Humala: De la mano con el neocolonialismo imperial

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jueves, 2 de agosto de 2012

José Suarez Danós (especial para ARGENPRESS.info)

El 28 de Julio pasado el presidente Ollanta Humala finalizó su primer año de gobierno.

Los actos de su gestión más el informe de rigor que rindió a la nación peruana facilitan ya el ensayo de un análisis objetivo de su gestión.
Comenzaremos señalando que precisamente su informe lo muestra como un presidente ajeno al mandato encargado por la nación –“la gran transformación”- y orientado a objetivos diferentes.
Ello es ratificado por los hechos de su gobierno, en el cual la población que votó mayoritariamente por su elección fue la menos favorecida -si no fue agraviada-.
Han sido características de su primer año de gobierno, la conflictividad social, la inestabilidad política, el uso arbitrario de la fuerza policial-militar contra pueblos del Perú y la insatisfacción casi general de la población.
En contraparte el fin de este lapso encuentra a un Ollanta Humala extrañamente convencido que “su labor” estaría siendo positiva.
Quizá suponga que culminar un año de gobierno en “piloto automático” y sin modificar nada, sea un logro.
Pero ¿qué originó que Humala haya acusado problemas de gobernabilidad desde el comienzo de su gestión cuando aglutinaba en su favor el apoyo de casi los dos tercios de la población?
La razón sin duda alguna sólo fue una: el fraude al mandato soberano encargado.
En nuestro parecer ello tiene que ver con causas estrictamente personales –rasgos de personalidad del mandatario- y no propiamente con coyunturas de origen político.
La falta de coherencia y ambigüedad que comenzó a denotar al iniciar su gestión, le han pasado temprana factura política toda vez que incidieron particularmente en las expectativas y aspiraciones del mandante soberano. Lo explicamos.
En el 2011 la elección presidencial de Humala presuponía el ordenado tránsito democrático para cumplir con la aspiración nacional por “la gran transformación”.
Ella considera una impostergable y urgente recuperación de la soberanía nacional, el cambio del sistema neoliberal imperante en el país y restablecer el Estado de Bienestar.
Empero ni bien empezada su gestión, se mostró cual gobernante aquejado por el “síndrome de Estocolmo” tras haber sido objeto de un secuestro a manos de ese mismo “sistema” –o un autosecuestro como algunos analistas sugieren-.
El giro doctrinario y programático de 180 grados que dio a inicios de su gobierno para sujetarse al neoliberalismo transnacional, fue en nuestro criterio el silencioso y principal detonante del conflicto social. Craso error político, pues cambió pueblo por elites.
La derecha peruana con la que se alió Humala intentó atribuir a la población de Cajamarca ser la causa de la inestabilidad gubernamental (caso “Conga”, en el norte del Perú), alentando se le reprimiera con la fuerza pública.
Ese conflicto junto con otros similares, fue sólo la onda explosiva visible del hartazgo de dos décadas de los pueblos del Perú con el “sistema”, que ya llegó a su límite. A ello se sumaba, la alianza del mandatario con el neoliberalismo.
Pero como bien lo habrá meditado Ollanta Humala, ese problema político-social fue gestado por él con sus devaneos políticos y el fraude al mandante.
El presidente sabe que en los ancestrales códigos sociales incas de la población peruana, la traición es un problema de difícil resolución y es asumido colectivamente.
Más aún si ella proviene de un soldado que se debe a la patria y que apeló por votos a la imagen del ex presidente Juan Velasco Alvarado, ejemplo de nacionalismo para el Perú.
Para esos pueblos agrícolas con recursos auríferos codiciados por el neoliberalismo transnacional por sobre la vida, hoy el gobierno peruano sólo representa un adversario más como en su tiempo lo fue el virreinato español.
Por esta razón se ha visto obligado a conformar un tercer gabinete ministerial en menos de un año, al que ha llamado “el gabinete del diálogo”.
No obstante desde el momento que ese “diálogo” proviene de un gobierno aliado con el neoliberalismo, para esos pueblos suena a “extremaunción” previa a “la solución final”.
Si intentamos prever cual será la tendencia del gobierno de Humala bastará solamente hojear el informe de su gestión, para percatarse que sólo sigue el plan patrón del “Consenso de Washington” del siglo pasado, para el neocolonialismo de Latinoamérica.
Un indicador de ello es la notoria ausencia de un plan político-estratégico propio, concordante con los cambios acontecidos en la realidad nacional, en el ámbito regional suramericano y en la situación mundial.
Lo más preocupante de la gestión de Humala es que hasta la fecha no se haya referido en lo económico a la crisis terminal del sistema neoliberal ni sobre previsiones macro-económicas de su gobierno para cuando se produzca la debacle final del mismo.
Para efectos prácticos su gobierno aparece como un “calco del gobierno de Alberto Fujimori” con aplicación de retoques “cosmético-mediático-sociales” imprescindibles para borrarle su antihigiénica imagen característica.
Como uno de esos maquillajes aparece el lema “desarrollo con inclusión social y sin sobresaltos” de su gobierno, que no es sino una juntura de falacias y contradicciones diseñadas por la tecnocracia neoliberal en su usual lenguaje dicotómico.
Esto se infiere por la ausencia de propuestas estructurales para transformaciones del Estado que concilien crecimiento económico con redistribución de la riqueza y desarrollo social, que de hecho implicarían un cambio del “sistema”.
Es por esa razón que los programas emprendidos contra la exclusión social más parecen encaminados a alcanzar fines populistas y atribuirle “faz humanitaria” al “neoliberalismo salvaje” del Perú, que a cumplir a cabalidad con su cometido.
A esos “paños tibios” el mandatario viene llamando “la gran transformación”, cuando la verdadera propuesta es totalmente diferente.
Presumimos que esa demagogia sea parte del “calco Alberto Fujimori”.

Pero la pregunta es, ¿cuánto tiempo más podrá tolerar la población ese esquema?.

