Perú: ¿Guerrilleros o bandoleros?

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martes 17 de abril de 2012

Luis Arce Borja (especial para ARGENPRESS.info)

La guerrilla de Sendero Luminoso, antes de la traición de sus dirigentes en 1993, atacaba los grupos de poder. Buscaba el apoyo del pueblo para luchar contra la mafia del Estado. Su combate era contra las hordas militares y los paramilitares. Ahora los retazos de Sendero Luminoso ya no significan ningún peligro ideológico, militar y político contra el Estado. Su actividad se confunde entre el bandolerismo y acciones coordinadas con el gobierno y las fuerzas armadas.

Así hace algunas semanas Sendero secuestró a 40 trabajadores, no para salvarlos de la explotación y la miseria, sino más bien para facilitar la militarización del Perú y preparar la ofensiva represiva que el gobierno de Ollanta Humala alista para someter la creciente protesta popular, en particular en las regiones mineras como en Cajamarca. Ningún grupo revolucionario atenta contra los trabajadores. Los blancos de la acción guerrillera son los enemigos del pueblo, y aquellos que abiertamente o en forma oculta sirven a los intereses de los grupos de poder y el imperialismo. Una organización revolucionaria no puede cumplir su objetivo estratégico de liberación atacando al pueblo, y menos a los trabajadores.
El 9 de abril una “columna de Sendero Luminoso” secuestró a 40 obreros del consorcio Camisea, una transnacional que explota en el Cusco una gigantesca mina de gas (el mismo día del secuestro fueron liberados 4 de los rehenes). El consorcio Camisea es de propiedad del grupo Pluspetrol una de las mas grandes empresas productora de petróleo y gas de los Estados Unidos. Esta transnacional tiene ramificaciones en Argentina, Bolivia, Venezuela, Chile Colombia y en el África El ataque de los “guerrilleros” fue en el distrito de Echarate (La Convención) y como dijo la policía peruana en la acción participaron 60 “guerrilleros” encapuchados divididos en dos columnas.
El sábado 14 de abril (después de 6 días de cautiverios) los 36 trabajadores en manos de los “senderistas” fueron liberados voluntariamente por su captores. Caminando libremente llegaron a las 11 de la mañana al pueblo de Chuanquiri (Cusco). Uno de los trabajadores dijo: “Nosotros hemos caminado desde las tres y media de la mañana (…) Nosotros fuimos liberados voluntariamente, no queremos que las Fuerzas Armadas digan otra historia”. Si el gobierno pagó o no los 10 millones de dólares como rescate que exigían los secuestradores, es por el momento una historia controvertida que nadie conoce a ciencia cierta. El saldo de esta acción fue la muerte de tres miembros de la Dirección de Operaciones Especiales (Diroes) y dos secuestradores que fueron muertos en un enfrentamiento posterior a la liberación.
El mismo día de la libertad de los trabajadores, Ollanta Humala desde Cartagena (Colombia) manifestó en tono triunfante: “lo importante es que hoy hemos ganado, ha sido una operación impecable, en la cual se ha logrado rescatar a costo cero, sin ningún tipo de negociación, porque no lo hemos permitido”. Las operaciones de rescate, dijo, “han dejado nuevos héroes. Manifestando que el “PUEBLO PERUANO DEBE AHORA REFORZAR SU CONFIANZA EN LOS MILITARES Y POLICÍAS que, pese a los problemas que atraviesan, son capaces de obtener logros importantes ante situaciones de emergencia como las vividas con este secuestro”.
De esta manera, el actual presidente peruano, que ya tiene varios ciudadanos asesinados a su cuenta aparece como una replica de los héroes de la época de Alberto Fujimori. En lo que va del periodo del gobierno Ollanta Humala las fuerzas policiales están actuando de la misma forma que lo hicieron durante los más violentos regimenes anteriores. En diciembre pasado en cañete (sur del Perú) la policía mato a un poblador cuando este manifestaba contra el gobierno. El 14 de marzo en Madre de Dios las fuerzas represivas por orden del gobierno reprimieron una manifestación en la que murieron 3 manifestantes. El mismo mes de marzo, en Sechura (norte del país), fueron asesinados dos pobladores que manifestaban contra el gobierno.
El 14 de abril Humala llegó a Lima desde Colombia. Se puso su uniforme de comando militar y con un sequito de altos militares se dirigió al lugar de la acción senderista (Cusco). Desde ahí anuncio que el operativo militar-policial “Libertad” prosigue en su segunda etapa, la cual implica la captura y entrega a la justicia de los “narcoterroristas” que secuestraron a los 36 trabajadores del Consorcio Camisea. El presidente peruano aprovechó el momento para acusar a los anteriores gobiernos de haber tenido la mano blanda contra la subversión. Dijo también que su gobierno no permitirá la vigencia de “ideologías insanas. “En el Perú no aceptamos chantajes de nadie; y menos de criminales terroristas y secuestradores”, advirtió.
