Música: El legado musical de los mayas

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La civilización maya tuvo su origen hace 4.000 años en Mesoamérica (península de Yucatán, en México, y lo que hoy constituye los países centroamericanos: Guatemala, Honduras, El Salvador y norte de Nicaragua). Esta civilización fue una de las más altas del continente americano, muy rica en conocimientos varios como arquitectura, agronomía, medicina y matemáticas. De hecho fue una de las pocas culturas que llegó a la noción de cero, al igual que los árabes en su mayor momento de florecimiento. Grandes arquitectos como fueron, legaron la pirámide más voluminosa construida: lo que hoy se conoce como El Mirador, ciudadela sagrada en las selvas del Petén, entre el límite de Guatemala y México, imponente e impresionante, más grande que las de Egipto. E igualmente idearon un calendario más exacto que el gregoriano, que no necesita de años bisiestos dado la perfección con que pudieron medir los tiempos cósmicos.
Hoy día, sin solución de continuidad, los mayas originales siguen existiendo, pero el brillo de otros tiempos desapareció. Antes de la llegada de los conquistadores españoles la gran cultura había entrado en descomposición (seguramente debido a grandes hambrunas que azolaron a su población más guerras internas), y a partir de la conquista, en el siglo XVI, pasaron a ser un pueblo sometido. De todos modos, su resistencia cultural nunca cesó, y es eso lo que les permite hoy seguir existiendo como pueblo autónomo, siendo mayoría étnica en algunos países, como Guatemala, u ocupando un alto porcentaje de la población, como en México.
En cuanto a su música, cabe resaltar que en la actualidad no se conoce mucho de lo producido en su momento de esplendor, porque ya no existe, y es que solo se sabe de cómo era por los instrumentos que se encuentran en los museos o por la información que se ha obtenido de murales o cerámica.
Entre los instrumentos musicales que se pueden mencionar están: las ocarinas, varios tipos de flautas, trompetas, tambores de parche sencillo y doble, los pitos, caramillos, cascabeles, raspadores, atabales, sonajas, el caracol de mar (relacionado con la fertilidad).
Entre estos elementos, se tiene conocimiento de algunos instrumentos, por ejemplo: la sonaja chortí, que es muy parecida a la que se menciona en el código de Dresde y que es decorada con perforaciones que forman el ideograma cósmico de cinco puntos, expresivo de su poder universal.
El lacandón, que es una especie de oboe encontrado por el etnólogo Franz Blom, poseía siete agujeros con los que podría producir ocho sonidos distintos, pero los constructores o quienes tocaban este instrumento, en vez de extender esta gama de sonidos, se limitaron a tocar nada más 7 sonidos, tapando el séptimo agujero con cera silvestre.
Según los instrumentos hallados se deduce que conocían el politonismo, la escala diatónica y el cromatismo.
A los cantores principales se les llamaba hol-pop, que eran los encargados de dirigir los coros, de enseñar la música, el canto y de dar el tono.
Existe una clasificación de los instrumentos musicales mayas según Hornbostel-Sachs (HS); estos se dividen en 4 familias: idiófonos, membranófonos, cordófonos y aerófonos.
Los idiófonos se subdividen en: golpe directo, golpe indirecto, idiófonos punteados, idiófonos por frotación, idiófonos soplados (conchas de tortuga, cascabeles, sonajas, raspadores, conchas marinas).
En flautas es muy raro ver flautas transversas, y otras como la flauta con bola de barro en el ducto que le permite rodar libremente de extremo a extremo, produciendo tonos, medios tonos y microtonos.
Es bastante amplia la variedad de instrumentos que se han descrito en este artículo, sin embargo es necesario seguir indagando en la información relatada, ya que tiene mucho que ver el punto de vista del investigador y de las evidencias, pero lo que sí es exacto es que la cultura maya tuvo una variedad rica en música y danza. Algo de eso pasó posteriormente a la colonia, y mezclado con elementos europeos y africanos (traídos por los esclavos negros, como la marimba, muy popular hoy en Centroamérica) constituye el actual folclore de algunas regiones de Guatemala y del sur de México.
Fuentes:
• Nancy Monzón – DeGuate.com / con ayuda de: Historia de la música en Guatemala por Enrique Díaz Anleu.
• Wikipedia
Fotografías:

