Costa Rica: “Laura Chinchilla gobierna para los banqueros y para los ganadores del modelo neoliberal”

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sábado 28 de abril de 2012

El diputado José María Villalta, del Frente Amplio de Costa Rica, realiza un balance de la gestión de la presidenta Chinchilla  a mitad de su mandato de cuatro años. Además, analiza la coyuntura  de un país donde el discurso de “la felicidad” –con el que los grupos hegemónicos intentan disfrazar una realidad conflictiva- ya no da más para encubrir las crisis política, económica, ambiental y social.
Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica
Dip. José María Villalta (Archivo FA)
A dos años de su llegada al poder, la presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, atraviesa por uno de los momentos más difíciles de su gestión: tanto las escuestas de opinión realizadas por firmas consultoras, como el pulso ciudadano que dan las distintas movilizaciones y manifestaciones sociales, muestran un creciente malestar y descontento de los costarricenses con la situación del país.
Un estudio presentado recientemente por una empresa consultora internacional ubicó a Chinchilla, del Partido Liberación Nacional (PLN), como la presidenta latinoamericana con menor porcentaje de aprobación (solo un 26%), por debajo incluso del chileno Sebastián Piñera. Y una encuesta publicada esta semana en Costa Rica reafirma esa tendencia: 44% de los entrevistados califican al gobierno de Chinchilla como malo o muy malo, al tiempo que señalan la falta de liderazgo, la ausencia de resultados concretos y la corrupción en su gabinete de ministros, como las principales deficiencias.
Esta percepción la comparte el diputado José María Villalta, del Frente Amplio (FA), única fuerza política de izquierda con representación legislativa en Costa Rica, quien considera que para las grandes transformaciones que necesita el país, los dos últimos han sido años perdidos, se siguió aplicando lo peor de la administración del expresidente Oscar Arias”.
Para analizar la actual coyuntura política y sus perspectivas a mediano plazo, Con Nuestra América conversó con el diputado Villalta en su despacho legislativo, en cuyas paredes destacan los retratos del Che Guevara, Salvador Allende y los históricos dirigentes comunistas costarricenses Manuel Mora y Carmen Lyra: figuras que, desde su ejemplo y legado, parecen guiar el trabajo del más joven de los diputados (pronto cumplirá los 35 años) de la Asamblea Legislativa y una de las más combativas voces de la oposición.
Continuismo neoliberal a la sombra de los hermanos Arias
Con Nuestra América (CNA): En el marco del creciente descontento que de distintas maneras expresa la sociedad costarricense, nos gustaría conocer cuál es su balance de estos dos años de gobierno de la presidenta Laura Chinchilla.
La presidenta Chinchilla en la OMC. “Es un gobierno del continuismo… conforme con la agenda neoliberal que tiene a la sociedad costarricense sumida en importantes crisis”.
José María Villalta (JMV): “Ha sido un gobierno de más de lo mismo, que solamente se ha dedicado a administrar las reformas que dejó instauradas el gobierno de los hermanos [Oscar y Rodrigo] Arias, sin ninguna expectativa de cambiar o mejorar nada. Es un gobierno del continuismo de las políticas que se han implantado en Costa Rica en los últimos 25 a 30 años, totalmente conforme con la agenda neoliberal que tiene a la sociedad costarricense sumida en importantes crisis: la crisis ambiental, la crisis social, el crecimiento de la desigualdad y la pobreza, el deterioro de las instituciones sociales, de la seguridad social -que se ha venido gestando desde hace tiempo-; también la crisis política, con un descrédito cada vez más palbable de la credibilidad y de las instituciones de nuestro sistema democrático; la crisis de la trasnparencia y de la corrupción.
“Pero también está la crisis fiscal: el gobierno de los hermanos Arias dijo que le dejaban la mesa servida a Chinchilla, pero en realidad se la dejó servida a los más ricos del país, gobernó para ellos y práctimente quebraron al Estado, porque aplicaron una vez más un ciclo clientelista a costa del gasto público para ganar la elección del 2010.
“Ahora bien, al gobierno también le estallaron varias crisis en la cara, como la de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS). Pero la crisis de la CCSS no es provocada por Laura Chinchilla, sino por la acumulación de décadas de gobiernos neliberales corruptos, que meten la mano en la institución con intereses politiqueros, para favorecer el negocio de las clínicas privadas; gobiernos que alcahuetearon a las empresas que tienen deudas millonarias con la seguridad social.
“Es decir, vemos un gobierno que intenta apagar los incendios que aparecen por todas partes, pero que en lo esencial no intenta cambiar ninguna de las causas que nos tienen hoy como estamos”.
CNA: ¿Cómo afectó al gobierno de Laura Chinchilla esa relación ambigua que mantiene con el grupo de poder de Oscar Arias, que fue fundamental para su triunfo en el 2010, pero del que se ha distanciado en los últimos meses, por lo menos en términos formales?
Oscar Arias y Laura Chinchilla. “El PLN cree que va a seguir en el poder indefinidamente…”
JMV:El actual gobierno rápidamente perdió el rumbo, porque los hermanos Arias, en un gesto de ambición desmedida nunca antes vista, lanzaron muy temprano la candidatura de Rodrigo Arias para perpetuarse en el poder y eso generó una fricción con el grupo que está en la Administración Chinchilla.
“Lo cierto es que se acumula el descontento y el PLN cree que, por inercia, va  a seguir en el poder indefinidamente, ante la debilidad de la oposición y su fragmentación. Y como es un partido que acumula cada vez más poder, también se va corrompiendo más: son notorias las prácticas de corrupción, de clientelismo, de uso del Estado para fines personales, de confusión entre el interés público y el privado.
Hay un deterioro, una descomposición que percibe la ciudadanía, pero eso tampoco se traduce en alternativas políticas claras. Existe un discurso de descrédito, de la antipolítica, impulsado precisamente por los mismos que están en el poder. Esto tiene la intencionalidad de incrementar el abstencionismo en el país, que la gente crea que no hay nada que hacer, que todos los políticos son iguales, para que el PLN pueda ganar una elección tras otra, con porcentajes cada vez menores de apoyo, pero sostenido por las redes clientelistas”.
