El mayor acto terrorista de la historia

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Sergio Rodríguez Gelfenstein (BARÓMETRO INTERNACIONAL, especial para ARGENPRESS.info)

En agosto de 1945, Japón estaba militarmente derrotado, la guerra en Europa había terminado 3 meses antes con la derrota de los aliados del Imperio del Sol Naciente, los fascistas italianos y los nazis alemanes habían sido desplazados del poder ante el empuje de las fuerzas del Ejército Rojo soviético y las tropas de Occidente que habían irrumpido en el continente europeo por Normandía en Francia y por el sur de la bota italiana. La resistencia heroica de los pueblos europeos recibió desde el este, el oeste y el sur el apoyo necesario para su liberación.

Años antes, en 1941, Japón había subestimado la reacción de Estados Unidos ante un ataque a su territorio. El 7 de diciembre había lanzado una gigantesca ofensiva aérea contra la flota estadounidense del Pacífico basificada en Pearl Harbor, en la isla Oahu de Hawai. Aunque algunos historiadores han afirmado que el objetivo de la acción era liberar al imperio nipón del bloqueo económico a que era sometido y crear condiciones para una negociación en mejores condiciones, es difícil suponer eso en el año 1941. Parece más acertado suponer que con la destrucción de la flota estadounidense pretendía reasumir el control y la consiguiente hegemonía sobre el Océano Pacífico y ocupar los territorios coloniales de Estados Unidos y Europa en ese vasto territorio, estratégico para un país insular como Japón.
Desde la otra cara de la moneda, lo que Estados Unidos ha querido presentar como una sorpresa, no lo fue tanto. Desde 1932, había estado preparado para un ataque sorpresa contra Pearl Harbor y había entrenado a sus tropas para esa eventualidad que consideraba como la “mejor manera” de atacar la isla.
En 1939 la Oficina de Inteligencia Naval (ONI) había redactado un informe secreto que contenía ocho medidas para inducir a Japón a atacar a Estados Unidos. El presidente Roosevelt puso en marcha las ocho medidas propuestas por la ONI en su informe. La primera de ellas consistía en situar a la flota en Hawai como cebo dentro del radio de alcance de los portaviones nipones. La implementación de estas medidas produjo resistencias y opiniones contrarias de diversos funcionarios, incluso entre algunos miembros de las Fuerzas Armadas. Todos ellos fueron oportunamente removidos de sus cargos y desplazados a otros sin relación con el tema.
A partir de ese momento se comenzó a montar una de las operaciones de inteligencia mejor implementadas de la historia. Una de los argumentos que se ha utilizado es que las fuerzas atacantes mantuvieron un estricto silencio de radio, lo cierto es que desde agosto de 1940 la inteligencia naval de Estados Unidos interceptaba y descifraba los mensajes de los diplomáticos y militares nipones. Estudiosos del tema afirman que “entre el 16 de noviembre y el 7 de diciembre de 1941 Estados Unidos interceptó 663 mensajes por radio entre Tokio y la fuerza de ataque, o sea, aproximadamente uno cada hora, entre ellos uno del almirante Yamamoto, Comandante en Jefe de la Flota Combinada de la Armada Imperial Japonesa, no dejaba ninguna duda de que Pearl Harbor sería el blanco del ataque japonés.
El 27 y 28 de noviembre de 1941, Roosevelt ordenó expresamente al almirante Kimmel y al general Short, los más altos mandos militares de Estados Unidos en Hawái permanecer a la defensiva pues “Estados Unidos desea que Japón cometa el primer acto abierto”.
Inmediatamente después del ataque, Roosevelt anunció que Estados Unidos se lanzaría a la guerra: “Nuestro pueblo, nuestro territorio y nuestros intereses están en grave peligro… He pedido que el Congreso declare que desde que Japón lanzó este cobarde ataque sin provocación alguna el domingo 7 de diciembre, Estados Unidos y el Imperio japonés están en estado de guerra”.
El secretario de Guerra escribió en su diario: “Cuando recibimos la noticia del ataque japonés, mi reacción inicial fue alivio porque la indecisión había terminado y ocurrió de tal manera que podría unificar a todo nuestro pueblo. Ese sentimiento persistió a pesar de las noticias de catástrofes. Este país, si está unido, no tiene nada que temer. Por otro lado, la apatía y las divisiones que fomentaban personas antipatrióticas eran muy desalentadoras”.
Era la guerra que el gobierno de Estados Unidos quería. Como siempre necesitaban argumentos para mostrarse ante su pueblo como víctima de una agresión extranjera. De esa manera, se justificaba su respuesta “en defensa de la integridad de América”. Así se fraguó la entrada de Estados Unidos en la guerra en contra de lo que expresaba su propia opinión pública, adversa a tal decisión. Así, también se comenzó a diseñar la manera en que debía concretarse la peor venganza de la historia. Con ello, el imperio estadounidense quiso sentar las bases de una hegemonía sustentada en el horror y el terror que produce el uso indiscriminado de la fuerza.
Fue el propio Emperador Hirohito quien el 22 de junio de 1945 en una sesión del Consejo Supremo de Guerra, declaró lo que otros altos dignatarios no querían o no se atrevían a insinuar: “el Japón debía hallar un medio para terminar la guerra, porque no hay forma de continuar con este estado de cosas. Oleadas tras oleadas de bombarderos estadounidenses reducen a cenizas las principales ciudades del Japón. El bloqueo se hace sentir en todos los aspectos de la vida. Acecha el hambre y las enfermedades, no hay combustibles, la distribución de agua es intermitente, no hay energía eléctrica, la distribución de alimentos está llegando a niveles trágicos y los servicios de salud atienden sólo casos de gravedad”. No era esta la situación de una potencia fortalecida y desafiante.
Por el contrario, buscaba desesperadamente negociar. Ya lo habían comenzado a hacer con la Unión Soviética. Mientras tanto, se incrementaban los bombardeos de Estados Unidos contra el inerme territorio japonés, destruyendo lo poco que quedaba de su poderío militar y naval. Se trataba de “ablandarlo” antes del golpe decisivo, que nadie imaginaba de tal magnitud. En otro orden, Estados Unidos recelaba de las conversaciones y acuerdos a los que pudiera llegar Japón con la Unión Soviética, los que le podrían hacer quedar en una situación complicada en la región del Pacífico de cara a un escenario mundial distinto en la posguerra.
En este contexto, los triunfadores se reunieron en Potsdam, Alemania, en una reunión cumbre de los mandatarios de las potencias vencedoras en la guerra. El tema de Japón estaba presente como punto sobresaliente de la agenda. Estados Unidos, Gran Bretaña y China (aún no había triunfado la revolución de 1949) proclamaron que la única alternativa era la “rendición incondicional”. Además de ello, se exigía privar a Japón de todas sus ganancias territoriales y posesiones fuera de las islas metropolitanas, y que se ocuparían ciudades del Japón hasta que se hubiese establecido “un gobierno responsable e inclinado a la paz” de acuerdo con los deseos expresados por el pueblo en elecciones libres. Dos días después de publicada la Proclama de Potsdam, Japón rechazó los términos de rendición incondicional.
Aunque existían muchos puntos a resolver, había uno sobre el que los aliados no se habían manifestado y que para Japón era de honor: el status de su Emperador, por el cual los japoneses estaban dispuestos a las últimas consecuencias. El asunto no era difícil de resolver toda vez que ninguna de las potencias se había manifestado reacia a una decisión favorable a la continuidad de la monarquía. La única línea de comunicación de Japón con los aliados era la Unión Soviética, que aunque tenía información de inteligencia acerca de la posesión por Estados unidos del arma atómica, se encontraba al margen de los preparativos bélicos de sus aliados occidentales. Por su parte, Estados Unidos dudaba de las negociaciones soviéticas e incluso suponía que la URSS -en realidad- estaba ganando tiempo para una acción bélica propia que les diera el control futuro sobre Japón. En ese contexto, el nuevo presidente estadounidense Harry Truman ordenó el lanzamiento de las bombas atómicas.
El resto de la historia es conocida, el 6 de agosto la aviación estadounidense dejó caer la bomba en la indefensa Hiroshima y el 9 del mismo mes se repitió la acción contra Nagasaki. El Emperador japonés se vio obligado a aceptar la rendición incondicional ante la visión apocalíptica de 220 mil muertos en ambas ciudades. Se iniciaba la era nuclear, la era del terror nuclear. El mayor acto terrorista de la historia de la humanidad se había consumado.

