Verdad que es difícil hablar la verdad

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miércoles, 18 de julio de 2012

Alberto Maldonado (especial para ARGENPRESS.info)

Sin llegar a filósofo, el viejo profesor universitario decía a sus alumnos: “la verdad pura no existe, como no existen lo objetivo y lo neutral. Esos son inventos de la prensa comercial, para disimular su verdadero rol”. Agregaba: según Lenin, la verdad VERDADERA es, por si sola, revolucionaria. No hay nada más subjetivo que la objetividad. Y no se puede ser neutral en una sociedad que lucha por sus derechos más elementales.

La explicación del viejo profesor era en torno a la verdad, la objetividad y la neutralidad; tres de las “virtudes” que debía tener cualquiera que se decidiera por el viejo periodismo, de manera especial, si uno era el periodista, de antaño. Preguntaba: ¿conocen ustedes alguien que sea dueño absoluto de la verdad? Ponía ejemplos: ¿Han escuchado ustedes que la única religión verdadera es la católica, apostólica y romana? Preguntaba: ¿y por qué los Papas se han reunido con los más altos representantes de las iglesias ortodoxas y la musulmana, y han pedido que se unan todas, contra el ateísmo?
Por si acaso, alguno (na) no le había entendido bien, agregaba: ¡No conozco de un periodista que escriba prescindiendo de sus puntos de vista ideológicos, doctrinarios, de la línea oficial del medio, de sus quereres y animadversiones! Cuando uno escribe, se puede ser objetivo o no; si está escribiendo desde sus puntos de vista. Sostener que el periodista debe ser neutral es una aberración sin nombre; algo que una persona medianamente culta no puede pasar por alto.
Y, el viejo profesor, sin quererlo, desataba un verdadero debate en clase, sobre estos temas; que, para un periodista de la vieja data, es como el catecismo periodístico. No faltaba quien le recordaba al viejo profesor que lo primero que se le decía al periodista que llegaba a un medio comunicacional (en esos tiempos, la prensa impresa, era la única que existía) es que debe ser neutral, objetivo y estar muy cerca de la verdad. Pero: ¿la objetividad de quién, para qué? Acaso no hay muchas verdades. Por ejemplo, una es la verdad de la hojita dominical que se reparte en las iglesias católicas, cada domingo; y otra, muy distinta, la de un marxista; o de quien, sin ser marxista, es honrado a carta cabal.
Fui al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, a ver qué decían sobre la verdad. Y, a más de ser uno de los vocablos que más definiciones tenía (más de una página, a doble renglón) la verdad es que hay muchas verdades. ¿Cuál es la verdad de los medios sipianos?: ”la conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente” O esta otra, de las muchas definiciones que da el Diccionario: “conformidad de lo que se dice, con lo que se siente o se piensa” O simple y llanamente, lo que decía Goebells, del nazi fascismo: “La verdad es la mentira repetida mil veces”
Pongamos el caso de Siria y de lo que han transmitido, estos días, los medios sipianos (de la SIP-CIA) Según ellos, el Gobierno del flaco, señor Assad, es de caníbales. Le acusaron de muchas muertes, especialmente de niños y niñas. Pregunto: ¿para qué matar a aquellos inocentes? ¿Para qué un gobierno mata a niños y niñas?. Según el Consejo Opositor de Siria, que funciona en Londres, “debe invadir la OTAN (que no tiene trabajo conocido, desde que se liquidó la URSS) igual que lo hizo en Irak, de Sadan Hussein; y de Libia, a fin de acabar con el carismático Gadaffi, el mismísimo que fue recibido, meses atrás, con todos los honores, por el señor Sarkosy, de la culta Francia.
Desde hace rato se viene diciendo que Siria, allá en el Medio Oriente, es víctima de una agresión mundial de los medios de comunicación privados y sus redes. ¿Por qué mundial? Y ¿por qué agresión? Trataremos más delante de precisar estos dos factores.
De acuerdo a nuestro punto de vista, se trata de una agresión comunicacional mundial. Contra Siria, la agresión tiene algunos años. ¿Recuerdan ustedes las alturas de Golán y la guerra de Israel que al fin se quedó con ese enclave? ¿Recuerdan todo lo que le pasó al antiguo Líbano y lo que les ha ocurrido a los palestinos, en la llamada Franja de Gasa? ¿Acaso hemos olvidado lo que les ocurrió y les ocurre a las familias de los palestinos por tratar de que se aplique la resolución de las Naciones Unidas, respecto de los dos estados: el judío y le palestino? ¿Quién tiene la bomba atómica? ¿Acaso no es que “se sospecha” que Irán está construyendo el elemento básico de una bomba atómica mientras Israel tiene varias? ¿Nos hemos olvidado que la culta Europa y los EE.UU. tienen miles de bombas atómicas; y nadie dice nada? ¿Nos hemos olvidado para y por qué nació la vieja OTAN, la misma que no dejó en sus vuelos “humanitarios” piedra sobre piedra de la vieja Libia?
La lucha del gran imperio del norte (Estados Unidos) de los imperitos (los europeos, con Gran Bretaña a la cabeza) y en el Medio Oriente (Israel y su Netanyahu) con el propósito de dominar ese sector del mundo (que está lleno de petróleo) que lo necesita. Hay una viejo pleito por resolverse; ¿acaso no les dice nada o mucho la destitución del viejo y canceroso Sha de Irán? ¿No les dice nada que el país de los ayatolas (Irán) tiene un lío pendiente con el gran imperio por aquello que pasó hace años, cuando invadieron la Embajada y retuvieron meses a sus empleados y trabajadores? ¿No están pidiendo la exhumación del cadáver de Yaser, porque presumen que fue envenenado en Paris?
Hay un viejo pleito que, en estos tiempos, el gran imperio y los imperitos y sus perros guardianes, quieren cobrárselo. Pero, esos países están llenos de petróleos. Y como lo dijo Galeano, si solamente sembraran espárragos, no les pasara nada. Están llenos de petróleos, de distintas clases. Y esos países quieren más y más petróleo, porque eso les significa que pueden seguir viviendo la “dulce vitta” que han tenido en los últimos tiempos; y que no es lo mismo que la “vida buena” que quieren nuestros indígenas, para todos. Hasta que esos paisitos de América Latina, quieren lo mismo. Por lo tanto “hay matar” a Chávez, a Correa, a Evo, a Ortega y a la mismísima Cristina, que todavía está OK.
Es decir, según Obama y la señora de Clinton, la invasión de Siria es cosa de la civilización “occidental y cristiana” Matan varios pájaros a la vez. Pregunto, ya que soy muy preguntón, ¿solo los jeques de Arabia Saudita o de Bahreim, son los únicos que pueden estar años de años en el poder, sin que les pase nada; y porqué el flaco señor Asaad? ¿Por qué este señor no les deja pasar a sus anchas a Irán, que también tiene petróleo y que le valió al señor Carter que no le reelijan cuando era Presidente de los EE.UU. de Norteamérica?
De paso, le quitan un dolor de cabeza permanente al señor Netanyahu, que él si puede ordenar que maten o detengan sin fórmula de juicio a palestinos (no importa la edad) con casa y todo. Y solo ellos pueden “castigar” (con torturas, como en Abu Graif o en Guantánamo) Porque para eso son el imperio que jamás le ha preocupado de la humanidad, como tal; mientras nos es útil, para seguir haciendo “buenos negocios”.

