”
Corynne McSherry, directora de propiedad intelectual de la Fundación Fronteras Electrónicas (EFF.org), me dijo: “Estos proyectos de ley proponen otorgar nuevos poderes al gobierno y a los actores privados para que creen listas negras de sitios web que presuntamente estarían vinculados a algún tipo de violación online, para obligar así a los proveedores de servicios de Internet a impedir el acceso a esos sitios. Es por eso que los llamamos ‘los proyectos de ley de la censura’”.
Según McSherry, estos proyectos son creación de la industria del entretenimiento y de “producción de contenidos”: “En especial, la Ley SOPA fue negociada sin consulta alguna al sector tecnológico, que fue específicamente excluido”. La exclusión del sector tecnológico generó alarma no sólo entre los ejecutivos de Silicon Valley, sino también entre los conservadores como el Congresista republicano de Utah Jason Chaffetz, uno de los preferidos del movimiento de derecha tea party. Chaffetz dijo en diciembre durante una sesión del Comité Judicial de la Cámara de Representantes: “Básicamente, vamos a reconfigurar Internet y cómo va a funcionar en adelante sin consultarles a los nerds.”
Uno de los promotores de la Ley PIPA, Patrick Leahy, el senador demócrata y progresista de Vermont, dijo en un comunicado de prensa: “Mucho de lo que se ha dicho [sobre PIPA] es simplemente erróneo y parece que pretende sembrar temor y preocupación en vez de esclarecer o alentar soluciones viables.”
Lamentablemente, el enojo de Leahy suena asombrosamente parecido al de su ex colega del Senado, Christopher Dodd, que tras su retiro se convirtió en el presidente y director general del poderoso grupo de presión Motion Picture Association of America (según dicen, con un salario de 1,2 millones de dólares al año) y es uno de los principales impulsores de las leyes SOPA y PIPA, si no es en realidad uno de sus creadores. En referencia a la amplia protesta de base diseminada por Internet, Dodd dijo: “Es peligroso y problemático cuando las plataformas que sirven de portales a la información tergiversan intencionalmente los hechos con el objetivo de incitar a sus usuarios para, en realidad, favorcer sus intereses corporativos”.
McSherry, de la Fundación Fronteras Electrónicas, afirmó: “Nadie le preguntó a Internet y bueno… Internet está hablando ahora. Vemos todo tipo de oposición a lo largo y ancho de la red. La gente se está poniendo de pie y diciendo: ‘No toquen la infraestructura básica de Internet. No lo vamos a tolerar.’”
Al mismo tiempo que se desarrollaba la protesta del apagón de Internet el 18 de enero, y a pesar de la presión ejercida por Dodd, los legisladores comenzaron a retirar su apoyo a estos proyectos de ley. Internet rugió y los políticos escucharon, algo que nos remite al levantamiento popular de 2003 contra la concentración de la propiedad de los medios propuesta por el entonces presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones, Michael Powell, hijo del General Colin Powell. La información es el sustento de la democracia y el pueblo no va a quedarse sentado mirando cómo intereses adinerados le impiden acceder a ella.
En el noticiero internacional de Democracy Now presentamos un debate sobre el tema. Jimmy Wales, cofundador de Wikipedia, explicó: “Estos proyectos están muy mal redactados. Está muy bien hablar de la necesidad de hallar algún tipo de solución a las conductas delictivas en Internet. Pero no está bien establecer un régimen de censura en respuesta a ello. No está bien implantar procedimientos que harían que las compañías financieras de tarjetas de crédito bloquearan emprendimientos legítimos ante una simple queja. Es necesario volver a la redacción y repensar todo el tema de manera de que la libertad de expresión se ubique al frente y como tema central.”
Cuando los usuarios de Internet visitaban el sexto sitio web más popular del mundo durante el apagón, Wikipedia.org, en la sección en inglés hallaban este mensaje:
“Imagínense un mundo sin libertad de conocimiento. Durante más de diez años hemos dedicado millones de horas a la construcción de la mayor enciclopedia de la historia de la humanidad. En este momento, el Congreso de Estados Unidos se encuentra debatiendo proyectos de ley que podrían perjudicar profundamente a la Internet libre y abierta.”
En un mundo con revoluciones recientes impulsadas desde Internet, parece que los políticos estadounidenses están comprendiendo el mensaje.
Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

Texto en inglés traducido por Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now!

La SOPA y la doble cara de la “propiedad intelectual”

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viernes 20 de enero de 2012

LA JORNADA (especial para ARGENPRESS.info)

La protesta que se desarrolló anteayer contra la iniciativa de Ley para Detener la Piratería en Línea (SOPA, por sus siglas en inglés), que se discute en el Congreso de Estados Unidos, reunió el apoyo de unas 60 mil páginas web tan sólo en ese país, entre las que destacaron portales como Wikipedia, Google, Youtube y Amazon. A las expresiones de rechazo se sumaron también unos 50 legisladores de distinto signo político, e incluso los senadores republicanos Marco Rubio y John Cornyn, quienes se habían desempeñado como dos de los principales impulsores de SOPA, retiraron su respaldo a la iniciativa.

