Palabras de Pablo González Casanova en el seminario Planeta Tierra: movimientos antisistémicos en el Cideci, Chiapas, el 1º de enero de 2013

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Otra política, muy otra: los zapatistas del siglo XXI

 

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Niños desplazados en 1996 de la comunidad Jesús Carranza, captados el 10 de septiembre de 2001 en la comunidad de San Marcos, municipio chiapaneco de SabanillaFoto Francisco Olvera
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Una tzotzil recibe a los asistentes al Encuentro Latinoamericano por la Verdad y la Justicia, el 13 de noviembre de 2008, en Acteal, ChiapasFoto Moysés Zúñiga Santiago
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Pablo González Casanova, cuando asisitió al primer Coloquio Internacional in memoriam Andrés Aubry, en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, en diciembre de 2007Foto Víctor Camacho
Pablo González Casanova
Periódico La Jornada
Sábado 26 de enero de 2013, p. 2

En primer lugar, propongo que enviemos un mensaje de solidaridad al extraordinario comunicado que publicaron el 30 de diciembre el Comité Clandestino Revolucionario Indígena y la Comandancia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Es un documento de enorme importancia.

Al venir aquí estaba pensando cómo se vincula su sentido a los cambios que ha habido en este tipo de encuentros. Los cambios se han dado en varios sentidos, particularmente en el énfasis cada vez mayor que se está poniendo en la categoría de capitalismo corporativo. Es una categoría que nos permite un análisis mucho más profundo y preciso que la categoría del poder desvinculada del poder del gran capital, y sin articulación con el complejo empresarial, militar, político y mediático, que maneja un proceso mundial llamado globalización.

Por otra parte, me vino nuevamente al pensamiento lo mucho que he aprendido oyendo las reflexiones de los compañeros, producto de la memoria de sus luchas, de la práctica de sus teorías y del encuentro con las que vienen de los movimientos de liberación y emancipación de otros mundos, en particular del mundo occidental, pero también de África y Asia, así como de las luchas de liberación en los años sesenta y setenta en América Latina.

Al llegar aquí me pareció interesante destacar también cómo los zapatistas han enriquecido y precisado el discurso de lo uno y lo diverso, de lo constante y lo cambiante en la historia y la geografía activa y cognitiva. Esas fueron algunas de mis rememoraciones. Pero hace unos momentos pensé que era importante preguntar a un compañero tzotzil: ¿Cómo leyeron el comunicado? Porque cada uno de nosotros lo leyó e interpretó de una manera determinada o predeterminada. Lo que contestó me ayuda a darme cuenta que uno lee de una manera que se puede enriquecer con la manera de lo que otros leen.

El hermano tzotzil me respondió: “No lo leímos como si nos dijera ‘¿quién eres?’, sino ‘¿cómo te vas a ver en este mundo de diferencias y que no es en todo diferente?’ Como si nos dijera: tenemos que encontrarnos y que actuar juntos. Su respuesta se relacionó con algo que vi en el comunicado: el vínculo más estrecho que se proponen los zapatistas con la organización nacional de los pueblos indígenas, así como el intento de aumentar los vínculos con los adherentes a su movimiento, y también de ampliarlos y fortalecerlos con otros movimientos sociales de México y el mundo.

El comunicado y la respuesta del hermano tzotzil me permitieron replantear el problema de que les quiero hablar brevemente.

Ésta es la oportunidad para pensar y organizar una inmensa Red de Colectivos en Defensa del Territorio, y de la Tierra –y de la tierra con t minúscula y con T mayúscula. Es una tarea fundamental, si se piensa en la otra política desde abajo y desde la izquierda, y si pensamos en la dialéctica de las necesidades inmediatas, en que éstas muchas veces frenan o se oponen a las grandes luchas de largo plazo –que las organizaciones de los pueblos más oprimidos logran superar cuando ven cómo les quitan tierras y territorios y la posibilidad misma de vivir.

Hay muchos pueblos en los que se juntan los proyectos inmediatos y los de largo plazo, circunstancia que de una manera u otra los lleva a crear, con la junta de las viejas y las nuevas resistencias y combates, una nueva política –muy nueva– que escapa a la vieja alternativa de reforma o revolución.

En realidad su planteamiento político corresponde a una creación histórica tan nueva que es difícil de entender por quienes viven el presente como si fuera el pasado. El problema no es exclusivo de quienes están movidos por un pensamiento conservador, sino de aquellos que, viniendo del comunismo, de la socialdemocracia o del nacionalismo revolucionario, están acostumbrados a hacer política de partidos electorales, política institucional al estilo del siglo XX.

La posibilidad de crear una Organización Mundial en Defensa del Territorio y de las tierras y la Tierra constituye la posibilidad de enfrentar una política cuyos poderosos dirigentes se están yendo en los hechos a la extrema derecha del capital corporativo y de los complejos empresariales, militares, mediáticos y políticos, mientras la izquierda electoral ha dejado de ofrecer lo que antes ofrecía, o hace ofrecimientos que no cumple, porque no tiene la menor fuerza para cumplir, ni para construir la necesaria fuerza que exige un programa mínimo –efectivo– contra el neoliberalismo y la globalización.

La creación histórica de los nuevos movimientos sociales de los despojados, desregulados, subrogados, se enfrenta a una política de recolonización del mundo por los complejos empresariales militares, políticos y mediáticos, que usan dos elementos del poder: la propiedad y la fuerza; el dominio y la soberanía, el poder de compra del propietario y el imperio del poderoso, la megaprivatización como despojo legalizado de naciones y sociedades, y una conquista del mundo legalizada y disimulada que se apoya en las fuerzas militares y financieras y en los políticos, aliados, subordinados y coludidos o cooptados.

Privatización y ocupación financiera y militar de estados y mercados son dos medidas, de que el capital corporativo y sus complejos se valen para ocupar –como propietarios, acreedores o como colonizadores liberadores que en tiempos pasados se llaman civilizadores. Entre los países privatizados incluyen a sus propios países sede y, por supuesto, al resto del mundo. Con las más variadas medidas financieras, militares, mediáticas han refuncionalizado o anulado numerosos intentos de reforma al capitalismo o de revolución frente al capitalismo.

La refuncionalización de los estados-nación y de los sistemas políticos es tal, que los han destrozado en sus estructuras y organizaciones, en sus sentidos de la vida pública y en sus antiguas luchas, programas y medidas que entre crecientes contradicciones buscaban por lo menos algo del interés general y el bien común. Hoy con el gobernar convertido en gobernanza facilitadora de las megaempresas siguen destrozando, sometiendo y desmantelando de tal manera a los pueblos que cualquier crítico mínimo del actual sistema de dominación y acumulación capitalista no puede seguir pensando y actuando como antes.

Un deseo mínimo de saber en qué mundo vivimos nos lleva hoy a registrar en nuestros conceptos y nuestra conducta que el capitalismo corporativo y sus complejos están destruyendo cada vez más las mediaciones que les resultaban útiles en la posguerra, a las que dieron un fuerte impulso con el fin político de vencer al bloque soviético y chino, y con el económico de aumentar la demanda agregada mediante el desarrollo estabilizador de la producción, los servicios y el consumo, nacionales, públicos y sociales.

Las mediaciones destruidas y en proceso de destrucción por el neoliberalismo y la globalización contribuyeron a debilitar y acabar con distintos proyectos de las fuerzas emancipadoras. Muchas de éstas pensaban lograr el socialismo y la democracia a través de reformas. Sus partidarios defendían ideologías y programas cuya efectividad se comprobaba con el Estado social y el desarrollista. Sus partidarios pensaban que por ese camino podían alcanzar lo que otros seguían planteando como la revolución necesaria, al estilo del 48 del siglo XIX, o como la había planteado Lenin al vincular la lucha de los trabajadores con la lucha contra el capital monopólico e imperialismo en una revolución armada concebida como parte de la revolución mundial.

Las restructuraciones y refuncionalizaciones impuestas por las fuerzas hoy dominantes fueron limitando la política de partidos electorales y parlamentarios hasta suplantar la política de reformas con la de contrarreformas llamadas reformas, y la guerra de contrainsurgencia con la guerra de recolonización, llamada de globalización.

Mientras gran número de las fuerzas progresistas continuaron en la lucha legal y parlamentaria, buen número de los movimientos opositores optaron por la vía armada. En todo caso la acumulación de fuerzas electorales por los partidos logró subsistir hasta hoy, y predominar en las corrientes socialistas y comunistas, y lo hizo y sigue haciendo cuando cada vez están más privadas de sus programas y doctrinas y no defienden ninguno mínimamente coherente en las palabras y los hechos.

Los antecedentes y evolución de este proceso son conocidos. La revolución de principios del siglo XX no estalló en los países hegemónicos del mundo capitalista y llegó cuando la mayoría de los partidos comunistas, en general los prosoviéticos, decidieron luchar como partidos políticos con dos objetivos: el de acumulación de fuerzas y el de incrementar la solidaridad con los países del bloque soviético. En esas circunstancias, las corporaciones y complejos combinaron cada vez más la inmediación violenta con la mediación y mediatización política de sus enemigos de la guerra fría. Durante décadas permitieron o se vieron obligados a permitir el desarrollo estabilizador, junto con la descolonización formal de parte de África, Medio Oriente y los países árabes. Así actuaron hasta que, desde los años sesenta, se inició la gran crisis recurrente y sistémica que una y otra vez dan por superada, lo que en los hechos revela ser del todo falso.

En el curso de la prolongada crisis la posición hegemónica de las corporaciones consistió en abandonar las políticas anticíclicas del Estado social y en pasar al adelgazamiento, desmantelamiento, refuncionalización y recolonización del propio Estado metropolitano y de los estados periféricos.

El capital corporativo impuso políticas financieras, políticas militares, ideológicas, económicas, sociales, educativas, culturales, ecológicas, así como empresariales de dominación y apropiación de estados y mercados. Combinó y perfeccionó las viejas armas combinadas de la represión y la corrupción y dio un salto en sus organizaciones monopolistas para su integración en complejos militares-empresariales-políticos y mediáticos. Buscando dar la máxima efectividad posible a sus megaorganizaciones, recurrió a las nuevas técnicas y ciencias electrónicas, digitales, cibernéticas, altamente funcionales a la organización de sus políticas de expansión global.

La magna organización mundial del capital corporativo y de los complejos empresariales militares les permitió dominar a un mundo que paradójicamente se volvió cada vez más irracional en el inmenso entorno o contexto en que opera, efecto llamado lateral en un mundo al que sus expertos consideran siempre como externalidades, las que en el mejor de los casos sólo se analizan para mejor desarmarlas, dominarlas y explotarlas.

Con la gran crisis de las mediaciones del Estado anterior, los partidos políticos dejaron de distinguirse claramente en programas y políticas, y todos o casi todos actuaron al mismo son. El menosmalismo, como lógica política hegemónica, se impuso en situaciones cada vez peores. Y con la restauración del capitalismo, tanto en el bloque soviético como en el chino las teorías de la revolución y –también– las de la acumulación de fuerzas comunistas, socialistas y socialdemócratas se llegaron a olvidar completamente. Se impuso la lógica de juntar fuerzas a como dé lugar, de limitarse a ganar votos con cuanto partido se pudiera y de reclutar ciudadanos con la meta de lograr puestos de representación popular, que cada vez fueron menos representativos y llegaron a ser nada populares.

Semejante lógica y sus beneficiarios dominaron la subcultura de la inmensa mayoría de la clase política. A esa lógica se aferraron también quienes venían del nacionalismo revolucionario y ya lo habían abandonado con el desarrollismo, así como la mayoría de la nueva izquierda del 68 que los había enjuiciado y que al madurar y podrirse se comportaría como ellos, en triste transformación.

Hoy tenemos, en primer término, que darnos cuenta de que tres grandes corrientes del pensamiento revolucionario, que querían lograr la democracia y el socialismo mediante la revolución, han sido prácticamente anuladas. Muchos de sus integrantes muestran no sólo cierta incapacidad crítica para organizar un proceso de acumulación de fuerzas contra el capitalismo corporativo, lo que se confirma leyendo y oyendo sus programas, sus discursos, sus discusiones, sus enfados. Muchos descendientes de la antigua y de la nueva izquierda, en una inmensa mayoría, ya ni siquiera plantean una política contra el neoliberalismo.

Ante semejante crisis de la autollamada izquierda surge un nuevo movimiento que cambia la geometría política, y que, en México y el mundo, encabezan los zapatistas al enarbolar la bandera de la soberanía nacional, el rojo y negro de la lucha internacional, y las metas emancipadoras que ellos redefinen tanto en las palabras como en los hechos, al clamor de libertad, democracia, justicia. Para aclarar su posición, la geometría política de los zapatistas ya no sólo tiene centro, derecha e izquierda, sino abajo y arriba. Con ella quieren indicar que están a la izquierda con los de abajo. Pero, además, su geometría no es sólo bidimensional. En la práctica es una geometría móvil con redes y entramados de colectividades y colectivos presentes y a distancia, unos descentralizados y autónomos; otros –como el ejército defensivo, integrado alternativamente, por todos los comuneros–, con facultades autónomas para ciertas acciones que se les señalan y que pueblo y ejército respetan con una gran disciplina, y con conciencia de que son el pueblo del ejército y que con su ejército-como comunidad se protege de las invasiones, inundaciones, quemas, crímenes y despojos de que sin éste como fuerza defensiva sería fácil víctima.

Las redes de colectivos y colectividades no sólo son redes de comunicación, sino de acción y también de información y diálogo. La mayoría de ellas está entregada a la cooperación para la producción, para la distribución, para los servicios de alimentación, salud, educación, construcción de infraestructuras y viviendas, cultura.

