Yoani Sánchez representará a la SIP, cártel de medios golpistas: ¿golpe a su imagen de víctima?

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Entrevista a Claudio Katz con la participación de Renán Vega Cantor: Cuando hablamos del imperialismo no podemos tomar un punto de vista imparcial

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Mario Hernandez (especial para ARGENPRESS.info).

Mario Hernandez (MH): Vamos a estar comunicados telefónicamente con el economista Claudio Katz analizando su último libro Bajo el imperio del capital que ha recibido una mención honorífica del Premio Libertador al Pensamiento Crítico, edición 2011, que le entregará personalmente el comandante Hugo Chávez Frías en el teatro Teresa Carreño de Caracas el próximo 7 de setiembre.
También contamos con una visita inesperada. Está en Buenos Aires desarrollando actividades académicas el historiador colombiano Renán Vega Cantor, docente de la Universidad Pedagógica Nacional de Bogotá, nos encontramos a desayunar y gentilmente aceptó la invitación de acercarse a la radio. Vamos a conversar brevemente con él antes de comunicarnos con Claudio Katz y luego nos va a ayudar a hacerle la entrevista.
Renán Vega Cantor (RVC): Muy agradecido de la oportunidad que me das de participar de este programa.
MH: ¿Qué te trajo nuevamente a Buenos Aires? Recuerdo que estuviste el año pasado.
RVC: He venido a participar de un coloquio sobre Pensamiento Crítico que se realizó lunes, martes y miércoles.
MH: Y hoy estarás participando en una mesa redonda en la facultad de Filosofía y Letras.
RVC: A las 19:00 habrá un panel con Antonino Infranca, Sergio Tischler y quien les habla en una exposición sobre la vigencia del Pensamiento Crítico.
MH: Me gustaría que nos dieras un panorama de la actualidad colombiana.
RVC: Colombia está viviendo en estos momentos una situación política bastante compleja e interesante en la medida que han resurgido un conjunto de luchas sociales que involucran a distintos sectores.
El año pasado hubo una movilización estudiantil muy importante, la más importante en los últimos 40 años en el país, que trajo como resultado obligar al gobierno a archivar provisoriamente su reforma educativa.
También se ha presentado una importante movilización de sectores campesinos e indígenas, siendo el hecho más significativo y que más impacto internacional ha tenido la movilización en el departamento del Cauca.
MH: Una movilización estudiantil que tuvo el éxito que todavía no ha tenido la de los estudiantes chilenos.
RVC: Se vivió un primer momento en el cual se cumplió el objetivo inicialmente planteado que era que el gobierno retirara la propuesta a la reforma a la educación superior. Es una reforma profundamente regresiva aunque en la práctica ya se ha ido imponiendo en los últimos 20/25 años que apunta a privatizar absolutamente el sistema educativo muy al modelo chileno, es decir, convertir a la educación en una empresa rentable, con ánimo de lucro, que invierta en la Bolsa y solo puedan estudiar los que puedan pagar, es decir, la venta de servicios educativos más otros elementos adicionales tendientes a mercantilizar la educación convirtiéndola en un servicio que se compra y se vende como cualquier otro.
Ahora se está en una segunda fase de reacomodamiento donde se está preparando un proyecto alternativo por parte de los estamentos universitarios.
MH: Tengo entendido que también hay una política privatizadora muy fuerte en la salud.
RVC: Llevamos 20 años de aplicación de la llamada Ley 100 cuyo promotor en el Senado de la República fue un personaje mundialmente famoso hoy, pero nefasto para Colombia, que es el ex presidente Alvaro Uribe Vélez. Esto ha llevado a que la salud en Colombia se convierta en uno de los negocios más rentables para unos cuantos grupos privados porque hizo que desaparecieran la red de hospitales públicos. Durante los 8 años de su gobierno se cerraron 800 hospitales públicos en el país. Estamos hablando de hospitales en distintas cabeceras municipales a lo largo y ancho del país. En un lugar determinado existía un hospital municipal que cubría las necesidades de ese casco municipal y las veredas circundantes y en algunos casos incluso de una mayor cobertura cubriendo una buena parte de un Departamento. Eso se privatizó o directamente se liquidaron los hospitales, se liquidó el personal y en su lugar hay lo que en Colombia llaman las EPS (Empresas Prestadoras de Servicios) que son simplemente negocios privados que ha hecho que el sector de salud privada sea la empresa que más ha crecido después de la empresa petrolera nacional que también está en proceso de privatización. La salud en Colombia está privatizada hace 2 décadas.
MH: Entonces el neoliberalismo sigue firme en Colombia.
RVC: Absolutamente firme. De alguna manera la movilización que se está presentando ahora es la respuesta, 20 años después, cuando la gente empieza a sentirse asfixiada por la privatización de buena parte de los servicios básicos.
El Premio Libertador al Pensamiento Crítico da una voz a los que escribimos desde un ángulo antiimperialista, crítico y anticapitalista
MH: Concretamos la comunicación con Claudio Katz. Buenos días, Claudio. Te comentaba que estamos en los estudios en compañía de Renán Vega Cantor, Premio Libertador al Pensamiento Crítico que me decía que creía que cuando se otorgan 3 menciones honoríficas, como es tu caso, se debería otorgar el premio mayor.
Claudio Katz (CK): (Risas) Bueno, muy agradecido por la iniciativa. Supongo que quedará en manos de los organizadores, desconozco cómo es la estructura de eso, pero lo felicito por la idea.
RVC: Buenos días, Claudio, para mí es un placer saludarlo desde acá de manera sorpresiva.
CK: No sabía que estabas aquí. Yo también aprovecho para saludarte.
RVC: Estamos de paso por Buenos Aires y me encontré con Mario y me dijo que tenía programado hablar con Ud. y para mí es muy grato estar aquí como decimos en Colombia un poco de colado o de pato.
CK: Siempre sos bien recibido.
MH: Bajo el imperio del capital ha obtenido una mención honorífica por parte de las autoridades del Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2011 y decía que era la tercera porque en 2004 recibiste otra por El provenir del socialismo y en 2008 por Las disyuntivas de la izquierda en América Latina que contó a Renán entre los jurados.
RVC: Fui jurado en esa oportunidad y justamente uno de los libros que llegó hasta los debates finales y candidateado entre los primeros fue el de Claudio. Para mí sus libros tienen varias cosas que difícilmente se encuentran en otros libros publicados en la izquierda, son muy rigurosos, muy documentados, pero a su vez el nivel de exposición es absolutamente sencillo y asequible a un público amplio.
MH: Lo pusiste en un aprieto porque ahora va a tener que explicar la teoría marxista clásica del imperialismo desde donde arranca Bajo el imperio del capital y cuáles son los nuevos escenarios de esa conformación económica y política.
CK: Primero vamos a intercambiar flores con Renán. Yo también pienso que sus trabajos son muy consistentes y además la existencia de un premio internacional al Pensamiento Crítico ha renovado el interés por las publicaciones en el pensamiento progresista y de izquierda. Me parece que es una instancia muy interesante con jurados consistentes y da una voz a los que escribimos desde un ángulo antiimperialista, crítico, anticapitalista.
En el caso de mi último libro tiene un propósito de denuncia y analítico buscando poner al día y actualizar la teoría del imperialismo. Primero lo hace con un aspecto de denuncia porque cuando hablamos del imperialismo no podemos adoptar un punto de vista imparcial. Discutir el imperialismo es hablar de acontecimientos atroces que todos los días quedan disueltos en un vendaval de noticias. Vemos aviones de EE. UU. asesinando familias en la frontera de Pakistán y Afganistán, marines atacando gente inocente, bombardeos de funerales, tropas especiales de EE. UU. en acciones de asesinatos selectivos a nivel internacional, la legalización de la tortura, la organización de sabotajes a economías adversas como la de Irán, guerras sangrientas en Africa para asegurar el control de las materias primas.
Mucha atención en América Latina a varios acontecimientos, a las bases estadounidenses en Colombia, a la guerra social que se está librando en México para instalar formas de autoritarismo en la vida cotidiana donde EE. UU. provee las armas y supervisa la persecución a los narcotraficantes y en Centroamérica una escalada de homicidios contra los pobres, contra los refugiados, una guerra de baja intensidad siempre con el argumento pueril de la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico.
Actualizar la teoría del imperialismo, antes de debatir conceptos y caracterizaciones más finas, es una polémica contra las justificaciones del imperialismo.
