72 Migrantes

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México D.F., 23 de agosto de 2011 (Cencos).- 72 migrantes fueron encontrados sin vida en San Fernando, Tamaulipas hace un año. Entre el pasto algo crecido de una especie de bodega sin techo en un rancho de esa localidad yacían los cuerpos de quienes querían una mejor vida para ellos y sus familias. Eran de Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Ecuador, Brasil… un puñado de historias de entre los miles de hombres y mujeres que en su transito por nuestro país el Estado es incapaz de proteger.

Crimen de Estado con raíces profundas

El Tribunal Internacional de Conciencia de los Pueblos en Movimiento convocó a una conferencia de prensa en Serapaz en el marco del primer aniversario de la masacre de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas. “Hablo en nombre del pueblo de San Fernando –exclamó el padre Pedro Pantoja, Director de Belén Casa del Migrante en Saltillo, Coahuila- soy el pueblo de los migrantes asesinados, de las fosas, soy un pueblo atropellado, sangro y lloro”.

Un año después de aquel “crimen de Estado” la impunidad persiste. Todos coincidieron en nombrar así, crimen de Estado, a dicha tragedia por “las acciones, omisiones o aquiescencias de los tres poderes del Estado mexicano” como recalcó el padre Miguel Concha Malo, director del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria.

Se abordaron varios problemas clave que detonan la migración, en la que los gobiernos de cada país de Centroamérica, México u otros países con un flujo significativo, no brindan a su población una vida digna, por lo que deben buscarla fuera de su tierra, subrayó Ana Lorena Delgadillo de la Fundación para la Justicia y el estado Democrático de Derecho, y agregó que no hay investigación unificada y propuso la creación de un grupo de expertos que la lleven a cabo.

Asimismo, “la ganancia como acumulación excesiva de dinero para unos pocos, de manera ilegal, es la causa profunda de la migración y, en consecuencia, de éste tipo de tragedias”, afirmó el obispo Raúl Vera López de la diócesis de Saltillo. De modo que debe resolverse a nivel internacional y no local o aisladamente debido a la magnitud del fenómeno. San Fernando es solo uno de tantos referentes, tantas historias de la muerte y violación sistematica de los derechos humanos de los y las personas migrantes.

En Estados Unidos, se suma el hecho de que mantienen en el poder y la ignominia a los funcionarios del gobierno, agregó el profesor de derechos humanos en UACM y secretario del Tribunal, Camilo Pérez Bustillo. Además, mantienen como política de Estado que el gobierno mexicano sea el encargado de velar por su seguridad en lugar de por su propia soberanía, agregó el exdiputado federal migrante, José Jacques Medina del Movimiento Migrante Mesoamericano, de la Red Migrante y participante de la Caravana Paso a Paso por la Paz.

Según el Padre Alejandro Solalinde del albergue Hermanos en el Camino en Ixtepec, Oaxaca, es el “pinche sistema capitalista que nos está depredando” y puntualizó tres situaciones en consecuencia: la xenofobia que el mismo gobierno propaga en la sociedad, el reclutamiento forzado y la impunidad. Ellos “no son una fotografía son un crimen en movimiento porque no ha parado, pues la violencia en el país continúa, sigue en aumento.” Exigió también, que se suprima la Iniciativa Mérida, pues, es “como un puñal a los centroamericanos”; y así también, debe suprimirse el Instituto Nacional de  Migración.

“No podemos seguir habituándonos a esto, queremos otro mundo”, reclamó Raúl Vera. “A pesar de éste dolor, se estructuran dos tipos de sociedades: una indignante que nunca estará del lado de las víctimas y una nueva sociedad global, incluyente e indignada, que reconstruirá el tejido social” finalizó el Padre Pantoja.

Más información

A un año de la masacre de migrantes, indiferencia, olvido y xenofobia

72Migrantes.com
Qué es el altar virtual
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Audios: 72 Migrantes, una ofrenda sonora

Casa del Migrante “La 72”
Acciones en el aniversario de la masacre en San Fernando, Tamaulipas

Los 72 migrantes, su historia en los medios
Masacre de San Fernando, Tamaulipas en los medios
Más información sobre la situación de migrantes en México en Cencos.org

Guatemala pide a México continuar la investigación por la masacre

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martes 23 de agosto de 2011

 

PL

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Guatemala solicitó a las autoridades mexicanas continuar las investigaciones sobre una masacre de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas, al cumplirse un año del hallazgo.