La desconocida guerra de México contra los japoneses

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Alberto Nájar

BBC Mundo, Ciudad de México

 Viernes, 23 de marzo de 2012

Durante la Segunda Guerra Mundial México libró batallas en dos frentes: envió tropas para combatir a los ejércitos del Eje (formado por Alemania, Japón e Italia), y al mismo tiempo mantuvo bajo vigilancia especial a miles de japoneses y sus familias que vivían en el país.

Muchos fueron obligados a abandonar sus hogares y concentrarse en las ciudades de México y Guadalalajara, además que debieron reportar sus movimientos ante la Secretaría de Gobernación. Algunos incluso fueron encarcelados por varios años.

Es una historia que poco se conoce, y que ahora se revela en el libro La Guerra contra los japoneses en México durante la Segunda Guerra Mundial.

Es el producto de varios años de investigación en archivos oficiales que recientemente fueron desclasificados, y que pone en claro los abusos que se cometieron contra inmigrantes japoneses y sus familias, explica a BBC Mundo el historiador Sergio Hernández Galindo, autor del libro.

Muchos de quienes fueron obligados a concentrarse eran ciudadanos mexicanos amparados por la Constitución del país.

“Fueron violados sus derechos elementales, no se les permitía moverse de un lado a otro, solamente con permiso. Hay una violación masiva de sus derechos como ciudadanos mexicanos”, afirma Hernández Galindo, investigador de la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Activismo

“Fueron violados sus derechos elementales, no se les permitía moverse de un lado a otro, solamente con permiso. Hay una violación masiva de sus derechos como ciudadanos mexicanos”

Sergio Hernández Galindo, INAH

En diciembre de 1941, cuando fue destruida la base naval de Pearl Harbor de Hawai, en México vivían unos 6.000 migrantes japoneses y sus familias.