En esas redes los conceptos se definen con actos y también con palabras, lo que fortalece a unas y otras. En palabras y actos aparece la otra democracia, muy otra, la otra justicia muy otra, la libertad practicada con el saber de los pueblos que hoy combinan las técnicas digitales y cibernéticas con las tradicionales. El proyecto está muy lejos de ser primitivo o aldeano: es solidario, patriótico y humano. Nace en un momento histórico en que el gran capital ha ampliado lo no negociable, esa expresión que de hecho expresa la dictadura del capital y en ésta su objetivo invariable de recolonizar el mundo, con la combinación de políticas de represión, corrupción y enajenación mental, sentimental y volitiva. El complejo y tecnocrático proyecto está provocando esa otra crisis de dominación y acumulación en que el mundo vive, y a la que los expertos y sus superiores responden con proyectos de espectro amplio de corrupción y represión, de confusión y terror, que perfeccionan las guerras llamadas por el Pentágono de espectro amplio.

La guerra y crisis de espectro amplio incluye mucho más que las guerras y crisis financieras y económicas. No corresponde a una crisis coyuntural que se vaya a resolver en uno o dos años, como dicen muchos gobernantes –que constantemente se están equivocando–. Enfrenta y vive una crisis que no es cíclica, no es de corta duración, ni siquiera de larga duración. Es una crisis del modo de dominación y acumulación llamado capitalista, movido por la maximización de utilidades y la minimización de riesgos. Y aun es más: es una crisis de civilización que con las ciudades mercantiles, usureras e industriales, desde el siglo XIV empezó a construir una sociedad, una economía, una política, una cultura, una ecología y una ciencia que hoy están en un estado de crisis tan desastrosa para la humanidad y para ellos mismos que hasta se enceguecen ante los horrores que causan y ante los peligros que corren por su sevicia y su codicia desenfrenadas, los que con un improvisado fanatismo atribuyen a un orden darwinista y hasta divino muy parecido al racismo genocida de los nazis, pero mucho más sofisticado con su inclusión de negros, latinos y mahometanos en el gobierno de las televisiones y acciones de exterminio que presenta a esos pueblos como fanáticos, débiles mentales, corrompidos y terroristas.

No ver lo que ocurre ni entender que sus causas se hallan en el actual modo de dominación y acumulación es el más grave yerro de las ciencias hegemónicas. La contribución a la inadvertencia del mundo realmente existente y sus causas no sólo se da en la en econometría y en las ciencias de la opción racional –disciplinas dedicadas a maximizar las utilidades y minimizar los riesgos del capital corporativo–, sino en todas las ciencias de la materia, de la vida y de la humanidad que ocultan y se ocultan las hazañas que sus superiores realizan bajo nuevas y viejas formas de depredación, de ocupación de territorios, de violación de derechos nacionales e internacionales, naturales y humanos, sino en las formas de que se sirven para ocultar la irracionalidad de un sistema que hace sufrir –sin la menor duda– a la inmensa mayoría de la humanidad y que amenaza la existencia de toda la humanidad. De que hechos y efectos están comprobados no hay duda, como no la hay tampoco de sus causas. Ambos se ocultan sistemáticamente.

En realidad vivimos una crisis que no siempre alcanzamos a entender porque es la crisis de una era y el nacimiento de otra. En nuestra práctica de la teoría no teníamos los elementos mínimos para pensar en el futuro de una historia mundial que nos llevó a la restauración del capitalismo. El error fue gravísimo para muchos de nosotros. Nunca penamos que esfuerzos como los de Lenin y Mao iban a acabar en el desastre en que han acabado, ni que el heroico pueblo de Vietnam iba a terminar donde terminó.

Si, por otra parte, vemos este desenlace de evoluciones y revoluciones como enseñanzas, advertimos que por fortuna hay nuevas formas de plantear los problemas y las alternativas para construir un mundo que deje de ser injusto y autodestructivo. Estas nuevas formas, en sus manifestaciones más positivas y creadoras, guardan memoria de sus experiencias anteriores de emancipación; de las que tuvieron éxito y deben impulsarse y de las que implicaron fracasos que hoy se pueden evitar. También enfrentan nuevos y crueles asedios y despojos de corporaciones y complejos. Si son millones los que sufren la ofensiva de la globalización depredadora, privatizadora, y desnacionalizadora, también se cuentan así los nuevos movimientos de resistencia de campesinos, trabajadores, empleados y pueblos. Muchos enfrentan las políticas de despojo de tierras de labor y recursos naturales, de pérdida de derechos laborales, sociales, políticos, educativos y culturales, o de territorios enteros desertificados, deforestados o invadidos por las compañías y sus fuerzas de choque paramilitares, criminales y policiales. Todos, en mayor o menor medida, sufren las políticas de descrecimiento del consumo, de descrecimiento que deja sin empleo, sin techo y sin pan a un número creciente de los sectores medios y bajos. Muchos son víctimas de la caída de la producción nacional y social a que dieron y dan traste corporaciones y complejos con las nuevas políticas de descrecimiento industrial y tecnológico social y nacional, y con la cesión obligada, negociada y corrompida de recursos y mercados a las grandes empresas y sus asociados y subrogados que se encargan de enganchar a los miserables, depauperados, despojados, desplazados, desempleados, desaparecidos, secuestrados, migrantes, sin papeles, sobrevivientes, a los que levantan y venden o emplean como esclavos, asalariados de sudaderos y prostíbulos listos para ser eliminados y enterrados en fosas comunes cuando ya no pueden o no quieren servir. Si semejantes atropellos generan mundos de terror global, también van generando –en medio del dolor que se alcanza a resistir y de la superación del miedo, que se llama rabia y valor, o coraje– nuevas respuestas que por encima de las tradicionales o meramente críticas no sólo están creando formas de lucha mucho más efectivas para resistir, sino formas de resistencia y de organización más efectivas para construir y preservar la libertad, la justicia, la democracia, la autonomía, la independencia, la fraternidad con los semejantes y con los diferentes, en religión o ideología, en cultura, nacionalidad o etnia.

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Marcha de bases de apoyo al EZLN, el 21 de diciembre pasado en San Cristóbal de las Casas, ChiapasFoto Víctor Camacho

Entre los nuevos movimientos destacan los de las comunidades que han enfrentado durante siglos las políticas de colonización y hoy enfrentan las de privatización como recolonización. A esos movimientos que vienen desde muy muy abajo se añaden los de esa nueva categoría política y revolucionaria que es la juventud.

Las luchas de la juventud sin educación, sin empleo y sin futuro, más temprano que tarde descubren su inmenso peso cuando articulan sus luchas estudiantiles y juveniles con las demás fuerzas emancipadoras y con metas y programas mínimos de organizaciones en red y de colectivos y colectividades.

Los nuevos movimientos emancipadores se distinguen también porque en muchos de ellos están mezclados quienes poseen distintos niveles de educación y distintas experiencias de lucha. Es de ver y no creer cómo combinan y enriquecen sus conocimientos y experiencias para alcanzar objetivos comunes.

Entre esos nuevos movimientos –a escala mundial– destaca el que tiene su origen en una región del mundo que está en el sureste mexicano y que ocupan los antiguos pueblos mayas. En esa región del mundo nació, a fines del siglo XX, un proyecto universal que, desde el principio, fue un proyecto que en la diversidad encontró la unidad, y en la variedad los objetivos comunes de la emancipación humana. El movimiento no se planteó una nueva política asistencial, indianista o indigenista. En el curso de su gestación se fue planteando cada vez más un proyecto dispuesto a defender su transición pacífica para organizar, en el propio movimiento, la sociedad a que sus habitantes aspiraban, y una política mínima de la resistencia para vivir, para defender el territorio, la tierra, el agua, el bosque y la vida, sin limitarse a un concepto aldeano, ni sólo maya ni sólo nacional, y reclamando los derechos a la autonomía de sus comunidades al tiempo que se organiza en éstas el poder de decisión de sus pueblos, que son los que mandan a quienes de entre ellos comisionan o son comisionados en tareas determinadas, sin abandonar todo el tiempo o para siempre las tareas agrícolas, artesanales o caseras, sino volviendo a ellas cada vez que su comisión termina o en el tiempo que la comisión lo permite.

Según el último comunicado, los compañeros y hermanos zapatistas han logrado –en medio de asedios– que en su territorio los niños tengan escuela, los enfermos medicina y hospital, y todos sus habitantes, lo mínimo necesario para vivir. Han logrado que en su territorio no haya narcotráfico ni alcoholismo, ni esa inseguridad genocida que con la corrupción individual y colectiva ataca aquí y allá en el resto del país y el mundo.

En los hechos, los zapatistas confirman que el suyo es un nuevo proyecto de emancipación, construida, que no sólo difiere de movimientos anteriores, como el de Lenin o el de Mao, sino también de otros, como la mayoría de las guerrillas de los años sesenta y setenta.

El gigantesco y modesto éxito de los pequeños entre los pequeños induce a pensar a un nivel mundial en la historia reciente de los éxitos y fracasos de la transición a lo que hoy llamamos otro mundo posible. Al caer el inmenso bloque soviético y chino y restaurarse en esos países el capitalismo con sus contradicciones estatales, empresariales, mercantiles, sociales y ecológicas, una pequeña isla llamada Cuba, que tenía 7 millones de habitantes al empezar su revolución, está allí entera, luchando por el socialismo y la libertad. Podemos pensar que la resistencia de Cuba es un milagro, pero si nos limitamos a un análisis político, tenemos que preguntarnos qué ocurrió en esa pequeña isla, que sigue resistiendo a la potencia imperialista más poderosa y agresiva del mundo.

Debe haber algo. Por más que han sufrido en su contra las campañas más espantosas, padecido un cruel bloqueo, que ya dura más de medio siglo, y enfrentando cuanto tipo de intervenciones legales y criminales existe en la historia del colonialismo, este algo que hay en Cuba muestra ser una mezcla de la enorme cultura de la lucha por la independencia y de la lucha de clases, pero de otra lucha por la independencia y otra lucha de clases… Ya Toussant L’Ouverture, y su hazaña de los esclavos insurgentes en Haití, demostró, en medio de la tragedia, que el esclavo que se libera en un país colonial no se libera, pues siempre vienen los ejércitos de los napoleones a acabar con el proyecto liberador del esclavo.

El mismo problema se plantea a otra escala, no sólo en las comunidades de origen indígena de la primera conquista, sino en las comunidades nacionales: el problema de combinar las luchas de las comunidades por la autonomía con las luchas por la independencia de las naciones. Pues ni unas ni otras se liberan si no se juntan.

En el caso de Cuba, la solución aparece en la conjunción muy seria y profunda de Marx y de Martí. Así como los zapatistas toman la palabra y el concepto de dignidad como forma de enfrentarse a la dictadura del poder, así los cubanos dan a la moral un sentido político de organización de la resistencia y de moral de lucha que integra la articulación, cooperación, solidaridad, fraternidad o de hermandad practicadas, que no se queda en un decir, que no se queda en la moralina de la que hablaba Benedetti, sino que se vuelve una realidad capaz de enfrentar sus propias contradicciones y las que activa el enemigo.

La gente que en política no tiene esta práctica de la moral cree que todo esto son tonteras, o que nada más estamos hablando. Pero ahí está una realidad que no podemos ignorar… La moral de la lucha por la independencia organizada con la lucha de clases y con la lucha por el socialismo y la libertad. Y, volviendo a nuestro tema y su situación actual, advertimos cómo al abrirse y articularse a la diversidad del mundo y de México, como lo acaba de hacer el movimiento zapatista, tenemos que plantearnos el problema de las resistencias frente a la nueva ofensiva de cooptación, corrupción e intimidación de las corporaciones y complejos y de sus asociados y subordinados. Si éstos durante un tiempo privilegiarán el diálogo para la cooptación, no por sus dulces voces dejarán de tener escondido un gran garrote, como dijo aquél. Mantener la dignidad con la capacidad de diálogo y la firmeza con la capacidad de lucha emancipadora será crucial.

Por las experiencias anteriores vamos también a confirmar que, aparte de las características de recolonización del mundo que muestra el capitalismo, su crisis va acompañada de una crisis de la moneda, del salario, del crédito y del modo de acumulación. Con eso no quiero decir que vaya a otro modo de acumulación, o que se va a repetir lo que ocurrió en crisis anteriores, sino muestra una y otra vez su tendencia a las políticas de depredación, depauperación, privatización, desnacionalización, que por sentido común enajenado están llevando a los ejecutivos de corporaciones y a los ejecutivos de gobiernos a posiciones cada vez más agresivas, corruptoras, privatizadoras y desreguladoras…

En crisis anteriores también existió una combinación de los modos de acumulación depredadora con los modos de acumulación salarial. La depredación o la explotación de colonias, la ocupación de territorios y países enteros se hizo en crisis anteriores. Ahora es mucho más serio que se haga porque la contradicción entre el modo de dominación y acumulación capitalista enfrenta una crisis de sus propias soluciones.

Por una parte está en crisis el proyecto del imperialismo único o dominante que durante un tiempo tuvo Estados Unidos. Ese proyecto falló –como lo ha analizado y demostrado Wallerstein– y está en crisis irreversible. Se están formando dos bloques, informes todavía, pero uno y otro manejados por aquello que Roosevelt temía mucho. El presidente Roosevelt dijo alguna vez: Le temo más a los negocios organizados que al crimen organizado. Se quedó corto, porque ahora se juntó el negocio organizado con el crimen organizado.

