Bolivia redujo índice de desempleo a 5,5 por ciento en 2011

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LUNES 26 DE DICIEMBRE DE 2011

PL

El índice de desempleo en Bolivia se redujo de 8,15 a 5,5 por ciento desde que inició en 2006 el proceso de cambio, que dirige el presidente Evo Morales, señaló hoy el ministro de Trabajo, Daniel Santalla.

Santalla, quien hace referencia a datos emitidos por el Instituto Nacional de Estadística, apuntó que antes que asumiera el presidente Evo Morales, el índice de desempleo del país estaba en 8,15 por ciento y, de acuerdo con informes actuales, en este momento está en 5,5 por ciento, reiteró.
El ministro explicó que el gobierno está asumiendo medidas para formalizar el empleo informal, porque al no estar bajo la Ley General del Trabajo, no goza de los beneficios sociales que tiene el sector formal.
Esa es una de nuestras preocupaciones, esperamos que a partir de algunas medidas a favor del sector informal, se pueda formalizar en los próximos años a esos trabajadores, sostuvo.

El titular de Trabajo indicó que entre las medidas asumidas en el país está el registro de las empresas y microempresas privadas en la Dirección General del Trabajo.

Educación y empleo, derechos entre los que existe una correlación

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Difusión Cencos México D.F., 15 de septiembre de 2011

Boletín de prensa
OPSDH

  • En México existen 31,818,289 de personas de entre 15 y 29 años de edad de las que hasta el 2010, 2.6 millones estudia y trabaja, 1.3  millones no estudia pero trabaja,  9.4 millones solo estudia y 6 millones  ni estudian ni trabajan .
  • Aunque existen 15,110 instituciones de educación media superior y  6,289 registradas para el periodo 2010-2011, lo cual podría dar cuenta de la disponibilidad de la educación en esos niveles , esto no se traduce necesariamente  en un mayor grado de acceso a la educación, y en el largo plazo a generar mayores capacidades para la inserción al mercado laboral.

Los recientes datos publicados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)  en el Panorama de la Educación 2011, señalan que se ha progresado en el acceso a la educación básica en nuestro país. Sin embargo,   la situación cambia en la medida en que se avanza en el grado de enseñanza . La propia organización reconoce que si bien México ha duplicado la cifra de personas que ingresan a la educación media superior y superior, los logros aún son de los más bajos de los países pertenecientes a la organización, incluso de países como Brasil y Chile .

Un dato importante que recupera el estudio son los rangos de edad en los que el nivel de escolaridad se ha incrementado, y en cierta medida, las referencias sobre el grado de rendimiento  de ésta en los niveles básicos a través de mecanismos como el Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA) que elabora la OCDE  y en donde se señalan algunos elementos que pueden dar cuenta de la calidad  de la educación en México. A pesar de ello,  el estudio puntualiza que “…sólo el 52% de estudiantes de educación media superior concluyen sus estudios dentro de la duración teórica de los programas”, lo cual evidencia un gran porcentaje de deserción o bien de estudiantes que no concluyen su educación en el tiempo que se tiene contemplado.

En ese sentido, se calcula que de un total de 31,818,289 de jóvenes,  2.6 millones estudia y trabaja, 1.3  millones no estudia pero trabaja,  9.4 millones solo estudia y 6 millones  ni estudian ni trabajan (NiNi), o sea que no están recibiendo educación y están desempleados, o no forman parte de la fuerza laboral, lo cual implica un rezago en la formación de recursos humanos, ya que este sector se mantiene al margen de la calificación en términos del desarrollo de habilidades y conocimientos, ya sea por medio de la educación o la experiencia laboral;  manifestándose en un vacío en el capital social del país que se refleja en un mayor número de desempleo, bajos salarios y pobreza.

No obstante, se debe ser cuidadoso en el caso de los “NiNi”. Valdría la pena señalar que, en esa categoría podrían incluirse mujeres, particularmente amas de casa, que si bien no aportan un ingreso a sus hogares y no están estudiando, no significa que no trabajen. Por esa razón resulta interesante el señalamiento del estudio que afirma   que existe un mayor número de mujeres que no realiza ninguna de estas dos actividades.

Dado este contexto, resulta importante preguntarse en qué medida la educación está cumpliendo con el objetivo de generar capacidades para el desarrollo de las y los mexicanos. El estudio comenta que “el aumento del desempleo percibido en los países de la OCDE de 2008 a 2009 dependió en menor medida del nivel educativo en México que en otros países”, lo cual cuestiona la idea tan difundida de que la educación brinda mayores oportunidades de empleo, en especial de un empleo bien remunerado, para cubrir las necesidades básicas de la población .   De hecho, es importante resaltar que si bien las tasas de desempleo son mayores para los jóvenes en el mundo, independientemente del ingreso del país al que pertenezcan,  esta condición manifiesta un problema estructural dentro de la economía mexicana  y por lo tanto de una inconsistencia del Estado para tratarlo.

Pocas veces se hace énfasis en la transición de un estudiante al mercado laboral, y cuando se hace se insiste en que el sector empresarial y las instituciones de educación media superior o superior del país  no fomentan la incorporación de nuevos cuadros de estudiantes a actividades poco desarrolladas en el país que pueden representar una oportunidad para el desarrollo de un sector nuevo o poco explotado , sin embargo es fundamental que el Estado reconozca su obligación en ese sentido.

Cuando se reflexiona en términos del derecho a la educación se debería insistir no sólo en sus componentes sino en su interrelación con los demás derechos como el derecho al trabajo y del trabajo, a la vivienda y a la salud y el derecho a un nivel de vida adecuado. Para ello se requiere que el Estado retome sus obligaciones de generar las condiciones necesarias a través de la orientación de la actividad económica y   la generación de empleos dignos.

La problemática es compleja, implica la identificación de elementos que permitan generar nichos y recursos humanos capaces de ser incentivados  de manera que generen nuevas oportunidades para el desarrollo del país y para ello se requiere de la participación de varios sectores de la población, por lo que el reto es de gran envergadura. No obstante, desde la trinchera de los DESCA,  es de suma relevancia exhortar a que el sistema educativo mexicano contribuya a que los jóvenes que de él egresan, puedan insertarse al mercado laboral y de esta forma a la actividad económica ya que no sólo se reconoce el Derecho Humano a la educación sino también, el Derecho Humano al trabajo entendido como “el derecho a toda persona a tener la oportunidad de ganarse la vida mediante un trabajo libremente escogido o aceptado.”