Es importante recordar que las referida propuesta legislativa, en caso de ser aprobada, impondría a los proveedores de Internet en el vecino país la responsabilidad de ““vigilar”” y detectar páginas que compartan contenido considerado ““ilegal”” –imágenes, música, videos o textos protegidos mediante derechos de autor–; obligaría a buscadores como Google a eliminar esas páginas; permitiría al gobierno de Washington, mediante su Departamento de Justicia, cerrar sitios alojados en servidores de ese país sin orden judicial alguna, e incluso colocaría en riesgo de ir a la cárcel a muchos usuarios que compartan –en páginas personales, redes sociales o correos electrónicos– vínculos o contenidos copiados sin permiso, aun en el caso de que no busquen beneficiarse económicamente con su distribución.
El correlato de este intento por coartar la libre difusión de información en Internet es un sistema de propiedad intelectual que, ante todo, favorece a las grandes corporaciones y obedece a una lógica de saqueo. En consonancia con el desarrollo del modelo económico depredador vigente, las potencias económicas y militares del orbe han impuesto en los países periféricos la obligación de respetar y homologar las normativas en materia de derechos de autor y propiedad intelectual, y ello ha propiciado que corporaciones trasnacionales se hagan, por medio de patentes, de títulos de propiedad de especies vegetales, de genomas humanos, de iconos religiosos y de manifestaciones culturales de diversa índole que en muchos casos son producto del trabajo desinteresado de numerosos individuos y colectivos.
Así pues, más que el control o el combate de la piratería o la pretendida defensa de puestos de trabajo en las industrias culturales, el motivo evidente de la legislación referida es la defensa de los intereses de grandes compañías musicales, editoriales, cinematográficas, farmacéuticas, entre otras, sin importar que con ello se llegue a extremos irracionales como la virtual paralización de la red.
Por desgracia, la pretensión de poner marcas de propiedad a los contenidos de la web no se circunscribe a Estados Unidos, sino se extiende a países como España, con la denominada Ley Sinde, aprobada en marzo del año pasado, e incluso a México, con la presentación, a instancias del panista Federico Döring, de un proyecto de reformas a las leyes Federal de Derecho de Autor y de la Propiedad Industrial que, de acuerdo con diversos especialistas, es una versión mexicana de la SOPA.
En una circunstancia en la que Internet se ha vuelto un medio fundamental para la creación, difusión y almacenamiento del conocimiento humano, los diversos actores sociales, políticos, científicos y empresariales que actúan en la red debieran cuando menos ponderar si la defensa de su beneficio individual en materia de propiedad intelectual atenta o no contra el interés de la colectividad.

Cabe esperar que en los congresistas estadunidenses prevalezca un mínimo de sensatez política y que rechacen la aprobación de una medida que no sólo sería un error monumental de cara a las elecciones federales de noviembre próximo en ese país, sino afectaría al conjunto de los usuarios de la red en el mundo e implicaría un retroceso en las libertades y en el desarrollo del conocimiento y la cultura de las sociedades contemporáneas.

SE APAGA INTERNET Se acaba el mundo… el mundo libre en Internet.

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La semana pasada les compartíamos nuestro más fervoroso deseo de que se cumplan las profecías mayas y se acabe este mundo. Este mundo de gobiernos terroristas y chantajistas, de hombres maltratadores, de países donde miles de niños y niñas mueren a diario de hambre.

Pero no sospechábamos que comenzaríamos el 2012 con el peligro real e inminente de que el mundo libre en Internet terminara a pocos días de arrancar el año.

Los Congresistas Norteamericanos, bien pagados por los lobbys de las principales discográficas y estudios cinematográficos, llevan unos meses discutiendo la llamada Ley SOPA, de la que hablamos en un anterior radioclip.

Con esta ley se inicia el fin del mundo del Internet Libre, abierto y sin vigilancia, como lo conocíamos. A partir de ahora, es posible que cualquier día ustedes entren a la web de Radialistas y vean que fue bloqueada.

Y no es que estemos cansados de producir o se nos hayan acabado las ideas. Lo que ocurre es que para algunas de nuestras producciones solemos emplear canciones que tiene Copyright. En teoría estamos haciendo un uso justo de ellas, es decir, no es lucrativo, es educativo y sólo usamos un fragmento. Pero si a una discográfica se le antoja demandarnos, podrían cerrar nuestra página.

¡Cuidado!, porque con tu correo puede suceder lo mismo. Si por casualidad mandas un enlace a algún amigo indicando dónde se puede descargar una película o una canción que, según estas codiciosas compañías que gestionan la propiedad intelectual, viola los derechos de autor, pueden cerrarte la cuenta.

¿Y cómo saben ellos que tú enviaste ese correo? “Elemental, mi querido Watson”. La ley SOPA no fue pensada “sin querer queriendo”. Se realizó con premeditación y alevosía. Con la excusa de proteger la Propiedad Intelectual quieren controlar la Red y a quienes la usamos.

En América Latina llevamos años queriendo democratizar las comunicaciones. Esto incluye la redistribución de las frecuencias de radio y televisión, el software libre y también la liberación de los contenidos.

El poder financiero junto a sus politiqueros se fueron apropiando de todos los medios de comunicación, desde periódicos hasta radios y canales de televisión. La mayoría están en sus manos. Pero Internet nos abrió una nueva posibilidad de informarnos, de articularnos para la movilización social, de derrocar gobiernos corruptos y traidores a sus pueblos.

A los poderosos les asusta Internet. Les asusta también que podamos tener acceso a la cultura, a leer, a aprender, y entender la diversidad cultural desde las obras artísticas que circulan por la Red.

No podemos dejar que se apruebe una Ley que limitaría gravemente la libertad de acceso a Internet. ¡Tenemos que actuar!

Te proponemos participar en las diferentes iniciativas mundiales que se llevan a cabo para frenar la aprobación de la Ley.

Este miércoles 18 de enero las declaraciones de los expertos en el Congreso gringo serán acompañadas del apagón de muchos sitios, entre ellos Anonymus y Wikipedia.

En Radialistas ya flamea un crespón negro en contra de la SOPA y nos sumaremos a este apagón. Para el 23 de enero se anuncia que sitios como Google o Facebook se pongan también en negro. ¿Por qué no te apagas tu también?

Este 2012 tienes sólo dos opciones. Una, militar desde las trincheras de la independencia y la libertad en Internet. La otra, sentarte delante de la computadora a contemplar cómo se acaba el mundo… libre en Internet.

MÁS SOBRE SOPA

Síguenos en nuestra cuenta Twitter donde te iremos informando sobre el tema o busca las novedades con la etiqueta #SOPA o #SOPAblackout.

Para saber más del tema, busca en Youtube el video: http://www.youtube.com/watch?v=SG2fRqi3Asc

También puedes buscar “PROTECT IP / SOPA Act Breaks the Internet”. Hay un botón rojo con las letras CC donde puedes activas los subtítulos en castellano.

