Jóvenes, ¿matan por amor?

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Por: Lydia Cacho – agosto 18 de 2012 – 1:42 Cacho en Sinembargo,
El jueves pasado por la tarde, dos estudiantes discutían cerca del auditorio universitario. La joven pelirroja de 19 años se notaba ofuscada mientras el joven Rafael de 22 años la comenzó a jalonear del brazo. Según testigos, Kathe comenzó a gritarle que la dejara en paz, cada vez elevaba más la voz y se escuchaba más aguda y temerosa. Una estudiante de la Ibero Puebla, donde sucedió el atentado de homicidio, me escribe que otros compañeros que estaban cerca de ellos les miraban con desaprobación, pero absolutamente nadie hizo nada por ayudarla. “Nosotros estábamos a unos metros y yo me sentí angustiada porque ella le gritaba que la dejara en paz, su voz era de miedo, dijimos vamos a ayudarla y un amigo dijo que no, que los dejáramos solos que eran novios y no era nuestro problema”. La estudiante de 21 años que fue testiga de los hechos y que me buscó a través de Twitter, se siente deprimida y angustiada, se pregunta por qué nadie, incluida ella, tomó en serio los gritos pues estaba claro que la víctima, ahora hospitalizada, no quería la cercanía del joven que portaba una navaja. Ella no es la única que no entiende la gravedad de los hechos; como tampoco parecen entenderlo las autoridades universitarias que en un comunicado señalaron el ataque mortal como “un asunto de carácter privado”. La violencia en el noviazgo no es un asunto privado, sino un problema de salud pública y educación, que en muchas ocasiones como esta, termina en causas penales. La joven se encuentra en este momento hospitalizada, grave pero estable, han dicho sus familiares. Las heridas causadas por dos puñaladas en el pecho y cuello estuvieron a punto costarle la vida. No es cosa menor que tres de cada diez adolescentes denuncian que sufren violencia durante el noviazgo y el 90 por ciento de las mujeres que denuncian violencia grave en el matrimonio admiten que habían vivido agresiones, psicológicas y físicas desde antes de casarse, pero que siempre creyeron que su pareja cambiaría porque así se los prometió. La confusión entre violencia y amor es aún patológica en una buena parte de nuestra sociedad. El amor violento es una construcción cultural. ¿Por qué la joven testiga y sus amigos que estaban a metros de la escena del crimen no hicieron nada? Por la misma razón que incitó a cientos de tuiteros a burlarse de este grave incidente, con la insensibilidad de quien ha normalizado la violencia cotidiana, el sexismo y la discriminación. Cientos de tuits hicieron alusiones soeces descalificando a la Ibero Puebla como un lugar inseguro, donde los “chicos bien” también “se pelean a puñaladas”. Valdría la pena hacer varias acotaciones. La primera es que este no era un pleito de pareja, el joven de 22 años tenía días acosando a la joven para que siguiera con él; ella se había negado en varias ocasiones. Él le enviaba mensajes al salón, por sms y a través de sus amigas. El estaba convencido de tener el derecho de imponer sus impulsos emocionales a los sentimientos de la chica; tanto así que planeó llevar una navaja a la escuela para apuñalarla a ella y luego supuestamente suicidarse con un “si no eres mía no será de nadie”. Ella dijo en varias ocasiones que no lo quería ver más, pero en un mundo en que la cultura del amor romántico reitera hasta el hartazgo que los celos son demostraciones de afecto, que el amor se gana con insistencia y no es necesariamente producto de la libre voluntad de dos personas, la voz de las mujeres que se niegan a aceptar relaciones afectivas y sexuales no deseadas no tiene valía. Desde 1980, en México se llevan a cabo encuestas serias para medir los niveles de violencia en el noviazgo, a pesar de ellos pocas universidades tienen programas que la visibilicen y la acoten para que el estudiantado comprenda y asimile que resulta inaceptable. En nuestro país, el 76 por ciento de las y los mexicanos de entre 15 y 24 años con relaciones de pareja, han sufrido agresiones psicológicas, 15 por ciento han sido víctima de violencia física y 16 por ciento, en su mayoría mujeres, han sido víctimas de al menos un ataque sexual. La encuesta realizada por el Instituto Mexicano de la Juventud ha impulsado a diversas organizaciones y escuelas a adoptar programas contra este flagelo que es el prolegómeno de la violencia en el matrimonio o en la pareja adulta. Resulta vital definir lo que hay que abatir. La violencia se refiere a toda acción u omisión que daña tanto física, emocional y/o sexualmente; tiene como fin dominar y mantener el control sobre la otra persona. Para ello se pueden utilizar distintas estrategias que comienzan con el ataque a su autoestima, los insultos, el chantaje o la manipulación sutil. Todo inicia con comentarios que sobajan a la otra persona, el control de su vestimenta y apariencia, la insistencia de vigilancia obsesiva de lo que hace a través de mensajes telefónicos; no aceptar que un no quiero, que en realidad significa no quiero. Luego viene el alejamiento de ciertas amistades que a la pareja le disgustan, los gritos, las escenas de celos, hasta que un jaloneo o una bofetada al estilo de las telenovelas se normaliza. Después esos controles medios ya no tienen efecto, llega entonces la etapa de luna de miel, en que el agresor pide perdón y jura no volver a actuar así, la víctima baja la guardia y entonces vienen más agresiones que pueden terminar en la hospitalización e incluso la muerte. La esencia de la violencia en el noviazgo, o en la pretensión del noviazgo, se basa en ignorar la voluntad y el bienestar de la otra persona para imponer la propia, sin derecho a negociar, a escuchar, a respetar. Aun cuando la mayoría de actos violentos de pareja son perpetrados por el hombre hacia la mujer, una vez que la violencia es parte de la dinámica relacional no tiene límites; lo mismo sucede entre parejas heterosexuales donde la chica es quien violenta que en parejas gays y lesbianas. Desde la secundaria hasta la vida adulta. Las preparatorias y universidades podrían acotar este problema con programas para desarticular el discurso del amor romántico tradicional y construir un discurso del amor en igualdad, educar en la negociación de conflictos y unificar la educación sexual con aprendizajes sobre el erotismo y la intimidad. La Ibero Puebla bien podría tomar esta desgracia como elemento pedagógico para demostrar que la violencia no es un asunto privado, para hablar abiertamente sobre de los indicadores de la violencia en el noviazgo que se da en todas las clases socioeconómicas en todos los países del mundo y descubrir, de la mano de las y los estudiantes, cómo erradicarla. Una chica de la Ibero Puebla tuiteó “ya no me siento segura en mi escuela”. En realidad sí es una escuela segura, pero lo que no es seguro es que algo similar no vuelva a suceder si no se ventilan los orígenes de la violencia en el noviazgo y se inicia una campaña educativa y de prevención integral. Por Katherine, no más violencia.

Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/opinion/18-08-2012/8930. Si está pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. SINEMBARGO.MX

AU: Amenazas de muerte contra Lydia Cacho Ribeiro, defensora de los derechos humanos y periodista

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Difusión Cencos México D.F., 7 de agosto de 2012

Acción Urgente
Front Line Defenders

Lydia Cacho es la directora y fundadora del Centro Integral de Atención a las Mujeres – CIAM en Cancún, una ONG que brinda apoyo a las víctimas de violencia sexual y doméstica y de trata sexual. Ha escrito seis libros sobre el crimen organizado, la pornografía infantil y la trata sexual. En el 2007, Lydia Cacho recibió el Premio Ginetta Sagan de Amnistía Internacional para la protección de los derechos de las mujeres y los niños.

El 29 de julio de 2012, Lydia Cacho Ribeiro, destacada defensora de los derechos humanos, recibió una amenaza de muerte anónima

El 29 de julio de 2012, Lydia Cacho estaba en su hogar cuando alguien intentó contactarla por medio de su transceptor de mano, utilizado únicamente para emergencias. Pensando que era un colega del trabajo, la defensora de los derechos humanos contestó, y un hombre que la llamaba por su nombre dijo lo siguiente: “Ya te lo dijimos, pinche puta, no te metas con nosotros, se ve que no aprendiste con la vueltecita que te dieron. La que te va a tocar va ser en pedacitos, así te vamos a mandar a casa, en pedacitos, pendeja”.

Ésta no es la primera vez que Lydia Cacho ha sido víctima de amenazas como consecuencia de sus actividades en defensa de los derechos humanos. Previamente, Front Line Defenders emitió llamamientos urgentes en relación con las intimidaciones, vigilancia y amenazas de muerte en contra la defensora de los derechos humanos en 2009, y el intento de asesinarla en mayo de 2007. También, fue brevemente detenida y acusada de difamación en relación con la publicación de su libro, “Los Demonios del Edén”, donde afirmó que una red de pederastas operaba baja la protección de ciertos políticos y empresarios en los estados de Quintana Roo y Puebla.

