Dos visiones de una América Latina

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miércoles, 13 de junio de 2012

Ana Ivis Galán García (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

La patria grande que es hoy América Latina, extensa y rica región que se extiende del río Bravo a la Patagonia, comparte similitudes históricas y culturales y, al propio tiempo, gran diversidad.

El término, utilizado por vez primera en París en 1856, en la conferencia del filósofo chileno Francisco Bilbao, tiene hoy sentido de supranacionalidad, en el cual confluyen diferentes iniciativas comunes que buscan la integración y la complementariedad regional.
Sin embargo, algunos grandes emporios de la comunicación se valen de sus ardides mediáticos y manipuladores para alterar esta verdad.
La entrevista concedida recientemente por el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso al diario español El País así lo confirma.
Extensas fueron sus declaraciones, luego de recibir el premio John W. Kluge, que otorga la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, dotado de un millón de dólares y que reconoce la obra de académicos y personalidades cuyas disciplinas de estudio no entran en el ámbito de los Nobel.
Se valoró, en su caso, el haber sentado las bases en 1969 del concepto de “globalización”, en ensayo cuya autoría compartió con el chileno Enzo Falleto.
Curiosamente, el titular del periódico se redujo al tema de la unidad latinoamericana, al cual -por cierto- Cardoso dedica un solo párrafo, el último, al menos por lo que la propia publicación dejó ver.
Henrique Cardoso habla de los títulos de Doctor Honoris Causa que ostenta y de su participación en el grupo Global Elders, fundado por el reconocido líder sudafricano Nelson Mandela.
También se refiere, en gesto algo inmodesto, a su contribución en el llamado milagro brasileño que, según cuenta El País, para buena parte del mundo tiene como protagonista al ex presidente Luis Inacio Lula da Silva.
Ante la idea de que otros lo señalan a él como precursor de la política económica e incluso del programa Bolsa Familia que tantos laureles le han granjeado a Lula, declaró: “Esas son las voces que conocen la historia y los fundamentos de la situación actual” de Brasil. ¿Y las otras no?
Fue durante su mandato, aseguró, que el país se preparó “para el mundo contemporáneo” y añadió: “Lula solo profundizó ese trabajo. Se puede decir que yo empecé y él continuó”, expresó.
Para rematar dijo que a la actual mandataria Dilma Roussef le ha tocado un momento mas difícil que el del presidente Lula, “como también fue mi caso”.
A Latinoamérica dedicó solo breves palabras. Al respecto, sobre la existencia de un bloque regional sólido, apuntó: “Si se compara con la época de mi gobierno, la realidad es que hoy hay menos unión, nos hemos dispersado más. En el Mercosur no se ha avanzado, solo existen nuevas barreras arancelarias”, y … terminó.
Como una especie de suerte, y oportuna coincidencia, en esos días se publica otra opinión acerca del mismo tema: la unidad latinoamericana.
Fue la de un español residente en Francia: Ignacio Ramonet, destacado catedrático y periodista, director del diario galo Le Monde Diplomatique y autor del libro “Cien horas con Fidel”.
De paso por Quito, capital de Ecuador, donde presentó su última obra “La explosión de la comunicación”, que trata sobre la relación del periodismo con Internet, ofreció una entrevista al diario digital El Ciudadano.
Allí las palabras de Henrique Cardoso tuvieron réplica. Para éste académico -estudioso de los procesos de cambios que tienen lugar en el continente, sin concesiones de enfoque- América Latina vive el mejor momento de su historia, en un contexto inédito de democracia, paz y cooperación, y con gran interés por la integración, como nunca antes.
Sabe, así lo ha expresado, que “80 millones de personas salieron de la pobreza, gracias a las políticas de gobiernos progresistas” y tras dos siglos de historia, hoy estos países celebran el bicentenario de sus independencias.
La Unión de Naciones Suramericanas, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe son muestra consecuente de la voluntad de trabajar en común.

Y aunque a algunos se empecinen en negarlo, esa es la realidad. El esfuerzo que hacen estos pueblos por la justicia y la igualdad no se podrá silenciar, ni siquiera con el poder de los grandes señores de la manipulación mediática.

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Ho Chi Minh y José Martí: Dos héroes universales

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martes, 5 de junio de 2012

Pedro Rivera Ramos (especial para ARGENPRESS.info)

Dos de las figuras más emblemáticas y legendarias de la lucha por la independencia y la soberanía nacionales de sus pueblos, están enlazados, entre otras cosas, por un 19 de mayo. Ho Chi Minh y José Martí no sólo debemos venerarlos por su fecunda y extraordinaria trayectoria política e ideológica, sino por el invalorable aporte que hicieron, pese a las innumerables dificultades y adversidades que tuvieron que enfrentar y superar, para que hoy sus naciones no estén sometidas por ninguna potencia extranjera.

Ciento veintidós años nos separan del nacimiento de Nguyen Ai Quoc, Ho Chi Minh (“el que ilumina”) y que el 2 de septiembre de 1945 desde la plaza de Ba Dinh, con 55 años de edad, barba entrecana y un cuerpo menudo, se atreviera, aún en medio de los fuertes reductos del colonialismo francés, a proclamar la fundación de la entonces República Democrática de Vietnam. Asimismo, también fue un 19 de mayo pero de 1895, que en la población de Dos Ríos, caía combatiendo contra el ejército colonial español, el héroe de la independencia de Cuba, José Martí.
La remembranza de estos dos símbolos indiscutibles de la lucha por la emancipación y la libertad de comienzos y mediados del siglo pasado, representa en esta crucial coyuntura de la Humanidad, una ocasión irrepetible de conocer y profundizar en todo el bagaje político, ético y moral, que sostuvo a estos dos titanes de la lucha contra los imperialismos y a favor de los oprimidos. Ellos conocieron por sus ideas las cárceles desde muy temprano, el exilio, el destierro y las persecuciones constantes. Se entregaron por completo a la causa que abrazaban y renunciaron a todo con un gran sentido de compromiso, de desprendimiento, entrega, espíritu de sacrificio y fidelidad a los principios.
Resulta asombroso y aún con la ventaja que nos concede la distancia histórica, que un hombre como Ho Chi Minh haya podido encabezar la lucha de todo un pueblo, construir un ejército básicamente de campesinos, levantarlo al combate desde las profundidades del hambre y enfrentarse con tanto éxito contra el imperialismo japonés, francés y estadounidense. Ho Chi Minh fue un gran estratega y un gran visionario, y aunque murió el 3 de septiembre de 1969 sin poder contemplar la victoria impresionante de su pueblo, escribió en su testamento político: «Nuestro país tendrá el señalado honor de ser una pequeña nación que, a través de la lucha heroica, ha derrotado a dos grandes imperialismos -el francés y el norteamericano- y ha hecho una digna contribución al movimiento de liberación nacional».
José Martí entregó toda su corta vida, ya que una bala española se la cegara a los 42 años, a la causa de la liberación no sólo de Cuba, sino del resto de Latinoamérica. Es muy conocida la advertencia que nos lega en su carta a su amigo Manuel Mercado, un día antes de su muerte: «ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber -puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América».
Sólo este pensamiento de Martí escrito hace más de cien años, sirve para descubrir la gran profundidad en la que descansa todo el ideario político martiano. Porque no hay duda alguna que Martí fue una lumbrera intelectual y política de su tiempo.
Por eso en este mundo tan huérfano de eticidad y cargado de iniquidades, es obligante e imprescindible recurrir al pensamiento renovador de estos dos extraordinarios hombres de talla universal como lo fueron Ho Chi Minh y José Martí.

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Reiventando la educación

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La educación reinventada nos debe ayudar en la descolonización y la superación del pensamiento único, aprendiendo con las diversidades culturales y sacando provecho de las redes sociales. De este esfuerzo podrán nacer entre nosotros los primeros brotes de otro paradigma de civilización.

 

Leonardo Boff / Servicios Koinonia
Muniz Sodré, profesor titular de la Universidad Federal de Río de Janeiro, es una persona que sabe mucho, pero lo singular de él es que piensa, como pocos, lo que sabe. El fruto de su pensar es un libro notable que acaba de salir: Reinventando la educación: diversidad, descolonización y redes (Vozes 2012).
En ese libro procura enfrentarse a los desafíos planteados a la pedagogía y a la educación que se derivan de los distintos tipos de saberes, de las nuevas tecnologías y de las transformaciones promovidas por el capitalismo. Todo esto a partir de nuestro lugar social que es el hemisferio sur, un día colonizado, que está pasando por un interesante proceso de neodescolonización y por un enfrentamiento con el debilitado neoeurocentrismo, hoy devastado por la crisis del euro.
Muniz Sodré analiza las distintas corrientes de la pedagogía y de la educación desde la paideia griega hasta el mercado mundial de la educación, que representa una burda concepción de la educación utilitarista, al transformar la escuela en una empresa y en una plaza de mercado al servicio de la dominación mundial.
Desenmascara los mecanismos de poder económico y político que se esconden detrás de expresiones que están en la boca de todos, como «sociedad del conocimiento o de la información». En otras palabras, el capitalismo-informacional-cognitivo constituye la nueva base de la acumulación del capital. Todo se ha vuelto capital: capital natural, capital humano, capital cultural, capital intelectual, capital social, capital simbólico, capital religioso… capital y más capital. Por detrás se oculta una monocultura del saber maquinal, expresado por la «economía del conocimiento» al servicio del mercado.
Hoy en día se ha planeado un tipo de educación que busca la formación de cuadros que prestan «servicios simbólico-analíticos», cuadros dotados de alta capacidad de inventar, de identificar problemas y de resolverlos. Esta educación distribuye conocimientos de la misma forma que una fábrica instala componentes en la línea de montaje.
De esta manera la educación pierde su carácter de formación. Cae bajo la crítica de Hannah Arendt que decía: se puede seguir aprendiendo hasta el fin de la vida sin educarse jamás. Educar implica aprender a conocer y hacer, pero sobre todo aprender a ser, a convivir y a cuidar. Implica construir sentidos de vida, saber tratar con la compleja condition humaine y definirse frente a los rumbos de la historia.
Lo que agrava todo el proceso educativo es el predominio del pensamiento único. Los norteamericanos viven de un mito y del «destino manifiesto». Imaginan que Dios les reservó un destino, el de ser el «nuevo pueblo escogido» para llevar al mundo su estilo, su modo de producir y consumir ilimitadamente, su tipo de democracia y sus valores del libre mercado. En nombre de esta excepcionalidad intervienen en el mundo entero, con guerras incluso, para garantizar su hegemonía imperial sobre todo el mundo.
Europa todavía no ha renunciado a su arrogancia. La Declaración de Bolonia de 1999 que reunió a 29 ministros de educación de toda Europa afirmaba que sólo ella podría producir un conocimiento universal, capaz de ofrecer a los ciudadanos las competencias necesarias para responder a los desafíos del nuevo milenio. Antes, la imaginada universalidad secundaba los derechos humanos y estaba presente en el propio cristianismo con su pretensión de ser la única religión verdadera. Ahora, la visión es de menor alcance, sólo Europa garantiza eficacia empresarial, competencias, habilidades y destrezas que realizarán la globalización de los negocios. La crisis económico financiera actual está volviendo ridícula esta pretensión. La mayoría de los países no saben cómo salir de la crisis que han creado. Prefieren lanzar a sociedades enteras al desempleo y la miseria para salvar el sistema financiero especulativo, cruel y sin piedad.
Muniz Sodré plantea en su libro estas cuestiones para la realidad brasileña con el fin de mostrar qué desafíos debe afrontar nuestra educación en los próximos años. Ha llegado el momento de asumirnos como pueblo libre y creativo y no un mero eco de la voz de los otros. Rescata los nombres de educadores que pensaron una educación adecuada a nuestras virtualidades, como Joaquim Nabuco, Anísio Teixeira y particularmente Paulo Freire. Darcy Ribeiro hablaba con entusiasmo de la reinvención de Brasil a partir de la riqueza del mestizaje entre todos los representantes de los 60 pueblos que vinieron a nuestro país.

