Las izquierdas en Latinoamérica: Necesidad de repensarlas

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martes, 19 de junio de 2012

Marcelo Coussi (especial para ARGENPRESS.info)

La región latinoamericana tiene características bastante peculiares en tanto bloque. Si bien hay diferencias, marcadas incluso, entre algunas zonas -el Cono Sur con Argentina, Chile y Uruguay es muy distinto a Centroamérica, por ejemplo; o sus países más industrializados, Brasil y México, difieren grandemente de las islas caribeñas-, en su composición hay más elementos estructurales en común que dispares.

Los rasgos comunes que unifican a toda la región son, al menos, dos: a) todos los países que la componen nacieron como Estado-nación modernos luego de tres siglos de dominación colonial europea; y b) todos se construyeron intengrando a los pueblos originarios en forma forzosa a esos nuevos Estados por parte de las elites criollas. Estas características marcan a fuego la historia y la dinámica actual del área.
En un sentido, toda la historia de Latinoamérica en sus ya más de cinco siglos como unidad político-social y cultural, es una historia de violencia, de profundas injusticias, de reacción y luchas populares. De las rebeliones indígenas a la actual propuesta del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) como proyecto de integración no salvajemente capitalista, las fuerzas progresistas han jugado siempre un importante papel. Las izquierdas políticas en sentido moderno (con un talante socialista podríamos decir, marxistas incluso) han estado siempre presentes en los movimientos del pasado siglo. De hecho, con diferencias en sus planteamientos pero con un mismo norte, en casi todas las sociedades latinoamericanas se dieron procesos populares de construcción de alternativas socialistas, o nacionalistas antiimperialistas, en búsqueda de mayores niveles de justicia. En algunas llegando a ocupar aparatos de Estado, con experiencias disímiles, pero siempre con un talante popular: Chile con el procso de Salvador Allende a la cabeza, Cuba y Nicaragua con sus revoluciones vía armada, Bolivia con un proceso particular de nacionalización y reforma agraria; Guatemala con una perspectiva similar de corte antiimperialista; Venezuela, Bolivia o Ecuador en la actualidad, con proyectos nacionales con matices de izquierda; en otras experiencias, peleando desde el llano: movimientos sindicales, reivindicaciones campesinas, insurgencias armadas.
Sin ánimo de hacer un balance de esta historia, lo que vemos entrado ya el siglo XXI es que la izquierda no está en franco ascenso, pero tampoco ha muerto como el omnímodo discurso neoliberal actual pretende presentar. Es más: luego de la furiosa y sangrienta represión de los proyectos progresistas de las décadas de los 70/80 y de la instauración de antipopulares políticas privatistas en los 90 del siglo pasado, después del derrumbe del campo socialista y un período donde las luchas por mayores cuotas de justicia parecían totalmente dormidas, en estos últimos años asistimos a un renacer de la reacción popular.
¿Estamos entonces realmente ante un resurgir de las izquierdas, de nuevos, viables y robustos proyectos de cambio social?
Hoy día suele hacerse la diferencia entre izquierdas políticas e izquierdas sociales. Hay, sin dudas, un cierto retraso de las primeras en relación a las segundas. Para decirlo de otro modo: los planteos políticos de fuerzas partidarias a veces han quedado cortos en relación a la dinámica que van adquiriendo movimientos sociales. Muchas veces las reacciones, protestas, o simplemente la modalidad que, en forma espontánea, han tomado las mayorías, no siempre se ven correspondidas por proyectos políticos articulados provenientes de las agrupaciones de izquierda. Con variaciones, con tiempos distintos, pero sin dudas como efecto generalizado apreciable en toda Latinoamérica, hay un desfase entre masas y vanguardias. Lo cierto es que desde hace algunos años la reacción de distintos movimientos sociales ha abierto frentes contra el neoliberalismo rampante que se extiende sin límites por toda la región.
Toda esta izquierda social ha tenido impactos diversos, con agendas igualmente diversas, o a veces sin agenda específica: frenar privatizaciones de empresas públicas, organización y movilización de campesinos sin tierra o de habitantes de asentamientos urbanos precarios, derrocamiento de presidentes como en Argentina, en Bolivia o en Ecuador, oposición a políticas dañinas a los intereses populares. Por ejemplo, la suma de todas estas movilizaciones impidió la entrada en vigencia del Area de Libre Comercio para las Américas -ALCA- tal como lo tenía previsto Washington para enero del 2005, o frenó la instalación de empresas multinacionales extractivas (mineras o petroleras) en más de una ocasión. Eso, por cierto, no es la revolución socialista, pero constituye momentos importantes de una larga lucha de resistencia popular.
El abanico de protestas es amplio, y a veces, por tan amplio, difícil de vertebrar. Los piqueteros en Argentina o los movimientos campesinos con un fuerte componente étnico en Bolivia, Ecuador, Perú o Guatemala, el zapatismo en el Sur de México o la movilización de los sem terra en Brasil, son formas de reacción a un sistema injusto que, aunque haya proclamado que “la historia terminó”, sigue sin dar respuesta efectiva a las grandes masas postergadas. ¿Hay un hilo conductor, algún elemento común entre todas estas expresiones?
Hoy por hoy, diversas expresiones de la izquierda política, o al menos, expresiones que caen bajo el excesivamente amplio y difuso paraguas del denominado “progresismo” -la izquierda que en estos momentos es posible: moderada y de saco y corbata- tienen en sus manos el aparato del Estado en varios países: Brasil, El Salvador, Uruguay, Argentina. Habrá quien ni siquiera esté de acuerdo con considerar a estos gobiernos como expresiones de la izquierda. Tal vez no se equivoque quien así lo vea, pero para la derecha (nacionales, o para el discurso hegemónico de Washington, ese difuso abanico no deja de tener valor de “desafío”. Con esos proyectos populares, con cierta preocupación social (más, al menos, que los gobiernos neoliberales abiertos), las posibilidades de transformaciones profundas, tal como están las cosas y dada la coyuntura con que arribaron a las administraciones estatales, son limitadas, o quizá imposibles. Más aún: son “izquierdas” que, en todo caso, pueden administrar con un rostro más humano situaciones de empobrecimiento y endeudamiento sin salida en el corto tiempo. En modo alguno podría decirse que son “traidores”, “vendidos al capitalismo”, “tibios gatopardistas”. La izquierda constitucional hace lo que puede; y hoy, en los marcos de la post Guerra Fría, con el triunfo de la gran empresa y el unipolarismo vigente -más aún en la región latinoamericana, botín histórico del imperio estadounidense, cada vez más inundada de bases militares lideradas desde el Norte- es poco lo que tiene por delante: si deja de pagar la ominosa deuda externa, si piensa en plataformas de expropiaciones y poder popular y si se atreve a armar a sus pueblos, sus días están contados. Es más: ni siquiera es necesario pensar en tales extremos de radicalización: coquetear con propuestas con sabor a popular ya puede ser motivo de reacción, y en algunos países pequeños, como Honduras, Haití, Guatemala, puede llevar a golpes de Estado, disfrazados hoy por hoy, pero golpes al fin (Manuel Zelaya en Honduras o Jean-Bertrand Aristide en Haití fueron movidos de sus presidencias, y casi se logra lo mismo en un momento determinado con Álvaro Colom en Guatemala).
¿Es mejor, entonces, desechar de una vez la lucha en los espacios de las democracias constitucionales? Es un espacio más, uno de tantos; pero no más que eso, y deberíamos ser muy precavidos respecto a los resultados finales de esas luchas. La experiencia ya ha demostrado con innegable contundencia que cambiar el sistema desde dentro es imposible (los casos de Venezuela, Bolivia o Ecuador son una pregunta abierta al respecto: ¿hasta dónde pueden llegar sus transformaciones reales en tanto se mueven en la lógica delas democracias representativas clásicas?) Los movimientos insurgentes que, desmovilizados, pasaron a la arena partidista, no han logrado grandes transformaciones de base en las estructuras de poder contra las que luchaban con las armas en la mano (piénsese en las guerrillas salvadoreñas o guatemaltecas, por ejemplo, o el M-19 en Colombia). Todo lo cual no debe llevar a desechar de una vez el ámbito de la democracia representativa; debe abrir, en todo caso, la pregunta en torno a los caminos efectivos de las izquierdas. Algo así como la pregunta que se hacía Lenin hace más de un siglo en Rusia zarista: ¿qué hacer?