Música: La canción latinoamericana de protesta de los años 70

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jueves 7 de julio de 2011

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La canción de protesta social, posteriormente llamada “Nueva Canción latinoamericana”, tuvo su máxima expresión en los años sesenta y setenta, y continúa desarrollándose hasta hoy. Es un género de creación poética y musical que apareció conectado con los movimientos de izquierda simultáneos y posteriores a la revolución cubana de 1959, con claros objetivos ideológicos y dentro del optimismo por el triunfo que Fidel Castro y el Che Guevara habían obtenido en Cuba. Se buscaba crear conciencia, especialmente en la clase media y obrera, de la necesidad de un cambio radical de las estructuras socioeconómicas, presentando temas relacionados con la represión militar o la desigualdad social. También buscó fomentar un sentido de unidad latinoamericana en torno al objetivo común de “despertar” y movilizarse políticamente en contra de la élite y de los intereses de las corporaciones multinacionales, en particular las norteamericanas. La mayoría de estas canciones han sido escritas por intelectuales y artistas de clase media, muchos de ellos universitarios. El género se desplegó principalmente en el Cono Sur, pero ha sido cultivado en toda Suramérica, Nicaragua, El Salvador y también, aunque con menor intensidad, en el resto de Centroamérica, Puerto Rico y México.
El venezolano Alí Primera es un ejemplo clásico del cantautor de protesta, opuesto a la comercialización, creador e investigador de tradiciones musicales de su tierra, y también, como miembro del Partido Comunista de su país, interesado en un programa político de izquierda, razón por la cual sus discos fueron censurados en varios países. Soledad Bravo es otra representante de la Nueva Canción venezolana que ha tenido considerable difusión internacional.
La Nueva Canción chilena ha tenido un desarrollo extraordinario, con obras de gran belleza poética y figuras altamente representativas, tales como Inti-Illimani, Quilapayún, Violeta Parra y Víctor Jara. Todos estos artistas contribuyeron de manera importante en el proceso de elección del candidato socialista Salvador Allende en 1970, así como en el desarrollo de sus programas de gobierno. Cuando una junta militar tomó el poder en 1973, muchos de ellos fueron asesinados, y otros se exiliaron en Europa. Los que sobrevivieron, han regresado a su país durante los años 1990. Nuevos grupos y solistas chilenos siguen cultivando con gran éxito y creatividad este género musical, con particular énfasis en la instrumentación indígena andina.
En Argentina, la Nueva Canción tiene una presencia considerable, con cantautores tan reconocidos como Horacio Guaraní, Facundo Cabral, Alberto Cortez y Atahualpa Yupanqui. Originaria de Tucumán, en la zona norte de Argentina donde predomina la población mestiza y de ascendencia indígena, la cantante Mercedes Sosa –“la negra” –, es una embajadora de la Nueva Canción latinoamericana, que ha llevado los temas más populares a todas partes del continente americano y europeo. Su bella voz es reconocida por cualquier latinoamericano, joven o viejo.
La “Nueva Trova” es la versión cubana de la Nueva Canción latinoamericana. Aparece a mediados de los años sesenta, como expresión de la alegría y el orgullo con que las generaciones jóvenes percibían los cambios revolucionarios en Cuba, de las nuevas relaciones socioculturales que se estaban formando, y de solidaridad con las luchas por la justicia social en otros países latinoamericanos. Se estableció como movimiento a partir de un concierto de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola en La Habana, en 1965. Su creación estética se presenta como continuación de la tradición de la trova o canción popular –hija de los trovadores medievales–, que ha existido desde los tiempos coloniales. Silvio Rodríguez define al trovador como “un poeta con guitarra”. En efecto, muchas de las obras de la Nueva Trova pueden interpretarse sencillamente con una guitarra, y su letra contiene a menudo imágenes sugerentes, un lenguaje complejo, y temas universales. La experimentación musical también ha sido fecunda, incorporando grandes orquestas e instrumentación contemporánea. Otros trovadores que han alcanzado fama internacional son Sara González, Vicente Feliú y Amauri Pérez.