Pienso que, años atrás, el viejo profesor tenía razón. Los periodistas no escribimos lo que nos dicen que escriban. Eso es mentira. Escriben porque alguien les paga lo que escriben. O porque están de acuerdo con lo que escriben.

Publicado por ARGENPRESS

Rafael Correa: “Ecuador no pedirá permiso a nadie en caso Assange”

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PL

El presidente Rafael Correa reiteró que la decisión de su país sobre la solicitud de asilo político de Julian Assange será soberana y no se tendrá que pedir permiso a nadie para ello.

En una entrevista con la televisora RTS y Radio Forever, el mandatario declinó ahondar en el caso y explicó que se continúa analizando el pedido del periodista australiano, quien permanece en la Embajada ecuatoriana en Londres desde el pasado 21 de junio.
Correa enfatizó que no se pronunciará sobre el tema hasta acabar todo el análisis de las causales del pedido, pero insistió en que, con mucho respeto a Inglaterra, Suecia y Estados Unidos, el país tomará una decisión soberana.
En una carta a Correa el fundador de Wikileaks expresó sus temores de ser extraditado a Suecia por supuestos delitos sexuales y de ahí a Estados Unidos, donde podría ser condenado a muerte.
Al respecto, el mandatario manifestó que en caso que Assange haya cometido algún delito, la pena debería ser proporcional a la infracción y se debe seguir el debido proceso.
Correa afirmó no temer posibles repercusiones en caso de aprobarse el asilo para Assange y agregó que “eso equivaldría a que Estados Unidos tema repercusiones porque tiene a los Isaías (banqueros procesados por la justicia ecuatoriana), que son prófugos de la justicia”.
Ayer, Xavier Lasso, periodista de la televisión y columnista en el diario El Telégrafo, publica un artículo en el que señala que “a Assange hay que protegerlo, no por santo, sino por sus convicciones políticas”.
El comunicador expresa que incluso el Foro de Sao Paulo se ha pronunciado a favor de que Ecuador conceda el pedido del australiano, cuya contribución, dice, es haber develado los procedimientos de Occidente en los más de 250 mil correos de Wikileaks.
Lasso considera correcto que el país se tome su tiempo para responder el requerimiento de asilo político, pero señala que “es posible contestar, sustentados en nuestras más profundas creencias, para impedir una atroz injusticia”.

Televisión pública paraguaya en resistencia por la democracia

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PL

La televisión pública de Paraguay, junto a otros medios comunitarios, mantienen una resistencia pacífica y de denuncia contra el golpe de estado parlamentario que destituyó al presidente Fernando Lugo, afirmó el comunicador Marcelo Martinessi.

Frente a este golpe a la democracia, la televisora ha mantenido al aire el programa Micrófono abierto, de amplia participación popular que se ha convertido en instrumento para romper el cerco mediático, aseguró el extitular ejecutivo de ese medio, al programa en Toda Venezuela, de Venezolana de Televisión.
Añadió que directivos y trabajadores continúan la resistencia pacífica y reportan las arbitrariedades del gobierno de facto de Federico Franco, en contraposición a la actuación de medios privados, que en momentos del golpe transmitieron programas de temas “amarillistas y sensacionalistas”.
A su juicio, las acciones acometidas por el gobierno golpista, que trataron de silenciar a la televisora pública, responden a que “Franco es un títere de fuerzas que están muy molestas con los programas sociales que llevaba adelante Lugo, inéditos para Paraguay”.
Los medios privados, denunció Martinessi, hacen fuertes campañas contra Venezuela y contra los programas sociales que impulsa el presidente Hugo Chávez.
Al respecto el periodista paraguayo Guillermo Verón, colaborador del canal multinacional TeleSur, señaló que un ejemplo de este ataque lo constituye la declaración “de persona non grata”, formulada contra el canciller Nicolás Maduro.
Recordó que ello ocurrió tras la transmisión en un medio paraguayo de un video manipulado, en el que presuntamente Maduro se entrevistaba con militares para instigarlos a movilizarse contra el gobierno de facto.
Eso, dijo el comunicador paraguayo, fue una versión manipulada de lo que allí ocurrió.
En realidad, subrayó, cancilleres de la Unión de Naciones Suramericanas se reunieron con diferentes sectores, diputados, senadores, miembros del Partido Colorado y de la Corte Suprema de Justicia, y también militares, en busca de una solución a la crisis política, en beneficio del pueblo paraguayo.
Se actuó “con absoluto respeto y apego a los principios constitucionales”, afirmó Verón.
Ante la situación que vive hoy Paraguay -explicó- se ha constituido un Frente de recuperación de la democracia que aglutina a pobladores de todos los puntos de la nación suramericana.
Martinessi y Verón participan en el XVIII Foro de Sao Paulo, evento que concluye hoy en esta capital y que por tres días ha reunido a más de 600 delegados de un centenar de partidos y movimientos de izquierda de 80 países.

El Foro condenó la víspera el golpe de Estado contra el presidente constitucional de Paraguay, Fernando Lugo.

Medios alternativos comunitarios desde la noción de servicio público: entrevista a Marcelo Colussi

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El analista argentino Marcelo Colussi expone en esta entrevista sus ideas sobre el sentido de una comunicación alternativa dentro del sistema: “decir otra cosa, llevar otro mensaje, mostrar la cara oculta de lo que dicen los medios funcionales al statu quo. Dado que la historia la escriben los que ganan, la cuentan según su proyecto hegemónico de dominación, los medios alternativos buscan contar la otra historia, la silenciada, la negada”.