La educación reinventada nos debe ayudar en la descolonización y la superación del pensamiento único, aprendiendo con las diversidades culturales y sacando provecho de las redes sociales. De este esfuerzo podrán nacer entre nosotros los primeros brotes de otro paradigma de civilización que tendrá como centralidad la vida, la humanidad y la Tierra, la que algunos llaman también civilización biocentrada.

La Universidad Popular desde José Carlos Mariátegui

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Dialogaremos en esta oportunidad con el Amauta, quien a través de tres breves artículos colocó el tema de la educación en el foco de atención de un sistema que empezaba a mercantilizar las relaciones sociales y de producción; realidad que no solo se multiplicó, sino que se extiende y defiende hasta el día de hoy, encontrando su persistente talón de Aquiles en el movimiento estudiantil.

 

José Toledo Alcalde / Especial para Con Nuestra América

“Todas las investigaciones de la inteligencia contemporánea sobre la crisis mundial desembocan en esta unánime conclusión: la civilización burguesa sufre de la falta de un mito, de una fe, de una esperanza.”
José C.  Mariátegui (El Hombre y el Mito, 1925)
José Carlos Mariátegui
La innoble mercantilización de la educación y el racional pragmatismo de lo que otrora fue el apostolado pedagógico es motivo suficiente para ver con esperanzas el reverdecer de la praxis revolucionaria del estudiantado en América Latina. De allí la necesidad de redescubrir líneas de reflexión y acción consecuente en personajes como Clorinda Matto de Turner (1852-1909); Gabriela Mistral (1889-1957); Mercedes Cabello Llosa de Carbonera (1945-1909); Manuel Gonzales Prada (1844-1908); José Julián Martí Pérez (1853-1895); José Carlos Mariátegui (1894-1930);   Alfredo Lorenzo Palacios (1880-1965), José María Albino Vasconcelos Calderón (1882-1959) y José Ingenieros (1877-1925) entre otras y otros.
A la luz del testimonio histórico de hermanos y hermanas como los citados, señalamos que el protagonismo revolucionario estudiantil en América Latina es  una constante histórica que se prolonga y empodera a paso  acelerado. La organización estudiantil latinoamericana marcó las primeras décadas del siglo pasado cruzando transversalmente el quehacer político nacional, transbordando sus límites y contagiando a los demás pueblos de la región. La insurgencia del estudiantado cordobés en la Argentina de 1918 (Manifiesto de Córdoba, 21/06/18)[1] no fue ajeno a lo vivido en Perú (Cuzco, 1918); Chile (1920); México (1921; 1929 y 1933); Colombia (Bogotá, 1922); Cuba (La Habana, 1923); Paraguay (1927); Bolivia (1928). Una suerte de  red insurgente estudiantil desenvainó la revuelta socio-política que a más de un gobierno liberal hizo tambalear.
Muchos coinciden que el cubano José Martí y el peruano Manuel González Prada proporcionaron los valores fundantes, éticos, ideológicos, políticos y filosóficos al movimiento estudiantil latinoamericano. De la misma forma, fue el Manifiesto Cordobés (1918) que influyó, como reacción en cadena, en las demás organizaciones estudiantiles de América Latina. Sin contar con la velocidad vertiginosa de la tecnología del siglo XXI; las redes de comunicación panamericana (estudiantil y laboral) sostuvieron la estructura revolucionaria del movimiento obrero  y estudiantil en América Latina.
Obras de Manuel Gonzales Prada como Paginas Libres (1894) y Horas de Lucha (1908) poseen la extraordinaria virtud de proporcionar al imaginario colectivo latinoamericano la posibilidad de unir esfuerzos, sin jerarquías de por medio, en torno a un solo sentimiento la construcción de una sociedad latinoamericana justa, genuina y soberanamente autónoma. En “El Intelectual y el obrero” (1 de Mayo de 1905) Gonzales Prada, frente a la Federación de obreros panaderos, trazo el itinerario  político-ideológico de lo que vendrían ha convertirse, años posteriores, en las Universidades Populares.
Es en el Primer Congreso Nacional de Estudiantes Peruanos celebrado en la ciudad del Cuzco-Perú (11-20 de Marzo de 1920) en donde se aprobó la creación de las Universidades Populares.  Es el líder estudiantil peruano Víctor Raúl Haya de la Torre quien funda – en su casa de Villa Mercedes (Vitarte-Lima) – la primera Universidad Popular “González Prada” (UPGP- 1921). Cabe  resaltar que en 1916 Haya de la Torre llevó adelante la creación del Centro Universitario de Trujillo su ciudad  natal, esta sería la antesala de las futuras Universidades Populares (UP). Por otro lado, el 22 de julio de 1922 se nomina “González Prada” a la UP (UPGP); estuvo presente en la ceremonia la viuda de González Prada, Adriana de Veneuil de González Prada.
El 23 de Mayo de 1923 las Universidades Populares en el Perú y el movimiento obrero se manifiestan en las calles en contra de la propuesta de Augusto Bernardino Leguía de consagrar la Nación al Corazón de Jesús. La represión militar fue atroz; fueron asesinados – en el jirón Azángaro del centro de Lima – Salomón Ponce (obrero) y Manuel Alarcón Vidalón (estudiante). Lo inverosímil de la situación es que el mismo Leguía, quien en el Congreso Estudiantil en el Cuzo (1920) fue designado Maestro de la Juventud,  a su vez contó con el apoyo de Haya de la Torre y estudiantes pequeños burgueses de la Universidad de San Marcos, a quienes, dicho sea de paso, les costeo los pasajes y estadía en la ciudad del Cuzco.[2]
El Amauta regresa de Europa el 20 de Marzo de 1923, en compañía de su esposa  Anna Chiappe. En relación al levantamiento obrero-estudiantil del 23 de Mayo de 1923 Eugenio Chang-Rodríguez delinea la negativa del Amauta en participar de dicha movilización: “Una tarde, Víctor Raúl Haya de la Torre al salir de visitar El Tiempo, principal diario antigubernamental, se encontró con José Carlos y le habló de la jornada que estaba organizando contra la dedicación del Perú al Sagrado Corazón de Jesús por Leguía y el Arzobispo de Lima. Mariátegui declinó colaborar, alegando que era “una lucha liberalizante y sin sentido revolucionario”.[3]
Como resultado de dicha jornada, el 25 de Mayo y  luego que Ponce y Alarcón fueron enterrados, Haya de la Torre pasó a la clandestinidad. El 3 de Octubre Haya de la Torre fue  capturado y llevado al penal de la isla San Lorenzo. Las instalaciones de las UP son allanadas, los sindicatos de obreros reprimidos drásticamente. Las UP asumen, juntamente con los el movimiento de obreros, las manifestaciones de protesta en contra del régimen dictatorial de Leguía. Haya de la Torre asume en prisión una huelga de hambre de 5 días. Debido a la fuerte presión del movimiento estudiantil-obrero el régimen resuelve deportarlo a Panamá.
Fue el mismo Haya de la Torre quien invitó al Amauta Mariátegui a participar de las Universidades Populares Gonzales Prada (UPGP). El programa de   conferencias en las UPGP fueron publicadas en el Diario Claridad (Julio, 1923). Entre los tópicos – que en tiempo fueron modificados – encontramos los siguientes: La guerra europea; la revolución Rusa; la Revolución Alemana; la Paz de Versalles; la agitación proletaria en Europa; el problema de las reparaciones; la crisis de la democracia; la paz de Sévres; la crisis filosófica; la repercusión de la crisis en América y la síntesis de la situación actual de Europa.
La primera conferencia de las UNPG data del 15 de junio de 1923. Fue el Amauta quien abrió el ciclo de “conversaciones” – como prefirió llamar a las conferencias – con “La crisis y el proletariado peruano”.[4] En las propias palabras de Mariátegui:
La única cátedra de educación popular, con espíritu revolucionario, es esta cátedra en formación de la Universidad Popular. A ella le toca, por consiguiente, superando el modesto plano de su labor inicial, presentar al pueblo la realidad contemporánea, explicar al pueblo que está viviendo una de las horas más trascendentales y grandes de la historia, contagiar al pueblo de la fecunda inquietud que agita actualmente a los demás pueblos civilizados del mundo.
En su catedra inaugural  dejó en claro el rol protagónico del movimiento obrero en el proceso de transformación en la cual se veía sumirse a la sociedad latinoamericana con la apertura de las UPGP. La formación académico-intelectual se extendería al movimiento no considerado académico, el mundo del trabajador y la trabajadora manual. Pasaría de ser un viejo ideal anarquista a materializarse en las UP:
En esta gran crisis contemporánea el proletariado no es un espectador; es un actor. Se va a resolver en ella la suerte del proletariado mundial. De ella va a surgir, según todas las probabilidades y según todas las previsiones, la civilización proletaria, la civilización socialista, destinada a suceder a la declinante, a la decadente, a la moribunda civilización capitalista, individualista y burguesa. El proletariado necesita, ahora como nunca, saber lo que pasa en el mundo. Y no puede saberlo a través de las informaciones fragmentarias, episódicas, homeopáticas del cable cotidiano, mal traducidas y peor redactadas en la mayoría de los casos, y provenientes siempre de agencias reaccionarias, encargadas de desacreditar a los partidos, a las organizaciones y a los hombres de la Revolución y desalentar y desorientar al proletariado mundial.
Lejos de los gurúes de finales siglo XX e inicios del XXI, “luminarias” que hicieron y pretenden seguir haciendo de la racionalidad científica la fuente de inspiración de los nuevos tiempos;  aportes como los del Amauta fueron propuestos sin fecha de caducidad. Son principios que nacieron en un contexto histórico determinado desde la resistencia obrero – estudiantil ante la presencia excluyente de un colonialismo nacional y extranjero ajeno a los intereses de las grandes mayorías empobrecidas. Mariátegui, no aceptó la invitación a las UPGP como quien debiera traer el conocimiento; el Amauta propuso una pedagogía de la liberación mucho antes que la pedagogía del oprimido de Paulo Freire (1921-1997) viera la luz en 1968 o el teatro del oprimido (Fábrica de Teatro Popular) de Augusto Boal (1931-2009) irrumpiera los escenarios cotidianos de la periferia brasilera.
El Amauta asumió el desarrollo de un quehacer pedagógico desde la construcción del conocimiento entendido como proceso histórico del y al interior del movimiento social. Él tenía en claro que valerse solo del tiempo y del espacio como dimensiones referenciales – para el analizar el fenómeno educativo –  sería una aproximación sesgada; el movimiento social le otorgó la gravitación histórica antagónica al statu quo.
La pedagogía del statu quo, el  Stablishment, de la Real Politik, alejaba las pretensiones de liberación de los grupos sociales históricamente relegados. El quehacer pedagógico del  Amauta lo ubicó dentro del precario proletariado peruano como clara muestra del intelectual orgánico de Antonio Gramsci, como sujeto educador-educando integrado:
Yo dedico, sobre todo, mis disertaciones, a esta vanguardia del proletariado peruano. Nadie más que los grupos proletarios de vanguardia necesitan estudiar la crisis mundial. Yo no tengo la pretensión de venir a esta tribuna libre de una universidad libre a enseñarles la historia de esa crisis mundial, sino a estudiarla yo mismo con ellos. Yo no os enseño, compañeros, desde esta tribuna, la historia de la crisis mundial; yo la estudio con vosotros. Yo no tengo en este estudio sino el mérito modestísimo de aportar a él las observaciones personales de tres y medio años de vida europea, o sea de los tres y medio años culminantes de la crisis, y los ecos del pensamiento europeo contemporáneo.
En esta primera aparición, en la vida universitaria, Mariátegui, no solo comienza a perfilar el paradigma de un modelo de educación y un sistema educativo – propiamente dicho – sino denuncia la claudicación del sistema capitalista desde la experiencia burocrática  norteamericana, europea y soviética.  Cuando Mariátegui hace alusión a la Iª Guerra Mundial, nuestra hermenéutica contextualizadora nos impulsa al horror de las guerras en Afganistán (1978-1992) Guerra Irán Irak (1980-1988) Guerra del Golfo (1990-1991);Guerra Civil Argelina (1991-2002); Guerras yugoslavas (1991-2001) Guerra Croata de Independencia (1991-1995); Guerra de Bosnia (1992-1995);Guerra de Kosovo (1999); Genocidio ruandés (1994); Guerra en Libia (2011); asedio militar a Siria 2012 e Irán 2012 y tantas otras barbaries llevadas adelante en nombre de la libertad y la democracia.
La coyuntura internacional político-económico-militar, que nos toca vivir en pleno segundo decenio del siglo XXI, la aplicación de trasnochadas teorías sociales de corte liberal y la aberrante represión globalizada que sufre el sector educativo publico y privado hace de la visionaria incidencia del Amauta un necesario recurso histórico de vigente valor político.

