Medina Mora, el secretario sin cartera en Washington

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Fuente: La Voz de Michocán

medina
Agencias/ La Voz de Michoacán.

Por la relevancia que conlleva el cargo, el puesto de embajador en Estados Unidos es uno de los más importantes –y estratégicos– que puede haber en la administración de cualquier presidente mexicano. Es el equivalente a una Secretaría de Estado que no sólo debe tener en sus manos los hilos de temas vitales y de seguridad nacional, sino cargar sobre sus hombros la dificultad de conducir una relación sumamente compleja, repleta de potenciales precipicios.
El trabajo viene con un presupuesto multimillonario muy superior al de cualquier otra embajada mexicana pero también con una altísima exigencia profesional. Quien conduce los destinos de la casona del 1911 de la Avenida Pennsylvania, a unas cuadras de la Casa Blanca, debe ser de día hombre de todas las confianzas del presidente de México y por la noche anfitrión socialité de algunos de los hombres más poderosos del planeta, incluidos militares que comandan ejércitos en otros continentes, espías con oídos en cada esquina y empresarios cuyos bolsillos calan hondo, muy hondo, al sur del Río Bravo.
No son las únicas artes que se esperan de un buen embajador mexicano en el corazón de Estados Unidos. El chef de mission debe asumirse especialista en comercio, armador de intrigas de alto vuelo, analista internacional, imán de capitales, defensor de la soberanía, y promotor turístico, además de protector de migrantes, mecenas cultural, cruzado antinarcóticos, portavoz nacional y exportador agrícola. Más lo que demande el servicio.
Ese, con todos sus riesgos y ventajas, es el paquete que le ha caído en las manos a Eduardo Medina Mora, confirmado ayer como el embajador número 63 en representar a México ante Washington desde la Independencia mexicana, encargo que primero tuvo Manuel Zozaya y Bermudez en 1821 en los tiempos del Imperio Mexicano y en el que ahora reemplaza a Arturo Sarukhán, uno de los pocos funcionarios que en dos siglos ha logrado ocupar la silla diplomática durante seis años consecutivos.
Sin igual en el mundo del Servicio Exterior Mexicano, la oficina a la que llega Medina Mora es un centro neurálgico que más bien parece cuarto de guerra: en ella convergen y a ella reportan funcionarios de las secretarías de Gobernación, Defensa Nacional, Marina, PGR y Hacienda, así como medio centenar de cónsules repartidos desde Arizona y Florida hasta Alaska y Minnesota.
Exiliado durante la segunda parte del sexenio calderonista en Gran Bretaña, Medina Mora volverá, en cierta medida, al loop de la relevancia y la información sensible, una tarea a la que se encuentra bien habituado, después de su paso por el Centro de Investigación y Seguridad Nacional y la Procuraduría General de la República.
Luego del aislamiento en Londres, por sus manos circularán de nueva cuenta informaciones de naturaleza altamente sensible sobre los más distintos ámbitos de la relación entre México y Estados Unidos. Por ejemplo, tendrá acceso total a algunas de las bases de datos más preciadas y secretas del Estado Mexicano, entre las que se incluyen las fichas de filias y fobias de congresistas, compilada por la sección de Relaciones con el Congreso; la de alfiles hispanos en la lucha migratoria, confeccionada por la Sección de Asuntos Regionales e Hispanos; y la de narcotraficantes y crimen organizado en la Unión Americana.

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La alianza estratégica entre Brasil-Venezuela

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La alianza estratégica tejida bajo el gobierno de Lula busca darle mayor densidad económica, demográfica y política a una de las zonas de mayor importancia geoestratégica del continente.

 