La Cancillería recuerda la matanza de aquellas personas, entre las cuales se encontraban 13 de nacionalidad guatemalteca, pero aún queda por identificar idéntica cifra.
Por ello pidió no dar por concluidas las pesquisas del caso para poder conocer si entre los restantes cuerpos hay otros de migrantes de este país.
Reitera en un comunicado que en tres ocasiones solicitó postergar la inhumación de los restos pendientes de identificar, pero los 13 cuerpos restantes fueron enterrados en junio.
El Ministerio de Relaciones Exteriores exigió a las autoridades mexicanas una investigación profunda para dar con los responsables de la masacre y hasta la fecha fueron detenidas al menos 20 personas vinculadas, explica el texto.
Expresa que tras los hechos en San Fernando existe un considerable deterioro en la seguridad de la comunidad guatemalteca migrante en México, con acciones tales como los secuestros masivos ocurridos en Oaxaca en diciembre de 2010.
Igualmente menciona la muerte de un número aún indeterminado de ciudadanos de este país en las masacres ocurridas en marzo y abril de 2011 en estados del norte de aquella nación vecina.

De acuerdo con el comunicado, la Cancillería continuará realizando todas las gestiones correspondientes por ley para brindar seguridad, asistencia, atención y protección necesarias ante las autoridades mexicanas para garantizar la seguridad de los migrantes.

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A juicio participantes en masacre de guatemaltecos

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miércoles 17 de agosto de 2011

 

PL

Cuatro de los participantes en una masacre de 268 campesinos guatemaltecos durante el conflicto armado interno aguardan hoy en prisión el proceso judicial en su contra.

La decisión de una jueza del juzgado primero de alto riesgo de llevarlos a juicio renueva la esperanza de familiares de las víctimas en poderles pasar cuentas a pesar del largo tiempo transcurrido.
Estos implicados son un excomisionado militar y tres exmiembros de las desaparecidas fuerzas paramilitares Patrullas de Autodefensa Civil (PAC) acusados por la matanza perpetrada en la aldea Plan de Sánchez, Rabinal, departamento de Baja Verapaz, el 18 julio de 1982.
En una denominada audiencia de primera declaración todos se declararon inocentes, pero aún así la jueza los envió al penal preventivo de esta capital con cargos de asesinato y delitos contra deberes de la humanidad.
Los implicados fueron capturados a poco de haberse dictado una histórica sentencia para cuatro exmilitares por la masacre de unos 250 campesinos el mismo año en la aldea Dos Erres, demarcación de Petén, a cargo de tropas elite del Ejército, los kaibiles.
En esta ocasión las autoridades informaron que restan más detenciones por aquella acción castrense hace 29 años, en la cual tuvieron relevante participación las PAC.
Sobrevivientes y parientes de las víctimas presentaron en 1996 una demanda ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la cual condenó en 2004 al Estado de Guatemala.
La masacre ocurrió durante el régimen de facto del general Efraín Ríos Montt (1982-1983), al igual que la de Dos Erres, y el proceso estuvo detenido por varios años.
A raíz de estos arrestos los medios de prensa recuerdan los hechos acaecidos en Plan de Sánchez, uno de los tantos denunciados tras concluir la guerra (1960-1996) cuyos responsables fueron las fuerzas de seguridad en cumplimiento de políticas oficiales.
Los pobladores de Plan de Sánchez eran acusados por los militares de pertenecer a la guerrilla, pues se negaban a integrarse a las PAC.

Las decenas de matanzas perpetradas en la época formaban parte de las operaciones de las fuerzas castrenses por las políticas de tierra arrasada con el argumento de acabar con los insurgentes y sus bases de apoyo.

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Guatemala: Inicia juicio contra ex kaibiles acusados de masacrar a 250 personas

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viernes 22 de julio de 2011

 

CERIGUA

Cuatro ex kaibiles del ejército guatemalteco acusados de participar en la masacre cometida en la aldea Las Dos Erres, en La Libertad, Petén, al norte del país, en 1982, comparecerán en juicio ante la Sala de vistas de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) el próximo 25 de julio, acusados de los delitos de asesinato, delitos contra los deberes de humanidad y de hurto agravado.