Las izquierdas que hacen gobierno desde otra perspectiva (Cuba, o Venezuela con su Revolución Bolivariana, una izquierda bastante sui generis po cierto, o procesos como los de Bolivia o Ecuador, interesantes semillas de fermento popular sin dudas) son el blanco de ataque del gran capital privado, expresado fundamentalmente en la actitud belicosa y prepotente de la administración de Washington.
Lo que está claro es que en esta post Guerra Fría, con el papel hegemónico unipolar que ha ido cobrando Estados Unidos y su plan de profundización de poderío global, Latinoamérica es ratificada en su papel de reserva estratégica (léase: patio trasero). Ante la desaceleración de su empuje económico (el imperio no está muriéndose, pero comienza a ver amenazado su lugar de intocable a partir de nuevos actores como China o la Unión Europea), el área latinoamericana es una vez más un reaseguro para la potencia del Norte, apareciendo ahora como obligado mercado integrado donde generar negocios, proveer mano de obra barata y asegurar recursos naturales a buen precio, por supuesto bajo la absoluta supremacía y para conveniencia de Washington. De esa lógica se deriva la nueva estrategia de recolonización dada a través de la firma de los diversos Tratados de Libre Comercio -que, por supuesto, de “libres” no tienen nada-, acompañada por la ultra militarización de la zona, con una cantidad de bases como nunca había tenido durante el siglo XX.
La situación actual puede abrir la interrogante sobre cómo enfrentarse a ese poder hegemónico: ¿unirse como bloque regional quizá? Como dijera Angel Guerra Cabrera: “La victoria no concluye hasta conseguir la integración económica y política de América Latina y el Caribe. Y es que la concreción en los hechos del ideal bolivariano -como lo vienen haciendo Venezuela y Cuba en sus relaciones- es lo único que puede evitar la anexión de nuestra región por Estados Unidos y propiciar que se desenvuelva con independencia y dignidad plena en el ámbito internacional. Lograrlo exige la definición de un programa mínimo que agrupe en cada país a las diferentes luchas sociales en un gran movimiento nacional capaz de impulsar transformaciones antiimperialistas y socialistas”. Seguramente ahí hay una agenda que las fuerzas progresistas no pueden descuidar: una integración real y basada en intereses populares, una posición clara contra mecanismos de ataque a la integridad latinoamericana como el Plan Patriota (ex Plan Colombia) o el Plan Mérida (para México y Centroamérica) y los nuevos demonios que circulan y pueden permitir el desembarco de más tropas: la lucha contra el narcotráfico y contra el terrorismo internacional, coartada perfecta para la geoestrategia del gobierno de Estados Unidos.
Esto nos lleva, entonces, a la reconsideración de las nuevas izquierdas en Latinoamérica, tarea impostergable y vital. La izquierda necesita hacerse un replanteamiento en tanto expresión de un pensamiento alternativo al capitalismo, a la lógica del libre mercado, a la sociedad de clases -crítica que no significa el desechar los ideales de cambio luego del derrumbe del socialismo europeo sino su profundización a partir de las lecciones aprendidas-. Preguntas, en definitiva, que podrán servir para reenfocar las luchas.
Si esa reformulación se hace genuinamente, deberá preguntarse qué es lo que está en juego en una revolución: ¿se trata de mejores condiciones de vida para la población, como se está dando en estos momentos en Venezuela con un reparto más equitativo de la renta petrolera, o hay que profundizar el poder popular y la construcción de una nueva ética? (en el país caribeño, por ejemplo, sigue siendo dominante la idea de los certámenes de belleza femenina, y el gobierno central destina 300 millones de dólares para apoyar a “su” piloto de Fórmula 1. ¿Eso es el socialismo del siglo XXI?) De tal forma, abriendo esos debates, deberá atreverse a buscar a tiempo los antídotos del caso contra los errores que nos enseña la historia; preguntarse qué, cómo y en qué manera puede cambiar lo que se intenta cambiar; hacer efectiva la máxima de “la imaginación al poder” del mítico Mayo Francés de 1968, hoy ya tan lejano y olvidado, como una garantía, quizá la única, de poder lograr cambios sostenibles.
En esa reconceptualización, sabiendo que nos referimos a Latinoamérica, es necesario retomar agendas olvidadas, o poco valorizadas por la izquierda tradicional. Heredera de una tradición intelectual europea (ahí surgió lo que entendemos por izquierda), los movimientos contestatarios del siglo XX ocurridos en Latinoamérica no terminaron de adecuarse enteramente a la realidad regional. La idea marxista misma de proletariado urbano y desarrollo ligado al triunfo de la industria moderna en cierta forma obnubiló la lectura de la peculiar situación de nuestras tierras. Cuando décadas atrás José Mariátegui, en Perú, o Carlos Guzmán Böckler, en Guatemala, traían la cuestión indígena como un elemento de vital importancia en las dinámicas latinoamericanas, no fueron exactamente comprendidos. Sin caer en infantilismos y visiones románticas de “los pobres pueblos indios” (“Al racismo de los que desprecian al indio porque creen en la superioridad absoluta y permanente de la raza blanca, sería insensato y peligroso oponer el racismo de los que superestiman al indio, con fe mesiánica en su misión como raza en el renacimiento americano”, nos alertaba Mariátegui en 1929), hoy día la izquierda debe revisar sus presupuestos en relación a estos temas.
De hecho, entrado el tercer milenio, vemos que las reivindicaciones indígenas no son “rémoras de un atrasado pasado semifeudal y colonial” sino un factor de la más grande importancia en la lucha que actualmente libran grandes masas latinoamericanas (Bolivia, Perú, Ecuador, México, Guatemala). Sin olvidar que Latinoamérica es una suma de problemas donde el tema del campesinado indígena es un elemento entre otros, pero sin dudas de gran importancia, la actitud de autocrítica es lo que puede iluminar una nueva izquierda.
Pensar que las izquierdas están renaciendo con fuerza imparable, además de erróneo, puede ser irresponsable. Si el “progresimo” actual puede llevar a plantear un “capitalismo serio”, eso no es más que un camino muerto, o sumamente peligro incluso para las grandes mayorías populares. Pero creer que todo está perdido, es más irresponsable aún. En ese sentido, entonces, la utopía de un mundo nuevo no ha muerto porque ni siquiera ha terminado de nacer.
Bibliografía:
• Betto, Frei. “Desafíos a la nueva izquierda”. Rebelión, 02-02-2005 http://www.rebelion.org
• Borón, Atilio. “La izquierda latinoamericana a comienzos del siglo XXI: nuevas realidades y urgentes desafíos”. Rebelión, 11-08-2004 http://www.rebelion.org
• ——– “Actualidad del ‘¿Qué hacer?'”. Rebelión, 27-12-2004 http://www.rebelion.org
• Caballero, Manuel. “La Internacional Comunista y la revolución latinoamericana”. Editorial Nueva Sociedad. Caracas, 1988.
• Diercksens, Wim. “Los límites de un capitalismo sin ciudadanía”. Editorial Universidad de Costa Rica. San José, 1997.
• Dussel, Enrique. “Praxis latinoamericana y filosofía de la liberación”. Editorial Nueva América. Bogotá, 1994.
• Figueroa Ibarra, Carlos. “Notas para una reflexión sobre la izquierda guatemalteca”. Ponencia presentada en el Encuentro Nacional por la Paz y la Democracia. Quetzaltenango, Guatemala, octubre de 2004.
• Galeano, Eduardo. “Las venas abiertas de América Latina”. Siglo Veintiuno Editores. México, 1973.
• Guzmán Böckler, Carlos. “Donde enmudecen las conciencias. Crepúsculo y aurora en Guatemala”. GSPI. Guatemala, 1991.
• Katz, Claudio. “El porvenir del socialismo”. Monte Ávila Editores. Caracas, 2006.
• Mariátegui, José. “Siete Ensayos sobre la realidad peruana”. Fundación Biblioteca Ayacucho. Caracas, 2007.
• Rodríguez Elizondo, José. “La crisis de las izquierdas en América Latina”. Editorial Nueva Sociedad. Caracas, 1990.
• Sánchez Vásquez, Adolfo. “Entre la realidad y la utopía. Ensayo sobre política, moral y socialismo”. UNAM / FCE. México, 1999.
• Varios autores. “Fin del capitalismo global. El nuevo proyecto histórico”. Editorial Txalaparta. México, 1999.