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El verdadero Ollanta Humala

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Carlos Angulo Rivas (especial para ARGENPRESS.info)

Ollanta Humala no tenía por qué ser diferente. El Perú desde 1990 vive la fantasía del cambio económico, político y social. Cada elección presidencial ha sido desde entonces una frustración de confiadas ilusiones. El país no se sacude de la putrefacción política, la corrupción y el libertinaje de los representantes elegidos; deshonestidad e indignidad acrecentadas a través del desastroso primer gobierno de Alan García 1985-1990.

En 1990 con los votos de la izquierda, Alberto Fujimori se hizo del poder derrotando a la derecha oligárquica representada por el candidato Mario Vargas Llosa. Fujimori se transformó e inició una dictadura neoliberal de proporciones inimaginables, violatoria de todos los derechos ciudadanos. Alejandro Toledo, luego de la marcha de los cuatro suyos, enfrentó a la dictadura fujimorista y ganó las elecciones con los votos de la izquierda, pero gobernó para Estados Unidos con la oligarquía y para la oligarquía. Alan García el año 2006 mediante el fraude del “cambio responsable” volvió a palacio de gobierno y gobernó aplicando un programa neoliberal extremista al servicio de las empresas multinacionales, el imperialismo, la oligarquía y los sectores de la mafia narco-política.
En este contexto, Ollanta Humala inicia una carrera política motejada de “chavista” a través de los medios de comunicación parametrados por los grupos de poder. Sin embargo, ayudado por las ONGs de la intelectualidad progresista se desprende de la línea divisoria latinoamericana del presidente Hugo Chávez y el ALBA y tímidamente, para parecer de izquierda, se acerca al presidente Lula de Brasil. Los intelectuales de las ONGs le preparan el manifiesto de la “Gran Transformación” y hacen alianza con el bisoño aunque calculador comandante Humala. Desde un punto de vista revolucionario la “Gran Transformación” fue un programa neoliberal moderado sin ninguna reforma estructural de cambio político, económico y social, no obstante, sirvió a los propósitos de aglutinar a la cola de Ollanta Humala a los sectores populares, sindicales y campesinos: el voto de la izquierda en el Perú. Una vez más la izquierda electoral colocó en palacio al presidente de la república, pero el proclamado Ollanta Humala sacó su verdadero rostro de inmediato y entregó los sectores productivos, el ministerio de Economía y el Banco Central de Reserva a los grupos mafiosos y de poder oligárquico derrotados en las elecciones. Y a continuación para contentar a las ONGs nombró de primer ministro a su financista Salomón Lerner Ghitis, íntimo de la banca judía y del gobierno norteamericano, que incorporó a contados intelectuales progresistas en el gabinete ministerial y en su cuerpo de asesores. Hasta ahí todos contentos, aun cuando el abandono a la “Gran Transformación” y a la “hoja de ruta” ya estaba consumado.
En los primeros meses de gobierno los acomodos de Lerner con la oligarquía en CADE donde llamó a construir un “capitalismo democrático” y con la gran minería multinacional para sus “contribuciones” voluntarias en vez crear el impuesto a las sobre ganancias fueron notorios; y luego las “consultas previas” con el empresariado antes de actuar o empezar a dialogar con los pobladores, así como la debilidad frente a la lucha anticorrupción, mostraron la exacta dirección del gobierno de Ollanta Humala. No habría cambio alguno sino continuidad del régimen de Alan García sin Alan García. Precisamente, se cayó la careta del engaño cuando Lerner anunció el controvertido proyecto minero Conga de Yanacocha-Newmont, empresa depredadora y nociva ambiental; y Ollanta Humala lo ratificó con la sentencia “Conga Va” en antagonismo a los pobladores afectados de tres provincias del la región Cajamarca. Con la declaratoria del estado de emergencia y la caída del primer ministro Lerner, se levantó el manto encubridor de la verdad. Apareció el verdadero Ollanta Humala en el rostro militar represivo del nuevo primer ministro Oscar Valdés. Del diálogo de los hechos consumados, engaña muchachos, de Salomón Lerner Ghitis se pasó a la confrontación abierta y violenta. Se cambió el estilo mas no la política entreguista corrupta y vende patria.
Los millones de votos que obtuvo Ollanta Humala para triunfar sobre la mafia de Pedro Pablo Kuczynski, Luis Castañeda y el apro-fujimorismo, han sido vendidos en exclusiva a los derrotados. Y hoy se gobierna de espaldas a los sectores sociales de las ciudades, los sindicatos y el campesinado, conglomerado de donde Humala sacó la presidencia de la república. Sin embargo, la disculpa de los intelectuales progresistas de las ONGs es que Ollanta Humala ha sido capturado por la derecha y los grupos de poder, cuando la verdad, por trayectoria y formación, es que nos metieron un Caballo de Troya en la izquierda. No debe olvidarse al militar que pasó por la Escuela de las Américas, ni al capitán represor de la base de Madre Mía, ni al asesor militar del general fujimorista Cano Angulo de Arequipa que le facilitó la aventura de Locumba, menos los privilegios de agregado militar en Francia y Corea otorgados por Alejandro Toledo; tampoco la lavada de manos en el alzamiento de Andahuaylas donde dejó en la estacada a su hermano Antauro. Un hombre de principios por más novato que sea difícilmente falta a su palabra y a los compromisos públicos contraídos con el país. El resto son pamplinas.
Con catorce muertos en su haber y centenares de heridos, debido a las órdenes de disparar a mansalva en las movilizaciones populares de protesta contra la imposición de proyectos usurpadores de tierras comunales y además contaminantes, Ollanta Humala, en diez meses de gobierno, se muestra similar a ese indigno militar ecuatoriano, Lucio Gutiérrez, que apoyado por el campesinado de su país llegó a la presidencia de la república y que por faltar a sus compromisos fue destituido por quienes lo eligieron. En el Perú la paciencia está agotada. En política los hechos son los que cuentan y en Ollanta Humala ahora más son las sospechas que las certidumbres, más las mentiras que las certezas. El
pueblo peruano luego de luchar contra la mafia de ultraderecha representada por Keiko Fujimori esperaba un alivio y cuando menos mínimos cambios económicos y sociales, empero hoy en día todo el país censura la estafa de la que es objeto. Ollanta Humala habla de agitación radical y subversiva en los conflictos sociales y olvida con premeditación y alevosía los discursos reivindicativos de su campaña electoral para llegar a la presidencia de la república. Con esta actitud ligada a los grupos de poder multinacionales y nacionales y la prensa parametrada que sirve a esos intereses, Humala está de espaldas a sus congresistas, al pueblo que votó por él, y a los militantes
nacionalistas.
La deserción de Ollanta Humala confirma el itinerario establecido hace un cuarto de siglo. Confirma el ciclo “sui generis” de gobernar, pues administran el país quienes pierden las elecciones y ello ocurre gracias a la corrupción y a la clamorosa ausencia de principios morales básicos en los gobernantes transformados en tránsfugas políticos. El pueblo seguirá sufriendo mientras se deje y no se dé cuenta que en la espera de renovadas promesas electorales está su derrota.
Carlos Angulo Rivas es poeta y escritor peruano.