Tras varios años de búsqueda de justicia que pasó al plano internacional con una demanda en el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, el próximo 25 de julio se dará la apertura del debate oral y público contra los ex kaibiles Manuel Pop Sun, Carlos Antonio Carías, Reyes Collin Gualip y Daniel Martínez Méndez, únicos capturados de los 17 sindicados de ser los autores materiales de la masacre en donde murieron 250 personas.
Aura Elena Farfán, de la Asociación Familiares de Detenidos-Desaparecidos de Guatemala (FAMDEGUA), querellante en el caso, manifestó que la esperanza de las víctimas y de la organización es que los tribunales den una sentencia condenatoria a los acusados y no medidas sustitutivas.
Es importante que sean condenados para sentar un precedente en la historia del país, agregó Farfán, quien aclaró que es la primera vez que se juzga a miembros de una patrulla elite del ejército por una masacre cometida durante la guerra interna.
Con anterioridad la justicia guatemalteca condenó a ex comisionados militares por el caso de la masacre de Río Negro, registrada en el departamento de Baja Verapaz, también durante la guerra interna.
Edgar Pérez, abogado de FAMDEGUA, manifestó que desde el año 2000 los 17 sindicados tenían orden de aprehensión pero una ola de acciones de amparo interpuestas por los militares, 50 en total, detuvieron las capturas.
En 2009, el caso de Las Dos Erres llegó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH), que condenó al Estado guatemalteco por violaciones a convenciones internacionales como Belem do Pará y algunos artículos de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, por haber vulnerado el acceso a la justicia por parte de las víctimas de la masacre.
La CorteIDH ordenó al Estado guatemalteco la puesta en vigencia de las 17 órdenes de captura dictadas y suspendidas por la Corte de Constitucionalidad (CC), dejando sin efecto el procedimiento de la Ley de Reconciliación Penal y todas las acciones que fueran obstáculo para el acceso a la justicia.
Pérez señaló que aunque en 2010 se logró la captura de dos ex kaibiles, dos oficiales de alto rango, el coronel Roberto Aníbal Rivera, quien ocupaba el puesto de director administrativo en el Ministerio de la Defensa y el teniente César Adán Rosales, fueron evidentemente avisados de su captura, tras lo cual se dieron a la fuga.
Otro ex kaibil, Pedro Pimentel Ríos, fue extraditado recientemente al país desde Estados Unidos, pero aún no se ha procesado una acusación en su contra; también fue capturado en Estados Unidos, el ex kaibil Gilberto Roldán, condenado a 10 años por fraude migratorio y el subteniente Jorge Vinicio Orantes, detenido y capturado en Canadá.
La masacre de Las Dos Erres
La masacre de Las Dos Erres fue una de las más sangrientas cometidas por el ejército guatemalteco dentro de la política contrainsurgente del Estado en el marco de la guerra interna; de acuerdo con FAMDEGUA, los miembros de la patrulla mataron a niñas y niños lanzándolos vivos a un pozo de 12 metros de profundidad.
El grupo elite incursionó en la comunidad en diciembre de 1982 con el objetivo de recuperar 21 fusiles que habían sido robados a las fuerzas armadas por la guerrilla y que supuestamente estaban en la comunidad.
Durante la matanza los miembros del grupo elite cometieron violaciones sexuales a mujeres y tortura contra los hombres y la aldea fue arrasada en su totalidad; según la entidad fueron masacradas más de 250 personas.

Tras la denuncia de un cementerio clandestino en ese municipio, FAMDEGUA inició una exhumación en 1994, con el apoyo de un equipo de antropólogos argentinos, en la que se recuperaron 160 osamentas.

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Colombia: La masacre de Puente Nacional

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jueves 19 de mayo de 2011

Alberto Pinzón Sánchez (especial para ARGENPRESS.info)

La calle de la “cantarrana” de Puente Nacional, es una calle cóncava, hoy cementada, que se inicia en la plaza principal del pueblo a un costado de la iglesia y desciende suavemente por entre casonas para luego ascender un poco más, hasta convertirse en un camino colonial de herradura que conduce hasta la cima de una loma llamada la Cuchilla y continuar hacia los pueblos de la vertiente occidental del vale del río Saravita o Suárez. En la mitad de la calle y en el solar de una de estas casonas sombreado por un frondoso árbol de mango, hubo un pequeño circo de arena fina y amarilla de unos cinco pasos rodeado por un armazón de listones de madera como asientos para los apostadores, usado como gallera, en donde yo siendo aún niño presencié estremecido la única riña de gallos en mi vida.