El 10 de agosto de 2009, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos otorgó medidas cautelares a Lydia Cacho y solicitó a las autoridades mexicanas a tomar las medidas necesarias para garantizar su vida y a investigar las amenazas de muerte, vigilancia e intimidaciones que dieron lugar al otorgamiento de las medidas cautelares.

Front Line Defenders manifiesta su grave preocupación por la integridad física y psicológica de Lydia Cacho y entiende que esta amenaza de muerte está directamente relacionada con su trabajo legítimo en defensa de los derechos humanos. Además, Front Line Defenders expresa su preocupación por la impunidad de los que profieren amenazas de muerte en México, e insta a las autoridades a revertir esta tendencia alarmante.

Firma: Actúa Ahora

Información difundida por el Área de Comunicación y Visibilidad de Cencos

México: Caminar y conspirar

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martes, 8 de mayo de 2012

Lydia Cacho (CIMAC)

Es absurdo marchar en México, dice un tuitero decepcionado. Y aunque mucha gente puede pensar como él, igual salimos a las calles a marchar para no darnos por vencidas.

Por eso se lanzaron a las calles las y los colegas de Veracruz, para recordarle, como bien dijo Julio Scherer, que no creemos más en la retórica del gobernador y que exigimos que asuma el poder que le fue confiado para gobernar y hacerse cargo de la seguridad.
Por la misma razón casi 400 madres del norte de México marcharán para llegar el 10 de mayo a la capital del país, porque ellas no podrán celebrar nada mientras sus hijas e hijos sigan desaparecidos.
Ninguna de esas madres duerme pensando que a su hija se la han llevado los tratantes de mujeres que alimentan la industria de la esclavitud.
Marchamos por la paz, por la igualdad, marchamos contra el feminicidio, contra la violencia hacia periodistas y contra las hambrunas y la pobreza.
Y quien crea que marchar es un sinsentido no ha experimentado la fuerza espiritual que genera un codo a codo por las calles, no ha saboreado cómo los pies cansados renuevan su fuerza ante la indignación de una madre que pisa fuerte para dejar huella de su añoranza por rescatar a su hija con vida, la mirada dulce de un padre que no se da por vencido aunque le digan que su hijo seguro por ser indígena era culpable de algo.
O no conoce la sensación de vida que otorga un vaso de agua entregado por manos desconocidas en medio del camino.
Porque nada se parece al sabor de la solidaridad, de ese momento bajo el sol en que todas y todos, en nuestra diversidad, somos ciudadanía plena que se derrama por las calles con la fuerza de quien se resiste a vivir sometido al miedo, esclavizado a la arrogancia del poder, a la desesperanza, a la corrupción.
Marchamos porque creemos y sabemos a ciencia cierta que los políticos tienen obligaciones y responsabilidades, y que nuestro silencio los fortalece y nuestra exigencia o los debilita o los obliga a hacer el trabajo para el cual les pagamos.
Marchamos contra la amnesia, porque sabemos que si el país entero, o al menos un puñado de personas compasivas y solidarias, reconoce el dolor de otros y la exigencia de justicia será más fácil seguir el camino de la paz frente a tanta violencia.
Salimos a andar la patria, o hacia un pedacito de geografía bajo algún símbolo patrio, para que se comprenda de una vez por todas que nuestras libertades no están en venta en esta recesión democrática, porque no creemos que la seguridad se adquiera con violencia de Estado y porque sabemos que nunca una guerra ha traído consigo prosperidad duradera.
Transitamos por el país con nuestras consignas a cuestas porque sabemos que es momento de preguntarnos a qué hora permitimos que los peores hombres y mujeres tomaran las riendas de este país, en qué preciso día de algún año confundimos el profesional ocultamiento sistemático de la verdad con la realidad.
En qué momento, preguntamos, la engañosa y apacible negación nos convenció de que la sumisión hacia el poder no nos esclavizaría.
Marchamos para que el miedo no nos mutile, lloramos un poco en catarsis públicas para seguir adelante y encontrarnos en la mirada de personas desconocidas que creen, igual que nosotras, que el mundo puede estar mejor.
Marchamos porque nos duele lo personal y lo personal es político. Marchamos para no creer que nuestra amiga, que hace un mes estaba viva, hoy yace muerta, porque nuestro joven colega que volvió a Veracruz porque creyó que podría trabajar de nuevo ya no tomará una sola fotografía; para que los extorsionadores no se apropien de nuestros negocios, producto de un gran esfuerzo.
Salimos y guardamos silencio porque sospechamos que los criminales imitan a los policías asesinos y los policías imitan a los criminales destazadores para confundirnos más de lo que ya nos confunde un Estado que permite mantener estable un 98 por ciento de impunidad. Caminamos para no desplomarnos, para seguir de pie, para seguir conspirando por la paz.
No importa si somos amas de casa, activistas, empresarios, ingenieros, estudiantes, madres o padres, abuelos o periodistas; las barreras han caído, somos el país que se desborda y busca un nuevo cauce, somos millones que salimos cada día de casa creyendo que todo estará mejor y sabemos que sin nuestra marcha, sin nuestras convicciones y acciones no habrá mas que el mismo camino viejo, ese que nos trajo hasta aquí.
Publicado porARGENPRESS