CNA: ¿En cuáles aspectos es más evidente la continuidad de las políticas neoliberales de la administración de Oscar Arias en el gobierno de Laura Chinchilla?
El gobierno de los Arias desató una guerra contra la naturaleza…”
JMV: “Es que el continuismo es total. El gobierno de Chinchilla intentó, al inicio, desmarcarse un poco en la agenda ambiental: asumió el compromiso de apoyar la ley que impulsamos para prohibir la minería a cielo abierto [aprobada en noviembre de 2010], que fue un tema muy polémico. El gobierno de los hermanos Arias desató una guerra contra la naturaleza, un trabajo sin cuartel para debilitar la legislación ambiental a través de decretazos y reformas, y de esta manera, favorecer los intereses de inversionistas depredadores.
“De alguna manera, el gobierno Chinchilla, aunque sigue en la misma línea, suavizó en algunas áreas, por ejemplo, puso un poco de freno a la minería; también impulsó proyectos sociales como la Red Nacional de Cuido, muy valiosa pero que es totalmente incompleta y no ha cumplido sus objetivos. Pero en la mayoría de temas vemos total continuismo.
“En política económica, por ejemplo, sigue el patrón de los últimos gobiernos neoliberales, donde el hilo se corta siempre por lo más delgado: culpar a la clase trabajadora de los problemas fiscales del Estado; seguir debilitando instituciones sociales que son clave para combatir la desigualdad; presupuestos cada vez más restrictivos; las cíclicas crisis fiscales, una vez más, intentó paliarlas –como hicieron los gobiernos de Figueres [1994-1998], Rodríguez [1998-2002] y Pachecho [2002-2006]-  con reformas puntuales, parches en el sistema tributario que no combaten las desigualdades imperantes, sino que se concentran en subir el impuesto de ventas para atender lo inmediato,  pero sin tocar los intereses de los grupos económicos que se han enriquecido como nunca”.
CNA: ¿Cuáles son esos grupos económicos que se benificiaron en el anterior gobierno y se benefician también ahora?
El banquero Luis Liberman, Vicepresidente de la República  y mano derecha de Chinchilla. “(La presidenta) gobierna para los banqueros, para los exportadores de zonas francas (…) los ganadores netos del modelo neoliberal”.
JMV: “Arias gobernó para los banqueros, y Laura Chinchilla gobierna también para los banqueros, para los exportadores de zonas francas [plataformas de exportación que gozan de privilegios fiscales], que son los que financian las campañas electorales y los ganadores netos del modelo neoliberal.
“Este modelo ha fabricado pobres, ha destruido sectores productivos como la agricultura tradicional, la pequeña industria y la economía social; también se ha visto debilidada la distribución de la riqueza y la propiedad de la tierra: en Costa Rica, en los últimos 30 años, se ha venido concentrando la tenencia de la tierra, y hemos pasado de un país que tenía pequena propiedad, a uno dominado por los monocultivos y los latifundios.
“Se han privatizado bienes públicos como las telecomunicaciones y los seguros que, aunque no se administraban bien por la corrupción política, eran patrimonio del pueblo: sus ganancias eran para el pueblo de Costa Rica, pero hoy van al bolsillo de Carlos Slim o la Telefónica de España. El pueblo costarricense ha perdido parte de su patrimonio y Laura Chinchilla se ha dedicado a administrar las reformas  impuestas por el TLC con los Estados Unidos”.
La corrupción: modus operandi de la clase política
CNA: En las últimas semanas, distintas investigaciones periodísticas han dado a conocer  casos de corrupción en instituciones públicas y ministerios, relacionados con evasión fiscal y el otorgamiento irregular (a familiares y socios de miembros del gobierno) de contratos que involucran fondos públicos y recursos de la cooperación internacional. Estos escándalos no solo provocaron renuncias cambios en el gabinete, sino que despertaron un profundo repudio y la indignación de los costarricenses. ¿Considera que estos hechos pueden ser atribuidos a un rasgo del gobierno Chinchilla y su equipo de colaboradores o, por el contrario, señalan un problema más amplio de nuestro sistema político?
JMV: “Se trata de un problema enquistado en el sistema político y es parte del ADN de un partido como Liberación Nacional. La corrupción que está saliendo a la luz pública es apenas la punta del iceberg y no son casos aislados: son ejemplos llamativos de redes de corrupción que se han desarrollado transversalmente en el Estado costarricense en los últimos gobiernos. Muchos de los funcionarios que están siendo cuestionados ahora, también formaron parte del gobierno de los Arias y ahí empezaron sus prácticas.
“No hay que perder de vista lo siguiente: sectores de la prensa comercial que en aquel momento, cuando interesaba aprobar el TLC a como diera lugar, callaron ante las evidencias, ahora sí hacen públicos estos hechos, porque quieren congraciarse con una población que les cree menos, y porque seguramente están preocupados por la concentración de poder en el PLN.
El exministro de Hacienda, Fernando Herrero, investigado por evasión fiscal. “Estas denuncias de corrupción no son hechos aislados, sino el modus operandi de la clase política.”
“Incluso a los que se han beneficiado de esa concentración de poder les preocupa el fenómeno, porque se hace más reducido el grupo de los que se sirven con cuchara grande. Como decimos en Costa Rica, es cada vez más cerrada la argolla de los que ganan, y otros grupos empresariales que apoyan el modelo neoliberal, ahora sienten que están quedando fuera de la repartición de un pastel que se lo dejan unos pocos, cada vez más corruptos.
“Pero lo cierto es que estas denuncias de corrupción no son hechos aislados, sino el modus operandi de la clase política que nos viene gobernando. Existe una relación directa entre lo que  pasó con la empresa Procesos, el exministro de Hacienda y el Ministro de Educación, y el llamado Estado paralelo que denunciamos desde hace más de una década. Es el mismo mecanismo con el que vienen saqueando instituciones, en forma descarada e impune. Se trata de un cáncer que ya está haciendo metástasis por todas partes, y hay órganos del Estado que quizás tendrían que extirparse”.
El gobierno no se entera de la crisis del capitalismo
En el contexto de la crisis mundial del capitalismo, parece que  el gobierno y los grupos económicos afines intentan “huir hacia adelante”, es decir, apuestan por profundizar las políticas neoliberales. Ahora, incluso, echan mano de un consultor de organismos financieros internacionales como el BID, el Banco Mundial y el FMI para que asuma el Ministerio de Hacienda.  ¿Cómo analiza el rumbo económico y fiscal de la administración Chinchilla?