Contacto:
Sara Eny Curiel Ochoa
Subcoordinadora de Comunicación
scuriel@incidesocial.org
OF 55908754/ 55797413 Cel 0445537083893
Facebook: Observatorio Política Social y Derechos Humanos
Twitter: @incide_social @opsdh

Notas
1Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) 2010.
2 SEP. Nótese que la oferta de instituciones incremento en el periodo 2010 -2011, ya que para el periodo 2009-2010, se contaba con 14,427 instituciones de educación media superior y 5,981 a nivel superior, lo cual habla de un incremento en la oferta educativa de 4.7% y 5.1% respectivamente
3La Educación es un derecho humano reconocido por nuestro país en diversos instrumentos internacionales y nacionales. De acuerdo con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, “Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos”. Nuestra propia Constitución en su artículo 3° recoge tal principio y señala que “Todo individuo tiene derecho a recibir educación. El Estado —federación, estados, Distrito Federal y municipios—, impartirá educación preescolar, primaria y secundaria. La educación preescolar, primaria y la secundaria conforman la educación básica obligatoria”.  Y añade que… “Además de impartir la educación preescolar, primaria y secundaria señaladas en el primer párrafo, el Estado promoverá y atenderá todos los tipos y modalidades educativos –incluyendo la educación inicial y a la educación superior- necesarios para el desarrollo de la nación, apoyará la investigación científica y tecnológica, y alentará el fortalecimiento y difusión de nuestra cultura”, por lo que reconoce que la educación es un componente básico para el desarrollo de la Nación.
4 Los países miembros de la OCDE son los países con mayor PIB per cápita del mundo, Chile es miembro reciente de la OCDE y se espera que Brasil, próximamente ingrese a dicha organización.
5 Este programa realiza un informe basado en la aplicación de la Prueba Enlace,  que se encarga, como sus siglas lo indican, de realizar una Evaluación Nacional de Logro Académico de los Centros Escolares (ENLACE) del país.
6  La calidad y/o aceptabilidad es uno de los componentes del derecho a la educación que se refiere a la forma y el fondo de la educación, comprendidos los programas de estudio y los métodos pedagógicos, que han de ser aceptables en el sentido de ser pertinentes, adecuados culturalmente y de buena calidad para los estudiantes y, cuando proceda, los padres. Los demás componentes son la  disponibilidad de instituciones y programas de enseñanza en cantidad suficiente; la accesibilidad de todas la personas para ingresar a las instituciones y los programas de enseñanza sin discriminación; y la adaptabilidad, de manera que la educación sea flexible en razón de que se adapte a las necesidades de sociedades y comunidades en transformación y responda a las necesidades de los alumnos en contextos culturales y sociales variados. Observación General No.13, Comité DESC.  http://observatoriopoliticasocial.org/images/PDF/Biblioteca/biblioteca_2…
7  Para ver la relación entre el empleo y la satisfacción de las necesidades básicas en México mediante el ingreso se recomienda ver la “Nota en la Mira”  Ingresos, empleo y pobreza 2008 a 2010.
8 La mayor parte de la población ocupada en el país 62.2% se ubica hasta el primer trimestre 2011 en el sector terciario, es decir en el de servicios.  Esas cifras reflejan la orientación de la actividad económica que se desarrolla en el país y por ende la orientación que le brinda el Estado a la formación de recursos humanos que cubra con los requerimientos de dicho sector. Para más información sobre la población ocupada por sector económico ver  Indicadores de accesibilidad del trabajo visite:    http://www.observatoriopoliticasocial.org/index.php?option=com_content&t…

Presentan información sobre jornaleros agrícolas al relator sobre trabajadores migrantes

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Difusión Cencos México D.F., 26 de julio de 2011

Boletín de Prensa
Tlachinollan

En el marco de la visita oficial que del 25 al 2 de agosto lleva a cabo el Relator sobre los Derechos de los Trabajadores Migratorios y Miembros de sus Familias de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan presentó al relator información sobre la situación de vulnerabilidad en que se encuentran los jornaleros y jornaleras agrícolas que cada temporada salen de sus comunidades en busca de trabajo. Durante la reunión que sostuvo el relator Felipe González con organizaciones de la sociedad civil  Tlachinollan  reiteró la necesidad de crear líneas de trabajo que permitan visibilizar la situación de los jornaleros y jornaleras agrícolas en nuestro país.

Dado que los jornaleros agrícolas migrantes internos en nuestro país enfrentan situaciones similares a las que se enfrentan los migrantes centroamericanos que  ingresan a México, Tlachinollan reitera la necesidad de que la relatoría integre dentro de su informe las recomendaciones  pertinentes al Estado mexicano para terminar con la violación a los derechos humanos de miles de jornaleras y jornaleros que cada temporada trabajan en los campos agrícolas de México.

Escucha la declaración de Margarita Nemecio, Coordinadora del Área de Migrantes del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan.

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Escucha el reporte radiofónico sobre esta nota. Para su inserción en los espacios informativos de radios comunitarias, libres, públicas, medios libres, y cualquier persona o medio que pueda interesarle.

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Jornaleros Agricolas

Migrar o morir es el único camino que se le ha dejado a los pueblos indígenas de Guerrero, ante el retiro del Estado del campo y la negativa de las autoridades para asumir el compromiso de promover y defender los derechos de los pueblos indígenas como una exigencia constitucional.

Desde la época colonial, los gobiernos en turno se han encargado de saquear las riquezas de los pueblos indígenas, de privatizar sus territorios y de esclavizar a sus pobladores. Los códices coloniales nos muestran los métodos de sojuzgamiento y tortura que implantaron los conquistadores; el pago obligado de altos tributos en especie y la sobreexplotación de la fuerza de trabajo indígena, que se transformaron en los pilares de la economía novo hispana. Esta política etnocida diezmó enormemente a la población indígena que se vio obligada a refugiarse en lo más alto de las montañas, para liberarse del yugo explotador.

Desde aquella época hasta los umbrales de este siglo XXI las condiciones de explotación, saqueo, privatización de sus territorios y pobreza extrema, se mantienen intactas. Las estadísticas lo delatan cuando señalan a Metlatónoc como el municipio mas pobre del país y del mundo comparado con Malawi. Diez de estos municipios se encuentran dentro de los cien más pobres del país. El analfabetismo llega al 70% en el municipio de Metlatónoc, donde sus habitantes sobreviven con 500 kilos de maíz durante 4 meses, situación que los obliga a salir de su región para enrolarse como jornalero agrícola o sucumbir en la tentación de sembrar enervantes.

Ante el hambre que los acosa cotidianamente, las familias indígenas se ven obligadas a salir de La Montaña para encontrar en los surcos ajenos de las agroindustrias un ingreso magro para mal comer durante los meses en que se desempeñan como jornaleros agrícolas en los campos de Sinaloa, Jalisco, Chihuahua, Sonora y Baja California.

En La Montaña es imposible poder vivir dignamente con la siembra del tlacolol, es difícil pensar que las madres indígenas estén en plenas condiciones físicas y nutricionales para procrear a sus hijos. La realidad que se sufre en silencio es el alto índice de mortalidad materna y un gran número de niños con desnutrición severa, que forman parte de las estadísticas del etnocidio invisible que se vive en La Montaña. Bajo estas condiciones es inviable el hecho de que los niños y niñas puedan dedicarse a estudiar. El acceso a este derecho resulta ser oneroso para las familias que viven en el límite de la sobrevivencia. Lo prioritario es acceder a la alimentación, sin embargo este derecho no se obtiene en La Montaña, se logra fuera del estado y muchas de las veces fuera del país. Para poder comer se tiene que recorrer mas de 600 kilómetros para satisfacer esta necesidad trabajando como jornalero agrícola. Después de esa osadía que implica maltratados, engaños y múltiples abusos, se puede pensar en que los hijos aspiren a estudiar, una realidad que no llega a cumplirse porque desde muy temprana edad los niños se ven obligados a ser parte del sustento familiar y de los roles o cargos que la comunidad les demanda.