 

Meriem Choukroun / Para Con Nuestra América
Marcelo Colussi, analista argentino radicado en Guatemala
Una temática tan difícil como la lucha de clases, porque de eso se trata, con especificidades y necesidades que posibiliten aminorar el poder monopólico más un crecimiento en democracia real. Un proyecto contra-hegemónico, o sencillamente un espacio nuevo en la comunicación social. Medios alternativos como servicio público que encuentran su poder en el hecho de que la verdad repetida mil veces termina siendo una verdad, parafraseando al revés una consigna abominable que aún rige en el mundo.
Una extensa charla con el compañero Marcelo Colussi, psicólogo y filósofo argentino radicado hace varios años en Guatemala, que escribe regularmente en varios medios electrónicos, nos permitió un abordaje esencial como para saber, por ejemplo, que en la lógica de la guerra “cobran cada vez más protagonismo las modernas tecnologías de la información y la comunicación como expresión de un mundo digital que abren las tecnologías de punta a nivel global. Son entonces guerras, fundamentalmente mediático-psicológicas. Y el objetivo bélico es la población en su conjunto, que recibe mensajes sin saber que está siendo sometida a una campaña perpetua de “bombardeo”.

Pregunta: Se sabe que la lógica de los medios obedece a la lógica de la guerra. Hoy día parece que la principal guerra es la mediática.

Marcelo Colussi: Cuando cayeron el Muro de Berlín y el bloque soviético, ampulosamente se dijo que la historia había terminado y que entrábamos a un período de paz y prosperidad. Parece que ninguna de las dos cosas se alcanzó. La guerra, más que desaparecer, es un elemento importantísimo en la dinámica económica del mundo actual; la guerra está por doquier: en los campos de batalla –que hoy día ya no son sólo las trincheras donde se enfrentan soldados versus soldados–, está en la cotidianeidad de la vida, en la cultura dominante, que va haciendo de la cultura de la violencia y de la muerte algo cada vez más cotidiano, menos espantoso, algo común, naturalizado. La guerra está omnipresente en los medios masivos de comunicación. El paraíso del que alguna vez se nos habló, y que el fin de la Guerra Fría pudo hacer pensar que estaba cercano, no parece muy a la mano precisamente. En realidad, el único paraíso es el perdido.
La guerra es una constante en el mundo globalizado contemporáneo. En un país como Estados Unidos, que sigue siendo la potencia que todavía marca el rumbo, la industria bélica y todo lo que tenga que ver con el campo de la guerra, ocupa alrededor de una cuarta parte de las iniciativas nacionales. Es decir: en buena medida vive de la guerra, que es decir: vive de la muerte (de los otros, por supuesto). La industria bélica es el negocio más redituable y monumental a escala planetaria; por segundo se gastan 30.000 dólares en ese ámbito. Sólo para graficarlo con un ejemplo quizá grotesco, pero evidente: hoy por hoy existen sobre la superficie del globo unos 15.000 misiles intercontinentales con ojivas nucleares múltiples. Cada uno de ellos representa unas 30 veces el poder destructivo que cayó en 1945 sobre Hiroshima o Nagasaki. De activarse todo ese poderío, el planeta colapsaría fragmentándose en miles de pedazos, provocándose una explosión tan fenomenal que haría que la onda expansiva concomitante llegue hasta la órbita de Plutón, en los confines de nuestro sistema solar. Sin dudas, una proeza técnica que ningún otro animal del planeta podría realizar. Proeza, sin embargo, que no puede impedir que la principal causa de muerte en el mundo siga siendo el hambre. ¿Podríamos llamarla “proeza” entonces? Nuestro mundo está basado en las guerras. ¿Proeza…. o patético?
Es decir: el oficio de la muerte, de las armas, de la guerra, sigue siendo lo que impone el ritmo a las relaciones entre los seres humanos, hoy igual que hace milenios. Dicho de otro modo: la fuerza bruta continúa presente, refinada, con prodigios técnicos espectaculares. Pero en definitiva: el que tiene el garrote más grande (hoy habrá que decir el misil nuclear más grande) gana. Es imposible deducir de eso que tenemos una constitución “natural” que nos arrastra a la violencia; pero dejando de lado esa discusión ahora, dado que nos llevaría por caminos muy alejados de la pregunta original (se pudo hablar, por ejemplo, de una “pulsión de muerte”), vemos que la guerra sigue estando presente de modo abrumador: alrededor de 40 frentes de batalla abiertos, todos en el llamado Tercer Mundo (en el Norte ya se arregló que no volverá a haber guerras. Se arregló entre los poderosos, claro está, entre los que deciden cuándo y dónde habrá guerras).
Las guerras ya no son de soldados contra soldados, cuerpo a cuerpo. Las tecnologías de vanguardia, siempre en manos de pocos grupos privilegiados, hacen de las guerras un campo en perpetuo movimiento y refinamiento, siempre en progreso, donde se dan los avances científico-técnicos más increíbles. Y en ese marco aparecen las nuevas guerras, las guerras comunicacionales. Desde 1989, con la publicación del libro “El rostro cambiante de la guerra: hacia la cuarta generación”, de William Lind y un grupo de colaboradores del Ejército y la Infantería de Marina de los Estados Unidos, el perfil de las nuevas guerras ya quedó “oficialmente” establecido: junto a diversas modalidades “pesadas” –los misiles nucleares siguen siendo la roca dura, y apenas un selecto grupo de países los dispone– las guerras llamadas de “cuarta generación” van cobrando cada vez más protagonismo. Dicho muy rápidamente, en estas nuevas hipótesis de conflicto que empiezan a aparecer en la post Guerra Fría, juegan un papel preponderante novedosas metodologías y tácticas de combate: las guerras de baja intensidad, la guerra asimétrica, las estrategias contra-insurgentes. Es decir, modos de llevar adelante los enfrentamientos, ya no entre ejércitos que se combaten entre sí sino tomando como principal blanco a la población civil desarmada no combatiente.
En esa lógica cobran cada vez más protagonismo las modernas tecnologías de la información y la comunicación, que son expresión del nuevo mundo digital que van abriendo las tecnologías de punta que trae la globalización. Son guerras, entonces, fundamentalmente mediático-psicológicas. Ahí el objetivo bélico es la población en su conjunto, que pasivamente recibe mensajes sin saber que está siendo sometida a una campaña perpetua de “bombardeo”. Las bombas son destructivas, pero están dadas por las tecnologías comunicacionales actuales. ¿Por qué “pensamos” que un musulmán es un “terrorista fundamentalista sediento de sangre”? ¿De dónde sacamos esa idea? ¿Te preguntaste alguna vez cómo es un submarino por dentro? Hagamos la prueba: pongámonos en un grupo de civiles que nunca jamás en su vida subió a un submarino y preguntémonos cómo es este aparato por dentro. Todos, sin dudas, daremos respuestas más o menos similares: tiene comandos, lucecitas, es cerrado, tiene un periscopio… Si nunca estuvimos dentro de uno de ellos, ¿de dónde sacamos la imagen? (que, por supuesto, damos por cierta): ¡de los medios masivos de comunicación! En síntesis: esos medios, sin que nos percatemos de ello, nos moldean, deciden buena parte de nuestros pensamientos, actitudes, creencias, sentimientos. La encuesta Gallup señaló en un estudio hacia el año 2000 que el 85% de lo que un adulto “sabe” –en realidad: repite– en términos políticos, lo saca de los medios masivos de comunicación, fundamentalmente la televisión. Es así como se moldean las opiniones, los saberes masificados en el orden de las creencias sociopolíticas: el bombardeo constante a que están sometidas las “poblaciones civiles no combatientes” termina por crear patrones, matrices, frases hechas contra las que es muy difícil oponerse. Así se crearon los climas necesarios para lanzar las guerras preventivas en las nuevas geoestrategias militares de Washington. La hollywoodense caída de las Torres Gemelas de Nueva York en el 2001 es un buen ejemplo de estas ofensivas mediático-psicológicas: es muy difícil, cuando no imposible, defenderse de estos ataques “mediáticos”. La totalidad de la población queda sometida a ese bombardeo, y la forma en que técnicamente están diseñadas las campañas las torna convincentes. Incluso atractivas, bonitas, subyugantes. En realidad el padre de todo esto no fue sino el ministro de propaganda nazi, allá por los años 30 del siglo pasado: Joseph Goebbels. Su máxima de “una mentira repetida mil veces termina por transformarse en una verdad” sigue siendo la esencia de esta nueva modalidad de guerra sin fusiles.
Respondiendo entonces puntualmente a tu pregunta: sí, efectivamente así es. Pareciera que la guerra que tiene el mayor impacto a nivel planetario es esta fenomenal manipulación mediática, que no es casual ni azarosa, sino que hace parte de estrategias fríamente calculadas: los “fundamentalistas islámicos” en el Medio Oriente, o los “narcotraficantes” en Latinoamérica, como los nuevos demonios que posibilitan la intervención de tropas salvadoras, no son sino engranajes de complejas maquinaciones que hacen parte de esa guerra mediática, de cuarta generación, guerra psicológica contra la que es muy difícil poner antídotos. Para ejemplo notorio: la hiper descomunal oferta de partidos de fútbol. ¿Alguien acaso puede quedar por fuera de esa fiebre futbolera que lo inunda todo, absolutamente todo, que no permite hablar de otra cosa, que tapona todas las faltas, los problemas y sinsabores de la vida haciéndonos partícipes obligados de un show planetario? ¿Qué antídoto oponer a esa marea mediática? La pregunta, no exenta de angustia para quienes tratamos de tomar distancia y denunciar estas manipulaciones desde otra propuesta informativa, es ¿qué hacer? ¿Cómo oponerse a estas fabulosas y bien equipadas fuerzas armadas? ¿Alcanzan en esta guerra los medios alternativos?