En el circo triunfalista del gobierno, participaron todos los grupos políticos de la derecha y la “izquierda”. No hubo un solo partido del medio oficial que se quedara sin elogiar al presidente y a las fuerzas armadas. Hasta el reaccionario cardenal Luis Cipriani, utilizo su homilía radial para manifestar su apoyo y reconocimiento a la Policía y las Fuerzas Armadas, pidiendo “orar por los valerosos policías que han arriesgado su vida a fin de lograr la liberación de los secuestrados”. El cardenal, aprovecho el “triunfo militar contra el terrorismo”, para defender a los militares criminales del comando Chavin de Huantar (los asesinos de los militantes capturados del MRTA en abril de 1997). Cipriani, dijo que era “inaceptable” que se haya querido “ensuciar” con juicios y demandas la acción heroica que significó la liberación de los rehenes de la Embajada de Japón”.
¿Quién gana con la “acción guerrillera”?.
Ollanta Humala desde el inicio de su gobierno ha optado por la militarización del país. Sigue el ejemplo de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. No es casual que tanto el actual presidente de la Republica así como su primer ministro provengan de las corruptas fuerzas armadas. El plan de Ollanta Humala, es semejante al gobierno fujimorista, cogobernar con las fuerzas armadas. En este objetivo la imposición de una dictadura civil-militar avanza a la misma velocidad que las explosiones y protestas sociales. El gobierno defiende ciegamente los intereses de las grandes transnacionales, sobre todo aquellas instaladas en regiones estratégicas de extracción de minerales.
Para la militarización del país resulta importantísimo la “acción” fabricada o no, de una guerrilla que no es ningún peligro para el Estado, pero que si sirve para fabricar héroes en las fuerzas armadas y fuerzas policiales. Esa guerrilla de cartón, negociadora, vandálica, sin ningún plan ni estrategia de poder, será el elemento justificador de leyes de excepción (regiones de emergencia bajo autoridad militar), militarización de las movilizaciones populares, diabolización de los dirigentes sindicales y populares opositores del gobierno, y aumento del presupuesto (millonario gasto del Estado) para los gastos de las fuerzas armadas. Un ejemplo de avanzada en la militarización de la protesta popular es el actual conflicto del pueblo de Cajamarca contra la transnacional Yanacocha (norteamericana). Este pueblo está luchando contra el proyecto Conga de explotación de oro cuyo resultado depredador será la exterminación de fuentes de agua vitales para la población, la agricultura y la ganadería. Para preparar una ofensiva represiva contra el pueblo de Cajamarca, Ollanta Humala Humala acaba de trasladar a Cajamarca más de 1,500 soldados y policías. Junto a ello, la prensa peruana ha lanzado una campaña de desinformación y manipulación contra los dirigentes de estas movilizaciones. Ellos son presentados como “infiltrados subversivos”, “terroristas” y “anti democráticos”.
En otro rubro político donde gana el gobierno con la acción de la guerrilla bandolera es en la renovación de la imagen de las fuerzas armadas. Por ello no ha sido casual que el mismo Ollanta Humala, no haya dejado de hablar de los héroes y valerosos militares y policías que han rescatado con el sacrificio de sus vidas a los 36 trabajadores secuestrados por Sendero Luminoso. Como se conoce los trabajadores fueron liberados voluntariamente por su captores. Así, se pretende entregar una nueva y renovada cara exterior de los militares. Hay que recordar que durante 1990-2000 las fuerzas armadas cogobernaron con el mafioso y criminal Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos (ambos en prisión). En este periodo los militares cometieron los más abominables crímenes contra la población, se implicaron en inmensos robos, en contrabando, en coimas y en el narcotráfico internacional. Ello hizo que el pueblo sienta temor, odio y desprecio por todo aquel que portara un uniforme militar.
Si en verdad existiera en Perú un grupo armado revolucionario, fuerte, vigoroso y de clara línea estratégica de poder, las cosas ocurrirían de diferentes maneras. La lucha armada seria para debilitar al gobierno de turno y no para contribuir en sus planes reaccionarios y antipopulares. Una guerrilla revolucionaria, tiene la obligación de ejecutar sus acciones militares en función del poder y ello se desarrolla en combinación con tareas para ganar las masas populares, principalmente los asalariados. Una guerrilla que hace “acciones militares” para la filmación de programas televisivos, radiales o de la prensa escrita o para suplicar un acuerdo de paz con el Estado, es simplemente, una guerrilla de pobres diablos, una caricatura de revolucionarios.