El libro es una discusión contra los argumentos neoconservadores que realzan las virtudes civilizatorias del imperialismo, contra los análisis pragmáticos que justifican la perpetuación del status quo, contra la teoría del derecho internacional que justifica intervenciones “humanitarias”, donde hay tropas siempre disponibles para socorrer a algún aliado occidental de las compañías transnacionales pero nunca para proteger a los palestinos, a los colombianos, a los pueblos africanos que soportan masacres todos los días.
Para mí discutir del imperialismo es partir de esta denuncia y, sobre todo, entender que no es un resabio del pasado como imaginan algunos liberales, tampoco un rasgo negativo e indeseado del sistema sino una necesidad del capitalismo para asegurar la reproducción de un sistema de explotación. En este marco discuto las teorías del imperialismo, busco afinar, actualizar, analizar cómo tenemos que abordar este problema hoy.
MH: Voy a hacer una pequeña digresión porque la academia había abandonado el concepto de imperialismo. No se hablaba más, se hablaba de globalización, de mundialización pero no de imperialismo. Una de las cuestiones que más me ha interesado de tu trabajo es justamente haber rescatado este concepto.
CK: Exactamente.
MH: Hablar de imperialismo era demodé.
CK: Totalmente. Hace por lo menos 20 años que, entre los especialistas, primero fue sustituido por el análisis de la globalización, pero entre los pensadores críticos en los últimos 15 años se ha hablado del neoliberalismo, incluso a partir de la última crisis de 2008 de la crítica al capitalismo, pero el concepto imperialismo quedó como marginado. Me parece que volvió a ocupar un papel relevante a partir de la invasión norteamericana a Irak, a partir de Bush, en ese momento el ejercicio descarnado de la acción imperial hizo que muchos intelectuales volvieran a discutir el tema.
A mí me parece que el concepto imperialismo es justamente relevante porque es útil para analizar cómo, en la etapa actual, en la etapa del neoliberalismo, en los últimos 20/30 años, hay una reconfiguración de las relaciones de poder a escala internacional y el concepto es útil para entenderla porque hay que analizarla teniendo categorías que nos permitan comprender que estamos en una época muy distinta a la del imperialismo clásico de Lenin y al período típico de posguerra.
MH: ¿Cuáles serían esas diferencias?
CK: Si comparamos la época actual con el período clásico de Lenin tenemos que tener en cuenta que hay por lo menos 2 elementos que distinguen significativamente el análisis del período actual del leninista clásico.
El primero y más importante, es que no estamos en una época signada por guerras interimperialistas. En la actualidad una confrontación bélica entre Japón y EE. UU. o entre Francia, Alemania o Gran Bretaña es simplemente impensable, inimaginable, en cambio en la época de Lenin todos los problemas políticos se razonaban a partir de conflictos bélicos entre potencias y no solo económicos. Los conflictos comerciales, financieros o productivos entre las potencias se proyectaban inmediatamente a la esfera militar. En la época actual no lo hacen. Me parece importante comprender que desde la posguerra se produjeron un conjunto de transformaciones estructurales en el funcionamiento del imperialismo que nos obligan a captarlo y analizarlo de otra manera.
También hay que tener en cuenta que la idea de estancamiento, de parasitismo financiero que era un criterio que organizaba la visión leninista debe ser adaptada a una época de mundialización neoliberal donde se ha renovado en forma dramática la competencia entre grupos oligopólicos alrededor del aumento de la productividad, de la búsqueda de nuevos mercados y no solo de una rivalidad entorno al manejo del excedente financiero.
En Bajo el imperio del capital exploro 3 tendencias estructurales del imperialismo contemporáneo que me parece que organizan una visión del sistema en la actualidad.
La primera es la creciente asociación internacional de capitales, por eso el libro lleva por título “el imperio del capital”. Me parece que el surgimiento de compañías internacionales como actores relevantes del período actual nos permiten captar que estamos en un período de mundialización financiera, de internacionalización productiva, de interconexión comercial, que acrecientan los desequilibrios del capitalismo en comparación al pasado, pero al mismo tiempo refuerzan la necesidad de un sostén coordinado del sistema.
Este salto cualitativo en la mundialización del capital es una tendencia que comenzó a esbozarse en la posguerra, se desenvolvió en forma importante a partir de la crisis del 70 y en el período del neoliberalismo se ha profundizado significativamente.
La segunda es que hay una gestión imperial más colectiva, con creciente preponderancia de guerras globales comunes en comparación a las guerras hegemónicas de cada potencia. Francia puede enviar tropas a Costa de Marfil e Inglaterra afianzar su presencia militar en Malvinas, pero en los grandes escenarios como Medio Oriente, en los grandes conflictos, hay una acción coordinada en torno a la OTAN, por eso la unidad colectiva ha sustituido a la defensa nacional como principio rector. Cuando hay un conflicto hay coordinación global.
Existe un tercer proceso que explica en gran medida los anteriores y es el rol estratégico protector que cumple EE. UU. para todo el capitalismo mundial. Hay mucha discusión acerca de cuál es el grado de declive de la primera potencia pero no cabe duda que actúa como un sheriff global que auxilia al grueso de las clases dominantes. Frente a coyunturas complejas de insurgencia popular o inestabilidad geopolítica, EE. UU. sigue cumpliendo un papel clave, por eso maneja la mitad del gasto militar mundial.
China es el gran cambio de la época
MH: ¿Cómo ubicamos dentro de este análisis a una potencia emergente como China?
CK: Sin lugar a dudas es el gran cambio de la época porque una de las grandes transformaciones que estamos observando es un ascenso fulminante de China que está consumando su conversión en una economía central. Este proceso acompaña otra gran novedad de la época que es el desplazamiento del eje productivo desde occidente a las regiones asiáticas.
Este ascenso de China es importante analizarlo tomando con mucho cuidado 2 conceptos que se utilizan mucho y me parece que pueden conducir a ciertos errores. El primero es colocar a China junto con el resto de los BRICS y hacer un paquete único.
MH: O sea junto con Brasil, Rusia, India y Sudáfrica.
CK: No se puede decir que hay un grupo emergente que avanza sin tener en cuenta que entre China y el resto hay una diferencia cualitativa. Brasil está cumpliendo un papel importante porque le vende materias primas a China. No están en el mismo plano.
La verdadera potencia que está cumpliendo un papel clave y que en la crisis internacional se ha demostrado que actúa como acreedora de EE. UU. en el plano financiero es China, no Brasil ni Sudáfrica.
La otra idea que puede dar lugar a confusiones es analizar el proceso en términos de multipolaridad, en una simple dispersión del poder global entre un conjunto de regiones y potencias. Lo que tenemos en este momento es una crisis de hegemonía de las viejas potencias centrales pero está asociada con una internacionalización de las empresas transnacionales. Aquí podemos observar otra diferencia con la época leninista.
China emerge no solo como potencia autónoma sino también económicamente asociada a los poderes centrales. China pasa a ocupar un lugar clave como poder pero ocupa ese lugar porque está conectada al comercio y las finanzas internacionales. No es como en el pasado que Japón emergía como un rival de EE. UU. y terminaron en guerra. China emerge como potencia pero al mismo tiempo como una economía muy conectada a los países centrales, por eso ha ocupado un rol clave en el socorro de los bancos en la crisis de 2008 y ha estado muy interesada en que no llegara a mayores para poder mantener su corriente de ventas de productos que le garantizan el excedente comercial.
En el caso de China tenemos un escenario abierto y hay que tener mucho cuidado en un análisis que todavía no define una tendencia.
RVC: Quería preguntarle a Claudio cuál sería la cuestión del Estado nacional porque una gran diferencia con el análisis de la economía internacional, del imperialismo y la globalización, está relacionado con la aparente disolución de los estados nacionales y de lo que en otros tiempos se llamaba la cuestión nacional que tenía que ver con los problemas de dominación colonial, con el sometimiento de un Estado por otro, de invasión territorial a una nación y casos por el estilo.
¿Cuál sería el papel de hoy cumple el Estado nacional en esta reconfiguración imperialista?