Lo grave y complejo de la problemática migratoria es que no solo afecta a los adultos o padres de familia, sino que involucra a los niños, jóvenes, madres de familia y abuelos que tienen que desplazarse a los campos agrícolas para poder comer frijoles y tortillas. Este fenómeno trastoca la vida comunitaria, transforma los roles familiares, desestructura los sistemas de organización social y pone en riesgo la vida de cada familia y la de los pueblos indígenas.

Mientras tanto, las autoridades estatales y federales siguen siendo los espectadores de este drama y se limitan a ser los agentes externos que se reducen a contabilizar a la población jornalera y a paliar sus múltiples necesidades con despensas y primeros auxilios. Hay una gran ausencia de las instituciones y lo peor de todo, vemos muchas reticencias de las autoridades para involucrarse seriamente en la diversidad de problemáticas que enfrentan los jornaleros agrícolas del estado de Guerrero. A nivel estatal no existe una estrategia clara de cómo atender las demandas básicas de la población jornalera, tampoco se tiene contemplado algún presupuesto que se oriente a brindar apoyos económicos a situaciones de emergencia y a casos difíciles que ameriten la atención comprometida de las instituciones.

Este trabajo es producto del acompañamiento y la atención comprometida que como organismo no gubernamental realizamos con la población indígena de La Montaña, que en su mayoría se desempeña como jornalera agrícola. En nuestros registros sobresale el hecho de que la totalidad de las personas que solicitan nuestros servicios, se han enrolado como jornaleros agrícolas. Se declaran como trabajadores del campo que no cuentan con un ingreso por la labor realizada. Son personas que nunca han tenido un empleo fijo, su único ingreso en la vida ha sido como jornalero agrícola, que al pasar de los años se constata que es un trabajo sin futuro.

Es solo un paliativo para la sobrevivencia, significa el alargamiento de la vida en condiciones inhumanas, es el atisbo de la esperanza de los olvidados de La Montaña. Es al fin de cuentas un gran sacrificio en el despeñadero de la globalización.

Explosivo aumento del desempleo juvenil; los mejor instruidos, entre los más perjudicados

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Explosivo aumento del desempleo juvenil; los mejor instruidos, entre los más perjudicados

Datos oficiales revelan que 40 por ciento de los que laboran no gozan de las prestaciones básicas

Estudio demuestra que la educación ha dejado de ser un instrumento de movilidad social

Foto

Las enormes filas de personas llenando solicitudes de empleo se han convertido en una imagen cotidiana. Muchos de los que buscan trabajo son jóvenes con estudios superiores. En la imagen se observa una feria del empleo realizada en Azcapotzalco, en la cual se ofrecen plazas con bajos salarios y escasas prestacionesFoto Guillermo Sologuren
Patricia Muñoz Ríos
Periódico La Jornada
Lunes 25 de julio de 2011, p. 2

Se agudiza el desempleo en el segmento de población de los jóvenes en el país, particularmente los que tienen entre 20 y 24 años y los que han adquirido mayor instrucción educativa. Además, 40 por ciento de los jóvenes que laboran no gozan de prestaciones, ya que para las nuevas generaciones los contratos colectivos, las jubilaciones, el escalafón y otros beneficios, serán cosa del pasado a las que no tendrán acceso.

Informes del Centro de Investigación Laboral y Asesoría Sindical (Cilas) y del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), detallan que de toda la población, los jóvenes son los que padecen más desempleo, según las propias cifras oficiales.

Detallan que del volumen total de jóvenes en el país en edad de trabajar (más de 16 millones), millón y medio no encuentran empleo, y que cada año se suman más y más jóvenes a la población económicamente activa que no tiene un trabajo. Es decir, más de 50 por ciento de los desempleados de todo el país son jóvenes. Tendencia que no es privativa de México, sino un problema mundial.

En su análisis Los jóvenes… ¿cuál futuro?, el doctor Héctor Castillo Berthier, de la Unidad de Estudios sobre la Juventud del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, expone que en México casi una tercera parte de la población son jóvenes que van de 15 a 29 años, los cuales son afectados por diversos problemas, entre ellos falta de empleo, inseguridad, dificultades para ingresar o continuar estudiando, insuficiente y deficiente prestación de servicios, la vivencia cotidiana en la que lamentablemente la mayoría de los jóvenes mexicanos están creciendo.

Así, “la experiencia de muchos jóvenes está marcada por la dificultad y escasez de oportunidades. Algunas estadísticas revelan lo problemático y difícil que resulta ser joven, al tiempo que muestran que los costos sociales y económicos para este sector de la población son muy altos. Baste decir que cada año un millón de jóvenes cumplen la edad para ingresar a lo que se llama la vida productiva; sin embargo, pese a los deseos que la mayoría de ellos tienen de incorporarse al mundo del trabajo, las posibilidades de acceder a un empleo de calidad son en realidad mínimas.

Este problema afecta a todos los jóvenes, incluso a aquellos que se han preparado con estudios universitarios, lo que demuestra que la educación ha dejado de ser el instrumento de movilidad social que antaño la caracterizaba. Datos recientes señalan que de cada diez egresados universitarios, sólo siete encontrarán trabajo, y de estos últimos sólo cuatro lo harán en algún empleo relacionado con la profesión que eligieron, indica Berthier.

Pero además, este segmento de población está excluido de programas de salud preventiva, capacitación laboral, educación, empleo y vivienda. En nuestro país el promedio de escolaridad es apenas de 8.7 años; sólo 38 por ciento de la población joven ha concluido la educación básica, y 22 por ciento de los jóvenes que abandonan sus estudios lo hacen por falta de recursos.

Por su parte, el Centro de Investigación Laboral y Asesoría Sindical (Cilas) ha indicado que las nuevas generaciones de trabajadores pade- cerán de la generalización del outsourcing, de la falta de contratación colectiva y del escamoteo de las prestaciones básicas.

Sobre todo serán las generaciones afectadas por el desmantelamiento de los esquemas de pensiones y jubilaciones. Tendrán que trabajar más años, pagar sus propios retiros y resignarse a no tener más que las prestaciones básicas.

Para esta organización, la defensa de los derechos laborales que hagan las actuales generaciones es fundamental para el futuro de los jóvenes. Recordó que la reforma laboral propuesta por los partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional busca precisamente acabar con la estabilidad laboral, al proponer la contratación temporal y legalizar el outsourcing; con la libertad de sindicalización y otros derechos como el de huelga. Los puntos neurálgicos de dicha reforma afectan sobre todo a los trabajadores jóvenes.

La Organización Internacional del Trabajo detalló en su informe más reciente sobre empleo que hacia 2009 el número de jóvenes sin empleo llegó a casi 81 millones –13 por ciento del total– y señaló que se puede incluso hablar de la generación perdida. Alerta sobre problemas sociales por esta razón, ya que gran parte de esta población se ha ido a la economía informal y en actividades poco o nada remuneradas, lo que eleva además la línea de la pobreza entre esta población.

Para esta organización, los efectos de la crisis económica han agravado los déficit de trabajo decente entre los jóvenes, por lo que estos trabajadores han optado por autoemplearse, emigrar o irse a la economía formal.

