La vía de las rebeldías

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jueves 6 de octubre de 2011

 

Carlos del Frade (APE)

Ramal que para, ramal que cierra – sostuvo Carlos Menem, dos veces presidente de la Nación, expresión política del peronismo, aquel movimiento que surgió en la Argentina para defender los derechos de los trabajadores, la justicia social, la soberanía económica y la independencia política. Fue todo lo contrario. Relaciones carnales con el imperio, privatización de casi todo a precio vil y multiplicación de la pobreza, la desocupación y el narcotráfico.

Los trenes, entonces, se convirtieron en un simple transporte de materias primas, recursos naturales y poco más. Grandes negocios para muy pocos.
La gente, el pueblo, se quedó afuera de los vagones. Importaba más la riqueza de la tierra que sus habitantes.
El sueño norteamericano expresado por un oficial del ejército del imperio a principios de los años sesenta, Larkin, de cerrar los trenes para imponer el negocio de las multinacionales de los camiones por fin se hacía realidad. Y nada menos que de la mano del peronismo.
Menem lo hizo. Pero no estuvo solo. A su lado estuvieron los dirigentes de la Unión Ferroviaria, otrora delegados combativos, como un tal José Pedraza.
El kirchnerismo que se precia de ser la contratara del menemismo mantuvo las concesiones y la desarticulación del sistema ferroviario. Y hasta son los mismos los ganadores de los subsidios y también son iguales los dirigentes ferroviarios que funcionan como gerentes laborales de las empresas.
El asesinato de Mariano Ferreyra determinó la detención de Pedraza y ahora la justicia del kirchnerismo fue por Rubén “El Pollo” Sobrero, uno de los delegados de base, enfrentado a la burocracia y la continuidad de la matriz de entrega de los ferrocarriles que perpetúa la actual administración nacional.
-Hay pruebas suficientes para detener a Sobrero – repitió el jefe de gabinete, Aníbal Fernández, como si fuera el verdadero motor de la causa judicial que, se supone, debe estar bajo secreto de sumario.
Menem está acusado de más de veinte causas de corrupción vinculadas al desguace de los ferrocarriles.
Pero no hace más de un mes atrás, la justicia kirchnerista anticipó la detención de Sobrero al declarar inocente al riojano en la causa por la venta ilegal de armas a Ecuador.
En esa impunidad consagrada también venía implícita la condena a todos aquellos que siguen denunciando la multiplicación de la matriz de saqueo que procede de los años noventa.
Allí está el Pollo Sobrero, detenido y acusado de quemar trenes.
Allí está Carlos Menem, libre y a punto de ser reelecto senador por La Rioja.
La justicia kirchnerista ratifica que los delincuentes de los años noventa son los que cargan con la condena de la privatización y las consecuencias de los negociados de mafias.
De allí que del otro lado de las vías muertas, viva la rebeldía de los que no se resignan a creer que la Argentina debe ser la geografía de la impunidad.
La libertad de Sobrero es una necesidad para todos aquellos que quieren recuperar un país para las mayorías.
De eso se trata.
Porque ramal que para es sinónimo de un negociado que continúa.
Y en la vía de las rebeldías, sin dudas, arrancará un mañana mejor.

Fuente imagen: APE

Publicado por ARGENPRESS

Rupturas y secuencias: La rebelión de los pueblos frente a la hegemonía del mercado capitalista

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jueves 9 de junio de 201

Homar Garcés (especial para ARGENPRESS.info)

Las rebeliones populares que parecen esparcirse desde nuestra América al resto de los continentes (incluyendo a Estados Unidos) tienen sus raíces en el orden capitalista sobre el cual se estructuraron estas sociedades. Así, las exigencias legítimas de estos pueblos de una democracia, justicia e igualdad realmente efectivas, sin subordinaciones de ningún tipo a poderes extranjeros; tienen un común denominador: la economía de mercado, esto es, la maximización del lucro, la ganancia y la rentabilidad a través de la explotación de la fuerza de trabajo asalariada que impuso el neoliberalismo económico a nivel mundial durante la última década del siglo pasado.