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El pinochetismo, versión chilena del neo-nazismo

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martes, 12 de junio de 2012

Ernesto Carmona (especial para ARGENPRESS.info)

Con el pretexto de auspiciar la “libertad de expresión” el gobierno de Piñera permitió la realización de un homenaje al dictador Pinochet en el centro de Santiago que provocó destrucción y caos en una parte céntrica de la ciudad habitada por clase media trabajadora. La apología del terrorismo de Estado que imperó por 17 años (1973-1990) provocó la esperada reacción de los ciudadanos que consideraron irritante el homenaje organizado por militares en retiro y otro que está preso.

El gobierno de Piñera, que no honra “la libertad de expresión” cuando suele prohibir algunas marchas de estudiantes, autorizó el bochornoso homenaje y, en cierto modo, protegió a los asistentes, quienes niegan de manera enfermiza la existencia real de los peores crímenes contra los derechos humanos y delitos de lesa humanidad cometidos en la historia de Chile. Al final del acto incluso la policía ayudó a los pinochetistas a subir sin pagar pasaje a los autobuses que los sacaron del lugar.
En su muestra de “pluralismo”, el gobierno autorizó la contra-manifestación a escasas dos cuadras del teatro Caupolicán, donde los pinochetistas estrenaron un documental anticomunista titulado “Pinochet”, dirigido por Ignacio Zegers, con entradas a 10 y 30 dólares. El cinematografista Miguel Littin denunció ante la Policía de Investigaciones (PDI) que los realizadores del filme usaron imágenes robadas de su película “Compañero Presidente”, de 1971, que refleja conversaciones entre Salvador Allende y el escritor francés Régis Debray.
Littin quiso impedir que exhibieran el documental con sus imágenes sustraídas “para tergiversar el pensamiento y la imagen del presidente Allende”, cuyos derechos le pertenecen. La PDI tomó nota, pero respondió que no podía actuar mientras no se concretara el delito, es decir, la exhibición pública del filme. En definitiva, la policía civil apoyó el homenaje por omisión, pues las imágenes de Littin se exhibieron profusamente en noticiarios de televisión abierta y por cable en los días previos.
Pocos se enteraron que también asistieron tres “delegados extranjeros”, de la internacional del fascismo contemporáneo: los españoles Miguel Méndez, nieto de Blas Piñar, ministro del dictador Francisco Franco (1939-1975), y Jaime Alonso, uno de los abogados querellantes contra el juez Baltasar Garzón -quien logró la detención de Pinochet en Londres en 1998-; y el cubano-estadounidense Yasser Torres, que se presenta como “presidente de la juventud cubana en el exilio”. Otros anunciado no comparecieron: Carlos Jiménez, alcalde del condado Miami-Dade; Anitere Flores, presidente del senado Estatal de La Florida; Tomas Regalado, alcalde de Miami; Marco Rubio, senador federal; y Mario Díaz Balart, congresista federal.
El gobierno se preocupó de la protección y resguardo de los asistentes al homenaje a Pinochet con unos 500 carabineros, casi uno por asistente. Los gastos operacionales, de transporte, combustible, horas extras, gases, alimentación, bombas, bastones, balas de goma, etc., corrieron por quienes pagan sus impuestos. Otro grueso contingente policial fue destinado a reprimir la contra manifestación.
El Teatro Caupolicán no está en el sector de la ciudad donde viven los más ricos y se encuentran “las bases sociales” del pinochetismo. Tampoco se requería un adivino para prever que la provocación pinochetista y la contra manifestación terminarían en combates y desórdenes que duraron hasta la noche, con enormes perdidas y destrucción de bienes públicos y privados, más la zozobra de vecinos y comerciantes de esa parte de la ciudad que no pudieron descansar en domingo. El alcalde de Santiago Pablo Zalaquett, ex pinochetista y de extrema derecha, del partido Unión Demócrata Independiente (UDI), se mostró contrario a autorizar el homenaje, facultad que no es municipal sino del gobierno y se ejerce a través de la Intendencia de la Región Metropolitana.
Decadencia del pinochetismo
Horas antes del homenaje a Pinochet, el ministro vocero Andrés Chadwick, de la UDI, sorprendió al conseguirse la TV pública para declarar arrepentimiento por haber apoyado a Pinochet. Dijo: “en la perspectiva del tiempo, de la madurez política que uno va aprendiendo y de los conocimientos que uno va adquiriendo, hay una situación que sí me arrepiento, que es la violación brutal a los derechos humanos que se efectuó en el gobierno militar y de eso tengo un profundo arrepentimiento de haber sido parte de un gobierno, haber sido partidario de un gobierno donde esos hechos sucedían”. Respecto al homenaje, Chadwick dijo “yo creo, en lo personal y mirando las situaciones del pasado, que debiéramos no continuar con homenajes, en relación a los actores del pasado. Eso nos genera divisiones, no creo que sea necesario un homenaje ni a Pinochet ni a situaciones del pasado”.
El lunes Chadwick reiteró sus declaraciones de arrepentimiento y fue secundado por Jaime Lavín, también de la UDI y ministro de Desarrollo Social, que en su juventud fue un recalcitrante pinochetista pero declaró su alejamiento cuando fue candidato presidencial en 2000 y 2006. Todavía no se pronuncia el ministro UDI de Economía, Pablo Longueira, otro pinochetista distinguido, y el sub secretario de Economía, Julio Dittborn, ex vicepresidente de la UDI.
Las señales políticas de Chadwick y Lavín no comprometen a toda la UDI, ni al gobierno en su conjunto, pero dejan en orfandad a los sectores que organizaron el homenaje al dictador, cumpliendo una agenda que pretende facilitar la candidatura presidencial del ultra derechista alcalde de Providencia Cristián Labbé, también de la UDI y ex oficial de ejército adscrito a la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA).
El gesto parece indicar que el guión de la política de la derecha hoy lo escriben civiles que reconocen las violaciones de los derechos humanos de militares como los organizadores abiertos y encubiertos del homenaje, que siguen creyéndose “salvadores de la patria ante el peligro comunista”. Esta claro que los militares siempre actúan en política inducidos por los civiles cuando les falla el juego electoral.