México: García Luna y las mujeres. Lydia Cacho

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martes 1 de noviembre de 2011

Lydia Cacho (CIMAC)¿Cómo se debe juzgar a un comandante de policía que intenta asesinar a una mujer que no le obedece? preguntó la abogada defensora al equipo de Genaro García Luna. Aún no llega la respuesta puntual, pero está claro que la postura del secretario de Seguridad Pública federal resultará vital para sentar un precedente.

Salvador Cruz Neri, coordinador estatal de la Policía Federal (PF) en Querétaro, tenía una relación sentimental con la suboficial Margarita González (muchas parejas resultan de esos grupos policiacos que tienen poco tiempo libre y una fuerte convivencia diaria con horarios e intereses similares).

Pero las cosas cambiaron para Margarita cuando en febrero de este año su entonces pareja decidió violarla. Varios colegas se enteraron, pero de la misma manera en que la violación en el lecho conyugal sigue generando inseguridad para las esposas victimadas por la ambigüedad generada por los lazos emocionales, Margarita no denunció.

Hace unas semanas Cruz Neri llegó al hogar de la suboficial en un vehículo blindado propiedad de la PF, armado y acompañado de su guardaespaldas; intentó forzar a su expareja a mantener relaciones sexuales. Ella se negó y frente a su escolta el jefe policiaco la atacó con tal virulencia que de no haber sido por la intervención del otro, probablemente Neri la hubiera asesinado.

Ella quedó inconciente y fue llevada de emergencia al hospital, donde se documentó la gravedad de la golpiza. Uniformados de la PF llegaron al hospital para advertir a Margarita que guardara silencio, ella les pidió que se retiraran.

Margarita pidió ayuda y la abogada chihuahuense Lucha Castro, experta en violencia de género, inició la defensa por intento de feminicidio. Gracias a presiones de organismos internacionales y grupos de mujeres, la SSP federal dio de baja temporal al agresor para investigarlo.

La importancia de este caso es vital para México. Porque cuando discutimos la limpieza de los cuerpos policiacos y su profesionalización, lo hacemos casi siempre desde lo abstracto, refiriéndonos a evitar que se corrompan.

Sin embargo, al igual que en los casos de militares que infringen la ley, queda claro que cualquier miembro de un cuerpo de seguridad pública debería de estar sujeto a un rasero moral ejemplar.

Porque cuando un policía cuya tarea es prevenir el delito y salvaguardar a las y los ciudadanos, utiliza el poder de su puesto, el uniforme, las armas, los vehículos del Estado para ejercer violencia y amedrentar a su víctima (sea o no su pareja) no solamente viola la ley sino debilita la credibilidad de la institución y fomenta la impunidad ejemplar.

La forma en que durante estas semanas actuaron un grupo importante de altos mandos de la SSP para amedrentar a Margarita revela que los pactos masculinos de protección a los agresores no tienen límites ni fronteras.

Durante más de 20 años la sociedad mexicana ha logrado evidenciar que la violencia en el ámbito doméstico es un asunto público, y que revela valores culturales de jerarquía unidireccional.

Ya las leyes la denominan violencia de género, justamente porque tiene componentes culturales, sociales y jerárquicos que buscan mantener un discurso machista que justifica y avala la violencia como instrumento de control.