CK: Creo que en este terreno me parece importante remarcar un aspecto que se analiza en el libro y que es la polémica con la teoría del imperio de Toni Negri, de William Robinson, que suponen que hemos entrado en una época donde los estados nacionales se disuelven, donde las clases dominantes se transnacionalizan y por lo tanto deja de existir la vieja estructura de organización del planeta en torno a estados nacionales. Creo que eso es un error. No hay que confundir una tendencia cierta a la internacionalización del capital, a su asociación mundial, con las exageraciones del globalismo convencional. Me parece que esas visiones omiten el rol central que continúan preservando los viejos estados nacionales en el marco de un avance de la mundialización. Es un error suponer que estructuras globales que están apareciendo en forma embrionaria ya pueden cumplir funciones estatales básicas. Están la OMC, el FMI, el Consejo de Seguridad de la ONU, pero esos organismos internacionales o sus equivalentes regionales, como la Unión Europea o el Mercosur, no pueden sustituir una construcción histórica como es el Estado nacional.
Estamos en una etapa de convivencia, de coexistencia de estructuras paraestatales regionales y mundiales con el viejo mecanismo del Estado nacional que es el único dispositivo, la única estructura que sigue contando con la legalidad, la legitimidad y el poder suficientes para garantizar el predominio de las clases dominantes.
Este solo se puede ejercer a través de las estructuras nacionales y me parece que con criterios transnacionalizados no se puede razonar, comprender las mutaciones regionales y el reordenamiento del mapa de potencias que estamos observando hoy en día.
En síntesis, hay un elemento interesante que percibe esta corriente que es el avance de la mundialización pero lo hace en términos tan exagerados que termina anulando el propio aporte que hace para la comprensión del actual período.
Europa se ha convertido en el eslabón débil de la cadena de la crisis global
RVC: Le quería manifestar que tuve oportunidad de conocer su libro en Colombia editado por Espacio Crítico y cuando lo leí me sorprendió que Ud. plantee tan claramente los debates más importantes que hoy se dan a nivel mundial con relación a la teoría del imperialismo y su necesaria actualización.
¿Cuál sería la situación de la Unión Europea (UE) con respecto a esa contradicción entre transnacionalización y predominio de los estados nacionales y la importancia que tienen los acontecimientos en ese continente con relación al fortalecimiento de determinados estados en el período inmediato?
¿Cómo ves la posible disolución de a Unión Europea y la hegemonía del dólar sobre el euro?
CK: Europa se ha convertido en el eslabón débil de la cadena de la crisis global. Se esperaba que EE. UU., donde se inició la crisis en 2007/8, iba a ser el centro del temblor, pero finalmente el segmento que resultó más frágil fue la UE, en gran medida por su débil constitución como bloque regional competitivo que recién estaba despertando.
Desde el punto de vista de los temas que estamos discutiendo hoy, hay algunos hechos interesantes. El primero es que se ha demostrado que la UE descansa en el poder de Alemania que se constituyó luego de la anexión de Alemania Oriental y durante 10 años aumentaron la productividad por encima de los salarios convirtiéndose en una potencia exportadora, acuñaron el euro y se ha constituido en el verdadero eje de la UE y la potencia que determina qué país sigue y cuál se va del euro.
En Europa se están reconfigurando relaciones internas de centro-periferia. El centro es Alemania y su socio político-militar, Francia, y la periferia son Irlanda, Portugal, Grecia y en el medio, países como España e Italia, entre uno y otro campo.
Pero al mismo tiempo, con una gran debilidad exterior frente a EE. UU. No nos olvidemos que la capacidad que mantiene este último país para intervenir en los acontecimientos políticos mundiales es abismalmente superior a la del eje franco-alemán y esto se demuestra porque en los momentos críticos de la crisis mundial los grandes capitalistas se refugian en el dólar, los bonos del Tesoro estadounidense o en la City londinense, pero no lo hacen en Alemania, Francia o el euro.
Hay una diferencia cualitativa entre el proceso de construcción de un poder regional a nivel europeo y otro mundial-imperialista asentado, como es el dispositivo que maneja EE. UU.
La crisis europea es el elemento abierto de la crisis mundial y especialmente ahí tenemos que cambiar el foco de análisis y en vez de poner el acento solo en lo que ocurre entre las clases dominantes, tenemos que ver qué está pasando con la resistencia popular.
Europa importa hoy por el rol que están cumpliendo los movimientos sociales que han irrumpido en España y Grecia y su combatividad es la que puede abrir un horizonte progresista a la crisis mundial actual, algo que no se observa en otras partes del mundo.
Evitemos un análisis oportunista del impacto de la crisis sobre Argentina
MH: Se nos termina el programa y no quería dejar de preguntarte, aunque sea brevemente, sobre la economía argentina. Ayer me enviaste un artículo sobre la situación nacional y la pregunta sería ¿se nos cayó el mundo encima?
CK: No. Tenemos que evitar un análisis oportunista del impacto de la crisis global sobre Argentina y decir un día que se nos cae el mundo encima y adelantamos las elecciones con ese pretexto y al otro día que tenemos un sistema económico blindado frente al mundo por la fortaleza del modelo.
El efecto es muy contradictorio porque efectivamente el impacto de la crisis sobre Brasil afecta nuestras exportaciones industriales y el nivel de empleo, pero los acontecimientos europeos no tienen incidencia sobre la economía nacional y el relativo aislamiento del sistema financiero argentino del quebranto mundial hace que los vaivenes de las Bolsas y los quebrantos de los bancos europeos no nos afecten directamente.
Además, y ahí viene el elemento clave, el precio de la soja, nuestra principal exportación, está en un récord impensado, por encima de los U$S 600 la tonelada y si siguen los problemas climáticos en EE. UU. y la especulación con las materias primas, la mejora en los términos de intercambio permitirá una afluencia de dólares muy importante al país.
Los elementos de desequilibrio que enfrenta el modelo actual los sitúo especialmente en la inflación, la salida de capitales y el déficit fiscal y obedecen a grietas por desequilibrios anteriores que viene acumulando el modelo económico neodesarrollista que está implementando el gobierno.
Son desequilibrios que no tienen el alcance de la crisis de 2001, que ni siquiera pueden tener el impacto del parate de 2009, pero que estructuralmente están afectando la posibilidad que tiene el pueblo argentino de mejorar su nivel de vida y reducir la desigualdad. Es un modelo que no está modificando la dependencia del monocultivo de soja, que no permite una reindustrialización consistente, que continúa atado a actividades extractivas como la megaminería, que no resuelve los problemas estructurales del transporte, que ha generado un desequilibrio de largo plazo por la pérdida del autoabastecimiento energético y que no hace una reforma impositiva indispensable para reducir los niveles de desigualdad y permitir que los trabajadores informales cuenten con la protección social que requieren.
El trabajo que envié ayer -“Contrasentidos del neodesarrollismo”-, intenta este diagnóstico general de en qué punto se encuentran los problemas de la economía argentina.
MH: Tengo entendido que el próximo 7 de setiembre se entregará el Premio al Pensamiento Crítico Libertador Simón Bolívar, ¿vas a viajar a Caracas?
CK: Me tienen que confirmar la fecha, Renán conoce bien el tema porque él estuvo como ganador, que la entrega es un acontecimiento importante que cuenta con la presencia del presidente Hugo Chávez. Hay una exposición del primer premiado y luego una serie de actividades culturales de todos quienes recibimos menciones honoríficas.
MH: Te comprometo al aire para que al regreso contemos nuevamente con tu participación en FM La Boca y traernos noticias frescas de Venezuela a pocos días de sus elecciones presidenciales.
CK: Será un gusto. Las encuestas confirman el triunfo de Chávez. Hay un hecho interesante respecto de su enfermedad que no le impidió tener en estos momentos una participación activa en la campaña electoral. Creo que Venezuela será nuevamente uno de los epicentros claves para el futuro político latinoamericano.
MH: Te despide Renán Vega Cantor.
RVC: Nuevamente felicitaciones por el premio y realmente creo que sus contribuciones al pensamiento latinoamericano y mundial son muy importantes. Quiero decirle que uno de los hechos más emocionantes de la entrega del “Simón Bolívar” es que asisten 2000/3000 personas de origen popular y los libros ganadores son editados para entregarlos gratuitamente a los asistentes, lo cual a uno lo reconforta bastante.
CK: Esta combinación entre una selección intelectual rigurosa y al mismo tiempo una difusión popular importante de los textos me parece interesante y muestra un camino de fusión del pensamiento con la práctica popular. Hasta luego.
MH: Renán, ¿qué te dejó a vos haber ganado el premio mayor? ¿En qué año fue?
RVC: En 2007, pero como lo entregan al año siguiente, lo recibí en 2008. Realmente para mí fue un reconocimiento muy significativo fuera del país de una investigación independiente y me ha servido para seguir investigando y escribiendo sobre tópicos muy importantes relacionados con distintos problemas pero, sobre todo, en relación a la realidad colombiana.