Pregunta: ¿Qué une a un periódico comunitario de una barriada pobre de Mumbay con un canal televisivo como Catia TVe, de Caracas, cuya consigna es “no mire televisión: ¡hágala!”?

Marcelo Colussi: Los une la convicción respecto a que se puede y se debe ofrecer otra cosa al público. Los une, más allá de las enormes diferencias que pueda haber en contextos, historias y situaciones concretas, un proyecto contra-hegemónico, la confianza en que “otro mundo es posible”. Si algo tienen en común todos estos medios llamados alternativos son dos cosas básicamente: por un lado, que no están concebidos ni se mueven desde una lógica mercadológica. Es decir: no los alienta el espíritu lucrativo como en cualquier empresa comercial. Tienen que sobrevivir, por supuesto, y para eso pueden apelar –y de hecho así lo hacen– a mecanismos de mercado, tal como la venta de publicidad por ejemplo. Pero en su quintaesencia no está la búsqueda de la ganancia económica como su principio rector, como su fin último. Cumplen, en todo caso, un cometido social. Representan, tal como lo decía el ya mítico Informe McBride de la UNESCO de los años 80 del pasado siglo, una forma de “darle voz a los que no tienen voz”. Por ello mismo, porque no son empresas comerciales puestas a funcionar y empujadas por la búsqueda del lucro, su objetivo final no es el mismo de todos los medios del sistema. Es decir: mantenerlo. Por el contrario, al ser alternativos, contra-hegemónicos, su fin es promover la crítica del sistema, cuestionarlo, intentar su transformación. Por tanto, su esencia misma no es ser conservadora.
Ese es el sentido de una comunicación alternativa dentro del sistema: decir otra cosa, llevar otro mensaje, mostrar la cara oculta de lo que dicen los medios funcionales al statu quo. Dado que la historia la escriben los que ganan, la cuentan según su proyecto hegemónico de dominación, los medios alternativos buscan contar la otra historia, la silenciada, la negada.

Pregunta: Ya en la década del 80 se consideró al lector/oyente/televidente como receptor pasivo frente a la concentración de los medios masivos de comunicación. ¿Cómo lo ves en la actualidad?

