Repsol despierta la bestia colonialista

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sábado 28 de abril de 2012

Argentina, su presidenta y su pueblo están siendo sometidos a un ataque sin cuartel por autoridades españolas, dirigentes europeos, gobiernos cipayos latinoamericanos, centros de estudio y medios de comunicación social, en los que Repsol posee acciones y controla voluntades.
Marcos Roitman Rosenmann / LA JORNADA
Las medidas nacionalizadoras y recuperación de las riquezas básicas, ejecutadas en América Latina o África o Asia, siempre han sufrido la ira de los centros coloniales y las empresas afectadas. Los ejemplos no faltan a la cita. Lázaro Cárdenas, Jacobo Arbenz, Fidel Castro, Omar Torrijos, Velazco Alvarado, Salvador Allende, Evo Morales, Hugo Chávez, la lista es amplia. Acostumbrados al ordeno y mando, los arrogantes imperios desconocen el concepto de independencia y soberanía. Son reticentes al trato de igualdad. El paternalismo anclado en posiciones de fuerza articula el discurso de la soberbia imperial. Revelarse contra la autoridad paterna y el orden establecido debe merecer un castigo ejemplar. Bloqueos, procesos desestabilizadores, estrangulamiento económico, magnicidios o golpes de Estado. En estos días, la expropiación de una empresa privada, Repsol YPF, cuyos intereses sólo representan a sus accionistas y cuyo objetivo es obtener beneficios a costa de cualquier consideración ética, jurídica, moral y medio ambiental, despierta la ira de los centros de poder hegemónicos, sus instituciones y principales dirigentes políticos.
Argentina, su presidenta y su pueblo están siendo sometidos a un ataque sin cuartel por autoridades españolas, dirigentes europeos, gobiernos cipayos latinoamericanos, centros de estudio y medios de comunicación social, en los que Repsol posee acciones y controla voluntades. Estados Unidos, el FMI, la Unión Europea y lo impensable, la voz del principal sindicato considerado de izquierdas en España, Comisiones Obreras se suma al carro imperialista El comunicado de Comisiones Obreras no tiene desperdicio, se adhiere a las críticas de los partidos políticos y reivindica su desacuerdo y rechazo al gobierno argentino por una … medida que causará graves perjuicios a los accionistas, sobre todo a los pequeños, a los trabajadores y a la economía española…. Un sindicato que dice representar a los trabajadores se alía con una empresa causante de asesinatos, secuestro y desaparición de dirigentes sindicales en Colombia y otros países de la región han perdido la vergüenza. En un excelente informe redactado en 2006, por Pedro Ramiro, y otros, editado como libro: La energía que apaga Colombia. Los impactos de las inversiones de Repsol y Unión Fenosa, sus autores relatan la puesta en práctica de la denominada ‘Operación Heroica’ desarrollada por las fuerzas armadas y los grupos paramilitares, en la región de Arauca, para limpiar la zona y facilitar la instalación de Repsol. En dicha operación se realizaron 2 mil 500 detenciones de personas, acusando a 30 dirigentes de organizaciones ecologistas y medio ambientales de rebelión y terrorismo.
Llevada a cabo entre el 1º de enero y el 14 de noviembre de 2003, su implantación supuso un extraño incremento en el departamento de Arauca de más de 74 por ciento de los homicidios y privaciones de libertad ocurridos contra sindicalistas en toda Colombia. La instalación de Repsol, trajo consigo el desplazamiento y expropiación de tierras comunales de la etnia u’wa, los dueños reales de las tierras. Pero da igual que da lo mismo. Comisiones Obreras apoya a Repsol. Menos sorprendentes son las palabras de José Manuel Soria, ministro de Industria, cuando amenaza: El gobierno de España defenderá los intereses de Repsol y de cualquier otra empresa española que esté operando en el resto del mundo, palabras que tienen eco en Soraya Sáenz de Santamaría a la sazón vicepresidenta del gobierno, quien corrobora a su colega: La obligación de España es defender, con todos los