Algunos tenían décadas de residir en el país, pues formaron parte de la primera oleada de inmigrantes que llegó a fines del siglo XIX. Otros habían nacido aquí, y la mayoría estaba completamente integrada a la sociedad mexicana.

En los años previos a la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Estados Unidos solicitó a varios países de América Latina que vigilara a los japoneses que residieran en sus territorios.

México accedió sin problemas. Antes que iniciaran las hostilidades en Europa y Asia, el país mantenía un intenso activismo diplomático y comercial con los adversarios del Eje.

De hecho, el gobierno mexicano ayudó a la repatriación y refugio de ciudadanos de naciones aliadas, aumentó la venta de petróleo crudo a Estados Unidos y reconoció abiertamente a las autoridades en el exilio de países como Francia y España.

Una de las primeras acciones fue remover a los japoneses que vivían en ciudades fronterizas con Estados Unidos, a quienes la Casa Blanca consideraba como enemigos potenciales, cuenta el historiador.

Pero las autoridades mexicanas hicieron lo mismo con inmigrantes que vivían en zonas lejanas a la frontera, como Oaxaca o Chiapas.

Propaganda

En México, como en otros países de América Latina, había un clima social adverso a los migrantes de Alemania, Italia y Japón.

Los derechos de quienes habían optado por convertirse en ciudadanos fueron acotados, y en algunos casos se cancelaron las cartas de naturalización.

El congreso mexicano modificó algunas leyes, como el Código Penal, para crear el delito de espionaje y disolución social. Los hijos de inmigrantes japoneses que no demostraran haber nacido en el país fueron considerados “enemigos externos”.

Los medios de comunicación y las organizaciones sindicales oficialistas contribuyeron a este clima anti inmigrante. Algunas incluso advirtieron que un desembarco de naves militares japonesas en México “no estaba descartado”, según cuenta el libro de Hernández.

El joven Masao Imuro fue detenido por escribir una carta donde aseguraba que pondría una bomba en el Canal de Panamá, y asesinaría al presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt.

Aunque se comprobó que el inmigrante no tenía forma alguna de cumplir sus deseos, fue encarcelado sin juicio durante siete años. Dejó la prisión en 1949.

Indemnización

¿Por qué abordar el tema, 67 años después de concluida la Segunda Guerra Mundial?

“El gobierno no les ha pedido disculpas al considerarlos enemigos por el sólo hecho de tener sangre japonesa”

Sergio Hernandez Galindo

Hernández Galindo reconoce un interés histórico, el dar a conocer una etapa de la vida mexicana de la que se conoce muy poco.

Pero también existe un elemento de reivindicación social. El gobierno de Estados Unidos indemnizó a miles de ciudadanos de origen japonés, que vivían en su territorio, por la violación de sus derechos humanos durante la guerra.

México no lo ha hecho. “El gobierno no les ha pedido disculpas al considerarlos enemigos por el sólo hecho de tener sangre japonesa”, explica el historiador. “Tuvo una una perspectiva xenofóbica y racista”.

Las 25 Noticias Más Censuradas 2010/2011 (N° 8): El cuento de hadas de la energía atómica limpia y segura

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LUNES 17 DE OCTUBRE DE 2011

Ernesto Carmona (especial para ARGENPRESS.info)

El desastre nuclear en Japón y la decisión alemana de abandonarla para siempre terminaron por matar el cuento de hadas de la energía atómica “limpia y segura”. Esta fue la octava historia periodística más ocultada en 2010-2011 por el Proyecto Censurado de California, que sacó a la luz reportajes y notas publicadas por medios independientes y esfuerzos de agrupaciones anti-nucleares que fueron ignorados por la gran prensa corporativa de Estados Unidos.