Marcelo Colussi: Retomando el Informe McBride que recién mencioné, que significó un parteaguas en la historia institucional de la UNESCO, sin dudas que la actual situación monopolizada de los grandes medios masivos de comunicación ya se veía con toda claridad por aquel entonces. En efecto, esa tendencia fue lo que motivó la realización misma del Informe, que intentó ser un freno para ese fenomenal proceso de concentración que ya se vivía hace 30 años atrás, y que siguió adelante con fuerza arrolladora. Por eso mismo, dado que ese documento significaba una voz crítica contra la concentración comercial de los medios, una denuncia de esa tendencia monopólica y, consecuentemente, el peligro que entrañaba para las grandes masas mundiales una visión única (recordemos aquello de “la historia la escriben los que ganan”), la aparición del Informe McBride buscó crear multiplicidad, abrir y romper la concentración. Su nombre ya lo deja ver: “Un mundo único: voces múltiples”. Fue por eso que el Informe provocó revuelo en la agencia de Naciones Unidas, a tal punto que Estados Unidos –y sus acólitos– se fueron dando un portazo, “ofendidos” porque, según su parecer, se atentaba contra la “libertad de expresión”, exasperados además porque la propuesta fortalecía al Movimiento de Países No-Alineados y, según la lectura de Washington, a la Unión Soviética en definitiva. Seamos claros: el Informe denunciaba la concentración monopólica y profundamente asimétrica de lo que ya se avizoraba como un fabuloso mecanismo de control político-cultural. Por supuesto que en nombre de la sacrosanta, y nunca definida, libertad de expresión se puede esconder la más rancia ideología de la libre empresa. Eso, nada más y nada menos, fue lo que hizo la Comisión McBride cuando investigó la situación de los medios masivos de comunicación y produjo sus conclusiones: se mostró con evidencia cómo se daba esa tendencia, convirtiendo a la población mundial en sujeto pasivo y masificado frente a poderes que ya consolidaban como monumentales.
Lamentablemente el proceso de concentración siguió adelante, y considerando lo que decía más arriba: que los grandes poderes globales han hecho de la comunicación masiva un arma de control planetario (¡guerra de cuarta generación!, no lo olvidemos), esa concentración llevó la comunicación a un punto de importancia toral para el mantenimiento del sistema. Podríamos decir incluso que ya la prensa (o, si se prefiere, los medios masivos, los mass media, como suele decírseles) desde hace tiempo no son ya el “cuarto poder”. Por el contrario, subieron de categoría, y hacen parte indisoluble y fundamental del entramado de poderes que rigen el mundo. Las grandes corporaciones de este fabuloso emporio de la “industria comunicacional” manejan cada vez más, con mayor fuerza y mayor profundidad, la cultura, la ideología, el pensamiento de la población planetaria. ¿Por qué, si no, sólo para tomar un ejemplo, ese bombardeo impresionante con partidos y más partidos y más campeonatos y más ligas y más partidos, dos o tres por día, de fútbol? Hace 30 años teníamos un partido por semana televisado; ahora tenemos varios cada día. No es casual, no es algo meramente circunstancial: los medios globales manejan a la población global, así de simple… ¡O de patético! Esos emporios concentran todo: los medios audiovisuales, la llamada industria del entretenimiento, la distribución mundial de los mensajes, los satélites geoestacionarios que sirven para el tráfico de esas imágenes, los estereotipos con que nos bombardean, crean las modas, deciden qué misil nuclear es “legítimo” y cuál es un “peligro para la humanidad” (los de Irán o los de Corea del Norte, por ejemplo). Por eso es tan importante, fundamental, primordial para pensar en una democracia real, tener otros medios, que digan otra cosa, que puedan abrir una ventana alternativa, que puedan dar otra opción ante esa guerra comunicacional a la que se nos tiene sometidos. La cuestión es ¿cómo plantear un mínimo pie de igualdad, o mejor dicho, cómo plantear cierta simetría cuando las diferencias son tan monumentales? Podemos tomar ahí el ejemplo que dabas en tu anterior pregunta: ¿cómo pueden trabajar, ya no digamos en un pie de igualdad, pero al menos llevando mensajes en forma relativamente proporcionada, ese periódico comunitario de un barrio pobre o ese canal local de una barriada de lugares del Tercer Mundo junto a, digamos, la CNN? La diferencia de poderíos es abismal: ¿de dónde sacan los recursos esos medios populares? ¿Cómo hacen para sobrevivir y “competir” con monstruos de dimensión planetaria?

Pregunta: ¿Cómo debieran resolverse los financiamientos a los medios de comunicación comunitarios y alternativos por parte de instituciones del Estado?

Marcelo Colussi: Pregunta complicada… Por supuesto que un Estado ecuánime, equilibrado para todos, debería apoyar fuertemente a estos medios comunitarios, alternativos, medios sin mayores o sin ningún recurso. Pero sucede que los Estados no son ecuánimes. Los Estados supuestamente regulan la vida del colectivo social sin favorecer a nadie en particular. Aunque sabemos que eso no es así. “El Estado es el producto del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase”, dijo un tal Uliánov allá por 1917 en la Rusia zarista (más conocido como Lenin). Y eso es así, inexorablemente. Cuando se toca lo medular del conflicto social, cuando llegamos al conflicto de base, ahí está el Estado defendiendo a la clase dominante. Hoy por hoy, ya lo dijimos abundantemente, los medios masivos de comunicación son una parte fundamental del entramado de los poderes dominantes, por tanto los Estados no se oponen a ellos. Por el contrario: ¡en buena medida están manejados por ellos! Manejados, en el sentido que el discurso mediático crea las matrices de opinión con que se prepara a la opinión pública para intervenir sobre esos Estados, destruyéndolos o privatizándolos, por ejemplo. Por tanto, y más aún en nuestros pobres países latinoamericanos donde los Estados descarnadamente sólo sirven a los intereses de los grupos dominantes, muy poco o nada pueden esperar los medios alternativos de las estructuras estatales. En todo caso, pueden esperar palos, represión. A duras penas mantienen esos espacios de contrapoder, contra-hegemónicos, por lo que se ve muy difícil que los Estados de cualquier país no-socialista apoyen abiertamente esas voces disidentes. Quizá en Cuba, en Venezuela, en Bolivia podemos ver algo así. En otros contextos, no. Si nos atenemos a la letra de las recomendaciones del Informe McBride, objetivo y con pretensiones de ecuánime justamente, los Estados deben apoyar financieramente a estas instancias alternativas. La realidad, por el contrario, es muy distinta. No hay que ser demasiado agudo para ver que todo lo que cuestione el estado general de cosas es mal tolerado, si acaso es tolerado. Y ahí viene la pregunta básica: ¿cómo hacen estos medios alternativos, surgidos de colectivos populares, que no se plantean como empresas lucrativas, cómo hacen para sobrevivir? Simplemente: como puedan. Y eso, obviamente, es un límite bastante infranqueable. ¿Habrá que decir que estos medios, como cualquier acto de militancia, están condenados a hacerse desde la marginalidad, desde la otra acera, desde la barricada? Quizá sí. No hay otra alternativa. Además, si algún Estado apoya, lo sabemos por experiencia, pone condiciones. Y esas condiciones son, nada más y nada menos, que comprar el silencio.