No dejes de leer esta interesante infografía de Derecho a Leer con Mafalda como protagonista:

http://www.derechoaleer.org/2011/11/infografia-otra-vez-sopa.html

El blog de ALT1040 está publicando mucha información al respecto: http://alt1040.com/tag/sopa

Otras páginas sobre el tema:

http://americancensorship.org/

Wikileaks advierte sobre red de espionaje global

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viernes 2 de diciembre de 2011

PL

Gran conmoción causaron las declaraciones del fundador del sitio alternativo Wikileaks, Julian Assange, sobre un sistema de espionaje global basado en las nuevas tecnologías de la información, informaron hoy medios de prensa británicos.

“Cualquiera que tenga un iPhone, una Blackberry o un correo de Gmail será espiado”, aseguró Assange, tras la vuelta a la carga de Wikileaks con la publicación de nuevos y reveladores documentos.
Esta vez, divulgamos más de 287 archivos que documentan la realidad de la industria internacional de la vigilancia de masas, que ahora vende equipos tanto a dictadores como a democracias para vigilar a poblaciones enteras, denunció el periodista de 40 años durante una rueda de prensa este jueves en Londres.
Retenido actualmente en Reino Unido, Assange, acusado por Suecia de supuestos delitos sexuales, se opone a su extradición a la nación nórdica, ya que además de defender insistentemente su inocencia acusa al gobierno de Estados Unidos de estar detrás del proceso legal, como parte de una venganza política.
El editor australiano que enfrenta una eventual entrega a Estocolmo, donde un tribunal lo acusa de presunta violación y acoso a dos mujeres, en agosto de 2010, deberá esperar al próximo lunes para conocer el fallo de la Corte británica sobre su recurso de apelación.
Wikileaks y su fundador, en particular, están en el punto de mira del Gobierno estadounidense y del Pentágono por la revelación en noviembre del pasado año de unos 25 mil cables del Departamento de Estado, que pusieron en jaque a la diplomacia norteamericana.
Ante presiones de Washington, el sitio resultó forzado a suspender la publicación de documentos secretos por falta de fondos ante lo que Assange calificó de “bloqueo financiero arbitrario e ilegal” de las entidades estadounidenses Bank of America, Visa, Mastercard, Paypal y Western Union.

No obstante, bajo el nombre “The Spyfiles”, Wikileaks reveló este jueves las actividades de unas 160 compañías en 25 países que desarrollan tecnologías de rastreo y vigilancia a personas mediante sus teléfonos móviles, cuentas de correo electrónico e historial de búsqueda en Internet.

Internet y sus mitos

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viernes 2 de diciembre de 2011

En esta nueva “aldea global”, las tecnologías de punta ligadas a las comunicaciones marcan el ritmo: sociedad digital, sociedad basada en la inteligencia artificial y en la virtualidad, donde quien no puede seguir ese ritmo –y de hecho, es la gran mayoría planetaria– queda en una situación de desventaja comparativa cada vez mayor con quien sí lo impone.

Marcelo Colussi / Especial para Con Nuestra América

Desde Ciudad de Guatemala

mmcolussi@gmail.com

Un cuchillo puede servir para cortar la comida…., o para apuñalar a alguien. Del mismo modo, la energía nuclear puede servir para alumbrar toda una ciudad, o para hacerla volar por el aire. Conclusión: la tecnología en sí misma, permítasenos apelar a este maniqueísmo un tanto reduccionista, no es ni “buena” ni “mala”. El aprovechamiento de los avances técnicos está en función del proyecto humano en que se despliegan. Los instrumentos que el ser humano va creando, desde la primera piedra afilada del Homo Habilis hasta la más sofisticada estación espacial actual, son herramientas que ayudan a la vida. Las herramientas no tienen un valor por sí mismas: son la perspectiva ética, el modelo de ser humano y de sociedad a la que sirven, quienes les da su valor.

Es importante empezar diciendo esto para aclarar un mito que se ha venido dibujando en el mundo moderno, el mundo de la industria basado en la siempre creciente revolución científico-técnica: el mito de la tecnología y del progreso sin par.

Las herramientas, los útiles que nos ayudan y hacen más cómoda la vida cotidiana –el tenedor, la presa hidroeléctrica, el calzador para ponernos un zapato o el microscopio electrónico– son pasos que nos van distanciando cada vez más de nuestra raíz animal. Pero con la aceleración fabulosa de estos últimos dos siglos que se da con la industria surgida en Europa y hoy ya globalizada ampliamente, el poder técnico pareciera independizarse obteniendo un valor intrínseco: la tecnología pasa a ser un nuevo dios ante el que nos prosternamos. En muchas ocasiones terminamos por adorar la herramienta en sí misma, independientemente de su real utilidad o de las consecuencias nocivas que pueda acarrear.

Una vez más entonces: la tecnología no es “buena” ni “mala”. Es el proyecto político-social en la que se inscribe lo que debe cuestionarse. Los motores de combustión interna, por ejemplo, facilitaron las comunicaciones de un modo espectacular, pero al mismo tiempo pasaron a ser los principales contaminantes del mundo contribuyendo a provocar la catástrofe medioambiental que vivimos destruyendo la capa de ozono. ¿Son los automóviles la “causa” de ese desastre? Obviamente no, sino el proyecto social al que sirven. Y es claro que el mismo está decidido e implementado por grandes poderes que obligan a seguir determinados criterios y no otros: ¡todo el mundo consume automóviles alimentados con gasolina hasta que se termine la última gota de petróleo que hay en el subsuelo! ¿Se consultó a alguien, a los ciudadanos comunes, si estábamos de acuerdo con eso? El mito tecnológico alimenta generosamente esas construcciones culturales borrando la reflexión crítica al respecto: “tener auto da estatus…, y si es una Ferrari, ¡mejor!”

Los mitos tienen esa función: dan explicaciones convincentes del mundo, eximen de seguir interrogándonos porque “resuelven” el origen de todas las cosas.

En la sociedad planetaria actual, marcada por la gran industria que transformó radicalmente la vida en estos últimos 200 años, hoy por hoy el desarrollo técnico ha llevado a entronizar la acumulación y procesamiento de información como el bien más importante. Tanto, que se puede hablar de una “sociedad de la información”. En esta nueva “aldea global”, las tecnologías de punta ligadas a las comunicaciones marcan el ritmo: sociedad digital, sociedad basada en la inteligencia artificial y en la virtualidad, donde quien no puede seguir ese ritmo –y de hecho, es la gran mayoría planetaria– queda en una situación de desventaja comparativa cada vez mayor con quien sí lo impone. De más está decir que son unos pocos centros de poder mundial los que detentan esas tecnologías. Las diferencias, por tanto, se aumentan exponencialmente.