El hecho de que los expertos en seguridad adviertan que la vida de Margarita y sus defensoras corren peligro real, nos revela los alcances que tienen ciertos miembros de la Policía Federal para ocultar un delito ya inocultable.

Otros policías, sin embargo, se han mostrado indignados y a favor de que Cruz Neri sea juzgado con doble severidad, primero por la violación y la tentativa de feminicidio, y segundo por haber utilizado su jerarquía, su cercanía a Cárdenas Palomino y el poder de la institución para intentar aniquilar a una mujer que se negó a someterse.

La valentía de Margarita es monumental, además de asumir el riesgo por decir la verdad y poner el ejemplo, se atreve a enfrentar al monstruo del sexismo al interior de un cuerpo policiaco al que ella pertenece, porque cree fervientemente que el país puede cambiar y que la policía profesional debe ser congruente.

Cuando fue contratada dijo estar dispuesta a jugarse la vida por su país, pero nunca imaginó que el enemigo vendría desde adentro.

La respuesta de García Luna no puede esperar y Margarita no está sola, es una mujer policía ejemplar, como las que necesita México.

Publicado por ARGENPRESS

Cuando el monstruo despierta

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martes 11 de octubre de 2011

Lydia Cacho (CIMAC)

Ella fue capitana del equipo de futbol. Una chica inteligente, sagaz, hermosa, que creció en una familia estable y afectiva y su primera relación amorosa en la adolescencia casi le cuesta la vida.

Antonieta tenía 16 años cuando su vida cambió, nadie le dijo que a las chicas educadas, estudiosas, listas las puede enamorar un chico violento, controlador que las amenaza de muerte por no obedecer.
Como a millones de adolescentes en todo el mundo, su madre le habló de sexo, de VIH-SIDA, pero nunca creyó necesario prevenirla sobre los síntomas de violencia en el noviazgo.
Su madre, una de las mejores reporteras latinas en Estados Unidos la rescató y juntas decidieron contar la historia para que las familias comiencen a hablar con sus hijas e hijos de cómo se cultiva la violencia en el noviazgo que puede terminar en feminicidio. En México tenemos miles de lecciones suficientes.
María Antonieta Collins es reconocida en Latinoamérica por sus reportajes serios y comprometidos, pero hace unos años tuvo que enfrentar la tarea más difícil de su vida: documentar en el libro “Cuando el monstruo despierta (confesiones de padres de adolescentes)”, editorial Random House, la historia de su hija con un asesino potencial.
Para hacerlo, María Antonieta abrió la puerta a miles de historias similares ocultas en el clóset de vergüenzas familiares. Ella decidió que las víctimas y sobrevivientes de violencia nunca deben esconderse, ni avergonzarse de haber sufrido en manos de terceros, por el contrario: convertir las tragedias familiares en aprendizaje colectivo es la salvación para miles y la transición hacia la sanación.
Desde que apareció este libro lo recomiendo y obsequio cada vez que padres o madres se me acercan para preguntar cómo saber si su adolescente puede estar en una relación violenta o si su embarazo a los 12 años puede ser producto de un abuso soterrado.
Este es sin duda un libro de cabecera para la prevención de la violencia en el noviazgo. María Antonieta lo dice claramente: una familia que no vive violencia de pareja difícilmente creerá que su hija está expuesta a ello, pero sin duda las chicas que aprenden que el amor es equitativo, sano, nutricio e igualitario, pueden crecer creyendo que ésa es la regla y que no hay peligros en el amor o en el noviazgo, con el más que tradicional “nunca creí que a mí me fuera a suceder”, hasta que sucede.
Difícilmente madres y padres encuentran herramientas para enfrentar la violencia adolescente de sus hijas e hijos. Este libro sin duda tiene el gran mérito de haber transitado de una denuncia indispensable a un instrumento educativo y de recursos ejemplares que cientos de madres y padres de chicas que en igual circunstancia compartieron con la autora.
Lecciones de la honestidad entre madres e hijas, de la necesidad de que el padre eduque desde el ejemplo; hasta las lecciones de por qué no debemos actuar como amigas de nuestras hijas sino como adultas que aportan estructura afectiva y reglas formativas claras.
Podemos ver las estadísticas de embarazos adolescentes casi siempre en referencia a una pobre educación sexual y desde la perspectiva de salud pública; leemos acerca de la creciente desaparición de chicas de 12 a 18 años en manos de tratantes de la industria del sexo comercial desde una perspectiva de lo criminal, pero casi nadie nos dice que el origen de esa vulnerabilidad se correlaciona con la violencia en el noviazgo, con relaciones desiguales, con un juego pueril del amor controlador y violento del que nunca hablamos.
Sin intención de moralizar desde la mojigatería y con una perspectiva honesta y plural, María Antonieta nos hace reflexionar, indignarnos, pero sobre todo aprender a prevenir.
Mientras la gente habla sólo de la guerra y la corrupción, madres y padres tenemos una tarea pendiente: reivindicar el amor, unificar la educación sexual con aprendizaje sobre el erotismo y la intimidad; hablar de los indicadores de la violencia en el noviazgo y llevar a las escuelas la preocupación para arrojar luz sobre este flagelo social, pero no instigando miedo y exclusión en chicos y chicas, sino acercándoles a un discurso amoroso, libre y sin violencia; a herramientas para descubrirlo en sí mismos.