De esta forma, los jóvenes de entre 15 y 24 años en los países ricos que quieren trabajar pero no encuentran empleo pasaron de 8.5 millones en 2008 a 11.4 millones en 2009, aumento de 34 por ciento. Es el mayor nivel de crecimiento del desempleo en un sector poblacional desde 1991, según indicó la OIT.

En tanto, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) indica que el desempleo entre los jóvenes seguirá aumentando en todo 2011, lo que compromete la seguridad económica de este sector de la población, cuyo porcentaje de falta de empleo a escala mundial, en promedio, es del doble del tienen las personas mayores de 25 años, incluso en los países ricos.

HAY DINERO PARA OTRO RUMBO

El narcotráfico, el que genera más empleos: 600 mil, afirma experto

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Los mexicanos en Estados Unidos producen riqueza igual a 600 mil mdd: José Luis Calva

México, firme como el de peor desempeño económico de América Latina en tres décadas, señala

Encuesta del Inegi sobre pérdida de ingresos, botón de muestra de lo que ocurre en el país

Israel Rodríguez J.
Periódico La Jornada
Domingo 17 de julio de 2011, p. 24

Desde 1982, cuando empezó a aplicarse el modelo económico neoliberal, México ha crecido a tasas promedio de 2.1 por ciento anual, con lo que el país se ha reafirmado como el de peor desempeño económico de América Latina, aseguró José Luis Calva Téllez, integrante del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Consideró que los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, dada a conocer el viernes por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), que demuestra que cada uno de los 29 millones de hogares perdió ingresos, es un botón de muestra de lo que está ocurriendo en el país, con funcionarios más preocupados por mantener el balance fiscal sacrificando el crecimiento y el empleo.

Estimó que el deterioro en los ingresos de los hogares mexicanos se acentuará en este año, sobre todo para los más pobres, debido al repunte en el precio de los alimentos, materias primas y energéticos, dado que los pobres deberán destinar una mayor proporción de sus bajos salarios para la compra de alimentos.

Reveló que el salario mínimo ahora puede comprar menos de una tercera parte de lo que se podría adquirir en 1982, mientras que los salarios de los trabajadores con prestaciones contractuales también perdieron la mitad del poder de compra.

José Luis Calva aseguró que desde 1982, cuando se empezó a aplicar el modelo neoliberal, el salario mínimo perdió 71.3 por ciento de su poder de compra. Los salarios de los empleados sindicalizados perdieron 50 por ciento, en tanto que la falta de capacidad de la economía para absorber a poco más de un millón de jóvenes que cada año se integra a la fuerza laboral ha propiciado la creciente migración.

A diferencia de años anteriores, en que los migrantes eran jornaleros, ahora la tendencia cambió y cada vez más mexicanos con estudios medios y superiores prefieren emigrar al extranjero ante la falta de oportunidades en su país, con lo que estamos transfiriendo nuestra mayor riqueza, es decir, los recursos humanos capacitados.

La falta de oportunidades en México, dijo, provocó que 12 millones de mexicanos hayan emigrado y produzcan una riqueza en Estados Unidos equivalente a 600 mil millones de dólares anuales, lo que significa un desperdicio del bono demográfico. En contraste, ahora el narcotráfico ha creado unos 600 mil empleos, convirtiéndose en el mayor generador de puestos de trabajo.

Es triste que no tengamos una gestión de la economía mexicana que permita a los mexicanos producir y generar esa riqueza en su tierra. Y, en contraste, hay funcionarios, como los secretarios de Hacienda, Ernesto Cordero, y de Economía, Bruno Ferrari, que declaran que México ya no es un país de pobres, o que la caída en los ingresos sea sólo una percepción. Estas declaraciones de autoelogios, agregó, lo único que muestran es una visión lamentable de autoengaño porque el país no comparte esa visión de bonanza.

Lo grave es que estos funcionarios, quienes conducen la política económica del país no conocen la realidad, entonces no van a poder cumplir su misión.

Lo importante, añadió, para los funcionarios responsables de la política económica de México, es mantener la ortodoxia en la que lo importante es sostener las metas fiscales a toda costa y el control de la inflación mientras que el bienestar de los más de 112 millones de mexicanos no importa.

El experto indicó que en las casi tres décadas de aplicación del modelo neoliberal, que ha demostrado su fracaso, el producto interno bruto, entendido como el total de los bienes y servicios que produce una economía en un periodo determinado, distribuido entre todos sus habitantes apenas creció 0.5 por ciento.

Consideró que los mejores secretarios de Hacienda de México, fueron Alberto J. Pani, en la década de los 30, cuando fue capaz de sacar a México de la recesión, y Antonio Ortiz Mena, a principios de los sesenta, periodo del desarrollo estabilizador, en el que los salarios multiplicaron su poder adquisitivo en 80 por ciento y prácticamente no hubo inflación.

OIT, la crisis del sistema capitalista y el avance del desempleo en el mundo

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LUNES 6 DE JUNIO DE 2011

José Rigane (ACTA)

La 100° Conferencia de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), dio inicio el 1 de junio del corriente año, y participan 166 países miembros, 23 más que el año pasado, que depositaron los poderes en tiempo y forma.

En la primera jornada de la conferencia se han acreditado 330 delegados gubernamentales, 160 delegados de los empleadores y 160 delegados de los trabajadores. Un total de 650 delegados.
Hay además 1160 consejeros técnicos gubernamentales, 481 consejeros técnicos de los empleadores y 651 consejeros técnicos de los trabajadores, o sea un total de 2293 consejeros técnicos. Con lo cual participan de la conferencia 2943 personas de todo el mundo.
El proceso de globalización sigue haciendo estragos sobre los trabajadores y los que menos tienen.
América Latina y el Caribe que vive procesos de cambios estructurales, en más de un país de la región sin embargo sigue siendo una de las zonas de mayor desigualdad.
La riqueza y la pobreza se manifiestan como siempre: la primera se concentra y centraliza en pocas manos, la pobreza avanza sobre más sectores, hay crecimiento económico pero no hay distribución equitativa de la riqueza.
En el marco de la crisis, económica, política y social, más profunda de los últimos tiempos del régimen capitalista avanzan las propuestas conservadoras y de derecha. Es más, las fuerzas de derecha se unen, los capitales se unen, los empleadores se unen y los trabajadores buscan afanosamente la unidad en medio de las diferentes opiniones, conscientes que tienen un enemigo común a vencer: la globalización capitalista.
En esta ofensiva para que la crisis la paguen los que menos tienen, la OIT es el ámbito donde las fuerzas sociales dan batalla en búsqueda de solidificar posturas, intereses y poner limite al otro.
Algunas corrientes de trabajadores entienden que la OIT, como organismo tripartito que garantiza el diálogo y consenso, cada vez pierde más credibilidad. Más aún, dicen “no sirve para nada, porque cada vez perdemos más derechos y nadie (gobiernos, empleadores) cumplen con sus recomendaciones. Ejemplo, la Argentina: el Gobierno no reconoce a la CTA, pero sí interviene en las internas de nuestra Central para garantizar sus políticas de sometimiento al proyecto posibilista.
El movimiento obrero en general ve que necesita profundizar con toda sus fuerzas las distintas acciones que garanticen libertad y democracia sindical, por un lado, y por el otro garantizar las contrataciones colectivas (Convenios Colectivos de Trabajo).
En la batalla con el poder las organizaciones sindicales buscan casi desesperadamente la unidad, incluso agrupando organizaciones sindicales que a diferencia de antaño no tienen tanta afinidad desde lo que representan sectorialmente.
Se profundiza la alarma en el movimiento obrero europeo y en más de un país hay resistencias a las políticas liberales y neoliberales que ponen en el centro de su actuación lograr la “Flexiseguridad” (viejas recetas con nuevas formulaciones) idea que naciera en el 2007-2008 como una propuesta de los patrones y gobiernos para enfrentar la crisis que ellos mismos generan y no quieren pagar, porque no quieren renunciar a la máxima ganancia capitalista.
En España, por ejemplo, en medio del avance de las fuerzas políticas de derecha se rompieron las negociaciones con los sindicatos, fundamentalmente porque los empleadores quieren volver a la negociación colectiva por empresa.
En este contexto el debate y la confrontación con el poder, los trabajadores impulsan en esta conferencia internacional dos temas centrales, entre otros:
1) Lograr la legislación internacional del convenio para las trabajadoras domesticas.
2) Avanzar en una legislación internacional sobre protección social, derechos sociales universales.
América Latina y el Caribe es la región que en realidad en derecho social está en el medio entre los derechos sociales del movimiento obrero europeo que están perdiendo la batalla ante la crisis y la región de África y Asia que son los que menos derechos tienen en el mundo.
Ante esta situación los gobiernos y los empleadores proponen un piso igual para todos en política de protección social y seguridad social, en realidad pretenden igualar para abajo, es decir quitarles derechos (trabajador europeo) y darle al que no tiene (trabajador de Asia y África fundamentalmente).
La consigna que surge desde los trabajadores es igualar para arriba no para abajo y ahí vuelve adquirir dimensión lo mucho que tiene que ver la libertad y democracia sindical y la vigencia de los Convenios Colectivos de Trabajo donde esto existe hay mayor protección e igualdad social.
En definitiva la lucha de clases también se da en la OIT, con un formato más edulcorado, pero lucha de clases al fin.