Las sociedades agrarias que por milenios se desarrollaron en los distintos puntos del planeta, con diferencias sin dudas, tenían no obstante una cierta paridad entre sí. Hoy día, estas tecnologías hiper desarrolladas que combinan ámbitos diversos como la navegación aeroespacial, la inteligencia artificial y la búsqueda de nuevos materiales, han creado brechas (abismos mejor dicho) tan enormes que el mundo que se perfila para más adelante nos presenta en realidad la perspectiva de dos mundos: quienes siguen con el arado de bueyes… y quienes están en la ampulosamente llamada “post modernidad”.

La tecnología de la información y las comunicaciones entraña innovaciones en microelectrónica, computación (equipo y programas informáticos), telecomunicaciones y óptica electrónica (microprocesadores, semiconductores, fibra óptica). Esas innovaciones hacen posible procesar y almacenar enormes cantidades de información así como distribuir con celeridad la información a través de las redes de comunicación. La ley de Moore predice que la capacidad de computación se duplicará cada período de 18 a 24 meses gracias a la rápida evolución de la tecnología de microprocesadores. La ley de Gilder augura que cada seis meses se duplicará la capacidad de las comunicaciones, una explosión en la amplitud de banda, debido a los avances de la tecnología de redes de fibra óptica”, alertaba Naciones Unidas en su Informe de Desarrollo Humano algunos años atrás.

Es allí donde entran a tallar los mitos: La tecnología es como la educación: permite a las personas salir de la pobreza”, dice el referido Informe. Sí y no. Las nuevas herramientas sirven, por supuesto; pero no resuelven la vida. Si hay pobreza –¡y por cierto la hay, y mucha!– ello responde a estructuras de base asentadas en la explotación de unos por otros. Allí hay una cuestión de ejercicio de poder, conflictos de clase, dominación. Ninguna herramienta, por más sofisticada que sea, puede cambiar esas relaciones.

La tecnología ayuda a hacer el mundo más cómodo. Pero también puede transformarlo en un infierno. No hay dudas que para quienes están leyendo este texto en la pantalla de su computadora, habiéndolo descargado de internet, la tecnología digital es un paso adelante fabuloso. No dirán lo mismo los pobladores de República Democrática del Congo, que viven en situación de pobreza extrema y en guerra casi perpetua por ser el principal productor mundial de coltán, el material con el que se elaboran los microchips gracias a los cuales funcionan las computadoras y los satélites geoestacionarios que permiten estos prodigios técnicos, como estar leyendo esto ahora.

Apurémonos a aclarar que este escrito no pretende ser, como en los tiempos de la revolución industrial en Inglaterra, un llamado a destruir las nuevas máquinas “endemoniadas”. Bienvenidas las nuevas tecnologías, sin dudas. Pero no dejemos de ser críticos. Internet es un adelanto tecnológico espectacular, de eso no cabe la menor duda. Pero estemos alertas con los mitos que se van tejiendo al respecto.

“Internet ha cambiado el mundo”, “la historia está cambiando gracias al internet”, “la vida antes y después del internet”….. Frases así se escuchan a diario, se han hecho comunes, populares. Pero justamente por tan omnipresentes merecen ser, como mínimo, puestas en entredicho.

No hay dudas que algunos desarrollos técnicos tienen una importancia mayor que otros en la historia humana. La agricultura, la rueda, los metales, la máquina de vapor –por poner algunos ejemplos– definitivamente han dejado marcas indubitables, más que otros. En la era de la revolución científico-técnica que vive el mundo desde hace doscientos años, ciertas invenciones, ciertos campos de descubrimiento posibilitaron saltos cualitativos de profundidades inéditas. Las comunicaciones, quizá más que ninguna, se inscriben en ese ámbito. Hoy, de hecho, ellas representan una de las áreas más dinámicas del quehacer humano, en todo sentido: por la celeridad con que crecen, por su calidad siempre en aumento, por las transformaciones socio-culturales a que dan lugar, por las fortunas que contribuyen a amasar. Internet hace parte de todo ese paquete, pero más aún: es su estandarte, su insignia. El mundo post moderno es el mundo de la red de redes, del ciberespacio.

Ahora bien: ¿en qué sentido internet ha cambiado el mundo? En este nuevo mundo digital, globalizado, hiper comunicado, por supuesto es la savia vital de la nueva economía basada en la información, en la velocidad rutilante, en la virtualidad del ciberespacio. Pero permítasenos dos observaciones.

Por un lado, el número de seres humanos con acceso a esta tecnología todavía es mínimo a escala planetaria. Mucha población mundial todavía ni siquiera dispone de energía eléctrica o de acceso a un teléfono, y el analfabetismo (no el digital, sino el de la lectoescritura) sigue siendo una dura realidad para alrededor de 1.000 millones de personas. No hay dudas que internet llegó para quedarse, pero todavía estamos muy lejos de poder decir que sea un invento disfrutado por las mayorías. Y nada hace pensar que se esté por llegar rápidamente a ese punto. “Actualmente, de las computadoras conectadas con la Internet, el 93% están en los países de más altos ingresos, donde reside sólo un 16% de la población mundial. Hay en Finlandia más computadoras conectadas a la Internet que en toda la región de América Latina y el Caribe; hay más en la ciudad de Nueva York que en todo el continente de África”, da como datos contundentes el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. El mito del cambio del mundo en función de la llegada de internet, de momento no es sino la promoción mercadológica de quienes detentan estas tecnologías, y por supuesto las comercializan. En muchos países del Tercer Mundo hay ya más teléfonos celulares que población (y quizá pronto haya tantas computadoras conectadas con internet como personas), pero de todos modos el desarrollo no llega. Salir de la pobreza es algo más que una cuestión técnica.