Música: La canción popular mexicana

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Como toda la cultura del país, la música de México es fruto del mestizaje que se dio entre las tradiciones europeas, americana y africana, entre otras. La música mexicana es sumamente variada e incluye diversos estilos determinados por la región geográfica de proveniencia, así por las diferentes épocas de desarrollo.
Muchas de las canciones más famosas y tradicionales de México son conocidas en todo el mundo, aunque el origen mexicano de esas composiciones a veces no es claro para quien no está familiarizado con la cultura del país. Algunos ejemplos de canciones mexicanas famosas más allá de las fronteras del país son: “Bésame Mucho”, “Cucurrucucú Paloma”, “Amor, Amor, Amor”, “Solamente una vez”, “Somos novios”, “Guadalajara”, “El Rey”, “Amorcito Corazón” y algunas de las que aquí presentamos.
Se ejecutan varios tipos de instrumentos musicales (algunos poco usados) de origen indígena (huehuetl, teponaztli) o mestizo (guitarrón, marimba), además de los europeos, que son muy populares.
Internacionalmente conocido es el conjunto del mariachi, asociado a las grandes figuras de la “canción mexicana” ranchera, que tuvo su período de florecimiento entre las décadas de 1940 a 1970. Es un caso muy interesante pues un conjunto típico regional se convirtió en un símbolo nacional.
El mariachi es originario del occidente de México, específicamente de los estados de Nayarit, Colima y Jalisco, que se disputan su paternidad. Lo cierto es que en un principio, el mariachi era una orquesta popular e indígena, y su indumentaria nada tenía que ver con la del charro (es decir, el traje de los ricos hacendados ganaderos) e interpretaban los “sones de mariachi”. Una nota interesante es que estos conjuntos musicales arribaron a la Ciudad de México antes que a la capital de Jalisco. A partir de la primera década del siglo XX comienzan a transformarse: visten el traje de charro y amplían su repertorio con piezas de diferentes regiones de la República: sones abajeños, jarabes, corridos, huapangos y canciones bravías, al estilo de Lucha Reyes. También añadieron la trompeta como instrumento imprescindible.
Con el auge del cine mexicano las películas de Tito Guízar, Jorge Negrete, Pedro Infante y Javier Solís, dieron a conocer el mariachi así como un México rural idealizado.
Aquí presentamos una breve selección de temas ya mundialmente famosos: “México lindo y querido”, “El mariachi loco” y “El aventurero”.

Bob Marley, solo en el cementerio de Nine Mine

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PRENSA LATINA (Desde Kingston, Jamaica. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)
Cuando llegan al cementerio de Nine Mine, al noroeste de Kingston, los peregrinos hacen silencio y después, entre susurros, cualquier conocedor identifica la letra de Soul Rebel o Redemption Song: están frente a la tumba de Bob Marley.
A 30 años de la muerte de la leyenda del reggae, personas de todo el mundo viajan hasta el poblado jamaiquino donde nació y descansan los restos del cantante rasta de los dreadlocks (trenzas) y la bandera tricolor.
“Es la excursión que todo fan de Marley debe hacer”, dicen las guías turísticas del país caribeño, y miles lo cumplen al pie de la letra, más en estos días de aniversario.
El 11 de mayo de 1981 el cáncer convirtió en mito al primer hombre que desplegó por el mundo la música de la región y la convirtió en símbolo de rebeldía e identidad, tal vez por eso hoy las calles del poblado tienen un ritmo peculiar.
Fue en otros tiempos una aldea desconocida, pero está ahora llena de quincallas y vendedores ambulantes, que prometen “al mejor de los precios” pullovers de souvenir, collares de piedras rojas, verdes y amarillas, discos, carteles, libros, postales y hasta supuestas reliquias del líder de The Wailers.
Desde inicios de semana, decenas de guías del movimiento socio-religioso Rastafari esperan por los recién llegados en las esquinas, con sus típicos sombreros tejidos, para llevarlos por los lugares donde comenzó a crecer la leyenda.
El recorrido comienza en la casa en que nació Marley el 6 de febrero de 1945, pasan por el monte Zion Rock, donde el cantante solía meditar, siguen hasta un lugar llamado The Pillow (el mismo de la canción Talking Blues) y terminan en el mausoleo, mientras cantan algún tema conocido o besan la losa.
Antes de partir, muchos dejan piedritas o papeles con deseos sobre la bóveda, otros colocan sus collares y muchos realizan ritos de veneración, que incluyen meditaciones y, por supuesto, humadas de la hierba narcótica, conocida aquí como ganja.
Familiares de Marley viven todavía en esta casi aldea, a un par de kilómetros de la parroquia de Saint Anne, unos lejanos y otros más próximos, como primos, tíos, alguna de su veintena de esposas o de sus 14 hijos, quienes controlan los negocios locales.
Los precios se dispararon en los últimos tiempos y una foto del músico puede volverse varios dólares, “hay que aprovechar la ocasión”, dicen los comerciantes.
Mientras, cuando se cierran las puertas del cementerio de Nine Mine, callan los susurros de canciones en inglés, las piedras son botadas de encima de la tumba y los restos de Bob Marley, bajo una lluvia pertiz en esta primavera, vuelven a quedar solos.
Con la misma soledad, tal vez, de su mensaje de justicia y defensa de los oprimidos, que entre tantas ventas y visitas, parece pasar a un segundo plano ¿en estos días?.
“Viejos piratas, sí, ellos me robaron y me vendieron a barcos mercantes”, cantó Marley en uno de sus temas más conocidos.