México: Nuevas amenazas de muerte contra Lydia Cacho

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jueves 30 de junio de 2011

 

CIMAC

En México, la impunidad ha propiciado que las amenazas de muerte contra periodistas y defensoras de Derechos Humanos sean una constante; en lo que va de este año 14 mujeres periodistas han sido agredidas y ningún caso ha sido resuelto, según reporta Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC), a través de su programa de Libertad de Expresión y Derechos humanos.

Según el informe 2010 sobre el estado de la libertad de expresión en México, del Centro de Periodismo y Ética pública (CEPET), en el país cada dos días una comunicadora o comunicador fue agredido. En ese año se registraron 139 víctimas de las cuales al menos 18 (13 por ciento) fueron mujeres.
En diversos foros, periodistas han advertido del peligro que representa ejercer la labor periodística en el país, pero sobre todo del que representa la impunidad ya que si no se castiga a los responsables de las agresiones y amenazas, “el mensaje es que pueden volver a hacerlo y no les va a pasar nada”.
Esta situación la conoce muy bien la periodista y defensora de derechos humanos Lydia Cacho, quien fue amenazada de muerte nuevamente el pasado 14 de junio a través de su correo electrónico y de llamadas telefónicas que hacen referencia a su trabajo periodístico.
Por ello la organización internacional Artículo 19 hizo un llamado al Estado mexicano para que cumpla cabal y efectivamente con la implementación de las medidas cautelares otorgadas en 2009 por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para proteger a la periodista, así como para que investigue las recientes amenazas de manera puntual y que se lleve a juicio y condena ha los responsables.
Cabe recordar que la CIDH pidió las medidas para la periodista debido al hostigamiento y amenazas de las que fue objeto por parte de hombres armados desde 2005. Desde entonces, dice artículo 19, las agresiones no han cesado y se ha podido constatar que las medidas dictadas por la CIDH no han sido cumplidas ni en un 50 por ciento.
En 2005 Cacho Ribeiro publicó el libro “Los Demonios del Edén, el poder que protege a la pornografía infantil”, en donde reveló la existencia de una red de explotación sexual y pornografía infantil que operaba bajo la protección de políticos y empresarios. Por ello fue hostigada, detenida, torturada y amenazada.
Otra periodista amenazada en semanas anteriores, fue Ángeles Mariscal, quien fue retenida mientras cubría la audiencia pública del exgobernador de Chiapas, Pablo Salazar Mendiguchía.
En lo que va de este año se han registrado al menos cuatro agresiones a periodistas en la entidad, quienes ya interpusieron su denuncia, sin embargo continúan las amenazas.
Angeles Mariscal y su esposo, Isaín Mandujano, han sido víctimas de hostigamiento y amenazas desde hace cuatro años, ahora éstas se han traducido en campañas de desprestigio en redes sociales, sin que hasta el momento las autoridades competentes les hayan garantizado la seguridad ni a su familia, y el derecho a la libertad de expresión.

En el informe 2010, el CEPET señala que si bien la violencia generalizada en el país impacta en el trabajo de las y los periodistas, la delincuencia organizada no es el único agresor, en 33 de los 139 casos registrados, el Ejército, policías municipales, estatales, federales, jefes policíacos y escoltas personales de autoridades, fueron señalados por ejercer algún tipo de violencia contra las y los periodistas.