Pregunta: Dame una noticia en versión alternativa y en versión dominante.

Marcelo Colussi: Esta pregunta es más linda, permite más creatividad. Permitime empezar con una metáfora: una botella de un litro de capacidad que tiene medio litro de contenido, ¿está medio vacía o medio llena? Está… ¡las dos cosas! Es decir: la realidad no es algo único, dado de una vez e igual para todos: depende de quién la aprehende, desde el proyecto desde donde la aprehende. Por tanto, para un borracho estará medio vacía, y para un abstemio será medio llena. La realidad es eso: la lógica aristotélica creo que ya nos quedó pequeña; la lógica dialéctica dio un paso al frente en ese sentido. Las cosas pueden ser y no ser al mismo tiempo. Aunque aclaremos de entrada algo fundamental: “la” realidad oficial está concebida siempre desde el discurso hegemónico. Lo cual es decir con otros términos lo que habíamos adelantado antes: que la historia la escriben los que ganan. O si queremos expresarlo de otro modo: “la ideología dominante en un momento determinado es la ideología de la clase dominante”, según expresó un judío-alemán hoy bastante demonizado, bastante olvidado. Denunciar ese discurso dominante, abrirle un cuestionamiento crítico, desenmascararlo, esa es la esencia, en definitiva, de estos medios alternativos, no comerciales, antisistema, sea una página electrónica como Argenpress o Rebelión, de mucha difusión por cierto, o un diario comunitario, un radio comunal que transmite en algún idioma local, o un canal de televisión como éste que mencionaste hace un rato, de un barrio popular de Caracas: decir/denunciar lo que los medios del sistema no dicen. Todo, absolutamente todo puede conllevar las marcas de la ideología dominante, hegemónica, o de su versión alternativa, contra-hegemónica. La verdad se construye según el proyecto que la alienta: la botella puede ser medio vacía o medio llena según lo que queramos remarcar. De ese modo, entonces, pero sin caer en tontos y nihilistas relativismos, puede afirmarse que no hay “la” verdad. Por tanto, según lo que se quiera decir por un medio masivo, sin dudas creador de opinión pública, se podrá hablar de “la proeza heroica de los Aliados que derrotaron a los nazis asesinos”, o de “la barbaridad sin par del gobierno de Estados Unidos que arrojó armamento nuclear sobre población civil no combatiente”. Así, según se presente una realidad, una noticia para decirlo más específicamente, se merecerán los Juicios de Nürenberg… o la apología como “paladines de la justicia”. En esa lógica, entonces, los ejemplos se pueden prolongar infinitamente: “terroristas toman carretera” o “protesta popular en demanda de mejoras”, “reajuste en el precio de los combustibles” o “tarifazo sin anestesia”, etc., etc. Y si queremos, también: el “gol ayudado «con la mano de dios»” o el “gol ilegal que ratifica una cultura mafiosa de la que nadie se avergüenza”.

Pregunta: Hay un lenguaje instalado, ¿verdad? Palabras como “errores”, “daños colaterales”, “el azar”, “no quedó más remedio”, “todo irá mejor mañana”, “este es el camino”. Y junto a eso, ¿qué te sugiere lo de “redes sociales”, como Facebook, Twitter etc.?

Marcelo Colussi: Si decimos que los medios masivos de comunicación son parte fundamental de la estructura de poder, lo decimos porque sin la menor duda reproducen ideología, crean opinión pública favorable al sistema, son la argamasa misma del sistema. Como lo establecía la encuesta Gallup (nada sospechosa de izquierda, antisistémica o cosa que se le parezca): la mayor parte de lo que la población “sabe” (repite, mejor dicho) de temas sociopolíticos, lo condicionan/determinan esos medios. Y son justamente esas frases hechas, ese lenguaje instalado, como bien decís, lo que va creando, va moldeando las matrices de opinión. La familia, la iglesia, la escuela, son los centros donde se reproducen esas matrices ideológicas. Los medios masivos de comunicación tienen la virtud de hacer lo mismo pero con un poder de penetración mucho más alto. Nadie los controla (los Estados, que deberían regir esto si efectivamente trabajaran en nombre del bien común, no lo hacen), y además, tienen la ventaja de ser atractivos, fascinantes en muchos casos. ¿Quién puede resistirse a un mensaje audiovisual cautivante? Somos, en definitiva, no muy distintos de nuestros parientes en la escala zoológica, los insectos voladores: las imágenes, las lucecitas de colores nos atrapan. Cuando se establece ese “lenguaje instalado” es muy difícil cambiar el curso establecido. Los medios alternativos tienen ante sí ese desafío. Pero ya vemos lo terriblemente difícil que es.
Desde hace un tiempo, y tomando tu pregunta puntual, venimos hablando de “redes sociales”. La sensación que se transmite es que ahí sí, efectivamente, hay redes. Es decir, hay una interacción entre distintos individuos, y que todos juntos, cohesionados, organizados incluso, funcionan como colectivo. Si queremos extremar el análisis, podríamos decir que esto funciona como el espejismo del nacionalismo: todos los miembros de un colectivo cantamos el mismo himno nacional, nos cobijamos bajo un mismo pabellón, supuestamente tenemos los mismos proyectos, por tanto nos igualamos en una misma idea de nación. Pero, ¿realmente todos los habitantes de una nación tenemos el mismo proyecto? “Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”, cantaba don Atahualpa Yupanqui. El mecanismo en juego es una manipulación bastante hipnótica: todos gritamos el gol de la misma selección nacional, por tanto todos somos iguales. Así, a partir de ese espejismo, funciona esto de las llamadas “redes sociales”. En realidad, no son ningún elemento organizativo. Pueden ser un instrumento útil, sin dudas. Pueden ayudar muchísimo para pasar información, y los ejemplos de la “primavera árabe” recién vivida, con los casos de Túnez o Egipto, pueden mostrarlo: son una herramienta definitivamente importante. Pero no reemplazan la movilización real, de carne y hueso, la gente en la calle. La ilusión, sin dudas artificial y tendenciosamente creada, es que la comunicación individual que podemos tener en el silencio de la soledad, reemplazaría a la movilización popular. Creo que no es así. Lo cierto es que llegó el estandarte de “las redes sociales”, y con eso pareciera que todo el mundo ahora está conectado. Pero cuidado: las tecnologías son importantes ayudas, preciosos instrumentos, pero no reemplazan al ser humano concreto. ¿O habrá que pensar que la robótica y el sexo virtual terminarán con los humanos corpóreos? Facebook, Twitter y demás redes pueden ser útiles, pero no organizan nada. ¿O podemos llamar organización a una persona en solitario que se comunica y protesta desde su casa? Es discutible, muy discutible. Lo cierto es que, para redondear tu pregunta, esas frases hechas se imponen con una fuerza que es muy difícil contrarrestar. Pero ahí está el desafío: ¿cómo oponemos otro discurso a los poderes hegemónicos? ¿Cómo ofrecemos una propuesta alternativa a los poderes fácticos? ¿Cómo hacemos, en definitiva, para que esas alternativas puedan pasar del nivel de la crítica o la protesta a la construcción de algo nuevo? Y más aún: desde los medios de comunicación alternativa, ¿cómo podemos hacer todo eso sin recursos, y muchas veces con el solapado o no tan solapado ataque de los poderes estatales? Ése es el reto.