Pero por otro lado –quizá esto es lo más importante para analizar críticamente– los cambios que puede traer aparejados, no necesariamente son transformaciones positivas vistas en términos de especie humana. Hoy día internet es cada vez más omnipresente en innumerables facetas de la vida: sirve para la comercialización de bienes y servicios, para la banca en línea, para la búsqueda de la más variada información (académica, periodística, de solaz), para el ocio y esparcimiento (siendo los videojuegos una de las instancias que más crece en el mundo de las nuevas tecnologías digitales, esto no hay que olvidarlo –preparación en los niños de los futuros consumidores del futuro–), en la gestión pública (algunos gobiernos están incorporando el uso de redes sociales como Twitter, Facebook o Youtube cuando las autoridades dan a conocer su posición sobre acontecimientos relevantes), habiendo incluso todo un campo relacionado al sexo cibernético. Hasta incluso podríamos agregar que da la posibilidad de espacios alternativos y de denuncia como éste donde ahora aparece el presente texto. Todo esto beneficia la vida cotidiana, la hace más cómoda, más placentera incluso, facilitando el acceso a fuentes de información insospechadas algún tiempo atrás. Sin embargo, no debemos olvidar que también esto ha creado una cultura de la “información de la pantalla”: breves resúmenes audiovisuales que en tres líneas explican todo, desde una receta de cocina a la “Fenomenología del Espíritu” de Hegel, desde la noticia puntual del momento al Corán. Cultura de la inmediatez, del flash. Internet contribuye también, visto en esta lógica, al triunfo de la imagen sobre la simbolización –¿evaporación del pensamiento crítico?–

La imagen juega un papel muy importante en esta cultura cibernética. Lo visual, cada vez más, pasa a ser definitorio. La imagen es masiva e inmediata, dice todo en un golpe de vista. Eso seduce, atrapa; pero al mismo tiempo no da mayores posibilidades de reflexión. “La lectura cansa. Se prefiere el significado resumido y fulminante de la imagen sintética. Ésta fascina y seduce. Se renuncia así al vínculo lógico, a la secuencia razonada, a la reflexión que necesariamente implica el regreso a sí mismo”, se quejaba amargamente Giovanni Sartori[1]. No hay dudas que “pega” más una imagen atractiva que un discurso sesudo, profundo; la fascinación hace parte medular de lo humano. Seguramente por eso pudo constituirse –y seguirá ahondándose– esa cultura de lo visual no crítico. Lo cual no es condenable; lo escandaloso es la manipulación con fines de control social que se pueda hacer de ello.

Al respecto valen las palabras de Carlos Estévez: “en términos mayoritarios [los usuarios de internet] adquieren información mecánicamente, desconectada de la realidad diaria, tienden a dedicar el mínimo esfuerzo al estudio, necesario para la promoción, adoptan una actitud pasiva frente al conocimiento, tienen dificultades para manejar conceptos abstractos, no pueden establecer relaciones que articulen teoría y práctica”.[2]

“¡No piense, mire la pantalla!” Así podría resumirse la tendencia cultural moderna, de la que internet es principal tributario, junto con la televisión. Según una investigación de la empresa de encuestas Gallup, nada sospechosa de posiciones críticas precisamente, el 85% de lo que “sabe” un adulto urbano término medio proviene de los mensajes asimilados en la televisión. ¿Realmente sabe? La imagen atrapa, tiene un valor propio: fascina. La actual cultura cibernética, nada distinta a la televisiva, obliga a perpetuarse horas y horas ante una pantalla (de la computadora, o actualmente también de un teléfono móvil con acceso a internet, o de las tablets). Así como los insectos caen en la luz que los subyuga, así los humanos sucumbimos a las pantallas de las “máquinas vendedoras de sueños”. Esto nos lleva preguntar: ¿estamos condenados a vivir siempre con un nivel de ilusión? ¿Por qué es más fácil dejarse invadir por las imágenes atractivas que desarrollar una lectura analítica? ¿Por qué gusta destinar tanto tiempo a la “recreación” simple que nos ofrecen las pantallas? Y nadie, absolutamente nadie podría decir que en internet no se ha desarrollado ya una fabulosa cultura del copia y pega que va marcando nuestro cotidiano modo de hacer.

Una vez más, y para que no queden dudas: internet es un invento fabuloso y vale la pena aprovecharlo al máximo. Pero cuidado con los mitos que se puedan haber tejido al respecto. Las llamadas redes sociales, por ejemplo –más a-sociales que sociales, que obligan a estar en solitario ante la pantalla una buena parte del día– pueden contribuir a juntar gente, a establecer contactos. O también, enmascaradas en la ilusión de estar unidos –teniendo centenares de “amigos” en el perfil– pueden obligar a la soledad de la lectura en la pantalla. De todos modos es una falacia pensar que el espacio virtual reemplaza a lo humano de carne y hueso.

¿Reemplazará el sexo cibernético al otro? ¿Podrá haber revoluciones sociales hechas desde las pantallas? El debate está abierto

El Internet y sus mitos

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miércoles 30 de noviembre de 2011

 

Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)

Un cuchillo puede servir para cortar la comida…., o para apuñalar a alguien. Del mismo modo, la energía nuclear puede servir para alumbrar toda una ciudad, o para hacerla volar por el aire. Conclusión: la tecnología en sí misma, permítasenos apelar a este maniqueísmo un tanto reduccionista, no es ni “buena” ni “mala”. El aprovechamiento de los avances técnicos está en función del proyecto humano en que se despliegan. Los instrumentos que el ser humano va creando, desde la primera piedra afilada del Homo Habilis hasta la más sofisticada estación espacial actual, son herramientas que ayudan a la vida. Las herramientas no tienen un valor por sí mismas: son la perspectiva ética, el modelo de ser humano y de sociedad a la que sirven, quienes les da su valor.