Todo revela una crisis muy fuerte que no sólo se da en Estados Unidos o Europa, sino en Rusia y en China, cuya capacidad de producción es inmensa y cuya capacidad de destrucción también es fatal. En la teoría del Pentágono se habló desde los cuarentas de la guerra atómica como guerra de destrucción mutua asegurada. No se trataba de una doctrina como algunos de sus expertos pretenden hoy era y es un hecho. Ya era un hecho entonces y es mucho peor ahora. Si se ha dejado de hablar del mismo no es porque sea menor, sino porque es peor. Hace más de medio siglo las bombas atómicas fueron superadas en su poder letal por las nucleares, y en todo este tiempo se mejoraron los sistemas de lanzamiento terrestre y extraterrestre, aéreo y marítimo, así como los mecanismos autodirigidos. Y no sólo proliferaron las bombas en tierras, cielos y mares, sino en el número de países que disponen de ellas, y en el tamaño cada vez más pequeño a que las nuevas tecnologías han contribuido.

Si la producción para una guerra nuclear supuestamente defensiva sigue su marcha es porque las bombas nucleares y todos los aparatos que sirven para la guerra son un negocio gigantesco, y son el motor principal de la economía de las grandes potencias. Controlar las crisis recurrentes con una guerra mundial es el imposible que no se puede hacer posible.

Hay otra crisis, la de la sociedad del conocimiento. Es la crisis del conocimiento de los rulers, de los dueños y señores de corporaciones y complejos, ya sean gerentes de las megaempresas, o jefes de gobiernos reducidos a gerentes de sus países. Todos ellos buscan que venga el capital corporativo a salvarnos, porque dizque va a crear empleo, cuando ya se sabe que por cada empleo que las corporaciones crean se pierden cientos entre los pequeñas y medianas empresas y hasta en los trabajos de los artesanos y vendedores de la calle. A sabiendas de eso el mentiroso argumento se usa hasta por los gobiernos que se dicen socialistas, que ponen en marcha políticas para ser competitivos a costa de los trabajadores y las juventudes y de los habitantes de la tierra, de los suelos y subsuelos, de las fuentes de agua y las fuentes de vida. El arte globalizado de gobernar consiste en ocultar la realidad para construir la sociedad del desconocimiento.

No sólo se da la crisis de la corrupción y la represión, de la política perfeccionada de la zanahoria y el garrote, de las armas y la economía de guerra, sino del conjunto de la vida y del proyecto humanista religioso o laico. Y es en esas circunstancias que el zapatismo, con sus comunidades y los adherentes que se suman a los de abajo y a la izquierda del mundo entero, busca deshacerse de las cadenas posmodernas del capital monopólico y sus panegiristas.

En el nuevo encuentro con México y el mundo tenemos que darnos cuenta de que no podemos exigir a todas las fuerzas que luchan por la libertad humana que luchen con la misma posición política que tenemos. Como se puede advertir en la lectura que se hizo del comunicado, hay elementos particulares en este país que no se dan en otros países y otros que sí se dan.

Dentro de la gama de la resistencia universal vemos cómo la más avanzada es Cuba que, más que la última revolución marxista, es la primera del nuevo tipo, en la que… si el proceso se inicia desde arriba y a la izquierda, crea la lógica revolucionaria de que el Estado y quienes lo construyen tienen un papel pedagógico muy significativo para que todo el pueblo sepa lo que saben las vanguardias y para que estas aprendan lo que saben sus pueblos. Nunca debemos olvidarlo: si en 1959 había unos cientos de seres humanos que sabían de todos estos problemas, ahora son millones de cubanos los que saben de todos estos problemas, y eso no es cualquier cosa.

A partir de un movimiento emancipador, indudable en la importancia que da a la construcción del poder del pueblo trabajador, podemos ver a otros países, como el nuestro, y ver lo que de particular y general hay en otros movimientos. El EZLN, primero se levantó en armas y tomó varias ciudades; después aceptó dialogar. Antes de los diálogos de San Andrés tomó una medida extraordinaria –que en gran parte se debe a don Samuel Ruiz– quien contribuyó a que se suspendiera el fuego en una guerra que apenas estaba por empezar. Ese hecho fue en verdad extraordinario y en él, y siempre, el EZLN mostró su vocación de paz.

Es lo más raro en la historia de la humanidad que dos ejércitos que están a punto de iniciar una guerra firmen un pacto de no agresión y digan vamos a hablar. Vinieron los diálogos de Catedral primero. Después los diálogos en el ejido de San Miguel. Después los diálogos de San Andrés. Hubo un momento en que se aceptó la lucha en el terreno de la paz. Pero, ¿qué pasó con esa lucha? La traicionaron todos los partidos y también la traicionó el gobierno.

Entonces el EZLN dijo ahora nos encerramos, pero nunca su proyecto fue nada más luchar abajo y a la izquierda. No, si podemos luchar arriba, también vamos a luchar arriba. El problema es mantener los principios fundamentales de la dignidad y la autonomía, de la democracia como gobierno del pueblo con el pueblo y sus luchas por la justicia y libertad, y de mantener, con esos principios, una gran disciplina como la que mostraron los zapatistas en el desfile organizado y desarmado que hicieron como una nueva carta de presentación de su vocación de paz. El orden impecable que mostraron el 2l de diciembre confirmó una diferencia fundamental con la manifestación de los jóvenes estudiantes, en cuyas filas se pudieron meter los tradicionales agentes provocadores. En estas filas no se podía meter ni un insecto provocador.

Los cambios que se dan en los movimientos de que es pionero el EZLN no provienen de posiciones teóricas o emocionales, sino de teorías experimentadas y de experiencias pensadas. En este momento histórico confirman la posibilidad de definir la lucha como un proyecto de democracia organizada, de autonomía organizada, de libertad que fortalece y cuida la organización del pensamiento, de la dignidad y de la voluntad colectiva y combativa, y en que todos los actores cumplen con su palabras.

En un proceso semejante y distinto de los nuevos movimientos de liberación se encuentran otros países que están en la resistencia frente al proyecto colonizador de las corporaciones y los complejos. Entre ellos, a la cabeza, está Venezuela –puedo equivocarme–; también se encuentra Bolivia –con más contradicciones y dificultades–, y quizás Ecuador. Pero hay otros que están resistiendo, como Uruguay, con la gran fuerza de una democracia muy vinculada a la cultura socialista y marxista. Se encuentran también quienes en Argentina de pronto se enfrentan a la toma de las islas Malvinas por el imperio británico, y no sólo se enfrentan a la deuda externa, sino cancelan la deuda externa. Se trata de resistencias nuevas en las que no estamos insertos, pero que tenemos que respetar y alentar para el triunfo sobre sus contradicciones internas y externas con la formación de un Estado-pueblo en que se organicen, hasta tener la inmensa mayoría, la fuerza de la independencia de los trabajadores, de las comunidades y de la juventud, todos listos a triunfar sobre la corrupción y la intimidación.

Tenemos que aprender a acercarnos a un mundo que es diverso, que es distinto, pero que tiene problemas parecidos y que puede luchar de maneras diferentes. También tenemos que seguir superando nociones como la del poder en abstracto, y pensar que si el poder es nuestro, lo vamos a hacer muy distinto de quienes lo tienen. Por eso es que el subcomandante habla, con esa capacidad de expresión que domina, de otra democracia muy otra. Vamos a hacer un muy otro poder. Muy otro no tiene nada que ver con el poder de las corporaciones y el poder del crimen organizado, o con el poder de los paramilitares y con el que le da la subrogación de trabajadores a las corporaciones… Es otro poder: el poder del mundo moral y combativo…

No podría detenerme sin decirles lo agradecido que estoy con los compañeros de esta universidad magnífica, y sin pedirles que estudiemos mucho más a fondo el pensamiento de los zapatistas como un pensamiento que viene de la experiencia universal del ser humano y de la experiencia que ellos, como descendientes de los pueblos mayas y de las rebeliones universales han tenido y tienen en su lucha por la democracia, por la justicia y la libertad.

¿Por qué resiste Cuba?

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Reconocer y enfrentar a las necesarias contradicciones de toda lucha de los pueblos por la independencia y la justicia social forma parte también del legado martiano y explica por qué resiste y avanza Cuba.

Pablo González Casanova / Rebelión

A Armando Hart Dávalos

Un día, conversando con un amigo en La Habana, nos preguntamos: ¿por qué resiste Cuba… cuando el capitalismo ya se restauró en Rusia, China, Vietnam? Mi amigo dio una respuesta contundente: “Cuba es la mejor prueba de la existencia de Dios”.

Como yo soy lego en argumentaciones teológicas preferí plantear la pregunta con el rigor de un problema científico. En ese sentido quiero recordar algo que dijo Martí: “Hasta aquello de lo que está cierto hasta allí llega la ciencia del hombre”. Yo tengo algunas respuestas en las que estoy cierto; pero necesito expresarlas para que otros me ayuden a resolver un problema que quiero plantear en términos científicos, y en el que busco excluir cualquier intención laudatoria.

En el intento mismo de plantear el problema científico, descubro que mi análisis va a ser necesariamente incompleto. Pienso que otros tendrán que completarlo. También advierto circunstancias concretas por las que el Movimiento 26 de Julio triunfó en Cuba, y por las que Cuba resiste hasta hoy, y que no son generalizables. De hecho corresponden a un tiempo y a una Isla.

Como muchas de esas circunstancias no se dan en todo tiempo y en todo lugar, el movimiento revolucionario cubano ha insistido en que no debe tomársele de ejemplo. Su propuesta resulta razonable si se hace extensiva la famosa expresión de Mariátegui, y se afirma que ninguna revolución puede ser “calca y copia” de otra. Eso no quiere decir que todas las experiencias cubanas se limiten a Cuba y que ninguna de ellas tenga carácter universal. Al contrario muchas experiencias de Cuba tienen carácter universal y en ese carácter merecen ser más exploradas.

Cabe otra aclaración y es el peso mayor o menor que algunas de las medidas y circunstancias tienen en el triunfo y la resistencia de Cuba. Pretender calcular el variable peso es imposible. Su alcance corresponde a fenómenos que los matemáticos consideran “extremadamente no lineales”, con lo que quieren decir que en ellos una acción mínima puede producir efectos colosales, incalculables.

El triunfo de Cuba es incalculable. Cuba es un pequeño país, que cuando inició la Revolución tenía seis y medio millones de habitantes y como todos saben la Isla se encuentra a unas cuantas millas del imperio más poderoso y agresivo en la historia de la especie humana.

Resulta difícil entender cómo esa pequeña Isla y sus habitantes han resistido el inhumano bloqueo y el permanente asedio de más de cincuenta años, que Washington ha acompañado de constantes amenazas, agresiones, conspiraciones e intentos de magnicidio, y otros hechos, entre los que destaca el intento de invasión y el triunfo en Playa Girón donde Cuba puso en derrota a las fuerzas invasoras, armadas y apoyadas por Estados Unidos. También son de recordar la entereza que mostró la Isla, con su gobierno y pueblo, en “la crisis de los cohetes” que llevó el chantaje nuclear a sus extremos, y –para no extenderme más– los indecibles sacrificios del “período especial” en que tras la disolución de la URSS Cuba perdió una inmensa fuente de sus ingresos y la población entera decidió de todos modos continuar en la lucha por la independencia y el socialismo a sabiendas que eso significaría una grave reducción de los niveles de vida y consumo durante largo tiempo.

Semejantes hazañas –y muchas más– obligan a plantearse con la mayor seriedad el problema de saber. ¿Cómo se explica la resistencia de Cuba?

Y evocando a Martí enuncio otros “hechos ciertos” que también caen en el orden del conocimiento científico y que incluyen la herencia del propio Martí, muerto en batalla por su pueblo y su Patria en 1895 a la edad de 42 años: Es más, en estas palabras, me voy a limitar a algunas reflexiones con que Martí contribuyó a esa capacidad de revolución y de resistencia.

José Martí es considerado como “el autor intelectual de la Revolución Cubana” por quienes al mismo tiempo se identifican como marxista-leninistas. La aparente contradicción entraña relaciones muy precisas entre un pensamiento, un sentimiento y una expresión que enriquecen al liberalismo radical y al marxismo desde la perspectiva de los pueblos coloniales y sus luchas por la independencia. Liberalismo y luchas por la independencia se expresaron desde Martí como luchas contra el antiguo colonialismo y contra el imperialismo, es decir contra un capitalismo que se rehizo al impulso de los monopolios y que hizo suya “la renta colonial”.

Expresión de las luchas humanistas del liberalismo radical de su tiempo, Martí es admirador de la gran corriente de la Ilustración que en Cuba tuvo a notables filósofos cristianos impulsores del pensamiento ético y crítico y del humanismo más avanzado de fines del siglo XVIII y principios del XIX. Martí logró ser una de las más altas expresiones de quienes en el siglo XIX latinoamericano forjaron los espacios laicos de la pregunta, los espacios laicos del diálogo, de la discusión y el consenso y una capacidad reflexiva y poética capaz de comprender y expresar el mundo propio y el ajeno.

En la múltiple lucha por nuestra expresión como expresión universal, Martí no sólo vivió en las entrañas del imperialismo como colonialismo, sino como reestructuración monopólica de un capitalismo al que se enfrentaban los trabajadores encabezados por Marx… Martí no sólo anunció que “se viene encima amasado por los trabajadores un universo nuevo”, ni sólo hizo ver que Marx “merece honor…por haberse puesto del lado de los débiles”, ni nada más citó en el homenaje póstumo a Marx, una bella frase que dice “La libertad ha caído muchas veces; pero se ha levantado más hermosa de cada caída…”, sino que también hizo otro llamado plenamente válido hoy, en que dijo: “Indigna el forzoso abestiamiento de unos hombres en provecho de otros. Mas se ha de hallar la salida a la indignación, de modo que la bestia cese, sin que se desborde y espante”. (Parece como si estuviera hablando de hoy en que se quiere abestiar al hombre, en que la bestia se desborda y espanta y en que todos estamos buscando salida a la indignación).