San José: masivo rechazo de los ciudadanos al plan fiscal. “Los neoliberales criollos no se han percatado del fracaso del neoliberalismo
y de que esas teorías son cuestionadas a nivel mundial”
JMV: “El gobierno de Costa Rica no se ha enterado de la crisis del capitalismo global. Siguen aplicando la misma receta que tiene a nuestra planeta al borde del hundimiento. Los neoliberales criollos no se han percatado del fracaso del neoliberalismo y de que esas teorías son cuestionadas a nivel mundial. Es realmente lamentable el autismo del gobierno: se desata la crisis del gabinete y la crisis fiscal, ¿y a quiénes llama Laura Chinchilla para que la asesoren? A Eduardo Lizano, Alberto Dent, Alberto Trejos, Francisco de Paula Gutiérrez, los neoliberales que han estado a la cabeza de la gestación de la crisis fiscal que el gobierno dice que quiere solucionar”.
CNA: Entonces, la presidenta tampoco tiene claro el impacto de sus planes de reforma fiscal sobre los sectores de menores ingresos…
JMV: “No lo creo, porque el gobierno y sus aliados celebraron con bombos y platillos la aprobación del plan fiscal, a pesar de que habían cometido atropellos innombrables [el trámite de este plan de impuestos fue declarado inconstitucional por la Sala Constitucional], y en todas esas celebraciones ni siquiera escuchamos una mención a ese daño colateral que están acostumbrados a producir: el que sufre esa inmensa mayoría de la población que está al borde de la de línea de pobreza”.
La política exterior de Costa Rica es la política de Washington
CNA: En materia de política exterior, el gobierno se ha alineado claramente con los Estados Unidos y su geopolítica de la guerra contra el narcotráfico. ¿Cómo valora en este rubro a la administración Chinchilla? ¿Hay cambios o también aquí observa una continuidad con lo hecho por el gobierno anterior?
Hillary Clinton y la Presidenta de Costa Rica “Chinchilla sigue al pie de la letra los lineamientos de EE.UU”
JMV: “Con respecto del gobierno de Arias, hemos retrocedido. Laura Chinchilla no tiene política exterior, o mejor dicho, su política exterior es esconderse debajo de la alfombra. La señora presidenta parece estar feliz entre menos se mencione y menos influencia tenga Costa Rica en los foros internacionales, y sin tener que dar la cara frente a otros gobernantes sobre las grandes discusiones de la política internacional.
“En este sentido ha habido un deterioro, porque el gobierno de Arias tenía en la política exterior uno de sus puntos más fuertes –por razones que podríamos discutir, como su ego inagotable-, y tomó decisiones audaces y polémicas, como restablecer las relaciones con Cuba y China; dio signos de una política más independiente en algunos temas. En cambio, Chinchilla sigue al pie de la letra los lineamientos del gobierno de Estados Unidos y su principal preocupación es no quedarle mal a los gringos”.
CNA: Sin embargo, el conflicto con Nicaragua por el dragado del Río San Juan, en la frontera entre ambos países, ha sido una ventana de oportunidad para que el gobierno despliegue algún tipo de iniciativa a nivel de política exterior…
“El gobierno ha instrumentalizado el conflicto (con Nicaragua)… para cubrir su falta de agenda nacional y frenar la pérdida de popularidad”
JMV: “Sí, pero el gobierno ha intrumentalizado ese conflicto de un modo idéntico al que lo hace el gobierno de Nicaragua: solo para efectos internos; en el caso de Chinchilla, lo ha usado para cubrir su falta de agenda nacional y frenar la pérdida de popularidad de su gobierno, pero recurriendo al nacionalismo más burdo.
“Lo cierto es que en el plano internacional no ha tenido ningún peso, tampoco hay intentos de fortalecer los vínculos con la naciones latinoamericanas donde se están desarrollando procesos muy interesantes de integración desde el Sur.
“Es más, tampoco ha hecho esfuerzos por mantener líneas políticas que lanzó el gobierno anterior, y que son cuestiones de diginidad y derechos humanos, como por ejemplo el apoyo a la constitución del Estado palestino: ahí más bien retrocedimos, al posicionarnos como país junto a los sectores más reaccionarios e intolerantes, que son cómplices del genocidio que se está produciendo en Palestina”.
CNA: Entonces, hay una mayor influencia de la comunidad judía sobre el gobierno, como no ocurrió en la anterior administración…
JMV: “Claro que hay más influencia de la comunidad judía, y también una mayor sumisión ante los lineamientos de Washington”.
¿Es posible derrotar al neoliberalismo en Costa Rica?
CNA: Ante la descomposición del sistema político en los últimos doce años, ha cobrado fuerza, una vez más, la idea de unir fuerzas para derrotar al neoliberalismo en las elecciones del 2014. ¿Considera posible la conformación de una alianza progresista en Costa Rica?
JMV: “No tengo claro qué tan viable sea ese escenario, si se presentará finalmente o no, pero creo que es un escenario indispensable si queremos frenar la concentración y el abuso del poder que viene ejerciendo el PLN.
“Hace falta una coalición de fuerzas progresistas para enfrentar a la maquinaria
clientelista del gobierno”.
“Hace falta la constitución de una coalición de fuerzas progresistas para enfrentar a la maquinaria clientelista del gobierno. Ahora bien, no se trata de reconstituir el bipartidismo con otros nombres, como quiere Ottón Solís [líder del Partido Acción Ciudadana, segunda fuerza en el Congreso], ni desbancar al PLN para seguir aplicando las mismas políticas. Se trataría de conformar una coalición de centroizquierda, progresista, que plantee una alternativa real, con una agenda que rompa con las políticas neoliberales que se han aplicado en los últimos 30 años”.
CNA: ¿Cuáles elementos debería contemplar, como mínimo, una agenda progresista de ese tipo?
JMV: “En primer lugar, la recuperación del patromonio nacional en todos sus campos: los bienes públicos, los servicios públicos, las empresas públicas y los recursos naturales, para ponerlos al servicio del pueblo costarricense y no de las transnacionales.
“Necesitamos avanzar hacia una democracia verdaderamente  participativa, no solo formal-representativa como la que tenemos hoy…”
“También, una economía que ponga énfasis en el apoyo a micro y pequeña empresa, y no solo a las grandes ganancias de las transnacionales; la reactivación de la producción interna para el mercado interno; frenar la concentración de la riqueza –del capital y la tierra- y democratizar, de nuevo, el acceso a los bienes productivos.