La energía atómica presenta una amenaza a la humanidad de proporciones sin precedentes: Es capaz de inducir accidentes catastróficos que pueden matar a cientos de miles de personas, con subproductos tóxicos que perduran por milenios. Llamarla energía “limpia” es una afrenta a la ciencia, al sentido común y a la lengua misma, pero los promotores que tiene la industria, dentro y fuera del gobierno, intentan establecer un nuevo “estándar de energía limpia” para promover la energía atómica. Estas ofertas surgen de tres ideas falsas fundamentales: 1) que los agentes contaminantes, con excepción del dióxido de carbono, son irrelevantes al definir una “energía limpia”; 2) que la radiación es invisible e inodora; no es un agente contaminador tóxico; y 3) que la energía atómica es carbono-libre. Todos estos argumentos son falaces.
En su informe más reciente, divulgado en 2005, la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos determinó que no existe ningún nivel seguro de exposición a la radiación. Cada exposición a la radiación aumenta el riesgo de cáncer, de defectos de nacimiento y de otras enfermedades. La Comisión Reguladora Nuclear (NCR, por su sigla en ingles) de Estados Unidos acepta la hipótesis lineal (LNT) que es un modelo conservador para estimar los riesgos de la radiación, al establecer que ningún aumento de las dosis de radiación, no importa cuan pequeño sea, da lugar a un aumento ampliado del riesgo.
La permisividad de las autoridades estadounidenses frente al negocio de la energía nuclear podría explicarse por los fuentes aportes de las corporaciones atómicas a las campañas electorales, como se estila en Estados Unidos para llevar adelante negocios regulados por el Estado federal o estadal, o cuyo consumidor final es el mismo gobierno que paga con los impuestos de los contribuyentes, como en el caso de las cárceles privadas para inmigrantes, en su mayoría mexicanos.
La organización Información Nuclear y Recursos de Servicios (NIRS, por su sigla en inglés) difundió que, durante los últimos 10 años, el poder de la industria nuclear ha gastado más de 650 millones de dólares en lobby, contribuciones a campañas electorales y publicidad en los medios, en un esfuerzo persistente por imponer el “renacimiento nuclear”.
“Una de las metas fundamentales de la industria ha sido convencer a los congresistas y a los medios que la energía atómica es de alguna manera energía “limpia”, porque los reactores nucleares emiten poco dióxido de carbono a la atmósfera”, indicó NIRS. “Pero esto desatiende la aparición de otros agentes contaminadores cancerígenos arrojados al aire y al agua por las instalaciones nucleares. Desafortunadamente, a menudo logra cierto éxito el dinero gastado en campañas de cabildeo”.
“Nadie confundiría nunca la energía atómica con “limpia”, aunque la radiación tóxica emitida a diario por cada reactor nuclear y otras instalaciones nucleares comerciales tuviera el color y la textura del petróleo u oliera como el gas natural, o pareciera hollín negro”, precisó NIRS.
El dióxido de carbono, que no es el único contaminante del planeta, definitivamente es la causa principal del cambio de clima global. Pero todos los estándares de “energía limpia” ignoran a la energía atómica. La propaganda pro-atómica hace del dióxido de carbono el único agente contaminador que afecta a la salud, la seguridad de la gente y del planeta, reclaman quienes luchan contra la amenaza atómica.
Las instalaciones de energía atómica liberan una variedad de radionúclidos cancerígenos, incluyendo el tritio, estroncio-90, cesio-137, plutonio-239 y docenas de otros más. Los reactores nucleares también sueltan otras toxinas en el aire y agua. Mientras la energía atómica apenas califica como tecnología “con poco carbono” (aunque no está libre de carbono), la presencia y liberación al ambiente de estos otros agentes contaminadores, descalifica claramente la energía atómica como “limpia”, en cualquier sentido del término. Y esto, sin mencionar los peligrosos y descuidados desechos radioactivos que genera y acumula cada instalación nuclear,
Muchos “Estándares de Energía Limpia” también incluirían al carbón en su lista, ignorando el hecho de que el carbono ardiente (incluso si esa molécula ardiendo pudiera ser capturada, algo que de ninguna manera está claro) también libera mercurio en el ambiente, crea ceniza tóxica de carbono y exige cada vez más devastadoras y enormes explotaciones mineras que destruyen montañas y “grandes porciones de nuestra hermosa nación”, precisó NIRS.
Fuentes:
– “Nuclear Energy Is Dirty Energy (and Does Not Fit Into a “Clean Energy Standard.” Michael Mariotte, Nuclear Information and Resource Service. January 2011. http://www.nirs.org/factsheets/nuclearenergyisdirtyenergy.pdf
– “Nuclear Reactor Crisis in Japan FAQs.” Union of Concerned Scientists. Posted: April 7, 2011 + updates. http://www.ucsusa.org/nuclear_power/nuclear_power_risk/safety/nuclear-reactor-crisis-faq.html
– “Radiation Exposure and Cancer.” U.S. Nuclear Regulatory Commission, Posted. Oct. 20, 2010. http://www.nrc.gov/about-nrc/radiation/health-effects/rad-exposure-cancer.html
– Proyecto Censurado
Student Researcher: Aaron Peacock, San Francisco State University
Faculty Evaluator: Kenn Burrows, San Francisco State University

Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno.

De Nagasaki a Fukushima: el legado nuclear de Japón

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viernes 12 de agosto de 2011

Amy Goodman (DEMOCRACY NOW!)

Los niveles de radiación en los reactores nucleares de Fukushima, en Japón, aumentaron en las últimas semanas, alcanzando niveles registrados de hasta 10.000 milisieverts (mSv) por hora en un mismo lugar. Este fue el nivel máximo informado por la Compañía Eléctrica de Tokio, o TEPCO, la desprestigiada empresa propietaria de la central nuclear, aunque cabe aclarar que ese número es tan alto como permite medir el Contador Geiger. En otras palabras, los niveles de radiación literalmente sobrepasan todas las mediciones.