José Rigane es Secretario Adjunto de la CTA; Secretario General de la Federación de Trabajadores de la Energía de la República Argentina (FeTERA-CTA).

El hombre y su otro yo: Alienación y fetichismo

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Ricardo San Esteban (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)
La alienación, aparte de ubicársela en la subjetividad del trabajador a través de la praxis (que es irremediablemente individual), debe estudiársela a partir de la división social del trabajo.
Son las relaciones de producción las que determinan al elemento-hombre, y tales relaciones no dependen de ese elemento-hombre, sino que, precisamente, lo determinan, pues, en última instancia, tal elemento no es sino un punto de interferencia de la compleja red de relaciones del sistema. Las relaciones de producción capitalistas instituyen un principio de legitimidad que es al que se adscribe el elemento, y si ese elemento traspone dicho principio, pasa a ser ilegítimo.
Con razón uno de los sacerdotes encargados del templo de San Cayetano, en Liniers (Argentina) les dijo a sus feligreses que para pedir trabajo, es otra puerta la que tienen que golpear. Los fieles siguieron orando, sin tener en cuenta que los bienes materiales y espirituales que le corresponderían y que le son negados no están en manos del santo.
El elemento sistémico vive de meter mano en el entorno o medio para arrancarle sus frutos con el fin de reponer su fuerza de trabajo, pero para lograrlo debe enajenar esa su fuerza de trabajo y por lo tanto perder los bienes que él mismo crea. No alcanza a entender que su actividad, su ser, forman parte de un sistema del cual él es un mandadero.
Intuitivamente siente que no es libre y lucha por independizarse del sistema y del medio. El ser humano, como ya hemos dicho, es en parte elemento del sistema social y es, al mismo tiempo, parte del entorno o medio.
Arranca u obtiene frutos de la naturaleza, pero en un régimen de propiedad privada es despojado de ellos y de su libertad, como ya dijimos, y queda enajenada la propia naturaleza y la libertad de la especie, ya que transforma la vida de la especie en un medio para ganarse la vida individualmente.
Esta alienación, aparte de ubicársela en la subjetividad del trabajador a través de la praxis, debe estudiársela a partir del territorio, de la división social del trabajo y de la significación del sistema social. El obrero, como generador del tiempo de trabajo, está siendo en este sentido el elemento del sistema capitalista, pero al tener que enajenarlo, enajena su esencia y por lo tanto lo saca de sí y lo transforma en parte del entorno de ilegitimidad.
Lo que se exterioriza o aliena no es solamente el objeto producido o el trabajo como actividad del individuo, sino el proceso social de producción plasmado en un poder material, caracterizado como el comportamiento históricamente creado por los hombres hacia el sistema y entre los mismos hombres, comportamiento previo y relativamente exterior a cada individuo en particular que constituye un doloroso desdoblamiento.
Como antes viéramos, esta alienación suele ser caracterizada como algo inmoral, cuando en realidad en toda la historia de la sociedad dividida en clases y principalmente en el surgimiento y auge del capitalismo, responde a una no linealidad que ha permitido la formidable acumulación de capitales sin la cual la humanidad no hubiese podido constituir las fuerzas productivas que se observan actualmente.
Estas fuerzas productivas, son la base social del sistema visto desde abajo y se hallan compuestas por el trabajador y las máquinas que producen objetos de consumo o también reproducen máquinas. Fuerzas productivas que se hallan en correlación y contradicción con las relaciones de producción, con las relaciones que los propios hombres establecen a partir del sistema social y su entorno o medio, para, fundamentalmente, producir y reproducir a la especie y con ella al propio sistema.
Las fuerzas productivas se constituyen mediante la coordinación de fuerzas humanas objetivadas socialmente, en conjunto con los instrumentos de producción. Participan de la estructura propia de la división social del trabajo (trabajos útiles, valores de uso), manifestándose luego, en las relaciones de cambio, como trabajo abstracto general cristalizado en el valor de cambio de las mercancías, lo que se expresa en la ley del valor (reguladora de la producción capitalista).
De esta manera, la alienación reside en el principio de legitimidad del sistema por cuanto éste exige enajenar el trabajo del obrero y temporizarlo. Así, las fuerzas productivas alzadas frente al individuo aparecen como un poder extraño que lo oprime.
Ese es el caso de dicha alienación, y allí nos encontramos con dos hechos. Las fuerzas productivas aparecen como fuerzas totalmente independientes y separadas de los individuos, como un universo propio frente a estos, lo que se explica porque esos individuos, cuyas fuerzas productivas como un todo los enfrentan, existen diseminados y en contraposición los unos con los otros ya que han enajenado su esencia al vender su tiempo de trabajo.
Y otra aparente paradoja resulta del hecho de que tanto en las fuerzas productivas cuanti más en las relaciones de producción, el principal protagonista es el mismo hombre, enfrentado consigo mismo desde dos posiciones antagónicas, como elemento y como parte del entorno. Ello es así porque el enfoque se realiza desde dos ángulos, por una parte como productor social-individual de mercancías, y por la otra como ocupante de un determinado lugar en la escala social, en las relaciones de producción. Así el hombre se enajena y se desdobla, resultando víctima de un verdadero juego de pinzas, pues a un mismo tiempo pertenece al sistema y al entorno.
De una parte se hallan las fuerzas productivas que adoptan, en cierto sentido, una forma material y que para los mismos individuos no son ya sus propias fuerzas, puesto que ellas han sido expropiadas por los dueños privados. De otra parte, la mayoría de las personas agrupadas en las relaciones de producción debe enfrentar a estas fuerzas productivas, de las que se han desgajado y que, por lo mismo, han perdido todo contenido real de vida convirtiéndose en individuos abstractos.
Debido a la desocupación y a la exclusión, el post-obrero actual integra en menor medida las fuerzas productivas en cuanto al aporte de trabajo vivo, pero sigue siendo atenazado por el trabajo muerto (su trabajo anterior depositado en las máquinas) y las relaciones de producción globalizadas. Estas últimas, que en el momento del auge del capitalismo fordista erigían a la alienación en su principal motor de acumulación, se han transformado en el mayor freno para el desarrollo de la principal fuerza productiva, el obrero. En este sentido, de nada vale el desarrollo técnico-científico, puesto que produce una declinación de la cuota de ganancia y por lo tanto, incrementa la desocupación y deja fuera del sistema a los ex-trabajadores.
Antes veíamos que las fuerzas productivas aparecían vinculadas con las relaciones de propiedad que separan y contraponen a los hombres, pero debe aclararse que dichas fuerzas no son las alienantes, sino que las alienantes son las relaciones de producción, son las relaciones sociales propias del sistema que, pariendo a dichas fuerzas, las convierten en poderes extraños. Tales son ahora los elementos alienantes, por un lado, lo alienado o sean las fuerzas humanas productivas y por el otro, el agente alienante, es decir, las relaciones objetivas que vinculan a los productores.