1000 jóvenes en la mesa redonda con Calle 13

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viernes 18 de febrero de 2011

FUBA

El jueves 17 de febrero alrededor de 1000 jóvenes participaron de la mesa redonda que se realizó en el Salón de actos de la Facultad de Derecho de la UBA con la presencia de René Pérez de Calle 13; Xiomara Caro, portavoz del Comité de representación estudiantil de la Universidad de Puerto Rico; Hernán Cabra de las Manos de Fillipi y Alejandro Lipcovich, presidente de la FUBA.

Los cuatro oradores destacaron el protagonismo de la juventud en los procesos de rebelión en Egipto, Puerto Rico y Latinoamérica y coincidieron en la necesidad de construir un reagrupamiento de jóvenes luchadores latinoamericanos para enfrentar los ajustes y ataques que pretende imponer este régimen capitalista sobre las condiciones de vida de los trabajadores y la juventud.
La representante estudiantil de la Universidad de Puerto Rico, Xiomara, relató la masiva lucha de los estudiantes puertorriqueños contra la privatización de la Educación, expresada en los aumentos de los aranceles. Advirtió que la lucha de la juventud universitaria había dado una enorme confianza al pueblo trabajador para enfrentar los ajustes y despidos impuestos por el gobierno. Hernán Cabra señaló la importancia política que los músicos y artistas se comprometan con la lucha popular y colaboren en fomentar la organización de los jóvenes para transformar la sociedad sobre nuevas bases.
Las intervenciones de René Pérez de Calle 13 y Alejandro Lipcovich de la FUBA apuntaron a que esta actividad debería ser el puntapié inicial para formar una organización que reúna a la juventud de Latinoamérica para enfrentar los ataques del sistema y cada proceso de lucha en forma conjunta.
Entre otros, estuvieron presentes, José Piazza, delegado general de la Junta Interna del Colón que se encuentran en lucha; y Félix Díaz de la Comunidad Qom La Primavera de Formosa que reclaman contra el saqueo de sus tierras.

“Este fue un gran paso adelante para avanzar en la unidad y organización de la juventud latinoamericana que posibilite una intervención de conjunto en los procesos de lucha y resistencia de nuestro continente. Como lo hicimos con Honduras, impulsaremos que la FUBA viaje a Puerto Rico para apoyar su lucha y debatir sobre el llamamiento a un encuentro que reúna a la Juventud combativa latinoamericana”, declaró Alejandro Lipcovich, presidente de la FUBA.

Show burlesque en los Oscars 2011: Lech Walesa con el punk cubano Gorki Aguila

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viernes 17 de diciembre de 2010

Jean-Guy Allard

El músico “porno-opositor” cubano Gorki Águila está de vuelta en Estados Unidos, invitado “todo incluido” por una fundación gubernamental polaca, para participar en Los Angeles a un homenaje a Lech Walesa, al margen de la proyección del filme “All that I love”, que aborda la historia del etílico líder de Gdansk.