Sin este elemento, la comprensión de estos sucesos que sacuden al mundo quedaría incompleta. Aunque los fenómenos sociales tienen su traza propia, determinada por características específicas, no menos es cierto que, en este caso, existen características comunes que podrían inducirnos a conclusiones apenas diferenciadas. Esto, no obstante, dependerá en gran medida de la capacidad política de los nuevos liderazgos que emerjan de estas manifestaciones populares, evitando las tradicionales manipulaciones de los sectores dominantes.
Lo que salta a la vista es que los pueblos ya no serán los mismos. Al miedo y a la sumisión, que tan buenos resultados les brindara a las minorías conservadoras, le han sucedido la indignación y la conciencia organizada. Los mismos han llegado a comprender que la soberanía les pertenece y pueden ejercerán directamente en las calles. Tal convicción popular, de por sí, mejora y extiende el viejo concepto de democracia formal y pone contra la pared a los gobernantes que pretenden desconocer los reclamos y expectativas colectivos en aras de los intereses de quienes dominan el mercado capitalista.
Para el gobierno estadounidense, lo mismo que para sus pares de Europa y Japón, tales rebeliones encarnan un serio revés a su política neoimperialista luego de la implosión de la URSS. Frente a ello, las tácticas del Imperio podrían sufrir algún cambio, no así su visión estratégica. Para los grupos hegemónicos de Estados Unidos es vital asegurarse el control directo de las economías nacionales, los recursos naturales y los recursos energéticos existentes a nivel planetario; para lograrlo, cuenta con un conjunto de acciones económicas, diplomáticas y militares, todas dirigidas a evitar el derrumbe de su rol hegemónico. Algo que podría agudizar la situación interna de muchas naciones, avivando, en consecuencia, una revolución popular indetenible y de signo radicalmente distinto a las anteriormente conocidas.
Esta rebelión de los pueblos frente a la hegemonía del mercado capitalista se caracteriza esencialmente por la presencia dinamizadora de sectores sociales que hasta ahora se mantenían al margen de la escena, pero que siempre desconfiaron de la honestidad y capacidad del estamento político. Esto se palpa por igual en Medio Oriente, Europa y nuestra América, por citar los casos más emblemáticos de la actualidad. En cada uno, el desprestigio y corrupción impune de quienes tradicionalmente detentaron el poder (incluso aquellos de tendencia aparentemente progresista y/o revolucionaria), sin producir mejoras significativas que repercutieran positivamente en la calidad de vida de la población, lo cual ha dado paso a la emergencia de un liderazgo nuevo en muchos aspectos, pero mejor identificado con las expectativas populares. Un hecho común simple de enormes repercusiones en lo futuro que obliga a repensar -con esquemas absolutamente nuevos- lo que será la historia de la humanidad y su emancipación integral.

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Publicado por ARGENPRESS

Participación democrática y estado de rebelión

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sábado 28 de mayo de 2011

La humanidad, las grandes masas de los países periféricos y centrales, comienzan a tomar conciencia de que la democracia representativa (no la democracia sin más) y los organismos internacionales (en especial del capital financiero) no son dignos de confianza por el alto grado de corrupción de sus burocracias (como lo manifiesta el FMI) y por su opción capitalista.

Enrique Dussel / LA JORNADA

La Plaza del Sol de Madrid se llena de jóvenes y ciudadanos indignados; así como llenaban por mayores motivos la Plaza Tahrir (de la Liberación) en El Cairo, y el 21 de diciembre de 2001 la Plaza de Mayo en Buenos para derrotar al gobierno de F. de la Rúa y su estado de excepción. Hemos ya indicado en otra colaboración de La Jornada que estos movimientos nos recuerdan un hecho fundamental en la vida política de los pueblos: el estado de rebelión: la Comuna de participación directa en primera persona plural: nosotros. Recuerda al Estado que no es principalmente un gobierno representativo, sino una comunidad participativa. Marx propuso esa experiencia límite de la Comuna como un postulado político (aquello que es pensable lógicamente o por un cierto tiempo, pero imposible en el largo plazo). Hoy, sin embargo, es políticamente posible. Lea el artículo completo aquí…