Es importante empezar diciendo esto para aclarar un mito que se ha venido dibujando en el mundo moderno, el mundo de la industria basado en la siempre creciente revolución científico-técnica: el mito de la tecnología y del progreso sin par.
Las herramientas, los útiles que nos ayudan y hacen más cómoda la vida cotidiana –el tenedor, la presa hidroeléctrica, el calzador para ponernos un zapato o el microscopio electrónico– son pasos que nos van distanciando cada vez más de nuestra raíz animal. Pero con la aceleración fabulosa de estos últimos dos siglos que se da con la industria surgida en Europa y hoy ya globalizada ampliamente, el poder técnico pareciera independizarse obteniendo un valor intrínseco: la tecnología pasa a ser un nuevo dios ante el que nos prosternamos. En muchas ocasiones terminamos por adorar la herramienta en sí misma, independientemente de su real utilidad o de las consecuencias nocivas que pueda acarrear.
Una vez más entonces: la tecnología no es “buena” ni “mala”. Es el proyecto político-social en la que se inscribe lo que debe cuestionarse. Los motores de combustión interna, por ejemplo, facilitaron las comunicaciones de un modo espectacular, pero al mismo tiempo pasaron a ser los principales contaminantes del mundo contribuyendo a provocar la catástrofe medioambiental que vivimos destruyendo la capa de ozono. ¿Son los automóviles la “causa” de ese desastre? Obviamente no, sino el proyecto social al que sirven. Y es claro que el mismo está decidido e implementado por grandes poderes que obligan a seguir determinados criterios y no otros: ¡todo el mundo consume automóviles alimentados con gasolina hasta que se termine la última gota de petróleo que hay en el subsuelo! ¿Se consultó a alguien, a los ciudadanos comunes, si estábamos de acuerdo con eso? El mito tecnológico alimenta generosamente esas construcciones culturales borrando la reflexión crítica al respecto: “tener auto da estatus…, y si es una Ferrari, ¡mejor!”
Los mitos tienen esa función: dan explicaciones convincentes del mundo, eximen de seguir interrogándonos porque “resuelven” el origen de todas las cosas.
En la sociedad planetaria actual, marcada por la gran industria que transformó radicalmente la vida en estos últimos 200 años, hoy por hoy el desarrollo técnico ha llevado a entronizar la acumulación y procesamiento de información como el bien más importante. Tanto, que se puede hablar de una “sociedad de la información”. En esta nueva “aldea global”, las tecnologías de punta ligadas a las comunicaciones marcan el ritmo: sociedad digital, sociedad basada en la inteligencia artificial y en la virtualidad, donde quien no puede seguir ese ritmo –y de hecho, es la gran mayoría planetaria– queda en una situación de desventaja comparativa cada vez mayor con quien sí lo impone. De más está decir que son unos pocos centros de poder mundial los que detentan esas tecnologías. Las diferencias, por tanto, se aumentan exponencialmente.
Las sociedades agrarias que por milenios se desarrollaron en los distintos puntos del planeta, con diferencias sin dudas, tenían no obstante una cierta paridad entre sí. Hoy día, estas tecnologías hiper desarrolladas que combinan ámbitos diversos como la navegación aeroespacial, la inteligencia artificial y la búsqueda de nuevos materiales, han creado brechas (abismos mejor dicho) tan enormes que el mundo que se perfila para más adelante nos presenta en realidad la perspectiva de dos mundos: quienes siguen con el arado de bueyes… y quienes están en la ampulosamente llamada “post modernidad”.
“La tecnología de la información y las comunicaciones entraña innovaciones en microelectrónica, computación (equipo y programas informáticos), telecomunicaciones y óptica electrónica (microprocesadores, semiconductores, fibra óptica). Esas innovaciones hacen posible procesar y almacenar enormes cantidades de información así como distribuir con celeridad la información a través de las redes de comunicación. La ley de Moore predice que la capacidad de computación se duplicará cada período de 18 a 24 meses gracias a la rápida evolución de la tecnología de microprocesadores. La ley de Gilder augura que cada seis meses se duplicará la capacidad de las comunicaciones, una explosión en la amplitud de banda, debido a los avances de la tecnología de redes de fibra óptica”, alertaba Naciones Unidas en su Informe de Desarrollo Humano algunos años atrás.
Es allí donde entran a tallar los mitos: “La tecnología es como la educación: permite a las personas salir de la pobreza”, dice el referido Informe. Sí y no. Las nuevas herramientas sirven, por supuesto; pero no resuelven la vida. Si hay pobreza –¡y por cierto la hay, y mucha!– ello responde a estructuras de base asentadas en la explotación de unos por otros. Allí hay una cuestión de ejercicio de poder, conflictos de clase, dominación. Ninguna herramienta, por más sofisticada que sea, puede cambiar esas relaciones.
La tecnología ayuda a hacer el mundo más cómodo. Pero también puede transformarlo en un infierno. No hay dudas que para quienes están leyendo este texto en la pantalla de su computadora, habiéndolo descargado de internet, la tecnología digital es un paso adelante fabuloso. No dirán lo mismo los pobladores de República Democrática del Congo, que viven en situación de pobreza extrema y en guerra casi perpetua por ser el principal productor mundial de coltán, el material con el que se elaboran los microchips gracias a los cuales funcionan las computadoras y los satélites geoestacionarios que permiten estos prodigios técnicos, como estar leyendo esto ahora.
Apurémonos a aclarar que este escrito no pretende ser, como en los tiempos de la revolución industrial en Inglaterra, un llamado a destruir las nuevas máquinas “endemoniadas”. Bienvenidas las nuevas tecnologías, sin dudas. Pero no dejemos de ser críticos. Internet es un adelanto tecnológico espectacular, de eso no cabe la menor duda. Pero estemos alertas con los mitos que se van tejiendo al respecto.
“Internet ha cambiado el mundo”, “la historia está cambiando gracias al internet”, “la vida antes y después del internet”….. Frases así se escuchan a diario, se han hecho comunes, populares. Pero justamente por tan omnipresentes merecen ser, como mínimo, puestas en entredicho.
No hay dudas que algunos desarrollos técnicos tienen una importancia mayor que otros en la historia humana. La agricultura, la rueda, los metales, la máquina de vapor –por poner algunos ejemplos– definitivamente han dejado marcas indubitables, más que otros. En la era de la revolución científico-técnica que vive el mundo desde hace doscientos años, ciertas invenciones, ciertos campos de descubrimiento posibilitaron saltos cualitativos de profundidades inéditas. Las comunicaciones, quizá más que ninguna, se inscriben en ese ámbito. Hoy, de hecho, ellas representan una de las áreas más dinámicas del quehacer humano, en todo sentido: por la celeridad con que crecen, por su calidad siempre en aumento, por las transformaciones socio-culturales a que dan lugar, por las fortunas que contribuyen a amasar. Internet hace parte de todo ese paquete, pero más aún: es su estandarte, su insignia. El mundo post moderno es el mundo de la red de redes, del ciberespacio.