El péndulo histórico. El carisma visionario del Amauta nunca nos dejará de maravillar. Al deshilvanar su primera “conversación” en la UPGP pareciera que nos acercamos en tiempo real a los “acontecimientos (de la actualidad) en pleno desarrollo”.[5]  Muy actualizada  su opinión cuando señala que él es uno “de los que creen que la humanidad vive un período revolucionario. Y estoy convencido del próximo ocaso de todas las tesis social-democráticas, de todas las tesis reformistas, de todas las tesis evolucionistas”. Las guerras de finales del siglo XX y las desarrolladas en lo que va del XXI no han hecho otra cosa que declarar el ocaso y decadencia del sistema capitalista y sus posibilidades de resurgimiento bajo sus últimos fallidos esfuerzos neoliberales.
Para Mariátegui el Capitalismo antes de la I ª Guerra estaba en su apogeo, la producción era superabundante, “podía permitirse el lujo de hacer sucesivas concesiones económicas al proletariado. Y sus márgenes de utilidad eran tales que fue posible la formación de una numerosa clase media, de una numerosa pequeña-burguesía que gozaba de un tenor de vida cómodo y confortable”. Ochenta años después, la burbuja económica que vivía EEUU y Europa, la quiebra de importantes empresas financieras en los EEUU,  el declive sucesivo de entidades bancarias en Europa, la emisión de billetes sin ningún respaldo productivo, la deuda de EEUU que asciende  los  us$15 millones de millones; la quiebra de España, Grecia y Portugal hace que la primera “conversación” universitaria del Amauta se encuentre en plena vigencia:
El obrero europeo ganaba lo bastante para comer discretamente y en algunas naciones, como Inglaterra y Alemania, le era dado satisfacer algunas necesidades del espíritu. No había, pues, ambiente para la revolución. Después de la guerra, todo ha cambiado. La riqueza social europea ha sido, en gran parte, destruida. El capitalismo, responsable de la guerra, necesita reconstruir esa riqueza a costa del proletariado. Y quiere, por tanto, que los socialistas colaboren en el gobierno, para fortalecer las instituciones democráticas; pero no para progresar en el camino de las realizaciones socialistas. Antes, los socialistas colaboraban para mejorar, paulatinamente, las condiciones de vida de los trabajadores. Ahora colaborarían para renunciar a toda conquista proletaria. La burguesía para reconstruir a Europa necesita que el proletariado se avenga a producir más y consumir menos.
La tribuna universitaria de corte popular como las UPGP fue posicionada como espacio crítico y creador de nuevos modelos de relacionalidad nacional e internacional. La universalidad de la enseñanza  positivista fue cuestionada desde la multiversalidad socialista, donde el tema político-ideológico no fue soslayado en nombre de tecnicismos académicos que delimitaban el rumbo de las sociedades occidentales a la mecanización y mercantilización de las relaciones sociales y de producción:
La crisis mundial es, pues, crisis económica y crisis política. Y es, además,  sobre todo, crisis ideológica. Las filosofías afirmativas, positivistas, de la sociedad burguesa, están, desde hace mucho tiempo, minadas por una corriente de escepticismo, de relativismo. El racionalismo, el historicismo, el positivismo, declinan irremediablemente. Este es, indudablemente, el aspecto más hondo, el síntoma más grave de la crisis. Este es el indicio más definido y profundo de que no está en crisis únicamente la economía de la sociedad burguesa, sino de que está en crisis integralmente la civilización capitalista, la civilización occidental, la civilización europea.
El 3 de Noviembre de 1923, en la Grande de las Antillas, el cubano Julio Antonio Mella (1903-1929), junto con otros compañeros, fundan la Universidad Popular “José Martí”. En aquella oportunidad Haya de la Torre compartía el asiento junto a Mella, quienes juntos idearon sistemas educativos inclusivos, gratuitos y sin exclusión socio-económica y de credo. Para el líder cubano quedaba muy en claro la razón socialmente revolucionaria de las Universidades Populares:
No debe ni puede ser el más alto centro de cultura una simple fábrica de títulos, no es una Universidad latina, una escuela de comercio a donde se va  a buscar tan sólo el medio de ganarse la vida; la Universidad Moderna debe influir de manera directa en la vida social, debe señalar las rutas del progreso, debe ocasionar por medio de la acción ese Progreso entre los individuos, debe por medio de sus profesores arrancar los misterios de la ciencia y exponerlos al conocimiento de los humanos.[6]
Hace algunas semanas se celebraban, en la Grande de las Antillas el 50ª aniversario de la fundación de La Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) a la cual asistieron representantes de las Juventudes chilenas, entre ellas la dirigente estudiantil Camila Vallejo  en su calidad de vicepresidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh ) y Karol Cariola como secretaria general  de las Juventudes Comunistas de Chile, JJCC.
Sin lugar a dudas uno de los iconos  del movimiento estudiantil en América Latina de los últimos años ha sido y sigue siendo la estudiante chilena Camila Antonia Amaranta Vallejo Dowling (Camila Vallejo, 1988). Su histórico liderazgo político-social, no solo estudiantil, hizo que en Chile se abriera un nuevo capítulo en la historia de los movimientos sociales. Lejos quedaron las épocas de miedo y persecución de la atroz dictadura militar que sumaron en su haber miles de personas asesinadas, entre ellos y ellas el presidente Salvador Allende (11 de septiembre de 1973). Basta ver la serie de amenazas y burdas ofensas que Vallejo recibe incesantemente para darnos cuenta que tipo de estudiantes desean los representantes del statu quo neoliberal siempre al servicio de intereses ajenos a las grandes necesidades de Latinoamérica.
Es así como intentaremos refrescar en el espíritu revolucionario de las Universidades Populares – de inicios del siglo XX – y las luchas estudiantiles del pueblo chileno – algunos énfasis sobre los sinsentidos y sentidos del quehacer universitario en América Latina desde la perspectiva de un joven de 29 años que no necesitó pasar por las aulas de una universidad para tener una idea clara del rol social de los que otrora eran claustros académicos y en nuestro tiempo se transformaron en centros de formación y encuentro abiertos al mundo. El Amauta Mariátegui, signo de juventud revolucionaria, sigue vigente, aunque la ilustración cartesiana y el pragmatismo macartista se ufanan en momificar axiomas académicamente tecnicistas que ignoran aportes como las del autor de 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana (Lima,1928) o de sistemas educativos como los desarrollados en Cuba.
Pero, en realidad ¿qué discutía el Amauta – a su regreso de Europa –  en cuanto al tema de la educación y las instituciones estudiantiles, como las universidades? ¿Qué de  lo  discutido tiene vigencia hasta nuestros días y se revelan como puntos de agenda del movimiento estudiantil de urgente relevancia?
Dialogaremos en esta oportunidad con el Amauta quien a través de 3 breves artículos colocó el tema de la educación en el foco de atención de un sistema que empezaba a mercantilizar las relaciones sociales y de producción; realidad que no solo se multiplicó, sino extiende y defiende hasta el día de hoy, encontrando su persistente talón de Aquiles en el movimiento estudiantil. Como señaló Joseph Fischer: “América Latina posee, probablemente el cuerpo de estudiantes universitarios más activo y poderoso políticamente en el mundo”.[7]
“La crisis universitaria. Crisis de maestros y crisis de ideas” (julio, 1923), “Las Universidades Populares” (octubre, 1923) y “Los intelectuales y la revolución” (Enero, 1924) son epístolas que nacieron en un contexto donde el movimiento estudiantil en América Latina se unía en las calles con el movimiento de trabajadores en contra de la instrumentalización de las relaciones estéticas, sociales y productivas, es allí donde percibimos la resonancia histórica con nuestro tiempo.
Sin mayores divagaciones en este intento de prolegómeno pasemos a los aportes del Amauta.

