Herencia soviética en Cuba (Parte IV)

Deja un comentario


miércoles 29 de febrero de 2012

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Las vanguardias políticas pueden intuir el momento en que un régimen ha agotado sus posibilidades; lo cual no significa que dispongan de un proyecto sustitutivo ni puedan anticipar las tensiones a que tal empeño someterá a la sociedad. La Revolución Cubana no es una excepción. En enero de 1959 Fidel Castro predijo que: “…En lo adelante todo será más difícil”, aunque seguramente no imaginó que 50 años después podría repetir las mismas palabras.

Las fórmulas preconcebidas, los dogmas que estorban más que ayudar, las posiciones inflexibles, a veces presentadas como principios o expresión de firmeza, los llamados a la unidad que en realidad promueven la obediencia y excluyen las ventajas del pensar diferente, cierran el paso a las ideas nuevas. Allí donde se penalizada la herejía tampoco echa raíces la fe y donde se cierran los espacios para la duda y la crítica, tampoco florece la verdad.
En los últimos años, como parte del clima de apertura en el ámbito digital (no en la prensa cubana), se han difundido impugnaciones a la Revolución Cubana por copiar el modelo político stalinista establecido en la Unión Soviética. La afirmación es errónea.
El stalinismo no fue una doctrina ni un sistema político, tampoco un modelo económico, sino una aberrante deformación de ambos. Lo que hizo aborrecible a Stalin no fue la planificación centralizada, la verticalidad ni incluso la ausencia de democracia en el funcionamiento de las instituciones, sino las acciones de fuerza, las violaciones de la legalidad, los procesos amañados, las condenas arbitrarias y la corrupción política.
Tal vez porque las confusiones teóricas instaladas autoritariamente no le permitieron percatarse de que de haber contado con instituciones eficaces, aquel fenómeno pudo evitarse, el “deshielo” impulsado por el XX Congreso no se propuso reformar el sistema político sino solamente corregir las deformaciones y penalizar, incluso después de muertos a quienes violaron la legalidad, falsearon los hechos, cometieron crímenes y restablecer las bases el sistema.
Debido a ese enfoque estrecho, las reformas impulsadas Kruzchov y Brezhnev se limitaron a castigar a unos y reivindicar a otros sin rozar siquiera al sistema político ni resolver los problemas estructurales que generaban déficits de democracia. El hecho de que se mantuvieran los privilegios de una élite política inmune al control social, se practicara la censura y se sostuviera la exclusividad ideológica y el dogmatismo y prevalecieran el burocratismo y el inmovilismo, no los hizo stalinistas; como tampoco ser reaccionario convierte a otros políticos en fascista.
Urgida de encontrar procedimientos para administrar la economía nacional y toda la actividad social; después de 17 años de búsquedas y de afrontar graves desajustes que amenazaba con colapsar la economía, la Revolución Cubana miró hacia la experiencia en el manejo de la economía acumulada por la Unión Soviética y los países integrantes del entonces llamado: “Campo Socialista.
En realidad la opción no era errada. Aquellos mecanismos hoy desacreditados no sólo habían permitido a la Unión Soviética dejar atrás a la Rusia feudal, restañar la ruina provocada por la Primera Guerra Mundial, allegar los recursos para derrotar a la contrarrevolución y la intervención extranjera y apenas 20 años después, salir victoriosa de la confrontación con la Alemania fascista. El sistema económico soviético, sin Plan Marshall y obligado a involucrarse en la carrera nuclear, avanzó espectacularmente en la reconstrucción del país.
Cuando a mediados de la década de los setenta, la dirección revolucionaria cubana decidió aplicar en la economía cubana un sistema de dirección que incorporaba la experiencia soviética, no se afiliaba a una opción desprestigiada ni derrotada, sino todo lo contrario.
No obstante, es preciso anotar que a aunque sin disponer de fórmulas sustitutivas viables, casi inmediatamente, Fidel Castro, se percató de que aquel esquema no arrojaba en Cuba los resultados que en otras épocas y circunstancias había aportado en la Unión Soviética.

Ese hecho explica por qué, a principio de los años ochenta, antes de que se iniciara la Perestroika en la URSS, en Cuba se desató el Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas que constituye la fase más dramática e ilustrativa de la introducción de las experiencias soviéticas en Cuba. Luego les cuento. Allá nos vemos.

Publicado por ARGENPRESS

Anuncios

Herencia soviética en Cuba (Parte III)

Deja un comentario


martes 28 de febrero de 2012

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

El examen de la huella soviética en Cuba no alude al pasado remoto, sino al presente de cambios, búsquedas y opciones; se trata de un fenómeno de enorme complejidad y sensibilidad que no puede ser adulterado, exagerado ni trivializado, tampoco omitido; incluso la imprescindible síntesis a que el periodismo obliga, no es excusa para la simplificación. Naturalmente faltan detalles, ejemplos y concatenaciones; algo hay que dejar a los historiadores.