Raúl Zibechi /  LA JORNADA
Brasil y Venezuela estrecharon lazos estratégicos
desde el primer gobierno de Lula da Silva.
El golpe de Estado en Paraguay puso en evidencia los cambios en la relación de fuerzas en la región sudamericana. La respuesta de Brasil de acelerar el ingreso pleno de Venezuela al Mercosur es un mensaje a Estados Unidos. Cuando el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva le dijo a Hugo Chávez “tu victoria será nuestra victoria”, estaba siendo fiel al libreto de la mayor y más sólida alianza sudamericana, la alianza estratégica entre Brasil y Venezuela.
Cuando Lula llegó al gobierno en 2003 se produjo un salto cualitativo en las relaciones bilaterales. En 2005 se definió la Alianza Estratégica Brasil-Venezuela y en 2007 comenzaron los encuentros presidenciales trimestrales, que se prolongaron hasta 2010, para profundizar la alianza que incluye la integración de infraestructura y la complementación productiva que va más allá de las alianzas clásicas, incluyendo la otra alianza estratégica que tiene Brasil en la región, con Argentina.
Uno de los principales resultados es un fuerte aumento del comercio. De los 800 millones de dólares que intercambiaban en 2003 se pasó a 5 mil millones en 2011. Además estrecharon vínculos institucionales con asesorías en políticas públicas, cursos de formación que incluyeron la instalación del prestigioso centro de pensamiento e investigación IPEA (Instituto de Investigaciones Económicas Aplicadas) y Embrapa (empresa estatal de investigación agropecuaria) en Caracas.
La decisión de mayor peso estratégico fue la sustitución de uno de los ejes de integración de la IIRSA (Iniciativa para la Integración Regional Sudamericana), el Escudo Guyanés, por el Amazonia-Orinoco, donde se implementan proyectos de “desarrollo integral” que son “el paradigma brasileño de cooperación sur-sur”, como señala el IPEA. Entre las acciones definidas figura la integración del sistema de transporte terrestre, fluvial y aéreo, la integración energética eléctrica y la posible construcción del postergado Gasoducto del Sur para interconectar Venezuela, Brasil y Argentina.
La finalidad consiste en establecer la interconexión de las cuencas del Amazonas y el Orinoco y la formación de un “espacio económico común” en el norte de Brasil y el sur de Venezuela, uno de “importancia geoestratégica” según el relatorio del IPEA de mayo de 2011. El análisis destaca “la cantidad y calidad” de los recursos que posee la región, entre los que incluye biodiversidad, cuencas hidrográficas, energía y mineral de hierro, “entre otros”, que “despierta diversos intereses y enfrenta una creciente complejidad de actores”.
Por último, el estudio apunta que el eje Amazonia-Orinoco “crea una nueva frontera de aproximación de Brasil con los países de la cuenca del Caribe en un contexto en que la política externa para la integración regional amplía su área de actuación de América del Sur hacia otras regiones de América Latina y del Caribe”. La “nueva frontera” aparece ligada a la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, impulsada por Brasil en el mismo periodo.
En un lenguaje indirecto los estrategas brasileños insinúan las razones de fondo de esta alianza. Venezuela es la primera reserva de petróleo del mundo, la tercera de bauxita, la cuarta de oro, la sexta de gas natural y la décima reserva de hierro. En el estado brasileño de Roraima, fronterizo con Venezuela, están las mayores reservas de oro, niobio y estaño del mundo, además de importantes yacimientos de torio, cobalto, molibdeno, diamantes y titanio, según el Inventario Mineral del Escudo Geológico de Roraima, realizado por el Ministerio de Minas y Energía en 2003.
Pero lo más importante es que esa región alberga los mayores yacimientos de uranio del mundo, compartidos por Brasil, Venezuela y la Guayana Esequiba, zona en disputa desde 1966 entre Venezuela y la República Cooperativa de Guyana, ex Guayana Británica. Desde 2009 empresas canadienses explotan yacimientos de uranio en esa región, algo que no es visto con buenos ojos por Caracas y Brasilia.
La alianza estratégica tejida bajo el gobierno de Lula busca darle mayor densidad económica, demográfica y política a una de las zonas de mayor importancia geoestratégica del continente. En primer lugar, se trata de una alianza integral, que aborda desde la integración productiva en agroindustria, construcción civil, minerales y metalmecánica, que pasa por la cooperación entre las zonas francas de Manaos y Puerto Ordaz, hasta la infraestructura y la formación de cuadros.
Brasil está contribuyendo a promover el desarrollo industrial de Venezuela para que disminuya su dependencia de las exportaciones de petróleo, de las importaciones de 70 por ciento de los alimentos que consume y de la mayor parte de los productos industrializados, a través de la articulación de las cadenas productivas de ambos países.
En segundo lugar, fortalecer a Venezuela y “ocupar” la zona fronteriza es una respuesta al Plan Colombia (o sea al Comando Sur), cuya zona de expansión “natural” es precisamente la Amazonia y, de modo particular, la cuenca de los ríos Orinoco y Amazonas, además de la región andina.
En tercer lugar, Venezuela tiene una fuerte relación económica con China y se abastece de armamento ruso, pero ninguno de esos vínculos es excluyente respecto de su alianza con Brasil. Las multinacionales brasileñas de la construcción, como Odebrecht, realizan importantes obras en Venezuela y a través de Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) se trabaja en proyectos de equipamiento militar.