“La crisis universitaria. Crisis de maestros y crisis de ideas”.[8] Los tres años y medio de peregrinaje por Europa lo acercaron al Amauta a una realidad antes visionada desde una perspectiva eclipsada por la distancia y desinformación. El movimiento social europeo se dividía entre reformadores  y revolucionarios; entre socialista y sindicalistas. El movimiento estudiantil no era ajeno a su entorno político: “Nuevamente insurgen los estudiantes. Vuelven a preconizar unos la reforma universitaria y otros la revolución universitaria”. En las primeras líneas enfoca dos posibles razones de la insurgencia estudiantil: “los malos métodos y los malos profesores”.[9]
El foco de la crítica estaba centrado en el modelo educativo sostenido en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMS, fundada el 12 de mayo de 1551). Para el Amauta la UNMS se mantenía al margen de la vorágine política internacional. El elemento político se había circunscrito al desarrollo de anacrónicas teorías, que a pesar de las revueltas de 1919, la “Universidad sigue siendo…la misma…la juventud tiene la sensación de frecuentar una ‘Universidad enferma, una Universidad petrificada, una Universidad sombría, sin luz, sin salud, sin oxigeno. La juventud – al menos sus núcleos más sanos y dinámicos- siente que la Universidad de San Marcos es, en esta época de renovación mundial y de mundial inquietud ideológica, una gélida, arcaica y anémica academia, insensible a las grandes emociones actuales de la humanidad, desconectada de las ideas que agitan presentemente al mundo”.[10]
Una de las pandemias académicas de nuestro tiempo es la acriticidad asumida como método de investigación.  La ausencia del elemento histórico en el  currículo académico – de la mayoría de centros escolares – forma parte de un complejo programa pedagógico que tiene por objetivo alterar la identidad de las nuevas generaciones. La orientación cualitativa del método de aprendizaje basada en complejas formulaciones matemáticas y Excel estadísticos hace de la tecnocracia pedagógica la columna vertebral del neocolianismo cultural de los últimos tiempos.
El Amauta deja entrever la predominante centralidad de figuras educativas europeas como Albert Einstein, Oswaldo Spengler, Enrique Leone, Enrique Ferri, Miguel de Unamuno, Eugenio d’Ors. De las figuras latinoamericanas que resaltó encontramos a José Ingenieros, José Vasconsuelos y Antonio Caso. Estas personalidades serían el modelo de maestría que – a opinión del Amauta – brillaban por su ausencia en el Perú. Pero, el problema no era solo técnico, sino cualitativo: “La crisis es estructural, espiritual, ideológica”.[11]
La antítesis de las UPGP – en el caso peruano de época del Amauta – sería la UNMS. La ausencia de un eficiente liderazgo educativo, para el Amauta, era el bastión principal de la parálisis educativa del colonial claustro universitario: “No hay un solo ejemplar de maestro de la Juventud. No hay un solo tipo de conductor. No hay una sola voz profética, directriz, de leader y de apóstol. Un  maestro, uno no más, bastaría para salvar a la Universidad de San Marcos, para purificar y renovar su ambiente enrarecido, morboso e infecundo…La Universidad de San Marcos se pierde por carencia de un Maestro”.[12]

Los intelectuales de panteón.  Según el Amauta estos intelectuales “tienen  un estigma peor que (el) analfabetismo; tienen el estigma de le mediocridad”. [13] La crítica política que merecieron los docentes sanmarquinos,  superaron el enfoque económico que delimita la insatisfacción del movimiento estudiantil en la América Latina del siglo XXI. Si bien es cierto la calidad de la educación es albo de criticas y reclamos por parte de la resistencia estudiantil – en donde el movimiento de estudiantes chilenos ejerce un importante rol – los reclamos de índole económico permean la incidencia política estudiantil. La severidad – del Amauta – con la cual señala la palidez pedagógica del docente sanmarquino lapida un modelo educativo a-critico que perdura hasta nuestros días:
Nuestros catedráticos no se preocupan ostensiblemente sino de la literatura de su curso. Su vuelo mental, generalmente, no va más allá, de los ámbitos rutinarios de una catedra. Son hombres (sic) tubulares como diría Víctor Maurtua; no son hombres panorámicos. No existe entre ellos, ningún revolucionario, ningún renovador. Todos son conservadores definidos o conservadores potenciales, reaccionarios activos latentes que, en política domestica, suspiran impotente y nostálgicamente por el viejo orden de cosas.[14]
Para el Amauta la crisis universitaria no era solo de índole económica, sino político. La crisis de las instituciones del Estado burgués, el cual representa exclusivamente intereses de grupos económicos y políticos, es una constante en la estructura del sistema capitalista y fue aquello que derrumbo el modelo socialista comprendido desde la ex Unión Soviética. Las Instituciones del Estado – en la época del Amauta, así como en la nuestra – no fueron ajenas a la crisis pedagógica la cual era entendida como un espacio de promoción de valores defensores del statu quo.
Esta ausencia de liderazgo pedagógico consecuente con el interés del movimiento social se caracterizó por el exacerbado individualismo político el cual se postro ante las exigencias de los grupos de poder. El espíritu imperial no solo ostenta poseer el poder económico, sino fundamentalmente el político-cultural. El Amauta deploro el arribismo de ese liderazgo pedagógico al cual califico de mediocre: “La universidad de Lima es una universidad estática. Es un mediocre centro de linfática y gazmoña cultural burguesa. Es un muestrario de ideas muertas…Los problemas, las preocupaciones, las angustias de esta hora dramática en la historia humana no existen para la Universidad de San Marcos”.[15]
Para Paulo Freire esta crisis de liderazgo al cual denominó revolucionario obedece a una falta de adhesión genuina en favor de los intereses de los sectores oprimidos, entre ellos el estudiantil. En su emblemática obra Pedagogía del Oprimido señala:
Dicha adhesión, sea como resultante de un análisis científico de la realidad o no, cuando es verdadera implica un acto de amor y de real compromiso. Esta Adhesión a los oprimidos implica un caminar hacia ellos. Una comunicación con ellos. Las masas populares necesitan descubrirse en el liderazgo emergente y éste en las masas. En el momento en que el liderazgo emerge como tal, necesariamente se constituye como contradicción de las elites dominadoras. Las masas oprimidas, que son también contradicción objetiva de estas élites, “comunican” esta contradicción al liderazgo emergente.[16]
La ausencia de una dinámica pedagógica no aliente y acrítica hizo del modelo universitario burgués-liberal el espacio cómplice perfecto para el civilismo emparentado con las potencias coloniales euro-noramericana. El Amauta juzgó de la siguiente manera el corrompido modelo docente antagónico al propuesto por las UPGP:
Mediocres mentalidades de abogados, acuñadas en los alveolos ideológicos del civilismo; temperamentos burocráticos, sin alas y sin vertebras, orgánicamente opacados, acomodaticios y poltrones; espíritus de clase media, ramplones, huachafos, limitados y desiertos, sin grandes ambiciones ni grandes ideales, forjados para el horizonte burgués de una vocalía en la Corte Suprema, de una plenipotencia o de un alto cargo consultivo en una pingue empresa capitalista.[17]
Indudablemente, y no solo en materia educativa, el Amauta responde a su tiempo y trasciende el mismo. El arraigo caudillista del liderazgo político y ese segundo plano que le merecía el movimiento social como gestor de ideas y acciones contrastan el protagonismo del movimiento estudiantil de los últimos años del siglo XXI. Lo que otrora eran tan solo inquietudes de la “juventud estudiantil”, y esta en relación al movimiento obrero, hoy por hoy la inquietud se transformó en movimiento social, en donde sus lideres y lideresas surgen de las canteras estudiantiles, lejos de ser esperadas de prestigiosas e ilustradas docencias.

“Las Universidades Populares”.[18]Esta institución educativa en América Latina fue la manifestación clara de la resistencia social frente a la invasión cultural a través de la institución educativa, entre ella la universitaria. Dejamos al Amauta que nos desarrolle el concepto de las mismas:
Las universidades populares no son institutos de agnóstica e incolora extensión universitaria. No son escuelas nocturnas para obreros. Son escuelas de cultura revolucionaria. Son escuelas de cultura revolucionaria. Son escuelas de clase. Son escuelas de renovación. No viven adosadas a las academias oficiales ni alimentadas de limosnas del Estado. Viven del calor y de la savia popular. No existen para la simple digestión rudimentaria de la cultura burguesa. Existen para la elaboración y la creación de la cultura proletaria.[19]

Invasión y violencia cultural. Como lo señalamos en las primeras líneas, la necesidad de releer el protagonismo de las Universidades Populares en América Latina surge del protagonismo del movimiento estudiantil en Chile. Dicha insurgencia desbordada en si misma se trasformó en movimiento social  incluyendo a diferentes sectores de la sociedad mapuche. Esta insatisfacción social de cara  a la indiscriminada especulación mercantil que se ha hecho de la educación nos exige replantear el modelo universitario desde la estructura misma de su razón de ser. Urge redefinir su identidad desde la experiencia latinoamericana en contraposición a la identidad corporativa lastre ideológico de cuño dictatorial.
La lógica de la privatización de la educación responde al complejo marco ideológico  neoliberal que defiende la falencia de todo lo relacionado con el sector público, entre ello el Estado como tal. La impopularidad de la educación universitaria surge de su mismo declive académico y de su académica ortodoxia liberal unilateralmente institucionalizada propia del espectro de dominación cultural. Para Paulo Freire esta relación de personas en situación de dominadores y dominados, de invasores e invadidos será sostenida en y desde las instituciones base de la sociedad como es la familia y la educación:
Toda dominación implica una invasión que se manifiesta no sólo físicamente, en forma visible, sino a veces disfrazada y en la cual el invasor se presenta como si fuese el amigo que ayuda. En el fondo, la invasión es una forma de dominar económica y culturalmente.[20]
La lógica universitaria, contraria a la experiencia de las Universidades Populares, es la de reproducir, en las mentes colonizadas, los futuros “invasores” y “dominadores”:
Los hogares y las escuelas, primarias, medias y universitarias, que no existen en el aire, sino en el tiempo y en el espacio, no pueden escapar a las influencias de las condiciones estructurales objetivas. Funcionan, en gran medida, en las estructuras dominadoras, como agencias formadoras de futuros “invasores”.[21]
El Amauta tenía claro que el botín preciado del colonizador es la cultura de los pueblos sometidos o por someter. La extirpación de los valores culturales es punto prioritario en la agenda neocolonizadora y para ello el la esfera privada es el elemento desestructurador de la creación, promoción y defensa del movimiento social:
La burguesía es fuerte y opresora no solo porque detenta el capital sino también porque detenta la cultura. La cultura es uno de sus principales, uno de sus sustantivos instrumentos de dominio. El capital es expropiable violentamente. La cultura no. Y, en manos de la burguesía, la cultura es una arma eminentemente política, un arma reaccionaria, un arma contrarrevolucionaria. La cultura es el mayor gendarme del viejo régimen.[22]
Así es como señalamos que el Amauta nunca formará parte de la ilustrada logia de los “intelectuales de panteón” a quien se refirió en su momento John Mackay (1889-1983). Muy seguro que Mariátegui hubiese sido un estudiante más involucrado en las manifestaciones estudiantiles de nuestro tiempo: “Surge actualmente una generación intelectual libre, investigadora, atrevida. Y esta generación los instrumentos morales e ideológicos de la civilización proletaria”.[23]