La obra, de fuerte contenido anticomunista, dirigida por Jacek Borcuch, es la “esperanza” polaca al premio Mejor Filme Extranjero en los Oscars 2011.
Walesa conoció la gloria en los años 80 cuando su “sindicato” Solidaridad lo propulsaba en primera plana de todas las revistas occidentales. Justo el contrario del cantante habanero que hace unas semanas salió corriendo del barrio donde pretendía tocar cuando los vecinos no se resolvieron a aguantar los sonidos asesinos de su formación.
Seleccionado por los funcionarios “culturales” de la Sección de Intereses Norteamericanos (SINA) de La Habana, Águila es invitado por el Instituto Adam Mickiewicz, una de las filiales bien subsidias del Gobierno de Polonia que consagran buena parte de sus fondos a la actividad injerencista en los asuntos internos de Cuba.
Gorki Aguila estuvo en Nueva York en el 2009. Viaja ahora a Los Angeles desde México, donde ya hizo unas estancias y no con sus “royalties”. Se supone que pasará por Miami para saludar a su escaso público antes de regresar a Cuba.
Walesa ha participado en los últimos años a algunas actividades “anticastristas” remuneradas tanto en Polonia como en Miami donde, en su último viaje, recomendó a sus interlocutores, todos nostálgicos de la dictadura cubana de Fulgencio Batista, “que fueran haciendo las maletas” porque “el régimen” se caía.
Para quién no se recuerda, Walesa creó en Gdansk el grupo Solidaridad que pronto recibió el abundante financiamiento de la National Endowment for Democracy (NED) a través del sindicato norteamericano mafioso AFL-CIO.
La campaña presidencial de 1989 la NED dio nada menos que $2.5 millones a Solidaridad, en un apoyo a la “democracia” idéntico a él que se regala hoy a cuantas organizaciones que juran fidelidad a la bandera del Tío Sam.
Walesa fue de nuevo candidato a la presidencia de su país en el 2000 y obtuvo apenas el uno por ciento de los votos. La gigantesca empresa naval de Gdansk donde predicaba el capitalismo cerró hace 20 años, dejando en la calle a sus compañeros de trabajo.

Washington sigue contratando esporádicamente este “héroe” prefabricado y alcohólico en cada escenario donde le hace falta. En Gorki Aguila, encontrará seguramente un buen alumno.

La música contemporánea: ¿Arte o negocio?

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jueves 26 de agosto de 2010


Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)

Una de las pocas cosas que se repite invariablemente en todas las culturas conocidas es la música. Seguramente porque, como pocas cosas, es bella.