Ahora bien: ¿en qué sentido internet ha cambiado el mundo? En este nuevo mundo digital, globalizado, hiper comunicado, por supuesto es la savia vital de la nueva economía basada en la información, en la velocidad rutilante, en la virtualidad del ciberespacio. Pero permítasenos dos observaciones.
Por un lado, el número de seres humanos con acceso a esta tecnología todavía es mínimo a escala planetaria. Mucha población mundial todavía ni siquiera dispone de energía eléctrica o de acceso a un teléfono, y el analfabetismo (no el digital, sino el de la lectoescritura) sigue siendo una dura realidad para alrededor de 1.000 millones de personas. No hay dudas que internet llegó para quedarse, pero todavía estamos muy lejos de poder decir que sea un invento disfrutado por las mayorías. Y nada hace pensar que se esté por llegar rápidamente a ese punto. “Actualmente, de las computadoras conectadas con la Internet, el 93% están en los países de más altos ingresos, donde reside sólo un 16% de la población mundial. Hay en Finlandia más computadoras conectadas a la Internet que en toda la región de América Latina y el Caribe; hay más en la ciudad de Nueva York que en todo el continente de África”, da como datos contundentes el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. El mito del cambio del mundo en función de la llegada de internet, de momento no es sino la promoción mercadológica de quienes detentan estas tecnologías, y por supuesto las comercializan. En muchos países del Tercer Mundo hay ya más teléfonos celulares que población (y quizá pronto haya tantas computadoras conectadas con internet como personas), pero de todos modos el desarrollo no llega. Salir de la pobreza es algo más que una cuestión técnica.
Pero por otro lado –quizá esto es lo más importante para analizar críticamente– los cambios que puede traer aparejados, no necesariamente son transformaciones positivas vistas en términos de especie humana. Hoy día internet es cada vez más omnipresente en innumerables facetas de la vida: sirve para la comercialización de bienes y servicios, para la banca en línea, para la búsqueda de la más variada información (académica, periodística, de solaz), para el ocio y esparcimiento (siendo los videojuegos una de las instancias que más crece en el mundo de las nuevas tecnologías digitales, esto no hay que olvidarlo –preparación en los niños de los futuros consumidores del futuro–), en la gestión pública (algunos gobiernos están incorporando el uso de redes sociales como Twitter, Facebook o Youtube cuando las autoridades dan a conocer su posición sobre acontecimientos relevantes), habiendo incluso todo un campo relacionado al sexo cibernético. Hasta incluso podríamos agregar que da la posibilidad de espacios alternativos y de denuncia como éste donde ahora aparece el presente texto. Todo esto beneficia la vida cotidiana, la hace más cómoda, más placentera incluso, facilitando el acceso a fuentes de información insospechadas algún tiempo atrás. Sin embargo, no debemos olvidar que también esto ha creado una cultura de la “información de la pantalla”: breves resúmenes audiovisuales que en tres líneas explican todo, desde una receta de cocina a la “Fenomenología del Espíritu” de Hegel, desde la noticia puntual del momento al Corán. Cultura de la inmediatez, del flash. Internet contribuye también, visto en esta lógica, al triunfo de la imagen sobre la simbolización –¿evaporación del pensamiento crítico?–
La imagen juega un papel muy importante en esta cultura cibernética. Lo visual, cada vez más, pasa a ser definitorio. La imagen es masiva e inmediata, dice todo en un golpe de vista. Eso seduce, atrapa; pero al mismo tiempo no da mayores posibilidades de reflexión. “La lectura cansa. Se prefiere el significado resumido y fulminante de la imagen sintética. Ésta fascina y seduce. Se renuncia así al vínculo lógico, a la secuencia razonada, a la reflexión que necesariamente implica el regreso a sí mismo”, se quejaba amargamente Giovanni Sartori . No hay dudas que “pega” más una imagen atractiva que un discurso sesudo, profundo; la fascinación hace parte medular de lo humano. Seguramente por eso pudo constituirse –y seguirá ahondándose– esa cultura de lo visual no crítico. Lo cual no es condenable; lo escandaloso es la manipulación con fines de control social que se pueda hacer de ello.
Al respecto valen las palabras de Carlos Estévez: “en términos mayoritarios [los usuarios de internet] adquieren información mecánicamente, desconectada de la realidad diaria, tienden a dedicar el mínimo esfuerzo al estudio, necesario para la promoción, adoptan una actitud pasiva frente al conocimiento, tienen dificultades para manejar conceptos abstractos, no pueden establecer relaciones que articulen teoría y práctica”.
“¡No piense, mire la pantalla!” Así podría resumirse la tendencia cultural moderna, de la que internet es principal tributario, junto con la televisión. Según una investigación de la empresa de encuestas Gallup, nada sospechosa de posiciones críticas precisamente, el 85% de lo que “sabe” un adulto urbano término medio proviene de los mensajes asimilados en la televisión. ¿Realmente sabe? La imagen atrapa, tiene un valor propio: fascina. La actual cultura cibernética, nada distinta a la televisiva, obliga a perpetuarse horas y horas ante una pantalla (de la computadora, o actualmente también de un teléfono móvil con acceso a internet, o de las tablets). Así como los insectos caen en la luz que los subyuga, así los humanos sucumbimos a las pantallas de las “máquinas vendedoras de sueños”. Esto nos lleva preguntar: ¿estamos condenados a vivir siempre con un nivel de ilusión? ¿Por qué es más fácil dejarse invadir por las imágenes atractivas que desarrollar una lectura analítica? ¿Por qué gusta destinar tanto tiempo a la “recreación” simple que nos ofrecen las pantallas? Y nadie, absolutamente nadie podría decir que en internet no se ha desarrollado ya una fabulosa cultura del copia y pega que va marcando nuestro cotidiano modo de hacer.
Una vez más, y para que no queden dudas: internet es un invento fabuloso y vale la pena aprovecharlo al máximo. Pero cuidado con los mitos que se puedan haber tejido al respecto. Las llamadas redes sociales, por ejemplo –más a-sociales que sociales, que obligan a estar en solitario ante la pantalla una buena parte del día– pueden contribuir a juntar gente, a establecer contactos. O también, enmascaradas en la ilusión de estar unidos –teniendo centenares de “amigos” en el perfil– pueden obligar a la soledad de la lectura en la pantalla. De todos modos es una falacia pensar que el espacio virtual reemplaza a lo humano de carne y hueso.