Estoy muy interesado en que se conozca a nivel mundial la crítica situación de mi país, que va mucho más allá de la propaganda oficial y, sobre todo, por los luchadores sociales, los dirigentes populares, los defensores de los Derechos Humanos que todos los días son acosados y también asesinados y desaparecidos en un río de sangre que nunca parece terminar y se prolonga por más de medio siglo.

Otra vez el Comando Sur de Estados Unidos: Avanza la militarización subordinada de Panamá

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Marco A. Gandasegui Jr. (especial para ARGENPRESS.info)

Por décimo año consecutivo Estados Unidos ha torcido y hecho añicos la Constitución Política de Panamá y todas sus leyes. Por un lado, insiste en realizar maniobras militares en torno al Canal de Panamá con supuestos “aliados” panameños y de otros 15 países latinoamericanos. Por el otro, asume abiertamente el control territorial del país. En sus “juegos militares”, incluso, delega a terceros países responsabilidades soberanas panameñas.

En la Constitución Política panameña se establece en forma explícita que el país no tiene un ejército. Igualmente, señala que la soberanía es inalienable e intransferible. Desde el 6 de agosto hasta mañana (viernes, 17 de agosto), Panamá ha sido virtualmente ocupada por tropas norteamericanas con el supuesto de que el Canal está en peligro. Según un comunicado de los mandos militares de ese país del norte, “el Ejército Sur de Estados Unidos y las fuerzas armadas y de seguridad de 17 naciones participarán del ejercicio anual Panamax, que cuenta con el patrocinio del Comando Sur”.
El comunicado plantea objetivos contradictorios y sin mayor sentido: “Este ejercicio multinacional reúne a las fuerzas navales, aéreas y terrestres en una operación conjunta y combinada para defender el Canal de Panamá de ataques perpetrados por violentas organizaciones extremistas de carácter ficticio, así como también responder ante los brotes pandémicos y catástrofes naturales en diversas regiones”.
Entre los grupos ficticios “extremistas”, los militares norteamericanos han mezclado en una sola bolsa a campesinos e indígenas panameños, a fuerzas insurgentes de Colombia y a traficantes de drogas ilícitas que operan en los círculos financieros y políticos de Estados Unidos. A pesar del debilitamiento de las relaciones económicas y políticas de Estados Unidos con los países de Sur América, los lazos militares siguen siendo muy fuertes. Washington no sólo pretende mantener una presencia militar física en la región, también quiere conservar su posición como principal proveedor de armamentos.
En el operativo Panamax dirigido por Estados Unidos, tropas colombianas asumieron la dirección del componente terrestre del ejercicio por segundo año consecutivo. El Comando Sur de Estados Unidos también informó que “las fuerzas militares brasileñas dirigen el componente marítimo por primera vez”. Es decir, el territorio nacional y las costas panameñas quedaron bajo la responsabilidad soberana de terceros países. “El comandante de componente marítimo de la Fuerza Multinacional para Panamax 2012 es el contralmirante Wilson Pereira de Lima Filho de Brasil , informaron los militares norteamericanos.
En uno de sus comunicados, los militares norteamericanos se refieren abiertamente al derecho que tiene Estados Unidos de intervenir en forma unilateral en Panamá “cuando se considere necesario por el gobierno de Panamá y otras naciones de la región”. El operativo llamado “Panamax, afirman los militares norteamericanos, proporciona oportunidades para que las naciones participantes, junto con el Ejército del Sur, se unan para contrarrestar las amenazas de las organizaciones delictivas transnacionales”.
El ejercicio incluye “las Fuerzas Marinas del Sur, de Operaciones Especiales del Comando Sur y el Comando de las Fuerzas Navales del Sur con los buques y un contingente de artefactos explosivos, buceo móvil, la logística y el personal de seguridad de las fuerzas”. Todas bajo el mando del general Simeon G. Trombitas, comandante del Ejército Sur de Estados Unidos. La sede el Ejército Sur estuvo por más de 50 años, durante la segunda mitad del siglo XX, en Clayton, donde actualmente se encuentra la Ciudad de Saber, en las afueras de la ciudad de Panamá.
Según un despacho de una agencia de noticias española en Panamá, el subcomisionado del Servicio Aéreo Nacional Aeronaval, Jorge Yanis, aseguró que el ejercicio castrense tendrá un carácter virtual. “Va a ser realizado en Estados Unidos, donde vamos a establecer ejercicios de mesa virtuales con miras al adiestramiento de nuestro personal en prevención de una amenaza que atente contra el libre tránsito en el Canal de Panamá”.
Por su lado, el Comando Sur señaló que el principal objetivo del ejercicio es proveer una variedad de respuestas a las solicitudes del gobierno panameño para “proteger y garantizar el flujo seguro del tráfico a través del Canal de Panamá, garantizar su neutralidad y respetar la soberanía nacional”. En 1989 Estados Unidos invadió militarmente a Panamá alegando objetivos similares. Esta experiencia trágica costó miles de vidas humanas y Estados Unidos la justificó, al igual que ahora, señalando que actuaba en defensa de la democracia, la neutralidad y la soberanía nacional de Panamá.
En esta ocasión, sin embargo, Estados Unidos señala que “los desafíos regionales requieren soluciones regionales. Panamax 2012 está diseñado para responder como una fuerza unificada a una amplia variedad de misiones en el aire, la tierra, el mar, espaciales y la cibernética”, según el Comando Sur.
Estados Unidos compara el ejercicio Panamax a su invasión de Haití después del devastador terremoto de 2010. Estados Unidos delegó su responsabilidad militar en ese país del Caribe a los militares de Brasil y Chile. Todavía hay millones de haitianos que viven en condiciones infrahumanas debido a la política de Estados Unidos y sus aliados militares latinoamericanos. Totalmente fuera de contexto, Estados Unidos dice que Panamax es una “ayuda en operaciones humanitarias y respuestas a desastres, como se manifestó después del terremoto de Haití”.