Se acercan tiempos turbulentos. Una muestra son las declaraciones de Evan Ellis, del Centro de Estudios Hemisféricos de Defensa, adjunto al Pentágono, sobre las relaciones sino-venezolanas: “En la era de la globalización, tener como consejeros a banqueros chinos es el equivalente de tener consejeros militares de la Unión Soviética en Cuba y Nicaragua durante la guerra fría” (Miami Herald, 9/7/12). ¿Será por eso que militares brasileños celebran el ingreso de Venezuela al Mercosur, a la que consideran “la primera línea de defensa” de Brasil? (Defesanet, 25/6/12).

Brasil versus Estados Unidos, ¿de que lado samba usted?

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La competencia internacional de mercancías crea conflictos entre países capitalistas, entre burguesías. No hay manera de tener lado aquí, pues son intereses de ganar mercado y lucro para sus empresas y no para resolver la injusticia de sus países.

 

Venancio Guerrero / Especial para Con Nuestra América
Editor del blog Antes da Tempestade
Desde Sao Paulo, Brasil
Dilma Rousseff y Barack Obama en Washington
En esta última semana, muchas imágenes vienen demostrando conflictos económicos y sociales en el mundo. Aquí, entran en escena en la geopolítica de los conflictos Brasil, Bolivia, Canadá y Europa. ¿Qué debemos hacer? ¿De qué lado debemos estar?
Desde las vacaciones de Pascua, la presidenta Dilma Rouseff está en los Estados Unidos en un encuentro con el presidente Barack Obama. Además de la campaña indirecta hecha por Dilma a Obama, afirmando que él seguirá gobernando por años – habrá elecciones en noviembre para la presidencia de los Estados Unidos–, el encuentro evidenció más problemas que soluciones: hay un aumento de la competencia entre los países, como consecuencia directa de la crisis, y este encuentro fue expresión de eso.
Detrás de los memorandos de cooperación entre Brasil y Estados Unidos en lo que respecta a la industria aeronáutica, hay un sentimiento de disputa entre Bombardie (empresa productora de aviones de Canadá –país socio de Estados Unidos)- y Embraer  (empresa brasileña productora de aviones). La Secretaría de Defensa de los Estados Unidos canceló la compra de 20 aviones de Embraer por problemas de licitación: aquí los Estados Unidos defienden al país socio del centro, contra el emergente de la periferia.
Al interior de los conflictos económicos, hay una guerra cambiaria. Dilma Rouseff ha provocado al presidente dos Estados Unidos: afirmó preocupación por la desvalorización del dólar en el mundo y la valorización del real. Obama acordó en los términos, pues cree que hay inconsistencia al no haber combinación de políticas monetarias sin políticas fiscales. Los dos mandatarios tuvieron más acuerdo al respecto del clima favorable de cooperación económica, en lo que atañe a inversiones, pues ahora tendremos Copa Mundial y Olimpiadas.
En otros espacios de los conflictos económicos, el clima se exaspera. Europa vuelve a enviar mensajes apocalípticos. Principalmente, Italia y España. Aquí, los títulos de la deuda de estos países se volvieron a desvalorizar, por cuenta de la amenaza de deuda y recesión. El “desespero en los mercados”, también, se debió al miedo a la Revuelta Social. Aquí, la crisis viene demostrando su lado social más pujante en los últimos tiempos, la receta de ajuste fiscal, social y de reforma laboral están generando resistencias en estos países, principalmente, por cuenta de la Huelga General en España (1).