“Hacer que se respeten las conquistas sociales y los derechos laborales, y fortalecerlos porque se han deteriorado; rescatar a la CCSS por medio del pago total de la deuda del Estado con esta institución,  garantizando que no se va a volver a gestar esta situación de deterioro y politización que hoy padece; es necesario avanzar hacia una democracia verdaderamente participativa, no solo formal-representativa como la que tenemos hoy, cada vez más carencial: esto significa impulsar los presupuestos participativos, las consultas populares a nivel local y nacional, la participación directa de la gente en el gobierno y la toma de decisiones.
“Además, se requiere entrarle de lleno al combate a la desigualdad, y eso implica poner en marcha políticas agresivas que distribuyan la riqueza, tanto a nivel de clases sociales como de regiones geográficas, porque tenemos un país centralizado en el Valle Central, pero las comunidades y zonas periféricas, rurales y costeras, permanecen abandonadas. Se requieren propuestas que descentralicen el poder y la distribución de los recursos.
“Y por supuesto, debemos recuperar la agenda ambiental, en la que el país retrocedió…”
CNA: A pesar del discurso oficial que promociona a Costa Rica como un país verde, sin ingredientes artificiales…
JMV: “Es que tenemos un discurso de la Costa Rica verde, pero la realidad es totalmente distinta: aquí se viene depredando la naturaleza y los recursos naturales de un modo descomunal, y al mismo tiempo, se debilita y torpedea sistemáticamente la institucionalidad ambiental que logramos construir, y todo para facilitar los negocios de unos pocos. Habría que eliminar ese doble discurso”.
CNA: A partir de la experiencia de la resistencia contra el TLC con Estados Unidos y las luchas contra la minería a cielo abierto, por citar dos casos recientes, ha quedado claro que en Costa Rica también existe una fuerza social muy importante, pero que todavía no se identifica políticamente con un partido u opción electoral concreta. Desde su perspectiva, ¿qué papel podrían jugar estas organizaciones y movimientos sociales en el futuro inmediato del país –las elecciones del 2014- y en el mediano plazo?
JMV: “La conformación de una eventual coalición progresista tiene que hacerse de una forma distinta, no puede ser fruto de un pacto de cúpulas, sino de un proceso abierto a la participación ciudadana, donde los movimientos y organizaciones sociales tengan una incidencia directa.
“Costa Rica ha tenido una vigorosa presencia de movimientos que han luchado y confrontado abiertamente al statu quo…”
“Ahora bien, en Costa Rica debe replantearse la forma en que las organizaciones sociales se relacionan con la política. Durante mucho tiempo, los partidos de todos los signos vieron a las organizaciones como simples correas de transmisión, como instrumentos para alcanzar objetivos y las usaron como simples apéndices o aparatos, manipulándolos según su interés. Pero también hemos caído en el otro extremo: algunas organizaciones sociales tienen un discurso ambivalente y  niegan la importancia de la política electoral para hacer las transformaciones; y en otras ocasiones, tienden a instrumentalizar los partidos, porque no participan de lleno en los procesos electorales, pero después buscan a los partidos únicamente para impulsar proyectos específicos.
“Si queremos que la agenda de las organizaciones y movimientos influya más en la política nacional, tiene que darse un cambio en las dos vías. Costa Rica ha tenido una vigorosa presencia de movimientos que han luchado y confrontado abiertamente al statu quo, lo que colocaría a un sector importante de la población en una posición que podríamos llamar desde la izquierda, pero eso no se ha traducido en expresiones políticas que canalicen esa fuerza y ese descontento social. Más bien, la presencia de la izquierda es marginal en la vida política nacional. Obviamente, esto obedece a razones históricas, a errores de los partidos, pero también a esta relación ambivalente y confusa que entablan las organizaciones sociales con los partidos políticos”.
El Frente Amplio y su futuro
CNA: Finalmente, en un país cuya cultura política ha estado marcada por el “anticomunismo” y la censura oficial de todo aquello que se presenta como alternativo al sistema dominante, ¿cómo visualiza el futuro del Frente Amplio, tras dos legislaturas consecutivas de ganar una representación en el Congreso?
“En Costa Rica hacen falta contrapesos, entre ellos una fuerza de izquierda…”
JMV:El futuro del FA es positivo, promisorio, si se hacen bien las cosas. Es un partido en franco crecimiento. Creo que puede dar el salto de tener un diputado a una fracción legislativa de mayor peso, pero también considero que no hay relación entre el número de diputados del FA y su presencia en los debates nacionales, su influencia en el parlamento y, sobre todo, en las expectativas de la gente, que son mucho mayores, aunque, de nuevo, por distintas razones esa simpatía y respaldo no se ha traducido en mayor cantidad de votos. Esto podría cambiar si hacemos nuestra parte, y no cometemos los errores del pasado en las campañas políticas, en la organización electoral.
En Costa Rica hacen faltan contrapesos, entre ellos una fuerza de izquierda que sea interlocutora y canalice todo eso que se está gestando en el campo social: el descontento, el clamor popular por un cambio de modelo económico y de políticas.
Podemos convertirnos en un referente de la oposición, un referente político para un sector importante de la población. Ese proceso podría verse acelarado por la descomposición de algunos partidos que habían generado expectativas entre los costarricenses, pero no las han cumplido. Sin embargo, el FA tiene una tarea interna considerable porque sus estructuras están pensadas para ser un partido de resistencia, que da la lucha cuesta arriba, y no para ser un partido que recibe un apoyo popular mayor.
Por otra parte, hay otros factores a considerar: la falta de cultura política en Costa Rica, los prejuicios, las desigualdades muy marcadas en el acceso a los medios de comunicación, las campañas electorales donde impera el poder del dinero y otras opciones son invisibilizadas, una legislación electoral hecha para excluir a los partidos alternativos y favorecer a los tradicionales, problemas en el discurso y el mensaje.
En fin, no doy nada por sentado, pero veo un futuro con posibilidades importantes”.
Publicado por Con Nuestra América