Martí no expresó sus afirmaciones sobre la lucha de clases y la lucha por la independencia de las naciones en frías formas filosóficas o en tratados o sistemas teóricos. Las expresó en formas a la vez racionales y emocionales buscando de manera profunda, y con una pasión intensa, la “claridad” y la “sinceridad”, muy fuertes ambas en su vida, y muy vinculadas a su lucha por “la vida nueva” en esa forma a la vez emocional y práctica que expresó con su “fe en el mejoramiento humano” y… en lo que llamó “la utilidad de la virtud”, expresiones ambas que ensamblan los motivos de una pasión intensa y las preocupaciones de una lucha en que se piensa cómo ganar, cómo lograr lo que se quiere.

El rico legado de Martí corresponde a una estrecha vinculación entre el concepto, la palabra y la acción. Sin esa vinculación, lo que Martí dice no se entiende bien, se entiende a medias, se entiende mal. El legado, en su versión escrita y vivida, no sólo alcanza una gran belleza sino una gran fuerza. El pensamiento estrechamente vinculado a la acción le da otro sentido a la palabra. Funde la palabra con la cosa. Quien escucha la palabra sabe quien la dice. Y por quien la dice entiende que como promesa va a ser cumplida, y que como descripción o explicación de lo que pasa corresponde a hechos ciertos sobre lo que ocurre y sobre lo que es necesario hacer para lograr un objetivo. Y si la validez de lo que dice depende tanto de la moral de quien lo dice como de su saber y experiencia, el que oye entiende que lo que dice es en principio válido y confiable. Y esta junta de moral en la lucha y de la experiencia en el luchar y pensar es base de una fuerza especial: de confianza que integra las acciones colectivas por metas comunes. Y que se enriquece todavía más con la invitación de quien se expresa a que lo corrijan quienes lo oyen si tienen otra visión o información…

Martí como fuente de una cultura más que de una ideología, hoy se enfrenta mejor que nadie a seguir luchando en plena crisis de las ideologías tras los procesos de restauración y recolonización del capitalismo. El gran triunfo de los neoconservadores no sólo consistió en la restauración mundial del capitalismo –con excepción de Cuba- sino en la eliminación de la lucha ideológica (como quería Daniel Bell) y en su sustitución por luchas de grupos de interés y grupos de presión, grupos de corrupción y grupos de intimidación dentro de la llamada “clase política”. Al ver cómo todos los partidos políticos votan por la misma política del saqueo y la represión neoliberal, ya sean comunistas, socialistas, populistas, demócratas o conservadores… Al ver tan inusitado espectáculo se da una fuerte crisis de las luchas ideológicas. Y en ese momento la “utilidad de la virtud” y todo el realismo político-moral de la lucha por “la nueva vida” adquieren una importancia enorme.

Es más hacer “que la palabra sea la cosa” y “la utilidad de la virtud” permiten redefinir y recuperar el pensamiento profundo de Marx y de su crítica creadora. Llevan a vincular esa otra fuente del pensamiento y la acción con la cultura de un pueblo en el que se difunde el poder de la virtud como base de la cooperación y la confianza y de la creación histórica. Desde la vida misma de Martí se enriqueció la profunda intuición de lo que en forma sistemática proviene del marxismo. En el Partido Revolucionario del Pueblo Cubano se incluyó a quienes serían fundadores del primer partido comunista, quienes por su parte contarían entre sus herederos con algunos de los teóricos más brillantes del comunismo latinoamericano, y entre ellos, con Julio Antonio Mella.

El éxito de la Revolución Cubana y su inmensa capacidad de resistencia serían inexplicables sin la fuerza que significan la moral de lucha y el valor en el combate para la construcción de un mundo que se encamine a la justicia y la libertad, practicándolas al andar. Martí planteó la posibilidad de convencer “con el valor sencillo y la palabra franca” a quienes tienen valor y de suyo respetan la franqueza. Anunció así que: “del valor oculto crecen los ejércitos del mañana”. Pero no se quedó en eso: hizo el elogio de Marx como “organizador incansable.”

Y esta es otra razón por la que resiste y triunfa la revolución cubana: el mito del foco guerrillero en que veinte jóvenes valientes pueden cambiar la historia, nada tiene que ver con el carácter de “organizadores incansables” que tuvieron los dirigentes del “26 de Julio” con las organizaciones de base en Santiago a cargo de Frank País, la de La Habana que originalmente promovió y articuló Armando Hart, o las de la sierra y las playas, éstas últimas a cargo de Celia Sánchez, que fueron quienes descubrieron y salvaron a los náufragos del Granma, y entre otros a Fidel.

En la lucha actual, “vaciada de ideologías” por el imperialismo norteamericano con la política preconizada por Teodoro Roosevelt de “la zanahoria y el garrote”, hoy en todo su apogeo, la moral es arma vital contra la corrupción. Y el valor y entereza son valiosos recursos contra la intimidación y el terror. Que moral y valor aparezcan entre contradicciones de corrupción y traición no es la característica general de la revolución. Si lo fuera ya habría sido derrocada La característica general es la valentía reflexiva y la honestidad incorruptible de los líderes del proceso revolucionario, y de la inmensa mayoría del pueblo cubano, moral, política y militarmente organizado para defender la justicia social y la independencia nacional en una fusión o “complejo” del pueblo que gobierna mediante un inmenso entramado de colectivos y agrupaciones donde el diálogo, la discusión y el consenso convalidan, corrigen, practican y enriquecen las decisiones fundamentales del poder popular nacional y social con su partido y su gobierno, hechos difíciles de entender en el discurso a que estamos acostumbrados. Y si bien “el hombre nuevo” sigue siendo un hombre con contradicciones, se trata sin embargo de un hombre que aprende a encauzar o contener sus contradicciones y a confluir en los consensos y las acciones concertadas.

Dicho de otro modo: Cuba ha podido resistir porque su población sabe muy bien lo que significaría perder la independencia y la justicia social que defiende como poder del gobierno-pueblo, un poder que se enfrenta con éxito al poder articulado del “complejo” militar-empresarial-y-político del imperialismo, con sus asociados y subordinados…

La democracia en Cuba consiste en que el pueblo sabe que si no defiende a su propio gobierno pierde la soberanía y la justicia social que con los servicios de educación, salud, vivienda y trabajo sigue impulsando el pueblo-gobierno día a día, no sin verse obligado a hacer algunas concesiones como la zona de turismo destinada a allegarse divisas, o el incremento de la propiedad privada y los empleos comerciales que buscan disminuir el peso de una excesiva burocracia, reforma en parte limitada y corregida tras una inmensa auscultación que en este año del 2012 frenó en gran medida los proyectos privatizadores excesivos y desestabilizadores, aunque no haya todavía dado el peso y la importancia necesaria a las cooperativas, y más que nada a los sistemas de cooperativas de actividades múltiples: agrícolas, industriales y de servicios, horno y escuela de culturas solidarias, y freno de la cultura individualista del mercado… Y como de contradicciones se trata, ¿por qué no señalar la redoblada lucha, contra la corrupción que genera la economía informal, o en que han caído algunos altos funcionarios hoy encauzados judicialmente, e incluso aprisionados, medidas que sin dar fin a esos graves problemas frenan su peso y el peligro que representan por débiles que sean… Reconocer y enfrentar a las necesarias contradicciones de toda lucha de los pueblos por la independencia y la justicia social forma parte también del legado martiano y explica por qué resiste y avanza Cuba.

Es indudable que en las condiciones señaladas la lectura de los clásicos del pensamiento emancipador cobra una inmensa originalidad y supera la simple perspectiva del mundo y el capitalismo global visto desde las metrópolis. Las experiencias y percepciones que se dan en el mundo colonial o recolonizado siguen reformulando conceptos y viviendo experiencias que enriquecen la lucha ideológica por la independencia, la democracia, la justicia social y el socialismo. Entre las aportaciones más significativas a nivel mundial destacan con las de Cuba, los planteamientos que “desde abajo y a la izquierda” hacen los pueblos mayas del sureste mexicano, conocidos como zapatistas, con sus aportaciones universales a las autonomías de los pueblos discriminados y oprimidos, a la pérdida del miedo como un elemento epistemológico fundamental, al enaltecimiento de la dignidad y la autoestima frente a las “acciones cívicas” de la guerra contrainsurgente que se ha convertido en guerra de recolonización al servicio del capital corporativo. También destacan las aportaciones de los pueblos indios descendientes de los Incas y su rica filosofía del “buen vivir”, y a ellas se añaden las experiencias y reflexiones que desde fuera y desde dentro del Estado se dan en Bolivia y Venezuela, y cuyo futuro sólo es viable si entre contradicción y contradicción los pueblos van adquiriendo un creciente poder en los gobiernos, que les permita como “complejo de poder popular-gubernamental” resistir al asedio de las corporaciones y sus apoyos del imperio y de las oligarquías.

En la imposibilidad de referirme en este breve espacio a las reestructuraciones de la lucha de clases y las luchas por la independencia y la democracia que se dan en nuestro tiempo, termino con otro legado de Martí que explica la sorprendente capacidad de resistencia y revolución que muestra Cuba; me refiero al nivel cultural y educacional de su población. Escojo uno entre los muchos pensamientos de Martí sobre la educación y la cultura: “Se debe enseñar conversando, como Sócrates, de aldea en aldea, de campo en campo, de casa en casa”. Así dijo. Y eso es lo que hace la Revolución Cubana a lo largo de su historia, no sólo en Cuba, sino en África, en América Latina… Sólo que en Cuba la organización de las conversaciones para enseñar y aprender, para preguntarse y responderse, para informar e informarse se realiza en colectivos de aldeas, de ciudades, campos, fincas, fábricas, casas, y es parte de la compleja trama para la toma de decisiones en el ir y venir de las líneas de mando del pueblo—gobierno. Con un añadido a lo prescrito por Martí, que desde los primeros discursos al triunfo de la Revolución –y aun antes- Fidel Castro le enseña al pueblo a gobernar, le enseña a tomar decisiones para gobernar, y él por su parte aprende y aprende como construir el sistema de actividades varias y de estrategias para una resistencia de “espectro amplio” que hacen de Cuba hoy–con la impresionante participación de su pueblo– el país más avanzado del mundo en la difícil lucha por la soberanía nacional, por la democracia y por el socialismo.

Estos son algunos de los “conocimientos ciertos” que permiten comprender por qué resiste Cuba. Muchas gracias.

México: Por una nueva organización de los trabajadores

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Si el capital corporativo ha colocado la pérdida de los derechos sociales, nacionales, laborales y humanos en el campo de lo no negociable, el frente del pueblo que se organice en torno a la central de trabajadores, ese gran frente de todos y con todos, alcanzará la victoria de un socialismo con democracia, y de una democracia con socialismo, con justicia y con libertad.

Pablo González Casanova / LA JORNADA

La situación del mundo y del país muestran claras tendencias a agravarse. A la crisis financiera y económica que pesa sobre la inmensa mayoría de la humanidad, se añade la grave crisis ecológica que amenaza a toda la humanidad. Se trata de algo más que la crisis del modelo neoliberal que el capitalismo corporativo impuso tras el golpe de Pinochet en Chile y con los gobiernos conservadores de la Thatcher en Inglaterra y de Reagan en Estados Unidos.

En México la crisis se ha venido preparando desde que las políticas monetaristas empezaron a aplicarse en los años sesenta dando lugar al movimiento de los médicos, y al de los estudiantes y del pueblo en 1968, así como a la insurgencia obrera de los setentas y a numerosos intentos nacionales de resistencia a los procesos de restauración del capitalismo asociado y dependiente.

La crisis se fue preparando con medidas cada vez más contrarias al interés nacional, a los trabajadores, a los campesinos y los ciudadanos. Desde los años setenta hasta hoy, el endeudamiento externo creció sin precedente. En los años ochenta se volvieron a privatizar los bancos que eran fuente de altas tasas de utilidades y de inmensos ingresos para la nación. Desde entonces se empezaron a aplicar cada vez más las medidas neoliberales y neoconservadoras que favorecen al capital corporativo en detrimento de la nación.

En forma sucesiva se reformó la Constitución para acelerar el proceso de contra-rreforma agraria. Se acentuó el desmantelamiento del Instituto Mexicano del Petróleo y, cada vez más, el de la industria petrolera y sus derivados. Se descuidó y obstruyó la construcción de las infraestructuras para el desarrollo agrícola y la soberanía alimentaria. Se orientó el uso de los préstamos extranjeros a la compra de alimentos chatarra y de armas y municiones, resolviendo los problemas de sobreproducción de los prestamistas y estableciendo con ellos convenios en que quedaba a su arbitrio la fijación de las tasas de interés. Esas medidas y numerosos tratados o acuerdos como el ALCA, el Plan Mérida y sus derivados constituyeron a la vez fuertes sangrías para el pueblo mexicano y sus trabajadores y dieron pie a varios procesos simultáneos: la depauperación de la inmensa mayoría de la población mexicana; la baja de salarios directos e indirectos; el peso principal de la carga fiscal en la población de menores ingresos, la reorientación del presupuesto de egresos en favor del capital corporativo y sus asociados; la disminución y deterioro de los empleos y de los servicios médicos, educativos, de salud pública, y de construcción de viviendas.