Pregunta: Donald Rumsfeld, jefe del Pentágono, dijo con ocasión de la invasión a Irak: “Las páginas web y las nuevas redes son sistemas de armas”. ¿Qué te parece eso?

Marcelo Colussi: Fue muy claro, ¿no? Esto que mencionábamos hace un rato de la guerra de cuarta generación no es una fantasía: responde a proyectos geoestratégicos de dominación global, con perspectivas de largo plazo. La guerra de cuarta generación, la guerra mediático-psicológica, es un hecho. Estamos siendo atacados día a día por estas estrategias bélicas sin que lo sepamos. Y peor aún: esos ataques, esos bombardeos constantes… ¡hasta nos gustan! Hoy por hoy es atractivo, fascinante, seductor tener tu cuenta de Facebook o de Twitter. Pero como se ha dicho insistentemente, ¿dónde va a parar toda esa información? ¿Quién la utiliza, y para qué? Definitivamente las tecnologías digitales de vanguardia están en manos de los grandes poderes, y las usan para seguir manteniendo sus privilegios, por tanto, su dominación. ¿Te imaginás qué fabuloso el potencial que abre el internet y los teléfonos inteligentes? ¿Te imaginás todo lo que se podría hacer si eso estuviera dedicado a fines más creativos, más productivos, con un proyecto de justicia e igualdad para todos? Pero esa magia tecnológica en muy buena medida sirve para controlar. Hace unos años atrás el polaco-estadounidense Zbigniew Brzezinsky, asesor presidencial de James Carter y uno de los ideólogos más perspicaces de la línea dura de la Casa Blanca, retomando las enseñanzas de Goebbels a las que nos referíamos hace un momento, sin ningún tapujo pudo decir que “las sociedades del futuro serán manejadas con técnicas de manipulación social por medio de elaboraciones muy sutiles donde personalidades magnéticas sabrán implementar esos instrumentos de control masivo para manejar las inteligencias y las pasiones de las grandes masas”. No cabe la menor duda que todas las tecnologías las usan, antes que nadie, los poderosos. Esta entrevista probablemente saldrá por alguna página web que llamamos alternativa. Sin dudas estará hiper monitoreada por los grandes poderes. ¿Y quién maneja el tráfico cibernético? ¿Quién dispone de los servidores y los satélites geoestacionarios que permiten el funcionamiento de estos medios alternativos? Insisto: la guerra comunicacional, la guerra cibernética, hace años que está librándose. Y nosotros, como campo popular, como antisistema, como discurso alternativo, no vamos ganando esa guerra. No quiere decir que no hay que pelearla. Esa es la historia de la humanidad en definitiva: pero tenemos que tener claro que en esta guerra que vivimos, los medios alternativos, los medios pobres con escasos recursos no tenemos más remedio que hacer como dice la Zamba a Burela: “¿Con qué armas, señor, lucharemos? ¡Con las que les quitaremos!, dicen que gritó”. La lucha de clases se expresa en infinidad de terrenos, y la lucha no terminó (¡la historia no terminó!). El campo comunicacional ¿por qué no habría de ser también un ámbito más de esa lucha?

La autorización de la concentración Televisa-Iusacell es la definitiva postración del gobierno a las televisoras

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Dilo Tú


Difusión Cencos México D.F., 15 de junio de 2012

Boletín de prensa
Amedi

  • Es uno de los retrocesos más grandes en materia de concentración
  • Pasaremos de un duopolio a un monopolio de la televisión abierta comercial

Sorda a los argumentos, las explicaciones, los datos duros, los reclamos y la historia de abusos y prebendas; ciega a la excesiva concentración y a las implicaciones de la convergencia tecnológica en la distribución multiplataforma de contenidos, la Comisión Federal de Competencia (CFC) autorizó la concentración entre Televisa y TV Azteca a través de Iusacell.

Esta decisión se suma al conjunto de privilegios que el partido en el gobierno ha otorgado a los dos grupos que controlan la televisión comercial abierta y que ahora son socios en la telefonía y el Internet móviles. Los comisionados de la CFC fueron sometidos, a excepción del comisionado Miguel Flores Bernés que voto en contra, al cambiar su negativa del 24 de enero de 2012 y aprobar el recurso de reconsideración que interpusieron ambas empresas, permitiendo la concentración.

Con su resolución los comisionados violaron la Constitución y la Ley Federal de Competencia Económica. Con esta decisión la CFC ha querido configurar un monopolio convergente que se enfrente a las principales empresas de telecomunicaciones de este país, pero con ello no protege el interés público ni el bienestar de los consumidores, sólo el provecho privado de las empresas. Ha pretendido equilibrar el mercado de las telecomunicaciones, pero erradicó de un plumazo la escasa competencia que existía en radiodifusión, fusionando a las dos televisoras que concentran la casi totalidad del mercado audiovisual.

Canjear la concentración a cambio de que las televisoras no se interpongan a la existencia de una tercera cadena de televisión muestra de manera contundente la incapacidad del gobierno para limitar el poder de las televisoras. Las condiciones impuestas por la CFC son apenas las obligaciones mínimas que se debieran cumplir en un mercado competitivo, pero en ninguna forma representan condiciones necesarias para romper con la concentración en la producción y distribución de contenidos audiovisuales, máxime si se suma el esquema de multiprogramación contenido en la política de transición a la Televisión Digital Terrestre, el cual no requiere licitación ni contraprestación para ofrecer servicios adicionales, ni siquiera autorización por parte de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel), con lo cual cualquier nuevo competidor tendrá condiciones sumamente inequitativas, ante lo que ahora es ya un monopolio de la televisión.