La exposición a 10.000 milisieverts durante un corto período de tiempo tiene consecuencias fatales: provocaría la muerte en apenas semanas. (A modo de comparación, la radiación total de una radiografía dental es de 0,005 mSv y la de una tomografía computada de cerebro es de 5). El New York Times informó que, tras el desastre, funcionarios del gobierno japonés ocultaron los pronósticos oficiales de hacia dónde se dirigiría la lluvia radiactiva a causa del viento y el clima, para evitar la costosa reubicación de cientos de miles de habitantes.
“El secreto, una vez aceptado, se convierte en adicción”. Si bien esas palabras podrían describir el manejo realizado por el gobierno japonés de la catástrofe nuclear, fueron pronunciadas por el científico atómico Edward Teller, uno de los principales responsables de la creación de las dos primeras bombas atómicas. La bomba de uranio denominada “Little Boy” fue lanzada el 6 de agosto de 1945 sobre la ciudad de Hiroshima, Japón.
Tres días más tarde se lanzó la segunda bomba, esta vez de plutonio y denominada “Fat Man”, sobre la ciudad de Nagasaki. Alrededor de 250.000 personas murieron a causa de las explosiones y los efectos inmediatos. Nadie sabe con exactitud la cantidad de personas que murieron o padecieron enfermedades en los años subsiguientes a causa de las explosiones, desde las dolorosas quemaduras que sufrieron miles de sobrevivientes hasta los efectos tardíos como enfermedades provocadas por la radiación y cáncer.
La historia de los bombardeos sobre Hiroshima y Nagasaki es en sí misma la historia de la censura y la propaganda militar estadounidense. Además de las filmaciones que fueron ocultadas, las fuerzas armadas impidieron el acceso de periodistas a las zonas de las explosiones. Cuando el periodista ganador del Premio Pulitzer George Weller logró ingresar a Nagasaki, su artículo fue personalmente censurado por el General Douglas MacArthur. El periodista australiano Wildred Burchett logró ingresar a Hiroshima poco después de las explosiones y desde allí escribió su famosa “advertencia al mundo”, en la que describió la propagación masiva de enfermedades como una “plaga atómica”. Pero las fuerzas armadas estadounidenses desplegaron su propia plaga. Resulta que William Laurence, periodista del New York Times, también era empleado del Departamento de Guerra. Laurence informó fielmente la posición del gobierno estadounidense, insistiendo en que los “japoneses describían ‘síntomas’ que no parecían verdaderos”. Lamentablemente, ganó el Premio Pulitzer por su propaganda.
Greg Mitchell ha escrito sobre la historia y las secuelas de Hiroshima y Nagasaki durante décadas. En este nuevo aniversario del bombardeo a Nagasaki, le pregunté a Mitchell acerca de su más reciente libro “Encubrimiento atómico: Dos soldados estadounidenses, Hiroshima y Nagasaki, y la mejor película jamás realizada”.
“Parece que todo lo que es tocado por las armas nucleares o la energía nuclear provoca ocultamiento y peligro para el público”. Mitchell dijo que durante años buscó las imágenes filmadas por las fuerzas armadas estadounidenses en los meses posteriores al lanzamiento de las bombas; rastreó a los envejecidos realizadores cinematográficos y, a pesar de décadas de clasificación de documentos por parte del gobierno, fue uno de los periodistas que publicitó los increíbles archivos cinematográficos a color. Como parte del Informe sobre Bombardeos Estratégicos de Estados Unidos, los equipos de filmación documentaron no solo la devastación de las ciudades, sino que también realizaron una documentación clínica con tomas de cerca de las graves quemaduras y las heridas desfigurativas sufridas por civiles, entre ellos niños.
En una escena, se ve a un hombre joven con heridas en carne viva en toda su espalda, mientras recibe tratamiento. A pesar de las graves quemaduras y de haber sido tratado meses más tarde, el hombre sobrevivió.
Sumiteru Taniguchi, que ahora tiene 82 años de edad, es director del Consejo de Personas Afectadas por la Bomba Atómica de Nagasaki. Mitchell halló comentarios recientes de Taniguchi en un periódico japonés que vinculan a la bomba atómica con el actual desastre de Fukushima:
Taguchi fue citado diciendo: “La energía nuclear y el ser humano no pueden coexistir. Nosotros, los sobrevivientes de la bomba atómica, siempre lo hemos dicho. Y, sin embargo, el uso de la energía nuclear fue disfrazado de ‘pacífico’ y continuó avanzando. Nunca se sabe cuando habrá un desastre natural. No es posible decir que nunca habrá un accidente nuclear”.
En esta dolorosa fusión de nuevos y viejos desastres, deberíamos escuchar a las víctimas sobrevivientes de ambas catástrofes.

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

Cuba: Reflexiones del compañero Fidel Castro. El desastre de Japón y la visita de un amigo

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jueves 31 de marzo de 2011

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Hoy tuve el gusto de saludar a Jimmy Carter, quien fue Presidente de Estados Unidos entre 1977 y 1981 y el único, a mi juicio, con suficiente serenidad y valor para abordar el tema de las relaciones de su país con Cuba.