Los miliares fueron convocados a dar el golpe de 1970 por la clase política civil de una derecha representada entonces por el Partido Nacional, fusión de liberales y conservadores, más el entusiasmo golpista del partido Demócrata Cristiano que en aquel tiempo presidía Patricio Aylwin Azócar, que fue presidente en 1990-1994 y acaba de proclamar en el diario español El País su respeto a Pinochet y su desprecio por Salvador Allende. Sin embargo, los dos partidos actuales de la derecha, la UDI, fundada en 1983, y Renovación Nacional (RN), desprendimiento UDI de 1987, nacieron prohijados por la dictadura.
Los uniformados negadores de que en Chile se violaron los derechos humanos hoy son lanzados al vertedero de la historia como basura política por aquellos mismos que en su momento los mandaron a hacer lo que hicieron. Tales gestos de arrepentimiento deben entenderse como mensajes dirigidos a recordar que hoy la batuta política de la derecha la empuñan civiles, no miembros de las fuerzas armadas, retirados o en servicio activo, presos o en libertad, por muy bien que hayan desempeñado el rol que les pidieron cumplir en 1973-1990.
“La traición de Piñera”
En el Teatro Caupolicán se escucharon imprecaciones muy groseras contra Piñera, Chadwick y otros “traidores”, que contrastaron con vivas a la CNI y gritos “Libertad para Corbalán”. Álvaro Corbalán Castilla, un ex oficial de ejército que fue jefe operativo de la Central Nacional de Informaciones (CNI) –que sustituyó a la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), disuelta en 1977–, fue señalado como uno de los mentores del homenaje a Pinochet, pese a que está preso en el penal VIP de Punta Peuco, construido especialmente para violadores de los derechos humanos a 35 kilómetros al norte de Santiago.
La semana pasada Corbalán fue condenado por el magistrado Alejandro Solís a 3 años de presidió por torturas en 1981 contra el actual diputado Sergio Aguiló, pena que debe sumarse a una cadena perpetua y a condenas por diferentes crímenes que suman 51 años. Funcionarios de Gendarmería denunciaron que Corbalán abandona frecuentemente el penal con el pretexto de atenderse en el Hospital Militar, mientras se supone que estaba atareado en preparar el homenaje a Pinochet.
El jueves fue allanada su celda. Se le encontraron artículos informáticos prohibidos y fue castigado con la suspensión de visitas por 20 días, más la suspensión de un acto programado para el sábado pasado a las 10 de la mañana en Punta Peuco, al que asistirían los militares en retiro que actúan como organizadores oficiales del homenaje al dictador y a cuyo término se emitiría una declaración pública llamando a concurrir al Caupolicán. Poderes fácticos ocultos permiten que Corbalán pase largas temporadas en el Hospital Militar sin que padezca ninguna enfermedad grave e incluso con acceso a las calles, como cualquier ciudadano libre.
El presidiario Corbalán tiene arrestos políticos y en 1988 fundó un mini-partido pinochetista de corte neo-nazi llamado Avanzada Nacional que tuvo existencia legal hasta 1990. En el acto del domingo recogieron 200 firmas para tramitar su legalización con la mirada puesta en los más de 400.000 votos que dice poseer la “familia militar”, que se siente traicionada y abandonada por Piñera, porque no cumplió su promesa electoral de “un juicio justo” para los militares condenados por violaciones a los derechos humanos.
El pinochetismo es la expresión chilena del neo-nazismo/fascismo contemporáneo. Es la misma ideología totalitaria que inspiró la matanza perpetrada por Anders Behring Breivik, el asesino de 69 jóvenes y adolescentes en Noruega el año pasado y que sustenta el diputado griego Ilias Kasidiaris, que en estos días agredió a dos parlamentarias en un debate por TV. Estas ideologías debieran estar prohibidas constitucionalmente en los países civilizados, como lo ha hecho la democracia de Alemania, que prohíbe la ideología nazi y su expresión en organizaciones.
La Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación (Informe Rettig, 1990) comprobó que el terrorismo de Estado de la dictadura de Pinochet (1973-1990) eliminó a 3.200 ciudadanos, incluidos 1.192 que aún figuran como “detenidos desaparecidos”, mientras la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura (Comisión Valech) reconoció en 2011 un total de 40.018 víctimas de tortura o que sufrieron prisión por causas políticas.
Un informe del Laboratorio de Derechos Humanos de la Universidad Diego Portales señaló que al 31 de mayo de 2012 existían sólo 76 uniformados condenados por crímenes de la dictadura de Pinochet y 67 están en prisión. No están presos 6 que fueron beneficiados con condenas fuera de la prisión o libertad condicional, en tanto 3 restantes fallecieron. El condenado preso más prominente es el general de ejército retirado Manuel Contreras Sepúlveda, jefe y fundador de la DINA, responsable mayor de desapariciones y asesinatos de presos políticos, condenado a 239 años de prisión en fallos confirmados por la Corte Suprema. Los años aumentan a medida que terminan juicios aún en trámite.
El neo-nazismo militarizado se hizo del poder por la fuerza en 1973, en un momento de crisis para “los dueños de Chile” por las reformas sociales, económicas y políticas de Salvador Allende. Por lo demás, estas reformas no contaron con el apoyo real de la Unión Soviética, que negó la ayuda solicitada personalmente por Allende para contrarrestar la crisis de abastecimiento provocada por la misma derecha para desestabilizar al gobierno. Así que el “peligro” del “ingreso de Chile a la órbita soviética” y “la salvación del comunismo son afiebrada fantasías” diseñadas por la CIA y servicios de inteligencia para justificar el golpe militar ante gente muy incauta o reaccionarios de tomo y lomo como los que se reunieron el domingo.
En los últimos 80 años la derecha químicamente pura sólo ha ganado las elecciones presidenciales de 1932, 1958 y 2010. En 200 años, el país ha tenido 3 constituciones, la de 1833, 1925 y 1980, dictada [literalmente] por Pinochet, todavía vigente y legitimada por sucesivas reformas. Llegó la hora de eliminar el sistema binominal de elecciones que configura dos ganadores seguros por distrito y convocar democráticamente a una asamblea constituyente para diseñar la nueva Constitución que hoy necesita el Chile real de hoy. Los modelos políticos pinochetista y post-pinochetista están agotados tras 40 años de manoseo y mañoseo.
Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno.