Volviendo a la periferia del Mundo. El mandatario de Bolivia, Evo Morales, anuló el contrato de 415 millones que tenía con OAS, empresa brasileña constructora de la carretera que cortaría a la Amazonía boliviana. El proyecto sería 80% financiado por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES). Ahora, se suman dos rupturas bolivianas con empresas brasileiras, a otra fue de 95 millones con Petra, en 2011. En verdad, no podemos decir que fue Evo Morales quien anuló el contrato. Sino que fue, el pueblo boliviano, por medio de las movilizaciones indígenas, quien lo hizo. Aquí el conflicto económico se vuelve conflicto social. Estas imágenes nos proporcionan las consecuencias geopolíticas de la crisis.
La primera imagen del encuentro entre Obama y Dilma muestra las consecuencias de la burbuja de los emergentes, creada por el enfriamiento de la crisis. Los Estados Unidos solo siguen el proceso natural de especulación con estos países: imprimen dólares, aumentando su oferta en el mundo, disminuyendo su precio, principalmente en relación al oro. Al mismo tiempo, estos dólares corren para os países en crecimiento. Por tanto, Brasil acaba teniendo en su quintal, millones de dólares en capitales volátiles. La moneda brasileña gana en valor, inflacionando todo aquí. Una moneda más valorizada es también una mercancía más cara. ¿Entonces? Sufrimos con la lluvia de importación y disminución de exportación de industrializados –para commodities, tenemos nuestro principal socio comercial, la emergente China-.
De nada sirve quejarse de esto, pues Brasil entró en el juego y sabía sus reglas. Lula y Dilma son los primeros en decir que Brasil salvó al capitalismo. Al afirmar que la Copa del Mundo y las Olimpiadas son la referencia para el mundo de los negocios y para la atracción de inversiones extranjeras, lo que la presidenta hace, es apenas reforzar la euforia y las expectativas de los inversores. Las Olimpiadas y la Copa Mundial inflan la Burbuja de los Emergentes, lo que genera la lluvia de más dólares, queriendo comprar reales, lo que valoriza nuestra moneda.
Por otro lado, Brasil tiene el comportamiento típico de un país subimperialista. Quiere competir con el Imperio, al mismo tiempo que sufre con la fuerza de sus alianzas, Estados Unidos y Canadá. Aun si Brasil ganara algo, para la Izquierda esto no vale de nada. Pues,  el Brasil de Dilma es el mismo que explota a los bolivianos.
La lucha de los indígenas bolivianos es contra el neodesarrollismo brasileño, contra los emergentes. Pues, para salvar al capitalismo mundial, y generar rentas para los dólares del Imperio, los capitalistas brasileiros, con apoyo de un Banco Estatal, invaden la Amazonía boliviana y destruyen su naturaleza. ¿Donde queda a Izquierda Latinoamericana que apoya al Lulismo, como referencia en el mundo? Queda arrodillada ante el Imperialismo de la Burguesía Brasileira.
La crisis, no solo exporta conflictos de países que intentan retomar la valorización del capital, por medio de proyectos faraónicos (anti-sociales y anti-naturaleza), como se generaliza en las periferias sociales. Aquí, los trabajadores europeos, antes atesorados, por la explotación de las periferias, ahora deberán también ser superexplotados, para que el capital financiero vuelva a producir excedentes y retomar el camino virtuoso del desarrollo y del crecimiento ¿de qué? Del dinero para unos pocos y de la miseria para todos.
El sentimiento de la competición internacional de mercancías crea conflictos entre países capitalistas, entre burguesías. No hay manera de tener lado aquí, pues son intereses de ganar mercado y lucro para sus empresas y no para resolver la injusticia de sus países. En este mismo ínterin, más peleas económicas a nivel mundial serán producidas. Aquí tenemos que observar cada paso de esta geopolítica mundial. Sin embargo, debemos tener claro: solo tenemos un lado, el del pueblo explotado, de los trabajadores españoles, italianos y de los indígenas bolivianos. No podemos sambar, la samba podrida de los dueños del poder.

Referencias  y notas
(1) Revise el texto de Héctor Rivera: La Contra Reforma Laboral en España, http://antesdatempestade.wordpress.com/2012/04/04/la-contrarreforma-laboral-en-espana/
(2) El error de muchos analistas latinoamericanos es fetichizar a los grandes personajes, robando al pueblo su protagonismo como sujeto de lucha.