La relación de propiedad como proceso de valorización del capital sujeto a leyes, y la alienación resultante del doble carácter de este proceso, en tanto que trabajo social –la fuerza productiva- se enfrenta con la valorización o relación de propiedad privada.
Si la alienación ocurre por la acción conjunta de fuerzas y relaciones, no cabe considerar un solo factor. Si aislamos a las fuerzas productivas de su vinculación necesaria en el proceso de la producción caemos en el error de considerarlas responsables de la alienación humana, sea ello debido a su insuficiencia o debido a su desarrollo impetuoso (en la RCT, por ejemplo).
No es del caso, pues, aplicar el esquema de hombre-alienado-en-las-cosas, sino partir de los procesos reales concretos responsables de la alienación, del sistema social capitalista que necesita de esa alienación para subsistir.
Así pues, el conjunto alienante sería el de la relación estructural de fuerzas productivas y relaciones de producción. Ello nos diría que es la propia esencia humana la que aliena al individuo, porque según hemos analizado, el fundamento del concepto hombre consiste en la suma de sus fuerzas de producción y las formas de intercambio social. En las tesis sobre Feuerbach, Marx escribía que la naturaleza humana equivale a las relaciones sociales.
El hombre social -el sistema- produce la alienación del individuo en un proceso de compleja interiorización subjetiva, o por mejor decir, en un doble resultado, ya que por una parte produce alienación y por la otra, una creciente humanización del entorno.
Se origina así una nueva instancia en la contradicción fundamental de la sociedad, en tanto que crece la alienación respecto del trabajador y del sistema, a un mismo tiempo se profundiza la humanización del hombre y su derredor. El elemento actual, constituido por el tiempo de trabajo, es acechado desde el entorno, entorno o medio desde el cual pugna por legitimarse otro principio de legitimidad basado en el encuentro entre el tiempo de trabajo y su verdadero dueño, el hombre, venciendo así la discontinuidad entre praxis y poiesis.
Este análisis permite una diferenciación semántica entre dos categorías, las del hombre en general y el hombre individuo concebido como praxis del sujeto, y en ello no cabe confusión alguna ni reemplazo del uno por el otro. El hombre en general –la humanidad- no es el agente o sujeto histórico, a menos que con esas palabras designemos al sistema, a las fuerzas y a las relaciones productivas, cuyo dinamismo proviene de su propia dialéctica interna. Vale decir, que o la categoría remite a la realidad o se incurre en idealismo histórico. Pero el ser social objetivo no sustituye ni elimina la acción humana como individuo, hacedor asimismo de la historia –que es su historia-. La concepción de esta categoría hombre-individuo, sin confundirlo con el hombre en general, requiere encuadrar al sujeto como singularidad. Vale decir, que hablar de una persona o individuo es hablar de un sujeto determinado, viviendo en un tiempo y un espacio, pero no es hablar del elemento componente del sistema social. El elemento no podría existir tal como es si el sistema no lo considerara legítimo. Toda referencia al individuo es dirigida a una individuación singular y en ese sentido no puede ser analizado como categoría, pues lo que importa es la existencia del ser humano vinculado y desdoblado en el trabajo, en la estructura social, en el tiempo de trabajo que es el principio legitimador que emana del sistema. Esta subjetivación de lo objetivo en un sujeto produce la irreductible realidad del individuo despersonalizado por las relaciones de producción que lo alienan y desdoblan. Así el hombre como individuo se coloca entre la interiorización de lo objetivo y la objetivación de lo subjetivo, cuyo nexo es la praxis de cada persona. Ser social y praxis del sujeto individual (es decir, praxis de este sujeto individual) equivale a los factores históricos conjugados en una síntesis dialéctica para cuya comprensión se hace necesario superar las unilateralidades del fatalismo y del voluntarismo y acudir al enfoque sistémico.
Existe una constante sin la cual puede escapársenos la especificidad del término alienación, y es la que nos indica que dicha alienación aparece en la subjetividad del obrero, vale decir, en su praxis y por lo tanto, en su entorno. La mencionada alienación se manifiesta a través de fenómenos subjetivos: el trabajador experimenta la alienación, se siente alienado, las fuerzas productivas se le aparecen como un poder independiente; su energía, fraccionada en el tiempo de trabajo. Ello puede superarse únicamente con la destrucción de la propiedad privada, porque en tal caso se produce la abolición de la actitud con la que los hombres se comportan ante sus propios productos. Tales expresiones subjetivas, como reiteradamente señala Marx, corresponden a su nexo con el mundo exterior y a la propia conformación subjetiva de privación de voluntad, individuo abstracto, unilateral, escindido, contingente.
Por lo tanto, no es del caso hablar de relaciones alienadas salvo que se implique en ellas al obrero alienado, porque el fenómeno de la alienación es subjetivo y objetivo. Vale decir que la noción de alienación corresponde a una síntesis de los agentes objetivos que la causan y a las consecuencias subjetivas producidas por esos agentes, en ausencia de los cuales dicha alienación no existe.
Sin los aspectos subjetivos y objetivos en que se encuadra nuestra noción de alienación es imposible comprender el proceso y por ello mismo quienes la asientan en la pura subjetividad del hombre sin implicarla con el condicionamiento objetivo proveniente de la base productiva de la sociedad y principalmente del sistema, cometen un craso error. El ser humano no se aliena en la naturaleza o en el mundo sino que lo hace en la objetividad de las relaciones creadas por él mismo pero condicionadas por el sistema, que a raíz del proceso relacional lo dejan dentro y fuera.
El marxismo considera que la praxis y los resultados de la praxis, los productos -primer sentido de objeto- se hallan en la estructura de la sociedad, es decir, en la segunda noción de objeto que constituye la causal alienante. Si reducimos la alienación al esquema idealista de hombre-cosa, estamos contemplando una apariencia fenoménica que oculta la verdadera causa alienante.
Si bien antes hablábamos de la alienación nacional, debe entenderse que la alienación en la Patria, en el Estado, en la ideología, en la religión, en la política, son expresiones de una misma, que se unifican en la estructura social. El sustento se halla en la base y es sobre esa base que se levantan los discursos legitimadores del sistema, como parte de la superestructura, pero que, como hemos dicho, presentan una contradicción con el principio legitimador que emana de la propia base o modo de producción, principio legitimador que se asienta en la venta, extendida en el tiempo, de la fuerza de trabajo. O sea, en la temporización de la complejidad del sistema capitalista.
Asimismo la metodología puede consistir en articular el sistema abstracto de la alienación hombre-cosa para referirse a alienaciones históricas anteriores al capitalismo. Siempre es necesario partir de la ciencia social y de los fenómenos concretos de cada etapa histórica o modos de producción determinados para de ellos deducir las alienaciones históricas objetivas correspondientes.