Costa Rica: El gobierno se mira en el espejo de Uribe

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sábado 3 de septiembre de 2011

El “modelo Uribe” –hijo del Plan Colombia de los Estados Unidos-, no solo se promociona con éxito en una sociedad como la costarricense, donde algunos sectores de la población se muestran proclives a las soluciones de “mano dura” contra la delincuencia, sino que además traza los rasgos esenciales de lo que ya es un estilo de gestión de la seguridad en Honduras, Guatemala y México.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

Cada vez que el expresidente colombiano Álvaro Uribe visita Costa Rica, la facción política que detenta el poder desde hace cinco años, y que se cobija bajo la bandera del Partido Liberación Nacional, celebra, gozosa, un nuevo episodio de la liturgia de la seguridad nacional y las bodas del Estado con la empresa privada. Así ocurrió, periódicamente, a lo largo de la administración de Oscar Arias (2006-2010), y parece que no será diferente durante el mandato de la presidenta Laura Chinchilla, quien intenta emprender su propia “guerra contra el narcotráfico y el crimen”: a menor escala que en México o Colombia, por supuesto, pero sobre la base del mismo andamiaje ideológico y geopolítico.

Que el gobierno de la señora Chinchilla se mira en el espejo del modelo implantado en Colombia, y que hace de Uribe el gran “gancho” político y mediático de sus políticas de seguridad (“le cayó como del cielo”, escribió un periodista del diario La Nación), quedó más que comprobado en la conferencia de prensa que ambos ofrecieron en San José el pasado 29 de agosto: el expresidente defendió la propuesta de Chinchilla de establecer un nuevo impuesto a las sociedades anónimas para financiar el combate al narcotráfico y el crimen organizado, algo similar a lo que se puso en práctica en Colombia en 2002.

POLICÍA VESTIDO DE CIVIL. Uribe, quien se define a sí mismo como “un policía vestido de civil”, vino a Costa Rica a dictar una conferencia sobre sistemas de seguridad para gobiernos locales, contratado por una empresa de su exministro de justicia Miguel Ceballos. Ante los alcaldes, aprovechó para defender su “modelo”, estructurado a partir de “la alianza con Estados Unidos, el estilo de mano dura, [y] asumir la seguridad a título personal” (La Nación, 30-08-2011). Pero poco dijo de su propio prontuario judicial, que arroja luz sobre los puntos oscuros del “modelo”: autor intelectual de los escándalos de la parapolítica, la compra de votos en el Senado y el Congreso colombianos, las escuchas telefónicas ilegales –chuzadas– y del criminal ataque a Sucumbíos, Ecuador, que inauguró de modo macabro la doctrina del ataque preventivo en América Latina.

Desgraciadamente, el “modelo Uribe” –hijo del Plan Colombia de los Estados Unidos-, no solo se promociona con éxito en una sociedad como la costarricense, donde algunos sectores de la población se muestran proclives a las soluciones de mano dura, sino que además traza los rasgos esenciales de lo que ya es un estilo de gestión de la seguridad en Honduras, Guatemala y México. Asimismo, denota la influencia que la entente del eje mesoamericano con Washington ejerce en la política nacional de cada uno de los países de esta subregión.