Perú: Ollanta tiene la última palabra

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Ninguna actividad ilegal debería ser permitida, sea grande o pequeña, pero utilizar como argumento la necesidad de protección del ambiente para achacar a los trabajadores informales ser los principales causantes de dicho daño, no resiste la mínima revisión, si se compara con los que produce la gran minería en su actividad perversamente expoliadora.

Sergio Rodríguez Gelfenstein / Especial para Con Nuestra América

Desde Caracas, Venezuela

Un coro de voces diversas se han unido en Perú para criminalizar la explotación minera por parte de trabajadores que, desde hace años, han encontrado en esta actividad la oportunidad de subsistencia en un país donde la excusión es brutal y en el que las elites pretenden poner en el mismo nivel ilícito a la minería ilegal y al derecho legítimo de cualquier ciudadano por acceder al trabajo. Son dos cosas distintas.

El 15 de marzo, ante el ya tradicional silencio del Presidente Ollanta Humala cuando hay conflictos, fue la Primera Dama Nadine Heredia quien, a través de su cuenta de twitter, anunció que: “El Perú se une contra la minería ilegal“. Antes, todos los canales de televisión en sus noticieros y programas de entrevistas atiborraban a los televidentes de frases grandilocuentes que llamaban a salvar el país, evitar la violencia y más de uno incluso, estableció supuestos vínculos terroristas de los dirigentes sindicales.

Lo cierto es que nada se dice de la gran minería expoliadora de una riqueza que debería ser de todos los peruanos.

Gigantescas empresas extranjeras que extraen oro, cobre, zinc, plata, plomo, estaño y molibdeno como Glencore y Xstrata de Suiza, Shouganag de China, BHP Billiton de Australia, Barrick Gold de Canadá, Doe Run, Newmon y Phelp Dodge de Estados Unidos y Southern Copper de México no tienen mayor control del Estado ni de los ciudadanos respecto de la explotación y destino de su producción. El valor sumado de la producción de oro, cobre y zinc en 2005 ascendió a 8,000 millones de dólares. Dicho monto equivale a dos veces y medio lo que gastó el Estado en educación primaria y secundaria, salud, protección y seguridad social para todos los peruanos.

Ninguna actividad ilegal debería ser permitida, sea grande o pequeña, pero utilizar como argumento la necesidad de protección del ambiente para achacar a los trabajadores informales ser los principales causantes de dicho daño, no resiste la mínima revisión, si se compara con los que produce la gran minería en su actividad perversamente expoliadora.

En este contexto, el gobierno se ha puesto de lado de las grandes empresas mineras, realizando una labor “complementaria” como lo ha señalado Alfonso García Miró, presidente (E) de la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas del Perú, quien afirmó que aceptan las nuevas reglas de juego porque tienen “intereses que confluyen con los del gobierno”.

Por su parte, la organización indígena Federación Nativa del río Madre de Dios y afluentes (FENAMED) centro de la conflictividad actual ha señalado en un comunicado que: “Es un mito que las comunidad nativas estamos a favor de la minería ilegal y la formalización de que somos depredadores de nuestros territorios cuando desde siempre lo hemos venido cuidando y preservando…”, y concluyen diciendo que los “…diferentes gobiernos nunca se han preocupado en solucionar los problemas mineros de la comunidad, pero en cambio a las grandes mineras si les otorga facilidades para que sean legales” y se preguntan “…¿qué tipo de inclusión es esa?

Ojalá Ollanta salga de su mutismo y exprese su opinión. Él tiene la última palabra.

Perú. Democracia burguesa al desnudo: A propósito de humala

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miércoles 8 de febrero de 2012

VOZ PROLETARIA

“La democracia burguesa”, de la que tanto se ufanan los capitalistas y sus amanuenses, es el escenario donde se desnudan todas las miserias y flaquezas políticas de sus “clases dirigentes”, el lugar donde exhiben sin tapujos sus mezquinos intereses de grupo y, sobre todo el engaño y falsas promesas al pueblo que los eligió. V.I. Lenin, refiriéndose a la democracia burguesa, decía: que los hombres en política, siempre serán víctimas necias del engaño propio y de los demás, si detrás de las frases amistosas sobre igualdad, libertad, fraternidad, etc., no saben distinguir los verdaderos intereses de clase a los que representan.