instrumentos a su alcance, los intereses generales de España, sobre todo cuando Repsol les ha financiado electoralmente. Asimismo, el PSOE no ha querido faltar a la bacanal colonialista y paga favores a Repsol, diciendo que: el gobierno español sabe que puede contar con nosotros y confiamos en que finalmente esto se pueda arreglar y dar marcha atrás a una decisión muy perjudicial. El cuadro de ataques se completa con la miserable actuación de los partidos minoritarios y nacionalistas, que tildan la medida de anacrónica. Como síntesis la declaración emitida por Unión Progreso y Democracia, que “…insta al gobierno argentino a mantener una línea de coherencia en la aplicación de la necesaria seguridad jurídica de las empresas inversoras extranjeras que operan en el país…, Upyd quiere advertir sobre una posible extensión de expropiaciones encabezadas por Hugo Chávez en otros gobiernos de América Latina, que pueden poner en peligro los actuales niveles de inversión extranjera, estrangulando las posibilidades de desarrollo económico que hoy por hoy benefician las cuentas de países receptores de dicha inversión…. y exige responsabilidad jurídica para las inversiones de Repsol. “¿Entenderá Upyd por responsabilidad jurídica aquellas que hacen la vista gorda al asesinato de dirigentes sindicales, el traslado forzoso y el etnocidio de comunidades y pueblos originarios, así como la impunidad en la degradación medioambiental donde está presente?
Pareciera ser que Repsol es una empresa modélica, comprometida con la protección del medio ambiente, respetuosa de las comunidades indígenas y líder en la aplicación de tecnologías no contaminantes y un presidente Antonio Brufau, en la indigencia, cuyo sueldo en 2011, superó los 7 millones de euros netos. Motivo por el cual, no tiene empacho en decir que la expropiación sólo es una forma de tapar la crisis social y económica que está enfrentando argentina.
Sin embargo, un informe del Observatorio de las Multinacionales españolas en América Latina (OMAL) apunta lo contrario. Repsol actúa activamente en la pérdida de la diversidad, está presente en 17 parques nacionales en Bolivia, Ecuador y argentina. Sus emisiones directas ascienden a 30 millones de toneladas de CO2 equivalente, ello sin tomar en consideración aquellas producto de la quema de combustibles fósiles que producen más de mil millones de toneladas de CO2 equivalente al año.
Pero en esta campaña desestabilizadora no podemos dejar de mencionar la actuación de los gobiernos cipayos de América latina. Las palabras de Juan Manuel Santos, presidente de Colombia quien, para mostrar su simpatía con Repsol señala que: aquí, por Colombia, no expropiamos… queremos que ustedes sientan que hay reglas estables de juego, aquí no vamos a expropiar; sean bienvenidos ustedes, son nuestros socios. Si a ustedes les va bien, a nosotros nos va bien, y qué decir de Felipe Calderón cuando critica a la presidenta de Argentina y califica la medida de lamentable… y que no le va hacer bien a nadie, o del ministro de economía de Ollanta Humala, Miguel Castilla, adjetivando la nacionalización de política errónea e insana. Sebastián Piñera, presidente de Chile, tampoco pierde comba y muestra su preocupación por tal medida. Todos ellos han olvidado que sus países son lo que son, en gran medida, por la nacionalización del petróleo y del cobre. Por suerte, otro grupo de presidentes y países, la mayoría como Venezuela, Ecuador, Cuba, Paraguay, Bolivia, Brasil o Uruguay han levantado la bandera de la dignidad, apoyando a la República Argentina. Basten las palabras de José Mujica, presidente de Uruguay, quien subrayó que tal medida se fundó en un viejo error, el de privatizar la petrolera estatal en la década de los noventa… y si lo arreglan o no lo arreglan es un problema del pueblo argentino. No hay más caminos o soberanía nacional o claudicación vergonzante.
Publicado por Con Nuestra América
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Guatemala: Las huellas de octubre de 1944