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Creciente condena en Chile a tributo a Pinochet

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miércoles, 6 de junio de 2012

PL

Una treintena de alcaldes y concejales se sumaron en las últimas horas al creciente espectro de sectores en Chile que repudia la realización de un homenaje a Augusto Pinochet, organizado por exmilitares.

Las autoridades locales pidieron a la administración de Sebastián Piñera que tome las medidas necesarias para impedir la realización del acto, programado para el próximo 10 de junio en el teatro Caupolicán de Santiago.
El criticado homenaje está convocado por la Corporación 11 de Septiembre, que lleva su nombre en alusión al golpe de Estado que encabezó Augusto Pinochet (1973-1990) con el apoyo del gobierno de Estados Unidos.
Han participado directamente en su organización además exuniformados, miembros de grupos ultraderechistas y condenados por delitos de lesa humanidad como el exjefe operativo de la policía pinochetista Alvaro Corbalán.
Ya expresaron su rechazo a la iniciativa las agrupaciones de familiares de ejecutados políticos y detenidos desaparecidos, el Instituto Nacional de Derechos Humanos, numerosas organizaciones sociales, parlamentarios y líderes de la oposición.
También manifestó su repudio el Premio Nobel de la Paz (1980), Adolfo Pérez Esquivel, quien calificó el agasajo al exdictador como una aberración.
“El Gobierno debe suspender ese acto porque es un atentado a la democracia. O se han olvidado que asesinaron a un Presidente constitucional elegido por el pueblo, como Salvador Allende, y las muertes, las torturas, las desapariciones de miles de chilenos”, dijo.
Remarcó el pacifista argentino que “hacerle un homenaje a un criminal es querer avalar la tortura, los golpes de Estado y las violaciones a los derechos humanos”.
La posición de La Moneda la dio a conocer ayer el vocero Andrés Chadwick, quien dijo que el gobierno no favorecía el homenaje, pero podía realizarse si se cumplían “las normas vigentes”.
“No favorecemos ni colaboramos ni menos participamos y no somos partidarios de este tipo de homenajes, pero obviamente que en democracia y con nuestra legislación pueden darse, eso es así”, afirmó Chadwick.
“Independientemente de la posición del Presidente Piñera, que es de sobra conocida en la materia, ellos pueden desarrollar su acto en la medida en que lo hagan respetando las normas vigentes”, agregó.

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Repsol despierta la bestia colonialista