Los defensores de la democracia burguesa, critican furiosamente a los países socialistas como “dictaduras” y se jactan de su “democracia” como el sistema social más avanzado, donde el pueblo soberano elige periódicamente a sus gobernantes. Todo esto no pasa de ser una farsa, como lo señala V. I. Lenin, “La democracia burguesa” siempre será una democracia formal y aparente, una democracia al servicio de un pequeño grupo, la burguesía; frente a la inmensa mayoría del pueblo trabajador.
Goebbels, siniestro Ministro de Propaganda del gobierno Hitleriano, consciente de la naturaleza engañosa de la “democracia burguesa” decía: “miente, miente que algo queda”. Este principio de la política nazi, es aplicado por nuestros políticos criollos. Si no, pruebas al canto: Fujimori, para ganar las elecciones el año 1990, se presenta ante sus electores como un demócrata antineoliberal, exponente del “No al shock”; pero lo primero que hace al llegar al Gobierno, es aplicar un shock traumático y luego cerrar el Congreso y dar inicio a una política neoliberal, más conocida como “Capitalismo Salvaje”, rematando las empresas públicas, aplicando una política de Terrorismo de Estado, de violación sistemática de los derechos humanos e instaurando el régimen más corrupto de nuestra vida republicana. El mismo fenómeno se repite con Alan García, quien en su campaña electoral el año 2006, se presenta como un defensor de los intereses nacionales, promete un Impuesto a las sobreganancias a la Gran Minería, Revisar los TLC, eliminar los services, la libre desafiliación de las AFP, reforma de la Constitución, etc. Una vez en el gobierno, burlándose de sus electores acuñó su conocida frase “en política no hay que ser ingenuos”.
Y ahora, con Ollanta Humala, quien levantó en las pasadas Elecciones las banderas del nacionalismo, y encarnó las protestas y aspiraciones de los sectores mayoritarios del país, especialmente de las capas más pobres de la ciudad y el campo, se repite la misma historia. Humala, gana en primera vuelta, con el apoyo de los sectores más progresistas del Perú. En la segunda, morigera su propuesta y se presenta con una Hoja de Ruta más digerible para los conservadores, pero sin dejar de lado su compromiso con el pueblo que lo eligió,
Sin embargo, ganada las elecciones y a seis meses de gobierno, tenemos a un Humala, otrora enemigo de la derecha tradicional, a quien la fujimorista Hildebrant tildaba de cachaco, hoy dice que es un hombre inteligente; la dupla ultraderechista Barba Caballero – Rey Rey no le escatiman sus elogios; PPK y Jorge Trelles (a)”nosotros matamos menos”, María Palacios, Mónica Delta y el cacaseno de Aldo Mariátegui, voceros de la derecha y peones mediáticos de la guerra sucia contra “el candidato nacionalista” se muestran complacientes con Humala, a quien Bedoya Reyes, no dudó en señalar que es una “caja agradable de sorpresas”. ¿Qué ha podido pasar para que estos conspicuos voceros de la derecha, se muestren muy complacidos con el ahora Presidente Ollanta Humala? La respuesta es simple, la renuncia de Humala a su propuesta de llevar adelante “La gran transformación”, el pronto olvido de sus promesas electorales, el mantenimiento de la política neoliberal que acentúa nuestra dependencia económica, el saqueo de nuestras riquezas naturales y la sobreexplotación de nuestro pueblo, por parte de las transnacionales.

De esta manera, queda confirmada una vez más la naturaleza engañosa y falaz de la “Democracia Burguesa”; no interesa quién gane, ni las propuestas lanzadas en las campañas electorales; al final “La casa blanca”, la embajada norteamericana, las transnacionales, y la propia burguesía intermediaria, se encargarán de domesticar al nuevo inquilino de Palacio de Pizarro, obligándolo a hincarse de rodillas y cumplir sus órdenes a pie juntillas, con raras excepciones, desde luego, que es justo reconocer, en Latinoamérica, como es el caso de Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en el Ecuador, Evo Morales en Bolivia, que desarrollan procesos nacionalistas y de profundo contenido democrático, en sus respectivos países. Es por ello, que no debemos nunca olvidar que la única garantía de liberación de la clase obrera, y de los trabajadores en general, será obra de la Clase Obrera, en alianza con sus aliados naturales, los campesinos pobres, las capas medias y la intelectualidad progresista.

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Perú: Ser elegido con la izquierda para gobernar con la derecha

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viernes 23 de diciembre de 2011

Ollanta Humala en 136 días ha producido una “masacre política”, dejando en la calle a aquellos que lo construyeron como candidato, le escribieron los discursos y le pagaron la campaña electoral.

Oscar Ugarteche / ALAI

La construcción de un candidato presidencial es un proceso complejo de construcción de imagen, de discurso, de configuración de alianzas y en última instancia de visibilidad real. Construir un candidato cuesta dinero y esfuerzo de mucha gente. El entorno del futuro candidato hace este esfuerzo en un acto de fe política convencido de que éste podrá cambiar el rumbo de la historia. Es lo que el Banco Mundial llamaría un acto de inclusión social. Los/las jóvenes repartidos por el país hacen campañas y rompen el descrédito de la política para que las nuevas generaciones voten por la izquierda y no por la derecha y para que las generaciones mayores retomen su compromiso con la sociedad, perdido ante las frustraciones de décadas de luchas truncas. Haciendo camino al andar, cada grupo de trabajo inventa un imaginario progresista y trata de empatar eso con lo que se ve en el horizonte.

La división derecha/izquierda está delineada por una consciencia ambiental versus políticas extractivistas; democracia participativa versus democracia electoral; derecho al cuerpo versus la sexualidad reproductiva compulsiva; las mejoras en los salarios y en la distribución del ingreso versus concentrar el ingreso y aquietar a los mercados; políticas económicas heterodoxas versus políticas económicas ortodoxas; modelo de crecimiento exportador versus un modelo de crecimiento hacia adentro; más impuestos a los ricos versus exoneraciones tributarias; lucha contra el racismo y toda forma de discriminación versus el status quo.

Caído el bipolarismo internacional en 1990, hay la búsqueda por la construcción de un nuevo regionalismo político multipolar versus la unipolaridad militar con la que Estados Unidos actúa, dada su pérdida de liderazgo global.