Al atardecer plomizo y nublado del 29 de septiembre de 1960 ( ¡Qué recuerdo y sin conjuro!) unos cuantos metros más allá de la gallera, se realiza el velorio de Eustorgio Ariza, un dirigente local del Movimiento Revolucionario Liberal de López Michelsen; asesinado dos días antes por la cuadrilla de Efraín González, un exmilitar de bajo rango convertido en sicario del partido conservador o “Pájaro”, traído desde el Quindío con armas equipaje y cuadrilla sin que ninguna autoridad lo notara, por la dirigente puentana del partido conservador Matilde Castañeda. A Eustorgio con quien ella había tenido pleitos de linderos, como tantos otros pequeños propietarios agrarios, se le acusó y ajustició por haber “simpatizado” con el guerrillero liberal Carlos Bernal, partidario de una reforma agraria radical tipo “castrista”, entonces en boga
La mayoría de miembros del directorio liberal de Puente Nacional y amigos de Eustorgio están en ese velorio o novenario, compungidos y confusos por el recrudecimiento de la violencia con que el partido conservador ha iniciado su ofensiva electoral para conservatizar y controlar la región y el país. Súbitamente, al oscurecer de esa tarde, viene por el camino, despavorida gritando, llorando y lamentándose como una loca María Encarnación Pinzón, a quien la cuadrilla de Efraín González pocas horas antes, le había matado su esposo, su hijo y le había quemado su casa situada unos kilómetros arriba.
Desemboca en la calle de “la cantarrana” y los asistentes al velorio salen presurosos a informarse de lo que ella grita. En ese momento dos ráfagas de ametralladoras emboscadas dejan tendidos en el suelo 30 personas. Efraín González y su cuadrilla gritando vivas al partido conservador y abajos al “chusmero liberal” Carlos Bernal, rematan algunos heridos y emprenden la retirada, dejando una profunda e imborrable cicatriz en la memoria de todos: 13 muertos y 17 heridos imposibles de atender en el pequeño y mal dotado hospital municipal, el cual 20 años después cuando realicé allí una práctica medica, seguía igual.
El ejército acuartelado en el marco de la plaza a 400 metros del lugar de la masacre, hace su aparición cautelosa 20 minutos más tarde y luego, mientras el pueblo espantado o aterrorizado y en silencio ayuda a los sobrevivientes heridos, llega la autoridad a prometer una exhaustiva investigación. El gobierno liberal- conservador o bipartidista de Lleras Camargo concluyendo el ritual de la promesas ofrece un castigo con todo el peso de la ley, pero, la alianza bipartidista liberal-conservadora del Frente Nacional continúa gobernando sin ninguna fisura en su interior, y Efraín González con su cuadrilla (cual si hubiese sido un calco pretérito de Carlos Castaño) prolonga durante 5 años más sus servicios a la gloriosa causa de la lucha contra el comunismo y la conservatización del país, tal como él mismo lo confesó:
…” ¿Sabe una cosa Doctor? Dijo Efraín González en Enero de 1965, en un lugar de la zona esmeraldífera de Boyacá, acercándose al Parlamentario seguidor del ex dictador Rojas Pinilla, Benjamín (Mincho) Burgos Puche:
-Yo soy para el gobierno un tipo mucho más peligroso que Tirofijo. ¿Sabe porque? Porque él al fin y al cabo él es un hombre de Izquierda, está al otro lado, su lucha es idealista. Pretende que seamos gobernados por un régimen similar al de Cuba, al de Rusia. ¿Pero yo? ¿Ha pensado usted doctor qué clase de tipo soy yo?
-No, no entiendo dijo azorado Mincho Burgos ¿Que es lo que piensan de usted? ¿Por qué es usted mucho más peligroso que Tirofijo?
-Porque Yo soy la mala conciencia del Partido Conservador. Yo les he servido a todos y todos me han traicionado. Yo he cometido bellaquerías en su nombre, yo he contribuido a la causa del partido conservador, matando y corriendo liberales y gente de izquierda. Yo serví a los Laureanistas, a los Ospinistas, a todos los grupos en que se ha dividido el conservatismo.
¿Por qué? Solo porque buscaba la amnistía para poder trabajar, para poder vivir en paz con los míos. ¿Pero que he recibido a cambio? Traición. Me prometió la amnistía Alberto Lleras. Nos cruzamos cartas a través de un sacerdote misionero. Pero Lleras amnistió a los guerrilleros del llano porque eran liberales. A mí no, por ser conservador. Entonces busqué pacientemente a la gente de mi partido. Me lo prometió Guillermo León Valencia, a través de los Senadores, Sorzano González y Silva Valdivieso. ¿Pero donde está la ley? Todo ha sido mentira. Puras promesas. Ninguno de los dos gobiernos cumplió su palabra, en cambio me han echado al Ejército y a los Tiras. Por eso estoy en guerra y voy a seguir dándome bala con ellos. Toda la que quieran. ¿Entiende, doctor?…. Luego le dijo mirándolo a los ojos -Espero que la Anapo y el general Rojas Pinilla, no me jueguen sucio. Porque ese día formaré un ejército completo para acabar con todos. ¿Entiende, doctor?”. (1)….
Por esta fecha, para que la memoria siga siendo memoria, los puentanos marcan con pétalos de muchas flores el camino que aquella noche, hace 51 años, recorrió el terror de la muerte oficial.
Nota:
1) Pedro Claver Téllez. Efraín González. La dramática vida de un asesino asesinado. Editorial Planeta. Bogotá 1993. Páginas 355 y 356