Publicado por ARGENPRESS

¿Que queda de Sendero Luminoso?

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jueves 13 de octubre de 2011

 

Luis Arce Borja (especial para ARGENPRESS.info)

Algunos compañeros del extranjero me han solicitado que en breve les explique la situación actual del Partido Comunista del Perú (PCP) que en la jerga burguesa se le conoce bajo el nombre de Sendero Luminoso (SL).

En breve: lo queda es una organización hecha trizas y de dudosa actividad política. Desde 1980 hasta el 1993, el PCP vivió una etapa gloriosa de lucha contra el Estado, las fuerzas armadas, los grupos de poder y el imperialismo. En ese tiempo muchos peruanos soñamos con el socialismo y la libertad. Esa lucha creo grandes expectativas en América Latina y por primera vez el Estado peruano se sintió verdaderamente amenazado por una guerra revolucionaria. Esa situación cambio en octubre de 1993 cuando Abimael Guzmán, llamado el “presidente Gonzalo”, traicionó la lucha armada y pidió a Fujimori y Montesinos, firmar un “acuerdo de paz”. De ahí para adelante Gonzalo se convirtió en una caricatura de sus épocas revolucionarias y en hazmerreír del gobierno peruano.
A partir de esa traición la guerra popular ingreso a un proceso de descalabro total. La derrota no solo significo la destrucción en el campo militar, sino también en el terreno ideológico y político. Se truncó la posibilidad de reemplazar al viejo Estado peruano. Se vinieron abajo los comités populares en el campo y en las ciudades. Las masas heroicas que dieron su vida en la lucha armada fueron despedazas y de ello ha quedado más de 80 mil muertos y miles de cementerios clandestinos y desaparecidos. Con la colaboración de arrepentidos y traidores el ejército salió de sus derrotas y escondrijos. Se repuso de humillantes golpes y volvió a tomar el control militar del país. Sus generales, ineptos, derrotados, corruptos y humillados, volvieron convertidos en héroes de una clase política históricamente decadente. La derrota de la guerrilla otorgó a los militares inmensas ganancias en el poder del Estado. Ello les facilitó poner a unos de sus representantes en la presidencia del país. El triunfo electoral del “capitán Carlos” (Ollanta Humala) acusado de crímenes de guerra, solo fue posible con la bancarrota de la lucha armada en Perú a consecuencia de la traición de Gonzalo.
A partir de 1993 salio a la superficie la miseria moral de los jefes y dirigentes del PCP. Se impuso la traición, la delación, la colaboración y el mea culpa miserable. El discurso heroico fue reemplazos por el lagrimeo inmundo y rastrero. Desde la prisión los jefes se arrastraron a los pies de sus antiguos verdugos y enemigos del pueblo. La esencia del “pensamiento Gonzalo” quedó al descubierto y mostró su lado grotesco y falso. Se vio como nunca la tergiversación de la doctrina científica del socialismo. Quedó en evidencia la forma grotesca en que las cumbres del marxismo (Marx-Lenin-Mao) fueron usadas a mansalva para dar rienda suelta a la falacia, el culto a la personalidad, al partidismo borreguil y absoluto dogmatismo.
Sendero Luminoso, en particular los que siguen creyendo en la divinidad de Gonzalo y su pensamiento, ha devenido ahora un partido de la contrarrevolución. Sus actividades políticas sirven exclusivamente de soporte de los gobiernos de turno y del sistema corrompido del Perú. Participan en las elecciones generales y sus dirigentes desde las prisiones escriben poemas y canciones de amor. Ya no hablan de la lucha armada sino mas bien de la “paz y la reconciliación” entre victimas y victimarios. Ya no piden sanción para los militares criminales, sino más bien exigen el perdón y la libertad de ellos. En lugar de socialismo ahora exigen abrir espacios democráticos con la burguesía.
LAS TRES CARAS DEL ACTUAL SENDERO LUMINOSO
Después de la traición de 1993 Sendero Luminoso se dividió en tres cuerpos. Cada uno de estos grupos funciona con sus propios dirigentes. En primer lugar esta el grupo que esta ligado directamente a Abimael Guzmán que actúa principalmente en Lima. A pesar de su aislamiento respecto a las masas populares mantiene cierta actividad política. Es muy activo en la defensa de los derechos humanos y en este terreno centra su actividad en campañas para pedir la libertad de Abimael Guzmán y una “solución política, la amnistía general y la reconciliación nacional”. Su participación electoral es marginal y ha copiado la forma de actuar de la antigua izquierda legal. Siempre va a la cola de tal o cual candidato de la burguesía y de los grupos de poder. En las últimas elecciones del 5 de junio del 2011 ha sostenido la campaña electoral del militar Ollanta Humala, actualmente presidente del Perú. Este grupo, sostiene el acuerdo de paz y es incondicional de Abimael Guzmán. Los dirigentes de este grupo actúan públicamente y consideran a Gonzalo (sin importarles que este preso) el jefe y la dirección “magistral” del Partido.
Otro de los retazos del Partido Comunista del Perú (PCP) funciona en el Alto Huallaga. Este grupo esta atomizado en una zona cocalera de la selva. Su cabeza visible es “Artemio” un cuadro medio que ha repetido en diferentes ocasiones que se “sujeta” a la dirección de Abimael Guzmán y que considera valido lo que se conoce como “pensamiento Gonzalo”. Este grupo mantiene un pequeño grupo armado y sus acciones guerrilleras se reducen en una zona cocalera. En lo fundamental Artemio coincide con el planteamiento de Gonzalo de buscar una “solución Política a los problemas de la guerra” y reconciliarse con las fuerzas armadas y las clases políticas del país. La gente de Gonzalo ha calificado este grupo como “línea militar burguesa”, pero ello no impidió que en las ultimas elecciones actuaran juntos a favor del “capitán Carlos” (Ollanta Humala).
El tercer grupo está liderado por “José” (Víctor Quispe Palomino). Este grupo actúa en los valles cocaleros de los ríos Ene y Apurímac (VRAE). Mantiene también un continente armado y según el gobierno peruano es la parte más peligrosa de los “remanentes armados de Sendero Luminoso”. El jefe de este grupo, a diferencia de “Artemio” considera a Gonzalo un “traidor a la guerra popular”. Dice que Gonzalo “ha devenido una vergüenza para el partido” (comunicado 2009). Además, ponen al margen de sus acciones el “pensamiento Gonzalo” y rechazan la “salida pacifica y negociada de la guerra”. El 2 de octubre del 2008 a través de una emisora radial de Ayacucho pidió al gobierno de Alan García que le entregue a Gonzalo para ajusticiarlo por traidor. En otra ocasión vía la TV acusó a Gonzalo de “terrorista”, señalando al mismo tiempo que su modo de actuar es completamente diferente al PCP que dirigió Gonzalo hasta su captura en octubre de 1993. “José” se declara marxista-leninista-maoísta y su organización emitió un documento político en mayo del 2006. El documento se llama “Programa Revolucionario General del Perú” y dicen que el Partido Comunista se guía por el marxismo-leninismo-maoísmo.