La lucha de clases hoy día es más compleja que la lucha entre ganancias y salarios únicamente porque lo que está en juego es el planeta. La lucha salarios-ganancia la ganó el sector financiero, que consolidó en el mundo occidental una participación cada vez menor de salarios en el PIB a cambio de una concentración creciente del ingreso. Esta ha sido la razón de ser de las protestas de los Indignados españoles y de Occupy Wall Street así como de los precursores de los cambios en todo el Mediterráneo.

Es ya una práctica instalada que los presidentes/alcaldes/gobernadores, con o sin partido de izquierda, una vez electos, patean su tablero e intentan colocarse al centro político, acomodándose con el poder contra el cual estaban corriendo. Esta transición política deja a algunos viejos actores fuera de juego e introduce a unos nuevos actores en el escenario. La razón esgrimida por los electos es que hay que ser elegido con la izquierda para gobernar con la derecha. Los gobiernos progresistas de América del Sur y la social democracia europea están llenos de esto.

El más reciente miembro del creciente club de los tránsfugas es el presidente peruano sobre el que algunos cifraron muchas esperanzas. Un gobierno de izquierdas en el Perú podría haber significado la consolidación del proyecto sudamericano. El viraje peruano, al que ya estamos acostumbrados desde la elección de Alberto Fujimori Fujimori (AFF) en 1990, fue más brusco que entonces. En 1990, AFF tardó dos años en sacar a sus compañeros de ruta electorales del gabinete y rompió las alianzas finalmente cerrando el congreso el 5 de abril del 1992 con el autogolpe. Es decir, tardó 608 días en sacar del gabinete a todos los “progresistas” y un mes más para eliminar a sus asesores de campaña antes de asumir el gobierno.

Ollanta Humala (OH) en 136 días ha producido una “masacre política”, dejando en la calle a aquellos que lo construyeron como candidato; le escribieron los discursos y le pagaron la campaña electoral. Las alianzas políticas siguen en la bancada del Congreso dentro de una cancha rayada muy complicada. Si sus compañeros de bancada se van porque los ha defraudado, gobernará con Fujimori y el Apra. Por las dudas, el presidente del Congreso habla de la necesidad de indultar al reo AFF y boicotea la labor de la comisión contra la corrupción del régimen de Alan García Pérez. De manera insólita el gobierno progresista de OH no puede hacer lo que el gobierno de Toledo de centro derecha logró, enjuiciar la gran corrupción. El Parlamento no ayuda a OH en su labor o el presidente del Congreso hace puentes para el cambio de alianzas final. La “masacre política” del 10 de diciembre ocurrió cuando 11 de 17 ministros fueron defenestrados tras un acto presidencial, donde primero desautorizó públicamente al Premier en unas negociaciones con la población en Cajamarca; en segundo lugar decretó el estado de emergencia en la zona minera aurífera en debate. Y finalmente metió a la cárcel a los responsables políticos de la zona que estaban en Lima intentando encontrar una solución pacífica al conflicto originado por las demandas de una empresa que quiere utilizar cuatro lagunas para sus actividades mineras, contrariando la opinión de la población de la zona que quiere mantener sus lagunas.

Fue tanto una “masacre política” como una demostración de estilo político. Ya puede el presidente cerrar el recién abierto Ministerio de la Inclusión Social y ahorrarle al Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) unos soles. Lo “eficiente” es que sean programas del Ministerio de la Presidencia. Alguien tendría que explicarle al presidente la distancia entre la eficiencia económica y la eficiencia política y que la inclusión social es un tema de política macroeconómica y no ajeno a ésta.

En la relación con Estados Unidos hay que enfatizar que éste fue el último país visitado por Humala en el hemisferio tras su elección, luego de su gira por Suramérica. Visitó al Consejo Nacional de Defensa de dicho país en julio porque hay en el Perú, según Mónica Bruckman de la Universidad Federal de Rio y Ana Esther Ceceña del Observatorio Geoestratégico de la UNAM, igual o mayor numero de militares estadounidenses en el Perú que en Colombia y porque el Perú está además lleno de bases aéreas estadounidenses.

El primer visitante oficial estadounidense al Perú el 29 de noviembre del 2011 fue el General William Brownfield, subsecretario de Estado de los Estados Unidos para Asuntos Antinarcóticos y Policiales. Antes Brownfield fue embajador de Estados Unidos en Colombia durante los años de Álvaro Uribe, el aliado más fuerte de Washington en América Latina.

El 23 de noviembre, en el marco de la celebración del 50 aniversario de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), el Ministro de Relaciones Exteriores, Rafael Roncagliolo Orbegoso, condecoró a su director en el Perú, Richard Goughnour, con la orden “El Sol del Perú” en el Grado de Gran Cruz.

En setiembre, a un mes de asumido el nuevo gobierno, el programa de cooperación de Estados Unidos con el Perú se amplió de 230 millones a 293 millones de dólares para el periodo 2008-2012 que en los hechos quiere decir que le han dado a Humala 60 millones de dólares más para el inicio de su gestión. Con esto se podría sugerir que el Perú está alineado con Washington al igual que Colombia, México y Chile y sigue en el llamado Arco del Pacifico.

Es decir que no hay variación sustantiva en la política exterior contrario a lo que se esperaba por sus dos discursos sobre la materia donde enfatizó la importancia del multilateralismo y de Suramérica.

Consciencia ambiental versus políticas extractivistas

El Perú es y será un país minero. Esta condena al rentismo ambiental es una amenaza no solo para los pobladores de la sierra donde yacen las minas, sino para todo el planeta. Los Andes peruanos se han quedado sin nieve desde hace más de dos décadas mientras se irriga el desierto en la costa, cambiando así el ecosistema. La minería genera divisas y deja pasivos ambientales que se han convertido en un problema mayor en la zona de Cajamarca. En el mes de setiembre había 90 conflictos socioambientales latentes relacionados a la minería y estos comenzaron a estallar en el mes de noviembre cuando la población comenzó a sentir que no pasaba nada con sus demandas anteriores al cambio de gobierno.