Fuente imagen: VANGUARDIA.com

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A tres años de la masacre de Sucumbíos, Ecuador

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Difusión Cencos México D.F., 2 de marzo de 2011

Pronunciamiento
Asosiación de Padres y Familiares de Víctimas de Sucumbíos, Ecuador

Hoy 1 de marzo del 2011 recordamos a nuestros hijos, siempre presentes en nuestra memoria, por su alegría de jóvenes con una gran madurez intelectual, reflejada en su preparación en sus estudios profesionales, su dedicación a la lectura no solo de lo académico sino también como autodidactas; su amor y su entrega a las causas justas manifestándose de manera coherente y consecuente en la protesta y la solidaridad, hijos legítimos de las causas más nobles de nuestro país y del mundo.

Verónica, Juan, Fernando, Soren y Lucía los recordamos en su gesto heroico de penetrar en la selva amazónica del Ecuador en busca del conocimiento directo sin intermediarios, al querer constatar de cuerpo presente la realidad de la guerrilla más antigua del mundo, en un campamento de paz y de relaciones internacionales en suelo ecuatoriano.

Recordamos a cuatro jóvenes mexicanos que fueron asesinados por el ejército colombiano mandatado por un estado terrorista allá en el sector de Angostura o la Ceiba de la Parroquia Santa Elena, Cantón del Putumayo, provincia de Sucumbíos en la República del Ecuador muy lejos de casa de la familia, de los amigos, de las aulas de “Filos” de la UNAM y del Politécnico, del novio y de las novias.

Los recordamos por su sonrisa, su mirada limpia y diáfana, jóvenes con una gran sabiduría que la ejercían en su quehacer cotidiano, con su sencillez que no solo habían aprendido de sus familias sino del pueblo de México, así como en su honestidad, en su personalidad y en su trabajo intelectual y su ente político de todo ser humano.

Los recordamos cómo ejercían sus mentes jugando ajedrez y por su buen gusto por la música con un carácter polifacético, jóvenes que rechazaban la riqueza y la ostentación, pues sabían apreciar los mejores valores del ser humano, aquellos que no se cotizan en las bolsas de valores ni los Bancos.

Es grato recordarlos cuando se reunían en las salas o los patios de sus casas para comer y tomar cerveza, platicando y bromeando entre ellos, escuchando música y fumar cigarrillos sin filtro, todavía escuchamos sus risas a pesar que han transcurrido tres años.