La privatización creciente de las actividades públicas –como el petróleo, la electricidad, y ahora las prisiones– y su metamorfosis en actividades lucrativas se combinó con el uso creciente de la represión y la corrupción, y con el control de la población, de los trabajadores, de los desempleados, de los jóvenes y sus movimientos legales y pacíficos con agentes abiertos y encubiertos, así como con militares a los que se empezó a entrenar para la lucha contra sus pueblos y a los que se dieron órdenes de preparar a paramilitares, medidas ambas, como las anteriores, en abierta violación al régimen legal y a la Constitución de la República.

En el conjunto del país se llevó a cabo un desmantelamiento sistemático de los derechos constitucionales y de las garantías individuales y sociales que el pueblo mexicano había logrado en una Revolución como la de 1910-17 en la que perdieron la vida más de un millón de habitantes.

A la depredación y empobrecimiento creciente del país en beneficio de las corporaciones y sus asociados se añadieron crecientes ofensivas en el orden político, cultural y educativo que acentuaron las diferencias entre el país real y el país formal; que criminalizaron las críticas y oposiciones de los de abajo, que acentuaron la política de discriminación y depredación de las comunidades indígenas y no indígenas de campesinos pobres; que asesinaron a miles de trabajadores expulsados de sus tierras y de sus trabajos, y que buscaban desde México, y desde los hermanos países de Centroamérica cruzar el inmenso muro que separa a las poblaciones de México y Estados Unidos para ver si allá encontraban el trabajo que en sus países habían perdido con sus tierras y sus casas.

La ofensiva también se dio contra los sindicatos industriales, agrícolas y de servicios, y afectó en especial a la gente más joven que no tiene ni casa, ni empleo, ni universidad, ni escuela, y con un múltiple daño silencioso a la población de ancianos que perdieron sus seguros de vida y ahorros para el retiro, pues de sus montos se encargaron las empresas financieras especulativas. En cuanto a la población de edad intermedia, a la violación de facto de sus derechos laborales y sociales, se añadió una presión constante y creciente por acabar con esos derechos tanto en la Constitución de la República como en las leyes que derivan de ella.

Una campaña realizada a través de todos los medios no sólo tendió a culpabilizar de los daños a las víctimas –fueran obreros, campesinos, indígenas, mujeres, jóvenes y viejos– sino que los sometió a imágenes televisivas e impresas que tienen como objetivo el que pierdan la autoestima, el que olviden los hechos heroicos de los pueblos originarios y de los movimientos de Independencia, de Reforma y Revolución. Para eso no sólo se reformaron los libros de texto –borrando nuestra historia prehispánica y a los héroes del pueblo– sino que se privilegiaron en diarios, semanarios, y programas de radio y televisión las fiestas, amabilidades, bondades y sonrisas de “los mexicanos bien”, mientras el pueblo aparecía y desaparecía como un conjunto de débiles mentales y de payasos, cuyas necedades y torpezas mueven a risa y justifican ante ellos mismos su lamentable condición y “fundada” pérdida de la autoestima.

La múltiple ofensiva se enriqueció con una guerra virtual contra el narcotráfico que ya cobró más de 50 mil víctimas, mientras siguen fluyendo los miles de millones de dólares sin que se descubra a sus beneficiarios. Entre los objetivos de la narcoguerra destaca la pérdida de sentido de la lucha y de la vida entre numerosos jóvenes que son reclutados por las buenas o por las malas y que se embarcan en batallas por pequeños territorios que defienden o hacen suyo, como en los videojuegos de “Los pollos” y muchos más en que se dan divertidas y crueles luchas por diminutos espacios, juegos que se combinan con la creciente intervención de las agencias estadunidenses en el auxilio al gobierno mexicano y en las funciones que este debería desempeñar, controlando el blanqueo de dinero y el contrabando de armas, tareas que sin duda le sería más fácil controlar si no hubiera entregado, con los servicios de inteligencia, los bancos y las aduanas.

Termino este recuento incompleto señalando cómo se ha fomentado la ruptura de los lazos familiares y sociales, el individualismo en la sociedad y el oportunismo en la política, así como alentando el ideal neoconservador de “el fin de las ideologías”, que vacía de contenido a la democracia electoral y política de sus objetivos centrales de propuesta y lucha por políticas sociales y nacionales alternativas, reduciéndola a una triste contienda entre los miembros de cada partido por ser nombrados a puestos de “elección popular” por partidos que obedecen a la lógica de “lo menos malo” en condiciones cada vez peores para el pueblo, los trabajadores de la nación. Todas estas circunstancias y otras más le plantean a los trabajadores, a los pueblos y a los ciudadanos de México y el mundo la necesidad de reformular sus luchas y de restructurar sus organizaciones para fortalecer su capacidad defensiva y para aumentar su innegable capacidad de construir otro mundo posible menos autodestructivo, menos opresivo e injusto, tarea para la que existen todas las posibilidades humanas y naturales de triunfar, y para la que la humanidad cuenta con todos los conocimientos, experiencias y técnicas que permiten lograr ese objetivo.

Al plantear los caminos de solución, en las condiciones que vivimos, necesitamos respetar a los integrantes de la central en su pleno derecho a participar o no en la política de los partidos como sindicatos o como ciudadanos. Al mismo tiempo la central buscará como objetivo la unidad de los trabajadores, los pueblos y los ciudadanos con plena independencia de los partidos. La unidad en la diversidad de los trabajadores se propondrá impedir que las luchas de partidos o las diferencias religiosas, culturales, regionales o raciales dividan a los trabajadores de la central y disminuyan su capacidad de constituir un centro de organización de la clase obrera unida con los movimientos sociales en lucha contra el capitalismo corporativo y contra el modelo neoliberal, y por una civilización en que la barbarie del capitalismo sea sustituida por una democracia de veras en la que pueblos y trabajadores, como comunidades y como ciudadanos, participen en la toma de decisiones para la creación de otro mundo posible y necesario en que el vivir bien de unos no dependa del vivir mal de otros y en que con la justicia social se alcance la libertad.

Lograr esos objetivos implica luchar por otros más cuya práctica es inminente y entre los que se encuentran:

1. Rescatar las grandes luchas de los pueblos y los trabajadores mexicanos y en especial de los discriminados, excluidos y desregulados de nuestro país y del mundo, 2. Defender las garantías y derechos constitucionales y tomar la Constitución de 1917 sin las reformas neoliberales como base para las nuevas luchas revolucionarias, como siempre ha ocurrido en la historia de México. 3. Exigir e imponer en las demandas inmediatas la aplicación de la Ley Federal del Trabajo y del contrato colectivo y otras normas más que el actual gobierno está sistemáticamente violando o pretende que desaparezcan. 3. Luchar por la soberanía nacional y por la organización de los mexicanos para que ejerzan el supremo derecho que reside en ellos, cada vez más atacado por los entreguistas de viejo y nuevo cuño 4. Luchar contra la criminalización de los movimientos sociales. 5. Luchar contra la cultura del individualismo y el oportunismo que se está fomentando por todos los medios y con los métodos de evaluación y exclusión que tienden a hacer pensar a la víctima que es la culpable. 6. Luchar por los derechos de los pueblos indios y para que se cumplan los acuerdos de San Andrés. 7. Promover la organización y articulación de los trabajadores industriales, agrícolas y de servicios. 8. Promover la unión de los trabajadores organizados y no organizados, la unión de los trabajadores manuales e intelectuales, la unión de los trabajadores de los sectores medios y los excluidos, los desregulados o los discriminados. 9. Promover con ellos grupos y colectivos de enlace que construyan el tejido social de las comunicaciones, las informaciones, los intercambios y las organizaciones presenciales y a distancia, 10. Incrementar los periódicos y publicaciones no sólo impresos sino los que utilizan los medios electrónicos como medios de organización-información-acción, diálogo-debate-consenso- 11. Promover campañas de alfabetización política para la toma de decisiones y para la práctica de las técnicas de aprender a aprender y a leer, y cambiar no sólo los textos sino el mundo, y a construir y crear textos y mundos alternativos, l2. Promover las universidades y escuelas de la Tierra y en ellas la cultura humanística, científica, artística, y el conocimiento de los oficios y profesiones que necesitan los pueblos y las zonas urbanas marginadas de trabajadores y proletarios, de desregulados y excluidos, de discriminados y despojados. 13. A este respecto, organizar los sistemas de defensa de los trabajadores, los pueblos y los ciudadanos frente a los depredadores y las mafias que están empeñados en someterlos, corromperlos, enviciarlos, esclavizarlos y en acabar con el sindicalismo democrático, con las uniones de los campesinos, con sus medios y fuentes de trabajo y de vida. 14. Promover la articulación de los trabajadores con los estudiantes y los jóvenes en acciones conjuntas que incrementen la cultura solidaria y cooperativa y la capacidad de comunicación y acción. 15. Buscar en los programas de los sindicatos y movimientos más avanzados de México, América Latina y el mundo los puntos de coincidencia para plantear la lucha y la articulación de los “colectivos” desde lo local hasta lo mundial, a sabiendas de que la misma lucha, entre simpatías y diferencias de regiones y sectores es y será una lucha mundial.16. Replantear la lucha ideológica con base en un creciente dominio del pensamiento crítico y alternativo y de la cultura del diálogo y el debate que en nuestros pueblos alcanza niveles cada vez más altos de comprensión y acción. 17. Fortalecer y hacer efectiva la lucha por la moral y la firmeza como verdaderas armas, para el triunfo frente a una política que desde Teodoro Roosevelt se propone dominar al mundo con “la zanahoria y el garrote”, con la corrupción y con la represión. Hablar de moral y de firmeza, de dignidad y de entereza como armas contra la corrupción que tantas víctimas y estragos hace, y que está asociada a la cultura de la represión y el terror, de la cosificación y deshumanización “de los pobres de la tierra y quienes echan su suerte con ellos”.

Si el capital corporativo ha colocado la pérdida de los derechos sociales, nacionales, laborales y humanos en el campo de lo no negociable, el frente del pueblo que se organice en torno a la central de trabajadores, que hoy promueven sindicatos que ni se rinden ni se venden, como el heroico Sindicato Mexicano de Electricistas y muchos más, ese frente en gestación alcanzará, con los trabajadores manuales e intelectuales del campo y la ciudad, de la educación, de la salud, de la construcción y los servicios, así como con las comunidades de los pueblos indios y no indios, con la juventud y con los estudiantes, con los periodistas, locutores, actores, escritores, realizadores que luchan en los espacios tradicionales y cibernéticos, ese gran frente de todos y con todos alcanzará la victoria de un socialismo con democracia, y de una democracia con socialismo, con justicia y con libertad.

Diecisiete llamados para la movilización mundial de abajo y a la izquierda. Pablo González Casanova

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sábado 7 de enero de 2012

Con los indignados de la tierra hemos de enfrentar la nueva política del azúcar y el garrote, de la corrupción y la represión macroeconómica que emplea el capitalismo corporativo, con sus aliados y subordinados.

Pablo González Casanova / Rebelion

Si pensamos en el conocimiento y la acción de un movimiento mundial como el de los indignados, pronto advertimos que hay problemas teóricos y prácticos considerablemente distintos a los que se plantean en la academia, en los partidos y los gobiernos. Afortunadamente tenemos la posibilidad de enriquecer nuestro conocimiento con las preguntas que los pueblos se hacen y con las respuestas que se dan.

Teorías y prácticas que vienen de abajo y a la izquierda tienen la originalidad de criticar al poder cuando éste se siente distinto de la sociedad y cuando se separa de la sociedad.

Los nuevos movimientos del pueblo plantean una democracia que corresponda a las decisiones del pueblo, y que en caso de que se separe del pueblo dejará de ser democracia.

Depauperados y excluidos, indignados y ocupas formulan teorías que contienen un gran respaldo empírico. Se trata de explicaciones y generalizaciones basadas en gran cantidad de experiencias. Se trata de conocimientos, de artes y técnicas que corresponden al saber y al hacer de los pueblos, ese saber que tanto exaltara el antropólogo Andrés Aubry, y en que aparece, en vez del yo individualista, el nosotros tojolabal que Carlos Lenkersdorf rescatara para la filosofía de la solidaridad humana.

Teorías y prácticas tienen mucho de particular y también de universal… Y no exagero. Pensemos en la inmensa movilización de los indignados y los ocupas que luchan por otro mundo posible. Hoy –escriben admirados dos profesores ingleses–, la movilización es gigantesca. Nunca se había dado una de esa magnitud, y toda la movilización empezó (añaden) en las junglas de Chiapas con principios de inclusión y de diálogo.

Vemos así que desde abajo y a la izquierda y desde las selvas tropicales surge un movimiento que no sólo lucha por defender los derechos de los pueblos indios, sino por la emancipación de los seres humanos.

Y ese movimiento universal, en medio de sus diferencias, vive problemas parecidos. Es más, encuentra soluciones parecidas para la creación de otro mundo y de otra cultura necesaria, a la que los pueblos de los Andes expresan como el bien vivir, en que el vivir bien de unos no dependa del mal vivir de otros.

A esas aportaciones que de los indios de América vienen se añaden muchas más que corresponden a las experiencias de múltiples culturas e historias y que crean la historia universal de la lucha por la libertad, por la justicia y por la democracia, lema que levantó el movimiento zapatista y que anda por el mundo entero no como eco sino como las voces de un pensar y querer parecido.

Y allí están las juventudes griegas que luchan contra el tributo de la deuda externa, están los movimientos de la primavera árabe a quienes los militares no pueden transar, están las asambleas de los indignados españoles que articulan intereses vitales que el sistema no puede satisfacer, están los jóvenes estadunidenses que ocupan Wall Street como centro del poder corporativo contra el que todos luchamos, a los jóvenes chilenos que dan su vida para que no les quiten sus escuelas y universidades.