El discurso electoral de Ollanta Humala estuvo centrado en la conciencia ambiental y nombró al ministerio del ramo a un mentor político de OH, Ricardo Giesecke. Giesecke, un experto internacional en temas ambientales, fue del grupo pequeño del entorno de Humala desde 2005. En dicho ministerio estaban dos viceministros de izquierda relacionados a temas ambientales lo que era coherente con el discurso de campaña. Estos fueron defenestrados junto con el ministro. Fueron reemplazos -como en 1992- por “técnicos”, como si Giesecke, Cabieses y de Echave, el trío defenestrado del Ministerio del Ambiente, no lo hubieran sido. Lo que interesa ahora es que sean técnicos dispuestos a conversar con Washington, digamos.

Democracia participativa versus democracia electoral

Detrás del Partido Nacionalista hay un grupo político llamado Gana Perú que fue el que finalmente le dio el triunfo a OH. Este se conforma por intelectuales y lideres regionales que armaron la campaña presidencial, sobre todo en la segunda vuelta, cuando Humala podía perder. El objetivo de Gana Perú era hacer del proceso político que Humala iniciaba uno de democracia participativa, donde el diálogo social sería el rasgo y los intereses populares estarían en el centro.

La manera cómo se manejaron los conflictos relacionados con la minería de Andahuaylas y Cajamarca mostró lo siguiente. El ministro de energía y minas llegó a Andahauylas a bordo de un avión de la empresa minera Yanacocha, propietaria de la mina Conga, en cuestión. El equipo de ministros y vice ministros que estaban allí para la negociación fue dispar, regresándose a Lima dos ministros por temor. Es decir, un gobierno dispuesto a negociar desde las empresas y con temor al pueblo. Estos ministros desautorizaron en última instancia a los negociadores que estaban trabajando con la población que reaccionó con furia (http://www.forosperu.net/showthread.php?t=256905 ) Esta es la misma figura que la que ocurrió en Cajamarca en noviembre con el tema de la mina Conga. El temor al pueblo y la alianza con los empresarios mineros en nombre de que “el mercado tiembla”.

Finalmente, al darle la espalda a la democracia participativa que la población reclama en todo el país y más en las zonas rurales afectadas por la minería, el presidente acaba de abrir un escenario: la población puede quedarse quieta por miedo a la represión o puede salir a la calle demandando la salida del electo en una figura similar a la ocurrida con Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez en Ecuador; con Carlos Meza Gisbert, y Gonzalo Sánchez de Losada en Bolivia, que salieron por presiones sociales. Huelga mencionar la dinámica del mediterráneo, donde la presión de la calle expulsó al premier griego, al italiano, al español, al portugués y al tunecino, libio, egipcio, yemení, mientras hay fuertes protestas en Siria e Israel todas en el año 2011. El otro lado de esto es un endurecimiento de la democracia al estilo de Alan García que es la apuesta de Washington.

Demandas de mejoras en los salarios y en la distribución del ingreso versus aquietar a los mercados

Mejorar el mercado interno mediante una mejora en la distribución del ingreso es una demanda clamorosa de la población peruana. Esta ha sido respondida mediante la introducción de un programa de jubilación a los 65 años y de becas a los estudiantes de 18 años, anunciados el 28 de julio del 2011 por Ollanta Humala en su discurso inaugural. Lo que es menos probable es que se formalice más el empleo y se mejoren las remuneraciones, porque el Ejecutivo ha tomado un giro conservador en lo político y neoliberal en lo económico. El nombramiento inicial del ministro Castilla en la cartera del MEF fue una sorpresa para el equipo económico del presidente que creyó que habían ganado las elecciones. Ni Dancourt, ni Félix Jiménez fueron nombrados a la cartera de economía a pesar de ser los responsables del área económica del plan de gobierno. Al revés, se promocionó al vice ministro de economía al cargo de ministro para mantener la estabilidad de las políticas. Fitch Ratings subió al Perú a BBB en noviembre, en mérito a la continuidad de las políticas.

El Dr Castilla obtuvo su doctorado en economía de la universidad Johns Hopkins en Baltimore, Estados Unidos, y a diferencia de Rafael Correa no ha tenido un cambio de sentimiento, sino que es esencialmente un economista ortodoxo, cuyo objetivo es mantener la inflación en el punto más bajo posible para permitir el desarrollo de los mercados. El es un creyente en los superávits fiscales y de balanza de pagos, ambos que existen en el país desde hace una década. No es un heterodoxo que esté buscando el desarrollo del mercado interno y la inclusión social.

Finalmente, lo que puede llevar a una militarización del régimen no es que existan militares dentro del gobierno, sino la fragilidad del régimen político elegido con un sentido y gobernado con el sentido contrario. Para que los perdedores puedan mantenerse en el poder al que llegaron el 10 de diciembre, el espacio de la protesta social debe ser reducido. La mitad de la población eligió otra cosa y puede exigir aquello por lo que votó que se relaciona con sus derechos ciudadanos. Ya no quedan casi iletrados en el país y la conciencia de la postergación ciudadana en los pobres está clara, más aún cuando la riqueza mineral sale de su tierra y a cambio le dan contaminación ambiental.

México, 19 de diciembre de 2011

– Oscar Ugarteche, economista peruano, trabaja en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, México. Es presidente de ALAI y coordinador del Observatorio Económico de América Latina (OBELA) www.obela.org

Ollanta Humala y el laberinto de sus aliados de “izquierda”

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lunes 19 de diciembre de 2011

Luis Arce Borja (especial para ARGENPRESS.info)

En junio del 2006 escribí un articulo de crítica a los personajes de la» izquierda oficial” peruana que durante la campaña presidencial del 2006 se subieron al carro electoral del comandante Humala. Llamaron a votar por este militar acusado de crímenes y torturas. Ese artículo revive en el 2011 cuando esos mismos personajes vuelven con más decisión y repiten su apoyo por este militar que ganó las elecciones presidenciales y actualmente se perfila represivo y se dirige a instaurar un régimen de dictadura militar “constitucional”.