Traducción de Erick Barrera

Costa Rica-Nicaragua: un encono digno de mejores causas

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sábado 24 de septiembre de 2011

Hoy, en el territorio llamado a ser ombligo del mundo, dos pueblos hermanos se enfrentan y llaman “enemigos” a razón de una pequeña isla que, antes de los acontecimientos aquí relatados, ninguno de los dos sabían que existía.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

rafaelcuevasmolina@hotmail.com

(Fotografía: Laura Chinchilla y Daniel Ortega, presidentes de Costa Rica y Nicaragua, respectivamente).

El viernes 16 de septiembre, un día después del aniversario de la independencia de Centroamérica, el flamante canciller costarricense Enrique Castillo declaró a uno de los diarios de mayor circulación nacional en el país, La Nación, que Nicaragua continuaba siendo un “enemigo”.

Pocas veces hemos escuchado en América Latina que entre países hermanos, más aún, limítrofes, se haga este tipo de declaraciones. Llamar “enemigo” al vecino es muy fuerte, y pareciera estar reñido con la tradición costarricense no solo pacífica sino, además, mesurada en asuntos internacionales.

La declaración vino al caso a propósito de la disputa que ambos países mantienen en torno a una pequeñísima isla en la desembocadura del limítrofe río San Juan. Costa Rica acusa a su vecino de haberla ocupado, y Nicaragua lo niega tajantemente aduciendo que es a ella a quien pertenece. Han salido a relucir tratados históricos y mapas que cada uno considera que avalan su posición y el caso ha llegado a la Corte de La Haya. Ésta, lenta y parsimoniosa como buena señora burócrata internacional, augura varios años de deliberación pero, mientras tanto, ha ordenado que ninguna de las dos partes se aproxime al territorio en disputa.

El estratégico río San Juan ha sido objeto de disputas desde el siglo XIX. A través suyo sería posible construir un canal interoceánico similar al de Panamá, y esto lo vuelve objeto de deseo de las grandes potencias, ya sea para construir el canal de marras o para evitar que otro lo construya.

Ya en tiempos tan lejanos como los del reinado de Felipe II, el arquitecto italiano Juan Bautista Antonelli fue comisionado para explorar las posibilidades del paso interoceánico. Muchos años más tarde, los voraces Estados Unidos estuvieron a punto de construir el canal, que después fue el de Panamá, en ese lugar, pero se arrepintieron a última hora dada la alta sismicidad de la zona.

El sur del río San Juan se convirtió, en tiempos de revoluciones y contrarrevoluciones en la Centroamérica de los años ochenta, en retaguardia de guerrilleros sandinistas o contras, según cuáles fueran los tiempos, y los costarricenses brindaron su territorio abiertamente o a escondidas apoyando a unos u otros.

Ahora, además del potencial que tiene el río como zona de tránsito entre los dos océanos más grandes de la Tierra, parece haber gas y petróleo en las llanuras del norte de Costa Rica y el sur de Nicaragua. Una compañía norteamericana, la Mallon Oil Company, ha aparecido reclamando derechos de exploración y, eventualmente, de explotación en tierras costarricenses.

Para terminar de enredar la madeja, los nicaragüenses anuncian que a lo mejor construyen una represa sobre el río pero, al mismo tiempo, invierten dinero dragándolo como para asegurar la navegación por sus aguas.

Agreguemos un elemento más al ya complicado panorama: los ticos acusan a los nicas de usar políticamente el diferendo para exacerbar los ánimos nacionalistas y así aglutinar a la población en torno a Daniel Ortega, que va a elecciones en octubre; mientras los nicas, por su parte, consideran también que el gobierno de la señora Laura Chinchilla hace lo propio en su país.

Todo este enredadísimo panorama se ha visto salpicado por comentarios misóginos en Managua y extrañamente guerreristas en San José. En la prensa nicaragüense no han faltado las descalificaciones machistas de la presidente Chinchilla, pero esta no se queda atrás y trata de “cobarde” a Ortega y su gobierno. Es un torneo de dimes y diretes ofensivos de las dos partes.

El Tribunal de La Haya, mientras tanto, se toma su tiempo. En la tranquila ciudad europea los jueces internacionales no sienten apremio por resolver pero, si no lo hacen pronto, a como van las cosas, seguirán apareciéndole aristas a la disputa.