¿Reemplazará el sexo cibernético al otro? ¿Podrá haber revoluciones sociales hechas desde las pantallas? El debate está abierto.

Publicado por ARGENPRESS

Insuficiente el nivel de cumplimiento del Estado mexicano en materia de libertad de expresión: Relatorías

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México D.F., 25 de octubre de 2011 (Cencos).- A pesar de que los relatores para la libertad de expresión Catalina Botero y Frank La Rue de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y de la Organización de Naciones Unidas, respectivamente, reconocieron que el Estado mexicano realizó algunos esfuerzos importantes en materia de acceso a la información e impulsó la firma del Acuerdo interinstitucional para la creación de un mecanismo de protección para periodistas en noviembre del año pasado, advirtieron que estos no han sido suficientes para inhibir la violencia contra la prensa en nuestro país, misma que del año 2000 al 2010 ha cobrado la vida de 70 periodistas, y de 13 más en lo que va de 2011 aunque aclararon que no en todos los casos se ha confirmado el vinculo entre el asesinato y la labor periodística.

Esto durante la presentación desde Washington D.C. -a través de video conferencia- del informe conjunto sobre su visita oficial a México en agosto de 2010, comentado por Brisa Solís, directora del Centro Nacional de Comunicación Social (Cencos), Roberto Rock, representante de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y de Javier Sepúlveda, director general del programa de agravios contra periodistas de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH). De esta misión de observación se emitieron varias recomendaciones al Estado mexicano relacionadas con los principales obstáculos que existen para ejercer el periodismo, el más urgente, tiene que ver con el cese de las agresiones, situación que ha colocado al país como el más peligroso del continente para ejercer la libertad de expresión y el periodismo.

De entre las recomendaciones, Catalina Botero destacó tres niveles de atención al problema: en materia de prevención el Estado debe admitir que tiene un problema grave de violencia contra la prensa y por ende de censura públicamente y emitir un discurso que abone a legitimar la labor de la prensa; asimismo, debe comprenderse que la prensa crítica es fundamental para el desarrollo de la democracia y revertir el mensaje de impunidad que se está enviado al no resolver de manera adecuada los delitos cometidos contra periodistas. Se necesita también información oficial cuantitativa y cualitativa para entender el fenómeno de agresiones y poder atenderlo de manera adecuada

En materia de protección, destacó que la firma del Acuerdo interinstitucional es insuficiente puesto que no cuenta con recursos claros asignados ni con lineamientos definidos para su operación. Prueba de que no está funcionando adecuadamente es que a casi un año de la firma han asesinado a 13 periodistas y se han cometido múltiples agresiones que pudieron prevenirse, “el mecanismo requiere una buena coordinación con los estados, de la colaboración de la sociedad civil y de los propios periodistas para la implementación adecuada de las medidas” aseguró Botero.

En el tercer nivel se refirió a la impartición de justicia destacando que la impunidad es casi de un 100 por ciento, lo que manda un mensaje equivocado sobre el respeto a la prensa y representa una invitación a cometer un nuevo acto de violencia. En ese sentido, La Rue complementó explicando que aunque la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión es un avance significativo, de poco servirá sin la federalización de los delitos contra periodistas -iniciativa “congelada” en el Congreso de la Unión desde el año 2008- y sin recursos asignados para su funcionamiento a falta de una estructura administrativa definida.

La Rue también puso énfasis en la necesidad de desconcentrar los medios de comunicación e inhibir la persecución penal de las radios comunitarias “porque esto no puede considerarse un delito, ni un ataque a la propiedad de nadie, es un derecho que los pueblos deben ejercer y debe ser regulado ya que es una deuda que se tiene con los pueblos indígenas”, así mismo se refirió al abuso del derecho penal en torno a los delitos de calumnia e injuria y consideró lamentable que aún exista la ley de imprenta.

Sobre el aumento de la violencia a raíz de la lucha contra el narcotráfico, La Rue y Botero coincidieron en que esta situación sin duda aumenta el riesgo para la prensa al ser un conflicto armado “atípico”; sin embargo, aseguraron que no es el crimen organizado el mayor agresor de la prensa en México y que las agresiones provenientes de las fuerzas del orden y de funcionarios públicos (sobre todo del ámbito local) representan un gran porcentaje. En este sentido, Botero planteó la necesidad de entender la seguridad de manera integral y como parte de un plan estratégico en el que la seguridad de las y los periodistas no esté “por fuera” de las políticas nacionales en este sentido, ya que la prensa es un aliado estratégico en el rescate legítimo del país y en la búsqueda de la justicia

En sus comentarios, Roberto Rock destacó el estancamiento del mecanismo de protección y la ausencia de lineamientos claros para su operación a pesar de que por parte del ejecutivo federal se señale que este ya está en funcionamiento

Por su parte, Brisa Solís destacó la importante labor de las relatorías con la presentación del informe La libertad de Expresión en México y aseguró que este trabajo no hubiera sido posible sin los aliados en la sociedad civil que trabajan con el tema y llamó a poner atención en nuevos fenómenos de censura en Internet y agresiones contra mujeres periodistas que se han hecho presentes durante 2011.

Ambos relatores aseguraron que para sus oficinas es una prioridad dar seguimiento puntual a los avances o retrocesos que México tenga en la materia dada la grave situación que enfrenta y se comprometieron a acompañar al Estado mexicano en el cumplimiento de estas recomendaciones

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