Carter hizo lo que pudo para reducir las tensiones internacionales y promover la creación de las oficinas de intereses de Cuba y Estados Unidos. Su administración fue la única que dio algunos pasos para atenuar el criminal bloqueo impuesto a nuestro pueblo.
Las circunstancias no eran ciertamente propicias en nuestro complejo mundo. La existencia de un país verdaderamente libre y soberano en nuestro hemisferio no se conciliaba con las ideas de la extrema derecha fascista de Estados Unidos, que se las arregló para hacer fracasar los propósitos del Presidente Carter, que lo hicieron acreedor del Premio Nobel de la Paz. Nadie se lo obsequió gratuitamente.
La Revolución apreció siempre su gesto valiente. En el año 2002 lo recibió calurosamente. Ahora le reiteró su respeto y aprecio.
¿Podrá realmente la oligarquía que gobierna esa superpotencia renunciar a su afán insaciable de imponer su voluntad al resto del mundo? ¿Podrá hacer honor a ese propósito un sistema que genera con creciente frecuencia presidentes como Nixon, Reagan y W. Bush, cada vez con mayor poder destructivo y menos respeto por la soberanía de los pueblos?
La complejidad del mundo actual, no deja mucho margen a recuerdos que son relativamente recientes. La despedida de Carter, hoy miércoles, coincidió con noticias preocupantes del accidente nuclear desatado por el sismo y el tsunami de Japón, que continúan llegando y no pueden ni deben ser ignoradas, no solo por su importancia, sino también por la repercusión práctica y casi inmediata que se deriva de ellas para la economía mundial.
Hoy la agencia noticiosa AP informa desde Japón que:
“Crecen los problemas en planta nuclear japonesa
“La crisis en la planta nuclear japonesa dañada por el tsunami se agravó el miércoles, luego que el agua de mar cercana mostró los niveles de radiación más elevados hasta el momento.”
“En Fukushima, la radiación filtrada ha penetrado en la tierra y el mar y se ha introducido en verduras, leche no pasteurizada e incluso el agua corriente hasta en Tokio, 220 kilómetros al sur.”
“En tanto, el emperador Akihito y la emperatriz Michiko visitaron durante una hora a un grupo de evacuados en Tokio.”
Reuters, por su parte, comunica desde Tokio que:
“Japón actualizó el miércoles sus estándares para planta de energía nuclear, el primer reconocimiento oficial de que sus normas eran insuficientes cuando un terremoto dañó una de sus instalaciones, desencadenando la peor crisis atómica desde Chernóbil en 1986.”
“El anuncio fue dado a conocer luego de que el Gobierno reconoció que no hay un final a la vista para la crisis y de que un salto en los niveles de yodo radiactivo en el agua de mar se sumaron a la evidencia de filtraciones en los reactores en torno al complejo y más allá.”
“Hallazgos de plutonio en el suelo de la planta elevaron la alarma pública sobre el accidente, que ha eclipsado el desastre humanitario ocasionado por el terremoto y el tsunami del 11 de marzo, que dejaron 27.500 muertos o desaparecidos.” “Antes del desastre, los 55 reactores nucleares de Japón proveían cerca del 30 por ciento de la energía eléctrica del país. Se esperaba que el porcentaje subiera a un 50 por ciento para el 2030, entre los mayores del mundo.”
“Nuevas lecturas mostraron un salto en el yodo radiactivo a 3.355 veces el límite legal, indicó la agencia estatal de seguridad nuclear, aunque el organismo minimizó su impacto, diciendo que las personas habían abandonado el área y que se había detenido la actividad de pesca.”
“Cientos de ingenieros han luchando durante casi tres semanas por enfriar los reactores de la planta y evitar una catastrófica fusión de barras de energía, aunque la situación parece haber dejado atrás ese escenario de pesadilla.”
“Jesper Koll, director de investigación de valores de JPMorgan Securities en Tokio, dijo que una dilatada batalla para controlar la planta y frenar las fugas de radiactividad perpetuaría la incertidumbre y actuaría como un lastre para la economía.”
“El peor escenario posible es que ésto se alargue no por uno, dos o seis meses, sino por dos años, o indefinidamente, declaró.”
“Un subproducto de reacciones atómicas que puede ser usado en bombas nucleares, el plutonio es altamente carcinógeno y una de las sustancias más peligrosas del planeta, indicaron expertos.”
Una tercera agencia, la DPA, desde Tokio señala que:
“Los técnicos japoneses siguen sin poder frenar la crisis nuclear casi tres semanas después de los accidentes en la planta atómica de Fukushima. El gobierno de Tokio empieza por ello a estudiar medidas extraordinarias para detener la emisión de radiactividad de las instalaciones.”
“La idea es cubrir los reactores con una especie de tejido. Las recientes altas mediciones de yodo 131 en el mar son un indicio de una creciente radiación. La organización ecologista Greenpeace advierte además de serios peligros para la salud de los habitantes tras mediciones propias.”
“Expertos consideran que el proceso para descartar definitivamente una posible fusión de núcleo puede tardar meses. Tepco ha prometido mejorar las condiciones laborales de los técnicos, cada vez más nerviosos y agotados.”
Mientras estos sucesos tienen lugar en Japón, el Presidente Bolivariano de Venezuela visita Argentina, Uruguay y se dirige a Bolivia, promoviendo acuerdos económicos y estrechando lazos con países de nuestro hemisferio decididos a ser independientes.
En la Universidad de La Plata, donde la tiranía promovida por Estados Unidos hizo desaparecer, entre muchos miles de argentinos, a más de 700 estudiantes de ellos 40 de la Escuela de Periodismo, Chávez recibió el premio Rodolfo Walsh, en honor a uno de los heroicos periodistas revolucionarios asesinados.
Ya no solo es Cuba; son muchos los pueblos dispuestos a luchar hasta la muerte por su Patria.
Fidel Castro Ruz
Marzo 30 de 2011

6 y 51 p.m.