Hoy recordamos sus familias, sus amigos, compañeros y mucha gente quienes seguimos su ejemplo de solidaridad al grito de justicia, que se escucha no solo en México sino en diferentes partes del mundo, porque los responsables de la masacre de Sucumbíos no han logrado pese a su campaña mediática de calumnias, convencer a la opinión pública, ni pueden ocultar que es un claro y descarado crimen de Estado. En éste día, 1 de marzo somos más gente que estamos con ellos que todos los soldados que con alevosía y ventaja los ultimaron a traición y seremos más porque los cuatro estudiantes mexicanos ya están en la Historia de Latinoamérica. Y respecto a Lucía no dudamos que saldrá muy pronto con la frente en alto a integrarse a su lugar que le corresponde, absuelta de esas infames y criminales denuncias de Colombia, Ecuador y México.

México D.F. a 1 de marzo del 2011

Colombia, diciembre de 1928: La masacre de las bananeras

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viernes 17 de diciembre de 2010

Hernando Calvo Ospina (especial para ARGENPRESS.info)

No ha sido la imaginación del colombiano Gabriel García Márquez, premio Nobel de Literatura. No. Lo que narró sobre ello en su obra cumbre, «Cien años de Soledad» es la absoluta y triste verdad. La matanza y represión a los obreros comenzó a la madrugada del 6 de diciembre de 1928, y sólo se detuvo como tres semanas después. Fue en las plantaciones bananeras de la United Fruit Company, en el Caribe colombiano. Así fueron los primeros pasos del terrorismo de Estado en Colombia…