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sábado 22 de octubre de 2011

Las nuevas generaciones de guatemaltecos reciben una herencia política ignominiosa: un país polarizado social, política y económicamente, en donde muchos de los problemas que en 1944 se buscaba resolver siguen presentes. Los que dieron el golpe que derrocó a Jacobo Árbenz siguen ahí, orondos y prepotentes.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

rafaelcuevasmolina@hotmail.com

El 20 de Octubre de 1944, una revolución ciudadana en la que participaron estudiantes, profesionales, artesanos, obreros y militares, derrocó al gobierno de facto del general Federico Ponce Vaides, quien ocupaba el lugar de otro general, Jorge Ubico, quien con mano de hierro había gobernado el país durante 14 años pero que se había visto forzado a renunciar apenas unos meses antes.

El movimiento insurreccional, luego conocido como la Revolución de Octubre de 1944, inauguró lo que sería 10 años de primavera democrática como nunca había conocido el país. Un triunvirato de militares rápidamente convocó a elecciones que fueron ganadas por el profesor Juan José Arévalo, a quien sucedió Jacobo Árbenz Guzmán.

Las reformas impulsadas en esos diez años buscaban “modernizar” al país que, luego de una historia de dictaduras atrabiliarias y conservadoras, mantenían a esas alturas del siglo XX formas de explotación que fácilmente pueden ser catalogadas como de tipo colonial. Una de ellas, la llamada Ley de Vagancia, por ejemplo, mandaba que las personas sin trabajo lo hicieran gratuitamente para los grandes terratenientes durante 150 días al año.

Hacer algo a favor del movimiento hacia adelante implicaba, por lo tanto, tocar grandes y poderosos intereses. Unos, vinculados a la oligarquía terrateniente; otros, a los de las compañías norteamericanas asentadas en el país, que recibían un trato preferencial.

Dada la increíblemente desigual distribución de la tierra (un 2% de la población del país con el 70% de la tierra cultivable, y un 80% con el 20%), el gobierno de Jacobo Árbenz decidió impulsar una reforma agraria que tocaba básicamente las tierras ociosas de las grandes propiedades agrícolas. No era una reforma radical pero, dado el país en el que se llevaría a cabo, tenía una carácter revolucionario no solo por sus implicaciones materiales sino, también, simbólicas.

Entre las tierras que serían compradas por el Estado al precio que la compañía declaraba para pagar sus impuestos, estaba la poderosísima United Fruit Company, transnacional norteamericana dedicada al cultivo y exportación de banano, regenteada por el hermano del director la CIA, J. Foster Dulles.

Fue esa la gota que derramó el vaso; en junio de 1954, fuerzas de mercenarios organizados por la CIA invadieron Guatemala, derrocaron al presidente y lo enviaron al exilio. Se inicia así en el país una época de polarización política, de represión y autoritarismo que duraría buena parte de la segunda mitad del siglo XX, y cuyas consecuencias se siguen pagando hasta nuestros días.

En efecto, no es casual que Guatemala sea hoy uno de los países de América Latina (y del mundo) con peores indicadores en todos los órdenes de la vida social, económica y política. No es casual, tampoco, la epidemia de violencia que la asuela; la corrupción que campea en sus instituciones gubernamentales; la impunidad que exhibe su aparato judicial.

Muchos de los que hoy se rasgan las vestiduras por la situación imperante y se duelen de la postración en la que se encuentra el país, son los mismos que hace 57 años acogieron con vivas y sensación de alivio a las huestes mercenarias apoyadas por la CIA.

¡Pobre Guatemala!. Como dijo el poeta Otto René Castillo quien murió en 1967 a manos del Ejército guatemalteco: “¿Por qué nacieron hijos tan viles de madre tan cariñosa?”.