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sábado 28 de abril de 2012

Argentina, su presidenta y su pueblo están siendo sometidos a un ataque sin cuartel por autoridades españolas, dirigentes europeos, gobiernos cipayos latinoamericanos, centros de estudio y medios de comunicación social, en los que Repsol posee acciones y controla voluntades.
Marcos Roitman Rosenmann / LA JORNADA
Las medidas nacionalizadoras y recuperación de las riquezas básicas, ejecutadas en América Latina o África o Asia, siempre han sufrido la ira de los centros coloniales y las empresas afectadas. Los ejemplos no faltan a la cita. Lázaro Cárdenas, Jacobo Arbenz, Fidel Castro, Omar Torrijos, Velazco Alvarado, Salvador Allende, Evo Morales, Hugo Chávez, la lista es amplia. Acostumbrados al ordeno y mando, los arrogantes imperios desconocen el concepto de independencia y soberanía. Son reticentes al trato de igualdad. El paternalismo anclado en posiciones de fuerza articula el discurso de la soberbia imperial. Revelarse contra la autoridad paterna y el orden establecido debe merecer un castigo ejemplar. Bloqueos, procesos desestabilizadores, estrangulamiento económico, magnicidios o golpes de Estado. En estos días, la expropiación de una empresa privada, Repsol YPF, cuyos intereses sólo representan a sus accionistas y cuyo objetivo es obtener beneficios a costa de cualquier consideración ética, jurídica, moral y medio ambiental, despierta la ira de los centros de poder hegemónicos, sus instituciones y principales dirigentes políticos.
Argentina, su presidenta y su pueblo están siendo sometidos a un ataque sin cuartel por autoridades españolas, dirigentes europeos, gobiernos cipayos latinoamericanos, centros de estudio y medios de comunicación social, en los que Repsol posee acciones y controla voluntades. Estados Unidos, el FMI, la Unión Europea y lo impensable, la voz del principal sindicato considerado de izquierdas en España, Comisiones Obreras se suma al carro imperialista El comunicado de Comisiones Obreras no tiene desperdicio, se adhiere a las críticas de los partidos políticos y reivindica su desacuerdo y rechazo al gobierno argentino por una … medida que causará graves perjuicios a los accionistas, sobre todo a los pequeños, a los trabajadores y a la economía española…. Un sindicato que dice representar a los trabajadores se alía con una empresa causante de asesinatos, secuestro y desaparición de dirigentes sindicales en Colombia y otros países de la región han perdido la vergüenza. En un excelente informe redactado en 2006, por Pedro Ramiro, y otros, editado como libro: La energía que apaga Colombia. Los impactos de las inversiones de Repsol y Unión Fenosa, sus autores relatan la puesta en práctica de la denominada ‘Operación Heroica’ desarrollada por las fuerzas armadas y los grupos paramilitares, en la región de Arauca, para limpiar la zona y facilitar la instalación de Repsol. En dicha operación se realizaron 2 mil 500 detenciones de personas, acusando a 30 dirigentes de organizaciones ecologistas y medio ambientales de rebelión y terrorismo.
Llevada a cabo entre el 1º de enero y el 14 de noviembre de 2003, su implantación supuso un extraño incremento en el departamento de Arauca de más de 74 por ciento de los homicidios y privaciones de libertad ocurridos contra sindicalistas en toda Colombia. La instalación de Repsol, trajo consigo el desplazamiento y expropiación de tierras comunales de la etnia u’wa, los dueños reales de las tierras. Pero da igual que da lo mismo. Comisiones Obreras apoya a Repsol. Menos sorprendentes son las palabras de José Manuel Soria, ministro de Industria, cuando amenaza: El gobierno de España defenderá los intereses de Repsol y de cualquier otra empresa española que esté operando en el resto del mundo, palabras que tienen eco en Soraya Sáenz de Santamaría a la sazón vicepresidenta del gobierno, quien corrobora a su colega: La obligación de España es defender, con todos los instrumentos a su alcance, los intereses generales de España, sobre todo cuando Repsol les ha financiado electoralmente. Asimismo, el PSOE no ha querido faltar a la bacanal colonialista y paga favores a Repsol, diciendo que: el gobierno español sabe que puede contar con nosotros y confiamos en que finalmente esto se pueda arreglar y dar marcha atrás a una decisión muy perjudicial. El cuadro de ataques se completa con la miserable actuación de los partidos minoritarios y nacionalistas, que tildan la medida de anacrónica. Como síntesis la declaración emitida por Unión Progreso y Democracia, que “…insta al gobierno argentino a mantener una línea de coherencia en la aplicación de la necesaria seguridad jurídica de las empresas inversoras extranjeras que operan en el país…, Upyd quiere advertir sobre una posible extensión de expropiaciones encabezadas por Hugo Chávez en otros gobiernos de América Latina, que pueden poner en peligro los actuales niveles de inversión extranjera, estrangulando las posibilidades de desarrollo económico que hoy por hoy benefician las cuentas de países receptores de dicha inversión…. y exige responsabilidad jurídica para las inversiones de Repsol. “¿Entenderá Upyd por responsabilidad jurídica aquellas que hacen la vista gorda al asesinato de dirigentes sindicales, el traslado forzoso y el etnocidio de comunidades y pueblos originarios, así como la impunidad en la degradación medioambiental donde está presente?
Pareciera ser que Repsol es una empresa modélica, comprometida con la protección del medio ambiente, respetuosa de las comunidades indígenas y líder en la aplicación de tecnologías no contaminantes y un presidente Antonio Brufau, en la indigencia, cuyo sueldo en 2011, superó los 7 millones de euros netos. Motivo por el cual, no tiene empacho en decir que la expropiación sólo es una forma de tapar la crisis social y económica que está enfrentando argentina.
Sin embargo, un informe del Observatorio de las Multinacionales españolas en América Latina (OMAL) apunta lo contrario. Repsol actúa activamente en la pérdida de la diversidad, está presente en 17 parques nacionales en Bolivia, Ecuador y argentina. Sus emisiones directas ascienden a 30 millones de toneladas de CO2 equivalente, ello sin tomar en consideración aquellas producto de la quema de combustibles fósiles que producen más de mil millones de toneladas de CO2 equivalente al año.
Pero en esta campaña desestabilizadora no podemos dejar de mencionar la actuación de los gobiernos cipayos de América latina. Las palabras de Juan Manuel Santos, presidente de Colombia quien, para mostrar su simpatía con Repsol señala que: aquí, por Colombia, no expropiamos… queremos que ustedes sientan que hay reglas estables de juego, aquí no vamos a expropiar; sean bienvenidos ustedes, son nuestros socios. Si a ustedes les va bien, a nosotros nos va bien, y qué decir de Felipe Calderón cuando critica a la presidenta de Argentina y califica la medida de lamentable… y que no le va hacer bien a nadie, o del ministro de economía de Ollanta Humala, Miguel Castilla, adjetivando la nacionalización de política errónea e insana. Sebastián Piñera, presidente de Chile, tampoco pierde comba y muestra su preocupación por tal medida. Todos ellos han olvidado que sus países son lo que son, en gran medida, por la nacionalización del petróleo y del cobre. Por suerte, otro grupo de presidentes y países, la mayoría como Venezuela, Ecuador, Cuba, Paraguay, Bolivia, Brasil o Uruguay han levantado la bandera de la dignidad, apoyando a la República Argentina. Basten las palabras de José Mujica, presidente de Uruguay, quien subrayó que tal medida se fundó en un viejo error, el de privatizar la petrolera estatal en la década de los noventa… y si lo arreglan o no lo arreglan es un problema del pueblo argentino. No hay más caminos o soberanía nacional o claudicación vergonzante.
Publicado por Con Nuestra América

La farsa de la “ayuda humanitaria” norteamericana

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martes 27 de marzo de 2012

Alcira Argumedo (INFOSUR)

La política de Estados Unidos ante los movimientos sociales, ambientalistas y/o políticos que luchan contra el saqueo de nuestros recursos.