Estos personajes, algunos con muchos años encima y hasta jubilados fraudulentamente siguen desfilando bajo la misma bandera de estafas electorales y de servilismo político. Por ejemplo, uno de estos personajes es Gustavo Espinoza Montesinos, quien en junio del 2011 saludando el triunfo electoral de Ollanta Huama dijo: “Estamos al pie de la esperazas… primera vez en la historia patria que un movimiento popular progresista y avanzado logra hacerse del gobierno”. Pero el delirio de Espinoza fue mas lejos cuando señalo que con el triunfo de Humala, había llegado finalmente a “nuestras playas una verdadera revolución” que por las condiciones en las que se desarrolla “es más avanzada y apunta al socialismo”.

La lista de estos personajes es enorme. Solo para mencionar algunos de ellos, ahí está Hugo Blanco, Javier diez Canseco, Raúl Wiener, los dirigentes de la Confederación General de trabajadores del Perú (CGTP), el grupo “Patria Roja” y otros que desde el 2006 se enrolaron en el proyecto reaccionario del “nacionalista” Humala. El tiempo no ha modificado en nada la conducta política de los grupos y personajes de la izquierda legal del Perú. Bajo el pretexto del “mal menor”, han manipulado a las masas y las han llevado tras el carro electoral de los candidatos de los grupos de poder y del imperialismo. Usan un discurso cínico cuyo objetivo es servir al gobierno de turno. Su método es el mismo. Se venden en cuerpo y alma al nuevo gobernante. Usan loas y los mejores calificativos para justificar su servilismo.

Pero cuando el presidente de turno que ellos contribuyeron a llegar al poder, inicia su ciclo reaccionario y de represión, la “izquierda” hace contorciones y con facilidad se declara “oposición”. Pero tal “oposición” es inexistente. Su objetivo en este periodo es infiltrar una vez las masas y sobre todo los sectores en conflicto y desde el interior desviar la lucha popular. Un ejemplo reciente de esto es el conflicto del pueblo de Cajamarca y la actitud represiva del militar Ollanta Humala. Ahí acaba de hacer su ingreso los personajes de izquierda, quienes desde la CGTP o de sus magras organizaciones “amenazan” con movilizarse contra el gobierno de Humala que ellos llevaron al poder. Por Ejemplo, Hugo Blanco quien durante la campaña electoral dijo “yo voto por Humala” acaba de hacer un llamado para “ponerse del lado de los hermanos cajamarquinos contra el presidente que los traicionó”. Aquí no hay ninguna traición, el mas despistado en política podía saber que este militar no era otra cosa que la continuación de los gobiernos anteriores.

La izquierda de don Jacinto Peláez y el voto por Humala

Y cuando ustedes piensan con justa razón que la izquierda peruana, maltrecha y despreciada por tantos engaños y amores ingratos, aprendió la lección y que ahora no hay héroe o villano que le tome el pelo, se equivocan de cabo a rabo. Ahora en pleno 2006, con ojos moribundos y lastimeros de tantos fracasos, mira con destellos libidinosos al comandante Ollanta Humala, también fornido, de gruesas palabras y ducho en manejo de armas

La izquierda peruana, mejor dicho los minúsculos retazos de lo que ayer se llamaba “izquierda unida”, nos hace recordar a la joven desdichada y sin suerte de la novela de don Jacinto Peláez (*). La pobre chica, narra don Jacinto, ya no era virgen como para sentirse orgullosa, y a golpe de engaños y mentiras tenia diez hijos de diferentes progenituras. Su vida era triste y errante, maltrecha, y sin belleza nadie la tomaba en cuanta, ni siquiera para contarle un nuevo cuento. Qué tristeza había en su vida.

En 1985, como doncella en flor, abrieron los ojos y se entregaron a Alan García Pérez, en quien vieron al buen mozo, joven y fornido que les deparaba un destino confortable y prometedor. Pobre izquierda, y ahí fue engañada, por decir una frase de la novela de don Jacinto Peláez. Después, cuando pasó los 9 meses y se dieron cuenta del engaño ya era tarde. Lloraron y gritaron derechista y reaccionario. Poco tiempo después, en 1990 apareció como un príncipe encantado Alberto Fujimori, un chinito con saco y corbata que les crispo el corazón y el flechazo fue a primera vista. La izquierda, un poco en sueños y un poco en la realidad, navegó en los oropeles del poder. Engañada vilmente por García Pérez, llamó a votar por el pretendiente Fujimori. Dijeron que éste era el “candidato del pueblo”. Y ahí nuevamente volvió a ser miserablemente engañada. El chinito salió más mentiroso que el propio García, y como narraría don Jacinto Peláez, esta infeliz moza cayó una vez más en las lujurias de sus ambiciones.

Pero no crean que esta desdichada izquierda aprendió la lección, y como dice con sabiduría don Jacinto, “gallina que come huevo así le corten el pico”, volvió a repetir la historia. En el 2001, sin ningún remordimiento de por medio, quedo hechizada por los encantos y promesas que le cantó en las orejas don Alejandro Toledo, al que esa izquierda, la que ahora vive como alma en pena, lo llamó el “cholo” y el gobierno de todas las sangres”. Lo que vino después ya es historia conocida, y la pobre izquierda como la deidad embarazada se quedó esperando el paso de algún otro marchante que le reconozca el hijo.