En todas las movilizaciones hay mucho de común. Todas o casi todas coinciden con lo incluyente y con lo dialogal, y un número cada vez mayor, con la idea de que el capitalismo corporativo es el origen de todos los problemas que afectan y amenazan a la humanidad.

Coinciden también en que la solución es esa democracia de todos para todos y con todos que no se delega, y que algunos llaman socialismo democrático y socialismo del siglo XXI y otros nomás democracia, y que es eso, y mucho más, pues es una nueva forma de relacionarse con la tierra y con los seres humanos… una nueva forma de organizar la vida.

Y es en medio de la riqueza y novedad de esta movilización mundial como se captan una serie de reflexiones que vienen de abajo y a la izquierda y cuya respuesta busca el triunfo de los indignados y de los pobres de la tierra.

La riqueza de las reflexiones y llamados es enorme y exige la atención y la profundización de algunos que enuncio escuetamente y en los que debemos trabajar más:

1. El llamado a perder el miedo antes que nada, que el movimiento zapatista destacó como un requisito para pensar y actuar.

2. El no pensar sólo en qué hacer sino en cómo lo hacemos.

3. El precisar con quiénes –lo hacemos– en las distintas circunstancias.

4. El aclarar nuestras diferencias internas con un nuevo estilo de discutir y acordar.

5. El rechazar terminantemente la lógica de la caridad. Y también la lógica del paternalismo, pues ambas ocultan la manipulación. Caridad y paternalismo son la cara buena de la cultura autoritaria.

6. Combinar la lucha por los derechos de los pueblos, los trabajadores y los ciudadanos con la lucha por la construcción de una sociedad alternativa en que los colectivos de los buenos gobiernos practiquen el mandar obedeciendo. Precisar con ejemplos en qué consiste la práctica del mandar obedeciendo.

7. Dar los pasos necesarios para que el proyecto emancipador sea realmente incluyente, y dé lugar a un trato respetuoso de las diferencias de raza, sexo, edad, preferencia sexual, religión, ideología y nivel educativo.

8. Redefinir los conceptos de la libertad, la igualdad, la fraternidad, la justicia, la democracia… Redefinirlos en la vida cotidiana, en el aquí y el ahora.

9. Aclarar que las redes no son sólo redes informáticas. Aclarar que se han organizado y se van a organizar redes de colectivos y de sistemas de colectivos que permitan el predominio de las organizaciones horizontales sobre el mercado y el Estado, que estimulen la cooperación y la solidaridad frente al individualismo del mercado, y en que los encargados manden obedeciendo los lineamientos que las organizaciones horizontales les den y no se sientan ni un minuto por encima de ellas. Al mismo tiempo crear organizaciones centralizadas y descentralizadas, como el EZLN, o como las policías de los pueblos del sureste y como las autonomías municipales.

10. Profundizar y promover los sistemas solidarios y cooperativos con flujos e intercambios que acerquen la producción, el consumo y los servicios, por ejemplo, la educación, salud, seguridad social.

11. Actualizar constantemente los conocimientos sobre las contradicciones en los propios movimientos emancipadores, y no sólo sobre las contradicciones externas.

12. Fomentar el respeto a la dignidad y a la identidad de personas y pueblos, sin caer en el individualismo o el aldeanismo, y antes cultivando la emancipación universal.

13. Combatir el maniqueísmo, y retomar el tipo de discusiones que invocan a los clásicos para comprender el aquí y el ahora, e incluir sus narrativas y reflexiones en la memoria creadora de nuestras generalizaciones.

14. Reconocer que en todos los grandes movimientos los pueblos –con una razón de enorme peso– no se inclinan por una revolución violenta, sino por la ocupación pacífica y multitudinaria de la sociedad y de la tierra.

15. Pensar que 99 por ciento de la humanidad va a ganar esta lucha y que de su triunfo y de la sociedad que construya dependerá la creación ecológica de un sistema terrestre sostenible, capaz de satisfacer las demandas vitales de una población creciente que hoy sufre hambre y frío por cientos de millones, y capaz de impedir que continúe un sistema económico-político en que la industria de guerra es el motor principal de la economía.

16. Plantear cómo se lucha y gana pacíficamente en una guerra de espectro amplio como la diseñada por el Pentágono. Si uno de los espectros es la guerra violenta y armada, podemos luchar en los otros que comprenden la guerra informática y cibernética, la guerra contra la educación, la guerra contra la cultura, la guerra económica con la deuda externa y derivados, la guerra social que deshace el tejido comunitario, familiar, de clase; la guerra ideológica y seudo-científica neoliberal, cínica, recolonizadora y neofascista: la guerra que destruye la biosfera y la guerra que siembra el terror acompañadas de la guerra inmoral para cooptar, macro-corromper y someter a una humanidad que se rinda y se venda.

17. Insistir en que los pobres de la tierra y quienes estamos con ellos debemos enfrentar la guerra de espectro amplio en todos los espectros pacíficos posibles: en el terreno de la educación para pensar y hacer, en el terreno de la economía de la resistencia que cuida el pan y el agua, el fogón y el techo, los servicios de salud y de seguridad: el tejido social de la familia y el de la comunidad, y el de una clase trabajadora que restructure la unión necesaria de los trabajadores regulados y desregulados; en la lucha ideológica contra las corporaciones, los líderes amarillos y las mafias que ocultan su guerra depredadora con otras guerras no menos infames –como las del terrorismo, el narcotráfico y la confusión… Y estar cada vez más conscientes de que la guerra actual de intimidación y corrupción busca sobre todo el despojo de los territorios comunales, de las parcelas campesinas, de las tierras nacionales, de los bosques y las minas, de los viveros de petróleo y de los mantos acuíferos; de los suelos y los subsuelos, de las costas y las tierras. Y no conforme con oprimir a los pobres entre los pobres y a los habitantes de la periferia mundial, en forma cada vez más abierta está empobreciendo a los sectores medios y privando de sus derechos y de su futuro a los jóvenes y los niños del mundo entero.

Con los indignados de la tierra hemos de enfrentar la nueva política del azúcar y el garrote, de la corrupción y la represión macroeconómica que emplea el capitalismo corporativo, con sus aliados y subordinados. Frente a sus intentos de intimidación y corrupción universal blandiremos la moral de lucha y el coraje de los pueblos. Lo haremos, conscientes de que somos cada vez más y de que serán cada vez más quienes en el mundo entero luchen por lo que en 1994 sólo parecía ser una rebelión indígena posmoderna y que en realidad es el principio de una movilización humana considerablemente mejor preparada para lograr la libertad, la justicia y la democracia a que todos aspiramos.

Ponencia enviada por Pablo González Casanova, uno de los intelectuales más reconocidos de México, ex rector de la UNAM, al II Seminario Internacional “Planeta Tierra: movimientos antisistémicos”, celebrado en San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

La guerra del capitalismo y los indignados de la tierra. Pablo González Casanova

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sábado 8 de octubre de 2011

Miseria y amenazas crecientes a la vida en la tierra no sólo son fenómenos antropogénicos. Son efecto del actual sistema de dominación y acumulación movido por el afán de lucro, por la optimización de utilidades y por la acumulación de poder y riquezas en beneficio de las corporaciones transnacionales, de sus grandes propietarios y accionistas.

Pablo González Casanova / Rebelion

Conferencia presentada el 6 de octubre en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid

La necesidad de profundizar en los movimientos y movilizaciones de 2011 requiere analizar la coyuntura. También exige plantear el problema como un proceso histórico. Este no se limita a los ciclos del capitalismo y su crisis. Es más bien parte de una guerra que empezó después de la derrota de la Alemania nazi. La postguerra no tiene nada de postguerra… En los 66 años que lleva ni un mes ha estado en paz el mundo.

Tras la rendición del Eje nazi-fascista la lucha de clases y la lucha por el control de la periferia mundial, correspondieron al principal tipo de guerra que libraron las grandes potencias encabezadas por el bloque occidental y por el bloque soviético.

Conscientes uno y otro de que la guerra nuclear los llevaría a una destrucción mutua no dejaron de amenazarse con bombas y misiles, en que pronto los soviéticos mostrarían la superioridad de su bomba de hidrógeno. Amenazas y competencia en la capacidad de lanzamiento de bombas nucleares fueron una parte de la llamada “Guerra Fría”. La otra fue una lucha ideológica y mediática. En aquélla Estados Unidos haría ver que no se quedaba atrás y hasta pondría un hombre en la luna. En poco tiempo, varias potencias, unidas a las anteriores, participarían en una guerra de bravuconadas, no por ello menos peligrosa. De otro lado, las campañas anticomunistas y antiimperialistas se pusieron al orden del día. A la guerra de las armas se añadió la guerra de las ideas, de las imágenes y los sonidos, y toda suerte de recursos para someter al enemigo.

La guerra real del capitalismo se centró en ganar y dominar a la clase trabajadora en todo el mundo y a los movimientos de liberación en el mundo colonial.

Las potencias dominadas por las corporaciones y por el capital financiero aplicaron políticas que combinaban la represión, la cooptación y la corrupción.

Usaron estrategias y modelos sutil y técnicamente calculados con el fin de dividir y debilitar a los trabajadores y a los movimientos de liberación nacional.

El plan de una nueva especie de imperialismo colectivo y en redes fue encabezado por Estados Unidos con el Plan Marshall, y por Europa con la aplicación del modelo de “welfare state” (o “estado de bienestar”) para la mediatización de una fuerte proporción de la clase obrera y de los sectores medios, así como para el incremento de la demanda en el mercado interno de cada país.

La contribución de Estados Unidos fue muy importante también para la instauración en África, el mundo árabe y el sur de Asia del tipo de neocolonialismo en que ese gobierno y sus oligopolios habían adquirido una gran experiencia con los países pseudoindependientes de América Latina y el Caribe.

En medio de constante luchas, el plan estratégico del neocolonialismo occidental logró transformar los movimientos de liberación nacional en movimientos neocoloniales con sus nuevas “burguesías compradoras”.

En efecto el plan de conjunto incluía políticas de “desarrollo” industrial, económico y social que abrían el mercado para las exportaciones al Sur por parte de las grandes corporaciones del Norte.

Aunque las resistencias al nuevo proyecto imperialista no fueron menos importantes y además de los genuinos movimientos de liberación la URSS apoyó a numerosos movimientos a finales del siglo XX, en esa batalla, como en otras de la Guerra Fría, resultó victorioso Occidente.

En todos los casos los países imperialistas combinaron los objetivos de dominación y de acumulación. En todos.

Las inversiones de guerra sirvieron para acumular poder y riquezas.

Los presupuestos y endeudamientos públicos sirvieron para impulsar la economía de guerra y para dominar a los países endeudados.

A finales de siglo, con la victoria en la “Guerra Fría, el principal sostén del modo de dominación y acumulación capitalista siguió siendo la guerra. Sólo que, en la nueva etapa, cambió el peso relativo de las políticas de mediación y de las políticas de represión.

Si siempre se combinaron mediación y represión, siempre de dieron en proporción variable la zanahoria y el garrote, el pan y el palo, la concesión como política social y el clientelismo reducido de los capos políticos, así como la cooptación, la corrupción y la represión de colectividades e individuos. Además los derechos sociales tendieron a sustituirse por meros actos de caridad o por cohechos y sobornos de los jefes y sus pequeños grupos.

Ya las variaciones geográficas habían mostrado la diferencia de trato a los pueblos y los trabajadores de los países metropolitanos y coloniales o neocoloniales. En estos últimos siempre se dio un mayor peso al uso del garrote, del palo, y al de la represión mezclada a la corrupción. Ese peso aumentó con el neoliberalismo.

Desde los años setenta, y sobre todo desde los ochenta, las variaciones políticas aumentaron conforme pasaba el tiempo. En un momento dado las políticas que antes se aplicaban en las periferias se empezaron a implantar en el centro. Los trabajadores con derechos empezaron a perder sus derechos A finales de los años noventa y principios del siglo XXI esas medidas se agudizarían y llegarían a prevalecer en el conjunto de bloque occidental.

El líder indudable de todo el proyecto seguiría siendo el gobierno de Estados Unidos encabezado por el complejo militar-empresarial-político-y-mediático. Estados Unidos era y es el imperialismo más experimentado en frenar las concesiones del “Estado social” y en manejar como países coloniales a repúblicas formalmente independientes.

El complejo militar-empresarial y político que gobierna Estados Unidos es también el más experimentado en someter a los propios gobiernos metropolitanos y a sus complejos militares-empresariales. Háyase debilitado o no, en el año 2011, Estados Unidos comprobó su liderazgo en el Consejo de Seguridad y en los complejos militares empresariales de cada uno de los países del Consejo de Seguridad. El capitalismo al estilo estadounidense se fue imponiendo en todos y cada uno de los países de Europa.

Al amparo de los negocios y de los poderes militares, el neoliberalismo de Friedman y de los Chicago Boys se impuso en todas las socialdemocracias. Al modelo neoliberal y monetarista se apegan hoy las políticas de las finanzas, de las corporaciones, de los Estados, de los mercados y de los sistemas políticos e informáticos.

La reestructuración neoliberal de todas las empresas e instituciones del mundo occidental y sus zonas de influencia fue especialmente diseñada para optimizar utilidades y disminuir riesgos. A ella se ajusta la dominación de trabajadores, pueblos, ciudadanos y clientelas. A su aplicación corresponde la colosal acumulación de utilidades y riquezas en menos del 1% de la población mundial a costa de pueblos y trabajadores, en su condición de ciudadanos y de asalariados.