CONTRASTE. Casi al mismo tiempo que Uribe, el expresidente brasileño Lula da Silva también estuvo en Costa Rica –del 30 al 31 de agosto- para impartir una conferencia sobre integración y desarrollo socioeconómico de los países latinoamericanos. Sin embargo, su presencia no produjo tantos réditos propagandísticos para el gobierno, y a diferencia de lo ocurrido con el colombiano, la presidencia de la República mantuvo en este caso un bajo perfil: ni un solo mensaje estratégico fue divulgado por la presidenta junto a Lula, ni un solo acercamiento formal con ese gran embajador ad honorem del Brasil fue dado a conocer a la opinión pública. En cambio, hambrientos de popularidad, altos funcionarios de nuestra Cancillería aprovecharon la visita para tomarse fotografías junto a Lula (y muy poco demoraron en publicarlas en sus perfiles en las redes sociales). ¡Todo un logro de nuestra diplomacia!

Abiertamente ideologizados, analistas, prensa hegemónica y funcionarios del gobierno, desde varios días antes de la llegada de Lula, acusaron a Brasil de ser un país “proteccionista” -pecado que la doctrina de la fe del libre comercio condena con tortura en el último de los infiernos-, y expresaron reservas por la política exterior brasileña, que desafía los intereses estadounidenses en América Latina (por ejemplo, en sus relaciones con Irán o su reciente incursión en Centroamérica, cuando brindó asilo en la embajada brasileña en Honduras al derrocado presidente Manuel Zelaya, en el contexto del golpe de Estado de 2009). Intereses a los que tradicionalmente se subordina la diplomacia costarricense.

UNA PREGUNTA ABIERTA. No lo dice la autoproclamada prensa independiente ni los voceros de gobierno, pero lo cierto es que el proceso iniciado en Brasil por Lula, con sus aciertos en política social, integración regional y sus limitaciones inevitables (las presiones de la economía extractivista sobre el medio ambiente, o la recurrente apuesta por el capitalismo nacional, por ejemplo), representa una opción diferente del modelo de desarrollo impulsado por grupos económicos y elites políticas en Costa Rica y Centroamérica, y a través del cual los Estados Unidos –y en general, el capital transnacional- han consolidado un sistema de dominación feroz, antidemocrático y culturalmente avasallador.

Brasil, en cambio, en tanto fuerza hegemónica que se expande por América Latina, reconfigurando el mapa de relaciones regionales, y bajo el liderazgo del Partido de los Trabajadores, refuerza una de las principales tendencias de los procesos políticos que hemos llamado nuestroamericanos: la que construye un nuevo proyecto nacional, democrático y perfectible, con una marcada vocación social y latinoamericana.

Ese es el debate pendiente al que deberían convocarnos, como sociedad, las visitas de los expresidentes de Brasil y Colombia: un debate que nos confronte críticamente con el rumbo que transita el país desde hace tres décadas y que, lejos de la trampa del modelo neoliberal, o de la falsa seguridad democrática del “modelo Uribe”, nos permita mirarnos en el espejo de las diversas y creativas experiencias políticas latinoamericanas, para aprender de ellas.

“Madame President” y las relaciones de Costa Rica con EE.UU.

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sábado 19 de marzo de 2011

“Madame President” y su gobierno siguen haciendo de Costa Rica una plaza funcional al proyecto hegemónico continental de Washington. Y todo esto, desgraciadamente, sin que se vislumbre en el horizonte nacional una alternativa real de cambio, que permita pensar que ese rumbo podría revertirse en el corto o mediano plazo.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

Los cables de la Embajada de EE.UU. en Costa Rica, difundidos por Wikileaks y el diario La Nación, han sido señalados por algunos analistas del establishment criollo y personajes de los medios de comunicación como poco novedosos o intrascendentes. Desde nuestra perspectiva, sin embargo, tienen un importantísimo valor didáctico-político para la sociedad costarricense: su publicación constituye la puesta en escena, ante todas las luces del teatro público, del entramado de relaciones e intereses que sostienen la subordinación de un Estado y su clase política ante una potencia extranjera.

Los reportes del jefe de la misión diplomática de EE.UU. en San José, Peter Brennan[1], por ejemplo, relacionados con el triunfo de la señora Laura Chinchilla en las elecciones presidenciales de 2010, no dejan lugar a la menor duda sobre el papel estratégico que desempeña hoy Costa Rica en la política exterior diseñada por Washington para la región centroamericana.

Para Brennan, la presidenta Chinchilla -“Madame President”, como la llamó en uno de los cables-, bien conocida por la Embajada puesto que “fue contratista de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional” (la USAID), era una figura clave para los asuntos económicos y de seguridad norteamericanos. Su triunfo, escribió el diplomático, “daría al gobierno de los Estados Unidos la mejor oportunidad de continuar en pos de las metas de política exterior en relación con Costa Rica” y afianzar “su papel de firme aliado estadounidense en Centroamérica”, dado que “los objetivos de la política de Chinchilla coinciden con los nuestros, y ella tiene fuertes lazos personales con Estados Unidos”.