En la división manufacturera del trabajo es donde se manifiesta, frente a los obreros, la potencia espiritual del proceso material de producción como propiedad ajena y poder dominador. Este proceso de disociación comienza con la cooperación simple, donde el capitalista representa frente a los obreros individuales la unidad y la voluntad del cuerpo social del trabajo. El proceso sigue avanzando en la manufactura, que mutila al obrero al convertirlo en obrero parcial. Y se remata en la gran industria, donde la ciencia es separada del trabajo como potencia independiente de producción y aherrojada al servicio del capital (Marx). Esto se acentúa cuando la ciencia pasa a ser integrante de las fuerzas productivas en forma directa.
La producción realizada en el sistema capitalista debe ser considerada como proceso de explotación del trabajo y proceso de explotación del capital en donde el obrero pierde su capacidad de dirigir las condiciones de trabajo y son éstas las que lo dirigen a él, pero esta inversión de roles no cobra realidad técnicamente palpable hasta la era del maquinismo y más con la aparición de las computadoras y la robotización. Al convertirse en autómata, el instrumento de trabajo lo enfrenta como capital (durante el proceso de trabajo) alzándose frente al obrero como trabajo muerto que domina y succiona la fuerza de trabajo viva. En la gran industria, erigida sobre la base de la robotización y la maquinaria sofisticada se consuma el absoluto divorcio entre la espiritualidad del proceso de producción y el trabajo manual, con la transformación de las potencias espirituales en sujeción del capital sobre el trabajo.
El carácter hostil e independiente que el régimen capitalista de producción otorga a las condiciones y a los productos del trabajo en relación con el obrero –enfrentándolos con éste- se convierte, con la maquinaria y la cibernetización, en una contradicción absoluta.
Aparece aquí la contradicción fundamental del sistema, entre el trabajo social (fuerzas productivas) y la apropiación privada (relaciones de propiedad). Debido a tal contradicción ocurre que las condiciones y los productos del trabajo aparecen frente al trabajador como extraños y separados. Como hemos dicho, el sistema socioeconómico es quien otorga la faz alienante a las cosas. Estas, por sí mismas no poseen la virtud de alienar a su productor, sino que las relaciones sociales, partícipes del sistema, son las agentes alienantes que terminan no solamente despojándolo de su trabajo, sino también de su propio ser, de su esencia, dejándolo parcialmente fuera del sistema.
El entorno está siendo humanizado por la praxis y poiesis, e inmediatamente dicho entorno o medio se incorpora a la realidad social objetivada y allí sufre una metamorfosis que lo deshumaniza. Es la potencia creadora del trabajador quien transforma el entorno o medio, produciendo objetos inéditos y de esa manera, al incorporarse al sistema, el tiempo de trabajo va negándose a sí mismo como elemento de dicho sistema.
Las máquinas, las computadoras, de acuerdo a la tecnología alcanzada, constituyen resultados de la praxis y poiesis. Pero no sólo las máquinas, sino que todos los valores de uso resultan ser el soporte material del valor de cambio, y los objetos, al funcionar como soportes materiales de otra objetividad, ocurre que sus cualidades naturales humanizadas sirven como asiento material de las relaciones sociales. Las máquinas adquieren así nuevos significados como instrumentos de producción, se convierten en parte de las fuerzas productivas dentro de la división del trabajo. De esa manera, el sentido técnico de la praxis es trascendido –sin renunciar a su papel anterior- pues las máquinas se vinculan esencialmente con el trabajo social productivo. Pero además dichas máquinas constituyen parte del capital constante y del capital fijo puestos en circulación por los capitalistas, pasando por ello a ser soportes materiales del capital, sin renunciar a ser valores de uso e instrumentos de producción. Adquieren así, al incorporarse al proceso de producción, un nuevo sentido como instrumentos de producción y elementos del proceso de valorización del capital.
El resultado de la praxis, la poiesis, humaniza al entorno y las cosas adquieren un sentido para el hombre, pero al transformarse en soporte material pasan a cumplir otro papel sin abandonar el primero y los sentidos de la praxis constituyen entonces apariencias fenoménicas ocultando reales sentidos objetivos, pues con el salario se cree pagar el trabajo cuando en realidad se paga la fuerza de trabajo. El capitalista cree que su ganancia proviene de la redituable venta de sus productos o que la produce el capital en su conjunto. El prestamista piensa que los intereses que cobra surgen del dinero atesorado, y el terrateniente, que la renta de la tierra constituye propiedad natural del suelo.
Se sabe que existen diversas formas de aproximación al mundo, entre ellas la práctica que engloba a la praxis pero no la agota, la empírica y la teórica, la artística y la religiosa. Únicamente la teórica puede captar los nexos esenciales y objetivos que confieren sentido y determinación a los procesos sociales. Las leyes del valor o las de la plusvalía aparecen luego de un arduo esfuerzo de abstracción teórica, y por eso mismo la praxis sin teoría no puede ser fundante del conocimiento científico.
Las praxis y poiesis son indivisibles, partes de un mismo proceso de enajenación y requieren ser asentadas en la legalidad esencial del sistema y ello sin negar el nivel de la praxis individual sino que debe adjudicársele a ésta toda la creatividad propia de la subjetividad humana, pero anexada a la estructura determinante. La alienación en las cosas es consecuencia de la alienación en la esencia social, pues las fuerzas humanas, los instrumentos productivos y las relaciones sociales, al ser extrañadas del trabajador, se alienan por constituir el soporte de las fuerzas productivas o de las relaciones de producción capitalistas.
Las cosas aparecen como extrañas porque objetivamente han sido independizadas del productor al ser éste enfrentado por todo el sistema productivo. Es en la interconexión universal de los individuos –no en la relación intersubjetiva entre un individuo y otro- en donde el trabajo vivo no retribuido crea valor engendrando el plusvalor del cual se apropia el capitalista y por el cual existe el sistema.
Mas este apoderamiento es ocultado o fetichizado, y revelado por la ciencia marxista y así, la extrañación de la praxis ocurre como consecuencia de la totalidad del proceso de valorización del capital, cuyo meollo es el trabajo no retribuido, expresión de la ley de la plusvalía.
El carácter misterioso de la forma mercancía estriba, por tanto, en que proyecta ante los hombres el esfuerzo social como si fuese una virtud de los productos de su trabajo, un don natural social de estos objetos, y como si, por tanto, la relación social que media entre los productores y el trabajo colectivo de la sociedad fuese una relación social establecida entre los objetos mismos, al margen del sistema.