No sólo se aplicó la congelación de salarios nominales, ni sólo se abatió ésta por la inflación y el desempleo que sobre las familias obreras pesa, ni sólo se redujeron o eliminaron los llamados salarios indirectos: También se empobreció a los trabajadores como ciudadanos de repúblicas tributarias y como sujetos de impuestos. Se les empobreció mediante políticas deliberadas de endeudamiento externo y público sujeto a variables y usureros intereses, con cargas fiscales que disminuyeron los impuestos a los más ricos y aumentaron los impuestos a los más pobres, con asignación de presupuestos que privaban de inversiones y gastos sociales a los pueblos e incrementaban las inversiones y gastos destinados a apoyar el funcionamiento de las corporaciones.

A esas políticas se añadieron las de apropiación de territorios y riquezas malbaratadas o violentamente ocupadas en sucesivos actos de guerra abierta y encubierta. También se añadió la apertura de mercados que impulsara la competencia desleal en apoyo a las grandes corporaciones imperialistas y en detrimento de los pequeños y medianos empresarios de los países periféricos y de las propias metrópolis, no se diga de la enorme cantidad de trabajadores que esas actividades ocupaban y que perdieron su empleo.

Las combinaciones óptimas de la acumulación relativa, tecnológica y tecno-científica, se combinaron así con las de la acumulación salarial nominal y real, directa e indirecta, impositiva, crediticia, de presupuestos e inversiones públicas, de trabajador@s formales e informales, regulad@s y desregulad@s, precari@s, endeudad@s y esclavizad@s, adult@s, jóvenes y niñ@s

En el nuevo modelo de dominación y acumulación, a la rica experiencia de la dominación de clase, heredada del esclavismo, del feudalismo y el colonialismo, se añadió la no menos rica del capitalismo mercantil, industrial y financiero, monopolista y oligopólico, nacional, internacional, transnacional y multinacional. Un capital muy variado en sus organizaciones y experiencias.

La guerra y la lucha por el poder y los negocios se sirvieron de los flamantes modelos econométricos e interdisciplinarios a su servicio y llegaron a descubrir “juegos de guerra y de negocios” en los que “se gana o se gana”, y que se llaman en inglés “win-win”.

Los modelos “win-win” se usan mucho. Se usaron por ejemplo en la reciente crisis de 2011 en la que los banqueros y compañías amenazaron con declararse en quiebra y pusieron a los gobiernos a su absoluto servicio.

Los propios gobiernos de las grandes potencias subsidiaron la crisis. No se diga ya sus subalternos Para colmo la decisión de todos los gobiernos consistió en encomendar a que quienes habían generado la crisis que fueran quienes la resolviesen, lo que ya están haciendo a su manera, en que preparan de pies a cabeza una nueva crisis para 2012.

Las corporaciones y el capital financiero que las acompaña revelan con sus políticas que siguen firmemente decididos a ganar, tanto con la crisis como con el pago de la crisis, así sea a costa de los pueblos y de los trabajadores de la periferia y del centro del mundo. Es más, sus accionistas, gerentes y funcionarios que han decidido resolver la crisis en esos términos, son plenamente conscientes de que las resistencias y oposiciones van a crecer de una manera descomunal. Los problemas están técnicamente previstos y ellos están preparados psicológica, militar, política, mediática, racional y dogmáticamente. Están decididos a enfrentarlos con nuevas combinaciones y aplicaciones de sus políticas de represión, mediatización, intimidación y confusión. Su prepotencia y fanatismo les hace pensar como en tiempos de Hitler que tienen toda la superioridad necesaria para imponer sus valores e intereses.

Los señores del mundo consideran que para triunfar es necesario enfrentar con firmeza y serenidad los problemas que ellos mismos han creado al impulsar sus empresas y provocar, junto con los efectos deseados, otros no deseados. Con un estilo a la vez tecno-científico y hobbsiano, apoyados por el dios de los puritanos y por el darwinismo de los colonialistas anglosajones se proponen medidas entre las que destacan algunas como las siguientes:

1. Se proponen continuar impulsando los conocimientos más avanzados de las tecno-ciencias y de los sistemas complejos, para que las mega-empresas y redes del mundo libre y occidental, así como sus proyectos de dominación global, sigan operando exitosamente en medio de una transición al “colapso” que ellos mismos y sus ideólogos ven como un peligro que se puede enfrentar, incluso si se realiza una transición a otro modelo de dominación y acumulación, o si, dentro del mismo, se aumenta la importancia de la represión, la corrupción, la robotización y la depredación.

2. A las medidas anteriores añaden como efectos colaterales deseados la disminución de los recursos y subsidios a la educación en todos sus niveles, incluido el de la enseñanza media y superior, pues para incrementar la productividad y optimizar las utilidades, son más eficientes la automatización y robotización, por lo que resulta cada vez más innecesario y hasta estorboso el trabajador especializado y el profesional, no se diga ya el alfabetizado y escolarizado que sólo usan lo que saben para crear problemas.

Una fobia semejante a la que se da hacia la educación ocurre contra los servicios e inversiones sociales, que al disminuir sus recursos públicos o ser privatizados requieren un número muy reducido de profesionistas y técnicos de alto nivel e incluso de nivel medio, por lo que es necesario acabar con el exceso de estudiantes universitarios y de egresados, que aparte de resultar meros sobrantes son un factor demagógico de desestabilización.

3. A los problemas del desempleo y la “deseducación” intencionalmente buscados añaden los del contenido de la educación y los del control de los educadores. El nuevo pensamiento de la extrema derecha en ascenso considera necesario profundizar y ampliar las políticas de la OCD para disminuir la importancia de las humanidades, de la filosofía, de la historia, de la literatura, y para reducir los conocimientos científicos a cursos generales o de “divulgación” en que se avive la admiración a la figura de los grandes científicos –como Einstein- sin que los admiradores se enteren de sus métodos y técnicas de observación, de modelación, de formalización, cálculo, interpretación y análisis, temas todos cuyo solo enunciado ha de parecer insoportable e indescifrable a la inmensa mayoría de los seres humanos.

4. Con la privatización de las universidades, determinan el fin de las llamadas “libertades académicas” (en inglés “academic freedoms”) y la eliminación de la llamada “autonomía universitaria” En el modelo avanzado buscan integrar los centros educativos a las corporaciones.

5. Medidas semejantes se aplican a la investigación científica de punta, como ya ocurre con la farmacéutica y muchas otras especialidades.

6. En cuanto a las escuelas para trabajadores y campesinos, en especial nocturnas y rurales, consideran que deben eliminarse para disponer así de elementos menos conflictivos.

7. Impulsores de la llamada “sociedad del conocimiento”, los grupos de “élite” buscan privatizar integralmente el conocimiento. La literatura académica contra esta ofensiva es muy abundante

8. Inclinados a aceptar que en la actualidad el conocimiento es la principal fuente productiva, como sostienen algunos teóricos se da una importancia considerable al conocimiento privatizado de pequeños grupos de excelencia.

9. De realizarse el proyecto, el conjunto de la educación humana se volvería funcional a un sistema de producción y servicios en el que la desindustrialización, la “descampesinización” y el desempleo logren el necesario equilibrio mediante un “descrecimiento” que frene todo proyecto educativo y cultural ajeno a las empresas lucrativas.

Ya en la actualidad se ha formado una competencia excesiva para las corporaciones sobre todo con países emergentes como la India y China, no se diga con los que muestran seguir caminos parecidos.

10. Para impedir una creciente competencia es particularmente útil la política de presupuesto equilibrado. Obliga a los gobernantes endeudados a recuperar el equilibrio fiscal sin desarrollo, o contra el desarrollo industrial, agrícola y de servicios.

11. En cuanto a las políticas de control de los trabajadores regularizados no sólo se presionan por aumentar en todo el mundo la desregulación en marcha. También se fortalece el control de los trabajadores con sindicatos coparticipes de la empresa, y con agentes abiertos y encubiertos de las propias mega-empresas y, sobre todo, con un crecimiento transnacional de las “empresas subrogadas” que se encuentran en países donde se puede encontrar trabajo barato de cuyo control se ocupan los patronos con quienes se contrata.

12. En cuanto a los inmigrantes que entran a un país sin el permiso legal de trabajar, cuando exceden el número necesario se apoya a los trabajadores nacionales en sus manifestaciones de rechazo y protesta, e incluso se estimulan sus sentimientos racistas y sus fobias contra los extranjeros. Se les acusa de venir a quitar sus fuentes de trabajo a los “nacionales”, de abatir los salarios y de contribuir a que se violen los derechos laborales. Los empresarios de cada territorio señalarán las cuotas de trabajadores sin papeles a los que necesitan emplear para la producción y los servicios de bajo costo, y las autoridades permiten una cuota razonable de trabajadores sin papeles que cobran salarios bajos, que aceptan jornadas largas y que no protestan, amenazados como están de ir a la cárcel o de ser devueltos al infierno de donde huyeron arriesgando hasta su propia vida. En los casos extremos de corrientes de trabajadores innecesarios que buscan entrar sin papeles se usan cazadores que los liquidan en el camino o guardias fronterizos, incendiados en odios patrióticos, encargados de eliminar incluso físicamente a los contingentes de sin papeles que se empeñen en entrar. Así se siembra el miedo entre los aspirantes y sus prójimos, y se impone el respeto a la prohibición de que no entren sin el permiso correspondiente del gobierno.

13. Los dirigentes del sistema están decididos a aplicar de manera cada vez más firme políticas que controlen la nueva situación crítica en que se encuentran los estados-nación desestructurados, los sistemas políticos desprestigiados y los gobiernos asociados y subrogados contra los que se levanta la mayoría de su población. En ese terreno se sigue la tradición de las potencias coloniales de apoyar a las tribus sometidas que se enfrentan a una tribu dominante. Asumen el papel de empresas liberadoras o civilizadoras. Los imperios y sus soldados luchan por la libertad del país que someten. Así, cuando es necesario, apoyan a los enemigos del dictador, al pueblo que se rebela, como recientemente se hizo en el caso de Mubarak en Egipto, y como se hará en el futuro aunque el dictador indiciado haya sido amigo y socio del imperio, como ocurrió ayer en Irak y recientemente en Libia. Cada vez que convenga se dará la razón al pueblo en su lucha por la libertad y se asegurará al mismo tiempo la instalación un gobierno protegido, plenamente subordinado a las metrópolis o a la metrópoli.

14. En cuanto a las manifestaciones y movilizaciones que se están dando contra el sistema de partidos permitirá al capital corporativo hacer el doble juego de “ganar o ganar”. Los votantes darán la bienvenida a un gobierno conservador e incluso de extrema derecha, que substituya al gobierno que dijo ser democrático y no lo fue. Incluso apoyarán a los que desde la derecha luchen por un estado sin partidos- Evitar cualquiera de esas salidas políticas será el gran problema de los nuevos movimientos democráticos. Si no se logra la violencia será explícita

15. En todo caso para el sistema el problema principal no es dominar con partidos o sin partidos. El problema es que los gobiernos obedezcan los dictados del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional, y de las organizaciones regionales de la banca y las corporaciones. La nueva política por lo general derivará en el apoyo a la derecha como ya se manifiesta en las urnas por el triunfo de los partidos conservadores y por la enorme abstención de los ciudadanos que no quieren votar. Frente a esa realidad los partidos de la izquierda que apoyó todas las medidas neoliberales pretenderán que los nuevos movimientos están haciendo el juego a la derecha y al imperialismo; pero las bases sociales difícilmente volverán a sumarse a la izquierda parlamentaria que en la práctica compartió y apoyó las medidas neoliberales.

16. En ciertos momentos y circunstancias las fuerzas de la extrema derecha se verán en la necesidad de apoyar a los ciudadanos y de apoyarse en ellos para establecer un nuevo sistema político de carácter electoral y civil –en el que es ejemplar el caso de Colombia-, o que si es militar, mantenga al sistema de partidos en nombre de la libertad y la democracia, como hizo Pinochet en Chile y como lo hacen sus sucesores.

17. En todo caso para la extrema derecha será muy importante seguir luchando por “la democracia” y “la libertad”, y en situaciones críticas podrá usar las propias elecciones para dar los golpes de Estado necesarios sosteniendo que el candidato que perdió es el que ganó y sosteniendo en el poder al candidato que los golpistas digan que ganó, como ha ocurrido en México desde 1988 con golpes de Estado institucionales dirigidos por los civiles.

18. Todos los síntomas indican hoy que se dará una importancia creciente a la economía de guerra y a las guerras de contrainsurgencia. Unas y otras ya se han convertido en su movilización y aprovisionamiento en guerras contra el “terrorismo” o contra el “narcotráfico”.

19. Muchas de las nuevas guerras contra el terrorismo y el narcotráfico se complementarán con “guerras virtuales” para una nueva ocupación colonial, para una nueva desregulación social y para una nueva comedia democrática con “aristocracias hereditarias” como las que Jefferson exaltó. Guerras “virtuales” y reales se llevarán a cuanto país o territorio sea necesario para que los “juegos de guerra virtual” hagan perder a las nuevas generaciones rebeldes el sentido de la lucha y el sentido de la vida. En esos juegos de “win-win”, ya pierdan los gobiernos semi-coloniales, los terroristas o los narcos, ganarán las corporaciones en sus ventas de municiones y armas, con sus aparatos de dominación que ocuparán nuevos espacios, y con el debilitamiento de los movimientos sociales o rebeldes que se verán envueltos en luchas más difíciles de entender y de superar que las luchas de las tribus o las sectas.