“Los intelectuales y la revolución”.[24] El Amauta parafraseando a Oswald Spengler y su prólogo en la “Decadencia de Occidente” precisa que el germen transformador brotará de una nueva generación que quiebre el falaz “orden natural de las cosas” incubo de una estructura socio-mental que gime su innegable colapso.
Oswald Spengler escribe…que para comprender su filosofía de la historia “hace falta una generación que nazca con las disposiciones necesarias”. La misma frase es aplicable a la Revolución. Para comprenderla, para sentirla, para amarla integralmente, hace falta también una generación que nazca con las disposiciones necesarias.[25]
Nos vemos en la imperiosa obligación de expresarle al Amauta que la pedagogía post neocolonista no se encuentra en manos de ilustres maestros o renombrados políticos, esta ya es una responsabilidad histórica asumida por aquella generación de jóvenes que tu mismo engendraste. Si de liderazgo queremos hablar nos basta y sobra mencionar la importancia histórica de la generación de Camila Antonia Amaranta Vallejo Dowling (Camila Vallejo (Chile, 1988). La lideresa mapuche trascendió los muros de la controversial coyuntura estudiantil en la que el pueblo chileno se encuentra envuelto. Vallejo mira más allá de la coyuntura y en clara muestra de solidaridad son el soberano proceso revolucionario cubano se perfila dentro de los cánones de la intelectual revolucionaria a la cual el Amauta hizo alusión:
Nadie en el mundo podría negar los grandes avances que ha tenido la Revolución Cubana en Educación. Partiendo de los informes internacionales como el de la UNESCO como el LLECE (Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación) que haciendo un estudio comparado argumenta el por qué Finlandia y Cuba tienen reconocidos y exitosos modelos educacionales en contraposición a la mala educación en Chile.[26]
La reflexión del Amauta, a casi el centenario de su desarrollo, se encarna en el momento histórico que le hace justicia y con él al movimiento social estudiantil que fusionado con el movimiento obrero dieron a luz la fuerza política-social que, a pesar de los esfuerzos por silenciarlos, permanece en constante transformación y crecimiento, cual levadura que trastorna la masa. Para Mariátegui la fuerza de la juventud, ligada a aquellos que sin serlo físicamente en espíritu no se dejaron esclerosar por la desidia histórica, tienen en sus manos la posibilidad de edificar la nueva sociedad. Edificarla sobre la base de los que otrora en la fuerza de sus juventudes se levantaron como estandartes de soberanía y decencia patriótica.
Camila Vallejo, sin ser docente en ejercicio, sin ostentar más formación que ser una digna estudiante latinoamericana y participante orgánica de las juventudes comunistas, no titubea una milésima de segundo en sentirse hija de un proceso que nace en las canteras del movimiento revolucionario en América Latina. La lideresa esculpe en el imaginario histórico de nuestros pueblos la identidad de la juventud estudiantil, fuerza histórica, político y social de nivel continental:
Antes de la Revolución, Cuba estaba sumergida en el extremo analfabetismo e ignorancia, insalubridad, desnutrición, desempleo y la constante opresión, despojo y masacre producida por parte de la dictadura de Batista. La educación constituyó y sigue constituyendo un sector estratégico para el desarrollo cubano. Para erradicar el analfabetismo, la ignorancia y la carencia abrumadora de profesionales y expertos en los distintos ámbitos que la revolución debía abordar para el desarrollo de su soberanía, se implementó la “Universalización del Conocimiento” a través de la masificación de la educación, donde el centro estuvo puesto en el ser humano, su igualdad de oportunidades y su desarrollo intelectual, artístico y humano pleno, única forma de asegurar la libertad (“Ser cultos para ser libres”, José Martí).[27]
A manera de conclusión señalamos que aquella mezcla de nostalgia esperanzadora del Amauta recobra brío y fuerza en cada gesto social en donde la ética relacional se imponga ante la arrogancia y soberbia de los que aún ostentan el Estado como poder capturado por ingentes corporaciones financieras y mediáticas. El reverdecer de la praxis revolucionaria del estudiantado en América Latina encuentra su abono en medio de una crisis mundial en donde el viejo paradigma liberal gime con estruendosa furia. Si bien es cierto la producción en serie de maestros, doctores y especialistas ilustrados son aquellos que se desangran en la jungla de la competitividad y éxito profesional, no es menos cierto que el movimiento social como una entidad sabia en si misma rompe con todo tipo de romanticismo académico en donde tiene más poder quien más información a podido registrar.
El poder nace de la dignidad de las juventudes enardecidas frente a la salvaje insensibilidad de modelos de gobernabilidad en donde el lucro y la usura se convirtieron en materia de estudio y especialización universitaria. Los diferentes sindicatos de trabajadores y movimientos sociales hacen de efervescencia estudiantil el espacio histórico propicio para incidir en la búsqueda de modelos sociales que quiebren con el inicuo sistema de relaciones sociales, de producción y comercialización que la estructura corporativa estudiantil neoliberal promueve y defiende.
Esta labor no nace ahora, ni menos aún morirá con esta generación; la transformación de una visión mercantil de la pedagogía hacia una perspectiva liberadora de ella se desarrolla en un permanente proceso de crítica y autocritica, de luchas y conciliaciones, empañado todo este proceso de observaciones, juicios y accionares que permean metodológicamente el proceso socialistamente transformador en el cual nuestra historia se encuentra cada día más sumergida. Los jóvenes de ayer nunca vieron venir la vejez a sus conciencias. Nuestras hermanas y hermanos que nos antecedieron siguen iluminando el camino de aquellos y aquellas que escriben en las calles las éticas enciclopedias de la dignidad y la soberanía de los pueblos que luchan por su cotidiana liberación.
Es así como las juventudes, representadas en Matto de Turner, Mistral, Mella, Cabello Llosa de Carbonera, Gonzales Prada, Martí, Mariátegui , Palacios, Vasconcelos, Ingenieros, Camila Vallejo, Karol Cariola, Juan, Martina, Pedro, Quispe, Teófilo, Atahualpa, Martina y tantos otros estudiantes, marcan la historia con tinta indeleble llamada dignidad. Sabiduría popular que no es adquirida en sórdidas aulas donde la estadística desplazó la ética y las matemáticas excluyó la historia vislumbrada desde el reverso liberador de los sectores excluidos. Una soberanía que se recrea en la universidad de la vida en donde lo popular se fusiona con la revolución parida del corazón y no de la triste , esclerótica y decadente ilustración mercantilista.

 


[2] El diario El Tiempo de Lima, el 14 de octubre de 1918 informó la proclamación de Leguía como Maestro de la Juventud y será en su residencia en Londres donde recibirá la noticia. Leguía regresaría al Perú para asumir su segundo gobierno (1919-1924).
[3] Chang-Rodríguez, Eugenio. Política e Ideología en José Carlos Mariátegui. Madrid: José Porrúa Turanzas, S.A. 1983, p.19. A pie de página el autor anota: “En uno de los documentos en que se fundó la denuncia fiscal contra Haya se encuentra la carta de éste a César Mendoza, fechada el 22 de septiembre de 1929 en Berlín. Aquí Haya expresa su simpatía pro Mariátegui, pero señala su falta de colaboración en la jornada del 23 de mayo. Véanse El proceso de Haya de la Torre (Guayaquil: Publicaciones PAP, 1933), pág. 6 y V.R. Haya de la Torre, Obras completas (Lima: J. Mejía Baca, 1976), V, pág. 252”.
[4] “La conferencia se desarrolló en el local de la Federación de Estudiantes (Palacio de la Exposición), con el titulo de “La Revolución Social en marcha a través de los diversos pueblos de Europa”. Con el título que aparece en esta recopilación se publicó en Amauta, Nº 30, Lima, abril-mayo de 1930, después de la muerte de José Carlos Mariátegui y cuando la histórica revista era dirigida por Ricardo Martínez de la Torre”. Fuente: José Carlos Mariátegui. Historia de la crisis mundial. Conferencias (años 1923 y 1924). Archivo Chile. Historia Político Social – Movimiento Popular, s/d.
[5]Expresión acuñada por Walter Martínez, miembro del equipo periodístico del prestigioso programa DOSSIER de la cadena televisiva venezolana TeleSurtv.
[7] Joseph Fisher. “The University Student in South and South East Asia” en  Aldo E. Solari “Los movimientos estudiantiles en América Latina, Revista mexicana de sociología, vol. 29, 4, 1967, pp. 853-869.
[8] J.C. Mariátegui, publicado en  la revista “Claridad” No 2, julio de 1923.
[9] Op.cit. p. 19.
[10] Op.cit. p.19-20.
[11] Op.cit. p.20
[12] Op.cit. p.20-21
[13] Op.cit. p.23
[14] Op.cit. p.23
[15] Op.cit.p.22
[16] Freire, Paulo. Pedagogía del Oprimido. Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina, 2002, pàg.148
[17] Op.cit.p.23
[18] J.C. Mariátegui, publicado en “Bohemia Azul” No 3 (octubre de 1923) y reproducido en “Claridad” No. 4 (enero de 1924).
[19] Op.cit.p.27.
[20] Freire, p. 138.
[21] Freire, p.139.
[22] Op.cit.p.29.
[23] Op.cit.p.30.
[24] J.C. Mariátegui, publicado en  “Bohemia Azul” No 8 (Enero de 1924).
[25] Op.cit.p.33.
[26] Fuente: http://camilavallejodowling.blogspot.com/. Revisado: 31/05/12.