Muchos se preguntan si detrás de los grupos que se reclaman “Partido Comunista del Perú” no estaría la mano de la policía secreta peruana. El grupo de Gonzalo y “Artemio” son coincidentes y similares para colaborar con los gobiernos de turno. No hay dudas. Actualmente son parte del contingente político del sistema oficial. El caso del grupo de Víctor Quipe Palomino es diferente a los primeros. No está de acuerdo con los planteamientos traidores de los dos primeros, pero su atomización, su mediatización y bajo nivel doctrinario para alejarse de la lacra ideológica dejada por Gonzalo, deja en el aire muchas dudas. Demostrar ligación guerrilla-policía no es una cosa fácil. Pero por el momento habría que repetir lo que hace algunos años mencione en un artículo precisamente criticando la actitud negociadora del grupo de “Artemio”. Ahí se anotó que no basta dirigir un grupo armado para ser considerado revolucionario. Lo que define la calidad revolucionaria de un grupo político y armado no son en si sus acciones guerrilleras, sino mas bien su línea política general y en lo fundamental el objetivo estratégico que persigue. En concreto su posición frente a la conquista violenta del Estado, la construcción del socialismo, la destrucción, a través de la guerra de las fuerzas armadas y la liquidación política de los grupos de poder. Así se podría decir que hay grupos armados revolucionarios y grupos armados contrarrevolucionarios.