20. Se violarán cada vez que sea necesario tanto el orden jurídico mundial y los acuerdos que tome el Consejo de Seguridad, así como la legislación constitucional y el derecho positivo de cada país, hechos que abrirán el paso a la toma de decisiones que quedará al arbitrio de los más fuertes.

21. No se hará ningún caso de las críticas y denuncias de crímenes contra la propiedad o las personas, y se seguirán cometiendo los actos ilegales que se estaban cometiendo antes de que fueran objeto de críticas, protestas o presiones.

22. Se considerará como no negociable y “value free” todo lo que disminuya la creciente dominación y acumulación de las corporaciones.

23. Se aumentará la red de bases militares en el mundo, y de naves y submarinos nucleares en los océanos.

24. Se buscarán acuerdos con China, con la India, y dentro del propio Bloque Occidental, para un nuevo pacto colonial global que permita disminuir a un mínimo las fricciones inevitables en el nuevo reparto del mundo.

25. Se lanzará una macro-ofensiva de corrupción y represión a cargo de los altos funcionarios de las embajadas y los bancos y de las ONG -u organizaciones supuesta o realmente no gubernamentales, así como de las agencias especiales-. Al efecto se gastarán billones (en el sentido castellano) de dólares y se fijarán cuotas para los altos funcionaros a sobornar, para los grandes negocios a realizar y para las “acciones cívicas” y caritativas destinadas a cooptar y corromper a las masas. En la agudización de la gran crisis se manejarán sumas macroeconómicas para las políticas de corrupción de espectro completo. El aumento de fondos para corromper se combinará con la aplicación de políticas represivas abiertas y encubiertas y con la proliferación de víctimas individuales y colectivas, buscadas y no buscadas.

26. Se usarán, cuando así convenga, las políticas de apoyo a los rebeldes y a sus luchas de tal modo que luchas y rebeldes se vuelvan parte del sistema de dominación contra el que pretendan luchar.

27. Se mantendrá una gran firmeza en el conjunto de la política neoconservadora sin la menor concesión a las negociaciones sociales. Con el estilo firme de “la Dama de Hierro”, de Augusto Pinochet o de Ronald Reagan se logrará una autoridad indiscutible para las mega-empresas, sus aliados, asociados y subrogados, y un creciente apoyo para la política de recolonización del mundo y de desregulación de los trabajadores, e incluso para el control del exceso de población sobrante mediante políticas de genocidio directo e indirecto como las que ya se han venido aplicando o se empiezan a aplicar en países como Palestina, Somalia, Etiopía, Haití y muchos otros de los que la gente se olvida con suma facilidad.

28. Todas las medidas se basarán en un credo democrático y religioso, conocedor de “la naturaleza humana” y de “la ciencia rigurosa” en el que uno de los apoyos de las corporaciones, de sus gobiernos y sus países será Dios. Con ese objeto se combinará la razón con la fe, y una y otra con el valor de defender a la patria, a la familia y a la persona.

El éxito de las políticas de dominación y acumulación capitalista es innegable. También lo son sus inmensas limitaciones y crisis, sobre todo con las políticas de “retroalimentación positiva” que la extrema derecha está aplicando y que está decidida a aplicar en el futuro inmediato.

El creciente predominio de la extrema derecha no sólo llevará a ampliar el mundo de la miseria y la desesperación. También aumentará las amenazas de destrucción de la Tierra. Ambas afirmaciones son rigurosamente científicas,

El gran peligro de lo que se llama ecocidio desde hace tiempo muestra un proceso de aceleración creciente, cada vez más difícil de controlar. Ni el empobrecimiento del 80% de la población humana ni la destrucción del planeta son fenómenos puramente naturales, si por naturales se entiende que en ellos no tiene responsabilidad el ser humano.

Miseria y destrucción de la vida en el planeta son fenómenos antropógénicos, como sostuvieron los dos mil científicos de la Comisión Intergubernamental reunida en París hace dos años. Esa gran Comisión se reunió a evaluar los peligros del cambio climático, que por sí solo amenaza la vida en la Tierra. Otras amenazas de igual o parecida magnitud han sido confirmadas una y otra vez por la comunidad científica, como el hoyo de ozono, como la salinización de los mares, como la desforestación, como la desertificación, o los estallidos nucleares.

Miseria y amenazas crecientes a la vida en la tierra no sólo son fenómenos antropogénicos. Son efecto del actual sistema de dominación y acumulación movido por el afán de lucro, por la optimización de utilidades y por la acumulación de poder y riquezas en beneficio de las corporaciones transnacionales, de sus grandes propietarios y accionistas, de sus altos funcionarios y gerentes, que han aprendido un negocio óptimo en que sin el menor riesgo ganan con la crisis que provocan y ganan con el dinero que sus gobiernos les dan para que resuelvan la crisis a costa de una población en la que prolifera el desempleo agrícola, industrial y de servicios hoy acelerado por las nuevas políticas que ellos mismos imponen Tan disparatado proceso es un drama para la humanidad y una amenaza para sus propios demiurgos. Las políticas contra las crisis de 2008 y 2011 no son políticas anti-cíclicas, no son políticas para controlar o aminorar la crisis. Son políticas para hacer de la crisis un negocio redondo y la base de una nueva expansión corporativa desreguladora y recolonizadora. Las corporaciones financieras que dieron inmensas facilidades de crédito a gobiernos, empresas y personas sin capacidad de pago, sabían perfectamente que sus deudores iban a entrar en crisis y a la hora en que la estallaron por un lado privatizaron altas proporciones de las riquezas naturales, los bienes y las empresas públicas de gobiernos y estados-nación. Al mismo tiempo impusieron a sus propios gobiernos una política que impidiera la crisis de sus empresas, lo que lograron a costa de las poblaciones y naciones despojadas y con el increíble pretexto de que así y con más rigurosas políticas de ajuste presupuestal iban a resolver la crisis… Las medidas y razones de la crisis y de las falsas soluciones a la crisis son llana y sencillamente indignantes.

Por otra parte las políticas con las que las fuerzas que dominan el mundo actual han respondido y piensan responder a los movimientos sociales sistémicos y antisistémicos indican que los peligros avizorados van a aumentar. Su creciente apoyo a la extrema derecha confirma que la decisión tomada es continuar estructurando un capitalismo en el que las corporaciones asuman la responsabilidad de proteger por todos los medios la maximización desbocada de utilidades y riquezas. Esa política, en la que se dará más de lo mismo, provocará similares efectos a mayores escalas y llevará a aplicar en grande las políticas represivas y depredadoras.

El nivel de conciencia de ese peligro es muy bajo. En los círculos dominantes y en las propias élites políticas e intelectuales quienes se oponen a la ultraderecha tienen crecientes posibilidades de perder: sus propuestas políticas son muy inferiores a las necesarias para resolver, así sea de forma limitada los problemas humanos y ecológicos.

En cuanto a los movimientos sociales y políticos, sistémicos y antisistémicos, enfrentan serias limitaciones y contradicciones. Sobre ellos pesan las crisis de la socialdemocracia, la crisis y caída de los bloques socialistas antes encabezados por Rusia y China, y del nacionalismo revolucionario. A ello se añaden numerosas divisiones de sus integrantes, que no sólo provienen de la crisis de las ideologías revolucionarias y progresistas sino de la dificultad de resolver –así sea para una cuarta parte de la población- los problemas de empleo, educación, salud y techo. Otro problema de primordial importancia es la falta de un proyecto alternativo, elaborado y universal que precise cómo acercarnos a la construcción de otro modo de dominación y acumulación capaz de asegurar la vida y la libertad humana.

Reconocer estos problemas por ningún motivo debe desanimar a las fuerzas emancipadoras. Reflexionar sobre estos problemas es tarea de cualquiera que quiera pensar y actuar en serio. Pero su formulación misma constituye otro grave obstáculo cuando se piensa la solución en términos de un política socialdemócrata; o populista, o estalinista, o anarquista.

El panorama sería desolador si no existieran nuevos proyectos y experiencias que se centran en un concepto memorioso y creador de la democracia como poder del pueblo, y del pueblo trabajador, que es parte del demos, sea pueblo de esclavos; de siervos, asalariados, excluidos y discriminados

El proyecto de una democracia directa apunta cada vez más al logro de un poder del pueblo que use los medios del gobierno y al que no usen los gobiernos como medios de las corporaciones.

El proyecto entraña una democracia que respete el pluralismo religioso e ideológico; que articule el poder de las comunidades; de los colectivos y los ciudadanos; que enfrente la corrupción, el arma secreta del capitalismo, con el arma secreta de los pueblos; que es la moral colectiva; y que piense por qué luchar, y cómo luchar para ganar.

No poner freno al reconocimiento de los obstáculos es fundamental para superarlos. Hoy implica pensar en los movimientos sociales que estallaron en 2011 y que plantean el problema de la democracia directa y de cómo usan los humanos los medios e impiden que los medios de represión y corrupción enajenen a los humanos.

La tarea es enorme. También es factible. Implica la organización desde lo local hasta lo global así se parta de La Habana o de la Lacandona, de Atenas o el Cairo, de Londres, Wisconsin o Nueva York, o de la Puerta del Sol, donde surgió el grito de los condenados de la tierra, que hoy son los indignados de la tierra.

Un mensaje a la juventud

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sábado 16 de abril de 2011

Mensaje leído con motivo del XL aniversario del Colegio de Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México

Pablo González Casanova / LA JORNADA (México)

Desde 1968 hasta hoy los jóvenes revelan ser una nueva categoría en la historia universal. Es cierto que con anterioridad, en varios países de América Latina y del mundo, los jóvenes ya habían hecho acto de presencia, como ocurrió con la famosa reforma universitaria a la que en Córdoba, Argentina, convocaron los estudiantes. Es cierto también que muchos héroes de la historia universal, desde la antigüedad, han sido jóvenes; pero se distinguían como héroes, no como un protagonista genérico de la historia. En cambio, desde 1968, en París, en Chicago, en México, y hoy en el Magreb y los países árabes, los movimientos de la juventud están a la vanguardia de la lucha por otro mundo posible. Están contra la guerra, están contra las discriminaciones raciales, están contra los simulacros de democracia o de socialismo que en realidad son dictaduras de ricos y poderosos apoyados en las fuerzas de seguridad a su servicio, legitimados por la “clase política” de fingida elección popular o de partido, y hoy serviles ante las grandes potencias cuyos máximos dirigentes asumen abiertamente la mentalidad y la criminalidad colonialista –que desde ayer asumieron contra Vietnam, contra Cuba, contra los afroamericanos–, y que ahora, cada día que pasa, manifiestan orgullosos contra los países y los pueblos de la periferia, y también contra la inmensa mayoría de los jóvenes del mundo entero, de los jóvenes de las poblaciones marginadas y excluidas, de las clases medias depauperadas, de los hijos de los trabajadores desregulados, de los hijos de los técnicos y profesionales que no tienen educación, ni empleo, ni esperanza de tenerlos, ni futuro que perder. Lea el artículo completo aquí…

Notas para un manifiesto de la izquierda en el siglo XXI

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sábado 26 de marzo de 2011

La responsabilidad que en América Latina tenemos es inmensa pues el Nuevo Mundo saldrá del Nuevo Mundo que ya muestra su grandeza, enriquecida por todos los proyectos de emancipación humana.

Pablo González Casanova / LA JORNADA

Un clamor resuena en todo el mundo. Todos queremos libertad, todos soñamos con la democracia. Que nos la den, que la hagamos, que la apoyen y, sobre todo, que luchemos por tenerla.

Pero, ¿con quién vamos a luchar, al lado y al amparo de quién queremos luchar? ¿Con quién contamos y queremos contar?

Obviamente no queremos apoyarnos en quienes entrenan a sus soldados para que al grito de libertad invadan, destrocen y saqueen pueblos enteros, y sin piedad alguna causen daños horripilantes a mujeres, niñas y niños, jóvenes y viejos, con el supuesto de que están luchando contra quienes merecieron su inmenso apoyo en armas, dinero, negocios, publicidad y diplomacia durante años y años.

No queremos apoyarnos en quienes han atacado por todos los medios a su alcance, incluidos los bloqueos, los intentos de magnicidio, las plagas, los golpes de Estado, las invasiones militares y paramilitares, las falsas y crueles guerras contra un narcotráfico que les sirve como gigantesco negocio para lavar el dinero de los criminales en sus bancos y quedarse con la mayor parte; que les sirve para prestar dinero con altos intereses a los gobiernos aliados que son sus clientes en la compra de armas de mediano y alto poder, iguales o inferiores a las que también les venden a los narcotraficantes; que les sirve para mediatizar la ira del pueblo empobrecido por sus políticas privatizadoras y especuladoras y para embarcar a los jóvenes de ésta América en falsas luchas de mafias que les hacen perder –con su identidad y sus vínculos sociales y familiares–, el sentido de la vida y el sentido de la lucha, y con que pierden a su propia juventud, a la joven América que protestara en Chicago contra la guerra en Vietnam y se manifestara a favor de los afro-americanos y de los habitantes y movimientos sociales del Tercer Mundo de los que el Che Guevara fue su icono y que hoy constituyen el principal mercado de narcóticos del mundo, con que se destrozan y los destrozan. No queremos apoyarnos en la lucha por la libertad con el ejército que defendió durante años al Mubarak que el imperialismo también apoyó, ni en los aviones de la OTAN que durante años han estado destruyendo a Irak y Afganistán. No queremos coincidir con quienes han declarado una guerra total contra el pueblo y gobierno de Cuba, con quienes han hecho todo lo posible por dividir y enfrentar al pueblo y gobierno de Venezuela, con quienes apoyaron y apoyan la secesión y desestabilización de la República de Bolivia. Lea el artículo completo aquí…

Publicado por Con Nuestra América

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