Al menos tres hechos se pueden rescatar de estos y los otros cables publicados hasta la fecha. En primer lugar, lo que se perfila con el triunfo electoral de Chinchilla es algo más que la llegada de una mujer a la presidencia de la República: por lo demás, una conquista incuestionable y que salda una deuda histórica de la democracia costarricense. Visto en el plano mayor de las transformaciones sociopolíticas que experimenta la región desde los años 1990, el dato relevante aquí es el surgimiento de un tipo inédito de gobernante en Centroamérica: ya no son solamente personajes extraídos de las élites (pro)empresariales o de la tecnocracia local quienes acceden al poder, sino contratistas de agencias y oficinas del gobierno estadounidenses, probados en el cumplimiento de sus tareas y la promoción de los intereses y perspectivas del país del norte. ¡Todo un salto cualitativo para los grupos dominantes!

En segundo lugar, se muestra una colusión profunda de agendas y procesos al más alto nivel entre las dirigencias y élites políticas de Costa Rica y de EE.UU. que, sin constituir por sí misma una novedad, puesto que ese ha sido el tipo de relación entre ambos países desde la segunda mitad del siglo XX, sí ha conocido o experimentado una particular agresividad “diplomática” durante la última década.

Es amplio el arco de hechos y decisiones de los gobiernos costarricenses de ese período que han terminado por inscribir, entusiastamente, a nuestro país en los planes estratégicos de Washington para el área mesoamericana y del Caribe. Quien intente comprobar ese recorrido, bien puede ir de la firma del Convenio de Patrullaje Conjunto con el Servicio de Guardacostas de los EE.UU., en 1998, a la leonina reinterpretación jurídica de este convenio que, en el año 2010, permitió el ingreso de marines y buques de guerra estadounidenses a territorio nacional; o bien, del apoyo “político” del gobierno de Abel Pacheco a la invasión a Irak, en 2003, a la abierta injerencia de la Casa Blanca y sus embajadores en San José en la discusión y aprobación de TLC en 2007; y aún más, puede hacer el recorrido desde el contradictorio papel del expresidente Oscar Arias en la crisis hondureña de 2009, dándole aire y tiempo a los golpistas, hasta la inclusión de Costa Rica en la guerra contra el narcotráfico, por la vía del Plan Mérida y el más reciente Plan Centroamérica del 2011.

Finalmente, vale señalar que esa cada vez mayor coincidencia entre las políticas y objetivos de Costa Rica y EE.UU, como lo afirma Brennan, marcha en paralelo con el proceso de transformación del Estado y el modelo de desarrollo costarricense (de bienestar social, apoyado en la clase media), bajo los parámetros del ideario neoliberal, y que incide de manera decisiva en el cambio cultural de la sociedad costarricense, en términos de los estilos de vida, los patrones de consumo y la adopción de valores de la sociedad estadounidense.

El alineamiento de los gobiernos costarricenses con Washington tiene, además, inocultables consecuencias en la actual coyuntura latinoamericana. El investigador cubano Luis Suárez lo dice con acierto: “los gobiernos derechistas o “socialdemócratas” instalados en Canadá, México, Honduras (a partir de junio del 2009), Costa Rica, Panamá, Colombia, Perú y Chile, al igual que en diferentes Estados del Caribe insular y continental” participan activamente de las estrategias inteligentes desarrolladas por el gobierno de Barack Obama para “contener”, neutralizar y, donde le fue posible, derrotar (roll back) a los gobiernos reformistas, reformadores o revolucionarios, según el caso, instalados en diversos países de América Latina y el Caribe[2].

Tal es la batalla que se libra en nuestra América en los últimos años. En ese escenario, “Madame President” y su gobierno siguen haciendo de Costa Rica una plaza funcional al proyecto hegemónico continental de Washington. Y todo esto, desgraciadamente, sin que se vislumbre en el horizonte nacional una alternativa real de cambio, que permita pensar que ese rumbo podría revertirse en el corto o mediano plazo.


NOTAS

[1] La Nación.Misión de EE.UU. temía a Ottón Solís y prefería a Laura Chinchilla”. 15 de marzo de 2011. Pág. 6A.

[2] Suárez Salazar, Luis. “La actual contra ofensiva plutocrática-imperialista contra las naciones y pueblos de “nuestra Mayúscula América”. Ponencia presentada en el Panel “América Latina y el Caribe ante la nueva ofensiva hegemónica”, realizado como para parte de las Jornadas del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica realizadas en La Habana entre el 13 y el 16 de marzo del 2011. Disponible en: http://alainet.org/active/45135

Costa Rica: Doña Laura está en problemas

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miércoles 20 de octubre de 2010

 

Luis Paulino Vargas Solís (especial para ARGENPRESS.info)

1. Las masivas entradas de capital están agudizando el problema de la revalorización del colón frente al dólar. El fenómeno no es nuevo y, como tendencia general, se remonta a cinco años atrás. Sin embargo, durante el período comprendido entre fines de 2005 y primeros meses de 2008, sus consecuencias se vieron atenuadas por la vigencia de un ciclo de crecimiento especulativo e insostenible. Sin embargo, la economía se frenó en seco desde mediados de 2008 y cayó en recesión abierta en 2009.