Y cuando ustedes piensan con justa razón que la izquierda peruana, despreciada por tantos engaños y amores ingratos, aprendió la lección y que ahora no hay héroe o villano que le tome el pelo, se equivocan de cabo a rabo. En pleno 2006, con ojos moribundos y lastimeros de tantos fracasos, mira con destellos libidinosos al comandante Ollanta Humala, también fornido, de gruesas palabras y ducho en manejo de armas. El amor es ciego, y esta izquierda pasó por alto que este militar tiene las manos tintas en sangre por el asesinato de varios pobladores de Madre Mía en el Alto Huallaga cuando era uno de los jefes militares del fujimorismo. Humala le robó el corazón a esa desdichada izquierda que sin respingo llamó a votar por el ex militar fujimorista. Y los recuerdos son simples recuerdos, y para qué acordarse de García Pérez, Alberto Fujimori y Alejandro Toledo, son malos momentos del pasado y nada más. En todo caso, como se dice don Jacinto Peláez, no hay primera sin segunda, y en penas y amores son muy pocos los entendidos.

Pero al margen de la historia novelesca y pueblerina de don Jacinto Peláez que el tituló “Las palomas se fueron volando”, es bueno aterrizar en los hechos actuales y recordar que esta izquierda no tiene nada de inocente.

Los aparentes engaños fueron consentidos y en ese sentido no hubo delito de la parte contraria. Su trayectoria, si bien es cierto es deprimente como para ponerse a llorar, es simplemente oportunismo rastrero hacia el poder de turno. El carácter ideológico de su conducta es evidente y se trata que esta izquierda, ya no es izquierda, o en todo caso se trataría de la izquierda de la derecha peruana. En estos últimos 30 años ha buscado cualquier pretexto para colaborar con los regimenes de turno. Así vieron en García Pérez, el radical contrincante de la derecha peruana, y así vieron en Fujimori, el opositor por excelencia de los grupos de poder liderado por el escritor Vargas Llosa. Y así vieron en Alejandro Toledo, al líder de los pobres y de los sectores democráticos del Perú. Y así vieron en 2006 a Ollanta Humala, al antiimperialista y el “grito y la esperanza de los excluidos, de los pobres que exigen un cambio del modelo económico”. Sinesio López, antiguo dirigente de izquierda unida, acabó como funcionario del gobierno de Toledo.

Lo que hay que tener en cuenta en la cándida historia de esta izquierda, es que su deprimente conducta para arrastrarse tras los candidatos de turno de los grupos de poder, va paralelo a su descomposición y crisis interna que se acentúa cada vez más. Basta mirar sus resultados electorales para saber que no representan a ningún sector de trabajadores ni del pueblo. En el terreno político, sindical y popular no tiene ninguna vigencia. Ha perdido cualquier significación en las luchas populares, y al contrario esta izquierda es responsable directa de que los asalariados peruanos hayan retrocedido, hablando de conquistas sociales y salariales, a la década del 60. Sus traiciones y sus componendas con los gobierno de turno, ha hecho del movimiento sindical y popular, un amasijo desclasado, que sirve exclusivamente para el circo electoral, pero no para la defensa de los intereses y derechos de los trabajadores y el pueblo.

La lista es larga de nuestros “izquierdistas” devenidos en “humalistas”, y solamente queremos terminar esta nota señalando que la conducta sin principio y sin ningún tipo de moral política de estos personajes, configura la grave situación política que vive el Perú. No hay salida a corto plazo para las clases populares. El pueblo seguirá siendo masa miserable para los grupos de poder. La carencia de dirección política es evidente, y mientras no aparezca una organización capaz de dirigir las luchas populares, las graves condiciones de crisis de la sociedad seguirán en desarrollo. Y en ese marco de descomposición de la sociedad y del Estado, los procesos electorales solo son instrumentos que utilizan los grupos de poder y el imperialismo para poner a tal o cual a sátrapa en el gobierno. Ahora es el turno del “nacionalista” Ollanta Humala, quien como previmos antes de su triunfo electoral, seria la continuación del gobierno fujimorista y aprista. Sin duda este gobierno es la continuación de la militarización del Perú.

El comandante en su laberinto: Ollanta Humala y sus mensajes en Ayacucho

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No son pocos quienes sostienen que el discurso del Comandante en la localidad ayacuchana Pampa de la Quinua preanunciaba una cierta inclinación hacia la militarización en lo referente a la resolución de conflictos sociales, sobre todo en la compleja coyuntura de la minería a nivel nacional, y en materia económica, una inclinación hacia un rumbo programáticamente en la línea del Consenso de Washington.

José Toledo Alcalde / Especial para Con Nuestra América

Desde Lima, Perú

“Enviamos médicos y no soldados”

Fidel Castro Ruz, Reflexiones. 23 Enero 2010

La renuncia del Premier Salomón Lerner Ghitis y la designación de ministro del interior Óscar Valdés Dancuart, ex Teniente Coronel del Ejército Peruano, ha despertado una serie de comentarios y argumentaciones que van desde la posible tendencia a la militarización o derechización del Estado peruano o sobre la fractura del sector izquierda y la desintegración de la concertación Gana Perú, plataforma política que impulsó – en primera y segunda vuelta electoral – al actual gobierno liderado por el nacionalista Comandante Moisés Ollanta Humala Tasso , Presidente de la República del Perú (en adelante Comandante). El comentario de mayor peso es aquel que atribuye la actual crisis al interior del gabinete ministerial al discurso que el Comandante emitió en la celebración del 187° Aniversario de la Batalla de Ayacucho, en la Pampa de la Quinua (09/12/11), el cual comentaremos en las líneas siguientes.

La estructura interna del discurso patriótico-militar del Comandante no es ajena a los diferentes mensajes o discursos militares que hemos podido revisar. Estos discursos como dirían los especialistas están compuestos de objetos discursivos preexistentes dentro del campo enunciativo como: nación, orden, progreso, civilización, moral, política, tradición, raza, clase, amor, valor, etc. Esta constante homogéneamente doctrinal – la mayoría de veces de índole liberal – emparenta al movimiento militar latinoamericano entre los que jugaron a defender principios del pragmatismo liberal o aquellos que asumieron el socialismo como distintivo patriótico-castrense.

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