[27] Ídem

Un viaje hacia las utopías revolucionarias (Parte XXXII): “La trayectoria de su vida…”

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martes, 22 de mayo de 2012

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS.info)

Así comenzaba una carta abierta del Ejército Guerrillero del Pueblo firmada por el Segundo Comandante, como se reconocía Jorge Ricardo Masetti, fechada el 9 de julio de 1963, desde el campamento Augusto César Sandino, ubicado en la selva salteña, dirigida al recientemente electo presidente Arturo Humberto Illia.

En la misma, el compañero que lideraba esta organización señalaba: “la trayectoria de su vida indica que ha sido un hombre rebelde, aferrado a principios en los que creyó y de los que no se apartó jamás”. Sin embargo, continuaba diciendo, “es usted el producto del mas escandaloso fraude electoral”.
En las elecciones realizadas unos días antes había sido electo el candidato de la UCR con el peronismo proscrito y con sólo algo mas del 25 % de los votos, por lo que estos compañeros entendían que estaba deslegitimado y que era absolutamente procedente iniciar la actividad guerrillera.
Esta presencia nos confirmó que mientras nosotros entrenábamos en La Habana en 1962, y se frustraba el objetivo de construir un Frente de Liberación que iniciara la lucha revolucionaria en el país, por el sectarismo y la intervención del enviado del General Perón, Héctor Villalón Masetti, junto con varios compañeros que incluso habían acompañado a este en la creación de la agencia Prensa Latina, se sumaban al Frente de Liberación que combatía en Argelia al colonialismo francés.
De esta forma se preparaban para comenzar su actividad en la Argentina.
Para nosotros esta irrupción nos generaba un conflicto, por un lado el Che Guevara que respaldaba y apoyaba al EGP y sentía mucha simpatía por Masetti, le había pedido a Alicia Eguren y a John William Cooke que colaboraran con él, y le prestaran apoyo logístico.
Por otro lado en ese momento estábamos sentando las bases de la corriente revolucionaria del peronismo que reconocía el liderazgo de Alicia y John, en la que si bien compartíamos la idea de que la lucha por una nueva sociedad y contra la dependencia debía transitar el camino de la acción armada, entendíamos que las elecciones recientes -7 de julio de 1963- creaban un nuevo escenario en el país a tener presente.
En la primera reunión que se realizó en Buenos Aires me encontré con compañeros queridos que conformaban el núcleo central del APR.
Allí estaban Roberto Sinisgaglia, un abogado recibido en Santa Fe con el que compartimos un pasado común en la CGU, Molinas -el “ negro”- secretario general del Sindicato de Barraqueros de Avellaneda, Carlos Laforgue que era el hombre de confianza de Alicia y de John, Max y su compañera Clarita y un dirigente del gremio de la carne de apellido Vázquez.
En el encuentro dimos un informe sobre el avance en la construcción de la Juventud Universitaria Peronista y las alianzas, no sólo con los compañeros de Palabra Obrera, sino también con una corriente que lideraba la Federación Universitaria de Córdoba encabezada por Abraham Kozak y con militantes que se habían escindido del Partido Comunista, dirigidos por Juan Carlos Portantiero y José Aricó.
En Buenos Aires teníamos núcleos en Filosofía y Letras, en Ciencias Económicas, en Arquitectura y en Medicina, que se reconocían como integrantes de la JUP.
Luego John planteó la necesidad de analizar que haríamos para apoyar logísticamente a los compañeros del EGP.
Previo a abrir el debate empezó a describir al Comandante Segundo, sus orígenes políticos y la confianza que se había ganado, de una gran parte de la dirigencia cubana.
Este había nacido en Avellaneda en 1929 y muy joven se integró a la Unión Nacional de Estudiantes Secundarios -UNES- participando en las movilizaciones previas al 17 de octubre de 1945.
Se autodefinía como nacionalista, y planteaba un apoyo crítico al gobierno del General Perón.
Su pasión por el periodismo lo llevó a ingresar al diario “El Laborista”, y durante el “primer peronismo” trabajó en diferentes publicaciones, dirigiendo en 1955, en los meses previo al golpe contrarrevolucionario del 16 de setiembre, la revista “Cara y Ceca”, en la que participaban, entre otros, Alejandro Doria y Fermín Chávez.
A medida que el “Bebe”, como llamaban a Cooke, Alicia y sus amigos, seguía dando detalles del compañero que en esos días caminaba por la selva salteña, me sentía mas identificado con él y con su historia, ya que yo había hecho un proceso similar, del nacionalismo al apoyo a la revolución cubana y al marxismo.
Luego de que Masetti lograra en 1958 dos extraordinarios reportajes a Fidel y el Che, en la Sierra Maestra que recorrieron el Continente y se escucharon en toda Cuba, volvió a La Habana, días después del ingreso de los revolucionarios a la ciudad.
Allí en largas conversaciones con el Che, este le encomendó la tarea de armar una agencia de prensa que enfrentara la manipulación informativa de las grandes corporaciones manejadas por el imperio.
Así nació Prensa Latina, participando en este desafío informativo, entre otros, nuestros compatriotas Rodolfo Walsh y Paco Urondo, el poeta uruguayo Carlos María Gutiérrez y el escritor colombiano Gabriel García Marquez.
Los conflictos que tuvo que sortear en esta construcción, sus enfrentamientos con periodistas cubanos que respondían el Partido Socialista Popular -el viejo partido comunista que adoptara esta denominación durante el período del “browderismo”-, determinaron que renunciara a la dirección de la Agencia y pasara a participar en otros proyectos de la dirigencia revolucionaria, primero en Argelia y luego en nuestro país.
En esos días en que analizábamos este escenario, la guerrilla ya operando en Salta y la Gendarmería cercando a la misma, se producía la llegada a la Casa Rosada del recientemente electo Arturo Humberto Illia, el que anunciaba el levantamiento de la proscripción que pesaba sobre el peronismo y la anulación de los contratos petroleros suscriptos por Arturo Frondizi: dos decisiones claramente progresistas.
En nuestro encuentro evaluamos todos estos elementos, Alicia y John disentían con la dirigencia burocrática sindical y política del Movimiento, que persistía en calificar al gobierno radical como ilegítimo, sin tener presente las medidas que estaba adoptando el mismo.
Entendíamos la inoportunidad del accionar del EGP, pero no pensábamos, como lo hacían las expresiones de la izquierda tradicional reformista -que eran “agentes desestabilizadores, que le hacían el juego a la derecha”-.
Se trataba de compañeros probados, a los que se sumaban dos fogueados combatientes de la columna del Che, y formaban parte de un proyecto que tenía que ver con la decisión de Fidel y de nuestro compatriota, con el respaldo de la dirigencia del primer “país socialista de América”, de impulsar el desarrollo de movimientos revolucionarios en todo el Continente y en el Tercer Mundo.
Ante este dilema, la opción era clara. Teníamos que elaborar acciones concretas dirigidas a respaldar a estos compañeros, sin perder de vista el contexto político nacional e internacional, y nuestro desarrollo en los diferentes frentes: sindical, estudiantil, barrial, etc.
Cómo lo fuimos resolviendo, será el tema de nuestra próxima nota.

Manuel Justo Gaggero es abogado, ex Director del Diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.

Publicado por ARGENPRESS e

Del alma de la revolución, y del deber de América en Cuba

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América, la nuestra, cumple hoy por su parte con su deber hacia Cuba. Se niega a la complicidad con los que quisieran ver a Cuba excluida de las Américas y, en el momento en que se renueva de la Patagonia al río Bravo la lucha de nuestros pueblos por el derecho al ejercicio fecundo de su identidad, se renueva también el reconocimiento a Cuba por el cumplimiento de los deberes hacia América que emanan del alma de su revolución.

 

Guillermo Castro Herrera / Especial para Con Nuestra América
Conferencia en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá. 18 de mayo de 2012.

Para Fernando Martínez Heredia, parlamentario en una trinchera
Hace 51 años ya, el 9 de abril de 1961, se planteaba Ernesto Guevara la pregunta de si Cuba debía ser considerada una excepción o la vanguardia de la lucha revolucionaria en América Latina. Era una pregunta justa entonces, y lo sigue siendo hoy, aun cuando haya cambiado mucho el mundo desde entonces y, con el mundo, hayan cambiado los términos en que sea posible plantear hoy el problema.
Cabría decir hoy, por ejemplo, que Cuba ha ocupado una posición de vanguardia en el proceso de formación de la América Latina contemporánea debido a las características excepcionales de su propio proceso de formación histórica. De este modo, si en la coyuntura de los años 60 Cuba resultó finalmente excepcional, esa misma excepcionalidad desempeñó un papel de primer orden en su capacidad para enfrentar con éxito las terribles presiones de la Guerra Fría, y las del ajuste neoliberal que resultó del fin de aquel período histórico, y desempeñar un papel de excepcional trascendencia histórica en la preservación de las capacidades de lucha y solidaridad de nuestra América.
Ese papel de Cuba en América subyace en una circunstancia en que la América nuestra se ha constituido en un centro de referencia planetario para la formación de una cultura y una política nuevas. Ya no sorprende, en verdad, que Jean Luc Melenchon, el candidato de la izquierda en las recientes elecciones en Francia, reconozca el aporte a la construcción de la propuesta política de su movimiento de la experiencia de los pueblos de Uruguay, Argentina, Ecuador y Bolivia en el enfrentamiento a las peores consecuencias del neoliberalismo. Y este aporte, a su vez, llega a Europa a través de los espacios de participación y dialogo de movimientos como el Foro Social Mundial, nacido y forjado desde la América nuestra también.
No es el caso discutir aquí el detalle de esa excepcionalidad, aunque es indispensable recordar algunos de los rasgos que la caracterizan. El primero y más visible de ellos radica en el hecho de que fuera Cuba la última colonia española en lanzarse a la lucha por su independencia entre 1868 y 1878, cuando el resto de las repúblicas hispanoamericanas entraban de lleno a la consolidación de sus Estados liberales oligárquicos, tras el prolongado período de conflictos internos que siguió a la independencia conquistada entre 1810 y 1825.
Si bien la guerra del 68 no logró obtener la independencia por la cual lucharon los cubanos, demostró la incapacidad de España para derrotar a los insurgentes, con los que se vio obligada a pactar. Además, y sobre todo, tuvo un impacto decisivo en la formación de la identidad nacional cubana, y en la depuración de muchos de los conflictos internos generados por la dominación colonial.
Esto ayuda a entender un segundo rasgo excepcional. En efecto, la segunda fase militar de la lucha de los cubanos por su independencia, entre 1895 y 1898, expresó ya todas las características fundamentales de una guerra de liberación nacional, encaminada a la conquista del poder político para emprender un vasto programa de reforma social, económica y cultural, destinado a crear en la Isla un Estado liberal de carácter democrático y no oligárquico, como habían llegado a ser los del resto de la región.
A lo anterior contribuyeron dos circunstancias puntuales.         Una, la presencia en el movimiento revolucionario cubano de un contingente de intelectuales y profesionales de capas medias sin equivalente en los movimientos de independencia del comienzos del XIX. La segunda, en que esa intelectualidad, que tuvo en Martí su más alto exponente, pudo y supo someter a crítica las debilidades del Estado liberal oligárquico, y los peligros que anunciaba la fortaleza creciente del imperialismo en el sistema mundial.
La presencia de esa intelectualidad está vinculada, además, a un tercer rasgo excepcional: el hecho de que los fines democráticos que alentaban en el proceso revolucionario animaran, desde mediados de la década de 1880, la creación de los medios políticos y culturales necesarios para alcanzarlos, de entre los cuales destacan el Partido Revolucionario Cubano, finalmente establecido en 1891, y su periódico Patria, que le dio voz y perfil. La singular modernidad de esos medios ha sido destacada ya por múltiples estudios. Lo que cabe recalcar aquí es que quienes convocaron a la guerra del 95 lo hicieron a partir de un previo proceso de construcción de un sujeto político nuevo, que reconocía en el Partido Revolucionario una fuente de autoridad moral y política en la medida en que participaba de un modo activo en su vida interna y en la lucha por establecer una república democrática sobre las ruinas de la última colonia española en América.