El mayor acto terrorista de la historia

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El 6 de agosto de 1945 la aviación estadounidense dejó caer la bomba en la indefensa Hiroshima y el 9 del mismo mes se repitió la acción contra Nagasaki. El Emperador japonés se vio obligado a aceptar la rendición incondicional ante la visión apocalíptica de 220 mil muertos en ambas ciudades. Se iniciaba la era nuclear, la era del terror nuclear. El mayor acto terrorista de la historia de la humanidad se había consumado.

 

Sergio Rodríguez Gelfenstein / Especial para Con Nuestra América
Desde Caracas, Venezuela
Hiroshima: la devastación después de la bomba atómica
En agosto de 1945, Japón estaba militarmente derrotado, la guerra en Europa había terminado 3 meses antes con la derrota de los aliados del Imperio del Sol Naciente, los  fascistas italianos y los nazis alemanes habían sido desplazados del poder ante el empuje de las fuerzas del Ejército Rojo soviético y las tropas de Occidente que habían irrumpido en el continente europeo por Normandía en  Francia y por el sur de la bota italiana. La resistencia heroica de los  pueblos europeos recibió desde el este, el oeste y el sur  el apoyo necesario para su liberación.
Años antes, en  1941, Japón había subestimado la reacción de Estados Unidos ante un ataque a su territorio. El 7 de diciembre  había lanzado una gigantesca ofensiva aérea contra la flota estadounidense del Pacífico basificada en  Pearl Harbor, en la isla Oahu de Hawái. Aunque algunos historiadores han afirmado que el objetivo de la acción era liberar al imperio nipón del bloqueo económico a que era sometido y crear condiciones para una negociación en mejores condiciones, es difícil suponer eso en el año 1941. Parece más acertado suponer que con la destrucción de la flota estadounidense  pretendía reasumir el control y la consiguiente hegemonía sobre  el Océano Pacífico  y ocupar los territorios coloniales de Estados Unidos y Europa en ese vasto territorio, estratégico para un país insular como Japón.
Desde la otra cara de la moneda, lo que Estados Unidos ha querido presentar como una sorpresa, no lo fue tanto. Desde 1932, había estado preparado para un ataque sorpresa contra Pearl Harbor y  había entrenado a sus tropas para esa eventualidad   que consideraba como la “mejor manera” de atacar la isla.
En 1939 la Oficina de Inteligencia Naval (ONI) había redactado un informe secreto que contenía ocho medidas para inducir a Japón a atacar a Estados Unidos. El presidente Roosevelt puso en marcha las ocho medidas propuestas por la ONI en su informe. La primera de ellas consistía en situar a la flota en Hawái como cebo dentro del radio de alcance de los portaviones nipones. La implementación de estas medidas produjo resistencias y opiniones contrarias de diversos funcionarios, incluso entre algunos miembros de las Fuerzas Armadas. Todos ellos fueron oportunamente removidos de sus cargos y desplazados a otros sin relación con el tema.
A partir de ese momento se comenzó a montar una de las operaciones de inteligencia mejor implementadas de la historia. Una de los argumentos que se ha utilizado es que las fuerzas atacantes mantuvieron un estricto  silencio de radio, lo cierto es que desde agosto de 1940 la inteligencia naval de Estados Unidos interceptaba y descifraba los mensajes de los diplomáticos y militares nipones. Estudiosos del tema afirman que “entre el 16 de noviembre y el 7 de diciembre de 1941 Estados Unidos interceptó 663 mensajes por radio entre Tokio y la fuerza de ataque, o sea, aproximadamente uno cada hora, entre ellos uno del almirante Yamamoto, Comandante en Jefe de la Flota Combinada de la Armada Imperial Japonesa, no dejaba ninguna duda de que Pearl Harbor sería el blanco del ataque japonés.
El 27 y 28 de noviembre de 1941, Roosevelt ordenó expresamente al almirante Kimmel y al general Short, los más altos mandos militares de Estados Unidos en Hawái permanecer a la defensiva pues “Estados Unidos desea que Japón cometa el primer acto abierto”.
Inmediatamente después del ataque, Roosevelt anunció que Estados Unidos se lanzaría a la guerra: “Nuestro pueblo, nuestro territorio y nuestros intereses están en grave peligro… He pedido que el Congreso declare que desde que Japón lanzó este cobarde ataque sin provocación alguna el domingo 7 de diciembre, Estados Unidos y el Imperio japonés están en estado guerra”.
El secretario de Guerra escribió en su diario: “Cuando recibimos la noticia del ataque japonés, mi reacción inicial fue alivio porque la indecisión había terminado y ocurrió de tal manera que podría unificar a todo nuestro pueblo. Ese sentimiento persistió a pesar de las noticias de catástrofes. Este país, si está unido, no tiene nada que temer. Por otro lado, la apatía y las divisiones que fomentaban personas antipatrióticas eran muy desalentadoras”.
Era la guerra que el gobierno de Estados Unidos quería. Como siempre necesitaban argumentos para mostrarse ante su pueblo como víctima de una agresión extranjera.  De esa manera, se justificaba su respuesta “en defensa de la integridad de América”. Así se fraguó la entrada de Estados Unidos en la guerra en contra de lo que expresaba su propia opinión pública, adversa a tal decisión. Así, también se comenzó a diseñar la manera en que debía concretarse la peor venganza de la historia. Con ello, el imperio estadounidense quiso sentar las bases de una hegemonía sustentada en el horror y el terror que produce el eso indiscriminado de la fuerza.
Fue el propio Emperador Hirohito quien el 22 de junio de 1945 en una sesión del Consejo Supremo de Guerra, declaró lo que otros altos dignatarios no querían o no se atrevían a insinuar: “el Japón debía hallar un medio para terminar la guerra, porque no hay forma de continuar con este estado de cosas. Oleadas tras oleadas de bombarderos estadounidenses reducen a cenizas las principales ciudades del Japón. El bloqueo se hace sentir en todos los aspectos de la vida. Acecha el hambre y las enfermedades, no hay combustibles, la distribución de agua es intermitente, no hay energía eléctrica, la distribución de alimentos está llegando a niveles trágicos y los servicios de salud atienden sólo casos de gravedad”. No era esta la situación de una potencia fortalecida y desafiante.
Por el contrario, buscaba desesperadamente negociar. Ya lo habían comenzado a hacer con la Unión Soviética. Mientras tanto, se incrementaban los bombardeos de Estados Unidos contra el inerme territorio japonés, destruyendo lo poco que quedaba de su poderío militar y naval. Se trataba de “ablandarlo” antes del golpe decisivo, que nadie imaginaba de tal magnitud. En otro orden, Estados Unidos recelaba de las conversaciones y acuerdos a los que pudiera llegar Japón con la Unión Soviética, los que le podrían hacer quedar en una situación complicada en la región del Pacífico de cara a un escenario mundial distinto en la posguerra.
En este contexto, los triunfadores se reunieron en Potsdam, Alemania, en una reunión cumbre de los mandatarios de las potencias vencedoras en la guerra. El tema de Japón estaba presente como punto sobresaliente de la agenda. Estados Unidos, Gran Bretaña y China (aún no había triunfado la revolución de 1949) proclamaron que la única alternativa era la  “rendición incondicional”. Además de ello, se exigía privar  a Japón de todas sus ganancias territoriales y posesiones fuera de las islas metropolitanas, y que se ocuparían ciudades del Japón hasta que se hubiese establecido “un gobierno responsable e inclinado a la paz” de acuerdo con los deseos expresados por el pueblo en elecciones libres. Dos días después de publicada la Proclama de Potsdam, Japón rechazó los términos de rendición incondicional.
Aunque existían muchos puntos a resolver, había uno sobre el que los aliados no se habían manifestado y que para Japón era de honor: el status de su Emperador, por el cual los japoneses estaban dispuestos a las últimas consecuencias. El asunto no era difícil de resolver toda vez que ninguna de las potencias se había manifestado reacia a una decisión favorable a la continuidad de la monarquía. La única línea de comunicación de Japón con los aliados era la Unión Soviética, que aunque tenía información de inteligencia acerca de la posesión por Estados unidos del arma atómica, se encontraba al margen de los preparativos bélicos de sus aliados occidentales. Por su parte, Estados Unidos dudaba de las negociaciones soviéticas e incluso suponía que la URSS, -en realidad- estaba ganando tiempo para una acción bélica propia que les diera el control futuro sobre Japón. En ese contexto, el nuevo presidente estadounidense Harry Truman  ordenó el lanzamiento de las bombas atómicas.