En Colombia, con las primeras luces del Siglo XX los yacimientos de petróleo, oro, platino y otros preciosos metales son casi regalados a empresas estadounidenses e inglesas. A sociedades de estas naciones son entregados extensos territorios para la explotación sin moderación de banano, cacao, tabaco y caucho. Con el beneplácito del gobierno, el personal empleado por estas compañías era tratado como en la época de la colonia.
La industrialización iniciada en aquellos primeros veinte años dio nacimiento a una burguesía urbana, y asimismo a un sector obrero que comenzó a reclamar mejoras sociales. Siguiendo su ejemplo, campesinos, indígenas y artesanos también procuraron organizarse. Estos incipientes movimientos reivindicativos dieron paso a las primeras organizaciones sindicales y políticas.
Ese embrionario proceso organizativo recibió un aliciente externo decisivo. En octubre de 1917 se produjo la Revolución de Octubre en Rusia, liderada por Vladimir Lenín, y el establecimiento de la Unión Soviética, estableciéndose la primera experiencia de construcción del socialismo. Este acontecimiento pasaría a influir de manera determinante en el pensamiento político y social mundial, como lo había sido la Revolución Francesa en 1789. Colombia no podía ser la excepción, menos cuando la palabra “socialismo” no era desconocida en círculos de la intelectualidad liberal.
Ahora la igualdad social se veía como posibilidad. A base de movilizaciones y huelgas se fueron logrando derechos y concesiones inimaginables unos años antes, siendo los obreros petroleros de la Tropical Oil Company quienes estuvieron en la vanguardia de la lucha.
A los ojos del gobierno conservador, de la oligarquía y de la jerarquía eclesial -la mayor latifundista de la nación-, toda la organización y el descontento social eran prueba de la existencia de un complot comunista internacional para acabar con sus propiedades y vidas. Su paranoia aumenta cuando en 1926 se crea el Partido Socialista Revolucionario, alternativa a los partidos tradicionales, Liberal y Conservador. Aunque un sector importante de la intelectualidad liberal favorecía los cambios sociales, no por establecer el socialismo, sino por modernizar un Estado que manejaba al país como un mayordomo. (1)
Desde el gobierno, el parlamento, los púlpitos y periódicos, las prédicas no daban tregua contra la “subversión bolchevique”. Aterrorizados, la dirección conservadora y los jerarcas católicos decidieron actuar estratégicamente.
A mediados de 1927, el ministro de Guerra, Ignacio Rengifo, un intelectual que antes se había declarado “revolucionario”, expresó: “Al amparo del ambiente de amplia libertad que se respira en el territorio colombiano no pocos nacionales y extranjeros por su propia cuenta, o en calidad de agentes asalariados del gobierno soviético, hacen por doquier activa y constante propaganda comunista.” (2)
Rengifo fue el principal inspirador de la Ley de Defensa Social, más conocida como “Ley Heroica”. Promulgada en octubre de 1928, ésta marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Con ella Colombia se adelantó a los teóricos de las guerras colonialistas europeas y estadounidenses, formulando una doctrina destinada a combatir a lo que se conocerá a inicios de los años sesenta como “enemigo interno”. La Ley inscribía como “subversiva” la acción reivindicativa, política y social de los sindicatos y organizaciones populares nacientes.
Finalizando el Siglo XIX la empresa estadounidense United Fruit Company se instala en Santa Marta, en el Caribe colombiano. El gobierno no solo le entrega extensos territorios, sino los privilegios que no tenían otras empresas extranjeras. La United pasó a funcionar y actuar en la inmensa región como una república independiente.
Para 1927, más de 25 000 personas trabajaban en las plantaciones de la United, con jornadas de 12 horas mínimo. Los obreros no recibían salarios en dinero: se les entregaban bonos que únicamente podían ser utilizados en las tiendas de la empresa, a cambio de productos transportados desde Estados Unidos en los barcos que habían llevado el banano. Además de no contar con asistencia médica, los trabajadores dormían amontonados en barracas insalubres. Existía un sistema de contratistas intermediarios como único vínculo laboral, y así la frutera se desatendía de las obligaciones básicas con los trabajadores. Buscando remediar esto, el sindicato presentó un pliego de peticiones.
Las negociaciones, que no avanzaban, se estancaron cuando se aprobó la Ley Heroica. La United rechazó el pliego al considerarlo subversivo. A los trabajadores no les quedó otra alternativa que ir a la huelga el 12 de noviembre de 1928. La consigna era: “Por el obrero y por Colombia”. Lógicamente, el movimiento fue catalogado como “subversivo” por el gobierno, la iglesia y la prensa. Se aseguró que “agentes de Moscú” habían desembarcado clandestinamente para preparar la insurrección.
Los Directivos de la United exigieron al gobierno la presencia del ejército. Inmediatamente el presidente Miguel Abadía Méndez declaró el estado de sitio en la zona, encargando al general Carlos Cortés Vargas de acabar con la “banda de malhechores”. El centro de mando militar se ubicó en las dependencias de la compañía, donde la oficialidad tenía a disposición licores, cigarrillos, un salario, y la posibilidad de realizar grandes bacanales con las prostitutas “recogidas” en la región. (3)
Se debía proteger en prioridad la vida de los directivos de la United, todos estadounidenses, pues se decía que los trabajadores los iban a degollar junto a sus familias.
El clima laboral se deterioró y los trabajadores realizaron mítines permanentes y bloqueos de la vía ferroviaria por donde iba el banano al puerto. El 5 de diciembre fueron convocados los huelguistas a la población de Ciénaga con el pretexto de recibir al gobernador, quien supuestamente iba a participar en la negociación. Pero nunca llegó. En su lugar estuvo el general Cortés Vargas, quien, a las 11 y media de la noche, expidió el decreto que ordenaba disolver “toda reunión mayor de tres individuos” y amenazaba con disparar “sobre la multitud si fuera el caso”. Pero en la madrugada del 6 el general Cortés, completamente borracho,