Como ocurrió con la llamada Ley Televisa, esta decisión (que vuelve a favorecer exactamente a los mismos protagonistas) ocurre en medio de un complejo proceso electoral. Una vez más, la clase política, el gobierno en turno y los reguladores vuelven a ser frágiles ante el poder de chantaje de las televisoras, acrecentándolo todavía más con decisiones regresivas como la de la CFC. Se produce, además, cuando las televisoras privadas, principalmente Televisa, enfrentan una de sus mayores crisis de credibilidad, cuando está envuelta en un escándalo que ya alcanzó dimensiones internacionales, y cuando activos sectores de la sociedad reclaman la parcialidad y los sesgos informativos de las dos televisoras que ahora estrechan vínculos comerciales gracias a la obsequiosidad de quienes debieran velar por la competencia y prevenir concentraciones anticompetitivas. No hacía falta autorizar la fusión Televisa-Iusacell para comprobar el daño que el duopolio le ha infligido a la democracia mexicana; ahora ese poder se ve fortalecido y acrecentado por resoluciones tomadas bajo presiones políticas.

Todo lo anterior no puede entenderse sino como una instrucción presidencial. Es precisamente el Ejecutivo Federal el responsable directo del otorgamiento de privilegios y prebendas a través de los organismos reguladores como la CFC y la Cofetel, capturados por los intereses político-electorales de la actual administración. Por eso no es extraño que Josefina Vázquez Mota haya sido la única de los cuatro candidatos a la presidencia de la república que no respondió las siete preguntas que la Coalición Ciudadana Democracia y Medios les formuló para conocer sus propuestas en torno a la agenda de la libertad de expresión y el derecho a la información.

Este ramillete de dádivas a cambio de nada, pues el gobierno ha perdido el rumbo y su partido ocupa el tercer lugar en las preferencias electorales, sólo documentan históricamente que el presidente Felipe Calderón gobernó en beneficio de Televisa y TV Azteca. Mientras tanto, la sociedad permanecerá en espera de la democratización de los medios de comunicación. Todos estos regalos del gobierno le permitirán a Emilio Azcárraga Jean y Ricardo Salinas Pliego “vivir mejor”, pero para el resto de los ciudadanos las telecomunicaciones y los medios se encuentran peor.

México, D.F., 14 de junio de 2012

Asociación Mexicana de Derecho a la Información, A.C.

Aleida Calleja
Presidenta
Alberto Aziz Nassif
Coordinador del Consejo Consultivo

México: Rating, duopolio y candidatos

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miércoles, 13 de junio de 2012

Eduardo Ibarra Aguirre (FORUMENLINEA)

Hasta hoy los cálculos son que el debate entre los candidatos presidenciales fue visto, el domingo 10 de junio por medio de los canales del duopolio de la televisión y otros más, por 15 millones de personas. 22.6 puntos de rating lo convirtió, al decir de Joaquín López-Dóriga, en “el debate más visto” en 18 años de transmisiones de este tipo.

Importa mucho cotejar la información anterior con la que proporcionaron sobre el debate del 6 de mayo y que apenas alcanzó los 10 puntos de rating, de acuerdo a las mismas fuentes que alegaron la “libertad de expresión” subordinada a sus intereses duopólicos, es decir, la transmisión por el Canal 13 de un partido de Monarcas y de Pequeños Gigantes por el 2, pero Televisa asignó el Canal 5 y aseguró que tenía el mismo alcance que El Canal de las estrellas. Además fueron apoyados por solemnes voceros del Revolucionario Institucional que consideraron dictatorial el intento de una cadena nacional, y los consejeros del Instituto Federal Electoral lo repitieron sin recato.
Y así exigen respeto, credibilidad. Ambos se ganan y construyen todos los días, demostrando la imparcialidad del arbitro electoral, que no otra cosa son estos consejeros reacios a la crítica de los candidatos, y también ineficaces organizadores y productores de debates, como lo muestra por segunda ocasión Sergio García Ramírez.
Mas el 11 de mayo se les apareció el embrión del #YoSoy132 y lo que era imposible e impensable sucedió: Emilio Azcárraga Jean y Ricardo Salinas Pliego accedieron enseguida a transmitir el debate por los canales estelares de sus consorcios, en respuesta a la exigencia de los verdaderos pequeños gigantes del México real y que todos los días exhiben en las redes sociales y en las calles del país, como el 10 de junio en ciudades de 20 estados, que Televisa y Tv Azteca son grandes obstáculos para el desarrollo democrático. Hasta entonces el timorato Consejo General del IFE aplaudió lo que ni siquiera se atrevió a suplicar.
No sólo fue el mayor interés que suscita el segundo y último debate oficial lo que explica un rating que más que se duplicó, sino que Televisa engañó con el argumento de la enorme cobertura del Canal 5, acaso porque no tenía el menor interés en que más televidentes atestiguaran que su patrocinado candidato presidencial, como lo está demostrando el londinense The Guardian –y antes Jenaro Villamil y Carmen Aristegui–, exhibiera sus limitaciones políticas. Hecho que por cierto no sucedió en forma severa, lo que evidencia la falta de confianza en Enrique Peña de parte de Azcárraga y sus intelectuales.
Lo anunció Roberto Calleja: “Ustedes descubrirán a un Peña Nieto polemista porque se está preparando”. La verdad es que no expone mal lo que Leonardo Curzio estima que memorizó muy bien, pero polemista aún no es, como evidenció en Guadalajara. Actuó, sí, como puntero que no arriesga su ventaja de entre 4 y 19 puntos en unas encuestas que con tan escandalosas variaciones muestran la incapacidad para retratar con fidelidad la voluntad ciudadana.
Buena parte de la comentocracia estima que Josefina Vázquez Mota ganó el debate, cuando lo que importa es quién ganó el debate sobre el debate y, sobre todo, si esto se reflejará en puntos porcentuales arrancados a los indecisos o al contrincante. Y ello está por verse.
La intromisión de Felipe Calderón, vía Twitter, para desmentir los cálculos de Andrés Manuel López Obrador sobre el ahorro de 300 mil millones de peses por las canonjías de la elite burocrática y la corrupción, pone en relieve la desesperación del grupo gobernante, pues todo indica que la señora Mota ocupará el tercer lugar.

Publicado por ARGENPRESS

La telebancada

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