La dictadura genocida que toma el poder el 24 de marzo de 1976, constituyó el eslabón final de la estrategia de restauración conservadora promovida por Estados Unidos bajo la inspiración de Henry Kissinger, con el propósito de recomponer su hegemonía en América Latina. El triunfo del mítico Ho Chi Minh sobre el ejército más poderoso del mundo en los primeros años de esa década, significará la pérdida del sudeste asiático para el bloque de poder occidental y su “hipótesis de derrota” contemplaba un repliegue hacia el continente africano y en especial hacia su patio trasero. Por entonces, los gobiernos de Velasco Alvarado en Perú, Omar Torrijos en Panamá, Juan José Torres en Bolivia o Salvador Allende en Chile, se conjugaban con las luchas del pueblo uruguayo y con la evidente debilidad de la dictadura implantada en Argentina desde 1966, ante las movilizaciones populares y el accionar de grupos armados, que potencian la larga resistencia de los trabajadores reclamando el retorno del General Perón. A partir de 1971, los golpes militares se suceden en Bolivia, Uruguay, Perú, Ecuador, Chile y Argentina, articulados en el Plan Cóndor a fin de imponer su primacía mediante el terrorismo de Estado y la utilización de métodos aberrantes e inhumanos de represión.
Estados Unidos ha sufrido nuevas derrotas en Irak y Afganistán, mientras la aspiración de atacar a Irán se encuentra limitada por el acuerdo firmado entre Rusia y China, en el cual ambas potencias declaran que están dispuestas a evitar ese ataque, aún a riesgo de iniciar una guerra. A su vez, el predominio de China sobre las naciones de África al sur del Sahara se ha ido consolidando en los últimos años, gracias a los proyectos acordados durante noviembre de 2006 entre el presidente Hu Jintao y 48 líderes africanos reunidos en Pekín, para la creación de Zonas Económicas Especiales como polos de desarrollo industrial o de extracción de minerales y otros recursos estratégicos. El plan contempla una inversión inicial de 60.000 millones de dólares y la construcción de ferrocarriles, carreteras y vías marítimas, para comunicar a esos países entre sí y con el resto del mundo: de este modo logró neutralizar al FMI en la región y, en más de un caso, los capitales chinos han desplazado o comprado empresas occidentales instaladas allí.
Una mirada sobre el planisferio, indica que la “hipótesis de derrota” ante los fracasos en Irak y Afganistán sólo deja a América Latina como espacio de repliegue, dado el avance de China y el cambio en el equilibrio de poder mundial que se está produciendo. Ante este escenario, cobran especial gravedad las declaraciones formuladas respectivamente por la periodista Stella Calloni y el abogado chaqueño Marcelino Leiva (1) sobre la base de las denuncias de Rolando Núñez del Centro Nelson Mandela, acerca de la instalación en el aeropuerto de Resistencia del Centro Anticatástrofes y Ayuda Humanitaria a cargo del Comando Sur, la IV Flota y la Embajada de Estados Unidos, bajo la responsabilidad del Agregado Militar de ese país, Coronel Edwin Passmore. Este proyecto fue aprobado en 2006 por Aníbal Fernández, en su carácter de Ministro del Interior del Presidente Néstor Kirchner, como parte del Programa de Fortalecimiento del Sistema Provincial de Emergencias, que incluía una oferta de la empresa Forbes Energy, para invertir 100 millones de dólares en la producción de bioetanol a partir de caña de azúcar transgénica, a ser cultivada en 50.000 hectáreas de esa provincia.
Sin considerar el tema de los derechos humanos de los pueblos indígenas, que habitan en los territorios destinados al cultivo -previa devastación de los correspondientes bosques nativos- las tareas previstas por el Coronel Edwin Passmore también dejarían bastante que desear, si se consideran sus antecedentes y los de sus colegas. Según nos informa Marcelino Leiva, el actual comandante de la IV Flota Kurt Tidd, se desempeñó durante 2004-2005 como Comandante de la Fuerza de Tareas 55 para operaciones de terror en la Guerra de Irak y más tarde ocupa un cargo jerárquico en la Dirección de Lucha contra el Terrorismo del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Por su parte, Passmore cumplió tareas humanitarias en Afganistán e Irak y desde 2005 fue agregado militar de la embajada estadounidense en Venezuela, hasta su expulsión en 2008 acusado de actividades de espionaje. Reasignados a la embajada norteamericana en nuestro país junto a otros militares expulsados de Bolivia y Ecuador, en 2009 se dedicó a visitar y donar equipamientos al Hospital de Niños de San Justo y a un centro de cuidados infantiles administrado por Madres contra el Paco, acompañado en ambas ocasiones por el también generoso embajador norteamericano. En febrero de 2011 tuvo activa participación en el incidente del avión Globalmaster III en Ezeiza, que transportó a un contingente de Marines dispuestos a entrenar a miembros de la Policía Federal y se negara a ser revisado por la aduana, en tanto traía “carga sensitiva” secreta.
En estas manos queda la base del aeropuerto de Resistencia: un lugar estratégico para el control de la Triple Frontera y del Acuífero Guaraní, que se articula con la base Mariscal Estigarribia de Paraguay -situada cerca de la frontera con Bolivia y sus reservas de petróleo y gas- además de cubrir el sur de la Amazonia de Brasil, custodiada en el norte por las bases del Plan Colombia y en el oeste por la base de Manta trasladada de Ecuador a Perú. La rápida sanción de la Ley Antiterrorista 26.734 en diciembre de 2011 y el Proyecto X de Inteligencia de Gendarmería Nacional -cuya misión de patrullaje fronterizo ha sido reemplazada por tareas policiales en centros urbanos- estarían indicando un desplazamiento desde la idea de Defensa Nacional hacia una nueva Doctrina de Seguridad Interior, que evoca la existencia de un “enemigo interno” con la consiguiente criminalización de la protesta social: el sensible incremento de los gastos destinados al Ministerio de Seguridad Interior respecto a los de Defensa Nacional en la Ley de Presupuesto 2012, se orienta en el mismo sentido. Aparte del sentimiento humanitario, otro objetivo explicitado por la base norteamericana sería la lucha contra el narcotráfico: una mera “casualidad permanente” es la comprobación que los cultivos de amapola y la producción de heroína destinada al mercado de Europa Occidental, se multiplicaron durante la ocupación norteamericana en Afganistán. La historia enseña que los imperios en decadencia tienden a utilizar las fuerzas militares para retener sus periferias territoriales: los casos de España en Nuestra América o Francia en Indochina y Argelia, son algunos ejemplos. Hoy Estados Unidos afronta una acelerada declinación y este 24 de marzo debe alertarnos acerca de las amenazas que se ciernen sobre Argentina y América Latina. Como señala Leiva:
De acuerdo con estos antecedentes no habrá cooperación sino espionaje contra el pueblo argentino en la medida que movimientos sociales, ambientalistas y/o políticos, se opongan al saqueo de nuestros recursos naturales, como la megaminería, la contaminación sojera, la devastación de nuestros montes, ríos y reservas acuíferas, atentando contra nuestra Seguridad Nacional, contra nuestros recursos naturales y la población del país
Nota:

1.- Pájaro Rojo. pajarosalinas.blogspot.com

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Salvador Allende renace en la protesta chilena

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viernes 9 de septiembre de 2011

 

Vicky Peláez (RIA NOVOSTI)
“El pasado olvidado está lleno de memoria”
Marc Cooper, 2001

Tenían que pasar dos generaciones para que se cicatricen las heridas de terror y muerte causadas al pueblo chileno durante la dictadura del general Augusto Pinochet quien se jactaba de controlar “cada hoja que caía de los árboles” entre 1973 a 1990.