Todo tipo de música es bella, bonita, agradable. ¿A quién no le gusta? ¿A quién no lo conmueve? Seguramente por la materia misma que maneja -el sonido-, es una expresión humana condenada a ser forzosamente atractiva. El sonido evoca y se liga siempre con la esfera afectiva; por tanto no corre el riesgo de equivocarse, de mentir, de ser intrascendente. Distinta a otras expresiones artísticas, o si queremos decirlo de otro modo: distinta a otras expresiones culturales en sentido amplio, la combinación de la materia sonora en cualquiera de sus casi infinitas formas, no deja nunca de emocionar a quien le llega. Para alegrarse, para divertirse, para acompañar momentos solemnes, para entretener la soledad o para fomentar el vuelo espiritual, siempre la manifestación musical hace parte de nuestras vidas.
En todo momento histórico podemos asistir a este fenómeno; la idea de la música como “arte” (actividad específica sin más función práctica que la búsqueda de la belleza por la belleza misma) es occidental, y muy reciente por cierto, del Renacimiento en adelante. Debió salir de la iglesia para pasar a lo que hoy podríamos decir “la sociedad civil”.
La música ha acompañado el curso de la historia humana desde tiempos inmemoriales, con diferentes cometidos: como parte de la adoración religiosa, de la guerra, de las distintas celebraciones, de los estados de ánimo colectivo, sean alegres o tristes, de la muerte. Sólo en la modernidad europea -al igual que las otras diversas expresiones artísticas- se vuelve “arte” en tanto arte puro, transformándose en actividad autónoma, con su espacio acotado (la cámara real o de los nobles primero -de ahí lo de “música de cámara”, el teatro luego), para masificarse posteriormente y llegar a los actuales medios de difusión. A partir de aquel momento, y siempre hablando de la producción musical europea, su historia se torna un ámbito y un código propios, donde su motor es la búsqueda de la belleza como fin en sí mismo, sin ningún otro compromiso ritual o ceremonial. Se compone música sólo para escucharla, ya no para acompañar alguna otra actividad, para la iglesia, para el conjuro, para acompañar rituales. Ahí podemos decir que la música es ya un arte autónomo.
Como expresión de la enorme variedad cultural que ha desarrollado la especie humana en su historia, igualmente enorme y variado es el abanico de posibilidades musicales que se ha creado. Si bien hay algunos patrones comunes en esa enorme producción más allá de los tiempos y las latitudes, la oferta existente es increíblemente amplia, y de ninguna manera se podría pensar en alguna forma más bella, más refinada o más profunda que otra.
Toda música, adecuada a su momento y a su contexto social, es bella. Puede haberla más elaborada. En eso, seguramente, el grado de desarrollo que logró la polifonía europea no tiene parangón; pero de ahí a ponerla como “el” modelo de perfección creativa no hace sino reafirmar la construcción eurocéntrica que sigue dominando. ¿Por qué la única obra musical considerada “patrimonio cultural de la Humanidad” por la UNESCO es, justamente, una composición de un alemán -el Himno a la Alegría, cuarto movimiento de la novena sinfonía de van Beethoven-, independientemente de su real trabajo de elaboración? ¿Por qué no pasa lo mismo con otras creaciones, con una ranchera mexicana por ejemplo, o una danza del África negra? La mayor elaboración en términos técnicos no habla forzosamente de su belleza. Y sabemos que la estética es siempre algo condicionado, puntual, construido históricamente.
El siglo XX ha acrecentado de una manera monumental procesos de cambio que se venían dando desde el XIX. En la lógica que el capitalismo inició, ninguna faceta de lo humano puede escapar a ese horizonte de producción mercantil: todo deviene bien de cambio, tiene un precio, está concebido en función de una estrategia comercial. La música, por cierto, no puede ser ajena a esta dinámica.
La pregunta que podemos abrir, sin embargo, cuestiona hasta qué punto la producción mercantil que vamos viendo acrecentarse día a día en el ámbito musical mantiene el espíritu de belleza que estaba en su base. ¿Se produce porque el autor tiene algo que decir, como desde hace un tiempo se viene entendiendo la creación artística, o simplemente se componen mercaderías para vender?
Está más que claro que los modelos de belleza son, dicho muy rápidamente, coyunturales. No hay una belleza universal a-histórica. De todos modos cabe reflexionar en torno a la producción musical que padecemos en la actualidad, donde se van universalizando gustos más allá de las diferencias culturales, y donde se busca como fin supremo la venta del producto terminado, independientemente de su calidad. Rápidamente queremos enfatizar que ninguna música es más “bonita” que otra; pero creo que pueden abrirse dudas genuinas en torno a esta globalización: ¿por qué la gran mayoría de jóvenes del mundo escucha rock, por ejemplo, o nadie deja de conocer a The Beatles, y no pasa lo mismo con una guaracha o algún grupo de joropo, por muy bueno que sea técnicamente?
Lo peligroso en este proceso en marcha es el lugar de mero consumidor pasivo en que vamos quedando las enormes mayorías, hoy día ya a escala global. Se universalizan gustos, se manipulan tendencias, se imponen consumos. Por supuesto que nadie está obligado a comprar el disco de moda que se publicita por los medios masivos, pero ¿quién y cómo puede sustraerse a esa fuerza?
La música pasó a ser, en muy buena medida, el “ruido” de fondo que estamos constreñidos a consumir, en cualquier parte del mundo, en tanto una mercadería más que hace parte de las “diversiones” que se imponen. De ahí que continuamente cambian los músicos, los productos de moda, las formas en que se presentan propuestas y mensajes -¿superficiales?- que, sin dudas al mes de producidos, son olvidados a la espera del nuevo hit.
La idea de arte musical eurocéntrica de algunos siglos atrás va quedando de lado, y la misma mercadería estandarizada surgida de lo que, quizá imprecisamente, se llama Occidente, ese producto que hace parte del llamado sin ningún pudor “industria del entretenimiento”, va tapando creaciones locales no occidentales, acorralando tradiciones a veces antiquísimas. Sin duda estas producciones, a veces con raíces milenarias, no han desaparecido (todavía al menos; quizá nunca suceda), pero la universalización de las usinas generadoras de modas (y de ganancias) las va rodeando.
La “mercadería musical” conspira contra la calidad. No queremos decir que el pop estadounidense o inglés sea más o menos bello que una raga hindú, un sheng-guan chino o una ópera italiana. Pero, como mínimo, queda la duda respecto a la profundidad creativa -por así decirlo- de estas creaciones a todas luces pasajeras, más pensadas en relación al hit parade que a su perdurabilidad como manifestación de lo espiritual.

“El mal gusto está de moda”, dijo mordaz un músico de gran calidad: el cubano Pablo Milanés. De ser cierto… ¿quién impone las modas?

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