El alma de la revolución…
El proceso de creación de estas condiciones para la lucha de liberación nacional alcanza expresiones de una singular claridad en tres textos ejemplares de la obra martiana. Nos referimos al ensayo Nuestra América, publicado en México y en Nueva York en enero de 1891; al discurso pronunciado por Martí en el tercer aniversario del Partido Revolucionario Cubano, en 1894, que ha llegado a nosotros con el título El alma de la revolución, y el deber de Cuba en América y, en 1895, el Manifiesto de Montecristi, que anunció el inicio de la guerra de liberación, y definió lo esencial de sus fines y sus medios.
El primero de ellos, Nuestra América, sintetiza la crítica martiana al Estado liberal oligárquico, y llama a su reforma cultural y moral en nombre de la creación de las condiciones políticas indispensables para resistir con éxito los peligros de la expansión del imperialismo norteamericano, entonces naciente, sobre las jóvenes naciones hispanoamericanas. Hay, aquí, un claro llamado a la joven intelectualidad liberal hispanoamericana, de orientación radical y democrática – que reconocía en Martí al primero entre sus iguales, a conducir aquel proceso de reforma, proclamando la necesidad de entender que nuestras repúblicas “han purgado en las tiranías su incapacidad para conocer los elementos verdaderos del país, derivar de ellos la forma de gobierno y gobernar con ellos”, y que gobernante, en pueblos nuevos como los nuestros – donde se imita demasiado, se desdeña lo propio, y se tiende constantemente a reproducir los hábitos del privilegio -, “quiere decir creador”. Y frente a esa situación propone el programa mínimo necesario para encararla y superarla. “A lo que es”, dice, “allí donde se gobierna, hay que atender para gobernar bien […] El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país.
Esta necesidad de conocer, y de gobernar a nuestros países conforme al conocimiento resultaba tanto más urgente cuanto que la persistencia de los hábitos del mal gobierno entre nosotros venían del hecho de que no había sido atendido aún el problema central de la independencia, que “no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu”, de lo cual dependía a su vez la posibilidad de una relación con el sistema mundial guiada por el más sencillo y sensato de los principios: “Injértese en nuestras repúblicas el mundo;” decía, “pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas.”
Esta advertencia se hacía aún más urgente en cuanto se advertía que en ese mundo era visible un peligro para nuestra América, que no le venía “de sí”, sino “de la diferencia de orígenes, métodos e intereses entre los dos factores continentales, y es la hora próxima en que se le acerque, demandando relaciones íntimas, un pueblo emprendedor y pujante que la desconoce y la desdeña.” Y ante ese peligro, de un modo característico en toda su obra política, Martí no se limitaba a advertir el peligro, sino que se adelantaba de inmediato a proponer a forma más adecuada para encararlo:
El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América; y urge, porque el día de la visita está próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe. Por el respeto, luego que la conociese, sacaría de ella las manos. […] Pensar es servir. Ni ha de suponerse, por antipatía de aldea, una maldad ingénita y fatal al pueblo rubio del continente […] ni se han de esconder los datos patentes del problema que puede resolverse, para la paz de los siglos, con el estudio oportuno y la unión tácita y urgente del alma continental.
Esta visión de nuestra América y su lugar en el mundo desempeñó un papel de primer orden en la concepción del programa del Partido Revolucionario Cubano. La independencia de Cuba, en efecto, no podía tener mejor garantía que la de la afirmación de la del resto de los Estados hispanoamericanos. Esa íntima relación tiene una admirable expresión en el discurso que pronunciara Martí en 1894 con motivo del tercer aniversario de la creación del Partido, titulado – justamente – El alma de la revolución, y el deber de Cuba en América. Allí, el carácter democrático del Partido es definido en directa relación con su propósito mayor: llevar a cabo la empresa, “americana por su alcance y espíritu, de fomentar con orden y auxiliar con todos sus elementos reales–por formas que con el desembarazo de la energía ejecutiva combinan la plenitud de la libertad individual–la revolución de Cuba y Puerto Rico para su independencia absoluta.”
Tal empresa, a su vez, demanda crear el sujeto colectivo capaz de llevarla a cabo. Por ello, y para ello, se ha de entender, dice, que
A su pueblo se ha de ajustar todo partido público, y no es la política más, o no ha de ser, que el arte de guiar, con sacrificio propio, los factores diversos u opuestos de un país de modo que, sin indebido favor a la impaciencia de los unos ni negación culpable de la necesidad del orden en las sociedades–sólo seguro con la abundancia del derecho–vivan sin choque, y en libertad de aspirar o de resistir, en la paz continua del derecho reconocido, los elementos varios que en la patria tienen título igual a la representación y la felicidad.
Y añade:
Un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea, ni el empeño pueril de realizar en una agrupación humana el ideal candoroso de un espíritu celeste, ciego graduado de la universidad bamboleante de las nubes.[…] Un pueblo es composición de muchas voluntades, viles o puras, francas o torvas, impedidas por la timidez o precipitadas por la ignorancia. Hay que deponer mucho, que atar mucho, que sacrificar mucho, que apearse de la fantasía, que echar pie a tierra con la patria revuelta, alzando por el cuello a los pecadores, vista el pecado paño o rusia: hay que sacar de lo profundo las virtudes, sin caer en el error de desconocerlas porque vengan en ropaje humilde, ni de negarlas porque se acompañen de la riqueza y la cultura.
“Franca y posible,” – culmina – “la revolución tiene hoy la fuerza de todos los hombres previsores, del señorío útil y de la masa cultivada, de generales y abogados, de tabaqueros y guajiros, de médicos y comerciantes, de amos y de libertos. Triunfará con esa alma, y perecerá sin ella. Esa esperanza, justa y serena, es el alma de la revolución.
Definido en esos términos el proceso de reforma espiritual que demanda la independencia como medio para erradicar de Cuba el legado terrible del colonialismo, Martí pasa a considerar ese propósito en el marco del escenario mundial en que ha de ser llevado a cabo, en los términos más claros y enérgicos. “Hay que prever,” dice, “y marchar con el mundo”, pues “la junta de voluntades libres del Partido Revolucionario Cubano,” carecería de valor si, “aunque entendiese los problemas internos del país,” y el modo de ponerles remedio, “no se diera cuenta de la misión, aún mayor, a que lo obliga la época en que nace y su posición en el crucero universal.” Por lo mismo, añade, es necesario “tener el valor de la grandeza: y estar a sus deberes.”  Y define enseguida el carácter y alcance de los deberes que demandan ese valor correspondiente a su grandeza:
En el fiel de América están las Antillas, que serían, si esclavas, mero pontón de la guerra de una república imperial contra el mundo celoso y superior que se prepara ya a negarle el poder, –mero fortín de la Roma americana;–y si libres, –y dignas de serlo por el orden de la libertad equitativa y trabajadora–serían en el continente la garantía del equilibrio, la de la independencia para la América española aún amenazada, y la del honor para la gran república del Norte, que en el desarrollo de su territorio–por desdicha, feudal ya, y repartido en secciones hostiles, –hallará más segura grandeza que en la innoble conquista de sus vecinos menores, y en la pelea inhumana que con la posesión de ellas abriría contra las potencias del orbe por el predominio del mundo.
Es un mundo lo que estamos equilibrando: no son sólo dos islas las que vamos a libertar.
Por lo mismo, advierte,
Un error en Cuba, es un error en América, es un error en la humanidad moderna. Quien se levanta hoy con Cuba, se levanta para todos los tiempos [porque] la independencia de Cuba y Puerto Rico no es sólo el medio único de asegurar el bienestar decoroso del hombre libre en el trabajo justo a los habitantes de ambas islas, sino el suceso histórico indispensable para salvar la independencia amenazada de las Antillas libres, la independencia amenazada de la América libre, y la dignidad de la república norteamericana.
Pocos meses después, al iniciar el tramo final del camino hacia su caída en combate, Martí elabora, en diálogo franco y sincero con Máximo Gómez – junto a Antonio Maceo, grande entre los grandes de la guerra del 68 – el Manifiesto de Montecristi, en el que el alma de la revolución se traduce en el llamado a la guerra que había venido a ser necesaria para encarnarla en una república nueva, construida con todos y para el bien de todos los que la deseaban. A esa guerra – concebida como medio para culminar la revolución iniciada en 1868 – se iba, no invocando la voluntad de uno u otro caudillo, sino “en virtud del orden y acuerdos del Partido Revolucionario en el extranjero y en la Isla, y de la ejemplar congregación en él de todos los elementos consagrados al saneamiento y emancipación del país, para bien de América y del mundo”.
Ese carácter de empresa colectiva, concebida y organizada por medios democráticos en nombre del interés general de la nación cubana, permitía convocar a la guerra necesaria en Cuba “con la plena seguridad”
de la competencia de sus hijos para obtener el triunfo, por la energía de la revolución pensadora y magnánima, y de la capacidad de los cubanos, cultivada en diez años primeros de fusión sublime, y en las prácticas modernas del gobierno y el trabajo, para salvar la patria desde su raíz de los desacomodos y tanteos, necesarios al principio del siglo, […] en las repúblicas feudales o teóricas de Hispano-América […] que conocían sólo de las libertades el ansia que las conquista, y la soberanía que se gana por pelear por ellas.
Cuba, en efecto, volvía a la guerra “con un pueblo democrático y culto, conocedor celoso de su derecho y del ajeno; o de cultura mucho mayor, en lo más humilde de él, que las masas llaneras o indias con que, a la voz de los héroes primados de la emancipación, se mudaron de hatos en naciones las silenciosas colonias de América”, y capaz por tanto de constituir su patria “desde sus raíces […] con formas viables, y de sí propia nacidas, de modo que un gobierno sin realidad ni sanción no la conduzca a las parcialidades o a la tiranía.” Eso eso permitía definir con especial claridad los propósitos del empeño a que eran convocados los cubanos:
Conocer y fijar la realidad; componer en molde natural, la realidad de las ideas que producen o apagan los hechos, y la de los hechos que  nacen de las ideas; ordenar la revolución del decoro, el sacrificio y la cultura que modo que no quede el decoro de un solo hombre lastimado, ni el sacrificio parezca inútil a un solo cubano, ni la revolución inferior a la cultura del país […]:–ésos son los deberes, y los intentos, de la revolución.
Y permitía eso también poner en su justa perspectiva el alcance de la empresa a que se convocaba:
La guerra de independencia de Cuba, nudo del haz de islas donde se ha de cruzar, en plazo de pocos años, el comercio de los continentes, es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones [de] americanas, y al equilibrio aun vacilante del mundo.