En este último año –quizá favorecido por la reducción en las entradas de capital- la revalorización del colón frente al dólar se corrigió en parte. Pero en este 2010, y justo cuando la economía en general, y las exportaciones en particular, intentan recuperarse, la revaluación vuelve a agudizarse. El momento no podría ser menos oportuno: exportaciones y turismo apenas intentan reponerse del cachiporrazo de 2009, mientras la producción para el mercado interno no le va mucho mejor. Y justo les cae encima el fardo de una sobrevaluación acelerada del colón. Se entiende que ahora sí se oiga el crujir de dientes, distinto a aquellos días de 2006-2007, momento de gloria del ariasato.
2. El equipo económico de Chinchilla –cuyo jefe visible es el Vice-Presidente Liberman- entiende que se les está armando un colocho, tanto en lo político como en lo económico. Lo primero principalmente porque crece de forma ostensible el malestar en el aún poderoso sector exportador y turístico; otrora consentido, hoy maltrecho y apaleado. Lo segundo porque no se requiere ser ningún genio de la economía para percatarse que la revaluación del colón juega en contra de la reactivación de la economía y la generación de empleos.
3. Encima acontece que la recuperación económica anda en alitas de cucaracha. Las economías de Estados Unidos, Europa y Japón siguen atrapadas en un marasmo que parece infinito, el cual se complica con una situación social y política cuyo rostro es cada vez más hostil. Y es que la crisis económica mundial, que empezó tres años atrás, continúa impertérrita su curso destructivo, mientras juega al camaleón: de crisis inmobiliaria mutó en crisis financiera y luego a recesión mundial a crisis de la deuda pública europea y, ahorita no más, se reedita como crisis –o guerra como se está dando en llamarle- de las divisas, la cual, de desatarse a plenitud, podría tener consecuencias funestas. Y del desempleo ni se hable. Váyase a sabe cuál será el próximo bandazo de la crisis. Nada muy alentador que se diga, especialmente para una economía chiquitilla como la nuestra, conectada a profundidad –vía exportaciones e inversión extranjera- con la vieja Europa y, en especial, con el trastabillante gigante estadounidense ¿En qué cabeza cabe entonces venir a revalorizar la moneda a lo salvaje?
4. Los brillantes cerebros en que cuyas manos está el destino de nuestra economía han reaccionado frente a esta situación con la misma presteza con que lo haría una tortuga reumática. El Banco Central dijo que intervendría el mercado cambiario pero, según parece, todo terminó en agua de borrajas, un puro reventar de triquitraques. Lo último que se le oyó decir al Presidente del Central es que no cejará en su épica cruzada anti-inflacionaria. Como si eso fuera lo que interesa en un momento donde la inflación está en mínimos históricos. El problema es que el empleo también está en mínimos históricos ¡Si justo lo que la gente pide a gritos es trabajo y no cruzadas destinadas a aniquilar fantasmas! Y conste que, sin duda, una intervención decidida del Central para frenar la caída del dólar tiene sus costos. No es cosa que le salga de a regalado. Por su parte, Liberman habla de la creación, por parte de algún órgano del Poder Ejecutivo, de un fondo destinado a la adquisición de divisas. Obviamente eso tendría costos fiscales…lo que nos lleva al punto que sigue.
5. Acontece que doña Laura heredó de su antecesor una mesa servida con suculentas viandas. Una de estas un déficit fiscal del orden del 5% como proporción del PIB. El déficit no es necesariamente un problema y menos aún en tiempos de recesión. Lo que ya no es tan claro es que Arias haya concebido política fiscal anti-recesiva que tuviese sentido. Todo parece indicar que lo hicieron con la misma chapucería con que inauguraron la autopista-estafa a Caldera, en vez de preocuparse por crear condiciones que generaran posibilidades para alguna reactivación sostenible de los empleos y la producción.
6. Y así la señora Presidenta se ve enredada en un problema fiscal de oscura resolución. La mejoría en los ingresos fiscales es ciertamente parca y ello seguramente también es reflejo de la débil recuperación de la economía. En cambio, los gastos se muestran bastante más rozagantes. El gobierno habla, sin claridad alguna, de posibles reformas tributarias y con ello se juega el riesgo de que sus grandes aliados –los libertarios- le hagan trompas y amenacen romper su “pacto de gobernabilidad”, el cual, como se sabe, está destinado a garantizar un saqueo pacífico y armoniosa de las riquezas nacionales. También se sabe que, apegados a un ofertismo de silabario, los libertarios son enemigos acérrimos de cualquier impuesto.
7. Recortar el déficit fiscal en tiempos recesivos como los actuales es mala idea. De seguro Liberman lo sabe y es de suponer que se lo habrá explicado a su Presidenta, al menos en los ratitos que a ella le quedan libres después de sus conciliábulos con obispos y pastores donde se ponen de acuerdo para aplastar a gais y lesbianas y bloquear la fecundación en vitro. Si la economía anda renqueante, ponerse a cortar gasto público puede ser una excelente receta para el desastre. Pero el caso es que una economía tan sofocada no genera mucho espacio político para aumentar tributos…excepto, quizá, los más regresivos (convertir ventas en IVA y aumentarlo ¿al 20%?). Y ello haciendo acopio de cierto optimismo en relación con el grado de alienación y adormecimiento de un pueblo que, sin embargo, está sufriendo todos los embates de una economía semi-paralizada.

6. Digamos, para ir terminando este artículo (aunque, ni de lejos, agotando el tema), que el modelo neoliberal se encuentra en una complicadísima encrucijada. Agrego –haciendo acopio de mi maltrecha vanidad de economista de segunda fila- que es cosa que vengo advirtiendo desde hace algún tiempo. Retomo y resumo la idea en lo siguiente: el “éxito” en la atracción de capitales extranjeros ha terminado socavando las bases de la estructura exportadora. Así, los dos pilares del modelo entran en colisión. Los tratados comerciales –y en especial el firmado con Estados Unidos- prometen agudizar el problema: atraerán inversiones –ya lo están haciendo- destinadas a los mercados “abiertos”, como telecomunicaciones y seguros que, por añadidura, no son exportadoras (el modelo deviene así una completa paradoja). Da para pensar que persistirá la revalorización del colón mientras, como he explicado en escritos previos, se agudizan los problemas que ésta trae consigo para los sectores productivos orientados al mercado nacional que compiten con las importaciones.

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Publicado por ARGENPRESS