Cuba. Reflexiones del compañero Fidel: Los dos terremotos

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LUNES 14 DE MARZO DE 2011

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Un fuerte terremoto de magnitud 8,9 estremeció hoy a Japón. Lo más preocupante es que las primeras noticias hablaban de miles de muertos y desaparecidos, cifras realmente inusitadas en un país desarrollado donde todo se construye a prueba de terremotos. Incluso, se hablaba de un reactor nuclear fuera de control. Horas después se informó que las cuatro plantas nucleares próximas a la zona más afectada estaban controladas. Se informaba igualmente de un tsunami de 10 metros de altura, que provocó alerta de maremoto en todo el Pacífico.

El sismo se originó a 24,4 kilómetros de profundidad y a 100 kilómetros de la costa. De haberse producido a menos profundidad y distancia, las consecuencias habrían sido más graves.
Hubo desplazamiento del eje del planeta. Era el tercer fenómeno de gran intensidad que se producía en menos de dos años: Haití, Chile y Japón. No se puede culpar al hombre de tales tragedias. Cada país, con seguridad, hará lo que esté a su alcance para ayudar a ese laborioso pueblo que fue el primero en sufrir un innecesario e inhumano ataque nuclear.
De acuerdo con el Colegio Oficial de Geólogos de España, la energía liberada por el sismo equivale a 200 millones de toneladas de dinamita.
Una información de última hora, transmitida por la AFP, expresa que la compañía eléctrica japonesa Tokyo Electric Power comunicó que: “De acuerdo con las instrucciones gubernamentales, hemos liberado parte del vapor que contiene sustancias radioactivas¼ “
“Seguimos la situación. Hasta el momento no hay problema¼ “
“También se señalaban desarreglos relacionados con el enfriamiento en tres reactores de una segunda central cercana, Fukushima 2.
“El Gobierno ordenó la evacuación de las zonas circundantes en un radio de 10 km en el caso de la primera central y de 3 km en el caso de la segunda.”
Otro terremoto, de carácter político, potencialmente más grave, es el que tiene lugar en torno a Libia, y afecta de un modo u otro a todos los países.
El drama que vive ese país está en pleno auge, y su desenlace es todavía incierto.
Un gran corre corre se armó ayer en el Senado de Estados Unidos cuando James Clapper, Director Nacional de Inteligencia, afirmó en el Comité de Servicios Armados: “No creo que Gaddafi tenga intención alguna de irse. Por las evidencias de que disponemos, parece que se está instalando en un proceso de larga duración”.
Agregó que Gaddafi cuenta con dos brigadas que “son muy leales” .
Señaló que “los ataques aéreos del Ejército fiel a Gaddafi han dañado ‘principalmente’ edificios e infraestructura, más que causar bajas entre la población”.
El teniente general Ronald Burgess, director de la Agencia de Inteligencia de Defensa, en la misma audiencia ante el Senado dijo: “Gaddafi parece que ‘va a seguir en el poder, a menos que otra dinámica cambie el momento actual’”.
“La oportunidad que los rebeldes habían tenido al comienzo del levantamiento popular ha ‘comenzado a cambiar’”, aseguró.
No albergo duda alguna de que Gaddafi y la dirección libia cometieron un error al confiar en Bush y en la OTAN, como se puede deducir de lo que escribí en la Reflexión del día 9.
Tampoco dudo de las intenciones de Estados Unidos y la OTAN de intervenir militarmente en Libia y abortar la ola revolucionaria que sacude el mundo árabe.
Los pueblos que se oponen a la intervención de la OTAN y defienden la idea de una solución política sin intervención extranjera, albergan la convicción de que los patriotas libios defenderán su Patria hasta el último aliento.
Fidel Castro Ruz
Marzo 11 de 2011

10 y 12 p.m.

PUBLICADO POR ARGENPRESS

 

Una advertencia al mundo

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viernes 18 de marzo de 2011

Amy Goodman (DEMOCRACY NOW!)

Al describir la devastación en una ciudad de Japón, un periodista escribió: “Parece como si una aplanadora gigante hubiera pasado por encima y arrasado con todo lo que allí existía. Escribo estos hechos…como una advertencia al mundo”.