La mujer del sicario

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Lydia Cacho

Sentada frente a mí está “Lupe”, delgada ojerosa y asustada. “Nos va a matar, Lydia, nos va a matar”. Se refiere a Octavio su esposo, un albañil que al perder su trabajo hace dos años fue invitado por un vecino a trabajar de vigía de narcotienditas disfrazadas de expendios de cerveza en el centro de Cancún. “Él era un buen hombre, nunca nos había pegado, nomás gritaba”. A la mujer, como a otras esposas de narcotraficantes y sicarios que he entrevistado, no le queda muy claro qué sucedió con su esposo. Seis meses después de ser vigía, el jefe de zona descubrió que era magnífico manejando el machete, por su infancia campesina.

Octavio explicó a su mujer que lo habían ascendido, que unos policías de Cancún lo iban a entrenar en un rancho a la salida a Mérida; a tres kilómetro de la base militar tienen una escuela. Les enseñan a disparar, a ahorcar, a asesinar y a torturar. A Octavio le asignaron dos tareas: vigía y cortacabezas. Estaba emocionado, por primera vez en su vida podía llevar dinero a casa, ir al supermercado como la gente rica, comprar una carriola para su bebé y una motocicleta que siempre quiso. Renovó la cocina de la casa para que su mujer estuviera a gusto y cocinara frijol con puerco. A ella le regaló como protección una medalla grande de puro oro de la Virgen de Guadalupe.

“Cuando comenzó a contarme cosas yo me asustaba, y si le decía algo me decía que era un trabajo más, y que sus jefes eran policías, que el procurador sabía y tenían prometido para no meterse con ellos. Empezó a traer los periódicos, él ni sabe leer, guardaba las fotos grandes y los pegaba en el baño, en la pared. Yo decidí irme el día que me dijo: ‘Mira, a éstos me los eché yo’. Era la foto del Poresto, donde estaban unos policías degollados. “Yo no quiero que mi hijo aprenda a su papá”.

En realidad “Lupe” decidió irse el día que él le puso una golpiza cargando al bebé y la amenazó con ultimar su vida si lo dejaba. Desde un lugar seguro la mujer me mira y pregunta una y otra vez ¿cómo se vuelve uno tan malo?, ¿qué les pasa, apoco todos podemos volvernos así y matar con tanta saña?

Octavio pertenece a los grupos de sicarios desechables. Hombres de estratos sociales bajos que han perdido el trabajo, hartos de la pobreza, cargados de una fuerte dosis de resentimiento social, criados en familias en que la violencia es un método educativo normalizado. No son los sicarios de élite, como el profesional entrevistado por el periodista Charles Bowden en el documental El Sicario room 164 (reseñado en la revista Proceso del 6 de febrero).

Los profesionales en defender a los cárteles, entrenados con tácticas policiacas y de guerra, son los que llevan a cabo trabajos en conjunto con militares y federales corruptos, los que ofrecen protección y limpieza social a los procuradores de los diferentes estados de la República, los que ultiman a agentes de la DEA, ICE y FBI, acribillan a políticos de alto rango, o matan a soldados de cárteles enemigos.

Sin embargo, lo que ambos tipos de sicarios tienen en común es la facilidad con que asumen la personalidad de multihomicidas, la falta de filtros emocionales que los hacen pasar de una vida normal a una de torturadores y verdugos. ¿Cómo pasan de personas normales, a sádicos inquebrantables?, ¿qué les inspira, qué les mueve? Tal vez habría que entender cómo adquieren ese sentido de pertenencia que nadie más les ofreció nunca, cómo hacen del odio su religión y de la muerte un rito pasajero de poder y gloria. Creo que sólo se aprende a gozar del dolor ajeno cuando no se puede con el propio.

Me parece que la pregunta de las mujeres de sicarios que he entrevistado, es la pregunta de México. ¿Cuándo y a qué hora dejamos de mirar cómo se deshumanizaban miles de personas en nuestro país? O preguntaremos como lo hizo Benedetti, el poeta: “Qué cangrejo monstruoso atenazó tu infancia, qué paliza paterna te generó cobarde, qué tristes sumisiones te hicieron despiadado”.

Y volver a empezar, aunque suene aburrido, a exigir e implementar otra manera de educar. Exigir el fin de una guerra absurda que propaga la veneración por la muerte y asume la violencia como único método de resolución de conflictos. Volver al origen, cuando matar sonaba absurdo, indeseable, imposible, inaceptable.

http://www.lydiacacho.net Twitter: @lydiacachosi

Periodista