El resto de la historia es conocida, el 6 de agosto la aviación estadounidense dejó caer la bomba en la indefensa Hiroshima y el 9 del mismo mes se repitió la acción contra Nagasaki. El Emperador japonés se vio obligado a aceptar la rendición incondicional ante la visión apocalíptica de 220 mil muertos en ambas ciudades. Se iniciaba la era nuclear, la era del terror nuclear. El mayor acto terrorista de la historia de la humanidad se había consumado.

Deuda nacional por las guerras imperiales

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lunes, 6 de agosto de 2012

Manuel E. Yepe (especial para ARGENPRESS.info)

“El gobierno de Estados Unidos ha robado a las futuras generaciones de norteamericanos $15, 876, 457, 645,132.66 (casi 16 billones de dólares estadounidenses) y sigue agregando a ese total más de 100 millones cada día. Hace treinta años estamos viviendo en esta orgía multibillonaria que nos ha propiciado el más alto nivel de vida que la humanidad haya conocido… pero tan maravillosa prosperidad que hemos disfrutado ha sido una mentira; no es real. Hemos estado tanto tiempo viviendo muy por encima de nuestros recursos que ya no podemos siquiera recordar cual es la realidad verdadera”.

Tal es la consideración que deriva de la situación el escritor, disertante y activista social Michael Snyder y la expone en un muy documentado artículo que apareció originalmente el Economic Collapse Blog y ha sido reproducido por publicaciones alternativas de diversos países.
Según Snyder, como ocurre a todo adicto a las deudas, más temprano o más tarde la economía estadounidense chocará con la realidad como con una pared. “Nuestra deuda nacional, en algún momento, provocará la implosión de nuestro sistema financiero y cada norteamericano sufrirá su parte del dolor por el desplome. Matemáticamente, no existe posibilidad alguna de que esa deuda pueda ser saldada alguna vez. Hemos acumulado la mayor deuda de la historia del mundo y las futuras generaciones, si las hubiera, nos maldecirán e insultarán por la calamidad que les hemos causado”.
En su ensayo sobre “Cosas que todo norteamericano debía conocer acerca de la Deuda Nacional” (Things That Every American Should Know About The National Debt), Mike Snyder recuerda que Estados Unidos tardó más de 200 años para acumular el primer billón de dólares en su deuda nacional; la llevó a 2 billones en 1986; en 1992 la aumentó a 4 billones y en 2005 se montó en 8 billones de dólares. Ahora, la deuda nacional de Estados Unidos está a punto de cruzar la marca de 16 billones. “¿Por cuánto tiempo podrá continuar este crecimiento exponencial?”, se pregunta el autor.
Según otros economistas estadounidenses, Joseph E. Stiglitz -Premio Nobel de Economía- y Linda J. Bilmes -profesora de la Universidad de Harvard-, la invasión de Irak costó tres mil millones de dólares a los contribuyentes estadounidenses y la guerra contra Afganistán otro tanto, lo que indica que esas acciones bélicas, en su conjunto, duplicaron la deuda pública de Estados Unidos.
La deuda nacional per cápita de Estados Unidos es mayor que la de Grecia, Portugal, Italia, Irlanda o España. Representa más de la tercera parte de lo que suman las deudas oficiales de todos los países del mundo. Es hoy 22 veces mayor que cuando gobernaba James Carter y se pronostica que sobrepasará los 23 billones de dólares en 2015. Según un reciente análisis del FMI, la deuda oficial de Estados Unidos en 2050 será cuatro veces mayor que su Producto Interno Bruto (PIB). Entre 2007 y 2010, el PIB de Estados Unidos ha crecido sólo 4.26%, en tanto que la deuda se incrementó un 61%.
Es por ello que no hay dinero para Seguridad Social, Medicare, Medicaid, cupones de alimentos, atención al medio ambiente ni para la red de seguridad social.
Pero a Washington esta situación no parece quitarle el sueño. Prueba de ello son el financiamiento y organización de conflictos encaminados al derrocamiento de los gobiernos nacionales en Libia y Siria; la intromisión sistemática en los asuntos internos de todos aquellos países que no someten sus soberanías a la hegemonía imperial y sus incesantes acciones violatorias del derecho internacional en Pakistán y Yemen.
Súmense los grandes gastos presupuestarios derivados de las peligrosas acciones, preparativos bélicos y amenazas (encubiertas o evidentes) que supone el desplazamiento de sus fuerzas navales y otros esfuerzos por rodear a Rusia, China e Irán de bases militares -o sucedáneas de ellas- encaminadas a integrar un cerco en torno estas naciones, a mediano o largo plazo.