…y el deber de América en Cuba
Hay, en el Manifiesto de Montecristi, un párrafo especialmente conmovedor. “Honra y conmueve pensar”, se dice allí,
que cuando cae en tierra de Cuba un guerrero de la independencia, abandonado tal vez por los pueblos incautos o indiferentes a quienes se inmola, cae por el bien mayor del hombre, la confirmación de la república moral en América, y la creación de un archipiélago libre donde las naciones respetuosas derramen las riquezas que a su paso han de caer sobre el crucero del mundo.
Desde la excepcionalidad de su condición histórica, Cuba ha cumplido sin duda alguna con su deber hacia América. Su guerra de liberación nacional inauguró nuestra contemporaneidad en el plano político, como Nuestra América la había anunciado en el cultural. De esa contemporaneidad da cuenta el carácter de los medios políticos y culturales creados para abrirle paso, como de la eficacia de esos medios da cuenta la creación de una identidad nacional cubana capaz de resistir y persistir ante toda forma de opresión y todo intento de agresión. Y da cuenta de ella, también, el hecho de que a 117 años de su caída en combate, podamos hablar con Martí, y no simplemente de él.
América, la nuestra, cumple hoy por su parte con su deber hacia Cuba. Se niega a la complicidad con los que quisieran ver a Cuba excluida de las Américas y, en el momento en que se renueva de la Patagonia al río Bravo la lucha de nuestros pueblos por el derecho al ejercicio fecundo de su identidad, se renueva también el reconocimiento a Cuba por el cumplimiento de los deberes hacia América que emanan del alma de su revolución. No se le reclaman los errores en que pueda haber incurrido – derivados, cuando más, del cumplimiento del mandato martiano de consolar aun a costa del riesgo de errar, “porque el que consuela nunca yerra” -, sino que se camina con ella en el sendero de las rectificaciones que se propone, entendiéndolas como la expresión, allá, del mismo proceso de búsqueda de caminos nuevos hacia un destino común en que coinciden todas nuestras sociedades.
El alma de la revolución se expresa, hoy, en los hechos que confirman –como lo preveía Nuestra América en 1891– que nuestros países “se salvarán porque, con el genio de la moderación que parece imperar, por la armonía serena de la Naturaleza, en el continente de la luz, y por el influjo de la lectura crítica que ha sucedido en Europa a la lectura de tanteo y falansterio en que se empapó la generación anterior, le está naciendo a América, en estos tiempos reales, el hombre real.” Ya no somos “una visión, con el pecho de atleta, las manos de petimetre y la frente de niño.” El indio ya no está mudo; el negro ya no está “solo y desconocido, entre la olas y las fieras”; el campesino encuentra ahora compatriotas solidarios en la ciudad.
Hoy, de nuevo, se ponen en pie los pueblos, y se saludan. “«¿Cómo somos?» se preguntan; y unos a otros se van diciendo cómo son”, mientras los jóvenes de nuestra América se ponen otra vez “la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la levadura del sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación.” El alma de la revolución está en América, con Cuba, como está la América atendiendo a su deber en Cuba. Estamos todos, sin duda, en la hora del recuento y de la marcha unida: ¡Se han puesto en fila los árboles, de nuevo, y empezamos a andar los pueblos en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes!
Muchas gracias.


Bibliografía
Martí, José:
-“Nuestra América.” La Revista Ilustrada de Nueva York, 10 de enero de 1891; El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891.
-“El tercer año del partido revolucionario cubano.” ( El alma de la revolución, y el deber de Cuba en América.) Patria, Nueva York, 17 de abril de 1894.

Manifiesto de Montecristi. Montecristi, República Dominicana, 25 de marzo de 1895. José Martí / Máximo Gómez

Un viaje hacia las utopías revolucionarias (Parte XXXI): “Los que luchan y los que lloran”

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martes, 15 de mayo de 2012

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS. info)

Este es el título del libro de Jorge Ricardo Masetti, con prólogo de Rodolfo Walsh, en el que se transcriben los reportajes realizados por nuestro compatriota en la Sierra Maestra cubana, a Fidel Castro y a Ernesto Che Guevara, durante la guerra revolucionaria iniciada en ese país, por el Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario.

Los mismos, trasmitidos desde la sierras por Radio Rebelde, cimentaron la relación estrecha de aquel con la dirigencia cubana.
Cabría preguntarse ¿cuál es la relación de este hecho con el relato que forma parte de este “diario de un caminante”?.
Lo veremos inmediatamente.
Como contaba en la nota anterior luego de dejar atrás las diferencias con un pequeño sector que se quedó, finalmente, con la sigla de la Gremial de Estudiantes de Derecho -adherida a la CGU-, comenzamos a organizar la Juventud Universitaria Peronista.
La misma estaría claramente identificada con Alicia Eguren y John William Cooke y sería la rama estudiantil de la Agrupación del peronismo revolucionario que lideraban estos.
Al mismo tiempo conformamos una conducción local del grupo santafesino, integrada por Guido Agnellini -el Gringo- que había viajado conmigo a Cuba, Crescencio Gutierrez que estaba a cargo de la relación con las agrupaciones obreras y, el que escribe estas líneas.
En el campo sindical, teníamos estrechos contactos con un grupo de sindicatos que estaban encabezados por el de la Madera cuyo Secretario General era un viejo anarquista -Anselmo Cárrega-.
Estos compartían con nosotros la visión de la confrontación de clase que se libraba en el seno del Movimiento y la necesidad de plantearse, como medio para interpelar al poder, el de la lucha armada.
El “Viejo” como llamábamos cariñosamente a Anselmo, había tenido un rol destacado en el Plenario de la regional de la C. G. T. de Santa Fe que votara el paro general lanzado 17 de octubre de 1945 para obtener la libertad del entonces Coronel Juan Domingo Perón, sin que por ello hubiera dejado de adherir a las ideas revolucionarias de Bakunin y Proudhon.
Cuándo empezamos a caminar logramos, inmediatamente adhesiones importantes en el seno del movimiento estudiantil.
La incorporación en Derecho de Rafael Perez -el “Negro”-, en Ingeniería Química de Raúl Churruarín -el “Flaco”- y de Ruben Sager -el “Chacra”-, en Ciencias Económicas de Mario Geller y Néstor Verdinelli y en el Instituto del Profesorado de Irene Salgado y Alba Sager, nos daba una fuerte presencia en los centros de estudiantes.
Al mismo tiempo, el acuerdo con Palabra Obrera y con un grupo que se había escindido del Partido Comunista integrado, entre otros, por un compañero que formaba parte el equipo de Fernando Birri en el Instituto de Cine -Jorge Pallero- nos ampliaba nuestra inserción, con miras a tener una representación importante en la Federación Universitaria del Litoral –FUL-.
Cuándo nos presentamos en el Centro de mi Facultad, cuyo Secretario General era Obeid -primo del que luego fuera Gobernador de la Provincia- fuimos bien recibidos.
El sentimiento “antiperonista” que había caracterizado al movimiento estudiantil en la segunda mitad de la década del 50, había quedado atrás y era objeto de una fuerte revisión, impulsada por varias publicaciones entre las mas destacadas la revista “Contorno” de los que luego constituirían el Movimiento de Liberación Nacional -conocido como “el Malena”- los hermanos Viñas, León Rozichtner y Ramón Alcalde, entre otros y “Situación” editada por una fracción del Partido Socialista, fuertemente influenciada por la Revolución Cubana.
En esos meses se habían producido varios cambios que alteraban el escenario político.
En las elecciones realizadas el 7 de julio de 1963, con la proscripción del peronismo que había sufragado en blanco, se había impuesto la formula radical Illía-Perette con el 25, 4% de los sufragios.
El electo futuro Presidente había anunciado que levantaría la proscripción del Movimiento, anularía los contratos para la explotación del petróleo suscriptos por el ex presidente Frondizi, con corporaciones extranjeras y, pondría coto a la industria farmacéutica manejada, fundamentalmente, por los laboratorios extranjeros abaratando, con medidas concretas, los precios de los medicamentos.
Estos anuncios determinaron que aumentara su popularidad, al mismo tiempo que le generaron, de entrada, la oposición de los mandos militares y de la gran burguesía vinculada al capital trasnacional.
Días mas tarde, al mismo tempo que arribaban al país Alicia y John, luego de un prolongado exilio forzado, trascendía la presencia en Salta de un grupo guerrillero encabezado por Masetti denominado Ejército Guerrillero del Pueblo, que iniciaba sus actividades con una carta abierta al electo Presidente.
En la reunión que realizamos para recibir a nuestros compañeros, Alicia, en un aparte, nos señaló que pese a que teníamos diferencias con esta formación guerrillera porque considerábamos inoportuno el momento elegido para su lanzamiento, había un compromiso con el Che, de prestarle todo el apoyo posible.
Un acto en la Facultad de Filosofía, impulsado por la fracción escindida del Partido Comunista encabezada por Juan Carlos Portantiero y José Aricó, que culminara con el grito de “Muera el Ejército”, nos dio la pauta de que los seguidores del Comandante “Segundo” tenían nexos urbanos importantes.
Como se organizó este apoyo “crítico” y cuál fue la suerte de estos compañeros será el tema de nuestra próxima nota.
Manuel Justo Gaggero es abogado. Ex Director del Diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.
Publicado porARGENPRESS

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