Las nuevas generaciones de guatemaltecos reciben una herencia política ignominiosa: un país polarizado social, política y económicamente, en donde muchos de los problemas que en 1944 se buscaba resolver siguen presentes. Los que dieron el golpe que derrocó a Jacobo Árbenz siguen ahí, orondos y prepotentes. Los que se dieron a la tarea de mantener el estatus quo con la fuerza de las armas y la represión se vanaglorian de sus actos.

Este 20 de octubre del 2011, acatando un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el gobierno de Guatemala “pidió perdón” a los familiares del general Jacobo Árbenz en el patio del otrora Palacio Nacional, sede entonces del gobierno, por los hechos acaecidos y los crímenes cometidos.

Estuvo presente su hijo, sus nietas y bisnietos. No estuvieron presentes, sin embargo, los que sí debieron estarlo, en primera fila, pidiendo perdón de hinojos: los oligarcas traidores que siguen libando las mieles del poder omnímodo y tienen al país sumido en la miseria y el miedo. Esos no están arrepentidos y se burlan en privado y en público de tales actos simbólicos de resarcimiento. Están felices porque a la vuelta de la esquina está el general Otto Pérez Molina quien, seguramente, ganará las próximas elecciones de noviembre, y tendrá la misma actitud de desprecio hacia ese tipo de actos que la que tienen ellos.

Hay que recordar, sin embargo, que no hay mal que duré cien años ni pueblo que lo resista. Llevan 57. Ya no falta tanto.

El Estado guatemalteco pedirá perdón a familia de expresidente Arbenz

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jueves 20 de octubre de 2011

PL

Coincidente con el aniversario 67 de la llamada Revolución de Octubre en Guatemala, el Estado pedirá formalmente perdón a la familia del expresidente Jacobo Arbenz por violaciones de sus derechos humanos en el pasado.

El presidente Álvaro Colom hará la petición formal a representantes de quienes el gobierno de facto conminó a exiliarse en 1954, tras la asonada auspiciada por Estados Unidos que obligó a Arbenz a abandonar el país en junio de ese año.
De acuerdo con lo planteado oficialmente, el acto público forma parte de una solución amistosa alcanzada luego de una demanda interpuesta en 1999 contra el Estado de Guatemala ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Entonces las autoridades se comprometieron a resarcir a la familia del exmandatario por los vejámenes sufridos por éste tras su derrocamiento.
Recuerda la Agencia Guatemalteca de Noticias (AGN) cómo los militares obligaron al considerado Soldado del Pueblo a desnudarse en pleno aeropuerto, mientras era fotografiado por la prensa y para demostrar que no se había robado nada del erario público.
La Comisión Presidencial de Derechos Humanos, encargada del acto petitorio del perdón, anunció otras actividades para aclarar la historia nacional y evitar la repetición de acciones violatorias de los derechos humanos.
Como parte del resarcimiento al daño causado a la familia Arbenz, señala la AGN, se realizaran dos exposiciones fotográficas, la primera ya abierta y hasta el 19 de noviembre en el Palacio Nacional de la Cultura y la segunda en el Museo Nacional de Historia.
Además, se prevé la posibilidad de rebautizar con el nombre del expresidente la carretera al Atlántico, uno de sus legados al país.
Jacobo Arbenz fue el segundo gobernante electo de manera democrática tras el derrocamiento de la dictadura de Jorge Ubico, con 14 años en el poder, por un movimiento popular y de otros sectores en la Revolución de Octubre.
Entonces tomó las riendas del país un triunvirato que convocó a una Asamblea Constituyente y a elecciones presidenciales, en las cuales triunfó Juan José Arévalo, quien asumió en marzo de 1945.
Seis años después resultó electo Arbenz, quien aplicó varias medidas en beneficio popular, sobre todo la única reforma agraria en la historia nacional, la cual golpeó los intereses de la compañía norteamericana United Fruit.

Ese fue el detonante para que la administración de entonces en Washington propiciara un levantamiento castrense e intervención militar de sus tropas, los cuales enviaron a Arbenz al exilio en México donde murió en 1971 a los 58 años de edad.