Esto no favorece a nadie. Los centroamericanos son países pequeños, pobres, situados en un área geoestratégicamente vital para los Estados Unidos. Simón Bolívar le auguró, en su célebre Carta de Jamaica, el papel de centro del mundo y, por ello, pensó en Panamá para realizar el congreso en el que tantas esperanzas puso para acercar a los pueblos de aquella que él llamaba la América Meridional.

Hoy, en el territorio llamado a ser ombligo del mundo, dos pueblos hermanos se enfrentan y llaman “enemigos” a razón de una pequeña isla que, antes de los acontecimientos relatados, ninguno de los dos sabían que existía.

China será segundo socio comercial de América Latina en 2015

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jueves 14 de julio de 2011

 

XINHUA

China desplazará en 2015 a la Unión Europea como segundo socio comercial de América Latina y el Caribe, aseguró Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica de Naciones Unidas para la región (CEPAL).

Agregó que los países emergentes se despegan de los países desarrollados, y que el gigante asiático superará a Europa en el comercio con la región, para situarse detrás de Estados Unidos.
Respondiendo a una pregunta durante la presentación del “Estudio Económico 2010-2011”, Bárcena recordó la reciente visita de Xi Jinping, vicepresidente de China, a la sede del organismo en Santiago, como una contribución al fortalecimiento de los lazos bilaterales.
Xi pronunció un discurso dirigido a la región, en el que destacó que su país y América Latina y el Caribe deben ser socios económicos basados “en una cooperación de beneficio mutuo y ganancia compartida”.
En esa ocasión, la CEPAL lanzó el documento “La República Popular China y América Latina y el Caribe: Hacia una nueva fase en el vínculo económico y comercial”.
Al explicar el contenido del documento presentado hoy, Osvaldo Rosales, director de Comercio Internacional e Integración, dijo que lo que se busca “es que la región tenga una política activa, tanto a nivel de comercio, como de inversión”.
Indicó que en cuanto a la inversión directa en la región, “hubo un salto importante en 2010 y no sólo en recursos naturales, sino también en algunos ámbitos de la industria. Está por ver si esa tendencia es permanente o es una inversión por una vez”, acotó.
A su juicio, “las grandes reservas internacionales que acumula China y el reducido retorno que genera la tasa de interés y los papeles del Tesoro de Estados Unidos, hace que podríamos esperar más inversiones chinas en nuestra región”.
Rosales reconoció que hoy la relación comercial se da “en términos que exportamos materias primas e importamos manufacturas de China, pero ciertamente uno no puede criticar a China porque esté importando nuestros productos”.
Sostuvo que “el tema es qué vamos a hacer nosotros con los productos para crear, a partir de ellos, cadenas de valor y agregar innovación tecnológica, que permitan diversificar el grado de valor y agregar conocimiento”.
Explicó que si la región no crea redes de nuevas tecnologías o masa crítica de recursos humanos, recursos público-privados invertidos en sectores tecnológicamente activos, “va a ser bastante obvio que la inversión china va a seguir dirigida a los recursos naturales”.
Opinó que “con una mayor presencia en materia de inversión extranjera china, va a ser más fácil cambiar para un patrón más equilibrado en términos de los bienes que produce y exportamos a China, a fin de contar con un mayor conocimiento y valor agregado interno”.
“De ahí que levantamos esos puntos en el documento, dada la necesidad de construir una agenda regional para establecer un mejor vínculo con China y el Asia Pacífico”, precisó.
Por su parte, Osvaldo Kacef, director de la División de Desarrollo Económico, resaltó que “el comercio China-América Latina ya está llegando a alcanzar los niveles de Europa”.
Expresó que “dada la situación de incertidumbre económica en Europa, China se va convertir de manera clara en el segundo socio comercial de la región en su conjunto”, aclarando que “no ocurre lo mismo con las inversiones directas de China”.
Kacef consideró que la presencia china con inversiones directas en América Latina y el Caribe “es un camino por recorrer de la mano del fortalecimiento del comercio bilateral”.
“El desafío para nuestra región es replanear en alguna medida el tipo de relación que tenemos con China, para que no sea una relación desigual en el sentido de que nosotros sólo exportamos materias primas e importamos productos manufacturados”, resumió.

En el estudio presentado por la CEPAL pronostica que la región crecerá 4,7 por ciento en 2011 y 4,1 por ciento en 2012, en medio de grandes desafíos que afrontan los gobiernos