Y por supuesto, tenían que ser los jóvenes, porque sus padres nunca pudieron superar sus traumas sicológicos para hacer renacer los sueños de Salvador Allende, aquel humanista, visionario e idealista, y sobre todo el líder que soñaba con “la vía chilena al socialismo con vino y empanadas”, pero cuya vida fue cegada abruptamente por la barbarie que desató el golpe militar el 11 de Septiembre de 1973.
Ahora, cientos de miles de los hijos y los nietos de los que sufrieron las consecuencias de ese horror, libres del miedo y la apatía, vienen saliendo a las calles diariamente desde hace más de tres meses exigiendo, como declaró la dirigente de la Confederación de Estudiantes Universitarios Camila Vallejo, “el cambio del sistema político y económico para que la redistribución del poder sea más justa, la distribución de riqueza más justa”… y “para que la educación sea un derecho universal, garantizado por el Estado, con un sistema más inclusivo, más diverso y más democrático”.
Precisamente con estas ideas soñaba Salvador Allende cuando en 1970 después de las elecciones democráticas ocupó el sillón presidencial, iniciando el proceso de transformación del país para que todos los chilenos tuvieran condiciones dignas para desarrollarse como seres humanos. Inmediatamente hizo reformas en la educación y salud provocando el descontento de la oligarquía nacional. Facilitó con la participación de los trabajadores, en las decisiones en las empresas estatales.
Inclusive, lo que pocos saben, hizo realidad su sueño cibernético, Synco (Sistema de información y Control) que superaba los primeros esfuerzos norteamericanos con Internet.
Bajo la dirección de Stafford Beer, aventurero, sicólogo, filósofo y considerado ahora como uno de los padres de cibernética, los ingenieros del Instituto Tecnológico de Chile, usando el “Modelo de los Sistemas Viables” elaborado por Beer, lograron integrar 51 empresas del Estado en una red conectada a la sala central de operaciones. Y lo interesante era que el sistema debía permitir el flujo de la información desde la base para que los obreros participarán en las soluciones de los problemas de producción. Cuando ya empezaba a funcionar esta sala de control, creada por el diseñador industrial alemán Gui Bonsiepe, se produjo el golpe de Estado y por supuesto los militares destruyeron el Synco por ser “una obra comunista”.
También Salvador Allende buscó ayuda en la Unión Soviética, que aplaudió su triunfo y simpatizaba con su gobierno, aunque mostraba cierta cautela al enterarse de los planes norteamericanos. En diciembre de 1972 durante su viaje a la URSS, Allende logró un crédito por 100 millones de dólares y la restructuracción de la deuda externa de Chile. También la URSS firmó un contrato por la compra de 130,000 toneladas de cobre chileno y varios acuerdos para la construcción de empresas industriales y preparación de especialistas chilenos en distintas ramas de la industria y agricultura. Después del golpe muchos de ellos se quedaron en la URSS.
Para los Estados Unidos, América Latina ha sido siempre su “patio trasero” y no estaba en sus planes permitir que Chile rompiera el orden establecido. La directiva del presidente Richard Nixon fue tajante: “hacer chillar la economía chilena”. Bajo la dirección de Henry Kissinger se elaboró el plan del “caos provocado” para tumbar a Allende y desestabilizar al país.
Con 10 millones de dólares compraron a los transportistas que paralizaron al país en 1972, iniciándose una campaña de sabotaje y violencia bajo la supervisión del Director de Operaciones Clandestinas de la CIA, William Colby. Fue la CIA la que entregó a Pinochet la lista de los partidarios de Allende. Por supuesto, la oligarquía nacional y la directiva del Partido Demócrata Cristiano apoyaron a los militares, siendo uno de los líderes del partido y ex presidente del país, Eduardo Frei, asesinado en 1982 por los agentes de Pinochet con una inyección letal cuando se encontraba en un hospital.
Se desató el terror que duró durante 17 años. De acuerdo al reciente informe de la Comisión de Verdad y Reconciliación, más conocida como “Comisión Valech”, la cifra oficial de víctimas del gobierno militar llegó a 60,000 entre los detenidos ilegales, torturados, ejecutados y desaparecidos. Para la tortura no solamente usaron la “Silla de Dragón” (invento del ex agente de la FBI Dan Mitrione), sino perros para violar mujeres o introducirles ratas, sin nombrar otras aberraciones. Como “la Plancha o el Cilindro” (inventos nazis) para hacer desaparecer los cadáveres no abastecían, inyectaban a los detenidos considerados más peligrosos con drogas, ataban un pedazo de riel a su cuerpo y los tiraban a los ríos y al océano. Con el gobierno militar no tardaron en llegar los “Chicago Boys” para privatizar y globalizar la economía chilena desmantelando todos los programas socio económico populares, que se crearon no solamente con Allende sino en el transcurso de la vida republicana del país.
En 1990, Chile retornó tímidamente a la democracia abrazando el modelo neo liberal y convirtiéndose en un aliado incondicional de los Estados Unidos. Logró un sólido crecimiento económico lo que no significa el desarrollo económico y ahora es un país con una de las más grandes brechas entre ricos y pobres. Al final de los años 1990, fue el primer país en América Latina aceptado en el “Programa Bolonia“ en la educación, auspiciado por el Banco Mundial y la UNESCO. Fue elaborado para todos los países desarrollados para homogenizar la educación internacionalmente y convertir el conocimiento en una mercancía. (Rusia también está aplicando este programa). Es un proyecto anglosajón que hasta universaliza las ideas y los valores para facilitar el dominio de pocos y la obediencia de todos.
En Chile la situación llegó a tal extremo que un 80 por ciento de los estudiantes de todos los niveles están matriculados en las instituciones privadas, estando el 20 por ciento de ellas en manos de la iglesia católica. En las universidades y centros de la formación técnica del total de 940,000 estudiantes, solamente 162, 000 estudian en los planteles estatales que cada día disminuyen. Esto obliga a un 70 por ciento de los estudiantes buscar el crédito financiero universitario con el problema eterno de cómo pagarlo. De allí resulta que un 65 por ciento de los estudiantes más pobres no terminan la universidad.

Por eso millones de estudiantes, con un 80 por ciento del apoyo familiar, gritan indignados: ¡“De la sala de clases a la Lucha de clases”! ¡ “Y va a caer, y va a caer, la educación de Pinochet”! Las próximas elecciones municipales en 2012 podrían ser decisivas para el futuro político del país pues la juventud está tomando la fuerza haciendo renacer las ideas de Allende.

Publicado por ARGENPRESS

Chile: Los restos de Salvador Allende son enterrados en una ceremonia privada

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viernes 9 de septiembre de 2011

 

PL

Los restos del expresidente chileno Salvador Allende fueron enterrados este jueves en una ceremonia privada, según dio a conocer hoy su familia y la fundación homónima a través de su sitio web.

“En una ceremonia estrictamente privada, en compañía de sus familiares y cercanos” fueron trasladadas las osamentas de Allende desde el Servicio Médico Legal hasta el Mausoleo de la familia en el Cementerio General, indica la nota.
En la ocasión, agrega el texto, la senadora Isabel Allende, hija del exmandatario, dirigió unas palabras en honor a su padre y agradeció las muestras de cariño expresadas durante estos días.
“La familia Allende y la Fundación Salvador Allende reiteran sus agradecimientos a todos aquellos que quisieron acompañarnos desde todos los rincones del país, pero debido a los distintos acontecimientos ocurridos recientemente se optó por un acto privado e íntimo”, explicó el comunicado.
Las exequias estaban programadas originalmente para el domingo anterior con carácter público y en acto que se presumía fuera multitudinario, pero la familia optó por suspenderlo en solidaridad con las víctimas del accidente aéreo ocurrido en Chile el pasado fin de semana.
El cuerpo de Allende había sido exhumado meses atrás por orden de la justicia chilena para esclarecer con nuevos peritajes si el exjefe de Estado se había suicidado o si los golpistas lo asesinaron durante el bombardeado al Palacio de la Moneda el 11 de septiembre de 1973.
Los forenses dictaminaron suicidio, aunque existen cuestionamientos en el país suramericano en relación con la indagatoria.

Para la izquierda chilena ninguna de las dos tesis desmerece la estatura política de Allende. Lo más importante, consideran, es sacar a la luz los delitos ligados a su muerte y sobre todo la colusión de los generales encabezados por Augusto Pinochet (1973-1990) con el Gobierno de Estados Unidos.

Publicado por ARGENPRESS

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