El periodista era Wilfred Burchett, que escribía desde Hiroshima, Japón el 5 de septiembre de 1945. Burchett fue el primer periodista de Occidente en llegar a Hiroshima luego de que allí se lanzara la bomba atómica. Informó acerca de una extraña enfermedad que seguía matando a la gente, incluso un mes después de ese primer y letal uso de armas nucleares contra seres humanos. Sus palabras podrían perfectamente estar describiendo las escenas de aniquilación que acaban de tener lugar en el noreste de Japón. Debido al empeoramiento de la catástrofe en la central nuclear de Fukushima, su grave advertencia al mundo sigue estando hoy más que vigente.
El desastre se profundiza en el complejo nuclear de Fukushima tras el mayor terremoto en la historia de Japón y el tsunami que lo sucedió, que dejó miles de muertos. Las explosiones en los rectores número 1 y número 3 liberaron radiación a un nivel tal que fue medida por un buque de la Armada estadounidense desde una distancia de 160 kilómetros, lo que obligó al buque a alejarse de la costa. Una tercera explosión sucedió en el reactor número 2, provocando que muchos especularan que el contenedor primario, donde se mantiene el uranio sometido a fisión nuclear y que es de vital importancia, se había dañado. Poco después se incendió el reactor número 4, a pesar de que no estaba funcionando cuando el terremoto azotó el país. Cada reactor también ha tenido que utilizar el combustible nuclear almacenado en su interior, y ese combustible puede provocar grandes incendios, liberando más radiación al aire. Todos los sistemas de enfriamiento fallaron, así como también los sistemas de seguridad adicionales, y una pequeña delegación de valientes trabajadores permanece en el lugar, a pesar de la peligrosa radiación, que podría ser letal, tratando de bombear agua del mar a las estructuras dañadas para enfriar el combustible radiactivo.
El Presidente Barack Obama asumió la iniciativa de liderar un “renacimiento nuclear” y propuso nuevas garantías de préstamos federales por 36.000 millones de dólares para promover el interés de las empresas de energía en la construcción de nuevas plantas nucleares (lo que se suma a los 18.500 millones de dólares que habían sido aprobados durante el gobierno de George W. Bush). La primera empresa de energía que esperaba recibir esta dádiva pública fue Southern Company, por dos reactores anunciados para Georgia. La última vez que se autorizó y logró llevarse a cabo la construcción de una nueva planta de energía nuclear en Estados Unidos fue en 1973, cuando Obama estaba en séptimo grado en la Escuela Punahou en Honolulu. El desastre de Three Mile Island en 1979 y el de Chernobil en 1986 efectivamente clausuraron la posibilidad de avanzar en nuevos proyectos de energía nuclear con objetivos comerciales en Estados Unidos. Sin embargo, este país sigue siendo el mayor productor de energía nuclear comercial en el mundo. Las 104 plantas nucleares habilitadas son viejas, y se acercan al fin de su vida útil originalmente proyectada. Los propietarios de las plantas están solicitando al gobierno federal extender sus licencias para operar.
La Comisión Reguladora Nuclear (NRC, por sus siglas en inglés) está a cargo de otorgar y controlar estas licencias. El 10 de marzo, la NRC emitió un comunicado de prensa “acerca de la renovación de la licencia operativa de la Planta de Energía Nuclear Vermont Yankee cerca de Brattleboro, Vermont, por veinte años más. Está previsto que el personal de la NRC pronto expida la licencia renovada”, decía el comunicado de prensa. Harvey Wasserman, de NukeFree.org, me dijo: “El reactor número 1 de Fukushima es idéntico al de la planta de Vermont Yankee, que ahora está a la espera de renovar su licencia y que el pueblo de Vermont pretende cerrar. Es importante tener en cuenta que este tipo de accidente, este tipo de desastre, podría haberle ocurrido a cuatro reactores en California, si el terremoto de 9.0 grados de la escala Richter hubiera azotado el Cañón del Diablo en San Luis Obispo o San Onofre entre Los Ángeles y San Diego. Podríamos perfectamente ser ahora testigos de la evacuación de Los Ángeles o San Diego, si este tipo de cosa hubiera sucedido en California. Y, por supuesto, Vermont tiene el mismo problema. Hay 23 reactores en Estados Unidos que son idénticos o casi idénticos al reactor 1 de Fukushima”. La mayoría de los habitantes de Vermont, entre ellos el gobernador del estado, Peter Shumlin, apoya el cierre del reactor Vermont Yankee, diseñado y construido por General Electric.
La crisis nuclear en Japón ha tenido repercusiones a nivel mundial. Hubo manifestaciones en toda Europa. Eva Joly, miembro del Parlamento europeo, dijo en una manifestación: “La idea de que esta energía es peligrosa pero podemos manejarla fue desechada hoy. Y sabemos cómo eliminar las plantas nucleares: necesitamos energía renovable, necesitamos molinos, necesitamos energía geotérmica y necesitamos energía solar”. Suiza detuvo sus planes de renovar las licencias de sus reactores, y 10.000 manifestantes en Stuttgart exhortaron a la Canciller alemana Angela Merkel a que ordene el cierre inmediato de las siete plantas nucleares alemanas construidas antes de la década del 80. En Estados Unidos, el diputado demócrata de Massachusetts, Ed Markey, dijo “Lo que está sucediendo en Japón en este momento da indicios de que también en Estados Unidos podría ocurrir un grave accidente en una planta nuclear”.
La era nuclear se inició no muy lejos de Fukushima, cuando Estados Unidos se convirtió en la única nación en la historia de la humanidad en lanzar bombas atómicas en otro país, dos bombas que destruyeron Hiroshima y Nagasaki y mataron a cientos de miles de civiles. El periodista Wilfred Burchett fue el primero en descrbirir la “plaga atómica”, como la llamó: “En estos hospitales encuentro gente que, cuando cayeron las bombas no sufrió ninguna lesión, pero que ahora están muriendo a causa de las secuelas. Su salud comenzó a deteriorarse sin motivo aparente”. Más de 65 años después de que se sentara en los escombros con su vapuleada máquina de escribir Hermes y escribiera su advertencia al mundo, ¿qué hemos aprendido?

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

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