Y si mal andan las cosas en la economía, no le van mejor en asuntos de guerra. Michael Snyder caracteriza así la reputación que le ha valido al gobierno de Estados Unidos su desempeño en temas bélicos: “Un gobierno cuyos militares no pudieron, contando con la ayuda de Gran Bretaña, ocupar Irak a ocho años de haberlo invadido; que fue forzado a poner fin al conflicto poniendo a los “insurgentes” en las nóminas militares estadounidenses y pagarles para que dejaran de matar soldados norteamericanos; un gobierno cuyos militares no han podido contener a unos pocos miles de Talibanes en once años, sobrevalora sus posibilidades cuando organiza una guerra contra Irán, Rusia y China”.

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Humala: De la mano con el neocolonialismo imperial

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jueves, 2 de agosto de 2012

José Suarez Danós (especial para ARGENPRESS.info)

El 28 de Julio pasado el presidente Ollanta Humala finalizó su primer año de gobierno.

Los actos de su gestión más el informe de rigor que rindió a la nación peruana facilitan ya el ensayo de un análisis objetivo de su gestión.
Comenzaremos señalando que precisamente su informe lo muestra como un presidente ajeno al mandato encargado por la nación –“la gran transformación”- y orientado a objetivos diferentes.
Ello es ratificado por los hechos de su gobierno, en el cual la población que votó mayoritariamente por su elección fue la menos favorecida -si no fue agraviada-.
Han sido características de su primer año de gobierno, la conflictividad social, la inestabilidad política, el uso arbitrario de la fuerza policial-militar contra pueblos del Perú y la insatisfacción casi general de la población.
En contraparte el fin de este lapso encuentra a un Ollanta Humala extrañamente convencido que “su labor” estaría siendo positiva.
Quizá suponga que culminar un año de gobierno en “piloto automático” y sin modificar nada, sea un logro.
Pero ¿qué originó que Humala haya acusado problemas de gobernabilidad desde el comienzo de su gestión cuando aglutinaba en su favor el apoyo de casi los dos tercios de la población?
La razón sin duda alguna sólo fue una: el fraude al mandato soberano encargado.
En nuestro parecer ello tiene que ver con causas estrictamente personales –rasgos de personalidad del mandatario- y no propiamente con coyunturas de origen político.
La falta de coherencia y ambigüedad que comenzó a denotar al iniciar su gestión, le han pasado temprana factura política toda vez que incidieron particularmente en las expectativas y aspiraciones del mandante soberano. Lo explicamos.
En el 2011 la elección presidencial de Humala presuponía el ordenado tránsito democrático para cumplir con la aspiración nacional por “la gran transformación”.
Ella considera una impostergable y urgente recuperación de la soberanía nacional, el cambio del sistema neoliberal imperante en el país y restablecer el Estado de Bienestar.
Empero ni bien empezada su gestión, se mostró cual gobernante aquejado por el “síndrome de Estocolmo” tras haber sido objeto de un secuestro a manos de ese mismo “sistema” –o un autosecuestro como algunos analistas sugieren-.
El giro doctrinario y programático de 180 grados que dio a inicios de su gobierno para sujetarse al neoliberalismo transnacional, fue en nuestro criterio el silencioso y principal detonante del conflicto social. Craso error político, pues cambió pueblo por elites.
La derecha peruana con la que se alió Humala intentó atribuir a la población de Cajamarca ser la causa de la inestabilidad gubernamental (caso “Conga”, en el norte del Perú), alentando se le reprimiera con la fuerza pública.
Ese conflicto junto con otros similares, fue sólo la onda explosiva visible del hartazgo de dos décadas de los pueblos del Perú con el “sistema”, que ya llegó a su límite. A ello se sumaba, la alianza del mandatario con el neoliberalismo.
Pero como bien lo habrá meditado Ollanta Humala, ese problema político-social fue gestado por él con sus devaneos políticos y el fraude al mandante.
El presidente sabe que en los ancestrales códigos sociales incas de la población peruana, la traición es un problema de difícil resolución y es asumido colectivamente.
Más aún si ella proviene de un soldado que se debe a la patria y que apeló por votos a la imagen del ex presidente Juan Velasco Alvarado, ejemplo de nacionalismo para el Perú.
Para esos pueblos agrícolas con recursos auríferos codiciados por el neoliberalismo transnacional por sobre la vida, hoy el gobierno peruano sólo representa un adversario más como en su tiempo lo fue el virreinato español.
Por esta razón se ha visto obligado a conformar un tercer gabinete ministerial en menos de un año, al que ha llamado “el gabinete del diálogo”.
No obstante desde el momento que ese “diálogo” proviene de un gobierno aliado con el neoliberalismo, para esos pueblos suena a “extremaunción” previa a “la solución final”.
Si intentamos prever cual será la tendencia del gobierno de Humala bastará solamente hojear el informe de su gestión, para percatarse que sólo sigue el plan patrón del “Consenso de Washington” del siglo pasado, para el neocolonialismo de Latinoamérica.
Un indicador de ello es la notoria ausencia de un plan político-estratégico propio, concordante con los cambios acontecidos en la realidad nacional, en el ámbito regional suramericano y en la situación mundial.
Lo más preocupante de la gestión de Humala es que hasta la fecha no se haya referido en lo económico a la crisis terminal del sistema neoliberal ni sobre previsiones macro-económicas de su gobierno para cuando se produzca la debacle final del mismo.
Para efectos prácticos su gobierno aparece como un “calco del gobierno de Alberto Fujimori” con aplicación de retoques “cosmético-mediático-sociales” imprescindibles para borrarle su antihigiénica imagen característica.
Como uno de esos maquillajes aparece el lema “desarrollo con inclusión social y sin sobresaltos” de su gobierno, que no es sino una juntura de falacias y contradicciones diseñadas por la tecnocracia neoliberal en su usual lenguaje dicotómico.
Esto se infiere por la ausencia de propuestas estructurales para transformaciones del Estado que concilien crecimiento económico con redistribución de la riqueza y desarrollo social, que de hecho implicarían un cambio del “sistema”.
Es por esa razón que los programas emprendidos contra la exclusión social más parecen encaminados a alcanzar fines populistas y atribuirle “faz humanitaria” al “neoliberalismo salvaje” del Perú, que a cumplir a cabalidad con su cometido.
A esos “paños tibios” el mandatario viene llamando “la gran transformación”, cuando la verdadera propuesta es totalmente diferente.
Presumimos que esa demagogia sea parte del “calco Alberto Fujimori”.