Dos horas después el militar, completamente borracho, leyó el decreto sobre perturbación de orden público frente a la multitud que se encontraba durmiendo en la plaza. Al finalizar, mientras algunos huelguistas gritaban “¡Viva Colombia!”, “¡Viva el ejército!”, y se negaban a desalojar la plaza, ordenó a la tropa disparar las ametralladoras emplazadas sobre los techos. (4) Posteriormente el militar dijo, “era menester cumplir la ley, y se cumplió”.
Se ha calculado que había unos cinco mil campesinos, muchos acompañados con sus mujeres e hijos, rodeados de 300 soldados.
Los que no murieron instantáneamente fueron rematados a bayoneta, o se les enterró vivos en fosas comunes. En los trenes de la empresa se embarcaron centenares de cadáveres y llevados hasta el mar, donde se echaron como al banano de mala calidad. Tal como contara García Márquez en “Cien años de soledad”.
Se decretó la persecución para todos aquellos que quedaron vivos, sin diferenciar si trabajaban o no para la United. Otros cientos fueron brutalmente golpeados y encarcelados, mientras a los líderes se les juzgaba rápidamente en tribunales militares.
La matanza duró varios días, hasta que la noticia se expandió por el país a pesar de la censura de prensa instaurada, y se empezaron las movilizaciones de protesta. Para la United y el gobierno las cosas seguían como si nada hubiera pasado, al punto que el general Cortés firmó por los obreros un “arreglo laboral”.
Algunos trabajadores se organizaron en especie de guerrilla y quemaron plantaciones, sabotearon el servicio telegráfico, eléctrico y cortaron las carrileras de la empresa. La zona estuvo militarizada casi un año.
El general Carlos Cortés Vargas reconoció nueve muertos. El gobierno trece y 19 heridos. El 16 de enero de 1929, el diplomático estadounidense Jefferson Caffery reportó al Departamento de Estado: “Tengo el honor de informar que el representante de la United Fruit Company en Bogotá, me dijo ayer que el número de huelguistas muertos por las fuerzas militares colombianas pasa de un mil.” Pero la comisión de investigación del Congreso, encabezada por Jorge Eliécer Gaitán, descubrió fosas comunes, por lo tanto es seguro que las víctimas fueron más de 1.500.
El militar explicó su decisión argumentando que existía una situación insurreccional, que podría llevar a que tropas estadounidenses desembarcaran para proteger los intereses de la frutera. Y él quiso evitar una invasión a Colombia.
El Presidente de la república felicitó al general Cortés Vargas por haber salvado al país de la anarquía. Mientras el editorial del diario liberal El Tiempo, del 17 de diciembre decía: “resta averiguar si no hay medidas preferibles y más eficaces que las de dedicar la mitad del ejército de la República a la matanza de trabajadores.”
Durante la presentación de la investigación parlamentaria, en septiembre 1929, Jorge Eliécer Gaitán, en una enardecida denuncia señaló a la oligarquía como responsable de la masacre. Del clero dijo: “aquellos misioneros de Cristo son fariseos que traicionan su doctrina, descuidan sus deberes para entrar en la palestra de las menesterosas luchas políticas, terrenas e interesadas”.
Gaitán constataría que se había aplicado contra los huelguistas, en favor de los intereses estadounidenses, la política del “enemigo interno”: “No es que yo niegue que una gran agitación de justicia social recorre de uno a otro extremo del país para todos los espíritus. Ella existe, pero no como fruto del comunismo, sino como razón vital de un pueblo que quiere defenderse contra la casta de los políticos inescrupulosos (…) Así proceden las autoridades colombianas cuando se trata en este país de la lucha entre la ambición desmedida de los extranjeros y de la equidad de los reclamos de los colombianos (…) Naturalmente no hay que pensar que el gobierno ejerció ninguna presión para que se reconociera la justicia de los obreros. Estos eran colombianos y la compañía era americana, y dolorosamente lo sabemos que en este país el gobierno tiene para los colombianos la metralla homicida, y una temblorosa rodilla en tierra ante el oro americano.” (5)
La matanza de las bananeras no generó ninguna responsabilidad penal ni política. El general Carlos Cortés Vargas fue ascendido a director de la Policía Nacional. Pero ostentaba ese cargo cuando fue destituido, no por la masacre de las bananeras sino por el asesinato de un joven, el 8 de junio de 1929, durante una protesta callejera en Bogotá. Era un estudiante de la élite bogotana e hijo de un amigo del presidente Abadía Méndez. La oligarquía y el alto clero se escandalizaron. Por igual motivo también fue destituido el ministro Rengifo, el que antes había sido elogiado como el hombre providencial del régimen.
Desde ese momento se demostró la asimetría moral y política del sistema que se construiría en Colombia.
Hernando Calvo Ospina es periodista y escritor.
Notas:
1) Calvo Ospina, Hernando. Colombia, historia del terrorismo de Estado. Editorial Akal. Madrid, 2008.
2) Rengifo, Ignacio. Memorias del Ministerio de Guerra. Bogotá, 1927.
3) El desarrollo de la huelga y la posterior represión que sufrieron los trabajadores, está en la investigación realizada por el representante liberal, Jorge Eliécer Gaitán, y presentada al Congreso de Colombia en septiembre de 1929.
4) Sánchez, Ricardo, Historia Política de la Clase Obrera en Colombia, Ed. La Rosa Roja, Bogotá, 1982.

5) Gaitán, siendo candidato a la presidencia, y convertido en el gran enemigo de la oligarquía, fue asesinado el 9 de abril de 1948 en Bogotá. Esto desató lo que se conoce como la “Época de la violencia”, que en 6 años dejó unos 300 mil muertos, casi todos campesinos.

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