Cuando en 1953, año del Centenario del natalicio de José Martí, Fidel y Raúl Castro y un heroico destacamento de jóvenes patriotas asaltaban el cuartel Moncada para dar inicio a la Revolución Cubana, aun no habían transcurrido cuatro meses desde que el 5 de marzo de aquel año, en Moscú expirara Iósif Stalin hecho que cerró la época más gloriosa y trágica en la construcción del socialismo en la Unión Soviética.
Ambos sucesos que no tienen otra relación que haber ocurrido en el mismo año, prueban que cuando la Revolución Cubana daba sus primeros pasos, en la Unión Soviética se había consolidado una estructura de poder y un sistema político que durante unos 70 años fue promovido y en ciertos países de Europa Oriental y Asia impuesto como un modelo.
Las victorias de la Unión Soviética en la II Guerra Mundial, el auge económico y social, el respaldo a la reconstrucción de Europa Oriental, el apoyo a China y la solidaridad con el movimiento de liberación nacional, junto a la condición de superpotencia proporcionaron a la URSS un enorme prestigio internacional; cosa que no evitó que en 1956, el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética denunciara a Stalin. Nunca sobre un líder político se lanzaron tan graves acusaciones. El país y la izquierda mundial quedaron anonadados por las revelaciones de los crímenes y desmanes cometidos al amparo del poder.
¿Cómo fue posible? Se preguntaban los militantes, los revolucionarios y las personas honestas del mundo. La respuesta es sólo una: el sistema político y sus instituciones no fueron capaces de evitar tal estado de cosa; a lo cual se añade que las instituciones volvieron a fallar cuando, una vez reconocido los errores, fueron insolventes para propiciar una legítima y eficaz rectificación.
No hay manera de comprender la empatía de la Unión Soviética y Cuba sin aludir a los momentos iniciales de la Revolución Cubana. De una parte, no hay en el Programa de la Revolución, cuya letra y espíritu constan en la Historia Me Absolverá, ni una palabra acerca de la estatización de la economía, de la colectivización de la tierra, de la supresión de las instituciones tradicionales del Estado; como tampoco ninguna alusión a los Estados Unidos, al imperialismo ni a un proyecto socialista de formato tradicional.
Aunque el hecho es interpretado de diversas maneras, lo cierto es que el poder revolucionario instaurado en 1959 no tuvo oportunidad de realizar sus metas y su programa, sino que fue empujado a una abrupta radicalización debido a la inesperada, brutal y desmesurada agresividad de los Estados Unidos que además de tratar de conseguir sus propio objetivos, amparó a la oligarquía, prohijó la actitud plattista de la burguesía nativa, apoyó materialmente y respaldó políticamente a la contrarrevolución interna y sus expresiones armadas.
Obviamente no creo que los líderes revolucionarios que alcanzaron el poder en 1959 hubieran calculado que en apenas unos meses tendrían que organizar la defensa frente a las amenazas de Estados Unidos, hacerse además del gobierno de administrar toda la economía nacional, resolver como explotar el 100 por ciento de la tierra, dirigir el sistema educacional y lidiar con un enorme sector social de la economía para lo cual carecían de todo lo necesario, en primer lugar de los cuadros y de los conocimientos.
En realidad más que una socialización en Cuba tuvo lugar una “desprivatización” (término que acabo de inventar), un hecho inédito creado porque los propietarios abandonaban sus empresas, tierras, periódicos, comercios y mansiones en espera de que los norteamericanos las rescataran para ellos. De ese modo comenzó la estatización en Cuba se introdujeron lo que pudiéramos llamar los rudimentos de la administración socialista.
Comenzó así un período de provisionalidad revolucionaria en el cual, a pesar de la temprana alianza política, económica y militar con la Unión Soviética y de la proclamación del carácter socialista de la Revolución en 1961, debido sobre todo a las aprensiones de Fidel, Raúl y el Che, la Revolución no se apresuró a introducir las prácticas ideológicas y se resistió a la copia mecánica de las prácticas vigentes en la URSS, especialmente sus métodos de dirección de la economía y su sistema político.
En la década de los setenta; tras 17 años de “provisionalidad revolucionaria” ante fenómenos económicos que amenazaban el proceso, la dirección revolucionaria decidió avanzar en la institucionalización del país y la Revolución. Obviamente donde no había un sector privado tampoco habría que recrearlo por lo cual de lo que se trataba era de asumir un modelo económico socialista y en el ámbito político, no sobraban los precedentes disponibles.

La experiencia de la Unión Soviética y los países socialistas, no eran la mejor opción sino la única y para allí, libérrimamente, sin sombra de imposición alguna miramos. Luego les cuento. Allá nos vemos.

Publicado por ARGENPRESS