Las cosas parecen vincularse entre ellas, fuera de la acción humana y por sí mismas alienar a los productores; pero lo que reviste a los ojos de los hombres la forma fantástica de una vinculación entre elementos materiales inanimados no es sino una relación social concreta establecida entre y por los mismos seres humanos organizados sistémicamente. En eso estriba el famoso fetichismo de la mercancía. ¿Y cuál es el procedimiento que trueca la relación social del trabajo en relaciones entre las cosas? Pues es aquel que hace que tales cosas actúen como soportes materiales de determinadas relaciones humanas, en este caso como cristalizaciones del trabajo social. Aquello que para la ciencia se percibe como ley del valor -que traduce el trabajo empleado socialmente para producir una mercancía en valor de cambio- para la visión de los obreros parece una relación entre cosas. De tal forma permanece oculto el hecho de que esas cosas constituyen mercancías, fruto de un trabajo social y valorizadas socialmente.
La ley del valor o el fetichismo que se oculta tras ella constituyen el doble resultado de un mismo proceso reflejado en la ciencia y en la práctica productiva. Tanto el fetichismo como la ley del valor resultan de antítesis o contradicciones actuantes dentro del sistema, en tanto que la mercancía es valor de uso y valor, o sea, trabajo privado que es compelido a funcionar como trabajo social -trabajo determinado, concreto, que resulta cotizado a la par como trabajo general abstracto- aparece como personificación de las cosas (fetichismo) y cosificación de las personas (alienación).
Es, por tanto, la contradicción inmanente del sistema capitalista que, por una parte, extraña la esencia humana del hombre desquiciando su praxis subjetiva, convirtiéndola luego en una cosa, y al mismo tiempo personificando a las cosas mismas.
Alienación y fetichismo resultan así las dos caras de un único proceso, inherentes a un sistema que introduce la praxis del hombre, subjetiva, individual, en un cosmos social en donde el resultado de esa praxis le es escamoteado a su propietario para ser usufructuado por un grupo social antagónico.
Dentro de este contexto, la principal fuerza productiva que reside en el hombre, y las denominadas genéricamente fuerzas productivas, constituyen la unidad orgánica del trabajo acumulado y del trabajo vivo, vale decir, del conjunto de elementos materiales y personales correspondientes de la producción de bienes necesarios para, a su vez, producir –partiendo de objetos de la naturaleza- cosas capaces de satisfacer las necesidades humanas y sistémicas.
Entre estos elementos materiales necesarios para la producción se cuentan –como ya dijimos- los instrumentos de trabajo, las máquinas, los robots y computadoras, los laboratorios y centros de investigación adscriptos a la producción, los edificios industriales, las centrales y redes eléctricas, los medios de transporte, los puertos y centrales de cargas, vías férreas y carreteras. En general nos referimos a todos aquellos objetos y conjuntos de objetos que han sido creados por el ser humano para ejercer su acción sobre los objetos de trabajo y obtener su principio de legitimidad frente al sistema. El elemento personal a que hacíamos referencia más arriba es el de la parte del hombre productora y conductora de medios de trabajo, medios que a su vez producen al propio hombre. Los instrumentos de producción, las máquinas, constituyen el elemento material determinante dentro del conjunto de las fuerzas productivas, pues marcan el carácter y nivel de desarrollo de la producción. Las etapas económicas de la humanidad se distinguen no tanto por lo que se produce en ellas sino por los medios de trabajo empleados. Todo proceso de producción social requiere, en principio, la preparación de los medios de trabajo, y a posteriori su empleo para producir objetos de consumo. Por ello, la producción social se divide, como hemos estudiado, en producción de medios de producción (sector I) y producción de medios de consumo (sector II). La ley correspondiente a toda reproducción ampliada reside en el desarrollo primordial del sector I, en la construcción de un número cada vez más complejo y mayor de instrumentos de producción a fin de reequipar sobre esta base a todas las ramas de la economía.
El hombre como portador del tiempo de trabajo, como decíamos, es en ese sentido la principal fuerza productiva y precisamente es en ésta donde actúan como freno las viejas relaciones de producción, impidiendo su desarrollo pleno. En el caso argentino y el de otros países periféricos, además del devastador efecto causado por la globalización financiera y el desarrollo capitalista, se vivió un proceso particular de destrucción de fuerzas productivas, que luego analizaremos con más detalle, pero donde se reflejaba una crisis de estructura proveniente de un régimen de propiedad semicolonial aunada a la crisis del sistema capitalista.
De todas maneras, no se puede escapar a las regularidades del caos determinista propio del sistema global. Las contradicciones sistémicas y las provocadas por el propio desarrollo de las fuerzas productivas, especialmente las concernientes al ciberespacio, han provocado un tipo de caos poseedor de una característica intrínseca generada internamente por el sistema capitalista. Este caos se diferencia de los efectos incontrolables del azar o de las fluctuaciones estocásticas –es decir, pertenecientes o relativas al azar- en el entorno externo o medio. Estos procesos estocásticos, externos, pueden generar azar, un comportamiento que parece caótico, en un sistema que no esté atrapado en un atractor extraño. Pero en el caso del sistema capitalista, nos referimos a las contradicciones internas del sistema que se transforman en un atractor extraño, en donde el caos determinista actúa como acelerador del sistema impulsándolo hacia su límite cuantitativo, en tanto va preparando en el seno del viejo sistema los elementos constitutivos del nuevo, los elementos que habrán de sucederlo, que no son otros que la concreción del encuentro del tiempo de trabajo con su dueño, el ser humano. Pero en tanto y por ello, en el sistema capitalista, el concepto de hombre productivo no puede ser separado del concepto de negación de la productividad, la enajenación.
El enfoque es, efectivamente, antropológico, es decir, que da por sentado que el hombre social es en sí mismo un sistema que persigue el principio y el fin de su existencia, si lo tomamos estrictamente desde este parámetro social. En un sentido más amplio podríamos pensar que es un subsistema del sistema materia y, por lo tanto, recurrir a aquella afirmación de Espinosa en cuanto a que el hombre es un instrumento de la naturaleza, pues ésta se autoconoce a través de aquél.
Repasando, recordemos que el sistema social consta de elementos y relaciones. En el capitalismo, el ser humano se desdobla, y una parte del mismo, que es su capacidad de trabajo –temporalizada en el tiempo de trabajo- es legitimada y pasa a ser el elemento del sistema. El resto del ser humano, su parte psíquica y física constituyen parte del entorno interno del sistema y por lo tanto, permanecen como nexos respecto del elemento. Ahora bien, desde ese entorno las partes física y psíquica pugnan por legitimarse, es decir, por lograr el principio de legitimidad, que sería el de conseguir que dichas partes física y psíquica se integren en un solo elemento, pasen a ser un nuevo elemento y que por lo tanto, que el ser humano sea una totalidad, venciendo la alienación actual, uniendo el ser y el tener.

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