Pero la pregunta es, ¿cuánto tiempo más podrá tolerar la población ese esquema?.

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Observatorio de la Coyuntura Internacional: Métodos desestabilizadores actuales de Estados Unidos para Medio Oriente y América Latina

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martes, 31 de julio de 2012

COVEMPRI – BARÓMETRO INTERNACIONAL (especial para ARGENPRESS.info)

La coyuntura internacional actual se caracteriza por una combinación de varios procesos** donde se involucran actores de diferentes magnitudes e intereses, afines y/o contrapuestos, que tienen centros y eje de fuerzas esparcidos por todo el globo terrestre y en buena parte del espacio cósmico cercano; unos procesos más visibles que otros, pero todos concatenados por medio de diversos vínculos y que tienden a crear condiciones para que la humanidad acabe, de una vez y por todas, de poner fin a la guerra como opción real para alcanzar los intereses en el exterior, antes de que una parte muy exigua de esa humanidad le ponga fin, a casi toda, la propia historia humana.

En varios de esos procesos está actuando con alta incidencia el potencial estatal y paraestatal estadounidense guiado, justificado por el sistema y amparado por la doctrina de política exterior correspondiente al actual gobierno Obama-Clinton, motivo que anima este informe del Observatorio de la Coyuntura Internacional de los profesionales de las relaciones internacionales de COVENPRI.
La nueva doctrina de carácter guerrerista y desestabilizadora impulsada por la administración estadounidense quedó plasmada hace poco más de un año por el presidente Barack Obama. En un discurso brindado en una universidad, remarcó que su país no volvería a intervenir militarmente en otras naciones de forma unilateral, como lo había hecho George W. Bush en Afganistán (2001) e Irak (2003).
Con esta política -que tiene mayor peso cuando el partido Demócrata se encuentra en el poder-, el gobierno de Obama ha dado un duro golpe a las aspiraciones panafricanistas y a la unidad árabe, lo cual no quiere decir que las haya eliminado ni mucho menos. No obstante, los hechos indican que apenas ocho meses le bastaron para derrocar a Muammar Al Gaddafi en Libia, apelando a la “cooperación” de la Organización del Tratado para el Atlántico Norte (OTAN).
En el caso de Siria, el “nuevo método” imperial también ha quedado en evidencia. Mediáticamente, Estados Unidos se mueve en un aparente segundo plano, siempre consultando a sus “socios”, y las arremetidas contra el gobierno del presidente Bashar Al Assad son encabezadas por las monarquías del Golfo Pérsico, Turquía y algunas potencias europeas como Gran Bretaña. Estos países, abiertamente han declarado el financiamiento a grupos terroristas, conformados por mercenarios y miembros del Al Qaeda. Mientras tanto, Estados Unidos sigue buscando la caída del gobierno de Al Assad, y sus declaraciones injerencistas, en un inicio fueron mesuradas, diciendo que simplemente enviaron equipos “no letales” a los opositores sirios, pero en la medida en que aumentó la resistencia del gobierno sirio con el apoyo de una mayoría de la población el comportamiento del gobierno Obama-Clinton ha tendido hacia un involucramiento mayor y abiertamente intervencionista en razón de la debilidad propia y endógena de esas monarquías y de Turquía quienes tienen el encargo estadounidense de liderar las operaciones para derrocar a Al Assad.
Igualmente, dentro del Consejo de Seguridad de la ONU, Washington mantiene su postura de aprobar una resolución similar a la adoptada contra Libia y que permitió la invasión de la Otan. En este caso, Estados Unidos también se resguarda en otros países para lanzar este tipo de propuestas pero está ocurriendo algo semejante a la opción desestabilizadora directa, en este caso por la oposición cada vez más férrea de Rusia y China, lo que obliga a Washington a actuar más abiertamente o a declinar, algo que no está previsto en esa doctrina del softpower del binomio Clinton-Obama.
A su vez, la Casa Blanca sostuvo un silencio cómplice frente a las represiones desatadas en Bahrein, Arabia Saudita o Emiratos Árabes, lo que pone una vez más en evidencia la política de doble rasero de las administraciones que operan públicamente desde la Casa Blanca.
El rechazo popular a las monarquías que controlan estas naciones petroleras (y aliadas militares de Estados Unidos), para Washington fueron hechos invisibilizados y que no requirieron la aplicación de sanciones económicas y comerciales contra esos gobiernos. Ni siquiera se manifestó cuando el Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico decidió enviar tropas saudíes a Bahrein, en una explícita política injerencista e intervencionista.
Por otro lado, formando parte de otro de esos grandes procesos a que nos referíamos al inicio, la Casa Blanca ha venido impulsando en América Latina planes desestabilizadores, donde las fuerzas militares locales tienen presencia, pero no como en las décadas del 60 y 70.
El reciente caso en Paraguay dejó una nueva muestra de esa metodología: los legisladores de derecha impulsaron la destitución del presidente Fernando Lugo amparados en las propias leyes burguesas que habían permitido que el ex obispo ganara las elecciones. Hasta el momento, Washington como poder estatal, tiene una postura de aparente “observador” de lo que sucede en tierras paraguayas, aunque el poderío paraestatal estadounidense sigue actuando dando continuidad a la operación encubierta que lanzó contra campesinos y policías paraguayos para alterar la correlación de fuerzas entre las aliadas del presidente Fernando Lugo y las tradicionales ligadas a las emergentes burguesas expresadas en el Congreso que en definitiva fue quien dio la cara para llevar el golpe de Estado en Paraguay.
En 2009, la intervención USA en Honduras fue más abierta, ya que se utilizó una base militar estadounidense en ese país, para completar el secuestro del presidente legítimo Manuel Zelaya. En Ecuador o Bolivia, las manos norteamericanas han estado presente en los intentos de golpe de Estado, pero con diferencias a las utilizadas en tiempos pasados, y continúa operando a través de su amplia y diversa red de actores aliados, lacayos o pagados como mercenarios.
En esta coyuntura, uno de los puntos fundamentales, y que encienden muchas alarmas, es que el imperialismo -encarnado en Estados Unidos- busca quedar entre bambalinas a la hora de derrocar gobiernos, pero a su vez, lograr un avance fundamental en el irrespeto al derecho internacional. Otra vez, el caso Libia puede servir de ejemplo: la propia resolución votada en el Consejo de Seguridad que estipulaba la aplicación de una zona de exclusión aérea contra el país africano, fue violado por quienes la votaron. En Siria o en Honduras, las fuerzas de la Casa Blanca han despreciado leyes y normas que rigen a nivel mundial.
Si antes el espionaje de la CIA se caracterizaba por el sigilo y el secreto, ahora, cada vez más, las operaciones desestabilizadoras son comunicadas abiertamente de manera permanente por los funcionarios del imperio.
* Comunidad Venezolana de Profesionales de las Relaciones Internacionales y Defensores de la Solidaridad Mundial
** Se refiere el Informe a los procesos de integración subregional de América Latina y el Caribe, a la crisis estructural de la economía europea y de la estadounidense, a la recomposición de fuerzas en Medio Oriente en torno al eje nuclear árabe, a la integración surasiática, a la reestructuración eruoasiática en torno a Rusia y China, a la incipiente formación de un bloque político-militar euroasiático-latinoamericafricano, entre otros.

Publicado por ARGENPRESS

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